Comentarios al Diario Espiritual Llama de Amor
“Con la Llama de Amor vencemos al dragón”
NOTA
COMENTARIOS AL DIARIO ESPIRITUAL DE ISABEL KINDELMANN
PRIMERA PARTE
La presente edición privada de los Comentarios al "Diario Espiritual de la Llama de Amor" debe ser considerada como un borrador a partir del cual se sacará la edición impresa.
Estos comentarios serán revisados, corregidos y clasificados de la manera más conveniente.
El objetivo de estos "Comentarios" es facilitar a los devotos un material escrito sencillo que les permita adentrarse más en la comprensión de la Gracia de la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María.
Hay que tener en cuenta que faltan por elaborar otros comentarios para completar el contenido del Diario Espiritual.
Granada, 30 de noviembre de 2019
Fiesta de San Andrés Apóstol
Queridos hermanos:
A medida que leo el Diario Espiritual de Isabel Kindelmann, descubro las maravillas encerradas en estas páginas. Creo que este mensaje dado a la Iglesia por los Corazones de Jesús y de María es de grandísima importancia para la Iglesia de hoy y para la humanidad entera.
Nuestra Señora nos llama con urgencia a difundir la gracia de su Llama de Amor. De nosotros depende que muchas almas se salven. Mi gran deseo es que todos los que lean estos comentarios puedan servirse de ellos para conocer y vivir el mensaje de nuestra Madre Santísima.
En estas páginas iremos colocando reflexiones y documentos que les ayuden a formar Cenáculos de la Llama de Amor y a difundir, a través de conferencias y retiros espirituales, este extraordinario instrumento que María nos da para combatir y vencer a Satanás.
P. Sergio Hernández Ochomogo
Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María: "Un nuevo instrumento quisiera poner en sus manos... Es la Llama de Amor de mi Corazón... Su fulgor cegará a Satanás."
(13 de abril de 1962)
INTRODUCCIÓN
Para comprender en toda su amplitud la gracia de la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María, es indispensable leer y meditar asiduamente el "magnífico Diario Espiritual" escrito por Isabel Kindelmann. Nuestro Señor Jesucristo y María Santísima pidieron a Isabel que escribiera las comunicaciones que ellos le habrían de ir dando. Así se fue formando esta magnífica joya de la espiritualidad cristiana y mariana de nuestro tiempo. Durante veinte años, esta sencilla madre de familia y viuda fue escribiendo las palabras que oía en su corazón.
En sus casi 400 páginas, el Diario es una auténtica escuela de santidad. Quien lo lee con atención y devoción puede ir observando la ascensión de Isabel desde sus primeros pasos en el seguimiento de Cristo hasta las más elevadas cumbres de la vida mística. El lector experimenta de una manera misteriosa que las palabras dirigidas a Isabel Kindelmann son en realidad para él mismo; se puede convertir así en alumno, en discípulo.
De manera insistente te invito, querido lector, a que adquieras el Diario Espiritual y lo conviertas en tu libro de cabecera y de consulta permanente. No basta con leerlo una vez; es necesario profundizar asiduamente en los mensajes allí contenidos. La gracia de la Llama de Amor se va entonces perfilando como el llamado más urgente del Corazón Inmaculado de María para los tiempos modernos. La Virgen pide que nos unamos aguerridamente a Ella en el combate espiritual contra el Dragón y sus ángeles caídos, que buscan arrastrar a la condenación eterna al mayor número de almas.
1. ¿QUÉ ES LA LLAMA DE AMOR DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA?
La Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María es una gracia nueva, milagrosa y extraordinaria que Dios da a la Iglesia y a la humanidad entera, cuyo objetivo es renovar espiritualmente a las familias, que están asediadas en estos últimos tiempos por el violento ataque de Satanás, quien pretende reinar en el interior de todos los hogares. Lo específico de este don de Dios es su capacidad de "cegar los ojos de Satanás", es decir, de "vencerlo" en el combate espiritual que lleva contra el género humano, especialmente en el interior de las familias.
El mensaje de la Llama de Amor llega a nosotros por medio de una humilde viuda y madre de seis hijos llamada Isabel Kindelmann (Budapest, Hungría, 1913-1985). Durante veinte años, fue escribiendo las comunicaciones que recibía, a manera de locuciones interiores, de parte de nuestro Señor Jesucristo y de María Santísima. Nos dejó en más de trescientas páginas manuscritas su "Diario Espiritual", una verdadera joya de la espiritualidad cristiana. A través de los escritos de Isabel, la Virgen María nos avisa que en estos últimos tiempos el demonio va a lanzar desde su orgullosa ceguera un ataque frontal y definitivo contra la Iglesia y la humanidad entera. Satanás busca la manera de pervertir desde sus raíces la institución divina de la familia para establecer su reino de muerte en los hogares y en el mundo. Su objetivo es arrastrar al infierno el mayor número posible de almas.
A nuestra mentalidad moderna y científica le repugna la creencia en estos temas, pero la verdad es que el mundo demoníaco va más allá de lo que vemos y podemos controlar. Hoy, más que en ninguna otra época de la humanidad, el mundo entero experimenta una serie de convulsiones de tal malicia y magnitud que solamente pueden ser explicadas como fruto de inteligencias demoníacas llenas de odio implacable hacia Dios y el hombre.
A través de Isabel Kindelmann, la Virgen María renueva el impactante llamado que hizo a la Iglesia y a la humanidad entera en las apariciones de Fátima. En el año 1917, la Santísima Virgen, en Cova de Iría, Fátima, Portugal, reveló su Inmaculado Corazón a los tres niños: Lucía, Francisco y Jacinta. La Virgen se presentó como la portadora de la paz para un mundo que ha rechazado a Dios por el pecado del ateísmo y de la indiferencia religiosa voluntariamente asumidos. Nos habla de los terribles castigos a los cuales el hombre se ha hecho merecedor por causa de las ofensas hechas a Dios. Entre estos castigos sobresalen las dos guerras mundiales en las que perecieron millones de personas y desaparecieron naciones enteras. Si el hombre no abandona el pecado y no se convierte de corazón a Dios, dice María, vendrán otros castigos en reparación a las ofensas hechas al Señor.
Nuestra Señora pone en evidencia la existencia de Satanás, de los demonios y del infierno en la gran visión del 13 de julio de 1917. Estas verdades de fe han sido negadas y ridiculizadas por la cultura moderna. La Virgen se presenta como la gran vencedora del enemigo de nuestra salvación y nos invita encarecidamente a orar y sacrificarnos por la conversión de los pecadores.
En el Mensaje de la Llama de Amor, la Virgen revela que Satanás quiere destruir la Iglesia, destruyendo la institución divina de la familia, corrompiéndola desde dentro y atacándola desde fuera. Efectivamente, vemos cómo la unión libre, el divorcio, el adulterio públicamente aceptado, el rechazo a la procreación y a la vida (anticonceptivos, el aborto), la fecundación artificial, el matrimonio entre personas del mismo sexo y otras aberraciones están siendo promovidas a niveles oficiales por la ONU y muchos gobiernos con la intención de destruir los valores que conforman la identidad de las familias cristianas. Quieren reemplazarlos por las caducas y trasnochadas perversiones del paganismo. Se trata de un verdadero ataque a Jesucristo y a su Iglesia para borrarlos de la faz de la tierra. Ante los ojos de María Santísima, esto es fruto de una acción diabólica y no simplemente el accionar de las diversas ideologías de turno.
La historia de Isabel Kindelmann se desarrolla en medio de grandes sufrimientos. Desde niña, experimentó el dolor de ser huérfana de padre y madre a los doce años y de quedarse sin ningún apoyo emocional, porque sus doce hermanitos mayores que ella murieron a temprana edad. Experimentó el dolor de la viudez a los treinta y tres años, la persecución y la pobreza extrema de un país en posguerra y dominado por el comunismo. Su vida es un luminoso ejemplo de santidad en medio de dificultades inauditas. Sobre todo, es un ejemplo de combate espiritual contra los ataques permanentes de Satanás, quien rabiosamente la atacó para impedirle llevar adelante la misión que Jesús y María le confiaron: entregar a la Iglesia la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María. Fue una mujer que, humanamente hablando, no se destacó para nada por su ciencia o cualidades extraordinarias. Su gran ejemplo es su fidelidad para llevar adelante la voluntad de Dios en medio de los más grandes sufrimientos.
La Virgen le dio un instrumento para vencer a Satanás: la jaculatoria "Derrama el efecto de gracia de tu Llama de Amor sobre toda la humanidad". Isabel experimentó el poder milagroso de esta pequeña oración. Al invocar a María con esta jaculatoria, el demonio queda ciego y vencido, e incapaz de dañar a los hijos de Dios. María renueva el Santo Rosario para convertirlo en un verdadero instrumento de combate espiritual. Lo convierte en la oración de liberación por excelencia a la que todos deberíamos recurrir de manera permanente para que el reino de Satanás caiga derrumbado, tal como Ella lo profetiza.
El "Diario Espiritual" no es un manual sistemático de espiritualidad, sino el testimonio palpitante de una madre de familia que, en medio de los más grandes combates contra el maligno, sale victoriosa de todos sus ataques y argucias. A lo largo de sus páginas, encontramos a los Sagrados Corazones de Jesús y de María, que nos comparten los sufrimientos que les embargan ante una generación de cristianos que han decaído en su vigor espiritual y están en peligro de convertirse prácticamente en paganos. En el directorio espiritual del Inmaculado Corazón de María, las familias encontrarán el camino que es necesario recorrer para que puedan convertirse en sal de la tierra y luz del mundo.
2. ¿QUÉ SIGNIFICA "DERRAMA EL EFECTO DE GRACIA"?
El punto central de la devoción a la Llama de Amor es la jaculatoria que la Virgen pide que se inserte en el Ave María: "Derrama el efecto de gracia de tu Llama de Amor sobre toda la humanidad". Esto es como el resumen de todo el mensaje que Nuestra Señora da a la Iglesia y a la humanidad entera. Todo nuestro esfuerzo debe centrarse en "comprender" la profundidad de esta frase. No en vano la Virgen pide que se introduzca nada menos que en el Ave María, la oración mariana por excelencia. Debe ser algo importantísimo en el pensamiento y los objetivos de Nuestra Señora.
Cuando Ella habla de la gracia de la Llama de Amor, dice algo que nos sorprende y, aún más, nos sobrecoge por lo impactante de la expresión: "Te aseguro, hijita mía, una fuerza tan poderosa de gracia no he puesto todavía a disposición de ustedes como esta vez: La Llama flameante del Amor de mi corazón. Desde que el Verbo de Dios se hizo carne, no he emprendido yo un movimiento más grande que éste de la Llama de Amor de mi corazón que salta hacia ustedes. Hasta ahora no ha habido nada que tanto ciegue a Satanás, y de ustedes depende que no la rechacen, porque esto traería consigo una gran ruina". Estas palabras son verdaderamente extraordinarias, únicas y desafiantes.
¿Cómo es posible que la Virgen nos diga que desde la encarnación del Verbo no ha emprendido ella un movimiento más grande que éste de la Llama de Amor de su Corazón? Esto es inaudito. Más aún que nos diga que "hasta ahora no ha habido nada que tanto ciegue a Satanás" y que de nosotros "depende que no la rechacen, porque esto traería consigo una gran ruina". Estas palabras encierran muchos interrogantes: ¿Quién es la Virgen María para decir: "Yo no he emprendido…"? ¿Con qué autoridad? ¿Quién es ella para arrogarse tal poder? Más aún, dice: "Una fuerza tan poderosa de gracia no he puesto todavía a disposición de ustedes…". ¿Con qué derecho puede una criatura decir "Yo no he puesto a disposición de ustedes una fuerza de gracia…"? Y esa fuerza de gracia es la "Llama flameante de Mi Corazón", y esa Llama ciega a Satanás "como nada lo ha cegado antes". Llega al extremo de decirnos que esa "Llama de Amor de mi corazón es mi Hijo Jesucristo".
Estas palabras y otras que están diseminadas a lo largo del Diario nos obligan a repensar la figura de María. ¿Quién es esa mujer que habla con tal seguridad, majestad y poder que casi podríamos llamar arrogancia? "Yo pongo un haz de luz en tus manos; es la Llama de Amor de mi corazón" (DE p. 47). "Yo soy su Madre bondadosa y comprensiva, y en unión con ustedes, les voy a salvar". ¿Qué pasa aquí? ¿Con qué derecho esa mujer dice que es nuestra madre y que nos va a salvar? ¿Acaso no es Cristo el único que salva? ¿No está blasfemando? ¿No está pasando por encima de Jesucristo, el Señor?
Estamos frente a un misterio que nuestra capacidad intelectual no puede captar y mucho menos comprender. María será siempre un enigma para nosotros. Para poder entender el mensaje de la Llama de Amor, tenemos, por fuerza, que ir a la Palabra de Dios. No nos podemos quedar solo con lo que leemos en el "Diario Espiritual". Debemos ir a la raíz.
Entonces, nos daremos cuenta de que la Llama de Amor no es un invento de Isabel Kindelmann, y de que las palabras de la Virgen María y su mensaje son simplemente el Evangelio puro. En primer lugar, comencemos por ver si tiene sentido introducir en el Ave María la jaculatoria "Derrama el efecto de gracia" (DE p. 127). La Virgen dice: "No quiero cambiar la oración con que me honran (el Ave María), sino que quiero sacudir con esta súplica a la humanidad. Esta no es una nueva fórmula de oración; debe ser una súplica constante".
Si nos fijamos bien, la expresión: "derrama el efecto de gracia…" es exactamente lo mismo que decir: "ruega por nosotros pecadores…". La Virgen no cambia el Ave María; simplemente explicita, explica el sentido de su misión, de su función en el plan de Dios: Intercesora. ¿Qué hace la Virgen? Ella intercede, le pide a Dios por nosotros.
Perfectamente podríamos suprimir del "Santa María" la expresión: "ruega por nosotros pecadores" y decir: "Santa María, Madre de Dios, derrama el efecto de gracia…". Aquí se pone en evidencia su papel en las bodas de Caná: ella intercede ante Jesús por los esposos y obtiene la superabundancia de gracias representada por los seiscientos litros de vino. Nuestra memoria nos lleva al momento de Pentecostés en el que "María, la Madre de Jesús", está con los Apóstoles orando por la venida del Espíritu Santo. Ella es en este momento Madre de la Iglesia y, por su poderosa intercesión, se derrama sobre toda la humanidad (las naciones) el Fuego del Espíritu Santo.
Debe ser una súplica constante para que el Señor, la Santísima Trinidad, derrame el efecto de la redención sobre la humanidad.
3. LAS RAÍCES DE LA LLAMA DE AMOR: EL CORAZÓN DEL PADRE ETERNO Y EL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA
Desde toda la eternidad, Dios ha previsto para nuestro tiempo la revelación de la gracia de la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María. Este regalo no debemos mirarlo como algo extraño, sino como un acontecimiento que se inserta en la lógica del plan de Dios para la redención y salvación del hombre. Dios no hace nada al azar. Todo tiene sentido. Todo se cumple a su tiempo. Todo se inserta en esa maravillosa Historia de la Salvación que Él ha diseñado con amor infinito para el bien de todas sus criaturas, y en especial de la humanidad.
I. Un instrumento nuevo que ciega al demonio
Si bien la Revelación Oficial se clausuró con la muerte del Apóstol San Juan y nada se puede agregar o quitar a la Palabra de Dios, tal como el Apocalipsis nos lo dice, Dios sigue actuando y guiando a su Iglesia por su Espíritu Santo. Las revelaciones privadas no añaden nada nuevo, sino que explican y explicitan aspectos de la Palabra de Dios que, en determinado momento, deben ser iluminados para el bien de la Iglesia. La revelación de la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María llega al Pueblo de Dios en el momento justo. María nos dice:
“Satanás emprende una lucha tal contra los hombres como no la hubo nunca antes” (8 de agosto de 1962). “Satanás, con fuerza rabiosa, quiere destrozar las familias” (18 de octubre de 1962).
Basta abrir los ojos para darnos cuenta de cómo la acción diabólica está destruyendo la humanidad; la Iglesia está siendo sacudida desde sus cimientos por un vendaval naturalmente inexplicable. El humo de Satanás ha penetrado en ella por algún resquicio. La respuesta de la Virgen a este despiadado ataque es:
“Yo, el rayo hermoso de la aurora, cegaré a Satanás” (19 de mayo de 1963).
Le dice a Isabel Kindelmann:
“Yo pongo un haz de luz en tus manos, es la Llama de Amor de mi Corazón… Un nuevo instrumento quisiera poner en sus manos. Les pido encarecidamente que lo acepten con gran comprensión, porque mi corazón mira a mi país con aflicción… Con esta Llama llena de gracias que de mi corazón les doy a ustedes, enciendan todos los corazones en todo el país pasándola de corazón a corazón. Este será el milagro, que convirtiéndose en un incendio con su fulgor cegará a Satanás. Este es el fuego de Amor de unión que alcancé del Padre Celestial por los méritos de las llagas de mi Hijo Santísimo” (13 de abril de 1962).
“Te aseguro, hijita mía, una fuerza tan poderosa de gracia no he puesto todavía a disposición de ustedes como esta vez: la Llama del Amor de mi corazón. Desde que el Verbo de Dios se hizo carne, no he emprendido yo un movimiento más grande que este de la Llama de Amor de mi corazón que salta hacia ustedes. Hasta ahora no ha habido nada que tanto ciegue a Satanás. Y de ustedes depende que no lo rechacen, porque esto traería consigo una ruina” (1 de agosto de 1962).
Hoy, cuando en la Iglesia y en el mundo hay una enorme confusión y ceguera espiritual, llega un mensaje de la Madre de Dios que, además de promover una devoción, nos da un “instrumento” cuyo objetivo es cegar al demonio, la causa radical de todos los males del hombre (Sab 2, 24). La pregunta es: ¿de dónde vienen el mensaje, la devoción y el instrumento? La respuesta es del corazón del Padre Eterno.
II. La Llama de Amor brota como de su fuente primigenia del Corazón del Padre Eterno
La Virgen nos dice algo fundamental:
“Con esta Llama llena de gracias que de mi corazón les doy a ustedes…” (13 de abril de 1962).
La Llama de Amor brota del Corazón Inmaculado de María como de su fuente secundaria. La fuente primaria y original es el Padre Eterno. María identifica la esencia de esa Llama:
“La Llama de Amor de mi Inmaculado Corazón es mi Hijo Jesucristo”.
Esta afirmación nos lleva al centro del misterio de la Redención: la Encarnación del Verbo Eterno en las purísimas entrañas de María Santísima. El Verbo Eterno es engendrado desde toda la eternidad en el seno del Padre. Jesús es el enviado del Padre para redimir al hombre:
“Jesús ha venido para destruir las obras del diablo”, nos dice San Juan (1 Jn 3, 8).
La obra por excelencia del demonio es llevar al hombre al pecado. María es el instrumento privilegiado del Padre Eterno por medio del cual nos viene Jesús, el Salvador. En el Génesis 3, 15 se nos dice:
“Yo pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya; ella te aplastará la cabeza y tú la morderás en el talón”.
En Juan 2, 2, en las Bodas de Caná, Jesús llama a su Madre “Mujer”. Al pie de la Cruz, le dice (Jn 19, 25-27):
“Mujer, ahí está tu hijo”.
En Apocalipsis 12:
“Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer vestida del sol con la luna bajo sus pies”.
La Iglesia ve en estos textos a la Santísima Virgen María como el instrumento privilegiado de Dios para la derrota de Satanás, porque de Ella nace Jesús.
Brota como de su fuente secundaria del Corazón de María
En Lucas 2, 17 y 50, en dos ocasiones se hace referencia al “Corazón de María”. La Virgen conserva y medita en su corazón los acontecimientos de la vida de su Hijo. El corazón no es simplemente el órgano de carne que impulsa la sangre. En la Biblia, es la sede de los pensamientos, sentimientos y actos de voluntad. Es el símbolo del amor, de la ternura, del conocimiento. En el corazón encontramos la voluntad que se entrega totalmente al otro, es decir, a Dios.
Cuando hablamos del Corazón Inmaculado de María, estamos, pues, hablando de la persona de la Madre Santísima de Dios, no simplemente del órgano de carne. María es la Inmaculada, aquella que no ha sido manchada por el pecado. En ella habita el Espíritu Santo de manera perfecta. Es su esposa santísima, la que no pone resistencia alguna a la obra de Dios. Aquella que ama a Dios de manera perfecta y se le entrega totalmente para hacer su voluntad sin ningún obstáculo: Fiat, “Hágase en mí según tu palabra”. Sus pensamientos y sentimientos son perfectos, sin la menor sombra de egoísmo. Ella se da total y absolutamente porque ama total y absolutamente a su Señor. Es el modelo por excelencia de amor a Dios, y por ende a Jesucristo. Es el espejo en quien debemos mirarnos en nuestra condición de discípulos de Cristo. Es nuestra Madre, la que nos engendró en su Hijo, en la Anunciación y en el Calvario. La Madre Dolorosa que sobrellevó la pasión de Jesús. La que está asunta en el Cielo, a los pies de su Hijo, para interceder por nosotros como Madre.
Por lo tanto, cuando María, movida por su dolor de Madre Espiritual de la humanidad, pide al Padre Eterno por los méritos de las llagas de su divino Hijo una intervención especial, ella recibe directamente de Dios como respuesta esa gracia misteriosa cuyo nombre es: la Llama de Amor. El Diario Espiritual nos dice que:
“Esta gracia es única, es original, es 'nueva', y está especialmente destinada a responder a la situación actual de rechazo a Dios que vive la humanidad”.
Debemos caer en cuenta de que en toda la historia nunca se había dado una situación tan trágica como la que vivimos actualmente: Satanás está llevando a millones de personas a rechazar a Dios y su plan de salvación. Por esa razón, esta gracia no había sido dada antes a la humanidad. Hoy, la salvación eterna de miles de millones de seres humanos está en peligro como nunca antes, porque el demonio ha cegado y confundido sus corazones. Esta gracia de la Llama de Amor (que ilumina) brota como de su origen primigenio, del corazón misericordioso del Padre Eterno, del corazón de la Trinidad, por la intercesión de María.
Al mismo tiempo, María dice con toda propiedad que es SU LLAMA DE AMOR:
“¡Es mi Hijo Jesucristo!”.
Esa gracia, siendo de Dios Padre como su origen primero, es también gracia de María, porque brota de su persona (su Corazón Inmaculado, su Fiat) por su condición de Madre de Dios y de los hombres. Por ese motivo, Ella habla en primera persona de una gracia
“que no he puesto todavía a disposición de ustedes”.
Se trata de un designio divino para nuestro tiempo, tan convulsionado por las fuerzas satánicas que buscan arrastrar a la condenación eterna al mayor número posible de almas.
4. ¿QUÉ TIENE DE ORIGINAL LA LLAMA DE AMOR?
Sin embargo, podríamos objetar: ¿Qué de nuevo trae esta gracia de la Llama de Amor? ¿Acaso la Iglesia no nos ha predicado siempre a Jesucristo? Cada época de la historia de la humanidad tiene su gracia, una gracia propia. Las épocas históricas son diferentes porque las necesidades son diferentes. En nuestra época actual, lo que la hace diferente es que las fuerzas de las tinieblas, por permisión de Dios, están atacando de manera desproporcionada a la Iglesia y a la humanidad entera para llevarlas al rechazo de Dios: al pecado. Dios quiere que todos los hombres lleguen al conocimiento de la verdad y se salven. Sin una gracia superespecial, infinidad de seres humanos se condenarían hoy. Dios respeta la libertad del hombre y por eso le ofrece, como tabla de salvación, la Llama de Amor por medio del Inmaculado Corazón de María.
En Fátima, la Virgen nos dice que es Dios quien quiere establecer en el mundo la devoción a su Inmaculado Corazón para la salvación de los pecadores. Lo propio, lo especial de la Llama de Amor, lo que la hace única, es que se trata de un instrumento nuevo que viene del Padre, dado por medio de María Santísima, para “cegar los ojos de Satanás”, es decir, para neutralizarlo y vencerlo a nivel personal, familiar y planetario. Es una gracia que ha de convertirse en un “movimiento” universal que llegue hasta los lugares más recónditos (allí donde Satanás se ha infiltrado) para vencerlo.
Este es, en resumen, el mensaje del Diario Espiritual. Al estudiar los escritos de Isabel Kindelmann, nos damos cuenta de que, respecto a la doctrina, no hay nada nuevo. Todo lo que dice ya la Iglesia lo ha dicho. ¡El problema fundamental de los discípulos de Cristo hoy es que no ponen en práctica lo que la Iglesia les ha enseñado para lograr su salvación eterna! Han perdido la fe en la Iglesia y, por lo tanto, en Jesucristo.
LA LLAMA DE AMOR: UN LLAMADO URGENTÍSIMO AL COMBATE ESPIRITUAL
En otras palabras: “la sal se ha vuelto insípida”, los cristianos han perdido gran parte de su “identidad” y están viviendo un cristianismo adulterado que no los conducirá a la salvación eterna de sus almas. La Virgen viene a enseñarnos a vivir como verdaderos cristianos.
En eso consiste todo el contenido del Diario Espiritual: recuperar la identidad original del discípulo de Cristo mediante la puesta en práctica de los elementos que han de conducirnos a ser uno con Él, es decir, a amar a Dios. ¿Y lo original de la Llama de Amor? Está en que, por voluntad de Dios, a través del rezo del Santo Rosario con la jaculatoria insertada: "Derrama el efecto de gracia de tu Llama de Amor sobre toda la humanidad", se derrama, por intercesión de María, sobre estas familias un torrente de gracias actuales que, por un lado, desenmascaran la presencia satánica y la van cegando hasta volverla inoperante y, por otro, restauran la verdadera identidad del cristiano: el vivir en la gracia de Dios.
Estamos frente a un llamado urgentísimo a cooperar con la gracia de Dios que María Santísima nos hace para que asumamos el “combate espiritual" contra el príncipe de este mundo.
5. OBJETIVOS DE LA LLAMA DE AMOR
¿Cuáles son los objetivos que tiene la Virgen María al darnos la gracia de la Llama de Amor?
En primer lugar, proteger en nosotros el estado de gracia santificante. Por la fe y el bautismo somos transformados en hijos de Dios. Recibimos la vida divina. Hay una total transformación en nuestra alma: de la oscuridad del pecado pasamos a la luz de la Gracia, de la esclavitud de Satanás a la libertad de Jesucristo, de la muerte del alma a la vida divina. El empeño fundamental de Satanás es hacernos regresar a su esclavitud. Las tinieblas lucharán todo el tiempo contra la luz para arrastrarnos otra vez a la muerte y a la oscuridad, envolviendo así nuestras vidas en la amargura que proviene del pecado (Cfr. San Juan 1). El cristiano debe estar consciente de esta estrategia de Satanás. Si nos apartamos de la voluntad de Dios, caemos en el pecado mortal, perdemos la gracia santificante y en nuestra alma muere la vida divina. Volvemos a la muerte eterna a la que estábamos destinados como consecuencia del pecado original. Nos hacemos dignos de ir al infierno. La tentación, en sus diversas formas, nos asedia sin cesar. El cristiano siempre ha tenido a su disposición los instrumentos tradicionales para hacerle frente.
Sin embargo, los ataques contra nuestra salvación han arreciado en estos últimos tiempos de manera inconmensurable. Hoy, infinidad de cristianos viven en situación permanente de pecado mortal, oponiéndose de manera consciente a la voluntad de Dios, y no dan importancia a este desastre espiritual. La Virgen María nos obtiene para estos últimos tiempos la gracia de la Llama de Amor con el fin de ayudarnos a preservar el estado de gracia santificante. El "efecto de gracia" que produce en nosotros la Llama de Amor es el arma que necesitamos hoy porque los ataques satánicos han sobrepasado toda medida y millones de personas que prácticamente han perdido la fe están en grave peligro de condenación eterna.
En segundo lugar, la Llama de Amor nos es dada para restaurar a la familia en la gracia santificante. Jesús y María enseñan el camino que se debe seguir para obtener la renovación espiritual de los hogares católicos. Los esposos y padres que ponen en práctica las enseñanzas del Diario recuperan el sentido cristiano de su familia. Hay infinidad de familias que viven también en pecado mortal (ateísmo, incredulidad, rechazo a Dios, uso de anticonceptivos, aborto, homosexualidad, divorcio, adulterio, idolatría del placer, del dinero, del poder, etc.) y no captan la gravedad de su estado. No es suficiente que la Llama de Amor se viva de manera individual. Es indispensable que se viva "en familia" y por todos los miembros.
En tercer lugar, la Madre de Cristo nos lleva a recuperar algo que muchos cristianos han perdido de vista: el combate espiritual permanente contra el demonio y sus huestes, que están destruyendo a las familias y a la Iglesia. Este combate consiste, en primer lugar, en el sometimiento amoroso de los individuos y de las familias enteras a la voluntad de Dios.
En cuarto lugar, nos impulsa a un urgentísimo apostolado: transmitir esa Llama de Amor a otras familias. Así se encenderá el reguero de fuego que la Virgen ha profetizado y que terminará con el reino de Satanás sobre el mundo entero. El punto de partida para que la Iglesia salga de la crisis demoledora que la está destruyendo es la renovación espiritual de la familia y del clero.
Hay una gran indolencia y derrotismo ante el gigantesco abandono de la fe, como si no hubiera solución y la batalla estuviese perdida. No reaccionaremos con energía si no comprendemos que la causa eficiente de estos males es la solapada acción diabólica, actuando a nivel personal, familiar y social. Este discernimiento trascendental nos lo da la Virgen María en el Diario Espiritual y en otras de sus intervenciones. Estamos desorientados ante la situación actual porque ignoramos casi por completo cómo actúa Satanás. Hay una ceguera funcional en el clero y, en consecuencia, una pasividad pastoral que se limita a la predicación de la Palabra de Dios y deja de lado la pastoral de liberación.
Jesús no solamente predicó la Palabra de Dios, sino que al mismo tiempo sanó las enfermedades del cuerpo y liberó a las almas de la opresión diabólica. La Llama de Amor es algo así como el agudo alarido de una sirena que rasga el tranquilo sopor en que vegetamos, anunciando el peligro inminente. ¡Tenemos al enemigo en casa y no nos damos cuenta! ¡Nos está destruyendo y estamos tan resignados a la derrota que una victoria nos parece imposible! Una cantidad de fieles tiene cáncer y les damos una aspirina pensando que no hay remedio para el problema. Sin embargo, la voz de la Virgen María se alza como un potentísimo llamado que nos despierta y reúne para el combate victorioso. Es necesario "cegar a Satanás" para que su aparente reino caiga hecho pedazos y se establezca en los corazones el reino de Jesús. Esta derrota satánica tendrá lugar cuando los fieles católicos y sus familias enteras asuman el combate contra sus propios demonios con la Llama de Amor.
6. LA REVELACIÓN DE LA LLAMA DE AMOR
PRIMERA PARTE:
Isabel Kindelmann, nacida en Budapest, Hungría, en el año 1913, es el humilde instrumento que escogió la Virgen María para darnos la gracia de la Llama de Amor de su Inmaculado Corazón. Una gracia extraordinaria, ofrecida a la Iglesia y a la humanidad entera, y especialmente destinada a contrarrestar el terrible ataque diabólico de estos últimos tiempos contra los hogares y los seres humanos en general.
I. EL DIARIO ESPIRITUAL
El diario de Isabel Kindelmann comienza contando la gran crisis espiritual que afecta su vida. Se trata de una madre de familia, viuda, con seis hijos, abrumada por la situación laboral y económica que vive en una Hungría de la posguerra, dominada por la Unión Soviética. La existencia de Isabel ha sido marcada por la pobreza y los sufrimientos. De niña, vio morir a sus padres y a sus doce hermanitos. Quedó huérfana y desvalida a los doce años, sola en la vida, trabajando para no morirse de hambre. Ignorante, sin escuela, experimentó, sí, la alegría de un matrimonio feliz, pero quedó viuda a los treinta y tres años. Pasó de ser una madre dedicada exclusivamente al cuidado de sus seis hijos, a convertirse en obrera no calificada. Tiene que trabajar de sol a sombra en las fábricas, en condiciones difíciles, durante largos años, para sacar adelante a su familia. Hungría ha quedado devastada por las guerras y las luchas políticas. Católica practicante, sufre muchas veces la discriminación en un régimen comunista que persigue a la Iglesia. Llega el momento en el que experimenta el peso del cansancio físico y de la sequedad espiritual. Oye la voz del maligno que la interpela, acosa y trata de hundirla en la desesperación. Isabel persevera a pesar de todo en la práctica de la vida cristiana. Se siente abandonada y rechazada por Dios. Nada de lo que hasta ahora ha vivido como cristiana fervorosa la consuela. Se trata de la noche oscura.
En 1961, Isabel tiene 48 años. Es en ese momento, en una fecha no determinada, que inicia informalmente su diario. Su alma sufre acerbamente y se queja a Dios. Oye entonces la voz de Jesús: "Mira mi rostro y mi cuerpo torturado, ¿acaso no sufrí para salvar las almas? CREE EN MÍ Y ADÓRAME. RENUNCIA COMPLETAMENTE A TI MISMA". El Señor le pide la entrega total, el abandono de todo lo que falta. La quiere completamente suya, desprendida del mundo: "Lo único que tiene valor ante mis ojos es que te entregues enteramente a mí con absoluta confianza". Isabel se irá desprendiendo con dolor de todo lo que ella ama, hasta quedar prácticamente dependiente de sus hijos. El Señor le exige que sea enteramente pobre: "Que nada se interponga entre nosotros dos". Jesús no le impone nada, solamente le pide una entera confianza en Él. La llama a participar de manera totalmente libre en los sufrimientos de su pasión.
"¡Así tienes que vivir de hoy en adelante en la más grande humillación!" Oye también la voz de la Virgen, que le dice: "¡Adora, repara a mi Santo Hijo muchas veces ofendido!"
Jesús y María se convierten en los maestros de Isabel Kindelmann. La van a ir preparando para la gran misión que en breve pondrán en sus manos. El Diario es como una escuela de vida espiritual que nos introduce en lo esencial de la fe católica. Se trata de una escuela difícil, dura, sacrificada en la que Isabel experimenta el miedo al sufrimiento: al mismo tiempo que va descubriendo su miseria personal, se va adentrando en la felicidad que implica la amistad íntima con Jesús y María. Se va dando cuenta sobre todo de los misteriosos sufrimientos de los corazones de Jesús y de María, causados por la condenación eterna de las almas. Jesús le pide: "Sumérgete en mi sagrada pasión". Si algo nos revela este diario, es que Jesús y María son perfectamente humanos. Él es, como nosotros, un verdadero hombre. Siente, sufre, ama, se emociona. Al mismo tiempo que transparenta su divina majestad, Jesús es uno de los nuestros. Igualmente, su Madre. María Santísima se nos presenta como una auténtica mujer de exquisita sensibilidad, una verdadera madre que experimenta los sufrimientos que toda madre tiene ante los dolores de sus hijos. Íntima e inseparablemente unida a Jesús, la Virgen tiene un solo objetivo: la salvación de las almas. A ese objetivo se podría reducir todo el misterio de la Llama de Amor de su Inmaculado Corazón: salvar las almas de la condenación eterna.
LA REVELACIÓN DE LA LLAMA DE AMOR
SEGUNDA PARTE
El día 13 de abril de 1962, viernes de Dolores, María Santísima hace a Isabel la gran revelación: "La Virgen me dijo sollozando: 'Hay tanto pecado en el país, mi hijita carmelita, ¡ayúdame, salvémoslo!' Yo pongo un haz de luz en tus manos, es la Llama de Amor de mi Corazón. ¡A la Llama de Amor de mi Corazón añade tu amor y pásala a otros, hijita mía!' 'Yo soy vuestra Madre bondadosa y comprensiva, y en unión con ustedes, les voy a salvar'. 'Un nuevo instrumento quisiera poner en sus manos. Les pido encarecidamente que lo acepten con gran comprensión, porque mi Corazón mira a mi país con aflicción. Toma, hija mía, esta Llama; tú eres la primera a quien la entrego. Esta Llama de Amor de mi Corazón. ¡Enciende con ella el tuyo y pásala a otros!'".
La Virgen Santísima sollozó tanto, cuenta Isabel, que apenas entendí lo que decía: "Con esta Llama llena de gracias que de mi Corazón les doy a ustedes, enciendan todos los corazones en todo el país, pasándola de corazón a corazón". Este será el milagro que, convirtiéndose en un incendio, con su fulgor "cegará a Satanás". "Este es el fuego de amor de unión que alcancé del Padre Celestial por los méritos de las Llagas de mi Hijo Santísimo". Como todas las gracias extraordinarias de Dios, nos encontramos frente a un verdadero misterio divino que Isabel irá comprendiendo poco a poco. La Virgen nos habla de su Corazón. Jesús, su Hijo, es la Llama de Amor que arde dentro de su Corazón Inmaculado. Por ese motivo, dice en primera persona: "Yo pongo un haz de luz en tus manos". Esa Llama es al mismo tiempo un haz de luz. Jesús es la Luz del mundo. Ella lo pone en las manos de Isabel. A esa Llama, Isabel debe unir su propio amor y pasarlo a otros, para que se convierta en un reguero de pólvora y en un incendio que abrase a la humanidad entera. Esa Llama es fruto de su fiat pronunciado en total libertad el día de la Anunciación. Al mismo tiempo que es Madre de Dios, se presenta como nuestra Madre espiritual bondadosa y comprensiva que, en unión con nosotros, nos va a salvar.
Se trata de un nuevo instrumento que Ella desea poner en nuestras manos para que lo utilicemos y lo pasemos a los demás. Nos pide encarecidamente que lo aceptemos como un regalo que es preciso comprender bien. Su Corazón de Madre mira a "su país" (en este caso Hungría) con aflicción, pero en realidad nos habla de todos los países porque su maternidad es universal. La raíz de esta aflicción es la situación de pecado que se vive en Hungría y en el mundo entero. María entrega esta gracia extraordinaria a Isabel y le pide que encienda, en primer lugar, su corazón y que lo pase a los demás. Mientras se expresa así, la Virgen solloza grandemente, demostrando un infinito dolor. Es necesario encender todos los corazones. La Llama debe ser pasada de corazón a corazón.
La Virgen habla de un milagro que consiste en la rapidez y eficacia con que la Llama de Amor se extenderá transformando a las personas. Ella habla de un reguero de pólvora. Se trata de la cantidad extraordinaria de conversiones que se darán como fruto de la acción del Inmaculado Corazón de María. No se trata tanto de milagros materiales, sino del milagro más importante, es decir, el cambio de vida, la conversión del corazón humano. La intervención de la Virgen cegará a Satanás; será una intervención tan poderosa que la podremos llamar "milagrosa". Esta gracia superextraordinaria la ha alcanzado María del Padre Eterno por los méritos de las Santas Llagas de su Hijo.
María, en esta revelación, pone en evidencia dos rasgos de su vocación: Ella es Corredentora y Mediadora porque obtiene y entrega. Corredentora, porque íntimamente unida a los sufrimientos de su Hijo, tiene una participación activa en la salvación de los hombres: "En unión con ustedes los voy a salvar".
III. LA REACCIÓN DE ISABEL
Ante semejante revelación, Isabel se siente completamente desbordada e impotente. Por el momento, ella no comprende la trascendencia de la propuesta de María Santísima, pero, en cierto modo, capta la enorme responsabilidad que cae sobre sus hombros. Se siente indigna y, además, incapaz. Viene a nuestro recuerdo el caso del profeta Jeremías (Jer 1,6). Ante la llamada de Dios, vacila agobiado antes de rendirse al querer divino. Así también Isabel termina doblegándose a la voluntad de Dios, confiando en la promesa de María:
S.V. — "Estaré contigo, mi pequeña hija carmelita, y te estrecho a mi Corazón."
Isabel intuye que esta llamada viene directamente de la Santísima Trinidad. María es un instrumento del Padre Celestial. La Llama de Amor brota del corazón del Padre Eterno. Es un designio salvífico para los últimos tiempos. La actuación de María Santísima está implícita en su vocación de Madre de Dios y Madre Espiritual de los hombres.
Nos dice Isabel:
"Mientras Ella hablaba, comprendí, por una gracia maravillosa suya, en qué medida la voluntad de la Santísima Virgen está unida a la del Padre Eterno, de su Divino Hijo, y de Dios Espíritu Santo". La situación es urgente, no hay tiempo que perder; las almas están en grave peligro de condenación. Las órdenes de María son perentorias: "No seas cobarde, hijita mía. ¡Ponte en marcha cuanto antes!" La Virgen quiere que, desde el inicio, los sacerdotes estén totalmente involucrados en la entrega de la Llama de Amor. A partir de los santuarios y de las parroquias dedicadas a Ella, la Llama de Amor debe llegar a los hogares.
La Virgen explica la sencilla ceremonia de transmisión de la Llama de Amor: "Lleva dos velas, enciende primero tu pequeña vela y, con su llama, enciende la otra. Luego pásala a mi querido hijo. Él va a propagarla entre mis doce devotos más insignes". "Una vez que se hayan reunido los doce sacerdotes, comiencen simultáneamente, en doce templos a mí dedicados, esta devoción. Entreguen la vela encendida que han recibido en esta ceremonia unos a otros, llévenla a casa y comiencen la oración en familia con este mismo rito. Si su fervor no decae, me consolaré."
Transmitir la Llama de Amor es una misión sublime y conmovedora. La Santísima Virgen prometió que estará con nosotros para que la pequeña Llama se propague como un reguero de pólvora. "Yo estaré con ustedes y los inundaré con gracias muy especiales". Comienza un período de grandes dificultades y sufrimientos. Nuestra Señora le había profetizado que iban a surgir, en contra de la Llama de Amor, numerosos obstáculos que serían causa de muchos dolores. Isabel va a tratar de transmitir este mensaje de María Santísima, pero no pocas dificultades se le presentan, sobre todo la incredulidad y el miedo de parte de los sacerdotes. Mucho tendrá que sufrir Isabel, igual que Jeremías, para llevar adelante el propósito divino. María viene en su auxilio, animándola con sus promesas:
— "Di a quienes incumbe que no tengan miedo, que confíen en Mí. Con mi manto maternal, Yo misma les defenderé. Que los ocho santuarios más concurridos del país y en cuatro iglesias a mí dedicadas en la capital comiencen simultáneamente esta devoción: la entrega de mi Llama de Amor. Que ardas en deseos, mi hijita carmelita, de hacer sacrificios. Alimenta sin cesar la Llama de mi Amor con tus sufrimientos."
En Fátima, el Inmaculado Corazón de María reafirma a un mundo incrédulo que niega la Vida Eterna, la existencia del Demonio y del Infierno. En Budapest, Hungría, ese mismo Inmaculado Corazón nos revela que Satanás quiere llevar al infierno al mayor número posible de almas, pero que Ella ha obtenido del Padre Eterno el instrumento para destruir la obra de Satanás: la Llama de Amor de su Inmaculado Corazón. Ella nos llama a todos, en la persona de Isabel Kindelmann, a convertirnos en propagadores de esa Llama, que dejará ciego y vencido al arrogante príncipe de este mundo.
7. LA VIRGEN EMPRENDE EL MOVIMIENTO DE LA LLAMA DE AMOR
“Desde que el Verbo de Dios se hizo carne, no he emprendido yo un movimiento más grande que este de la LLAMA DE AMOR DE MI CORAZÓN, que salta hacia ustedes. Hasta ahora no ha habido nada que tanto ciegue a Satanás, y de ustedes depende que no lo rechacen, porque eso traería consigo una gran ruina". (1 de agosto de 1962) Con estas palabras, la Virgen María revela que es ella misma la que ha creado y está impulsando el Movimiento de la Llama de Amor.
Sus palabras son verdaderamente impresionantes y debemos darles la importancia que se merecen. Desde que el Verbo de Dios se encarnó hasta nuestros días, “no ha emprendido la Madre de Dios y de la Iglesia un movimiento más grande que este. No ha habido nada que tanto ciegue a Satanás”. Bastan estas palabras para hacernos comprender que nos encontramos en la gran batalla de los últimos tiempos entre la mujer y el dragón. En gran parte, la victoria de la Virgen sobre Satanás depende de nosotros en el sentido de que cada persona es libre de responder o no a su llamado. Si nos comprometemos a expandir la gracia extraordinaria que María nos ofrece, el demonio quedará ciego en poco tiempo y la paz vendrá al mundo.
Sí, somos negligentes y, por nuestra falta de confianza y fe en el poder de la Virgen, quedamos en la indolencia y en la indiferencia; entonces, la agonía del mundo se prolongará indefinidamente.
La devoción a la Llama de Amor no tiene como objetivo "rezar" o "hacer cosas", sino abrir a todos los seres humanos el camino de una vida de profunda intimidad con Dios. Consiste esencialmente en un encuentro vivo con Jesucristo que nos lleve a arder en el fuego del Espíritu Santo. Si la Virgen se ha preocupado por darnos este mensaje de la Llama de Amor, debemos responder a sus deseos con gran entusiasmo. Si no lo damos a conocer, muchísimas personas perderán la oportunidad de utilizar en el combate espiritual contra Satanás el nuevo instrumento eficaz que es la Llama de Amor. La Virgen lo dijo en Fátima: "Al final, mi Inmaculado Corazón triunfará." El triunfo de la Virgen depende en gran parte de nuestra generosidad.
8. UN MENSAJE DE EXTREMA URGENCIA
El mensaje entregado por María Santísima a Isabel, madre de familia, es de extremada urgencia para el mundo entero: "A través de ti quiero hacer pública, mi hijita Carmelita, la angustia que brota del amor sin límites de mi Corazón maternal, por el peligro que amenaza al mundo entero por la desintegración de los santuarios familiares. Mi grito de socorro maternal lo dirijo ante todo a ustedes y, en unión con ustedes, quiero salvar al mundo" (DE218). La Madre de Dios siente angustia en su Corazón. La angustia se define como un "estado de intranquilidad muy intenso causado por la amenaza de una gran desgracia o de un gran peligro". En el caso de María, la raíz de esa angustia es el amor sin límites de su Corazón maternal. Ella señala un peligro muy grave que amenaza al mundo entero por la desintegración de las familias.
Pero, ¿cuál es el peligro que hace sufrir tanto a la Virgen María? No habla específicamente de catástrofes extraordinarias como terremotos, incendios, inundaciones, hambrunas, pestes, guerras… Ella habla, sobre todo, del peligro de "condenación eterna de las almas" causado por la "desintegración de los santuarios familiares". En el designio divino, cada familia debe ser un "Santuario", es decir, un lugar de santidad en el que se dé gloria a Dios y las almas se preparen para entrar en la Vida Eterna. Por lo tanto, la desintegración no consiste solo en que se separen los cónyuges por el divorcio y dejen a los hijos sin hogar, sino que la verdadera desintegración consiste en el rechazo que las familias hacen al Plan de Dios sobre ellas: la santificación de las almas en el interior de las familias.
María declara solemnemente y con énfasis que esa desintegración, esa perversión del corazón de las familias, es producto de un plan diabólico. Es algo premeditado, organizado, estructurado sistemáticamente por inteligencias espirituales diabólicas y con la colaboración consciente e inconsciente de seres humanos ciegos y pervertidos. "Satanás, con fuerza rabiosa, quiere destrozar las familias". "Oh, las familias destrozadas, ¡cuántos pecados acarrean en contra de Mí" (DE123).
La verdadera causa de la desintegración de la familia a nivel mundial es "la situación de pecado en que están viviendo". Por el pecado entró la muerte al mundo; por el pecado entra en una familia la desintegración. El pecado es, ante todo, la negación de los derechos de Dios sobre su criatura. Eso se traduce en un rechazo a Dios y a su Ley. Hemos visto cómo países de antigua cristiandad han ido perdiendo la fe católica hasta convertirse prácticamente en indiferentes a la existencia de Dios. Este rechazo de Dios tiene una consecuencia muy grave para el destino del hombre. Como dice la epístola a los Romanos: "Y así como ellos no tuvieron a bien reconocer a Dios, Dios los entregó a una mente depravada, para que hicieran las cosas que no convienen: Están llenos de toda injusticia, maldad (perversidad), avaricia y malicia; llenos de envidia, homicidios, pleitos, engaños y malignidad. Son chismosos, detractores (calumniadores), aborrecedores (enemigos) de Dios, insolentes, soberbios, jactanciosos (arrogantes), inventores de lo malo, desobedientes (rebeldes) a los padres, sin entendimiento, indignos de confianza (desleales), sin amor, despiadados. Ellos, aunque conocen el decreto de Dios que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no solo las hacen, sino que también dan su aprobación a los que practican" (Rom 1,28-32).
Y la misma Palabra de Dios nos dice que "El pagará a cada uno conforme a sus obras: a los que, por la perseverancia en hacer el bien, buscan gloria, honor e inmortalidad: vida eterna; pero a los que son ambiciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia: ira e indignación" (Rom 2,8).
Nos hemos acostumbrado al pecado. Estamos tan ciegos que no nos damos cuenta de que monstruosidades tales como la anticoncepción, el aborto, la sodomía, el adulterio, la manipulación de la vida, las guerras, etc., van contra el Plan de Dios, son pecado y, por lo tanto, merecen castigo.
El problema está en cómo revertir la avalancha que está destruyendo las bases de la familia a un nivel universal. La respuesta que da la Virgen está en la Llama de Amor de su Inmaculado Corazón. "Cegar los ojos de Satanás es el principal y único fin de la Llama de Amor de la Santísima Virgen, de la cual Ella dijo que una efusión de gracia tan grande como esta todavía no se derramó sobre la tierra desde que el Verbo se encarnó" (DE 230). La familia ocupa el primer lugar en el combate espiritual contra el maligno.
En la devoción a la Llama de Amor encontramos un método de lucha muy eficaz contra el mundo de las tinieblas. Cuando una familia comienza el camino de la Llama de Amor, se inicia un proceso de enceguecimiento de los ojos del Demonio y la pérdida de su poder sobre los miembros del hogar. Cada familia debe convertirse en un lugar de santidad donde los padres de familia anuncien el Evangelio a sus hijos y, al mismo tiempo, ejerzan el ministerio de sanación y liberación que les corresponde por ley natural. La Llama de Amor es el poder del Inmaculado Corazón de María, actuando en el interior de las familias para establecer en ellas el Reinado del Corazón de Jesús.
9. UN MENSAJE QUE DIGNIFICA A LA MUJER
Lo primero que Satanás hizo fue pervertir el corazón de Eva (Gn 3,1-7). Bien sabía el demonio que, en el plan de Dios, la mujer era la parte más íntima del hombre (Gn 1,27-28; 3,23). Comprendió que, si inoculaba en la primera hija de Dios el germen del pecado, fácilmente arrastraría a Adán lejos del plan de Dios, y no solo a Adán, sino también a toda la tierra (Gn 1,29-30). El hombre, nacido de mujer (Job 15,14; 25,4), nace herido. El pecado destruye el plan de Dios e introduce en la familia el desorden: la maternidad de la mujer se hace en el dolor (Gn 3,16) y el hombre se le impone con violencia, hasta hacer de la mujer su propiedad (Gn 4,19-24), como si se tratara de un objeto. Es Dios mismo quien va a intervenir para salvar al hombre y a la mujer del dominio de Satanás. Lo hará a través de la mujer. Se enfrenta el Señor con la serpiente y la pone bajo el pie de la Mujer: "Pondré enemistad entre ti y la Mujer... Ella (su descendencia) te aplastará la cabeza" (Gn 3,15). Es en Jesucristo, nacido de mujer, que se cumplirá esta profecía (Gal 4,4).
La Iglesia nos enseña a ver en esa mujer que aplasta la cabeza de la serpiente a la Virgen María. El mensaje de la Llama de Amor nos remite a este tremendo drama que vivimos los descendientes de Adán y Eva: el pecado original y sus consecuencias sobre toda la humanidad. Este drama se vive de manera muy especial en el interior de la familia. El plan de Dios para poblar el Cielo tiene su raíz en la íntima relación del hombre y la mujer: el hogar. Los cónyuges son los instrumentos privilegiados de Dios para preparar las almas para la Vida Eterna. Si el hogar es un Santuario en donde Dios reina, los hijos fácilmente encontrarán el camino del Cielo; si la familia es un lugar en donde reina Satanás, las almas estarán en grave peligro de condenación. Por esa razón, el Demonio busca por todos los medios pervertir a la familia. Quiere reinar en ella para destrozar el plan de Dios y arrastrar al mayor número de almas al infierno.
El Diario Espiritual trae un mensaje destinado a todas las mujeres, y especialmente a aquellas que son madres: la vocación de las madres de familia es comparable a la más alta dignidad sacerdotal. "Entiendan ustedes, madres de familia, la sublime vocación que les he confiado. Ustedes son las llamadas a poblar mi Reino y llenar los puestos de los ángeles caídos. De su Corazón, de su regazo, parte cada paso de mi Santa Madre Iglesia. Mi Reino va creciendo en la medida en que ustedes, madres, se ocupan de las almas creadas".
Ustedes tienen el trabajo más grande y que demanda mayor responsabilidad. Sean plenamente conscientes de que he puesto en las manos de ustedes el trabajo de conducir multitud de almas a la salvación (DE234). A esta vocación de la mujer corresponde una especial bendición dada a los esposos.
Por su parte, los padres de familia (los varones) merecen una bendición especial, única, que solamente se puede dar a ellos porque colaboran con Dios en la obra de la creación. Cuando un niño nace, Dios derrama gracias extraordinarias sobre la familia (DE234-235). Hombre y mujer están estrechamente unidos por esa bendición en la realización del plan de Dios. El feminismo ateo, producto de las ideologías materialistas, denigra la maternidad y la considera como algo despreciable. La maternidad, según la visión cristiana, es una inmensa gracia de Dios; las madres de familia que traen al mundo los hijos y los educan en los caminos del Señor son merecedoras del más profundo respeto y dignidad.
10. TOMA, HIJA MÍA, ESTA LLAMA DE AMOR DE MI CORAZÓN
El 13 de abril de 1962, Isabel oye por primera vez en su corazón la voz de la Virgen. Es el viernes de Dolores. Siente en lo profundo de su alma la pena indecible y el sollozo de la Madre Dolorosa. María le dice: "Yo pongo un Haz de Luz en tus manos; es la Llama de Amor de Mi Corazón. ¡A la Llama de Amor de Mi Corazón añade tu amor y pásala a otros, hijita mía!" (DE48). "Toma, hija mía, esta Llama de Amor de Mi Corazón. ¡Enciende con ella el tuyo y pásala a otros!" (DE48).
Esta es la dinámica de la Virgen: Ella entrega, nosotros recibimos, encendemos con esa Llama nuestro corazón e inmediatamente lo pasamos a otros corazones. Así se establece el "reguero de pólvora". "Con esta Llama llena de gracias que de Mi Corazón les doy a ustedes, enciendan todos los corazones de todo el país, pasándola de corazón a corazón; este será el milagro: que, convirtiéndose en un incendio con su fulgor, cegará a Satanás. Este es el fuego de Amor de unión que alcanza del Padre Celestial por los méritos de las Llagas de Mi Hijo Santísimo" (DE48). La estrategia de la Virgen para vencer a Satanás es muy simple: enciende tu corazón y enciende con esa Llama los corazones de los que te rodean. Pasa la Llama, no la guardes solo para ti.
Ese es el milagro de la Virgen: un incendio que cegará a Satanás. María nos habla de un "nuevo instrumento" y nos pide "encarecidamente que lo aceptemos con gran comprensión". Ella "pone en nuestras manos" ese instrumento, es decir, nos hace responsables de los frutos que ese instrumento puede producir: la salvación de las almas. Esa Llama arde con extrema fuerza en el Inmaculado Corazón de María. Es tan grande que no puede contenerla más tiempo, y con fuerza explosiva salta hacia nosotros. No solo luz, sino también calor, quiere derramar sobre nosotros con toda su fuerza. El Amor que brota del Corazón de María hará explotar el odio satánico que contamina el mundo. "Algo parecido a esto no ha existido todavía. Este es el mayor milagro que ahora hago con ustedes" (DE48).
El don de la Llama de Amor provoca en Satanás una terrible furia; no se queda con los brazos cruzados, sino que reacciona con violencia para impedir que la Llama se extienda. La Virgen dice: "¡Entren en la batalla, los vencedores seremos nosotros! Mi Llama de Amor cegará a Satanás en la misma medida en que ustedes la propaguen en el mundo entero... Mi Llama de Amor hará milagros en lo profundo de los corazones" (DE125). Dos son los polos de expansión de la Llama de Amor: a) "De corazón a corazón" y b) de los "ocho santuarios más concurridos del país y en cuatro iglesias dedicadas a Mí en la capital; comiencen simultáneamente esta devoción: la entrega de mi Llama de Amor" (DE55).
La Virgen pone en estrecha relación la responsabilidad personal y la pastoral oficial de la Iglesia en el proceso de transmitir la Llama de Amor. Ella escoge a doce sacerdotes que serán sus instrumentos privilegiados para entregar, a través de un rito muy sencillo pero muy significativo, el fuego de su Inmaculado Corazón a Hungría, que representa a cada país. Además, este signo está en estrecha dependencia de la jerarquía, porque lo primero que la Virgen y Jesús piden a Isabel es informar al Obispo y ponerse en obediencia con los legítimos pastores, el primero de ellos, el Papa. La gracia de la Llama de Amor es eminentemente eclesial; no se trata de una devoción privada.
La Iglesia universal debe entregar de manera oficial la Llama de Amor una vez que el Papa la haya reconocido como un don para todo el pueblo de Dios. Se trata de un instrumento privilegiado que todos los cristianos (y toda la humanidad) deberán utilizar contra Satanás en el gran combate de los últimos tiempos. El meollo de la Llama de Amor, su “Secreto", es lo que la Virgen llama “Milagro”. Consiste en una intervención extraordinaria de Ella en el fondo de los "corazones" que los lleva a la conversión. No habla de milagros externos, cosas portentosas o favores materiales. Lo fundamental en la Llama de Amor es el arrepentimiento sincero del pecado y la reparación exigida por la justicia divina. Este es el milagro que, como un reguero de pólvora, ha de ir conquistando a cada corazón y a cada familia para que el mundo se encienda como una inmensa hoguera en el fuego del Espíritu Santo.
Estos dos elementos: arrepentimiento del pecado y reparación del pecado, son permanentes en todas las intervenciones del Cielo en estos últimos tiempos: Sagrado Corazón, Medalla Milagrosa, Lourdes, La Salette, Fátima, etc. El origen y la fuerza extraordinaria de este Milagro son las cinco llagas de Nuestro Señor Jesucristo, por medio de las cuales la Virgen obtuvo del Padre Eterno la gracia de la Llama de Amor. La sangre de Cristo destruye la obra de Satanás en aquellos que acogen la poderosa intercesión del Inmaculado Corazón de María.
11. EL PRIMER CAMPO DE EVANGELIZACIÓN ES LA FAMILIA
En el Diario Espiritual, la Virgen María explica el ataque a nivel mundial que se está dando contra la institución de la familia. Lo denuncia como obra de Satanás. La civilización cristiana se fundamenta en la Palabra de Dios. La carta a los Efesios 5,6-4 nos describe cómo debe ser la familia: centrada en Cristo, constituida por un hombre y una mujer, imagen de la Iglesia, templo santo de Dios.
Frente a esta concepción, se yergue desafiante el programa de descristianización promovido por grupos de presión ideológicos y políticos, económicamente muy poderosos, que se han apoderado de la ONU y tienen como objetivo erradicar la influencia de la Iglesia sobre el mundo. Ellos influyen sistemáticamente en todos los países para que se promulguen leyes favorables al divorcio, al amor libre, a la anticoncepción, al aborto, al libertinaje sexual, a "diversos tipos de familia" (matrimonio homosexual), etc.
Esta ideología lleva a las almas a la condenación eterna porque se opone radicalmente al plan de Dios sobre la familia (Mt 4,38-39). Nuestra Señora quiere que nos demos cuenta de lo que está pasando en el mundo, que abramos los ojos: el Demonio quiere reinar en las familias para conducir a la condenación eterna al mayor número posible de almas. El objetivo de la Llama de Amor es hacer frente a este caos promovido intencionalmente por los políticos que pertenecen al mundo de las tinieblas. Se trata de la reevangelización de las familias cristianas. Jesucristo le dice a Isabel: "Tu principal trabajo misionero seguirá siendo tu propia familia. Tu familia es el punto de partida de tu misión" (DE99).
La lucha espiritual (Ef 6,11-21) contra Satanás se sitúa en primer lugar en el interior de la familia. Los esposos deben asumir las responsabilidades matrimoniales de verdaderos pastores espirituales de los suyos: "Yo y mi familia serviremos al Señor" (Jos 24,15). La Virgen pone el dedo en la llaga y le dice a Isabel: "Hay muchas familias en tu país como la tuya: muy frías. A estas y a las demás quiero llenarlas de calor con la Llama de Amor de mi Corazón. ¡Sufro tanto a causa de las almas que se pierden!" (DE133). No basta para salvarse llevar un estilo de vida familiar mediocre; hay que pasar de la frialdad al fervor. Ese es el "método" de la Llama de Amor. A quienes en primer lugar hay que traspasar la Llama es a los miembros de la propia familia (DE48). "Entreguen la vela encendida que han recibido en esta ceremonia unos a otros, llévenla a casa, y comiencen la oración en familia con este mismo ritmo" (DE49).
Esto implica a veces una lucha tremenda en el interior de aquellas familias que desde su inicio han caminado "fuera de Cristo" y están atadas por los lazos del maligno: frialdad, incredulidad, infidelidad, diversos vicios (alcoholismo, drogas, juego, holgazanería), rebeldía en los hijos, indolencia espiritual, etc.
Los espíritus malignos crean una gran resistencia en los corazones. Es precisamente en estas circunstancias difíciles cuando hay que creer y confiar en las palabras de la Virgen: Ella cegará a Satanás. "Es su poderosa intercesión que alcanzó de Mí para las familias, esta efusión de gracias con la que ahora quiere inundar la Tierra. Como Ella dijo: Nada comparable a esto ha habido desde que el Verbo se encarnó. Pone a la raíz del mal la fuerza curativa de su bondad maternal". "Pasando de corazón en corazón, pone en sus manos la Llama de Amor de su Corazón que, por medio de sus oraciones acompañadas de sacrificios, cegará a Satanás, que quiere reinar en las familias" (DE213). "Tienen que empeñarse en cegar a Satanás. Se necesitan las fuerzas aunadas del mundo entero para lograrlo. No se retarden, porque un día tendrán que responder del trabajo que se les había confiado, de un mar de almas. ¡Quiero que ninguna alma se condene! Porque Satanás quedará ciego en la medida en que ustedes trabajen en contra de él" (DE207).
Es necesario que cada familia católica acoja generosamente la Llama Sagrada y que la viva intensamente para que se propague con rapidez en todo el mundo, tal como lo desea, pide y exige la Virgen María. "Como Satanás está ahora impotente, ciego, los espíritus malignos están mirando tiesos e inactivos como si se hallaran en un letargo. No saben qué ha pasado. Satanás ha dejado de darles órdenes. Y mientras las almas se liberan del dominio del maligno, han hecho buenos propósitos, contrarios a la desidia" (DE82).
No puede haber evangelización de las familias si no se toma conciencia de la acción nefasta de los espíritus malignos en el interior del hogar. Cristo ha venido para destruir las obras de Satanás. La Llama de Amor es el gran instrumento dado por Dios a las familias católicas y no católicas para vencer al Enemigo malo y transformar los hogares en "verdaderos Santuarios".
12. CRISTO HA VENIDO A DESTRUIR LAS OBRAS DE SATANÁS EN EL INTERIOR DE LA FAMILIA
La Devoción a la Llama de Amor no es simplemente rezar el Rosario y hacer un Cenáculo de Oración. El propósito de este mensaje de María Santísima es que, junto a Ella, combatamos al Demonio en nuestra propia persona, en nuestra familia, y más allá de nuestra familia hasta los confines de la Humanidad. De nada sirve decir que "amamos a la Virgen" si no llevamos adelante sus propósitos ni ponemos en práctica sus enseñanzas. El objetivo de la Virgen es nuestra salvación. La restauración de la familia católica es el punto de partida del Plan de Nuestra Señora para que se "derrame el efecto de gracia sobre toda la Humanidad". Si la familia católica se vuelve "insípida", como dice la parábola, ¿para qué sirve? De hecho, las familias católicas, lo dice la Virgen a Isabel (DE133), "están MUY FRÍAS". Esta situación de FRIALDAD ESPIRITUAL constituye para María un gran dolor porque "las almas se están perdiendo". Esos dolores torturan su Corazón de Madre y el Corazón de su Santo Hijo (DE133).
Hay un terrible propósito que el Príncipe de este mundo y "sus servidores" tratan de llevar adelante con todas sus fuerzas: la descristianización de la Iglesia. Debemos tomar muy en serio las advertencias de San Pablo (Ef 6,10-20): "Revístanse con toda la armadura de Dios para que puedan estar firmes contra las insidias del diablo, porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes (gobernantes) de este mundo de tinieblas, contra las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes". El grandísimo problema está en que la inmensa mayoría de las familias católicas (y no digamos las demás) no están conscientes de este Plan demoníaco.
La Virgen viene a abrirnos los ojos para que entendamos que el desastre que agobia a la Familia es producto de una "reingeniería social" promovida sistemáticamente por los "poderes políticos" que están gobernando el mundo. La manera de contrarrestar exitosamente esta labor satánica es convertir la gracia de la Llama de Amor en un "reguero de pólvora que inflame a toda la humanidad" para "cegar a Satanás", tal como lo pide la Virgen (DE48). Eso depende en gran parte de nosotros, y en especial de los padres de familia católicos. Es una MISIÓN que la Virgen nos da, en particular a las madres de familia. La lucha de la Mujer del Génesis y del Apocalipsis (Gn 3,15; Ap 12) contra la Serpiente y el Dragón se debe dar en el interior de cada familia católica. "Oh, las familias destrozadas" -nos dice María- "repara y sufre por ellas". "Satanás con fuerza rabiosa quiere destrozar las familias" (DE 123-124). Todos, en cada familia católica, debemos "ponernos la coraza" (Ef 6,10-16) y combatir al enemigo en el interior del hogar. La Virgen tiene su método para lograrlo. Hay que aprender ese método y aplicarlo sistemáticamente a la vida personal, a la vida familiar y a la vida social. Está explicado en el Diario Espiritual. En primer lugar, hay que CREER FIRMEMENTE EN ELLA (DE47-51). Tomar muy en serio sus enseñanzas y ponerlas en práctica.
Es voluntad de Dios que se extienda en el mundo la Devoción a su Inmaculado Corazón, porque es el Instrumento a través del cual el Señor salvará a la Humanidad. En la Medalla Milagrosa se ve cómo la Serpiente que muerde al globo terráqueo es aplastada por el pie de la Virgen. Muchas familias que se dicen católicas son en realidad "familias paganas", "familias en las que Cristo no Reina". Se contentan con una devoción mariana superficial y no pasan al compromiso del "combate espiritual". La Virgen se queja de esto:
"¡Ayúdenme! Satanás está barriendo vertiginosamente las almas. ¿Por qué no se esfuerzan ustedes en impedirlo con todas sus fuerzas y a la mayor brevedad posible? Mi alma se consume de dolor porque tengo que mirar cómo se condenan muchas almas" (DE64-65).
Es indispensable que aprendamos a ver (discernir) la acción de Satanás en nuestra vida personal, familiar y social para que podamos luchar contra ella. Si no lo hacemos, somos como ciegos que nos tropezamos a cada momento con los obstáculos del camino. Jesús le dice a Isabel: "¡Cuidado, hija mía! Renuncia enteramente a ti misma. Entrégate enteramente a Mí. Sabes lo mucho que me preocupa a fin de que nada malo te pase a ti. ¡Cuídate! El maligno quiere penetrar desapercibidamente en tu alma y, como un animal de rapiña, chupar las fuerzas de tu alma" (DE65-66). San Pedro nos advierte (1Pe 5,8) que el Demonio, como un león rugiente, da vueltas en torno a nosotros buscando cómo devorarnos. Hay infinidad de padres de familia católicos que están ciegos y no se dan cuenta de que su familia está siendo "devorada" espiritualmente por el león. El primer fruto de la Llama de Amor es "abrirnos los ojos" para que podamos ver y distinguir la acción del maligno en el interior del hogar. El segundo fruto es el cegamiento del maligno y la victoria contra el Enemigo.
13. LA FAMILIA CATÓLICA RENOVADA: PUNTO DE PARTIDA PARA LA EVANGELIZACIÓN DE TODAS LAS FAMILIAS DEL MUNDO
El concepto "católico" tiene varios significados. A lo largo de veinte siglos se ha ido estableciendo su comprensión. Fundamentalmente, "católico" significa aquello que engloba "lo uno y lo otro": lo judío y lo gentil. Aquella religión a la que están llamados los judíos y los gentiles. Los judíos dividían el mundo en dos partes irreconciliables: los judíos, que profesaban la religión de Moisés, y los no judíos o gentiles, los "paganos", que profesaban innumerables religiones. Para los judíos, solamente ellos eran el Pueblo de Dios, el pueblo de salvación. Había una oposición insuperable. Los paganos estaban condenados. Jesús, con su muerte y resurrección, sobrepasa esa división y llama tanto a los judíos como a los no judíos a seguirlo. Así aparece el cristianismo: los seguidores de Cristo. Todos debemos seguir a Jesús porque Él es el único camino de salvación. La religión que Jesús funda es la religión destinada a todos los pueblos por voluntad de Dios, ya que Jesús es el único salvador. De allí que la palabra "católico" se haya considerado sinónimo de "universal", "para todos". Dios nos llama a todos sus hijos a seguir a Jesús, a formar parte de su Asamblea o Ekklesía (iglesia), porque es el único camino para llegar al Padre. Al ascender a los cielos, Jesús nos deja a Pedro y a los once apóstoles como los responsables de esta Iglesia naciente que debe llevar a todos los hombres la salvación.
La historia nos dice que, con el correr de los siglos, esta Iglesia de Cristo ha estado sometida a muchas vicisitudes ocasionadas por las incomprensiones de sus miembros. Pleitos y contiendas de todo tipo terminaron por crear divisiones. Hoy tenemos católicos, ortodoxos y protestantes que siguen a Jesús. Esas divisiones no vienen del Señor; hieren su Corazón. Lo maravilloso es que, para Jesús, es su Iglesia. Misteriosamente, más allá de nuestra comprensión intelectual, el Señor actúa salvando al hombre a pesar de estas divisiones. En el Diario Espiritual, la Virgen María no hace ninguna alusión a estas divisiones en el Cuerpo de su Hijo. Ella dice que su Llama de Amor es para todos los bautizados y para los no bautizados, para toda la humanidad, porque todos los seres humanos somos sus hijos.
Nuestra Señora habla a Isabel, una mujer católica, cuyo abuelo era pastor protestante y su propio padre también era protestante, pero terminó convirtiéndose a la fe católica. El Concilio Vaticano II tiene como uno de sus principales objetivos sobrepasar las divisiones que separan a los cristianos, promoviendo la unidad. A lo largo de todo el Diario, las enseñanzas tanto de Nuestro Señor como las de su Madre Santísima van modelando lo que debe ser una familia según Jesucristo. A ese ideal deben aspirar todas las familias humanas, provengan del catolicismo, de la ortodoxia, del protestantismo o del no cristianismo, porque el objetivo de la Llama de Amor es salvar las almas, liberándolas de la acción de Satanás.
La gracia de la Llama de Amor es PARA TODA LA HUMANIDAD porque el Demonio ataca parejo a todos los seres humanos, sin distinción de religión, nacionalidad, sexo, raza, cultura, etc. La Virgen sobrepasa todos los temas controversiales que han roto la unidad del Cuerpo de Cristo para ponernos frente a lo esencial: Satanás quiere reinar en las familias, quiere llevar a la condenación eterna el mayor número de almas. El Demonio está lanzando contra cada hombre un ataque sin precedentes. Sabe que le queda poco tiempo. El punto que resuelve todas las contradicciones es el grandioso poder de intercesión de la Virgen María. Ella hace que el EFECTO DE GRACIA llegue misteriosamente a TODOS los hombres, a TODA LA HUMANIDAD (Jn 1,4; 9;16).
Cuando la Madre de Dios dice que hasta ahora no ha habido nada que tanto ciegue a Satanás desde la Encarnación del Verbo, nos revela que Ella obtuvo de la Santísima Trinidad para nuestro tiempo una gracia superextraordinaria: la Llama de Amor. Por su intervención materna, recibimos el instrumento para cegar a Satanás. Todo aquel que acoja su Llama de Amor vencerá a Satanás. Nos encontramos entonces con el INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA, revelado en FÁTIMA. "Dios quiere establecer en el mundo la Devoción a mi Inmaculado Corazón". María es la última tabla de salvación para los pecadores (todos los hombres). Eso no significa que sea María quien nos salva, sino que Ella es el INSTRUMENTO PRIVILEGIADO DE DIOS PARA TRAERNOS LA SALVACIÓN: SU HIJO JESÚS. Es necesario que leamos con mucha atención los mensajes de Fátima, Pontevedra, Tuy, Rianjo, las memorias de Sor Lucía de Fátima y sus entrevistas (al P. Agustín Fuentes) para comprender la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María.
En el Diario, Nuestra Señora va iluminando los elementos que las familias católicas deben vivir intensamente para que se conviertan en punto de partida de la conversión de todas las familias no católicas y no cristianas. La Virgen pide que todas las familias católicas se conviertan en familias santas (Santuarios) que intercedan junto con Ella por la salvación de toda la humanidad. El rezo del Santo Rosario en familia queda como el arma principal en esta lucha.
14. LOS PASOS DE LA LLAMA DE AMOR PARA RENOVAR LA FAMILIA CATÓLICA
PASO 1: ACOGER LA LLAMA DE AMOR
En la primera comunicación que María Santísima hace a Isabel Kindelmann, le entrega la Llama de Amor. Es el 13 de abril de 1962, viernes de Dolores. La Virgen solloza de dolor. La abundancia del pecado en el país es el motivo de tanto sufrimiento. Ella le pide ayuda a Isabel: "¡Ayúdame, salvémoslo!" Acto seguido, le "pone un haz de luz" en las manos. Es su Llama de Amor. Notemos que no se lo pone en el corazón, sino "en las manos". Le dice: "Un nuevo instrumento quisiera poner en sus manos". "Les pido encarecidamente que lo acepten con gran comprensión porque Mi Corazón mira a mi país con aflicción". Debemos recalcar dos cosas: primero, que la Llama de Amor es un INSTRUMENTO con el cual debemos trabajar. Por eso, la Virgen se lo pone en las manos, para que comprendamos la gran responsabilidad que tenemos de UTILIZARLO en la lucha contra el Príncipe de este mundo. En segundo lugar, debemos ACEPTARLO con gran comprensión, es decir, debemos darnos cuenta del poder que tiene este instrumento para lograr su objetivo: cegar a Satanás y derrotarlo. ACEPTARLO Y UTILIZARLO de manera consciente y perseverante para que el instrumento cumpla su cometido. Ese instrumento debe ser transmitido a otros; no podemos enterrarlo.
Si la Llama de Amor no es comprendida como un instrumento de lucha eficaz contra Satanás, queda reducida a una simple devoción popular. Y este es el peligro: no la comprenderíamos. ¿Para qué iba a darnos la Virgen María una fórmula que modifique el Rosario? ¿Acaso el Rosario tradicional no es ya suficientemente poderoso? Ella nos habla de "UN MILAGRO que, convirtiéndose en un INCENDIO, con su fulgor CEGARÁ A SATANÁS". Se trata de un "FUEGO DE AMOR DE UNIÓN" que Ella alcanzó del Padre Celestial por los méritos de las llagas de su Hijo Santísimo. También dice "la más excelente de mis gracias". "Todos los corazones del país (del mundo) deben ser encendidos con esta Llama LLENA DE GRACIAS que de SU CORAZÓN Ella nos da a nosotros". Entregar la Llama de Amor es UNA MISIÓN sublime y conmovedora. No es, pues, algo que podamos descuidar o rechazar. Tan importante es para la Virgen María la entrega de su Llama que crea un "sacramental".
Nos lleva, en primer lugar, a la Fiesta de la Candelaria, en la que los fieles entran en procesión al templo llevando cirios encendidos. El templo a oscuras representa el mundo bajo el poder de las tinieblas. El cirio encendido representa a Jesús. Los fieles, llevando los cirios encendidos, representan a la Iglesia que anuncia al mundo la Redención, que entrega a Jesús a aquellos que no lo conocen. De aquí saca la Virgen su ceremonia de entrega de la Llama de Amor: "Lleven dos velas, enciende primero tu pequeña vela y, con su llama, enciende la otra. Luego pásala a mi querido hijo... entreguen la vela encendida que han recibido en esta ceremonia unos a otros, llévenla a casa y comiencen la oración en familia con este mismo ritmo". Por lo tanto, debemos llevar la Llama de Amor a nuestra casa y pasarla a todos los miembros de nuestra familia y COMENZAR LA ORACIÓN EN FAMILIA. Este es el punto de partida del "reguero de pólvora" (15 de abril de 1962).
La renovación de la familia católica viene cuando se acoge de manera consciente y responsable la Llama de Amor y se inicia la oración "en familia". Allí se da el MILAGRO de que habla María: "Yo estaré con ustedes, los inundaré con gracias muy especiales". Esta Llama debe ser propagada "en el mundo entero". "Quiero que conozcan la Llama de Amor de mi Corazón que hace milagros en lo profundo de los corazones". El gran problema de la Iglesia Católica es su pasividad evangelizadora. Es una Iglesia "asentada" en una "estructura tradicional" que reduce el deber de evangelización a los funcionarios (sacerdotes) y ha dejado a los laicos en una actitud de indiferencia ante la gran responsabilidad de anunciar la salvación al mundo entero.
La inmensa mayoría de las familias católicas está en una situación de "crisis espiritual" profunda. Son "católicos" por costumbre o por "tradición", pero no viven intensamente los elementos fundamentales de la fe. En el Diario Espiritual se pone en evidencia las "quejas" de Nuestra Señora a este respecto. Queda claro que el primer objetivo de la Virgen es RENOVAR LA FAMILIA CATÓLICA desde sus raíces. La Llama de Amor va a salvar al mundo entero, según la Virgen María. Este tesoro debe darse a conocer a las familias ortodoxas, protestantes y a las familias no cristianas. La jaculatoria dice: "Derrama el efecto de gracia de tu Llama de Amor sobre TODA LA HUMANIDAD". Como católicos, debemos entregar la Llama de Amor a todos sin excepción: católicos y no católicos. Tenemos que confiar en las palabras de María: "Entren en la batalla, los vencedores seremos nosotros. Mi Llama de Amor cegará a Satanás en la misma medida en que ustedes la propaguen en el mundo entero". El primer paso es llevar la Llama de Amor al interior de nuestra propia familia y, desde allí, entregarla a todas las que podamos. Así se dará la "efusión de gracia" que incendiará al mundo.
PASO 2: PONER A JESÚS EN EL CENTRO DE NUESTRO CORAZÓN
En el Diario Espiritual, Jesús se queja muchas veces de la frialdad con que las almas lo tratan. Le dice a Isabel: "Tienes que sacudir a las almas tibias de la desidia en la que se han hundido. Primero, háganlos conscientes de que son llamados a vivir en íntima unión conmigo. Comuniquen esto especialmente a las almas que, a pesar de que me reciben frecuentemente en su corazón, no por eso se acercan más a Mí. En vano querría llevarlas a mayor profundidad espiritual si ellos dan la vuelta y me abandonan. Ni se acuerdan de Mí en medio de los trabajos del día. ¡Esto me duele tanto! ¡Sufro tanto!" (DE50-51). Jesús reclama algo que los profetas ya habían denunciado al pueblo de Israel: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí". ¡Jesús se queja! ¿Por qué no llegamos a una mayor profundidad espiritual? ¿Por qué damos la vuelta y lo abandonamos? ¿Por qué no nos acordamos de Él en medio de los trabajos del día?
Estas palabras nos obligan a un gran "examen de conciencia". Algo está fallando seriamente en nuestra manera de vivir la fe dentro de la familia. Si no fuese así, Nuestro Señor no se quejaría tan amargamente a lo largo del Diario Espiritual. Invito a los lectores a recorrer el Diario para que nos demos cuenta de cuántas veces el Señor se queja de la frialdad con que lo tratamos (quejas de Jesús: Diario Espiritual, págs. 26, 28, 30, 45, 51, 56, 57, 72, 73, 75, 76, 77, 80, 87, 88, 91, 92, 115, 119, 120, 123, 139, 153, 170, 188, 211, 251, 264). La fe se transmite y se va educando desde la niñez a la adultez. Este deber le corresponde principalmente a los padres de familia y a la parroquia: "Padres, tomen a sus hijos de la mano y condúzcanlos en el seguimiento del Señor" (Ef 6.4). El primer deber de la familia católica es criar a los hijos en el seguimiento de Cristo.
Si meditamos bien los pasajes del Diario en los que Jesús se queja, descubrimos a una "Persona viva" que sufre porque no lo amamos, porque lo ignoramos, lo olvidamos y no valoramos lo que ha hecho por nosotros, porque somos ingratos con Él. Jesús habla de "su Corazón" en estas quejas. Lo que más lo agobia es nuestra indiferencia: "El amor desbordante de Mi Corazón no recibe respuesta de parte de las almas. Ámame todavía más, hijita mía, abrázame más estrechamente a tu corazón. Ofréceme tu alma sacrificada y sírveme solo a Mí con profunda sumisión. Hazlo en lugar de aquellos que no lo hacen, aunque son almas consagradas a Mí" (DE80). "¿Existe acaso alguien que estuviera más abandonado que Yo? ¿Más despreciado, a quien hayan olvidado más que a Mí? Si supieran ¡qué anhelo siento por ustedes! En mi continua soledad les estoy llamando con mucho amor y paciencia, y ustedes me tratan como si fuera una persona sin sentimientos. Pero si se acercaran con confianza, sentirían aquel amor que siente mi Sagrado Corazón por ustedes" (DE87). "¿Pasan insensibles frente a mi inconmensurable sufrimiento? Ustedes también, a quienes he criado al calor de mi Corazón y, a pesar de tanta infidelidad de su parte, les llamo con amor. Vengan con confianza, ¡Yo les redimí de la muerte eterna! ¿O ya no quieren vivir conmigo? ¿Se contentan con las cosas pasajeras de la tierra? ¡Oh! ¡Dense cuenta de la pena de mi Corazón que anhela por ustedes!" (DE120). "¡Tanto me duele el alma! A las almas creadas a imagen y semejanza de mi Padre Celestial que caen en las garras de Satanás, las traga el infierno. El dolor de mi alma puede ser calmado por la Llama de Amor de mi Madre" (DE188). "¡Es mi delicia estar con los hijos de los hombres! Pero, lamentablemente, ¡esto lo recibo solo de pocos!" (DE251). "Me duelen las muchas ofensas. ¡Yo estoy tan dejado de lado! Lo que más me duele es que las mismas almas a Mí consagradas me dejen de lado. No tienen tiempo para ocuparse de Mí" (DE264).
En estas quejas, nos damos cuenta de que Nuestro Señor Jesucristo pide una manera diferente de vivir la fe. Es necesario pasar de una "religión formalista" a una relación de amor con el Señor Jesucristo. El formalismo pone por encima de todo el cumplimiento de reglas y tradiciones que constituyen el conjunto de creencias religiosas. Se da la mayor importancia a lo externo. Podemos bautizar a los hijos, confirmarlos, confesarnos, hacer la primera comunión, ir a misa todos los domingos, casarnos, etc., pero todo eso "para estar en regla" con la Iglesia o con la "cultura cristiana". El corazón, sin embargo, puede estar lejos de Dios. Cuando se recibe la Llama de Amor, la llevamos a nuestro hogar para evangelizar a la familia. Y el primer paso es anunciar a un Cristo vivo al que debemos amar y servir con todo nuestro corazón. Jesucristo debe ser aceptado como el SEÑOR de nuestra vida, al que nos sometemos en todo. Pertenecemos a Cristo, somos de Cristo (Rom 14,7-9).
Cada uno de los miembros de la familia debe hacer este camino personal hacia el Señorío de Jesús: abandonar el pecado para aceptar y seguir a Jesucristo como su Señor y Salvador. Jesús dice: "Si alguien quiere venir en pos de Mí, que cargue con su cruz y que me siga". Esto representa el primer "combate espiritual" de la Llama de Amor contra el Demonio en el corazón de cada miembro de la familia. El ideal de la familia católica es que todos conscientemente combatan la obra de Satanás en el interior del hogar, para que en la familia entera reine Jesús como Señor y Salvador.
PASO 3: LA CONSAGRACIÓN DE LA FAMILIA A LOS CORAZONES DE JESÚS Y DE MARÍA
¿De dónde viene el concepto de Consagración?
"Consagrarnos" y "Consagrar la familia" al Sagrado Corazón de Jesús, al Inmaculado Corazón de María, o a los "dos Corazones de Jesús y de María" no es una "devoción más" o "una piadosa novedad". El Diario Espiritual nos lleva a comprender esta doble petición que Jesús y María nos han hecho al menos en dos ocasiones diferentes: en Paray Le Monial (Francia, 1674) y en Fátima (Portugal, 1917). Se trata de algo de incalculables consecuencias para cada persona, cada familia, cada nación, para la Iglesia entera y para toda la humanidad. Si Jesús y María lo piden en dos ocasiones correspondientes a dos épocas históricas trascendentales (Reinado de Luis XIV, 1643-1715 y Revolución Comunista, 1917), es obligatorio considerarlo como algo de urgente importancia. La Virgen pide la Consagración de Rusia, y más tarde la Consagración de la humanidad entera a su Inmaculado Corazón. De la consagración de Rusia depende su conversión y la paz del mundo. Si no se hace esa consagración, catástrofes inmensas, materiales y espirituales, caerán sobre el mundo entero. La consagración no es entonces algo banal que pueda descuidarse. Es algo obligatorio. Es preciso que sepamos leer este doble mensaje y asumamos esta llamada con gran responsabilidad, comenzando por cada familia. TODA FAMILIA CATÓLICA DEBE CONSAGRARSE A LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y DE MARÍA Y VIVIR CON GRAN ENTEREZA ESA CONSAGRACIÓN para que se dé el reguero de pólvora de la Llama de Amor.
LA CONSAGRACIÓN es completamente bíblica; proviene directamente de la Ley de Dios y está expresada de diversos modos en las Sagradas Escrituras. Por no comprender esta legítima exigencia de Dios y por no responder a esta llamada del Creador, perdemos innumerables bendiciones y abrimos las puertas al Reino de las Tinieblas. Para valorar adecuadamente esta doble petición de los Corazones de Jesús y de María, hay que ir al Génesis. Dios nos creó a su imagen y semejanza. Somos Suyos. Criaturas de Dios. Le pertenecemos totalmente en propiedad. Dios nos constituyó administradores de su creación con un objetivo: que le demos el amor y la gloria que a Él le corresponde (Gn. 1,26-31; 2, 7, 15-25; 3, 1-24). Esta es la base de todas las consagraciones: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas... sobre todas las cosas". Adán y Eva cometieron una terrible ingratitud: rechazaron su condición de criaturas. Quisieron "convertirse en dioses independientes" del único Dios verdadero. El drama de la humanidad está allí: en querer ignorar el designio divino de la creación. Lo queramos o no, estamos por nuestra propia constitución existencial: ¡CONSAGRADOS A DIOS!
Cuando Nuestro Señor y la Virgen piden que nos consagremos a sus corazones, simplemente están exigiendo que volvamos a nuestra condición de "criaturas" y que le demos a Dios lo que a Él le corresponde por derecho de creación. La época de Luis XIV marca el inicio de la descristianización de Europa; la Revolución marxista-leninista de 1917 marca la propagación sistemática e impositiva del ateísmo a nivel mundial. La felicidad del ser humano y de la creación entera está en reconocer que pertenecemos a Dios, que somos su pueblo y sus "hijos creados a su imagen y semejanza". El rechazo del hombre a su propia condición de criatura es una herida en el Corazón de Dios que le hace sufrir: "Se le partió el Corazón" a Dios. "Se arrepintió de haber creado al hombre" (Gn 6,5-7). Noé, que era justo, por su santidad de vida, consoló el Corazón de Dios y fue motivo para que naciera una nueva humanidad. Dios hizo alianza con Noé. Lo mismo pasó con Abraham y con Moisés. El pecado, en cualquiera de sus formas, es una repetición del gesto de Adán y Eva. No queremos ser criaturas, queremos ser dioses. El Faraón endureció su corazón y atrajo sobre Egipto innumerables desgracias. Dios le dijo: "¿Hasta cuándo te negarás a someterte a Mí?" (Ex 10,3). La historia de Israel repite el pecado de Adán y Eva. El Señor lo sacó de la esclavitud de Egipto y lo convirtió en un Pueblo Santo, Pueblo de Reyes, Pueblo Sacerdotal. ¡Pueblo de Dios! ¡CONSAGRADO A YAHWEH! La infidelidad a su vocación llevó a Israel al desastre nacional, el exilio. Un "pequeño resto" fiel al Señor vivió esa consagración y obtuvo la venida del Mesías. Por su muerte y resurrección, Nuestro Señor nos rescató de la muerte eterna e hizo de los creyentes el Nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia.
Por el Bautismo, reconocemos a Jesús como Nuestro Señor, renunciamos a Satanás y nos CONSAGRAMOS A Él. Es la entrega total y absoluta de todo lo que somos y de todo lo que tenemos a Dios. Nos reconocemos no solamente como criaturas, sino también como hijos de Dios. Aquí viene el papel de la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María: para poder hoy mantenernos fieles a esa Alianza con Dios que es la Consagración Bautismal, necesitamos un instrumento extraordinario con el que podamos hacer frente al ataque sin precedentes del Demonio contra la Iglesia y la humanidad entera. Ese instrumento es la gracia de la Llama de Amor.
En cada familia encontramos la imagen de la Iglesia y de la humanidad, que están integradas por millones de familias unidas por vasos comunicantes materiales y espirituales. La Virgen revela en el Diario Espiritual el Plan Diabólico para destruir la obra de Dios: la Redención del ser humano. El Demonio busca cómo corromper a las familias para que rechacen el Señorío de Jesús y su salvación. Para que la familia católica se transforme en luz de las naciones, Satanás debe ser cegado en el interior de cada familia. "La ceguera de Satanás significará el triunfo universal de mi Divino Corazón, la liberación de las almas y que el camino se abrirá en toda su plenitud" (DE262). Las familias católicas deben comprender que la Consagración a los Sagrados Corazones de Jesús y de María es el primer paso para que el reino de Satanás se derrumbe en la época histórica actual.
15. LA CONSAGRACIÓN ES EL CAMINO PARA VENCER A SATANÁS
A) El fruto principal de la consagración al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María es la victoria contra Satanás en el interior del hogar. "La ceguera de Satanás significará el triunfo universal de mi Divino Corazón, la liberación de las almas y que el camino se abrirá en toda su plenitud" (DE268). La Llama de Amor está íntimamente unida con la Consagración de las familias al Sagrado Corazón de Jesús. Cuando la Virgen María nos dice repetidas veces en el Diario Espiritual que el Demonio está lleno de rabia y que va a lanzar un ataque frontal contra la familia para destruirla, tenemos que abrir los ojos, reflexionar y actuar. "Satanás quiere reinar en las familias" (DE218) y quiere suplantar a Jesucristo, Rey y Señor del Universo, para constituirse él como el soberano de nuestras vidas y de todo lo que existe. Esa es su terrible obsesión.
Como le dijo a Jesús: "Si te postras ante mí y me adoras, te entregaré todos los reinos del mundo" (Mat 4,8). Satanás no cesará en su propósito de convertirse en el falso rey de las familias y, a través de las familias, en el rey de la humanidad. La acción diabólica está denunciada desde el inicio del Génesis: el objetivo de la Serpiente es destruir la familia, destruir la obra de Dios. Este es el punto fundamental de la acción demoníaca: expulsar a Dios del seno del hogar e instaurar el reino del pecado mortal habitual en los cónyuges y en los hijos. Ante todo, el arma de Satanás es el engaño: "... temo que, así como la serpiente con su astucia engañó a Eva, las mentes de ustedes sean desviadas de la sencillez y pureza de la devoción a Cristo" (2 Co 11,3). La enorme trascendencia del mensaje de la Virgen María a Isabel Kindelmann se comprende fácilmente cuando examinamos con detenimiento la acción diabólica que se está desarrollando actualmente en todas las naciones.
Todas las fuerzas demoníacas se han coludido para pervertir, desde el interior y el exterior, la familia tal como Dios la ha diseñado y pedido en la divina Revelación, "pues aun Satanás se disfraza como ángel de luz" (2 Co 11,14). Está en nuestras manos parar en seco este proceso de destrucción espiritual de la humanidad obedeciendo a los mensajes del Sagrado Corazón y del Inmaculado Corazón de María. Jesús y María piden que las familias se consagren a sus Sagrados Corazones. "Las fuerzas aunadas del mundo entero se necesitan para cegar a Satanás" (DE207). Consagrar la familia al Sagrado Corazón de Jesús es proclamar el Reino de Dios en el hogar cristiano y rechazar las pretensiones del falso príncipe de este mundo. El cegamiento del Demonio es el triunfo del Corazón de Jesús: la familia se convierte en un verdadero santuario en donde se adora y se sirve al Dios verdadero.
Todos los miembros se comprometen a hacer reinar al Señor en su propia casa. No se trata de que la Consagración quede en una simple fórmula y en una imagen entronizada como un "adorno". Es un compromiso activo de construir todos juntos el santuario familiar con la ayuda del Señor y de María. La familia no es cualquier cosa. No es un banal invento del hombre y no la podemos concebir o modificar a nuestro antojo. No nos pertenece. La familia es la base donde descansa en la práctica el designio divino sobre el ser humano. Es la "institución divina" más importante, porque de ella brota toda la humanidad. Es el instrumento por medio del cual Dios engendra para la eternidad a sus hijos. Por eso debemos defenderla de la "ingeniería social promovida por los grupos de presión paganizantes que han infiltrado la ONU" para imponer su agenda a las naciones del mundo entero: aborto, homosexualidad, matrimonios "gays", etc. Cuando la familia se aparta del plan de Dios, todo se derrumba y termina en desastre para los seres humanos.
El pecado original lesionó radicalmente el Plan de Dios sobre la familia. Satanás quiso desbaratar los planes del Creador sobre el hombre, llevando la muerte y la división al interior de la relación de Adán y Eva. La solución del problema está en que toda la humanidad, comenzando por los que gobiernan las naciones, se sometan al Señorío de Jesús. Esto parece imposible. Sin embargo, es el meollo del plan de Dios. Las naciones deben reconocer a Jesucristo como el único y verdadero Señor. La respuesta a esta aparente imposibilidad es que cada familia se someta a Jesucristo y que el "reguero de pólvora" se extienda vertiginosamente de familia en familia hasta "abrasar el mundo entero". No olvidemos que nuestros ojos materiales solamente ven lo exterior. Más allá de lo físico, de lo sociológico, está el mundo "espiritual" que no podemos ver. Es allí donde "se juega" la salvación o la condenación de las almas. La oración, la reparación, el sacrificio y el dolor de los bautizados y de todo ser humano desempeñan un papel infinitamente grande en este combate contra Satanás y sus legiones. Lo que nosotros, seres humanos, con nuestras pobres fuerzas, no podemos hacer en favor de la salvación de las almas lo hacen los méritos infinitos de Nuestro Señor Jesucristo, de su Santísima Madre y de los Santos. Cuantas más familias se comprometan a vivir intensamente el mensaje de la Llama de Amor, ese mundo espiritual será movilizado con más eficacia para cegar al Demonio y derribar su reino de naipes.
16. ESTABLECER EL REINO DE DIOS EN LA FAMILIA CON LA AYUDA DE LA LLAMA DE AMOR
B) Dios es un Dios de orden. En el orden está la armonía y la paz. Todo en la obra de Dios está ordenado a su gloria. Todo se mueve armoniosamente: el universo con sus galaxias, planetas y estrellas. La tierra y lo que en ella se contiene sigue un orden establecido por el Creador. Antes del pecado original, el hombre, en el Plan de Dios, era en sí mismo un ser ordenado y equilibrado. Guardaba el dominio de sus potencias y facultades. Estaba en paz interior y exterior con el mundo. El pecado original vino a romper el equilibrio interior de sus facultades y el equilibrio exterior de sus relaciones con los demás y con el universo. Antes de que el hombre se rebelara contra Dios, se dio la rebelión de los ángeles contra su Creador. El pecado original significa que el hombre se dejó seducir por el Príncipe de los ángeles rebeldes y rechazó a su Creador. El desorden en la obra de Dios proviene del desorden de los ángeles caídos y de la colaboración de los hombres en la rebelión satánica contra el Creador. Cuando hablamos de la Consagración al Sagrado Corazón de Jesús (y de María), ya sea de la persona individual, de la familia o de las instituciones, estamos hablando de volver al orden inicial del Creador.
La gracia de la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María es un auxilio de inestimable valor que Dios, Creador y Padre, nos da a sus hijos para que podamos enfrentarnos de manera victoriosa al desorden impulsado por los "espíritus malignos". Dios ha respetado y seguirá respetando nuestra libertad; Él no nos forza a que colaboremos en su Plan Eterno de la Creación. Nos invita a que tomemos parte en su Reino. Depende de nosotros acoger el designio divino de la Creación o que, como Adán y Eva, nos sometamos al Príncipe de este mundo y seamos sus esclavos. Jesús, el Hijo de Dios, es el que vence a Satanás y restablece el orden de la creación al redimirnos. Cuando consagramos nuestra vida al seguimiento de Jesús, estamos entrando en el Plan de Dios, nuestro Creador y Padre amoroso.
Lo más importante para cada ser humano es "acoger a Jesucristo", ya que solamente en Cristo se puede encontrar la salvación, es decir, la victoria contra el desorden instituido e impulsado por el llamado "mundo de las tinieblas". La Llama de Amor es mi Hijo Jesucristo, nos dice la Virgen María. Cuando acogemos esta gracia, estamos acogiendo al mismo Cristo. ¿Y qué hace Jesucristo? Viene a destruir las obras de Satanás (1 Jn 3,8) en la persona individual, en la familia y en todas las instituciones humanas. Jesús nos habla de una lucha contra el Príncipe de este mundo que termina en la derrota del reino de Satanás, la Serpiente Antigua (Ap 12). La gracia de la Llama de Amor es, pues, un "nuevo y excepcional instrumento" que Dios nos da para derrotar al Demonio en nuestra propia persona, en la familia y en las instituciones humanas. La finalidad de la Llama de Amor es la del Evangelio: establecer el Reino de Dios. "El Reino de Dios sufre violencia y los violentos lo arrebatan".
En el Diario Espiritual descubrimos las pistas para organizar en nuestras familias ese combate espiritual del que nos habla San Pablo. ¿Qué nos proponen Jesús y la Virgen María a través de la vida y del Diario de Isabel Kindelmann? En primer lugar, que tomemos la decisión de unirnos al Inmaculado Corazón de María en su lucha contra Satanás y que vayamos estableciendo en el interior de nuestras familias las condiciones para que Jesucristo, su Hijo, reine en nuestros hogares. Se trata de transformar nuestros hogares en verdaderas familias cristianas que "sigan a Jesucristo" al ciento por ciento. Esto implica un combate implacable contra las legiones de espíritus malignos que, al mando de Satanás, buscan por todos los medios destruir la obra de Dios. Cada bautizado debe comprenderse a sí mismo como un soldado al servicio de la salvación de toda la humanidad. Cada familia católica está llamada a asumir la gran responsabilidad de la salvación propia, la de sus vecinos y la de "toda la humanidad", como lo pide la jaculatoria. Desde esta óptica, las enseñanzas y las exigencias de la Llama de Amor cobran sentido.
Debemos entrar obligatoriamente en lucha contra el Príncipe de este mundo si queremos salvar nuestras almas. El Demonio no descansa. Solamente enfrentándolo con la fuerza de Cristo podemos vencerlo. Aquel que no lucha contra Satanás queda irremediablemente vencido y esclavizado en esta vida y condenado a la eterna oscuridad en la eternidad. La Llama de Amor es la gran esperanza que la Virgen da al mundo moderno como la última tabla de salvación.
17. PONER EN PRÁCTICA LAS ENSEÑANZAS DEL DIARIO ESPIRITUAL
C) Para comprender el mensaje del Diario Espiritual, es necesario tener en cuenta la convulsionada época histórica en que fue escrito y la espiritualidad de Isabel. Su vida se desarrolla dentro de los parámetros de una Hungría de gran tradición católica, sometida a las terribles circunstancias de las dos guerras mundiales y de la opresión comunista. El Mensaje y la Gracia de la Llama de Amor están dirigidos a todos los seres humanos, sin excepción: sean católicos, ortodoxos, protestantes, creyentes musulmanes, no bautizados, indiferentes, incrédulos, ateos, enemigos de la Iglesia, etc. A la humanidad entera, porque todos los hombres y mujeres del mundo somos víctimas de la acción de Satanás y necesitamos del auxilio divino para vencerlo. La divina Providencia tiene sus planes y sus caminos para llevar a la salvación a todos aquellos que acojan sus requerimientos. En el designio divino para estos últimos tiempos, el Inmaculado Corazón de María desempeña un papel de primera importancia. Para llegar al corazón sufriente del hombre de hoy, el Señor nos da el Corazón dolorido de su Madre.
En el Diario Espiritual, el primer Maestro y Protagonista es Jesús, pero está tan íntimamente unido a su Madre que ambos hablan el mismo lenguaje y persiguen el mismo objetivo por los mismos caminos y enseñanzas. María nos lleva a su Hijo. Los Corazones de Jesús y de María son en realidad un solo y mismo Corazón. La Llama de Amor, en su itinerario salvífico, parte de la madre de una familia que vive de manera mediocre los valores católicos. La Virgen la califica de "familia fría", como hay tantas en Hungría (DE 171). La Llama debe ir avanzando de corazón a corazón, de boca en boca; como un "reguero de pólvora", debe ir pasando de familia en familia para encenderlas en el fuego del amor a Dios, hasta "incendiar" la Iglesia entera. Ese "milagro" no se quedará en la Iglesia Católica, sino que seguirá su camino llegando a las familias ortodoxas, protestantes y no cristianas. Es la humanidad entera la que experimentará la gran profecía que María Santísima hace a Isabel Kindelmann sobre su victoria sobre Satanás. La Virgen dice que su Llama se extenderá suavemente, discretamente, sin levantar ruido, sin causar problemas, pero que llegará un momento en que se expandirá de manera vertiginosa para convertir a la Iglesia y al mundo entero en un grandioso incendio que cegará a Satanás y desbaratará el poder del Demonio sobre el mundo. Estamos llamados a participar intensamente en ese proceso.
El principal enemigo de la Llama de Amor es el Demonio, quien, dándose cuenta de la tremenda amenaza que representa para su reino, va a atacar despiadadamente a Isabel y a todos aquellos que se esfuercen en propagarla (DE 65, 66, 227). Paradójicamente, esta gracia va a encontrar numerosos adversarios en aquellos mismos que deberían promoverla sistemáticamente: sacerdotes y personas religiosas. Para proteger a los suyos, la Virgen María los acompañará en ese combate y los fortalecerá, haciendo grandes milagros para el triunfo de su Llama de Amor. Esos prodigios se darán sobre todo en el interior de las personas: los corazones se convertirán con sorprendente rapidez y facilidad (DE 93-94). Ese será el gran milagro del Inmaculado Corazón de María. Ella restaurará la identidad de la actual "familia católica", tradicionalmente pasiva, para transformarla en ardiente evangelizadora. La Virgen no nos presenta un programa detallado de todo lo que hay que hacer (DE 233-234). No es necesario ni conveniente.
La libertad del Espíritu Santo, que conduce a cada alma y a cada hogar según su propia vocación personal, queda asegurada. Jesús y María solamente van señalando aquellos elementos que son fundamentales en lo que debe ser la vida espiritual de la familia católica. Esos puntos son aquellos que debemos cultivar con propiedad para irlos estableciendo en nuestros hogares. El Diario no entra en detalles, pero lógicamente todo católico ha de referirse a las enseñanzas del Magisterio para perfeccionar su identidad católica.
Este proceso acelerado de transformación de la Iglesia y del mundo no se hará por los medios humanos (psicológicos, sociológicos, mercadeo televisivo, etc.), sino con el poder de la Cruz de Cristo (DE 94). A la luz de este Misterio Central del cristianismo, llegamos a comprender algo que sorprende a muchos lectores del Diario: la importancia extraordinaria que en la vida de Isabel tiene el "sufrimiento". Esto se ha olvidado hoy: que el "poder" evangelizador de la Iglesia está en la participación de sus miembros en los dolores de Cristo. La Iglesia es víctima con Cristo en la Cruz, y cada católico debe "llevar su Cruz" con plena conciencia de su valor. La fuerza de la Iglesia no está "en el exterior" o en "lo que se ve", sino en la santidad de las familias. Por eso, la santidad de vida en el interior de la familia es lo primordial, lo que da sentido a la familia católica entregada a "vivir su consagración".
Satanás busca por todos los medios infiltrar a la familia católica con la "mentalidad del mundo" para contaminarla con el pecado y neutralizar así su capacidad evangelizadora (DE 123). Es de capital importancia que obedezcamos las indicaciones que el Inmaculado Corazón de María nos da para que se puedan transformar las familias católicas en transmisoras de la Llama de Amor y que el profetizado "incendio" del mundo entero se realice.
18. VIVIR LA LLAMA DE AMOR COMO UNA DEVOCIÓN LIBERADORA
Decimos que la Llama de Amor es una devoción, pero que no es una devoción como todas las demás. Es un instrumento destinado a liberar las familias del dominio de Satanás. Quien vive la Llama de Amor como una devoción más no ha llegado a comprenderla de manera integral, y es necesario que pase a experimentarla como una devoción "liberadora".
Descubrirá el poder único del Inmaculado Corazón de María contra todas las asechanzas y ataduras del Príncipe de este mundo. La santidad de la familia es el fruto de esta gracia extraordinaria. Así como Dios sacó a Abraham de en medio de pueblos en los que se practicaba la idolatría para hacerse un pueblo consagrado a su Nombre, Dios quiere sacar a la familia católica del marasmo paganizante en que se ha precipitado. Israel estuvo en Egipto cuatrocientos años. Allí fue esclavo. Se acostumbró a la esclavitud. Prefirió la tranquilidad del sometimiento a las costumbres paganas, y le costó salir de ellas. La manera de vivir perversa del paganismo había penetrado tanto en su mente que Dios tuvo que dejar morir en el desierto a la generación antigua para que una nueva entrara en la Tierra Prometida. La gran recomendación que Yahweh hizo a su Pueblo es que renunciara a las costumbres de las naciones paganas. ¡Que no las imitara! ¡Que fueran santos porque Él es santo! El gran combate de Dios contra Israel está aquí: Israel no quería ser santo, quería ser como los demás pueblos. Quería vivir como ellos, idolatrando a falsos dioses. No quería someterse a la Ley de Dios, pero sí quería seguir llamándose "Pueblo de Dios". Hoy, como ayer, estamos en la misma situación. Queremos ser como los "demás pueblos", pero queremos seguir llamándonos "cristianos".
No hemos leído bien el Evangelio. No hemos captado el sentido de las palabras de Jesús y de los Apóstoles. Pertenecer al Nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia, significa "renunciar a Satanás, a sus pompas y a sus obras" y seguir a Jesucristo. La penetración de la acción diabólica en las mentes y en el corazón de infinidad de "católicos" es tal, que están ciegos espiritualmente. Viven una farsa de cristianismo. Jesús tendrá que decirles: ¡No te conozco! El dios de este mundo ha cegado sus corazones. Pensemos, por ejemplo, en infinidad de "mujeres católicas" gritando a favor del aborto; otros muchos aceptando la homosexualidad como algo correcto; cantidad de políticos aprobando leyes que destruyen el alma de los pueblos; masas inmensas practicando magia, hechicería, adivinación, espiritismo...; ejércitos de alcohólicos y adictos a las drogas; millones de familias viviendo pequeños infiernos, etc. Han sido cegados por la acción de los "espíritus malignos", pero no lo captan. No comprenden que están siguiendo las costumbres de los pueblos paganos. No quieren luchar para ser libres: se han acomodado a la esclavitud espiritual.
El Demonio, sus espíritus malignos y sus agentes atacan en primer lugar la inteligencia y la voluntad: la mente y el corazón. Después, el cuerpo y los bienes materiales. Invaden los espacios que nos rodean y están actuando en el mundo entero. "No hay lugar donde Satanás no pueda penetrar", nos dice la Virgen. Por algo María nos da para estos tiempos la Llama de Amor. Tenemos que abrir los ojos y no caer en la ingenuidad de la "ciencia" que niega todo lo que no puede someter a sus leyes materialistas. Para que la Llama de Amor pueda actuar, es indispensable aceptar la existencia de Satanás y de los "espíritus malignos".
Además de que, para los católicos, es un dogma de fe, basta abrir los ojos para darse cuenta de que hay un mundo espiritual nefasto que nos rodea y nos ataca para destruirnos. Las teorías psicológicas y psiquiátricas hacen mucho daño a infinidad de personas cuando reducen los fenómenos psíquicos a causas meramente naturales. Hasta sacerdotes se dejan contaminar por esta visión reductiva de los problemas humanos y orientan mal a los fieles que están afectados por la acción de los espíritus malignos. Si no creemos en la existencia y en la acción de Satanás, somos como boxeadores ciegos que luchan contra un tremendo campeón. En el Diario Espiritual, la Virgen sacude nuestra indolencia y ceguera espiritual para que abramos los ojos y comencemos a combatir a su enemigo mortal y a nuestro tirano opresor. Para ser libres, nos liberó Jesucristo. Lo primero que debemos hacer para utilizar el instrumento de la Llama de Amor eficazmente es aceptar y creer en la existencia del Demonio. Sin este requisito, nuestro combate será un fracaso.
19. COMBATIR AL DEMONIO CON LA LLAMA DE AMOR
Si no tenemos un conocimiento adecuado de la naturaleza del Demonio y de su acción, no lo podremos combatir eficazmente. Lo primero que debemos tener en cuenta es que Satanás y los suyos son, igual que los seres humanos, "criaturas" sometidas en todo al poder del Creador. Esto trae una consecuencia superimportante para nosotros: perderle el miedo. Para derrotarnos, Satanás nos infunde temor. Esta sensación de debilidad que sentimos ante el reino de las tinieblas es su principal arma. Los espíritus malignos que vagan por los aires (Ef. 2,2; 6,19) "nos quieren convencer de que son por sí mismos poderosos, fuertes, grandes, inteligentes, independientes de Dios, etc., cuando en verdad son todo lo contrario. No pueden hacer nada si Dios no se lo permite y están amedrentados ante aquellos hombres y mujeres llenos de fe y de amor a Dios. Santiago nos dice: "Enfréntense al Diablo y él huirá" (Sant. 4,7).
Siendo Satanás, sus demonios y sus espíritus malignos mentirosos por naturaleza, ellos siempre se acercarán a nosotros mintiendo, engañando, confundiendo, haciendo teatro. La verdad es que solamente tienen poder sobre aquellas personas que se les someten, llevando una vida de pecado, o que recurren a las fuerzas ocultas (adivinación, magia, hechicería, espiritismo, idolatría, supersticiones, etc.), o viven su fe de manera fría, y no saben utilizar las armas ofensivas y defensivas que Dios nos da por medio de la Iglesia.
Satanás emplea como primera estrategia perturbar nuestra inteligencia para que no veamos claramente la verdad de las cosas. Esto es fundamental: si no vemos dónde está la Verdad (JESUCRISTO), entonces comenzamos a andar por caminos equivocados y somos víctimas miserables de los malignos. Hay tres clases de demonios que atacan unidos al hombre: los demonios de la inteligencia, de la memoria y de la voluntad. Estas tres facultades del alma deben trabajar en coherencia para que podamos pensar y sentir rectamente y así actuar de acuerdo a la Voluntad de Dios. El Demonio tratará de perturbar por todos los medios y con todas sus fuerzas estas facultades. Intentará confundirnos y arrastrarnos a la mentira o al error (1 Tim. 4,1) para destruirnos. Podemos dar nombres a los demonios o a los espíritus malignos de acuerdo a la influencia que tienen sobre nosotros. Si produce angustia, lo podemos llamar demonio de angustia o espíritu maligno de angustia; si produce miedo, lo podemos llamar miedo, etc.
Así nos vamos volviendo conscientes de qué espíritus malignos están atacando a nuestra familia: ira, división, lujuria, pornografía, adulterio, tristeza, depresión, alcoholismo, muerte, suicidio, etc. No estamos tratando de hacer demonología barata. Los especialistas en este campo nos presentan listas muy largas de nombres propios de demonios. En nuestro caso de la Llama de Amor, podemos contentarnos con este enfoque sencillo que nos permitirá implorar el auxilio de la Madre de Dios. La Llama de Amor no es un exorcismo propiamente dicho, aunque tiene efectos de liberación muy notables; la Llama de Amor es Jesucristo que, hoy como ayer, entra en miles de familias para "expulsar a los espíritus malignos" (Lc. 7,21) y establecer su Reino.
Cuando hablamos de exorcismo propiamente dicho, nos referimos solamente a los casos de auténtica posesión diabólica. Para ayudar a las personas poseídas, están los sacerdotes mandatados por los Obispos. En el caso de que una persona tuviese una verdadera posesión diabólica, le tocaría al exorcista de la Diócesis asumirlo. De ordinario, la mayor parte de las personas sufren perturbaciones espirituales de diversa magnitud, pero no son verdaderas "posesiones". Es en este terreno que la Llama de Amor se manifiesta como sumamente útil, porque todos los seres humanos podemos utilizarla como instrumento de sanación espiritual. Y de esto se trata: de que aprendamos a utilizar el nuevo instrumento que la Virgen María nos da para cegar a Satanás en nuestra vida personal y especialmente en el interior del hogar. Los padres de familia deben discernir qué espíritus malignos están afectando su hogar. En nuestro mundo moderno, la psicología ha ayudado a muchas personas a adquirir una mejor calidad de vida psíquica, pero también ha contribuido a confundirnos espiritualmente porque sus diversas teorías nos han hecho creer que todos los comportamientos humanos son fruto de elementos meramente naturales. Si hay enojo, ira, violencia, lujuria, etc., nos hablarán de problemas emocionales, de complejos, de condicionamientos culturales, etc. Los psicólogos ateos (1 Jn. 4,5) no aceptarán, por principios metodológicos científicos, que pueda haber también un elemento preternatural en la raíz de las conductas anómalas o inmorales (Gál. 5,19-26). Con la Llama de Amor iremos descubriendo un mundo invisible a los ojos carnales. Las corrientes de la psicología científica no lo pueden captar ni comprender. La Virgen nos habla de este mundo, lo denuncia, lo combate y lo vence (Ap. 12). Ella nos da las armas para enfrentarlo con éxito.
20. ¿CUÁL ES LA RAZÓN DEL COMBATE ESPIRITUAL? ¿POR QUÉ SATANÁS? ¿POR QUÉ SE NOS DA LA LLAMA DE AMOR?
Detrás de cada acción hay un motivo que impulsa a actuar a los seres inteligentes. Si conocemos la motivación, podremos valorar su acción. El Demonio tiene un poderoso motivo para atacarnos. ¿Cuál es la razón de un odio tan espantoso hacia esta criatura tan débil llamada "hombre"? ¿Por qué motivo se encarnó Dios? ¿Por qué Jesucristo se entregó a una muerte tan terrible? ¿Qué está detrás de ese acontecimiento tan inverosímil? ¿Por qué la Madre de Dios y de los hombres se preocupa por obtener del Padre Eterno un instrumento tan poderoso para "cegar a Satanás"? ¿Por qué una mujer tan sencilla como Isabel Kindelmann acepta entrar en un proceso de dolor y sufrimiento tan tremendo para darnos a conocer la Llama de Amor? Si no tenemos una correcta información, no podremos dar con la clave.
Los que hemos aceptado las enseñanzas de la Iglesia Católica, basadas en la Revelación Divina, tenemos todos los elementos para comprender ese drama tan impresionante en el que desempeñamos un papel de primer plano. En el Diario Espiritual, ya desde las primeras líneas, Isabel nos pone al tanto del "camino del Señor" y de las "molestias continuas del enemigo malo". Esa será la temática de todo el Diario. El Designio de Dios sobre el Hombre y el ataque despiadado de un enemigo encarnizado que no quiere que se realice ese Designio. ¿Por qué es tan importante ese Designio para nosotros? Debemos conocer, valorar y aceptar las razones que motivan a Dios.
Si comprendemos que el Creador nos ama infinitamente y quiere hacernos plenamente felices por toda la eternidad, asimilaremos el mensaje del Diario Espiritual y daremos el valor supremo al tiempo de nuestra existencia terrenal. Solamente el que ignora el Designio divino comete el error de desperdiciar su tiempo. ¿Y las motivaciones del "maligno enemigo"? ¿Por qué nos odia? Porque odia a Dios y porque nos envidia con todo su ser. No quiere que gocemos de la felicidad que Dios nos ha preparado. Quiere arrastrarnos a su "universo de oscuridad y dolor sin límites" en el que se precipitó por su soberbia. En medio de ese Amor y de ese odio está la Virgen María para ayudarnos a comprender la Verdad de las cosas. Si valoráramos con claridad que Dios nos llama al "Cielo" (palabra que ya no nos llama la atención), pondríamos en movimiento todas nuestras fuerzas para alcanzarlo.
Si entendiéramos lo que es el "infierno" (palabra gastada que ya no dice nada al hombre moderno), nos debatiríamos con infinito arrojo contra aquellos que quieren arrastrarnos a él. La Llama de Amor es el instrumento dado por la Virgen María para salir victoriosos en ese trascendental combate. Sería un error gravísimo reducir la Llama de Amor a un simple instrumento para "sentirnos bien", "para tener una relativa paz espiritual", para liberarnos de las "perturbaciones" del enemigo. Entendámoslo bien: todos tenemos al frente a un tenaz y torvo adversario que no descansará hasta hundirnos en la muerte eterna. El "infierno" ha sido ridiculizado por la propaganda incrédula, pero es totalmente cierto ayer, hoy y para siempre, aunque se empeñen en negarlo. La realidad horrenda del alejamiento eterno de Dios (el infierno) es lo que justifica que Jesucristo haya aceptado gustosamente sobrellevar el dolor de su Vida-Pasión-Muerte.
Si la Virgen nos da la Llama de Amor es porque hoy por hoy es totalmente indispensable para la Iglesia Católica tomar conciencia de la gravedad del momento. Si los católicos no comprendemos que estamos llamados por Dios a dar la respuesta que la Humanidad necesita ante el ataque diabólico más poderoso de su historia, fracasaremos en nuestra vocación divina de ser LA LUZ DEL MUNDO. Los hombres y especialmente los católicos estamos perdiendo la batalla ante la malicia de Satanás.
Tenemos todas las armas para vencer, pero no las utilizamos. Dios no está perdiendo la guerra ni la perderá, pero nosotros sí, ¡muchísimos! El Designio divino se cumplirá, pero infinidad de personas no podrán gozar de él por toda la eternidad, o habrán desperdiciado el tiempo de su existencia terrenal. El Cielo nos está sacudiendo, pero estamos ciegos, no queremos entender los mensajes ni los valoramos. El infierno cada día está más envalentonado y descarado en la proclamación evidente de su existencia, pero lo miramos y no lo vemos. "Mirarán con los ojos, pero no verán". No sabemos ver (Is. 6,9; Jer. 5,21; Ez. 12,2; Jn. 6,36). "Vieron a Jesús, pero no creyeron en Él".
Esa batalla que decidirá la salvación de la Humanidad está EN EL CORAZÓN DE LAS FAMILIAS, en su interior. Por ese motivo, es relativamente fácil y rápido ganar la guerra a Satanás: si cada familia combate al Demonio en el interior del hogar y se convierte en lo que la Virgen pide (UN SANTUARIO FAMILIAR), el "reguero de pólvora" se dará. El poder de intercesión del Inmaculado Corazón de María garantiza la victoria. Este es el mensaje del Diario. El combate espiritual debe entrar en el interior de cada hogar católico para expulsar a Satanás e instaurar el Reino de Cristo. Ese es el fruto de la Llama de Amor. Tomemos los medios para que se realice la profecía de María: el "incendio espiritual" del mundo entero y la caída del reino de Satanás.
21. EL MÁS GRANDE, IMPORTANTE Y MÁS URGENTE APOSTOLADO HOY PARA LOS CATÓLICOS ES RECUPERAR LA IDENTIDAD DE LA FAMILIA CATÓLICA.
Actualmente, no existe en la Iglesia ningún apostolado de mayor trascendencia que la evangelización de la familia católica. El primer objetivo de Satanás es destruirla desde el interior y desde el exterior. Desde el interior, atando a los bautizados con las diversas cadenas que los demonios utilizan; desde el exterior, fabricando políticas gubernamentales que atacan directamente la concepción cristiana de la familia y creando situaciones económicas en las que los padres de familia son esclavizados por el trabajo excesivo en favor del Estado, para que descuiden sus hogares. Esto puede parecer simplista, pero es la realidad profunda.
Es, pues, un doble combate el que los católicos debemos llevar adelante: la recuperación de la libertad interior de los corazones en el ámbito del propio hogar y la recuperación de la influencia política de los cristianos en el mundo moderno. El combate es a muerte. La intención de Satanás es destruir la identidad (cristiana) bíblica de la familia para que no sea sal de la tierra ni luz del mundo; construir un ambiente tan deletéreo al exterior que las familias no puedan tener las condiciones sociales y económicas que les permitan vivir en paz su identidad cristiana.
El proceso de ateización y laicización de la sociedad tiene como objetivo final impedir que la Iglesia pueda tener influencia en la conformación de la política de los gobiernos. Las calumnias contra la Iglesia en este terreno son infinitas. El único objetivo de esas calumnias es neutralizar el mensaje del Evangelio para que los seres humanos no conozcan la Verdad de Jesucristo sobre el hombre. Callada la Iglesia, nadie podrá influir sobre las conciencias para iluminarlas sobre el bien y el mal.
Lo tremendo es que infinidad de bautizados están desorientados y se convierten en activistas de las ideologías que promueven la destrucción de la familia. Millones de mujeres bautizadas, jóvenes y adultas, están luchando por el aborto con argumentos que no tienen nada que ver con el Evangelio. Están promoviendo en nombre de la libertad y de los derechos humanos aberraciones que son condenadas explícitamente por las Sagradas Escrituras. Infinidad de políticos bautizados promueven en todos los gobiernos programas y proyectos totalmente injustos y destructores de la dignidad humana. Son bautizados, pero no tienen conciencia de lo que están haciendo ni tienen el coraje de rebelarse contra un orden injusto. La razón última es que están atados y cegados por el príncipe de este mundo.
Desde niños no se les enseñó a discernir la acción diabólica ni se les enseñó a combatir al Demonio de manera exitosa. La familia es la escuela de la Iglesia. Allí los niños aprenden a creer en el Dios verdadero, a amarlo, a respetarlo, a someterse amorosamente a su santa Ley; aprenden a combatir el pecado, a cargar la Cruz y a vencer a Satanás con las armas que Dios nos da. Si millones de niños, adolescentes y jóvenes aprendiesen esta responsabilidad cristiana, se formaría en una generación millones de familias católicas ardientes en la expansión de la Fe. Sería una progresión más que geométrica. ¡El reguero de pólvora del que habla la Virgen! Pero se necesita que los padres de familia asuman desde este momento esa gran responsabilidad de desestructurar en sus propias familias la obra de Satanás para reestructurar sus hogares en función del Reinado de Jesucristo.
Los católicos debemos abandonar el complejo de inferioridad política que las ideologías han tratado de endilgarnos para mantenernos pasivos y atados en la responsabilidad social. Familias católicas producen una sociedad católica. Otra vez: no estamos promoviendo una política barata de triunfalismo trasnochado de cristiandad. La palabra católica no significa sectario, sino significa el plan de Dios sobre la familia y el mundo. Lo católico es el plan de Dios para toda la humanidad. Son los valores de la catolicidad, entre los que prima la caridad. Todo esto es el grandioso combate entre la luz y las tinieblas que inexorablemente se ha de dar, ya que hemos sido enviados como corderos en medio de lobos. Esta es la condición martirial de los cristianos y especialmente de la Iglesia de Jesucristo.
Toda esta lucha reposa en primer lugar en los padres de familia. Es a ellos a quienes corresponde estructurar en el interior de sus hogares las condiciones para que se vaya realizando este proceso de liberación de sus familias y de la sociedad. El Reinado de Jesucristo en los hogares comienza por la conversión de los esposos para que asuman la santidad correspondiente a su condición de casados por el Sacramento. Sin sacramento, no hay verdadera familia católica. No hay gracia de Dios. Esta es la primera dificultad para innumerables "sedicientes católicos" que quieren ser católicos a su manera. Quieren formar una familia según sus propios parámetros, intereses y convicciones erróneas. No tienen la gracia de Dios, no pueden transmitir la gracia a sus hijos, y el ciclo de autodestrucción de lo católico se potencia.
La Llama de Amor nos pide, pues, como primer paso para renovar la familia: estructurarla en la vida sacramental. De allí viene todo porque de allí proviene la Gracia y el Reinado de Cristo en el hogar. El Diario Espiritual nos presenta un itinerario para construir familias según el Corazón de Dios, y la Llama de Amor es el instrumento que nos permitirá lograrlo.
22. LA PARROQUIA Y LA FAMILIA: LOS DOS POLOS QUE LA LLAMA DE AMOR TRANSFORMAR
Según las enseñanzas del Diario Espiritual, para transformar la Iglesia, la gracia de la Llama de Amor debe desarrollarse urgente y principalmente en dos polos o terrenos: la Parroquia y la Familia. Vemos que Isabel Kindelmann vive inmersa en la vida parroquial. En las diversas etapas de su vida, está ligada a ella. Como esposa feliz, como viuda sufriente, como madre abnegada, como obrera, encuentra la fuerza espiritual en la parroquia. Tiene sentido de pertenencia a una comunidad espiritual bien definida. Hoy, vertiginosos cambios han golpeado los tradicionales puntos de referencia que caracterizaban a los católicos de antaño; la Parroquia, en muchos lugares, ha perdido su valor significativo. En otros, conserva toda su vigencia. Sin embargo, para muchísimos católicos de nuestros días, la Parroquia es algo desconocido y viven desligados de ella. A pesar de todo, se trata de un elemento primordial e indispensable para la auténtica vida del católico. No es algo negable ni mucho menos despreciable, por más que ciertas corrientes ideologizadas la ataquen inconsideradamente.
La Familia es el otro terreno de batalla de la Llama de Amor, tan importante como la parroquia porque es, al mismo tiempo, parte de ella, como las células de un cuerpo humano. La parroquia se realiza concretamente en las "iglesias domésticas" que la constituyen. En la visión del Diario Espiritual, es imposible separar la familia de la parroquia. La vida de Isabel hubiera tomado otro rumbo si no hubiese estado integrada en la vida parroquial. La estrategia satánica que se descubre en el mundo de hoy es destruir la familia destruyendo su relación con la parroquia y destruir la parroquia cortando los lazos con la familia. La parroquia es, en su primigenia acepción, comunión de comunidades familiares en Cristo.
Mientras más fuerte es la familia, más fuerte será la parroquia, que es la Iglesia viviente en un lugar concreto; y, por otro lado, mientras la parroquia sea una realidad espiritual y social más plena, más fuertes y llenas de vida estarán las familias. El reguero de pólvora ha de partir de las parroquias de manera "oficial", sin dejar de considerar que el dinamismo de la expansión de la Llama de Amor ha de ir pasando de corazón a corazón, de familia en familia. Un peligro real para la Llama de Amor es la "institucionalización", que expondría a los devotos al sometimiento absoluto a "los planes pastorales de escritorio" y a ciertos agentes de evangelización que se sienten con autoridad para determinar los caminos de la gracia. Por algo, la Virgen reclama para sí la eficacia del "efecto de gracia": "Quien actúa soy Yo. Soy Yo quien enciende la Llama de Amor en el fondo de los corazones" (DE 146).
Es la Virgen quien determina que la Llama de Amor parta de los ocho santuarios más concurridos del país (DE 55); es Ella quien escoge a los doce sacerdotes más fervorosos de Hungría. Ella decide que su fiesta sea la Candelaria (DE 60); es por voluntad de la Virgen que se introduce en el Ave María la jaculatoria; Ella da la forma de pasar la Llama unos a otros (DE 49) y decide que sea desde el convento de los carmelitas que inicie la expansión de su gracia (DE 49); es María la que indica a Isabel que vaya a ver al Papa y al Obispo (DE 177); Jesús y María piden los grupos de oración reparadora en cada parroquia (DE 324). Son ellos los que forman el corazón de Isabel y dan las orientaciones fundamentales para que la Llama de Amor se convierta en el incendio universal, etc., etc. A lo largo del tiempo, los movimientos espirituales se desgastan y se convierten en anticuados. Es una experiencia palpable en la historia de la Iglesia. Muy a menudo, este anquilosamiento viene del clericalismo que el Papa Francisco ha denunciado tantas veces. Sería una infinita tristeza para el Corazón Inmaculado de María que esto pasara con su Llama de Amor.
El movimiento parte de la Virgen María; no es un invento artificial ni obra de los hombres. La Virgen dice: "No tienen derecho a callar... ¡mi fuerza estará con ustedes!" (DE 317) "Salgan de sus límites" (DE 324). La Llama de Amor es un carisma vivo que responde a una necesidad permanente de la criatura humana, herida por el pecado y asediada por el reino de las tinieblas. Hay diócesis y parroquias en las que los administradores pastorales se arrogan el derecho de prohibirla e impedir su expansión. Para ellos van estas palabras: "A los sacerdotes tímidos y pasivos... que no priven a la humanidad de la Llama de Amor del Corazón Inmaculado de mi Madre. No abusen de la confianza con que Yo les he atado a Mí. Las palabras son para eso, para anunciar la abundancia de mi riqueza para que puedan derramar mi perdón sobre todo el mundo" (DE 317).
Y de parte de la Virgen: "¿Qué piensan, a quién pediré cuentas por poner obstáculos? Si hubiera alguien así entre ustedes, defiendan con todas sus fuerzas mi Llama de Amor" (DE 207). "No se queden pasivos frente a mi santa causa!... ¿sabes quiénes son los perseguidores? Los cobardes, los que temen por su comodidad, los precavidos, los perezosos... Los que, bajo el disfraz de la prudencia, irrumpen para extinguir mi Llama de Amor como hizo Herodes con el pequeño cuerpo del inocente Niño Jesús. Pero así como al Niño Jesús el Padre Celestial lo tomó bajo su protección y lo defendió, así defenderá también ahora mi Llama de Amor!" (DE 183).
La gracia no se puede encarcelar en un reglamento ni en una estructura, como tampoco podemos modificarla según nuestro humor. Toda la organización debe servir para impulsar a los devotos a ir más allá de nuestros límites, para que el reguero de pólvora se vuelva una realidad cada vez más dinámica. Parroquia y Familia deben ir juntas para que todos los católicos, y más allá de los límites, la humanidad entera pueda gozar de la misericordia del Señor, que es el gran regalo del efecto de gracia de la Llama de Amor.
23. LA CONVERSIÓN DE LA FAMILIA CON LA LLAMA DE AMOR
Acoger en una familia el "efecto de gracia de la Llama de Amor" significa iniciar un proceso de conversión de todos sus miembros. Es un camino de transformación de los corazones, guiado por la acción de María Santísima. Como dice Grignion de Montfort, es María la que forma a Jesús en nosotros. Eso mismo hace en aquellos hogares que la reciben conscientemente como Madre de la Llama de Amor, que es Cristo. Debemos tener muy en cuenta que no es una nueva devoción que haga competencia a otras devociones, sino que se trata de un NUEVO INSTRUMENTO PARA EL COMBATE ESPIRITUAL. Como Madre de la Iglesia, la Santísima Virgen, por voluntad de Dios, interviene en el proceso de la salvación de cada ser humano y de cada familia. Ante todo, lo hace por su poderosísima intercesión, obteniendo las gracias que necesitamos para que el Reino de Dios se establezca en nuestros hogares. Lo hace también por medio de todas las intervenciones (apariciones y mensajes) extraordinarias que Dios nos envía a través de Ella. Hay una total coherencia entre la acción mística (misteriosa) de la Madre de Dios y el "real desarrollo de la historia del mundo, sea antiguo, sea moderno, sea futuro". Hay un tremendísimo combate entre la Mujer y el Dragón del cual mucha gente no está consciente. Cada familia tiene su propia "historia de la salvación", y es indispensable que sus miembros lo asuman de manera lúcida y llena de empeño para que se dé el combate y sea victorioso.
Muchísimas familias no están conscientes de su historia. No conocen a sus ancestros. No saben su genealogía. No combaten contra Satanás y llevan una historia de horribles derrotas que atraviesan los siglos. Son familias en las que reina el pecado generación tras generación, y se van transmitiendo las consecuencias de ese pecado. No digo que se va transmitiendo el pecado, NO, sino las consecuencias que generan los pecados en las personas, en la situación social de la familia, en la situación económica, en la situación psíquica: el esoterismo, hechicería, idolatría, espiritismo, odio, división, pleitos, inmoralidades de todo tipo, adulterio, promiscuidad, prostitución, homosexualidad, aborto, alcoholismo, robo, impiedad, ateísmo, frialdad para con Dios, asesinatos, tráfico de drogas y de personas, injusticias flagrantes, codicia del dinero, voluntad de poder, etc. Todo eso tiene consecuencias sobre los descendientes. El pecado tiene enormes consecuencias en el interior de las familias. Produce cadenas ancestrales. En estos hogares, el mal ha llegado a tener tal "ciudadanía" que sus miembros ni siquiera se dan cuenta de que viven en pecado y consideran su estilo de vida como "normal". Si vamos más allá, la Virgen habla al mundo para que los seres humanos se den cuenta de que algo gravísimo está pasando y que nos afecta a todos.
La mayoría de las personas no toman conciencia de lo que María denuncia en sus apariciones como un ataque diabólico sin precedentes a la humanidad entera. El maligno se ha apoderado de la política mundial y, a través de sus agentes, genera el mal en todas las dimensiones a nivel universal. La solución de este problema está en la conversión de cada familia y su entrada en el Reino de Dios. Jesús nos dice: el Reino de Dios está en medio de ustedes, en sus corazones. Según la lógica de la Virgen, si cada familia se convierte, se convierte el mundo: es la "reacción en cadena" que Ella está promoviendo.
El instrumento de conversión de las familias (y de todos) es "el efecto de gracia de la Llama de Amor", cuya finalidad es cegar a Satanás de raíz. Debemos aprender a utilizar la gracia que María nos ofrece en el interior de la familia para ir cegando los ojos de los demonios que atacan a cada uno de sus miembros. El combate espiritual del que nos habla San Pablo debe ser trasladado al interior de cada hogar: "Revístanse con toda la armadura de Dios para que puedan estar firmes contra las insidias del diablo. Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes (gobernantes) de este mundo de tinieblas, contra las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomen toda la armadura de Dios, para que puedan resistir en el día malo, y, habiéndolo hecho todo, estar firmes. Estén, pues, firmes, ceñida su cintura con la verdad, revestidos con la coraza de la justicia, y calzados los pies con la disposición para anunciar el evangelio de la paz. Sobre todo, tomen el escudo de la fe, con el que podrán apagar todos los dardos encendidos del maligno. Tomen también el casco de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios. Con toda oración y súplica, oren en todo tiempo en el Espíritu, y así, velen con toda perseverancia y súplica por todos los santos" (Ef 6.10-18). Este es el programa de la Llama de Amor. ¿Cómo lo podemos poner en práctica en familia? Quienes deben llevar adelante el programa de María son los padres de familia.
24. ¡VIVIR EN EL ESPÍRITU! LA CARTA A LOS ROMANOS Y LA LLAMA DE AMOR
La Palabra de Dios nos ayuda a comprender mejor la acción de la Llama de Amor en nuestra propia persona y en el interior de la familia. Mientras más conozcamos las enseñanzas del Santo Evangelio y los escritos del Nuevo Testamento, mejor entenderemos qué es, cómo actúa y cómo se sitúa el mensaje de la Virgen María en la vida del cristiano. Si no estamos lo suficientemente instruidos en la Palabra de Dios, corremos el riesgo de considerar la Llama de Amor como algo "mágico" o "automático": terminaríamos pensando que basta con rezar la Llama de Amor para cegar al demonio. Se trata de algo mucho más complejo: el "efecto de gracia que ciega a Satanás" se sitúa dentro de la proyección del Santo Bautismo. Ese día "optamos por Cristo", renunciamos a la esclavitud del demonio y nos consagramos a seguir a Jesús en la libertad de los hijos de Dios. La Gracia de Cristo nos arrancó del reino de las tinieblas y nos hizo ciudadanos del Reino de los Cielos. Dejamos de "pertenecer a Satanás" y pasamos a ser propiedad del Señor (Rom 6,21-22). Todo eso es fruto de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Sumergidos en la Sangre de Cristo, fuimos lavados del pecado de Adán y de los pecados personales (Rom 6,4). Entramos en una relación de Amor con el Padre-Hijo-Espíritu Santo, llamada Gracia Santificante. Nos convertimos en ciudadanos de dos mundos: el terrenal y el celestial. "Ya no soy yo quien vive", dice San Pablo, "es Cristo quien vive en mí".
El Bautismo es algo gigantesco que nunca podremos valorar lo suficiente. Sobrepasa toda comprensión. Cambia totalmente el sentido de nuestra existencia. Es la raíz de nuestra salvación, la puerta de entrada al Reino de los Cielos. Pero eso tiene un precio: la fidelidad a Jesucristo hasta las últimas consecuencias. Seguir a Cristo significa "llevar la Cruz" y morir al pecado junto con Él. La gran tentación es la de volvernos hacia atrás, como los israelitas que anhelaban las cebollas de Egipto (Rom 7,18-19). Nuestros pecados fueron perdonados, pero no se nos otorgó la "impecabilidad". La culpa original hirió muy fuertemente la naturaleza humana y nos dejó debilitados: la concupiscencia es la atracción que ejerce el pecado sobre nuestra inteligencia y voluntad. Jesús dice: "el Reino de los Cielos sufre violencia y solamente los violentos la arrebatan". El derrotado príncipe de este mundo va a tratar por todos los medios de arrastrarnos otra vez a su reino. Siendo el Padre de la mentira, empleará toda su astucia para convencernos de que es mejor seguirlo a él que seguir a Jesucristo. El mundo, el demonio y la carne serán, durante nuestra vida mortal, la serpiente que nos ofrecerá el fruto del "árbol prohibido".
Debemos leer muy bien la carta a los Romanos para comprender la acción de la Llama de Amor. San Pablo nos habla de dos maneras de vivir totalmente contradictorias: a) en la carne (Gal 5,19-21) y b) en el Espíritu (Rom 8,3; Gal 5,22-25). Cuando habla de vivir "en la carne", el Apóstol quiere decir que podemos traicionar nuestro compromiso bautismal siguiendo los deseos de la concupiscencia. Cuando nos habla del Espíritu, nos enseña que estamos llamados a vivir de manera diferente a la de aquellos que no reconocen a Jesucristo como su Dios y Salvador (Rom 1,32). Que, por difícil que parezca, es posible porque hemos recibido en el Bautismo una poderosísima Fuerza de lo Alto que nos hace más que vencedores en ese combate.
"Despojémonos de las obras de las tinieblas y revistámonos con las armas de la Luz. Andemos decentemente, como de día, no en orgías y borracheras, no en promiscuidad sexual y lujurias, no en pleitos y envidias. Antes bien, vístanse del Señor Jesucristo y no piensen en proveer para las lujurias de la carne" (Rom 13,12-13; Ef 4,1). "Cristo murió y resucitó para ser Señor tanto de los muertos como de los vivos" (Rom 14,9). "Ustedes no están en la carne, sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu de Dios habita en ustedes" (Rom 8,9). "Porque si ustedes viven conforme a la carne, habrán de morir; pero si por el Espíritu hacen morir las obras de la carne, vivirán" (Rom 8,13; Gal 5,16,25).
La Virgen María es Madre e Imagen de la Iglesia, Esposa del Espíritu Santo, Madre del Hijo e Hija del Padre. Su vocación es la de engendrar en el tiempo al Hijo de Dios (Cabeza y Cuerpo). No debemos extrañarnos de que Dios haya confiado a su poderosa intercesión la misión de llevar a toda la humanidad a los pies de Cristo. María socorre a sus hijos en el combate sin cuartel contra los enemigos de nuestra salvación (Jn 19,26-27). Para vencer en ese combate, San Pablo nos pide que revistamos la armadura espiritual (Ef 6,10). "Y el Dios de paz aplastará pronto a Satanás debajo de los pies de ustedes" (Rom 16,20). Eso es lo que hace el efecto de gracia de la Llama de Amor en las familias. En el Diario Espiritual iremos encontrando aquellos elementos que nos ayudarán a revestirnos de la armadura. La Llama de Amor nos lleva a someternos a Cristo en medio de la lucha cotidiana contra el pecado. Su especificidad como Gracia extraordinaria de Dios a la Iglesia la sitúa en el enfrentamiento contra la concupiscencia, que, exacerbada por el mundo, el demonio y la carne, trata de arrastrarnos fuera de los compromisos bautismales.
25. PONERSE LA ARMADURA EN FAMILIA: LA EPÍSTOLA A LOS EFESIOS Y LA LLAMA DE AMOR
El Diario Espiritual nos lleva a tomar conciencia de una gran urgencia para las familias, no solo católicas, sino para todas sin distinción: la de asumir el combate espiritual contra los espíritus infernales. En pleno Siglo XXI, esto parece algo maloliente, sacado de las profundidades más oscurantistas de la Edad Media. ¡De ninguna manera! Uno de los grandes méritos del Diario Espiritual, resplandeciente de valentía, es precisamente poner delante del mundo, y especialmente delante de los padres de familia, esta verdad de fe. El Demonio existe y está destruyendo lo más importante para el ser humano: la familia y la convivencia mundial. ¡No estamos en la Edad Media, estamos en los Últimos Tiempos!
Delante de nuestros ojos se está desarrollando la lucha final entre la Luz y las Tinieblas. Si no captamos eso, estamos realmente ciegos. La Iglesia es testigo y profeta de esta incómoda verdad que el mundo no puede ni quiere soportar. Por eso, el Cuerpo de Cristo es perseguido para que se calle. El mundo no quiere que la Iglesia hable del más allá, del Cielo y del Infierno. La consigna es atacar a la Iglesia desde dentro y desde fuera para que pierda autoridad y su mensaje pierda credibilidad. Los católicos debemos abrir los ojos y darnos cuenta de lo que está pasando. Jesús ha venido para destruir las obras de Satanás (1 Jn 3,8), y el Demonio no puede quedarse con los brazos cruzados ante esta tremenda amenaza para su reino. Los bautizados somos esa amenaza y, por eso, somos el objetivo de los arteros ataques satánicos. San Pedro lo dice claramente: "El Demonio, como un león rugiente, anda dando vueltas en torno a nosotros para devorarnos", y San Pablo nos sacude para que nos despertemos y entremos en combate contra ese enemigo que nos está destruyendo.
La Iglesia entera debe ponerse la armadura y salir a combatir (Ef 6,10-19). No podemos perder la vida en este combate cuerpo a cuerpo. Hay que vencer obligatoriamente porque, si no, perdemos todo y para siempre. La vida del cristiano es una guerra, es milicia. Las tinieblas no perdonan, no pactan, no tienen compasión y no se detienen en su afán de destruirnos. No nos queda más remedio que combatir con éxito a Satanás. "Es necesario para vencer en el combate ceñirse los lomos con la VERDAD; protegerse el pecho con la coraza de la JUSTICIA (santidad); calzarse con las sandalias del EVANGELIZADOR; embrazar el ESCUDO DE LA FE; ponerse el yelmo de la SALVACIÓN y empuñar la ESPADA DEL ESPÍRITU, QUE ES LA PALABRA DE DIOS, y por último, VIVIR ORANDO Y SUPLICANDO EN TODA OCASIÓN, animados por el Espíritu. Permanecer despiertos orando con perseverancia por todos los consagrados" (Ef 6,10-19). Este es el gran programa que lleva a la victoria de Cristo sobre el mundo, el demonio y la carne.
Ese es el proyecto de la Llama de Amor: involucrar a toda la humanidad en la Victoria de Cristo. Hemos renunciado al mundo para seguir a Cristo. El contenido de Ef 6,10-19 es absolutamente básico para todos nosotros. Las obras de la carne (Rom 8), impulsadas por los espíritus malignos "principados, potestades, poderes (gobernantes) de este mundo de tinieblas", nos llevan no solo a la muerte temporal, sino a la eterna: "inmoralidad, impureza, sensualidad, idolatría, hechicería, enemistades, pleitos, celos, enojos, rivalidades, disensiones, herejías, envidias, borracheras, orgías y cosas semejantes, contra las cuales les advierto, como ya se lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios". Por otro lado, el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio (cfr. Gal 5,19-23; 1 Pe 4,3-11).
Este programa de vida cristiana hay que llevarlo al interior de cada hogar. Toca a los padres de familia conscientes asumir, en primer lugar, el combate espiritual, volverse maestros en la lucha y transmitirlo. Este es su principal deber como maestros en la fe: formar a sus hijos en el combate contra Satanás. De esto depende la salvación de su familia y de todas las familias. Es triste ver que muchos movimientos dedicados a preparar a los jóvenes para el matrimonio y a acompañar a las familias no los forman en el combate espiritual contra la estrategia de los espíritus malignos. Las enseñanzas de la Llama de Amor son indispensables para que las familias puedan resistir el ataque satánico. El efecto de gracia del nuevo instrumento que la Virgen María da a la Iglesia de hoy es lo que garantizará a las familias la perseverancia en el seguimiento de Cristo Jesús.
26. CEÑIDA SU CINTURA CON LA VERDAD, EFESIOS 6,14
En el Diario no tenemos una enseñanza sistemática sobre el combate espiritual, sino episodios de la vida de una madre de familia que lucha contra los ataques del príncipe de este mundo. Estudiándolo, aprenderemos a combatir al enemigo de nuestra salvación. Isabel descubre con horror que a su lado está la presencia de Satanás (DE 23-24). Oye su voz, siente que está allí. Afortunadamente, también se da cuenta de que no está sola en esta angustiante coyuntura. Jesús y María la acompañan, guían y protegen. Su ángel custodio también está con ella para reconfortarla. Quedamos impactados y aterrorizados al descubrir que también nosotros podemos ser víctimas de esa perversa presencia que hasta ahora ignorábamos. La verdad es que Satanás solamente tiene un cierto poder para hacer daño a aquel que lo escucha y se le somete. Busca cómo destruirnos, pero solamente logra su objetivo en aquellos que no se enfrentan con las armas de Cristo. Está a nuestro lado, aunque la mayor parte de las veces no seamos conscientes de su presencia. La lucha de Isabel contra Satanás termina en una victoria escalonada, algo así como el boxeador que va minando las fuerzas de su enemigo hasta derribarlo. Esta es la gran enseñanza del Diario Espiritual: ¡Satanás no es invencible! Ha sido derrotado por Jesucristo y también será derrotado por todos aquellos que acojan en su vida al Hijo de Dios. El mensaje de la Virgen María es luminoso: "Yo, el rayo hermoso de la aurora, cegaré a Satanás" (DE 183). Los dolores de esta vida, ocasionados por el combate contra el enemigo, no deben amedrentarnos; más bien son ocasión de méritos para el Cielo. Dios ha querido darnos en Isabel Kindelmann un modelo de lucha contra los poderes de las tinieblas. Aprendamos de su experiencia para organizar nuestra propia defensa personal y familiar. Lo primero que, según San Pablo, debemos hacer al endosar la armadura (Ef 6,14) es ceñirnos con el cinturón de la Verdad. ¿Qué es el ceñidor? En el uniforme del soldado, era una faja muy fuerte que apretaba la cintura y mantenía sólidamente atados los diversos elementos del vestido y la coraza. No se podía combatir eficazmente sin el cinturón. Esa faja que nos mantiene recios en el combate contra Satanás es Jesús. "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida". En el caso de Isabel, vemos cómo Él es su Maestro. Isabel oye su Palabra en el fondo de su corazón y busca generosamente llevarla a la práctica. La vida de Isabel está centrada en Cristo. No se trata de un conocimiento intelectual y memorístico de la Palabra de Dios, sino de una gran intimidad con el Cristo vivo. Mucha gente conoce la Biblia como los escribas, fariseos y sacerdotes de Israel, pero de nada les sirve porque no la viven. El Santo Sacrificio de la Misa, la comunión sacramental al Cuerpo y Sangre de Jesús, y la vida de sentida amistad con el Señor constituyen la fuerza que da la victoria a Isabel. Satanás queda ciego por la Llama de Amor que habita a la Sierva de Dios. San Pablo enseña que debemos, en primer lugar, y como base del combate espiritual, acoger y conocer la Palabra de Dios. Una mente llena de la Palabra está en realidad llena de Cristo. La Escritura se proclama oficialmente en la liturgia, pero debe ser meditada y llevada a la práctica. Aquí tenemos el gran talón de Aquiles de los católicos: la ignorancia de la Palabra de Dios. La inmensa mayoría se contenta con lo que se lee en la Misa, pero no la profundizan, no la estudian asiduamente en familia. De allí viene la gran crisis de fe que ataca a la Iglesia actualmente: desconocimiento del Evangelio. Ceñirse el cinturón de la Verdad es proteger la mente contra el ataque directo del enemigo.
Los versículos memorizados de la Biblia nos defienden contra las ideas equivocadas que el demonio trae a nuestra mente. Lo primero que ataca Satanás es la capacidad que Dios ha dado al hombre de conocer la Verdad. Busca confundirlo y engañarlo para que no sepa dónde está lo verdadero. Una vez confundida la mente, el corazón se extravía. Leamos el Diario Espiritual y tratemos de ver cómo podemos, en nuestra propia vida y familia, estudiar y conocer la Palabra de Dios. La Lectio Divina debe ser, en todas las familias católicas, la base de la reunión familiar diaria de oración. El Rosario es una especie de Lectio Divina familiar, pero desgraciadamente, "en general", no se cumple ese deseo de la Virgen María porque se reza de manera superficial. La Virgen, con la jaculatoria de la Llama de Amor, trata de renovar la devoción al Santo Rosario para volverlo "liberador". El cristiano debe endosar la armadura espiritual que le permitirá enfrentar los ataques del enemigo. San Pablo nos dice que debemos ceñirnos con el cinturón de la Verdad y revestirnos de la coraza de la justicia. Ahora nos dice que debemos calzarnos con las sandalias del evangelizador para anunciar a Jesucristo. La mejor defensa es el ataque, dicen los estrategas. Pablo nos da el ejemplo: inmediatamente después de su conversión en Damasco, el Apóstol comienza a dar testimonio de que Jesucristo es el Mesías. Se trata de algo inaudito: aquel que venía para perseguir a los cristianos se convierte él mismo en discípulo de Cristo y, en vez de perseguirlos, se vuelve su defensor (Hch. 9:26-29). Esto le vale la persecución. Debe huir de Damasco para salvar su vida. Toda la existencia de San Pablo fue constante evangelización. Embajador itinerante del evangelio, recorrió miles de kilómetros a pie, anunciando que Jesucristo es el Mesías y fundando comunidades cristianas. ¿Por qué San Pablo nos dice que debemos calzarnos las sandalias para anunciar el evangelio? Porque el principal ataque del demonio va contra la fe.
Los espíritus malignos contra los cuales combatimos atacan ante todo la inteligencia y el corazón, cegándolos y confundiéndolos para que no se acepte a Jesucristo como nuestro Salvador y para que las personas lo rechacen. El demonio ciega las conciencias para que no disciernan el plan de Dios y no salgan de la situación de pecado en que viven. Pecado es aquello que nos aparta de la Voluntad de Dios; es hacer nuestra voluntad en vez de hacer la Voluntad de Dios. En nuestras familias católicas, muchos miembros viven en verdadera situación de pecado mortal. Aquí está el principal trabajo evangelizador de quien conoce y vive la Llama de Amor. No podemos contentarnos con "rezar la Llama de Amor" y dejar que los miembros amados de nuestra familia vivan en situación de pecado mortal. La Llama de Amor no es algo que se debe vivir de manera individual. No se trata de una gracia aislada, sino que es una gracia que debe vivirse en familia, porque el ataque diabólico no es solamente a los individuos, sino a toda la familia. Si un solo miembro vive en pecado grave, toda la familia queda afectada por la presencia del maligno. Por eso, lo primero que debemos hacer es llevar la Llama a nuestro hogar, presentándola a todos los miembros, explicándola para que todos la acepten, la conozcan y la vivan. Entonces sucede que la Llama de Amor se convierte en el seno del hogar en la gran defensa contra la acción de Satanás que quiere reinar en los hogares. Ceñidos con la Verdad, protegidos con la Justicia, evangelizamos a nuestra familia y la llevamos hacia Jesucristo, convirtiéndola en un verdadero santuario espiritual donde reine Jesús. "Donde dos o más están reunidos en mi Nombre, allí estoy Yo en medio de ellos", nos dice Jesús. El primer campo de evangelización son nuestro cónyuge y nuestros propios hijos. Evangelizar significa anunciar una buena nueva. Anunciamos la buena nueva de la Llama de Amor. Si bien nadie es profeta en su tierra, debemos intentar, con amor y perseverancia, ganar los corazones de todos los nuestros para que gocen de la fuerza protectora del Inmaculado Corazón de María. Ganar a todos los de su familia debe ser el primer empeño de quien conoce la Llama de Amor. Partiendo de la familia, se debe ir evangelizando a todos los vecinos para que se vaya fortaleciendo la Iglesia en el barrio donde vivimos. Se dará así el reguero de pólvora que nuestra Señora anuncia y pide. Se formará el ejército que la Virgen desea. Se trata de un ejército de familias convertidas a la Gracia de Dios.
Familias en las que todos los miembros conscientemente VIVAN EN GRACIA DE DIOS y luchen denodadamente contra el pecado. Si nos quedamos estáticos con el tesoro en la mano, hacemos muy mal, porque evangelizar no es un privilegio, sino una obligación de todo cristiano. La situación del mundo es gravísima; debemos abrir los ojos y darnos cuenta de cómo está avanzando el mal en todo el planeta. Su objetivo es erradicar a Cristo, echar por la borda la Ley de Dios y eliminar a la Iglesia, que es el testigo de Cristo para toda la Humanidad. Innumerables "ciegos espirituales", hombres y mujeres engañados por Satanás, están promoviendo todo lo que nos aparta de la Voluntad de Dios y nos conduce a la Muerte Eterna: ateísmo, agnosticismo, frialdad espiritual, odio a la Iglesia y a lo que Ella representa, homosexualidad, bestialidad, aborto, amor libre, pederastia, drogas, guerras, división, violencia, etc., etc. Pero Dios nos ha dado un instrumento de primer orden para hacer frente a tal cataclismo que se avecina: RE-EVANGELIZAR con el poder del Inmaculado Corazón de María. Dejar de lado este gran instrumento sería como anularlo, como esconderlo en la tierra; sería desperdiciarlo. Seguramente tendremos que dar cuenta de semejante gracia si la anulamos por nuestra indolencia. A medida que la Llama de Amor se va expandiendo, se debilita el reino de Satanás. La Llama de Amor en el interior del hogar es como un faro de luz que ilumina a todos los miembros de la familia y los va transformando, guiando y protegiendo contra las asechanzas del demonio y de los suyos. Es necesario salir de los límites personales (ignorancia, indolencia, pasividad, cansancio, desinterés, miedo, vergüenza, etc.) y de la propia casa para llevar la Llama de Amor al mayor número posible de personas y de familias. Debemos tener en cuenta que el mayor acto de amor que podemos hacer con una persona no es darle de comer, sino llevarla a Jesucristo para que se salve. Si vemos que alguien no conoce la Llama de Amor, debemos, con toda generosidad y amor, acercarnos a esa persona y hablarle de este gran instrumento que Dios nos da para evangelizar el mundo. Se evangeliza de corazón a corazón, de familia en familia, hasta que todo el barrio se convierta en una inmensa hoguera de amor a Dios y que el demonio quede expulsado de los hogares. No nos quedemos pasivos ante aquellos que viven en pecado grave, lejos de Dios. Ayudémosles a salir del pecado. Imitemos a San Pablo y, sin perder tiempo, entremos en el combate espiritual contra el enemigo. Lo primero que debemos conquistar es nuestra propia familia. Hay que expulsar a Satanás de nuestro propio hogar.
Es indispensable que todos los miembros de nuestra familia VIVAN EN GRACIA DE DIOS. El camino para lograr esto es que todos conozcan la Doctrina Católica y se esfuercen por vivirla. Si no conocen los mandamientos de la Ley de Dios, las reglas de la moral, la vivencia de los Sacramentos, el camino de las virtudes cristianas y las consecuencias eternas del pecado, les será imposible valorar la gravedad de la situación en que viven y no querrán salir de ella. La gente que está "ciega espiritualmente" cree que está bien, que son buenas personas y que eso basta. En eso consiste lo esencial de la acción del demonio: cegar los ojos de la conciencia para que no sea capaz de reconocer el pecado en que vive. No le tengamos miedo al demonio porque ha sido vencido por Jesucristo; a nosotros nos toca volver efectiva la victoria del Señor cegando al enemigo con la Llama de Amor. El Señor no nos pedirá cuentas de la conversión de aquellas personas a las que anunciamos el Evangelio. Cada uno es libre de aceptarlo o no. Sí nos pedirá cuenta del amor que hayamos puesto en propagarlo. Recordemos la parábola de los talentos; el que escondió el dinero en un hoyo recibió una reprimenda y perdió el talento. Que no nos suceda a nosotros.
27. CÁLCENSE LOS PIES PARA ANUNCIAR EL EVANGELIO - EFESIOS 6,16
El cristiano debe endosar la armadura espiritual que le permitirá enfrentar los ataques del enemigo. San Pablo nos dice que debemos ceñirnos con el cinturón de la Verdad y revestirnos de la coraza de la justicia. Ahora nos dice que debemos calzarnos con las sandalias del evangelizador para anunciar a Jesucristo. La mejor defensa es el ataque, dicen los estrategas. Pablo nos da el ejemplo: inmediatamente después de su conversión en Damasco, el Apóstol comienza a dar testimonio de que Jesucristo es el Mesías. Se trata de algo inaudito: aquel que venía para perseguir a los cristianos se convierte él mismo en discípulo de Cristo y, en vez de perseguirlos, se vuelve su defensor (Hch. 9:26-29). Esto le vale la persecución. Debe huir de Damasco para salvar su vida. Toda la existencia de San Pablo fue constante evangelización. Embajador itinerante del evangelio, recorrió miles de kilómetros a pie, anunciando que Jesucristo es el Mesías y fundando comunidades cristianas.
¿Por qué San Pablo nos dice que debemos calzarnos las sandalias para anunciar el evangelio? Porque el principal ataque del demonio va contra la fe.
Los espíritus malignos contra los cuales combatimos atacan ante todo la inteligencia y el corazón, cegándolos y confundiéndolos para que no se acepte a Jesucristo como nuestro Salvador y para que las personas lo rechacen. El Demonio ciega las conciencias para que no disciernan el plan de Dios y no salgan de la situación de pecado en que viven. El pecado es aquello que nos aparta de la Voluntad de Dios; es hacer nuestra voluntad en vez de hacer la Voluntad de Dios. En nuestras familias católicas, muchos miembros viven en verdadera situación de pecado mortal. Aquí está el principal trabajo evangelizador de quien conoce y vive la Llama de Amor. No podemos contentarnos con "rezar la Llama de Amor" y dejar que los miembros amados de nuestra familia vivan en situación de pecado mortal. La Llama de Amor no es algo que se debe vivir de manera individual. No se trata de una gracia aislada, sino que es una gracia que debe vivirse en familia, porque el ataque diabólico no es solamente a los individuos sino a toda la familia. Si un solo miembro vive en pecado grave, toda la familia queda afectada por la presencia del maligno. Por eso lo primero que debemos hacer es llevar la Llama a nuestro hogar, presentándola a todos los miembros, explicándola para que todos la acepten, la conozcan y la vivan.
Entonces sucede que la Llama de Amor se convierte, en el seno del hogar, en la gran defensa contra la acción de Satanás, que quiere reinar en los hogares. Ceñidos con la Verdad, protegidos con la Justicia, evangelizamos a nuestra familia y la llevamos hacia Jesucristo, convirtiéndola en un verdadero santuario espiritual donde reine Jesús. "Donde dos o más están reunidos en mi Nombre, allí estoy Yo en medio de ellos", nos dice Jesús. El primer campo de evangelización son nuestro cónyuge y nuestros propios hijos. Evangelizar significa anunciar una buena nueva; anunciamos la buena nueva de la Llama de Amor. Si bien nadie es profeta en su tierra, debemos intentar con amor y perseverancia ganar los corazones de todos los nuestros para que gocen de la fuerza protectora del Inmaculado Corazón de María. Ganar a todos los de su familia debe ser el primer empeño de quien conoce la Llama de Amor. Partiendo de la familia, se debe ir evangelizando a todos los vecinos para que se vaya fortaleciendo la iglesia en el barrio en donde vivimos. Se dará así el reguero de pólvora que nuestra Señora anuncia y pide. Se formará el ejército que la Virgen desea. Se trata de un ejército de familias convertidas a la Gracia de Dios.
Familias en las que todos los miembros conscientemente vivan en gracia de Dios y luchen denodadamente contra el pecado. Si nos quedamos estáticos con el tesoro en la mano, hacemos muy mal, porque evangelizar no es un privilegio, sino una obligación de todo cristiano. La situación del mundo es gravísima; debemos abrir los ojos y darnos cuenta de cómo está avanzando el mal en todo el planeta. Su objetivo es erradicar a Cristo, echar por la borda la Ley de Dios y eliminar a la Iglesia, que es el testigo de Cristo para toda la Humanidad. Innumerables "ciegos espirituales", hombres y mujeres engañados por Satanás, están promoviendo todo lo que nos aparta de la Voluntad de Dios y nos conduce a la Muerte Eterna: ateísmo, agnosticismo, frialdad espiritual, odio a la Iglesia y a lo que Ella representa, homosexualidad, bestialidad, aborto, amor libre, pederastia, drogas, guerras, división, violencia, etc. Pero Dios nos ha dado un instrumento de primer orden para hacer frente a tal cataclismo que se avecina: RE-EVANGELIZAR con el poder del Inmaculado Corazón de María. Dejar de lado este gran instrumento sería como anularlo, como esconderlo en la tierra, sería desperdiciarlo. Seguramente que tendremos que dar cuenta de semejante gracia si la anulamos por nuestra indolencia. A medida que la Llama de Amor se va expandiendo, se debilita el reino de Satanás. La Llama de Amor en el interior del hogar es como un faro de luz que ilumina a todos los miembros de la familia y los va transformando, guiando y protegiendo contra las asechanzas del Demonio y de los suyos.
Es necesario salir de los límites personales (ignorancia, indolencia, pasividad, cansancio, desinterés, miedo, vergüenza, etc.) y de la propia casa para llevar la Llama de Amor al mayor número posible de personas y de familias. Debemos tener en cuenta que el mayor acto de amor que podemos hacer con una persona no es darle de comer, sino llevarla a Jesucristo para que se salve. Si vemos que alguien no conoce la Llama de Amor, debemos con toda generosidad y amor acercarnos a esa persona y hablarle de este gran instrumento que Dios nos da para evangelizar el mundo. Se evangeliza de corazón a corazón, de familia en familia, hasta que todo el barrio se convierta en una inmensa hoguera de amor a Dios y el Demonio quede expulsado de los hogares. No nos quedemos pasivos ante aquellos que viven en pecado grave, lejos de Dios. Ayudémosles a salir del pecado. Imitemos a San Pablo y, sin perder tiempo, entremos en el combate espiritual contra el enemigo. Lo primero que debemos conquistar es nuestra propia familia. Hay que expulsar a Satanás de nuestro propio hogar. Es indispensable que todos los miembros de nuestra familia vivan en gracia de Dios.
El camino para lograr esto es que todos conozcan la Doctrina Católica y se esfuercen por vivirla. Si no conocen los mandamientos de la Ley de Dios, las reglas de la moral, la vivencia de los Sacramentos, el camino de las virtudes cristianas y las consecuencias eternas del pecado, les será imposible valorar la gravedad de la situación en que viven y no querrán salir de ella. La gente que está "ciega espiritualmente" cree que está bien, que son buenas personas y que eso basta. En eso consiste lo esencial de la acción del Demonio: cegar los ojos de la conciencia para que no sea capaz de reconocer el pecado en que vive. No le tengamos miedo al Demonio porque ha sido vencido por Jesucristo; a nosotros nos toca volver efectiva la victoria del Señor, cegando al enemigo con la Llama de Amor. El Señor no nos pedirá cuentas de la conversión de aquellas personas a las que anunciamos el Evangelio. Cada uno es libre de aceptarlo o no. Sí nos pedirá cuentas del amor que hayamos puesto en propagarlo. Recordemos la parábola de los talentos; el que escondió el dinero en un hoyo recibió una reprimenda y perdió el talento. Que no nos suceda a nosotros.
28. LAS RAÍCES BÍBLICAS DE LA LLAMA DE AMOR
No se puede comprender bien el sentido de la Llama de Amor si no tenemos un mínimo de formación bíblica. Hay que ir al Antiguo Testamento para conocer el significado de la Luz, del Fuego, de la Llama, y al Nuevo Testamento para encontrar la plenitud de su sentido en Cristo Jesús, Luz del mundo. Lo primero que Dios hizo fue la Luz (Génesis 1,3), que rompe las tinieblas. Se expresa allí simbólicamente el combate entre el bien y el mal. Son muchos los pasajes de la Biblia en los que se habla de la Luz y del fuego. Dios es luz y su rostro ilumina el rostro del hombre. Abraham, cuando hace alianza con Dios, ve pasar una llama de fuego entre los animales sacrificados. Moisés, en la zarza ardiente, tiene un misterioso encuentro con Yahvé.
En el Éxodo, la columna de fuego ilumina a los israelitas, los acompaña rompiendo las tinieblas de la noche y los hace caminar como si fuera de día. Dios combate y aniquila a los enemigos de su pueblo. Libera a Israel de la esclavitud. El Sinaí, revestido de llamas, impresiona a esos esclavos recién liberados, un pueblo duro de corazón, hasta hacerlos gritar de miedo por el fragor de los truenos y relámpagos. Yahvé es un fuego devorador. Frente al Arca de la Alianza, Dios manda poner una llama. Siempre, día y noche, debe arder la lámpara que recuerde a Israel la presencia del Señor (Levítico 24,3). Moisés, y siglos después Elías, hacen bajar el fuego del cielo que consume su ofrenda. Los sacerdotes de Baal quedan impotentes. Los labios de Isaías son purificados por el carbón ardiente que el ángel saca del altar; desde entonces, el profeta puede anunciar la Palabra de Dios con fuerza.
En las primeras líneas del Nuevo Testamento, la Nueva Creación, San Juan nos habla de la Luz y de su combate contra las tinieblas. "En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres; la Luz brilló en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron..." (Juan 1,4-10). Jesús proclama: "Yo soy la Luz" (Juan 8,12). "Dios es luz sin mezcla de tinieblas". El discípulo de Cristo debe caminar en la Luz, rechazando las obras de las tinieblas. Pentecostés es la explosión de llamas de Fuego que transforma la vida de los discípulos por la efusión del Espíritu Santo. No se puede caminar en la oscuridad. "Si decimos que somos hijos de Dios mientras caminamos en la oscuridad, somos unos mentirosos. Pero si caminamos en la Luz... estamos en comunión unos con otros y la sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado" (1 Juan 1,5-8). La Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María hunde sus raíces en la gran tradición bíblica del combate y de la victoria de la Luz contra las Tinieblas.
La Virgen María quiere que tomemos conciencia de la oscuridad en que muchos hogares católicos viven porque se han apartado, consciente o inconscientemente, de Jesucristo. Viven voluntariamente fuera de la Ley de Dios por ignorancia culpable y no toman conciencia de la gravedad de su situación. Son "tibios", o no creen, o carecen de fe verdadera. Vivir fuera de Jesucristo no les impresiona. No les importa su destino eterno.
La antigua cristiandad que llevaba públicamente los valores del Evangelio ha dejado paso a una sociedad moderna que ha caído en la abjuración del cristianismo. Ha habido y sigue progresando una verdadera apostasía que las nuevas generaciones ni sienten ni comprenden. Los cristianos hoy necesitan despertarse y salir de esa oscuridad que embebe todo. Sin la fe en Dios es imposible salvarse. Por ese motivo, la Llama de Amor debe penetrar con urgencia en los hogares católicos para iluminarlos desde dentro y enseñarles lo que significa ser "discípulo de Jesús". La familia católica debe vivir intensamente la fe para que pueda influir en el ambiente pagano que está perdiendo al mundo. Si no, de nada sirve llamarse "católico". En el seno de la familia convertida deben formarse los nuevos discípulos de Cristo.
Por eso la Virgen María viene con una insistencia fortísima a hablarnos, a sacudirnos y a decirnos que debemos abrir los ojos, despertar del letargo en que estamos sumidos. Ella pide que nos unamos y formemos un inmenso ejército para combatir al padre de la mentira que está llevando a las familias al desastre temporal y eterno. Muchas almas se condenan, dice María. Su corazón sufre porque muchos católicos creen que la condenación eterna es un mito y no están utilizando los medios de salvación. La Virgen quiere vivir en nuestros hogares para transformarlos y llenarlos de bendiciones. La familia católica tiene una vocación especialísima en el mundo de hoy: evangelizar a las familias que no han acogido a Cristo como el centro de su existencia. La Llama de Amor es una gracia de evangelización y de combate frontal contra Satanás y sus ángeles. Es un deber comprenderla, si no, será una gracia desperdiciada. Tenemos que colaborar intensamente con la Virgen María en su lucha contra el poder de las tinieblas. Eso nos lo dice en el Diario: "Mi Llama de Amor cegará a Satanás en la misma medida en que ustedes la propaguen en el mundo entero" (Diario, 19-Oct-62); "Tienen que empeñarse en cegar a Satanás. Las fuerzas aunadas del mundo entero se necesitan para lograrlo" (Diario, 27-Nov-63).
29. ES MARÍA QUIEN ENCIENDE LA LLAMA DE AMOR EN EL FONDO DE LOS CORAZONES
Una importante enseñanza nos dio la Santísima Virgen: "SOY YO QUIEN ENCIENDE LA LLAMA DE AMOR EN EL FONDO DE LOS CORAZONES" (17 de diciembre de 1962). No es la elocuencia de Isabel Kindelmann; ella es un simple y pobre instrumento. Quien toca los corazones es la Virgen María. La Llama de Amor es su Hijo Jesucristo, y solamente Ella lo puede dar. Por un lado, la Virgen nos urge para que propaguemos sin descanso esta gracia; nos pide que no nos quedemos estáticos, que nos ingeniemos para darla a conocer por todos los medios. Por el otro, nos dice que solamente Ella es quien enciende la Llama en el fondo de los corazones. Esta aparente contradicción se resuelve en la medida en que vamos comprendiendo el poder de nuestra oración en el proceso de expansión de la Llama de Amor. Nuestro primer deber es orar para que los corazones se abran a esta gracia.
Isabel Kindelmann, un día después de recibir esta enseñanza (18 de diciembre de 1962, pág. 142), nos dice que ofrece una de las dos horas de su velada nocturna "para que se encienda la Llama de Amor de la Santísima Virgen". Antes de hablar de la Llama de Amor, debemos orar intensamente por las personas. En esta página vemos la reacción violenta del Demonio en contra de Isabel: "... de repente sentí un golpe en mi cuerpo. Al primero le siguió un segundo, luego un tercero, después un golpe más pequeño. Tuve una noche terrible, miedo que se apoderó de mí. Después de los golpes, el cansancio y el dolor se apoderaron de mí y quedé vencida por el sueño. Después de las dos de la madrugada me desperté, pero no pude velar ni una hora. Me sentí como a quien le han apaleado mucho. Fue el diablo quien me pegó, lo sabía. Sentí su presencia. Sólo me llamó la atención que el cuarto golpe no me dolió tanto como los anteriores. He sentido como si dos manos lo hubieran impedido".
La Virgen le explica: "¡Nosotros también estábamos allí, mi Santo Hijo y Yo! Le permitimos que te golpeara, pero yo pronto lo impedí: ¡Basta ya!" (pág. 142). Con este episodio aprendemos que el Demonio se opone con todas sus fuerzas a la propagación de la Llama de Amor. Los golpes físicos que recibe Isabel son la advertencia de que tendremos la oposición del mundo de las tinieblas. El Demonio tratará de ponernos multitud de obstáculos de todo tipo para que nos desanimemos, tengamos miedo, experimentemos dolores y dejemos de trabajar por el plan de la Virgen María. Su objetivo es que la Llama de Amor no se expanda. En los momentos de combate, de cansancio, de humillación, debemos recordar que Jesús y María están con nosotros y que el Demonio es impotente ante el poder de intercesión de la Virgen.
Nuestra Señora completa su enseñanza diciéndole a Isabel: "Haz sacrificios, hijita mía, sumérgete en el aniquilamiento profundo de la humildad. Tú eres mi pequeño y querido instrumento, y tu empeño de alcanzar una gran humildad Me llena de contento. Es el efecto de gracia de la efusión de mi Llama de Amor que te da tanta constancia en tu empeño" (pág. 143).
La oración, el sacrificio y la profunda humildad son tres características en el apostolado de la Llama de Amor. La vida de Isabel es para nosotros como un espejo. En las páginas 143-144 vemos cómo en ella brota una fuerza que la impulsa, más allá de sus propias fuerzas, a informar de la Gracia de la Llama de Amor a los sacerdotes. Unos la rechazan personalmente, otros no comprenden los escritos que les comunica, aquellos le dicen que tenga paciencia... Isabel sufre indeciblemente estas contradicciones: "Esta violencia agota terriblemente mi cuerpo y mi alma. Yo no sería capaz de hacerlo por mis propias fuerzas porque esto significa para mí una humillación tan grande que, si dependiera de mí, ni abriría la boca para decir palabra".
La voz que me mueve a hablar es el urgir de la Santísima Virgen, voz que se ha hecho casi ininterrumpida en mi alma. No puedo resistir el apremio de la Santísima Virgen" (pág. 144). Con esto vemos que no es Isabel quien ha inventado la Llama de Amor. No es obra de ella. No es un movimiento humano o un proyecto apostólico nacido de la buena voluntad y de la piedad privada de una persona privilegiada. Se trata de un designio divino que le ha sido encomendado y que significa para ella una grandísima cruz, que le procura grandes humillaciones y sinsabores. Es algo que viene del Cielo. Isabel sabe que solamente Dios puede dar la comprensión de la Llama de Amor, por eso dice: "... pido al Espíritu Santo que encienda su luz en aquellos a quienes ya ha llegado la noticia". Igualmente, nosotros debemos saber que no es lo mismo "conocer" el mensaje de la Llama de Amor porque hemos oído hablar de ella, que "haber recibido la gracia de la Llama de Amor". Es necesario que el Espíritu Santo nos ilumine para poderla acoger y tenerla ardiente en nuestros corazones. De allí la importancia de la oración permanente para que este fuego no se extinga.
30. LA LLAMA DE AMOR ES UN CONJUNTO DE GRACIAS
Dice Jesús: "Es su poderosa intercesión la que alcanzó de Mí para las familias esta gran efusión de gracias con que ahora quiere inundar la Tierra" (pág. 213). La Llama de Amor es, en primer lugar, una gran efusión de gracias. Además de ser una gracia extraordinaria, es un conjunto de gracias, una multiplicidad de gracias, orientadas todas en un mismo sentido: la santificación de las familias. "Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia" (Rom 5, 20), nos dice San Pablo. Si en estos tiempos la familia está ferozmente atacada por el pecado, debemos tener en cuenta que Dios no la abandona. Por medio del Inmaculado Corazón de María, quiere "inundar la Tierra" de una "efusión de gracias extraordinarias". Esas gracias tienen una particularidad: son gracias "marianas", es decir, obtenidas por la Santísima Virgen María.
En este párrafo, Jesús dice: "Es su poderosa intercesión la que alcanzó de Mí". En la página 121 tenemos otro texto que pone en evidencia el poder de intercesión de María ante la Santísima Trinidad: "Pidan a mi Padre en nombre mío, Él les concederá lo que por medio de Mí le pidan. Solamente tengan confianza y hagan referencia a la Llama de Amor de mi Madre Santa, porque a Ella le están obligadas las Tres divinas Personas. Las gracias que pidan por medio de ella, las recibirán". Más adelante (pág. 122), Nuestro Señor Jesucristo dice: "Exclusivamente por las súplicas eficaces de la Santísima Virgen, la Santísima Trinidad concedió la efusión de la Llama de Amor. Por ella piden ustedes en la oración con que saludan a mi Madre Santísima: 'Derrama el efecto de gracia de tu Llama de Amor sobre toda la humanidad, ahora y en la hora de nuestra muerte, Amén', para que bajo su efecto se convierta la humanidad".
La Virgen María nos revela el secreto de su Llama de Amor cuando nos dice: "¡Con esta Llama llena de gracias que de Mi Corazón les doy a ustedes, enciendan en todo el país pasándola de corazón a corazón. Éste será el Milagro, que convirtiéndose en un incendio con su fulgor cegará a Satanás. Este es el fuego de Amor de unión que alcancé del Padre Celestial por los méritos de las Llagas de Mi Hijo Santísimo" (pág. 44).
Nos encontramos en la época mariana de la Iglesia y de la humanidad. El futuro que nos espera no es solamente un futuro difícil, sino también un futuro lleno de gloria por la efusión de gracias que Dios nos depara a través de las manos de María Santísima (pág. 79): "Nada comparable a esto ha habido desde que el Verbo se encarnó". "Desde que el Verbo se hizo Carne, no he emprendido Yo un movimiento más grande que este de la Llama de Amor de Mi Corazón, que salta hacia ustedes. Hasta ahora no ha habido nada que tanto ciegue a Satanás, y de ustedes depende que no la rechacen, porque eso traería consigo una gran ruina" (1 de agosto de 1962). A la raíz del mal que aqueja a la familia y a la humanidad entera, Dios ha puesto la fuerza curativa de la bondad maternal de María Santísima. Se enfrentan en estos últimos tiempos la Mujer del Apocalipsis y el gran dragón rojo. La Virgen es aquella que quebranta la cabeza de la serpiente. Es de primordial importancia que oigamos las palabras de la Madre de Dios y de la Iglesia para nuestra época.
En Fátima, María dice a los niños que Jesús quiere establecer en el mundo la Devoción a su Inmaculado Corazón, que Ella es la última tabla de salvación que Dios da a los pecadores. El mensaje de la Llama de Amor va en esta dirección: es un llamado urgente, ardiente, impactante de Nuestra Señora, que quiere abrir los ojos de toda la humanidad para que abandone la situación de alejamiento de Dios que ciega al mundo moderno. La Virgen nos pide encarecidamente que demos a conocer de corazón a corazón su mensaje de salvación, que es el mensaje de su propio Hijo.
Es, pues, nuestra gran responsabilidad ante Dios y ante los hombres formar parte de su ejército. Si las gracias extraordinarias han de llegar a todos los hijos de Dios, ha de ser a través de nuestras manos: la Llama de Amor se pasa, se transmite. Hay que inundar la tierra con el "fuego" que brota del Corazón Inmaculado de María. Sabemos que ese fuego es su Hijo Jesucristo. Muchísimos corazones de bautizados están muertos porque han rechazado a Jesucristo; muchos llevan una vida espiritual lánguida y sin sentido. La Virgen promete que esos corazones muertos revivirán por el poder de su maternal intercesión.
La Iglesia de hoy, que en muchos lugares del mundo está experimentando esa arrolladora crisis de Fe que sacude sus cimientos, ha de encontrar en la Virgen María, su Madre, el refugio que necesita para recuperar el aliento que parece faltarle. Dice Jesús a Isabel (pág. 222): "La tentación del maligno con que perturba tu alma y tu mente no debe apartarte del camino de la fe y la confianza puesta en Mí. Por débil que te sientas, eso no es impedimento, porque no es ni la manifestación de tu debilidad ni tu constante esfuerzo lo que hace llegar a la meta nuestra causa. Tu humildad es el único instrumento en tus manos que ayuda a hacer valer la causa".
31. LA IMPORTANCIA DE LAS JACULATORIAS EN NUESTRA ORACIÓN
No es lo mismo conocer o estar informado acerca del mensaje de la Llama de Amor que "haber recibido la gracia de la Llama de Amor". No es lo mismo el conocimiento intelectual que la experiencia. No es lo mismo tener ideas acerca del amor que "amar y sentirse amado". Mucha gente "conoce" la Llama de Amor, pero no ha experimentado en su corazón "el fuego" que es la Llama de Amor. Por ese motivo es tan importante penetrar en el sentido de la jaculatoria "derrama el efecto de gracia de tu Llama de Amor sobre toda la humanidad". Esa súplica incesante del corazón pide para sí mismo y para toda la humanidad el "efecto de gracia". Nos equivocaríamos si llegásemos a pensar que la jaculatoria sirve solamente para "cegar a Satanás". La frase que María Santísima nos da es, en primer lugar, un camino de santificación. Jesús, el Hijo de María, es la Llama de Amor de su Inmaculado Corazón. Cuando recitamos la frase, lo que estamos pidiendo es que Jesús se derrame sobre nosotros mismos y sobre toda la humanidad. Para entender mejor, a mi humilde manera de ver, esta jaculatoria y sus efectos sobre quien la vive, hay que remontarse hacia la espiritualidad de los antiguos Padres del Desierto.
Es San Agustín quien nos habla del "método de oración" de los monjes del desierto en el siglo IV del cristianismo: la jaculatoria. Una breve frase de la Sagrada Escritura que se lanza repetidas veces hacia Dios como actos de ardiente amor. El Nombre de Dios Todopoderoso es para el monje su fuerza, su refugio, su roca. El Nombre Santísimo de Jesús, ante quien toda rodilla se dobla en el Cielo, en la tierra y en los infiernos, es el centro de esas jaculatorias que llegan al corazón del Padre celestial. Orar con jaculatorias permite guardar a lo largo de nuestra existencia diaria la "presencia de Dios". Nosotros, que vivimos en un mundo lanzado vertiginosamente a la acción y el ruido, corremos el peligro de sentirnos vacíos, lejos del Padre celestial, secos espiritualmente. Mucha gente se queja de que no tiene tiempo para orar, de que no puede concentrarse en la oración, de que su vida matrimonial, familiar, o laboral anda a la deriva espiritualmente porque no dispone de un tiempo para alimentar su alma. Nuestros hijos no gozan de un clima de silencio ni de tranquilidad para aprender a hablar con Dios y a Dios. El ruido, la música ensordecedora, el "chat" insustancial se cuelan en todo, quitándonos la oportunidad de estar solos con nosotros mismos y con Dios. Esta sociedad moderna está programada para impedirnos volver los ojos hacia el Señor.
En estas circunstancias tan peligrosas para la salvación de las almas, podemos aprender muchísimo de los "Padres del Desierto", los monjes antiguos del siglo IV, que son los maestros de la oración contemplativa. Nosotros no podemos dejar las ciudades en que vivimos, ni nuestro trabajo, ni a los hijos, ni tantas cosas que forman el entramado de nuestra existencia para "huir al desierto", como lo hicieron muchos en la antigüedad. Pero sí podemos aprovechar su experiencia espiritual. El monje va en busca de la paz del corazón; quiere descubrir a Dios; busca la soledad huyendo del ruido de la ciudad. En ese ambiente nace la llamada "oración del corazón", conocida también como "oración de Jesús". Es un método de oración muy sencillo, que consiste en repetir infinidad de veces, amorosamente, el Nombre de Jesús: "Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador". El deseo ardiente de conocer y amar a Dios es lo que sostiene este camino de oración. Poco a poco, el alma se va adentrando en la intimidad con el Señor. A lo largo de los días y de los años, este anhelo se vuelve como una respiración del alma que envuelve a la persona en una oración permanente, ininterrumpida. En realidad, es un camino espiritual que va transformando, liberando, iluminando, sanando y santificando el alma.
Este camino espiritual se conoce como "Hesicasmo" (búsqueda de la Paz) y atraviesa toda la historia de la espiritualidad cristiana hasta nuestros días. Creo que la jaculatoria de la Llama de Amor que la Virgen María nos da, y nos pide que repitamos incansablemente, está muy relacionada con la espiritualidad hesicasta. Los relatos de "El Peregrino Ruso" pueden ayudarnos a comprender mejor esta invitación de María Santísima: A través de la jaculatoria "derrama el efecto de gracia...", seremos introducidos en la oración contemplativa.
32. LA LLAMA DE AMOR ES CAMINO DE ORACIÓN E INTIMIDAD CON DIOS
La jaculatoria: "Derrama el efecto de gracia de tu Llama de Amor sobre toda la humanidad" no es simplemente un instrumento que la Virgen María nos da para cegar al Demonio, sino que es, en primer lugar, un camino de santificación, de unión íntima con Jesucristo. Es un camino hacia la oración de contemplación. Así como la jaculatoria empleada por los monjes del Desierto: "Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten compasión de mí, pecador" va introduciendo a quienes la practican con perseverancia en el mundo de la oración íntima, la Virgen nos da otra jaculatoria que, asumida con una actitud de fe, confianza en Ella y perseverancia en su ejercicio, nos llevará a un encuentro vivo con el mismo Jesucristo.
Hoy más que en los siglos pasados, los cristianos estamos enfrentados a un ataque devastador contra la "oración". Rezamos fácilmente las oraciones escritas, participamos en la Eucaristía y utilizamos muchos medios externos para hablar con Dios, pero nos falta "contemplar el rostro del Señor" en el silencio. El Espíritu Santo gime para hacerse oír en lo más profundo del alma de los bautizados. No escuchamos este lamento de Dios debido al ruido exterior e interior que nos agobia. No estamos en condiciones de comprender las quejas de Dios y las quejas de nuestras almas, que languidecen por el único alimento que las puede satisfacer: ver el rostro de Dios.
Los antiguos monjes de Egipto nos transmitieron esa herencia de la oración contemplativa que arranca de los fondos más profundos del Antiguo Testamento. La concentraron en la "oración de Jesús", o "del corazón", que consiste en repetir incansablemente día y noche el Nombre del Señor: "Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo, ten compasión de mí, pobre pecador". Este Nombre sana, libera, destruye el poder de Satanás, quebranta las cadenas de los demonios, aplasta el poder de las tinieblas, ciega al Enemigo y lo vuelve impotente, nos restaura, pacifica, transforma en Hijos de Dios y nos santifica. El corazón va siendo liberado de los malos sentimientos, de las pasiones desordenadas y de las ataduras emocionales a los pecados. Los monjes repiten millares de veces al día esta jaculatoria y son llevados así a la contemplación. Es una escuela de oración contemplativa.
Resulta que no solamente los monjes pueden utilizar este instrumento de crecimiento espiritual, sino también los laicos. Es urgentísimo que todos: sacerdotes, religiosos y laicos, nos fortalezcamos en la lucha contra el poder de las tinieblas con un estilo de oración contemplativa. El método de la "oración del corazón" está al alcance de todos por su sencillez y su eficacia. En el párrafo titulado "Mi adorado Jesús" (p. 147), tenemos una alusión a la oración repetitiva: Jesús dice a Isabel: "Di y no dejes de repetirlo: ¡Mi Adorado Jesús! Ya te dije otras veces cuánto me agrada esto, y aunque no pronunciaras ninguna otra palabra durante una hora sino solo esta, repítela con el arrepentimiento de tus pecados. Esto alcanza el perdón, lleno de gracias por los pecados y da tranquilidad a las almas".
La jaculatoria de la Llama de Amor, que es una breve oración que se repite incansablemente, como el Santo Rosario, entra dentro de esta categoría de la oración del corazón. La repetición no es de ninguna manera "monotonía y aburrimiento", como muchos piensan. ¿Acaso la enamorada se aburre o se molesta de que el novio le diga constantemente: "¡Te amo, te amo, te amo!"? Cada "te amo" es diferente. Así sucede en la oración del corazón. La Virgen nos pide que utilicemos esta jaculatoria, ya sea insertada en el Ave María o sola, como un instrumento privilegiado para contemplar a su Hijo Jesús.
Es la contemplación del rostro de su Hijo lo que cegará al Demonio, lo dejará incapaz de dañarnos, lo someterá y destruirá su efímero reinado sobre las familias. A medida que vamos leyendo el Diario, nos percatamos de que la insistencia fundamental de la Madre de Dios es que aprendamos a orar, individualmente y también en familia. Allí radica la fuerza de la familia contra el poder de las tinieblas. Al invocar al Corazón Inmaculado de María y pedirle que derrame el efecto de gracia de su Llama de Amor, estamos pidiendo que derrame a su Hijo Jesús sobre toda la humanidad. Que sumerja en la preciosísima Sangre de su Hijo a todos los hombres. No es una fórmula mágica, es una súplica llena de amor y de ardiente deseo de la salvación de las almas que elevamos al trono de la Madre de Dios. Es una súplica que la Virgen escucha con infinito agrado y que el Padre celestial recibe gustoso por venir de la Madre de su Hijo. Por eso es tan eficaz y nos da la victoria contra el enemigo de nuestra salvación. Las palabras de la Santísima Señora se cumplirán: "Al final, mi Inmaculado Corazón triunfará".
33. LA LLAMA DE AMOR ES UNA "ESCUELA PRÁCTICA" DE VIDA CRISTIANA
El Diario Espiritual de la Llama de Amor y la vida misma de Isabel Kindelmann son una "escuela práctica" de vida cristiana. María Santísima nos enseña a enfrentarnos al enemigo de nuestra salvación para vencerlo con la Llama de Amor de su Inmaculado Corazón. El Diario no es un tratado de Demonología en el que se nos habla del Demonio o de los demonios. No es un estudio sobre el exorcismo. No es un recetario de oraciones de liberación. Es algo así como una "escuela" en la que vamos aprendiendo lo que ya se nos ha dicho de sobra en la Palabra de Dios, en la enseñanza tradicional de la Iglesia, en la vida de los santos, en la piedad ancestral de nuestras comunidades. Lo que vamos descubriendo en la vida de Isabel lo encontramos, de una u otra manera, reflejado en nuestra vida cotidiana.
Si bien todo está ya dicho, hay algo nuevo y original en la Llama de Amor. Es la proclamación "para hoy" de la promesa del Génesis: "Ella te aplastará la cabeza". Es la visión de la Mujer del Apocalipsis 12, que sufre los dolores del parto por los innumerables hijos que el Dragón Rojo está devorando, y que recurre al Cielo y a nosotros, sus hijos, para que lo enfrentemos y derrotemos con su "Nuevo Instrumento".
Al leer la vida y obra de Isabel Kindelmann, conviene que vayamos examinando las alusiones a Satanás que aparecen página tras página en el Diario. En las 322 páginas (edición de Costa Rica), he localizado alrededor de 170 alusiones directas al Demonio. Por cada dos páginas encontramos una mención directa de Satanás o una alusión a su persona y acción. Esta abundancia nos hace comprender cuán importante es en el mensaje de la Llama de Amor el tema de la acción diabólica. De hecho, como hemos dicho en otros comentarios, el mensaje central del Diario no es el Demonio, sino Jesús. Él es la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María. Sin embargo, es importantísimo valorar la parte que le corresponde al mundo de las tinieblas en la vida de Isabel. En una obra maestra, el pintor, para hacer resaltar los tonos luminosos, utiliza los tonos oscuros. No comprenderíamos el mensaje de Jesucristo, ni las intervenciones de María Santísima, ni nuestra propia conducta, sin la existencia y acción del Maligno y los suyos.
Desde los primeros párrafos del Diario, aparece el Demonio: "El enemigo malo me molesta continuamente" (p. 19). Isabel está en una grave crisis. El continuo trabajo, la fatiga de su condición de viuda, madre de seis pequeños y obrera a tiempo completo, han minado su vida espiritual y la llevan a la depresión. "Una sequedad terrible consumía mi alma" (p. 21). La asaltan pensamientos terribles. La falta de fe enturbiaba toda su clarividencia. Piensa que todo lo que le pasa es ilusión. Experimenta confusión y gran incertidumbre. "Así se inició una gran lucha en mí. Imploraba a Dios. Algo indescriptible; no encuentro palabras para expresar la lucha espiritual que comenzó en mí. La lucha era larga, espantosa, se me crispaban los nervios" (p. 19).
El Señor le habla a Isabel: "Hace tanto tiempo que te esperaba. Mira mi rostro desfigurado y mi cuerpo torturado... Cree en Mí y adórame". El Señor le pide que renuncie a sí misma, a su propia voluntad. "Lo único que tiene valor ante mis ojos es que te entregues enteramente a Mí con absoluta confianza". Vivir en la más grande humillación. La terrible lucha dura tres años (p. 21). El Demonio interfiere en su oración. Trata de infundirle dudas contra el amor de Jesús y su poder. Jesús le pide: "Entrégate por completo a Mí. Sé humilde y pequeña. Ayuna a pan y agua los jueves y viernes. Pasa cuatro horas en Mi divina presencia. Ofrece reparación por las muchas ofensas que he recibido. Tienes que quitar todo lo que en ti se inclina al mal" (p. 34).
Isabel va recuperando su vida espiritual. La conversación íntima con el Señor la fortalece: "Te voy a dejar sufrir en una gran sequedad. Diferentes tentaciones te van a atormentar. Dirígete a nuestra Madre. Ofréceme reparación y consuélame. No te canses nunca de contemplar mis santas llagas. Ofrécete al Eterno Padre, vive con la Santísima Trinidad".
En el plan de Dios, la acción del Demonio sobre Isabel tiene una finalidad: su santificación. Aquí tenemos una gran enseñanza: Dios permite la tentación para darnos la oportunidad de manifestarle nuestro amor y para que podamos crecer espiritualmente. Jesús la invita: "En las tentaciones, refúgiate bajo el manto de nuestra Madre. Ella te defenderá del maligno, que continuamente te molestará" (p. 33). Entonces comienza a sentir que el maligno "ya no la confundía tanto y su alma comenzaba a sentir alivio" (p. 32). La intervención de María obtiene para Isabel, en medio de las fortísimas tentaciones, defensa y alivio. El Señor no suprime la tentación, pero al lado de Isabel coloca a su Madre Santísima como protección y alivio. "Dirígete a nuestra Madre".
Podríamos decir que, en resumen, la enseñanza del Diario Espiritual es: "Yo, el rayo hermoso de la Aurora, cegaré a Satanás". Todos, sin excepción, estamos sujetos a las tentaciones del maligno. Por muy fuertes que sean, el Señor pone a nuestra disposición su gracia y la poderosa intercesión de su Madre.
34. BIOGRAFÍA DE LA SEÑORA ISABEL DE KINDELMANN
Isabel Szántó de Kindelmann nació el 6 de junio de 1913 en Budapest, capital de Hungría, con el nombre de Erzsébet Szántó. Su madre, Júlia Mészáros (1878-1924), provenía de una sencilla familia católica. Su padre, Jóisef Szántó (1871-1917), era maestro y pastor protestante, cuyos antepasados eran emigrantes italianos de apellido Santo, que luego en húngaro se escribía Szántó. El abuelo repudió a su hijo por casarse con una católica; luego, el hijo se convirtió al catolicismo. Isabel fue la decimotercera hija; todos sus hermanos mayores eran gemelos. El padre murió en la Primera Guerra Mundial en 1917, cuando Isabel tenía solo 4 años. Para el año 1925, toda su familia había fallecido: diez hermanos en epidemias y dos en accidentes. En 1923, el Organismo Internacional para Niños la llevó a Suiza para que se fortaleciera, porque estaba desnutrida, a una familia agricultora con ocho hijos. Aunque tenía de todo y la trataron bien, ella sentía tanta nostalgia por su madre que huyó. La encontraron congelada en un parque. Se enfermó de pulmonía; la familia la atendió durante tres meses. Hicieron todo lo posible para que Isabel se quedara con ellos, pero en 1924, al enterarse de que su madre se había enfermado, la dejaron regresar a su país. La madre, a pesar de su grave estado, aún trabajaba haciendo tejidos y bordados para ganarse la vida para el resto de su familia. Después de la muerte de su madre, la niña se encontraba extremadamente agotada espiritualmente; la acogió su única hermana Gisela, que aún vivía, pero poco después murió Gisela también, perdiendo así Isabel a su último hermano. Entonces ella se quedó completamente sola.
En 1924, sus "padres suizos", enterándose de lo que pasaba, quisieron adoptarla, pero debido a un malentendido, esto no se pudo lograr. Entonces fue acogida en casa de su tía materna, pero después huyó de esa familia porque la tía murió en 1926, y el resto de la familia la maltrataba. Las desgracias de la niña desamparada no parecían terminar. Empezaron años difíciles de pruebas en su vida. Tras huir de la casa de la tía, se encontraba en la calle. Intentaba hacer trabajitos en las calles de los arrabales de la ciudad para sobrevivir. Cargó maletas, vendía caramelos, repartía pan y leche en las mañanas, pelaba papas para cocinas, fue jardinera en una casa de mala nota... todo eso era muy peligroso para una adolescente. Entraba en las iglesias para descansar y en invierno para calentarse. Una vez, policías la encontraron durmiendo al aire libre en un banco y la llevaron al hospital por tanto toser. La diagnosticaron con tuberculosis, pero ella se fugó del hospital. Una señora se dio cuenta de la niña friolenta y hambrienta; la llevó a su casa para que cuidara de su madre anciana, pero a ella no le dieron de comer; el señor de la casa le molestaba, así que de nuevo tuvo que huir.
Esa vida llena de adversidades y escaseces le desarrolló un alto grado de autonomía, destreza y firmeza. A lo largo de su vida, siempre fue muy independiente, pero nunca egoísta. Siempre quiso estudiar, pero las circunstancias nunca se lo permitieron. El sueño de su vida era servir a Dios. No veía otras opciones que pedir su alta en conventos religiosos, pero todos la rechazaron, diciendo que solo buscaba un lugar donde sobrevivir. La indiferencia humana le agotó mucho; sin embargo, seguía luchando entre circunstancias increíblemente difíciles. Entre dificultades, pudo completar un curso de enfermería, pero nadie la empleaba por su mala apariencia y por ser tan pobre. Por último, una superiora se puso al habla con ella, diciéndole: "Hijita, voy a orar y preguntarle al Señor cuál es su voluntad respecto a tu vocación." Cuando volvió, dijo: "¡Hijita mía, la voluntad de Dios es otra! ¡Dios te va a confiar una obra importante y mayor; cúmplela tan perfectamente como puedas!" La superiora la bendijo y la despidió. Isabel contó después que se deprimió pensando que a ella ni Dios la necesitaba. Casi perdió su fe después de ese acontecimiento.
Quedó completamente desesperada y desolada. Al pasar un año, en el otoño de 1930, encontró un pedacito de papel en el bolsillo de su abrigo con el nombre y dirección del párroco de una iglesia cercana. Como luego descubrió, ese papel lo había metido en su bolsillo la superiora, encomendándola a su hermano, quien era el párroco de esa iglesia. Incluso le hablaba a Isabel; le decía que lo buscara, pero ella no la escuchó y se le olvidó ese detalle.
No obstante, ese papelito ha sido crucial en su vida, porque conoció a un gran sacerdote y, mediante él, a una pareja mayor de esposos de muy buen corazón con quienes encontró un hogar. La comunidad parroquial acogió a la joven alegre y enérgica de 17 años. Una vez la escucharon cantar mientras cocinaba y la invitaron al coro. Aquí conoció a su futuro esposo, un señor viudo, 35 años mayor que ella, Károly Kindelmann (1878-1945). Se casaron el 25 de mayo de 1931. Ella tenía 18 años y él 53. Entre los años 1932 y 1942, tuvieron seis hijos: 3 varones y 3 mujeres: Cecilia (1932), José (1934), Valeria (1935), María (1937), Carlos (1938) y Manuel (1942). El señor Kindelmann poseía un negocio propio que se dedicaba a fabricar chimeneas y calderas; era un hombre bien acomodado y de buen corazón. En 1935 compraron una casa en un barrio de jardines de Budapest llamado Máriaremete. Isabel apenas podía hablar de felicidad durante semanas. Su alegría sin nubarrones no duró mucho: poco después quedó embarazada de su tercer hijo y estuvo entre la vida y la muerte durante nueve meses. Nació una niña que era enfermiza; Isabel constantemente se preocupaba y la llevaba a tratamientos, luchando por su vida. La niñita, cuando cumplió 3 años, de repente se curó. Isabel pudo experimentar en todo su ser lo que es la preocupación de una madre. No es de extrañar que más adelante pudiera sentir tan profundamente el dolor y la preocupación de nuestra Madre Celestial por sus hijos.
La familia vivió una vida civil católica silenciosa y tranquila. Juntos oraban todas las noches; empezaban siempre con el examen de conciencia, pidiendo perdón el uno del otro. Los varones encendían las velas en el altar del hogar y las muchachas ponían las flores. El almuerzo de los domingos era una verdadera celebración. Al terminar de comer, Isabel leía periódicos católicos en voz alta. Los niños recolectaban sus centavitos para mandarlos a misiones lejanas. El padre de la familia rezaba todos los días el rosario. Frecuentaban las misas en el santuario de Máriaremete o en la iglesia del Espíritu Santo, para cuya construcción la familia donó una cantidad importante. Los niños siempre se preparaban con gran ilusión para las Navidades, yendo a las misas de la mañana y preparando regalitos simples para los niños de las familias más necesitadas. A partir de los años 1940, el esposo padecía de cáncer. El 2 de febrero de 1945 se sintió muy mal. Isabel y sus hijos se fueron a misa.
Cerraron todas las puertas de la casa. Cuando volvieron, se sorprendieron porque todas las puertas estaban abiertas; se sentía un maravilloso olor a flores que impregnaba todo adentro, y el enfermo, acostado en la cama con el rosario en su mano, estaba llorando. "¡La Virgen estaba aquí!" les dijo. "¡Me prometió que me llevaría con ella, que debo prepararme! Y dijo otras cosas que no recuerdo." Posteriormente, pidió a su familia que edificaran una gruta de Lourdes para recordar que la Virgen María estuvo allí.
Károly Kindelmann murió el 25 de abril de 1945, a los 67 años de edad. Isabel tenía 32 años y se quedó sola con sus seis hijos. El mayor tenía 13 años y la menor, 3. Empezó el "calvario" de la familia, que cargó con la nacionalización comunista, privándoles de sus medios de subsistencia. El poder comunista en 1948 prohibió todo tipo de empresas privadas y les quitaron la empresa familiar. Isabel se quedó sin trabajo, y no la empleaban en ninguna parte. El enorme jardín se convirtió en el único sustento para la familia: cultivaban frutas y verduras. Isabel intentó hacer todo tipo de trabajo manual, como artesanías, para venderlos y así poder obtener el sustento diario.
Una vez, llegando a su casa, muerta de cansancio, encontró a dos hombres en el jardín. No le hicieron caso y estaban hablando de los planes para reformar la casa a su gusto, hablando como si la casa fuera de ellos. Isabel corrió al ayuntamiento, donde vio su nombre en una lista de quienes iban a ser expulsados. Empezó una campaña de oración con sus hijos. Dos veces se repitió ese horror; lograron quedarse con la casa gracias a un conocido que estaba en el comité que decidía. Lo vivieron como un milagro, ya que en aquellos tiempos no había misericordia.
Luego encontró trabajos en fábricas y se mantuvo firme trabajando duro 12 horas al día, pero siempre la despedían por ser religiosa y porque sus hijos participaban en las clases de fe de la iglesia. A nadie le interesaba que tenía seis niños que alimentar. Pero "los milagros cotidianos" no se acabaron. A finales de los años 50, Isabel pudo trabajar como enfermera en un hospital, aprovechando el curso que había tomado cuando tenía 16 años. En 1961, después de 20 años de lucha heroica, viendo que sus hijos ya eran independientes, Isabel pensó que finalmente podía descansar. Pero esa fecha le trajo la misión principal de su vida: su vocación celestial, la de dar a conocer la Llama de Amor, y al mismo tiempo una tarea familiar sumamente preocupante, la de asumir la educación de sus tres nietos pequeños, que se quedaron huérfanos debido a que su nuera falleció y su hijo estaba muy enfermo.
Hasta 1961, el sufrimiento de "proporciones bíblicas" había hecho trizas a Isabel; era casi tan duro como para Job, pero tal vez eso mismo era lo que le daba capacidad para poder acoger la gracia, de acuerdo con los planes eternos de Dios. El Señor, con las pruebas duras y decisiones difíciles de la gente común, había preparado a Isabel para algo totalmente especial y grande. A partir de 1961, hasta su muerte en 1985, recibió los mensajes de Jesús y de la Virgen María sobre la Llama de Amor, los cuales tuvo que escribir en un Diario Espiritual, según la petición que le hizo Jesús. La Santísima Virgen encendió en su corazón la Llama de Amor de su Inmaculado Corazón y le prometió que esta llamita se propagará como un reguero de pólvora por todo el mundo. A partir de 1965, tuvo que enfrentar retos y desafíos sobrehumanos. Por un lado, el Señor le pedía que renunciara a sí misma, continuando la santa causa para rescatar a la humanidad y, por otro lado, la obligación y deber como madre y abuela de no dejar que las autoridades se llevaran a sus tres nietos a orfanatos estatales. Cuidó a su hijo enfermo hasta su muerte. El tratar de cumplir las solicitudes celestiales, los entusiasmos, los esfuerzos, las dudas, los pocos adelantos, los grandes fracasos y las humillaciones pusieron a prueba hasta su alma fuerte. No cabe duda de que, sin la ayuda de la providencia divina, no hubiera podido cumplir la tarea espiritual y terrenal que le fue encomendada.
Isabel era una mujer muy racional; todo lo había pensado y razonado cientos de veces, según el sentido común de la mente humana y según los mandamientos de amor. Era muy realista, para decir racionalista, y el misticismo era esencialmente ajeno a sus actitudes. El hecho de que su Salvador le hablara, aunque de una manera convincente, no desalojó su cuidado natural a los "sonidos internos". Las revelaciones que oyó (según sus propias palabras) en el interior de su alma le perturbaron, y debido a su sentido de conciencia y responsabilidad, ¡le causaron ansiedad y dudas que nunca terminaron! Consultó con innumerable cantidad de sacerdotes e incluso pidió un examen psicológico, pero los especialistas no diagnosticaron ninguna neurosis o trastorno mental.
El primer viaje de Isabel a Roma sucedió en 1976, acompañada por su sacerdote confesor, un profesor de la Academia de Teología de Budapest, para dar a conocer la Llama de Amor al papa Pablo VI. El Santo Padre pidió más materiales al respecto. El segundo viaje aconteció en 1978, antes del cual, a petición de Jesús, ella tuvo que ayunar en pan y agua durante 40 días por el éxito de esta misión. En esta ocasión, fueron 40 obispos los que, justamente allí presentes, recibieron en sus manos el mensaje de la Llama de Amor, entre ellos el cardenal de Hungría.
Isabel empezó a enfermarse en 1984 y la atendieron en varios hospitales. Luego, un matrimonio la acogió en su hogar en Torokbálint, cerca de Budapest, para cuidarla. Sufrió mucho; padecía de cáncer, pero estaba feliz de poder estar entre familiares y no en el hospital. Falleció en ese hogar el 11 de abril de 1985, a los 72 años. Con el rosario en sus manos, confirmada con los sacramentos y una sonrisa en su rostro, se mudó a la casa eterna. Su entierro fue en esa ciudad. En 1997 edificaron una capilla en el lugar donde estaba su cuarto, que hoy es un lugar de peregrinación. Posteriormente, la familia exhumó su cuerpo, y ahora descansa junto con el de su esposo en la iglesia del Espíritu Santo en Máriaremete. Su tumba es un lugar de peregrinación; los fieles la visitan con frecuencia, como la Santísima Virgen le había prometido: "Te uno firmemente a mí, hijita mía. La Llama de Amor de mi Corazón que te he confiado, sobre ti como primera proyectará sus abundantes rayos de gracia y lo seguirá haciendo también en el cielo. Tus gotas de aceite que reúnes tan afanosamente, ¡las bendigo con mi mano maternal! Y a tu llegada, te esperaré con maternal amor. Las gotas de aceite exprimidas por tus sufrimientos caerán a la tierra a las lámparas apagadas o apenas parpadeantes de almas y se prenderán de mi Llama de Amor. Tú, por lo tanto, tendrás que tener tu sitio junto a mí hasta el fin del mundo."
35. LA ORACIÓN QUE JESÚS DA A ISABEL
El Diario de Isabel Kindelmann es una verdadera escuela de vida espiritual en la que vamos aprendiendo los principios fundamentales del seguimiento de Cristo. El problema de muchísimos bautizados es que se quedan estáticos en su proceso de maduración en la fe. No tienen verdaderos maestros de vida cristiana y el bautismo se pierde prácticamente. Es como una semilla que no se desarrolla. Esta deficiencia radica en el fondo de los hogares, porque los padres de familia, al no tener ellos mismos formación en la vivencia de la fe, son incapaces de transmitir a sus hijos las riquezas del Evangelio. Tristemente, muchísimos se quedan en una religión esquemática, seca, acartonada, compuesta de reglas, de preceptos y de obligaciones. Es una "religión que decepciona". Jesús no es para ellos ni siquiera una persona viva, mucho menos un amigo o un hermano. El Señor es para ellos como un ser lejano, desconocido, con el cual no conversan ni tiene incidencia decisiva en sus vidas.
El Diario nos lleva a descubrir a Jesús como una persona viva con la cual podemos interactuar y llegar a construir una verdadera amistad. Para ayudarnos en este descubrimiento, Jesús da a Isabel una oración que resume admirablemente el mensaje de la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María: "Que nuestros pies vayan juntos, que nuestras manos recojan unidas, que nuestros corazones latan al unísono, que nuestro interior sienta lo mismo, que el pensamiento de nuestras mentes sea uno, que nuestros oídos escuchen juntos el silencio, que nuestras miradas se compenetren profundamente, fundiéndose la una en la otra y que nuestros labios supliquen juntos al Eterno Padre para alcanzar misericordia para toda la humanidad" (DE 64). Jesús recalca: "También esta oración es un instrumento en vuestras manos porque, colaborando de esta manera conmigo, Satanás también por ello se quedará ciego y por su ceguera las almas no serán inducidas al pecado" (DE 63). "Esta oración la hice completamente mía", dice Isabel. "(Jesús) La meditó tantas veces junto conmigo; aseverando que esos son sus eternos anhelos. Me enseñó esta oración a fin de que yo la enseñe a los demás. Hagamos nuestros sus eternos pensamientos, sus deseos con todas nuestras fuerzas y con toda nuestra mente" (DE 63).
En realidad, todo el Diario es una explicación de esta oración. A lo largo de sus páginas, Jesús y María van desarrollando los "eternos anhelos" del Corazón de Cristo. Para que podamos comprender el sentido secreto del Mensaje, de la Devoción y del Instrumento de la Llama de Amor, debemos meditar en profundidad y con frecuencia esos sentimientos del Corazón de Jesús. El Señor nos habla de: pies, manos, corazones, interior, pensamiento, oídos, miradas y labios. Estas palabras son como un eco de las de San Pablo: "Ya no soy yo quien vivo, sino que es Cristo quien vive en mí". Se trata de la unidad perfecta entre Cristo y el alma. Estos "anhelos del Corazón de Jesús" son para cada una de las almas: que vivamos tan unidos a Él que lleguemos a ser una sola cosa con Él. El fruto de la Llama de Amor es la intimidad, la unidad con Jesucristo y, por ende, con el Padre. La religión, en vez de ser un conjunto de normas aplastantes que se deben cumplir "a nuestro pesar", tiene que ser vivida como un camino de amor y de unidad que nos lleve a Dios. Muchas personas rechazan la religión porque la consideran como una camisa de fuerza que las atrapa y les impide ser ellas mismas. Para Marx, Lenin, Feuerbach, Nietzsche y tantos otros que terminaron siendo ateos, la religión es el opio del pueblo. Esta manera de comprender, explicar y enfocar la religión no tiene nada que ver con lo que nos dice Jesús.
Los cristianos vamos más allá de lo que es la "religión natural" como un invento del hombre. Hemos recibido el camino de la fe, de la Religión revelada por Dios a través de su Hijo.
Dios nos llama a ser uno con Él: "Como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que ellos sean uno". En esta oración que Jesús da a Isabel, encontramos ocho pasos ordenados que debemos ir dando junto con Él, unidos a Él, para llegar a la plenitud del efecto de gracia de la Llama de Amor. Los pies de Jesús y de Isabel deben ir juntos, las manos deben recoger unidas, los corazones deben latir al unísono, en el interior deben sentir lo mismo, las mentes deben estar unidas en la misma manera de pensar, los oídos deben escuchar juntos el silencio, las miradas deben compenetrarse y fundirse, y los labios deben suplicar juntos al Eterno Padre para alcanzar misericordia para toda la humanidad. Si todos los miembros de la Iglesia hacemos esto, el mundo se convertirá y el demonio será vencido.
El camino de la Llama de Amor es un camino de conversión para cada persona, para cada familia y para toda la Iglesia. Este es el camino de la victoria contra Satanás. El Evangelio es una buena nueva: la salvación para aquellos que aman a Jesús; pero también proclama la desgracia de aquellos que rechazan a Cristo. Fuera de Jesucristo no hay salvación. Fuera de Cristo no hay esperanzas para nadie: "allí será el llanto y el crujir de dientes", la condenación eterna. A los que quieren caminar por la vida sin Jesús no les queda más que el fuego del infierno. Es algo terriblemente horrendo. Por eso, evangelizar a los refractarios, indolentes o ignorantes es el acto de amor más grande que podemos hacer por ellos. Esta oración está destinada para todos los hombres sin excepción. Jesús propone en ella un plan de vida que debemos llevar a cabo si queremos llegar al Padre.
36. ¿CÓMO VENCE AL DEMONIO A ISABEL KINDELMANN?
Isabel es una mensajera y un modelo en la lucha contra Satanás. Quien nos envía el mensaje es el Señor a través del Corazón de su Santísima Madre: "Satanás quiere reinar en las familias". El mundo, y especialmente la Iglesia, están siendo atacados en estos últimos tiempos con una ferocidad sin precedentes en la historia de la humanidad. Hay que tener en cuenta que Isabel es solamente uno de los muchos mensajeros que Dios nos ha mandado en estos últimos tiempos para hacernos tomar conciencia de esa realidad. La primera y gran mensajera es el Inmaculado Corazón de María, que en sus diversas apariciones, especialmente en Fátima, ha estado insistiendo en este misterio de la iniquidad que los hombres se empeñan en negar.
La lista de almas santas que en estos tiempos modernos han sido atormentadas por Satanás no deja de ser impresionante: Josefa Menéndez, Elisabetta Ravasio, Pierina Gilli, Marta Robin, Luisa Picarreta, Sor Faustina, Padre Pío de Pietrelcina, etc., son solamente algunas de ellas. Tantos son los testigos que en estos días nos hablan del maligno que debemos abrir los ojos y prestar gran atención. Aunque todos nos dan el mismo mensaje: "Satanás existe y nos quiere destruir física y espiritualmente", cada uno de estos testigos tiene sus propias características. El mensaje de Isabel nos dice que la Virgen María, Madre de Dios y de la Iglesia, por voluntad de su Hijo, está al frente del combate espiritual contra el Dragón. Es Ella quien vence al maligno con la Llama de Amor de su Inmaculado Corazón.
En el Diario Espiritual se revela el motivo de esta intervención de la Virgen: es el amor infinito que María Santísima nos tiene lo que la motiva para venir en nuestra ayuda. Ella es nuestra verdadera Madre Espiritual; hemos sido engendrados en Cristo por Ella al pie de la Cruz, y como tal, su Corazón sufre indeciblemente con la condenación eterna de las almas. Ella nos pide encarecidamente que tomemos parte activa y enérgica en este combate contra el enemigo de nuestra salvación y nos da para ello una gracia especial que ciega al demonio: la Llama de Amor de su Inmaculado Corazón. Esa gracia es un don extraordinario que Dios nos da debido a la iniciativa de María Santísima, quien con su poderosa intercesión la ha obtenido del Padre Eterno por medio de las llagas de su Hijo Jesucristo.
¿Cómo lo ciega? Por una especial intervención suya que quebranta el poder de Satanás. La Virgen nos obtiene la gracia de combatir eficazmente al demonio cuando la invocamos con la jaculatoria: "Derrama el efecto de gracia de tu Llama de Amor sobre toda la humanidad". La intervención de María es una respuesta a su condición de Madre Espiritual de todos los seres humanos al clamor de sus hijos. María deja fuera de combate al maligno "cegándolo" con la sangre de Jesús, es decir, con los méritos de la Redención. "Yo, el rayo hermoso de la aurora, cegaré a Satanás", dice María (DE 182-183). Aquí podemos vislumbrar el sentido de la participación de María en la obra redentora de Jesús.
La Virgen es "corredentora" porque, íntimamente unida a su Hijo por su maternidad divina, participa de modo excelso en la pasión redentora de Jesús. Ese es el motivo por el cual dice: "Yo cegaré a Satanás". El fruto primero de la gracia de la Llama de Amor es acercarnos a Dios y a la Iglesia, renovando en nosotros toda la vida cristiana. Mucha gente se ha alejado de la Iglesia; una cantidad de bautizados ha caído en una tremenda torpeza espiritual que los ha vuelto impotentes para defenderse del Enemigo. La intervención de María en nuestra vida espiritual debilita al demonio en el combate de cada día, hasta dejarlo incapaz de hacernos daño.
Son muchas las enseñanzas que podemos sacar de Isabel Kindelmann en este combate espiritual contra el mundo de las tinieblas. En primer lugar, no debemos tener miedo al demonio. Le tenemos miedo porque, desde que somos niños, nos han hablado del diablo como de un ser poderoso que se opone a Dios como un rival, capaz de hacernos daño y de arrastrarnos al infierno. Esta mala pedagogía nos ha dejado marcados por el terror al demonio. Aquí debemos saber dos cosas: en primer lugar, Satanás no es más que una criatura; por lo tanto, está en todo sometido al Señor. Por sí mismo, no tiene autonomía para tomar decisiones. Depende enteramente de la voluntad de Dios. Por lo tanto, no tiene ningún poder sobre nosotros independiente de la voluntad de Dios, a no ser que se lo demos. En segundo lugar, hay que tener en cuenta que, aunque el demonio sea totalmente dependiente de Dios, si nosotros nos alejamos del Señor, perdemos la protección divina. Es entonces cuando Satanás sí nos puede hacer un enorme daño, afectándonos gravísimamente en la vida cotidiana y hasta conduciéndonos a la muerte eterna. Quien vive en gracia de Dios, íntimamente unido al Señor, guardando sus mandamientos y fortaleciéndose con los medios de salvación, no debe vivir obsesionado por el miedo al demonio.
Es cierto que Dios permite que el diablo nos tiente y nos aflija, pero es sólo para probar nuestra fe y nuestro amor. La pedagogía divina se sirve de Satanás para santificarnos y darnos la oportunidad de ganar méritos para el cielo. Al lado de la tentación y de las aflicciones diabólicas que podemos padecer, Dios pone su gracia y no permite que seamos tentados más allá de nuestras fuerzas. Él está a nuestro lado para protegernos y ayudarnos en el combate de cada día. El demonio tratará siempre de llenarnos de miedo porque así nos debilita. Se presenta siempre como alguien grande y poderoso, que amenaza con destruirnos. Trata de engañarnos porque es el Padre de la mentira y de los mentirosos, pero se retira vencido cuando lo atacamos en el Nombre de Jesús. Isabel Kindelmann experimenta al principio un gran miedo al sentir la presencia del espíritu maligno, pero con el tiempo, al ver los efectos que produce la gracia de la Llama de Amor, comprende que el demonio está vencido por la intervención de María Santísima y se atreve a humillarlo y a despreciarlo.
Darnos cuenta de que el demonio no tiene ningún poder sobre nosotros cuando vivimos intensamente nuestra consagración bautismal a Jesucristo es un gran motivo de serenidad y de paz. Aunque seamos grandemente tentados o afectados por la acción diabólica externa o interna, no hay motivo para desesperar, porque las amenazas del maligno se pueden convertir para nosotros en grandes victorias. Todo depende de nuestra diligencia para enfrentarlo: "Enfréntate al demonio y él huirá", nos dice Santiago. La Llama de Amor es el instrumento milagroso para humillar al príncipe de este mundo. Cuando lo combatimos con la jaculatoria y el Rosario, el demonio se retira vencido.
37. ISABEL KINDELMANN, PROFETA DE LOS ÚLTIMOS TIEMPOS (I)
En el Antiguo Testamento, Dios se sirvió de almas escogidas a las que dio la misión de anunciar su Palabra y hechos venideros de gran importancia para la Historia de la Salvación. A estas almas las llamamos profetas. En hebreo, se les denomina "Nabí", que significa "el que ve". Es aquel que ha tenido una experiencia personal con Dios y nos trae un mensaje en Su Nombre. En la Iglesia Católica, el ministerio de profecía es ejercido de diversas maneras. En primer lugar, por el Magisterio de la Iglesia (Papa y Obispos), teólogos, predicadores, evangelizadores y catequistas, quienes anuncian la Palabra de Dios. También el Señor distribuye el carisma de profecía entre numerosos fieles: sacerdotes, religiosos y laicos que, con su vida, experiencias místicas y palabras, nos dan mensajes de parte del Cielo.
Entre los profetas modernos, Isabel Kindelmann trae un mensaje de gran importancia que ilumina los "últimos tiempos" del mundo y de la Iglesia. En la página 172 del Diario Espiritual, encontramos una reflexión de Isabel que, relacionada con varios otros textos, nos da luces para comprender mejor la Llama de Amor y su incidencia en la historia actual y futura de la Iglesia. El título de este párrafo nos dice: "LA TIERRA PASARÁ POR UNA GRAN SACUDIDA, PERO LUEGO SUCEDERÁ UN TIEMPO DE GRACIA CASI COMPARABLE AL PRIMER PENTECOSTÉS... QUE INUNDARÁ LA TIERRA... POR EL EFECTO DE GRACIA DE LA LLAMA DE AMOR DE LA SANTÍSIMA VIRGEN". Estamos en marzo de 1963. Dice Isabel: "... 'Entré tanto (NSJC) me habló mucho acerca del tiempo de gracia y del Espíritu de Amor, que será muy parecido al primer Pentecostés, que inundará con fuerza la Tierra; y este será el gran milagro que llamará la atención a toda la humanidad. Todo esto es la efusión del efecto de gracia de la Llama de Amor de la Santísima Virgen.' 'La Tierra, que se está oscureciendo a causa de la falta de fe en el alma de la humanidad, pasará por una gran sacudida. Después creerán; esa sacudida, a través de la fuerza de la fe, creará un mundo nuevo. Por medio de la Llama de Amor de la Santísima Virgen, la fe echará raíces en las almas y se renovará la faz de la Tierra, porque... algo semejante no sucedió todavía desde que el Verbo se encarnó.' La renovación de la Tierra, inundada por sufrimientos, se realizará por el poder de intercesión de la Santísima Virgen."
Estas palabras de Isabel traen ecos de otras fuentes. Jesús en el Evangelio (Mt 24, 4-14; 29-44) nos dice que en los últimos tiempos la fe se enfriará y que las guerras, terremotos, inundaciones, etc., serán como signos de que el final se acerca. San Pablo (2 Tim 3, 1) nos habla de que en los últimos días sobrevendrán momentos difíciles: "los hombres serán egoístas, avaros... rebeldes... ingratos... irreligiosos...". "El Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe, entregándose a espíritus engañadores y a doctrinas diabólicas..." (1 Tim 3, 1). Son numerosos los pasajes de la Escritura que nos ponen en guardia y alerta sobre estos tiempos difíciles.
Si vamos más allá de la Palabra de Dios escrita, en numerosas apariciones de Nuestra Señora hay llamadas a la conversión: Lourdes, La Salette, Fátima, Medjugorje, etc., así como advertencias sobre las consecuencias de nuestros pecados: castigos reparadores. No faltan en otros ámbitos voces que se levantan anunciando grandes catástrofes apocalípticas que provocan miedo, desesperación y desconcierto. El Diario Espiritual nos transmite serenidad y paz a pesar de que pone en evidencia la gravedad de la situación del mundo. En el texto de la página 172 encontramos dos polos: a) una gran sacudida y b) un tiempo de gracia que renovará la Tierra como si fuese un nuevo Pentecostés. Estos dos puntos recorren todo el Diario como una melodía, explicando el "por qué" y el "para qué" de la Llama de Amor.
¿Por qué la Santísima Virgen interviene ante el Padre Celestial para solicitar una gracia extraordinaria que ella designa como la "Llama de Amor de su Inmaculado Corazón"? ¿Para qué sirve esa gracia? La respuesta de María es que la Tierra se ha oscurecido por la falta de fe, y que la explicación de este oscurecimiento es el "odio satánico" que contamina el mundo (pág. 120). La llama de odio de Satanás incendia la Tierra con fuerza devastadora (pág. 82-83) para cegar las almas y no dejar pasar la luz divina. Satanás emprende una lucha contra los hombres como no la hubo nunca antes (pág. 88). Busca que se condene el mayor número posible de almas (pág. 120). Los desórdenes del mundo tienen su origen en Satanás y son su obra (pág. 83). Con fuerza rabiosa, quiere destrozar las familias (pág. 118). Para Satanás no hay lugar inaccesible (pág. 79). Es el maligno quien perturba la paz de las familias (pág. 81). Las familias en Hungría están desgarradas; viven como si su alma no fuera inmortal (pág. 85). Con estos textos, el Diario nos abre los ojos sobre la raíz invisible del mal que nos está aquejando. María presenta la solución al angustioso momento que estamos viviendo: el "efecto de gracia" de su Llama de Amor.
38. ISABEL KINDELMANN: EL MENSAJE DE LA GRAN SACUDIDA (II)
Jesús le dice a Isabel: "La tierra pasará por una gran sacudida" (p. 172). En el Diario Espiritual de la Llama de Amor no encontramos una explicación clara del significado de esta frase. En vano buscaremos en los escritos de Isabel Kindelmann profecías con sabor apocalíptico. Tendremos que limitarnos a descubrir en su propia vida y en sus luchas el sentido de esa gran sacudida que ella vivirá en carne propia de manera misteriosa. La profecía de Isabel acerca de la gran sacudida no será escrita en palabras, sino en sus propios sufrimientos ocasionados por el Demonio. Otras revelaciones privadas reconocidas, o aún en proceso de investigación, pueden arrojar luces acerca de los dolores de los últimos tiempos; nos remiten, en cierto sentido, a Mt 24, 4-14.
Él les respondió: «Tengan cuidado de que no los engañen, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: "Yo soy el Mesías", y engañarán a mucha gente. Ustedes oirán hablar de guerras y de rumores de guerras; no se alarmen: todo esto debe suceder, pero todavía no será el fin. En efecto, se levantará nación contra nación y reino contra reino. En muchas partes habrá hambre y terremotos. Todo esto no será más que el comienzo de los dolores del parto. Ustedes serán entregados a la tribulación y a la muerte, y serán odiados por todas las naciones a causa de mi Nombre. Entonces muchos sucumbirán; se traicionarán y se odiarán los unos a los otros. Aparecerá una multitud de falsos profetas, que engañarán a mucha gente. Al aumentar la maldad, se enfriará el amor de muchos; pero el que persevere hasta el fin, se salvará. Esta Buena Noticia del Reino será proclamada en el mundo entero como testimonio ante todos los pueblos, y entonces llegará el fin. (Palabra del Señor)
A estas enseñanzas tendremos que acudir para hacernos una idea aproximada de lo que puede significar, en el ámbito externo, la "gran sacudida". La Virgen de Fátima dijo a los niños videntes que si la humanidad no se convertía, caerían sobre el mundo grandes sufrimientos tales como guerras, hambres y catástrofes. Según los mensajes dados a los jóvenes de Medjugorje, también habrían de caer sobre la humanidad actual si no abandona el pecado. De hecho, fácilmente vemos que hay razones más que suficientes para esperar una severa respuesta divina a la malicia del hombre: aborto, guerras, explotación del pobre, olvido de Dios, endurecimiento del corazón humano por el ocultismo, esoterismo, satanismo y sociedades secretas que dominan la política de los pueblos, etc. El terrorismo islamista desde el 9/11 se ha vuelto como el símbolo de la angustia de los últimos tiempos. ¿Será esa la gran sacudida que se perfila en el futuro? No lo sabemos. En el caso del Diario Espiritual, no encontramos amenazas venidas del Cielo que hagan de Isabel Kindelmann la portadora de desgracias y castigos. Su carisma es otro: el de víctima que sobrelleva sobre sus débiles hombros los dolores producidos por los pecados de la humanidad. Quien la hace sufrir, por permisión de Dios, es el mismo Satanás.
Podríamos decir que esa "gran sacudida" por la que pasará la tierra, Isabel la vive cada día en su propia carne, y los propagadores de la Llama de Amor también pasarán por la misma gran sacudida. En las páginas 177-178, la Virgen nos habla con dolor de la situación en que se encuentra la tierra antes de la tempestad: un volcán que explotará con su humo infernal, su lluvia de cenizas, que ahogan, matan, ciegan y derrumban todo a su alrededor. Las almas escogidas tendrán que luchar contra el príncipe de las tinieblas. "¡Será una borrasca terrible! Más bien, será un huracán, que querrá destruir hasta la fe y la confianza de los mismos elegidos". Vemos que los ataques van directamente a la fe; y eso ya lo estamos viviendo desde hace largo rato.
"Pero en la terrible tormenta que se está gestando ahora, verán ustedes la calidad de mi Llama de Amor iluminando cielo y tierra; por la efusión de su efecto de gracia en esa noche oscura, la entregaré a las almas". Lo grandioso es que a ese misterioso acontecimiento de dolor le seguirá una época de gracia extraordinaria semejante al primer Pentecostés. Pero será una época muy difícil que María llama "dolores de parto" (p. 202), que no debemos prolongar por nuestra tardanza en aceptar la Llama de Amor. Nuestro Señor Jesucristo (JC) dice: "Apresúrate a pasar la Llama de Amor de mi Madre para que así aparte del país la mano castigadora de Mi Padre" (p. 48). Frente a los posibles castigos por los pecados, la Llama de Amor es como un pararrayos. En este mundo de hoy, enceguecido y convulsionado por tantos horrores detrás de los cuales está Satanás, la Virgen ofrece la solución.
Es una gracia extraordinaria que conlleva una participación muy dolorosa en la Cruz de Cristo. La Llama de Amor es "fuerza poderosa de gracia", que cegará a Satanás y dará gran fuerza a los hijos de Dios en el combate contra el príncipe de este mundo. Esta gracia ha de extenderse a todas las naciones, hasta en los lugares más inaccesibles. ¡Tiempo de gracia como este no ha habido en la tierra desde que el Verbo se hizo carne! Es un acontecimiento que conmoverá al mundo, para cegar a Satanás (p. 99). La Virgen apoyará el trabajo de sus seguidores con milagros nunca vistos hasta ahora (p. 79). Ante esta acción de María Santísima, viene la reacción furiosa del demonio: "Satanás tampoco mira con los brazos cruzados, hace esfuerzos íngentes. Siente ya que se enciende mi Llama de Amor. Esto provocó su terrible furia. ¡Entren en batalla, los vencedores seremos nosotros! Mi Llama de Amor cegará a Satanás en la misma medida en que ustedes la propaguen en el mundo entero" (p. 120). Esa reacción satánica es, en buena parte, la gran sacudida que llegará a Isabel en forma de dolorosos ataques del maligno. Todos aquellos que asuman en su vida la gracia de la Llama de Amor también experimentarán esa "gran sacudida" que les llevará a vivir un nuevo Pentecostés.
39. ISABEL KINDELMANN: PROFETA DE ESPERANZA (III)
Queridos hermanos, si Isabel Kindelmann es profeta porque trae de parte de Dios un mensaje para la Iglesia y la humanidad entera, es un PROFETA DE ESPERANZA. En estos últimos tiempos, en los que ha entrado en el corazón de muchos obispos, sacerdotes, religiosos y laicos un sentimiento de desánimo, desconcierto y miedo por el presente y futuro de la Iglesia, Isabel nos trae un mensaje de esperanza. Nos parece estar oyendo los vibrantes oráculos de Isaías que habla al corazón de un Israel abatido por el infortunio y el desánimo (Is. 40...). Dios no abandona a su pueblo. No es un futuro de ignominia el que nos espera; muy al contrario, es un Nuevo Pentecostés el que aguarda a la Iglesia. Así como Israel tuvo que ser purificado de sus pecados, este tiempo que estamos viviendo, con sus dolores de parto, presagia un tiempo de gracia como nunca se ha visto antes.
Nuestro Señor Jesucristo dice (fragmentos tomados del Diario Espiritual de la Llama de Amor): "Te escojo a ti, hijita mía, para que seas portadora de Mi Misericordia. Llénate a ti misma de la abundancia de Mi divina Misericordia y, cuando abras tu boca para hablar, anuncia la Misericordia de Mi Corazón, que casi se quema por el deseo que tiene de los pecadores. Que toda tu vida sea un solo anhelo por medio de la oración, el sacrificio y el deseo de participar en Mi obra salvadora" (p. 57).
"Despierten en sus almas la confianza hacia Mí. Lo que más me duele es que no confíen en Mí... Pide a mis hijos que despierten valor en sus almas. Diles cuán querido es para Mí el que lucha. Que las almas no abandonen la lucha, porque la lucha ininterrumpida aumenta en ustedes más gracias" (p. 57).
"¡Confía, hijita mía! Los proyectos de Dios nadie los puede desbaratar" (p. 88).
"¡No se queden pasivos frente a mi causa santa! A través de los pocos, los pequeños y los humildes debe comenzar esta efusión grande de gracias que conmoverá al mundo... Todos ustedes son mis pequeños instrumentos" (p. 203-204). "Vamos a apagar fuego con fuego". "Yo haré en unión con ustedes un milagro que los sabios del mundo en vano intentarán hacer; esto nunca estará al alcance de ellos. Sí, hijita mía, apagaremos fuego con fuego: ¡El fuego del odio con el fuego del Amor! El fuego del odio de Satanás lanza sus llamas tan alto que cree que su victoria ya es segura, pero mi Llama de Amor cegará a Satanás. Esta Llama de Amor entregué en tus manos y pronto llegará a su destino, y las llamas que brotan de mi Amor apagan el fuego del infierno. Mi Llama de Amor, con una claridad inimaginable y con un calor saludable, inundará la redondez de la tierra. Hijita mía, para eso necesito Yo el sacrificio, tu sacrificio, el sacrificio de ustedes, para que las mentes y corazones en los que arde el odio infernal reciban la mansa luz de mi Llama de Amor". "Formen, pues, una fila estrechamente apretada porque la fuerza del sacrificio y de la oración quebranta la llama del odio infernal. Los malignos se reducirán cada vez más, su llama que arde de odio se apagará y el resplandor de mi Llama de Amor llenará todas las regiones de la tierra" (p. 266).
"Les doy fuerzas para seguir adelante. Mi causa, a pesar de muchísimas impugnaciones y estorbos malintencionados, se realizará. Los sufrimientos que mandaré sobre ti: dolores corporales, tormentos espirituales, excesiva sequedad en tu alma, acéptalos, pues a cambio estarás protegida de todo pecado... Hacemos que tus faltas y miserias sirvan para el bien de tu alma" (p. 87).
El triunfo de la Llama de Amor es ante todo la conversión de los corazones: la salvación de las almas. En los mensajes, todo gira no en torno a la paz externa de las naciones y de los pueblos, sino a la paz del corazón de cada ser humano: el Reino de Dios. Ahí está el sentido de los sufrimientos que trae consigo la gracia de la Llama de Amor. "Y tú, hija mía, con todas las fuerzas y sacrificios de tu vida, anhela sin cesar la llegada de Mi Reino; que la llama de amor de mi querida Madre se inflame y se propague por las chispas de Amor" (p. 46).
Es un tiempo de lucha y, por lo tanto, de sufrimiento, pero con la certeza de la victoria. Satanás tiene que ser derrotado en cada corazón humano, en cada familia, y debe reinar el Corazón de Jesús. Que Satanás se quede ciego significa el triunfo mundial de Mi Divino Corazón, la liberación de las almas y que el camino se abrirá en toda su plenitud" (p. 262). Ese gran milagro que va a hacer la Virgen María, que los sabios del mundo no comprenderán, será la conversión masiva de los corazones a nivel mundial.
Ese es el gran milagro que inundará con fuerza la tierra. Ese será el Nuevo Pentecostés.
¿Será posible? Todo el mundo pensaba que el muro de Berlín y la disolución del comunismo en Rusia eran imposibles sin gran derramamiento de sangre. No se disparó un tiro, no se vertió sangre. Un milagro de la Virgen María que ha sorprendido a todo el mundo. Pero muchísima gente oró y se sacrificó para ello. El Nuevo Pentecostés de la Llama de Amor que esperamos será el fruto de muchísimas almas entregadas en oblación, como Isabel Kindelmann (cfr. p. 268). El gran milagro que María hará.
40. ROZALIA CELAK E ISABEL KÍNDELMANN: ¿CÓMO EL DOLOR PUEDE REDIMIRNOS?
Los mensajes de Isabel Kíndelmann y de Rozalía Celak tienen varios puntos de coincidencia. Primeramente, ambas son contemporáneas. Rozalía muere antes de que Isabel comience a recibir las comunicaciones del Señor. No existió entre ellas ningún contacto; sin embargo, ambos mensajes van en continuidad. La presencia del Demonio en la experiencia de Rozalía y de Isabel es determinante. Ambas sufren los ataques despiadados del Enemigo. Lo mismo le pasó a Pierina Gilli (vidente de María Rosa Mística). Dios quiere que abramos los ojos sobre el mundo diabólico. El Demonio quiere destruir a la Iglesia y al mundo entero. El pecado tiene consecuencias no solamente espirituales, sino también materiales: la destrucción de la creación. Para salvarse, el hombre debe reconocer a Dios como su Rey y Señor, y debe hacerlo públicamente, no solamente a nivel de iglesia, sino a nivel de gobiernos civiles. La sociedad entera debe reconocer a Jesucristo como su Rey y Señor.
La familia es víctima de la acción diabólica. Para vencer los poderes destructores de Satanás, cada hogar debe consagrarse al Corazón de Jesús y al de María Inmaculada. María es el camino para que la familia y el mundo entero reconozcan a Jesucristo como Rey y Señor. En el mundo de hoy, esto parece una utopía totalmente irrealizable. La mentalidad laicista ha impregnado las conciencias de un rechazo visceral a la idea de que la sociedad civil pueda someterse a Jesucristo como su Rey y Señor. Según esta ideología, la religión pertenece al ámbito privado. La separación entre la Iglesia y el Estado no permitiría la consagración y la entronización. Sin embargo, la condición que el Señor puso es precisamente esa: que la sociedad entera, civil y religiosa, lo proclame como Rey y Señor.
Los cristianos debemos tomar conciencia de que cada vez somos menos y que el proceso de apostasía (negación, renuncia a la fe) va acelerándose. Si no reaccionamos de manera enérgica y unida, el rechazo a Dios se volverá "viral" y la apostasía terminará en persecución.
La Llama de Amor está como la promesa del Corazón Inmaculado de María: Ella vencerá a Satanás y echará por tierra sus maquinaciones que llevan al hombre a la idolatría de sí mismo.
Tanto Isabel como Rosalía nos dan el camino: la consagración y entronización de Jesucristo como Rey y Señor en los hogares y en la sociedad civil. Esto no puede hacerse sin grandes dolores y sufrimientos, sin grandes humillaciones. Hay una lucha a muerte entre Satanás y la Virgen, entre "tu descendencia y la Suya". Ambas siervas de Dios hacen un descubrimiento trascendental que está en la base del triunfo de Jesucristo sobre el mundo, el Demonio y la carne: es el valor redentor del dolor, de la cruz, de la humillación. El pecado solo se repara por medio del sufrimiento. Rosalía entrará en un camino de total rebajamiento: "Siento un enorme deseo de ser despreciada, humillada, incomprendida". La expiación de los pecados del mundo, especialmente los cometidos contra la castidad, la llevan a ofrecerse como víctima para ser "destruida completa e irreversible".
"Dios mío: dispón de mí según tu deseo: crucifícame, arrástrame, humíllame, destruye mi cuerpo a través del martirio hasta la última gota de mi sangre y, sobre todo, hazme mártir de tu infinito amor".
El Señor también le pide a Isabel enormes dolores y sacrificios para reparar los pecados del mundo que arrastran a millones de almas a la muerte eterna. Cuando una sociedad es cristiana (familia, grupo, congregación, pueblo o nación), las realidades de la vida, actos y acontecimientos son comprendidos desde el punto de vista de la fe. Para un discípulo de Cristo, el dolor tiene un sentido de participación redentora en la Cruz del Salvador. Para un no cristiano, esas realidades existenciales son una fatalidad y una desgracia. La muerte, sobre todo, no tiene ningún sentido.
El mundo de hoy y los cristianos que han perdido su identidad consideran la cruz, el dolor, la enfermedad, el sacrificio, la renuncia, la penitencia, etc., como un mal. En la raíz del fracaso matrimonial de los cristianos encontramos este problema: no se mira la vida en el matrimonio como "camino de la Cruz". Los cónyuges huyen de la Cruz porque les parece un mal. No entienden que el pecado personal actual, los pecados de los familiares vivos y ancestros, y los del mundo entero exigen reparación. Mientras más reine el pecado en la familia, más sufrimiento habrá en el mundo, y la justicia divina exigirá más reparación.
En la vida de ambos personajes, vemos cómo Dios valora el sufrimiento de sus hijos. El Señor lleva a ambas a asumir el dolor como una riqueza (Diario: p. 90, 91...). La entronización nos lleva a comprender mejor el alcance de nuestra condición de "simples criaturas". No somos dioses. No somos autónomos. No somos independientes del Creador. No le podemos decir a Dios: "apártate, porque nosotros en el Parlamento hemos decidido que tú no eres nuestro Creador ni nuestro Rey". Tampoco le podemos decir: "en mi familia mando yo, y aquí se hace lo que a mí me da la gana". Los derechos de Dios sobre su criatura son inalienables, y la felicidad de esta estriba en reconocerlos.
41. PROGRAMA DE VIDA DE ISABEL KINDELMANN - DÍA MARTES
Jesús le dice a Isabel que el día martes de cada semana lo dedique a orar por su familia. Le da cuatro consejos: la comunión espiritual, la consagración de los hijos a María, la oración de vigilia y la devoción a San José. Qué importante es que los padres de familia oren por sus hijos. Como pastores del hogar, su primer deber es orar por ellos. Son como Moisés, que con los brazos levantados hacia el cielo clama por los israelitas que están combatiendo contra los ataques de los amalecitas. Cuando Moisés, cansado, bajaba los brazos, el Pueblo de Dios perdía la batalla. Cuando los elevaba hacia el cielo, ganaban. La mayor parte de los papás piensa que su primer deber es proveer la alimentación y demás subsidios materiales. Jesús dice: ora por tus hijos. Tal vez no hemos pensado en ello.
El Diario Espiritual lleva a los padres de familia a estructurar su hogar de acuerdo con el pensamiento de Cristo. La intercesión del padre y de la madre es poderosísima ante los ojos de Dios. En este campo de la oración, Jesús habla de la "Comunión Espiritual". El "deseo" es lo más importante en este caso. Tan poderoso es desear algo que en el Evangelio se considera como un pecado ya realizado el "desear la mujer del prójimo". Para Dios, lo que cuenta es el corazón. De tal manera que, cuando no pudiendo recibir a Cristo sacramentalmente, "deseo recibirlo espiritualmente", es como si hubiese comulgado.
Entonces, el padre de familia debe comulgar espiritualmente ofreciendo por cada uno de los suyos la comunión al Cuerpo y Sangre del Señor. ¡Qué poder ha de tener dicha comunión para que Nuestro Señor la aconseje! Lo segundo es: Consagrar a sus hijos a María Santísima. Jesús dice: "ofrécelos uno a uno". El padre de familia católico "entrega", "consagra", "ofrece", "da" a sus hijos a la Virgen, los pone bajo su protección desde el momento en que están en el seno materno. Es muy bello ver cómo muchas madres de familia consagran a sus niños a la Madre de Dios y cultivan en sus corazones el amor a María Santísima. Tristemente, en los países descristianizados, esa práctica se ha perdido. Hay que recuperarla.
La tercera recomendación es ofrecer "vigilias" de oración por los hijos. La palabra "vigilia" hace referencia a las oraciones que el Señor pide "durante la noche". Son oraciones especialmente poderosas ante los ojos de Dios porque conllevan el sacrificio del sueño. Cuando se quiere obtener algo muy preciado, se recurre a la oración insistente durante la noche. La Llama de Amor busca que esta costumbre cristiana que hemos recibido del Antiguo Testamento se mantenga viva. El modelo que Jesús nos presenta es su propia Madre, que "pasó muchas noches en vela orando". Jesús pide "vigilias familiares de oración".
Otro dato interesante en este párrafo es la presencia de SAN JOSÉ como Patrono de la familia. Es el cuarto consejo de Jesús a Isabel. La devoción al Santo padre adoptivo de Jesús debería ser determinante en la vida de cada hogar. El punto que resume esta intervención del Señor es que los padres de familia son los pastores de su pequeño rebaño y deben "conducirlos" a Jesús. Bello programa de oración para los días martes.
42. TE ESCOGÍ PORQUE ERES MADRE
Isabel Kindelmann es ante todo una madre. Proviene de una familia numerosa. Fue muy probada por la pobreza, la enfermedad, la muerte de sus padres y de sus doce hermanos. Experimentó en alto grado lo que significa ser huérfana y sola. Su padre, de origen protestante, se convirtió a la fe católica. Isabel fue una joven piadosa, perteneció a la Tercera Orden del Carmelo y recibió el matrimonio como una gracia. Fue madre de seis hijos, perdió a su marido a los treinta y tres años; se quedó viuda y se consagró a sacar adelante a su familia en medio de grandes trabajos y sufrimientos. Solamente estudió hasta cuarto grado de primaria y trabajó como obrera en las fábricas.
La Virgen le dijo a Isabel: "...escogí a una madre para transmitir mis comunicaciones. Solo una madre es capaz de sentir Conmigo." "Compenétrate de esta vocación a la cual fuiste elevada por tu sola dignidad de madre. La dignidad maternal es a la vez una vocación saturada de sufrimientos y es esta que yo comparto contigo" (DE 257). "Tú también eres madre de una familia numerosa. Conoces todas las penas y problemas de una familia a través de tus hijos... Has tenido y tienes muchos dolores a causa de tus hijos. Soportar todo esto es meritorio para ti y para cualquier madre de familia" (DE 132). "Solamente una madre es capaz de compartir verdaderamente Conmigo mis dolores. Yo ciertamente soy Madre Dolorosa; ¡sufro tanto a causa de las almas que se pierden! Tengo dolores que me torturan cuando miro el sufrimiento de mi Santo Hijo. No te ahorres ninguna fatiga, sé tú mi eterna compañera para ayudarme a llevar mis sufrimientos. Esto es lo que te pido a ti" (DE 133).
Es la Virgen quien escoge a Isabel para entregarle la Llama de Amor. La razón de esta escogencia es que Isabel, aunque indigna, en cierta medida se ha hecho merecedora de esta vocación por su fidelidad y humildad al aceptar los sufrimientos propios de su maternidad. La Virgen le hace ver cuánto le agrada el empeño y la perseverancia que ha puesto en sacar adelante a su familia. "...no eres presumida. Es por eso que me incliné a ti. Yo, la Madre de la Misericordia, la más excelente de mis gracias, la confié a ti: entregar mi Llama de Amor a los demás."
El hecho de que Isabel sea madre de familia numerosa le hace conocer "todas las penas y problemas de una familia. Soportar todo esto es meritorio para ti y para cualquier madre de familia" (DE 132-133). Con estas palabras, la Virgen nos enseña que ser madre es una vocación que Dios da a la mujer, invitándola a participar en la obra redentora de su Santo Hijo, y que se trata de una vocación "saturada de sufrimientos" (DE 257).
A pesar de que la familia de Isabel vivía una práctica católica tradicional, la Virgen le dice: "Hay muchas familias en tu país como la tuya: muy frías."
A éstas y a las demás quiero llenarlas de calor con la Llama de mi Corazón. Veo que tú lo comprendes mucho porque vives tú también la misma realidad. Por eso sientes Conmigo, te angustias conmigo (DE 133). La gracia de la Llama de Amor va dirigida a las familias y, en especial, a las madres. Es una llamada que María les hace para que asuman su maternidad en unión íntima con la Virgen Dolorosa. En este mundo moderno en el que vivimos, ateo, laicista e indiferente a los designios divinos, nos cuesta muchísimo entender la visión cristiana de la familia. Cada "feminismo" ha ofrecido su propio modelo de "mujer", de "madre", de "familia", de "matrimonio".
La divina Revelación va a la raíz del problema del hombre y de la mujer y nos dice que la causa del fracaso del ser humano es "el pecado", el rechazo al Plan de Dios. La mujer cristiana y la familia cristiana tienen que ir contracorriente. Eso significa mucho sufrimiento porque el mundo, el demonio y la carne se confabulan para imponer sus criterios por todos los medios. El mensaje de la Virgen a las mujeres, y especialmente a las madres, es verdaderamente revolucionario: "Con mi Llama de Amor quiero reavivar otra vez el amor en los hogares, quiero mantener unidas a las familias en peligro de dispersarse. Que sean ustedes las más numerosas posibles porque así muchas almas se unirán a mi Llama de Amor. ¡Ayúdenme, ya que solo de ustedes depende que esta Llama se encienda!" (DE 89) "Confía ya por fin en mi poder maternal con el cual cegaré a Satanás y liberaré al mundo de la condenación" (DE 204).
43. LA HUMILDAD DEL APÓSTOL DE LA LLAMA DE AMOR
La Virgen María insiste con urgencia para que Isabel y los que la rodean pongan en marcha su gran proyecto de la Llama de Amor. En el corazón de Isabel Kindelmann hay un gran conflicto: experimenta, por un lado, la presión que María Santísima ejerce con su urgencia y, por otro lado, su pobreza de medios para responder a esta llamada que la sobrepasa. Además, el demonio azuza en su alma dudas y pensamientos confusos que causan en ella "tormentos... terribles" (p. 140-141). "¡Es una tortura espiritual terrible! ¿Quién podría liberarme de ella? Sin embargo, no hay quien me comprenda; ¡en vano lo contaría a alguien!" (p. 141).
Pongamos ahora nuestros ojos en un episodio muy importante para todos nosotros, que queremos obedecer el mandato de la Virgen María de propagar la gracia de la Llama de Amor. Está en los párrafos correspondientes al 16 y 17 de diciembre de 1962 (p. 140-141). Nuestra Señora manda a Isabel a su Santuario de Maríaremete (Ermita de María) a transmitir la Llama de Amor a un sacerdote. Éste le confiesa a Isabel que "no entiende" las comunicaciones. Isabel se extraña y se duele de que el sacerdote no comprenda la gracia de la Llama de Amor. En su afán de que el padre acoja la gracia, Isabel experimenta el deseo de explicársela y nos confiesa: "... hubiera querido decir palabras elogiosas sobre la Llama de Amor de la Santísima Virgen, pero en vano me esforzaba, no llegó ningún pensamiento a mi mente, ni ninguna palabra a mis labios".
Al día siguiente, la Virgen le dice: "¿Por qué te esforzaste, hijita mía? ¿Por qué quisiste hablar con palabras elocuentes a favor de mi Llama de Amor? Ten ante tus ojos para lo que estás destinada, que es sufrimiento, y recuerda las palabras de mi Santo Hijo, quien te dijo: ¡Comprométete al sufrimiento y sacrífícate sin descanso! Tus sufrimientos no son vanos, pero no te toca a ti preocuparte quién comprenda mi Llama de Amor. Tú, pequeño instrumento, no te sorprendas de que no pudiste hablar con palabras elocuentes. QUIEN ACTÚA, SOY YO. SOY YO QUIEN ENCIENDO LA LLAMA DE AMOR EN EL FONDO DE LOS CORAZONES. Fui Yo quien contuvo tus palabras y quien oscureció tu mente. No quise que la presunción se anide en tu alma; esa hubiera sido una falta grave. Tú, pequeño instrumento, entra ya en razón y sé enteramente humilde. Eres instrumento en nuestras manos. Te cuidamos y no permitimos que el pecado se acerque a ti. En las tentaciones, ten cuidado, porque el maligno se aprovecha de cada ocasión a fin de hacer tambalear tu humildad" (p. 141).
Grandiosa enseñanza para todos nosotros. Hay que trabajar por la Llama de Amor, "como si todo dependiera de nosotros", pero sabiendo que en realidad, quien enciende la Llama de Amor no somos nosotros, sino que es la Santísima Virgen María. Todo depende de la gracia de Dios. La humildad debe ser la principal característica del apóstol de la Llama de Amor.
Huir de todo protagonismo. Podemos hablar de la Llama de Amor, pero QUIEN LA ENCIENDE ES LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA. Nuestra Señora nos da la pauta de la fecundidad: "¡Comprométete al sufrimiento y sacrifícate sin descanso!". Humildad, sacrificio, sufrimiento son los medios que María nos da para que la Llama se extienda. Simplemente: no somos más que pobres instrumentos.
Esta enseñanza es de gran valor para aquellos padres de familia que anhelan que todos los hijos y demás miembros de su hogar "ardan en el fuego de la Llama de Amor". Se dan cuenta de que los hijos no la entienden y la rechazan. Es un gran consuelo saber que, si los hijos no comprenden ni aceptan la gracia, Nuestra Señora sí puede, en un momento dado, tocar esos corazones endurecidos y encenderlos. Vale más orar mucho, sacrificarse mucho, aceptar con humildad las dificultades y cruces que el Señor permite en nuestras vidas. El Señor aceptará esos dolores y, por nuestra intercesión, nos concederá la gracia de su conversión. Esto no significa que nos vamos a quedar con los brazos cruzados pretextando que solamente la Virgen puede encender la Llama de Amor. Al contrario, nos vamos a esforzar por preparar el terreno a Nuestra Señora, informando, enseñando, compartiendo y testimoniando acerca de la Llama de Amor.
44. LA NOCHE OSCURA
Isabel inicia su diario compartiéndonos su NOCHE OSCURA. Ella sufre intensamente una situación desesperante. Está viuda, con seis hijos, en gran estrechez económica. Es una mujer sola, obrera en Hungría, un país bajo el dominio comunista. Rechazada por su fe, la corren de los trabajos porque es cristiana practicante. Trabaja hasta catorce horas para poder mantener a sus hijos. Esta actividad onerosa mina poco a poco su vida espiritual y llega un momento en que está desbordada por la situación. Cae en una fuerte depresión. Y en ese momento se presenta el Tentador, quien la molesta continuamente, obsesivamente. Quiere que abandone su vida espiritual, que viva su vida sin Cristo, fuera de Cristo. Qué fácil hubiera sido para Isabel llevar una vida sin las exigencias de la fe. Ella es una mujer de fe.
Sin embargo, la situación la va conduciendo a una oscuridad interior desesperante, a una noche oscura. No sabía qué hacer, cómo comportarse, cómo seguir adelante. Dios parecía haberla abandonado. La vida cristiana le parecía sin sentido. La fe, que antes había sido para ella la inspiración y la fuerza para vivir, ahora le parecía vacía. Ya no le atraía nada. San Juan de la Cruz llama a esta situación LA NOCHE OSCURA DEL ALMA. Es un tiempo de inmenso dolor. En estas primeras páginas del diario, vemos cómo Dios actúa para purificarla de sus pecados. La va preparando para un encuentro personal con Él mucho más íntimo y para la misión que le confiaría más tarde. Muchas personas en matrimonio entran en la noche oscura y no se dan cuenta. Es un período muy peligroso si no se tiene una buena guía, porque en la oscuridad uno puede despeñarse. Si no hay una apertura al Director Espiritual o al Confesor, la estrategia satánica termina por triunfar.
Isabel hubiera podido decir: "Dios no me quiere, Dios me ha abandonado, Dios es un ingrato conmigo. Pues lo dejo, lo abandono y hago de mi vida lo que me dé la gana". Mucha gente vive resentida con Dios porque no han comprendido el actuar de Dios. En la vida en general, pero sobre todo en la matrimonial, con frecuencia se presentan circunstancias muy dolorosas y terribles. Isabel supera esa crisis espantosa por una fe más viva. En vez de huir de la cruz, se abraza a la cruz. Acepta su dolor con humildad y el Señor la premia introduciéndola en lo que se llama la vida mística. Muchas personas, cuando se encuentran con el dolor, en vez de escuchar la voz del Señor, escuchan la voz del Demonio. En este diario vamos a ir viendo cómo Satanás se coloca al lado de Isabel para irle inspirando lo contrario de lo que el Señor le inspira. Isabel, guiada por la voz de Jesús y de María, aprenderá pronto a discernir cuándo es la voz de Dios y cuándo es la voz del enemigo. El diario es una verdadera escuela de discernimiento espiritual.
Diario Espiritual del Inmaculado Corazón de María
45. El DIARIO ESPIRITUAL: UNA JOYA DE LA ESPIRITUALIDAD CRISTIANA
Podemos considerar el Diario Espiritual de Isabel Kindelmann como una verdadera joya de la espiritualidad cristiana, digno de figurar junto a los escritos de notables místicos de la época moderna, como Santa Margarita María Alacoque, Santa Teresita del Niño Jesús, Santa Faustina, Santa Isabel de la Trinidad, Beata Catalina Emmerich, Josefa Menéndez, María Valtorta, Luisa Piccarreta, Conchita Cabrera de Armida, etc. Fue escrito entre los años 1961 y 1981, en Budapest, Hungría. Isabel es una auténtica mística para nuestros tiempos. Tiene muchísimo que enseñar a los cristianos modernos: como mujer, esposa, madre abnegada de seis hijos, viuda, obrera, feligresa comprometida con su parroquia, admirable testigo del combate espiritual contra el mundo de las tinieblas. Mientras los "sabios de este mundo" niegan la existencia del Demonio, aparece una frágil y sencilla madre de familia, portadora de un mensaje que revolucionará la espiritualidad de los cristianos modernos aletargados por las ideologías ateas: "Satanás quiere reinar en las familias para condenar al mayor número posible de almas", pero "Yo cegaré a Satanás con la Llama de Amor de mi Inmaculado Corazón". Esta es la gran promesa de María Santísima para el mundo de hoy.
El Diario es como una gran catequesis que nos recuerda todos los aspectos fundamentales de la vida del cristiano. Si queremos asimilar adecuadamente las enseñanzas de la Llama de Amor, no es suficiente abrirlo al azar para encontrar párrafos que nos edifiquen. Debemos leerlo desde el inicio hasta el final y después, con la ayuda del índice y de los comentarios, ir profundizando personalmente y en los Cenáculos aquellos párrafos que nos interesan. Aunque Isabel nos comparte numerosas experiencias, sus escritos no constituyen una autobiografía. Ni siquiera podríamos decir que se trata de un diario sistemáticamente llevado. Ella experimentaba una gran repugnancia a poner por escrito su vida interior. Si lo hace, es por pura obediencia a Jesús. En medio de su ajetreada vida de madre de familia y abuela, sometida a tantas tensiones, apenas si encuentra tiempo y sosiego para poner por escrito sus experiencias íntimas. Escribe cuando puede. Deja pasar los días, las semanas, los meses y los años sin abrir sus cuadernos. Se le olvida escribir. Y el Señor tiene que insistir para que ponga por escrito sus palabras. De hecho, el Diario solamente abarca los años 1961 a 1966. Después, nada más tenemos algunos párrafos salteados de 1971, 1975, 1977, 1980 y 1981. La última comunicación es del 12 de diciembre de 1981. Isabel muere en 1985. ¿Qué habrá pasado en su alma en todo ese tiempo tan largo de silencio? Nos hubiera gustado acompañarla en ese extraordinario caminar de su vida mística. Lo que nos ha dejado escrito es suficiente para que la gracia de la Llama de Amor pueda inflamar toda la tierra y liberar a la humanidad de la opresión satánica. Isabel es como una violeta escondida, y a los biógrafos tocará la tarea de poner en evidencia su perfume.
46. AMAR ES BUSCAR EL BIEN SUPREMO DE LA PERSONA AMADA
El 10 de abril de 1962, el Señor dice a Isabel Kindelmann que los lunes ore por las ánimas del purgatorio y el martes por la familia. Estos dos días están íntimamente relacionados. Difuntos y vivos deben estar permanentemente presentes en nuestras oraciones, ayunos, vigilias, comuniones espirituales y sacramentales. El padre de familia debe "ser muy responsable para con su familia". "Debes conducirlos a Mí...". La primera responsabilidad de los padres es la de "pastorear" a sus ovejas, conduciéndolas como el pastor conduce su rebaño hacia Cristo.
Muchos padres de familia han olvidado esto. Se preocupan de lo material pero no de la salvación eterna de los suyos. El amor verdadero consiste en BUSCAR EL BIEN SUPREMO DE LA PERSONA AMADA. ¿Y qué es el BIEN SUPREMO? La salvación eterna; llegar a contemplar el rostro de Cristo. La Gracia de la Llama de Amor va dirigida a restaurar la familia cristiana. En estos dos párrafos dedicados a orar por los difuntos y por los vivos, el objetivo es el mismo: conducir a los miembros de la familia a Jesucristo. Los medios son los mismos: "pide ininterrumpidamente mis Gracias para ellos". Vemos cómo Jesús va formando el corazón y la mente de Isabel para que pueda cumplir cabalmente su vocación de madre de familia.
El Diario es una escuela para los padres de familia. María y José no pueden faltar en la familia cristiana. Por eso, vemos las dos alusiones: Jesús pide a Isabel que invoque a la Virgen María y ofrezca cada uno de los miembros de su familia a la Virgen para que Ella los tome bajo su protección. Por otro lado, Jesús le pide a Isabel que invoque todos los días a San José, Patrono de los padres de familia: "te ayudará con alegría y así tenemos la causa ganada". Es interesante ver que el cielo y la tierra se unen para lograr la gran causa de Jesucristo: la salvación de todos los miembros de la familia. Hasta que las almas de sus difuntos lleguen al cielo, podemos decir que esa familia ha cumplido su vocación y responsabilidad.
Hay familias que no han captado todavía el porqué de su existencia. No entienden su historia como familia. Viven solamente el presente material y no se sienten vinculadas de manera apostólica a sus antepasados y a los vivos. No han comprendido que, en el Plan de Dios, la familia es el instrumento ideado por el Creador para llenar el cielo de "santos". El peor fracaso de una familia es que alguno de sus miembros se condene por toda la eternidad. La mayor felicidad y gloria para los papás será que todos los hijos lleguen al cielo.
Estos son los valores cristianos fundamentales. Si quienes se casan no los tienen claros, van a fundar una familia "según sus ideas personales", pero no según la voluntad de Dios.
¿Cuántos padres de familia se sienten, y con gran razón, orgullosos de presentar a sus hijos como triunfadores en esta vida? "¡Todos mis hijos son profesionales!" decía un papá con una satisfacción inmensa. Pero no basta con que tus hijos sean triunfadores en esta vida; es preciso que triunfen en "la carrera a la vida eterna".
Si quieren ser "buenos pastores" de su pequeño rebaño, los padres de familia deben, en primer lugar, formar en sus vástagos la Fe Católica. Esto les permitirá tener los criterios claros para caminar sin tropiezos por el camino que conduce a la vida eterna. Este es el principal deber de un padre de familia. No tendremos éxito si queremos forzar u obligar a los hijos a "comportarse" moralmente. Eso brota del corazón. Aquel que ha vivido desde niño de manera integral los valores cristianos en el seno del hogar los vivirá gustosamente de adulto. La tarea principal de los padres de familia es la de ser "buenos pastores" que formen el corazón de sus hijos en el amor a Dios.
Los días martes de cada semana será en el ordenamiento que amar significa: Jesús da a Isabel un permanente recordatorio de su principal deber: pastorear a sus hijos en la santidad.
47. ¿SUFRE DIOS?
Por primera vez aparece la Santísima Virgen en el Diario. Isabel dice: "Después de poco tiempo oí la dulce voz en el silencio de mi alma". Una pregunta se nos impone: ¿Será en verdad la voz de la Virgen o imaginación que sufre Isabel? ¿Puede la Virgen hablarnos?
No hay ningún impedimento para que la Virgen pueda hablarnos en el interior de nuestra alma. Ella nos contempla en Dios y se comunica con nosotros por voluntad de Dios. En definitiva, la voz de María Santísima es una comunicación espiritual que se nos hace por voluntad y permisión de Dios. Los ateos no hablan con Dios; hablan consigo mismos. Los protestantes hablan con Dios, pero no hablan con la Virgen ni con los santos, porque su manera de pensar les impide abrir esa maravillosa puerta del diálogo con la Madre de Dios y nuestros hermanos del cielo. Los católicos hablamos con Dios, con la Virgen, con los ángeles, con los santos, con nosotros mismos, y evitamos hablar con el Diablo.
Me llama la atención, a lo largo de los escritos de Isabel, cómo el corazón de la Virgen María y de su Hijo son corazones "humanos". Tenemos la idea de que María Santísima y Jesús, por estar en el "cielo", no sienten. ¿Acaso el hecho de estar en el cielo convierte los corazones de los santos en corazones de "plástico", insensibles al dolor? Si así fuese, dejarían de ser corazones humanos. No podemos explicar a cabalidad lo que significa la "visión beatífica", o en otras palabras, "estar en el Cielo". Es algo que nos sobrepasa.
La teología nos enseña que el alma que ha llegado a contemplar el rostro de Dios no sufre. Ya no hay dolor como consecuencia del pecado. El dolor es un mal que proviene de nuestro alejamiento de Dios. ¿Será, pues, que la Virgen y Jesús nos engañan cuando expresan sufrimiento, llanto y dolor en sus apariciones? ¿Será puro teatro de la parte de Jesús y de María Santísima para que nos portemos bien? ¿Un chantaje, muy santo, pero al fin y al cabo un chantaje? No podemos pensar de esa manera. Donde hay amor, y éste no es correspondido, hay un sentimiento que podemos calificar de sufrimiento.
¿Será un mal el sufrimiento? El pecado es el mal verdadero. Podemos sentirnos felices, ser felices y experimentar el sentimiento del dolor por el ser amado que rechaza los medios para ser feliz. El que ama sufre cuando el ser amado no es feliz. El corazón que ama experimenta una sensación de tristeza, sobre todo si se trata de un padre de familia que ha hecho por sus hijos todo lo posible e imposible para que sean felices, y éstos no quieren tomar los medios para serlo. En el Antiguo Testamento hay pasajes, como en el profeta Oseas, donde se nos descubre el corazón de Yahvé abrumado por el dolor. En el Diario de Isabel se transparenta este misterioso dolor de Dios por el pecado del hombre.
En cierto sentido, Dios sufre, el Corazón de Jesús sufre, la Virgen sufre, los santos sufren, los ángeles sufren; el Cielo entero sufre cuando nosotros no amamos a Dios como Él se lo merece. En el amar a Dios sobre todas las cosas está la felicidad del ser humano. En el Diario Espiritual nos encontramos con dos corazones tan perfectos en el amor que se expresan con toda la gama de las emociones humanas. El Corazón de Jesús y el de María son total y perfectamente humanos, vulnerables como los nuestros ante el dolor. Por el contrario, nos vamos a encontrar con el Demonio.
¡Frío! ¡No tiene corazón! No siente. No ama. Solamente cabe como emoción en su naturaleza angélica deshonrada el odio. La Virgen inmediatamente lleva a Isabel a su Hijo: "Adora, repara a mi querido Hijo, muchas veces ofendido". Esas dos primeras palabras: "Adora y repara" se convierten para Isabel en el punto de referencia para discernir si las palabras vienen de la Virgen o del Demonio: éste nunca podría decir "adora y repara".
Tenemos algo que aprender: la Virgen nos lleva a Jesús, a adorarlo y a reparar las ofensas que se cometen contra Él. Satanás nos aleja de Jesús.
48. El DEMONIO ODIA A LA MUJER
El Demonio odia a la mujer porque toda mujer es "IMAGEN DE LA VIRGEN MARÍA". La estrategia de Satanás es conducir a la sociedad entera lejos de Jesucristo, socavando todas las instituciones que emanan del Plan de Dios. Entre ellas, la principal: LA FAMILIA. Por eso, la mujer en general es uno de sus objetivos más codiciados, ya que ella es la que genera la vida y, en definitiva, es el molde en que se fragua la familia. Tal mujer, tal familia. Detrás de una gran familia hay una gran mujer.
Una mujer que está bien evangelizada se convierte en la gran evangelizadora de su hogar, en la gran defensora de la familia, en la gran maestra de la fe de sus hijos y apoyo de la fe de su marido. Si la prioridad de la Iglesia es la evangelización de la familia, podemos decir que en realidad la prioridad es la evangelización de la mujer.
No se trata de reducir al hombre a un segundo plano o de negar su importancia, pero es necesario valorar el papel de primerísimo plano que Dios les ha concedido a las mujeres en la evangelización de los miembros de su propio hogar y, ante todo, de sus hijos. El evangelio se "mama". El recién nacido experimenta ya el amor en el vientre de su madre y de los pechos maternos recibe no solamente el alimento del cuerpo, sino también del alma. Tal mujer, tal familia, tal Iglesia.
El combate de los últimos tiempos se da entre LA MUJER y el príncipe de las tinieblas. Siguiendo el hilo de esta reflexión, quiero recomendarles la lectura del DIARIO ESPIRITUAL DE LA LLAMA DE AMOR DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA. Lo pueden leer en internet. En Google basta con pulsar "Llama de Amor..." para encontrar varias páginas en las que se encuentra. El Diario nos trae el testimonio de lo que durante veinte años vivió Isabel Kindelmann. Es importante porque el carisma propio de la Llama de Amor nos enseña a combatir la acción diabólica en la familia.
os cristianos hemos descuidado el "combate espiritual"; ese es el motivo por el que el mundo actúa desquiciado. El Demonio, desgraciadamente, no encuentra en las familias resistencia interna. Los miembros son como un ejército mal entrenado. Tenemos las armas, pero no las sabemos utilizar. La Gracia de la Llama de Amor nos enseña a combatir contra el Demonio, enemigo de nuestra salvación.
El primer fruto de esta Gracia es CEGAR LOS OJOS A SATANÁS. El Demonio queda ciego y no puede actuar con poder. Queda como congelado. Este Diario es una verdadera "escuela" de espiritualidad. Aprenderemos cómo piensan y sienten los Corazones Sacratísimos de Jesús y de María. Comprenderemos que toda familia debe llegar a convertirse en UN SANTUARIO DE LA LLAMA DE AMOR en el que Jesucristo sea el Centro y Señor.
En el Diario se nos propone un proceso de conversión de la familia guiado por el Espíritu Santo, tan sencillo que todo hogar puede seguir. Las prácticas de fe y de piedad tradicionales que fueron abandonadas son puestas en honor: oración personal y en familia; celebración dominical de la Eucaristía; participación en los sacramentos de la penitencia y comunión; ayuno, sacrificios; oración por los difuntos; adoración al Santísimo; Dirección Espiritual; vivencia de los mandamientos de la Ley de Dios, etc. La pieza maestra de este combate por la familia es la jaculatoria de la Llama de Amor, que se convierte en la espada de fuego que ciega los ojos del Demonio y le impide actuar.
49. LA IMPORTANCIA DEL SILENCIO INTERIOR
Este Diario es una escuela de espiritualidad. Es hermoso saber que nosotros, igual que Isabel, estamos en la "escuela del divino Maestro" (pág. 25). El Señor irá enseñando a Isabel cómo avanzar en la vida espiritual. Primeramente, señalo la CONVERSACIÓN INTERIOR que Jesús tiene con Isabel. No se trata de una conversación imaginaria, algo que Isabel realiza consigo misma, como cuando cavilamos y desdoblamos nuestro propio yo para conversar con nosotros mismos como si se tratara de otra persona. En ese caso, estamos conversando con nosotros mismos. No; aquí se trata de una auténtica conversación entre Jesucristo e Isabel. Algo que también debe suceder a cada ser humano que esté dispuesto a escuchar la VOZ DE DIOS. Dios nos habita. La Escritura nos lo dice a cada paso. Desde los primeros capítulos del Génesis, vemos esta realidad mística: Dios habla con Adán y Eva, es su amigo. Dios nos crea "PERSONAS", seres inteligentes, precisamente para que podamos conversar con Él. Los seres no inteligentes no pueden conversar con Dios.
El drama de este tiempo es que muchísimos seres humanos se han negado, por falta de fe, a conversar con Dios. Para que esa conversación sea de gran calidad, el Señor va a crear en Isabel las condiciones necesarias: el despojamiento de los afectos y el despojamiento de interlocutores vanos. En los afectos, la desprende paulatinamente de aquellas cosas que la absorberían; la vuelve pobre. En segundo lugar, le da un gran deseo de "silencio" interior. La vuelve "como ermitaña". "Jesús mío, aquí me tienes. Me he desprendido totalmente del mundo como era tu deseo. Para que nada en absoluto pueda interponerse entre nosotros dos". Gran lección para nosotros. Lo que nos impide conversar con Dios es la falta de silencio exterior e interior.
El Demonio ha creado una civilización del ruido para impedirnos hablar con Dios. Hoy todo es ruido: concupiscencia de los ojos y concupiscencia del oído. Nos cuesta amar el silencio porque, en definitiva, nos pone frente a Dios. Desde niños, estamos abocados a lo exterior de una manera abusiva. Esto hace que nos hayamos acostumbrado a hablar con nosotros mismos y a despreciar el silencio interior que nos capacita para "escuchar" al Señor.
Hastiados de esta civilización del ruido, mucha gente se ha engañado y ha ido a buscar en el Tíbet, en la civilización budista, el "silencio" que no han podido encontrar en Occidente. Tremendo engaño, porque el silencio que está en la base del budismo es un silencio que no nos pone frente a un Dios "PERSONA", sino ante un "panteísmo". Por lo tanto, no puede haber allí conversación, sino contemplación del propio yo.
En el Diario Espiritual, Jesús nos va a llevar a descubrirlo vivo dentro de nosotros mismos, a un verdadero diálogo con Dios. Esto ya es un primer tesoro que sacamos de su lectura. Es posible escuchar a Dios si nos desprendemos del ruido exterior e interior. Es posible hablarle a Dios. Dios HABLA SIN PALABRAS, de manera silenciosa. Lo más importante es SABER ESCUCHAR EL SILENCIO DE DIOS. Eso es lo que se llama en la espiritualidad cristiana la "CONTEMPLACIÓN". El Diario es una "escuela de contemplación".
Una frase que me llama la atención es: "Sí, contestó tristemente (Jesús), pero como tienen tanta prisa, no me dan tiempo para entregarles mis gracias". Isabel le había dicho a Jesús: "¿Te alegras, Jesús mío, de cuántas almas devotas han llegado a Ti?". El Señor se queja de que tantas almas devotas se acercan a Él de manera precipitada y no reciben las gracias magníficas que ÉL les había preparado porque NO LE DAN TIEMPO A DIOS.
Si queremos avanzar en el camino de la vida espiritual, tenemos que despojarnos materialmente, como Isabel, de muchas pertenencias inútiles que nos quitan el tiempo; de muchas cosas exteriores que son como el ruido que nos impide escuchar a Dios; y de la costumbre de estar "hablando con nosotros mismos". Así podremos oír la voz de Dios y hablar con Dios.
50. JESÚS SE QUEJA DE LA FRIALDAD DE NUESTROS CORAZONES
Continuamos hoy comentando este largo apartado que nos deja ver unas pinceladas del Corazón de Jesús. "¿Sabes cómo te estaba esperando con el corazón oprimido? ¡Ves que solo me encuentro! Si tú no vinieras, me encontraría enteramente huérfano. Tú también, hijita mía, eres huérfana y conoces qué amargo es sentir la orfandad" (DE43). Jesús se siente "huérfano"... ¡qué misteriosa suena esta expresión! Jesús huérfano. La condición de orfandad implica para todo niño la sensación de haber perdido algo básico, elemental: el sentirse solo, sin apoyo, abandonado. No tener al padre y a la madre como refugio. Carecer de las ternuras y consuelos que provienen de la madre. Sentirse sin protector ni guía. Es una condición que marca para siempre el alma del niño y del adulto. La orfandad a menudo engendra inseguridad en la vida y amargura.
"¿Quiénes son mi Madre y mis hermanos?", se preguntó Jesús un día en el que la muchedumbre se agolpaba para escucharlo. Y, pasando la vista alrededor, dijo: "Éstos son mi Padre, mi Madre y mis hermanos. ¡Aquel que hace la voluntad de Dios, ese es mi Padre y mi Madre y mis hermanos!" Jesús plantea la vida cristiana como la vida en familia. No está pidiendo que lo consideremos como un miembro vivo de nuestro hogar, sino como el miembro más importante de la familia.
La realidad es que Jesús se siente huérfano cuando nosotros no lo tomamos en cuenta en nuestra vida. Cuando nos dice que se siente como huérfano, solo y abandonado, nos está revelando su corazón. Es una revelación que Él nos hace de sus más íntimos sentimientos. Se siente de verdad abandonado por nosotros. Nos comparte con sinceridad lo que siente en su corazón.
¿Cómo se siente un huérfano que vive en la calle? Desolado, entristecido, rechazado, despreciado. ¿Cómo se siente aquel huérfano que ha sido vinculado a otra familia y no es sinceramente acogido por ella? Está "por demás", como algo "accesorio", "sin importancia", "soportado pero no amado" y con cierta frecuencia, rebajado de su condición de persona, reducido a una "cosa". "¡Qué amargo es sentir la orfandad!" le dice Jesús a Isabel, quien experimentó con la muerte de su madre la total soledad. La historia familiar de Isabel fue muy dura. Su padre murió a consecuencia de la terrible guerra de 1914-1918. Prácticamente no lo conoció; era muy niña. Vivió en una gran pobreza. Era la más pequeña de doce hermanos. Sus hermanos mayores van muriendo.
Cuando tenía doce años, muere su madre. Se queda con la única hermana mayor que sobrevive; al poco tiempo, también muere su hermana. Se va a vivir con una tía materna, y al poco tiempo, también muere ésta. Tiene que huir de esa familia porque se siente una extraña, y regresa a Budapest, donde no tiene quien la acoja. Va a vivir en la calle, ¡una niña de doce años! ¡Qué valiente! Tendrá que "trabajar" ganando una miseria para no morirse de hambre. Esos años de su adolescencia fueron de dolor y combate; forjaron el alma de Isabel y le dejaron un carácter recio, fuerte, luchador y perseverante que deberá dominar. Dios permitió todo esto en la vida de la Sierva de Dios para volverla fuerte y prepararla para esa vocación del combate espiritual contra Satanás.
La enseñanza que el Señor nos da es muy clara: experimenta de nuestra parte una gran frialdad y olvido. La Virgen le dirá a Isabel que en Hungría hay muchas familias "muy frías", como la suya. El gran efecto de la Llama de Amor es "incendiar las familias" con el fuego del Espíritu Santo. Hacer pasar los corazones fríos e indiferentes de los cristianos a una actitud de verdadero amor a Dios. Esa frialdad se manifiesta en el descuido de la presencia del Señor en la Eucaristía.
51. ¿POR QUÉ DECIMOS QUE LA LLAMA DE AMOR ES UN "INSTRUMENTO DE VICTORIA"?
Al leer y reflexionar el Diario Espiritual, nos damos cuenta de que en nosotros y a nuestro alrededor se desarrolla un combate entre dos llamas: la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María y la llama del odio de Satanás. La llama de Satanás ciega nuestra inteligencia y nuestro corazón. Ese es el objetivo primero del Demonio: impedirnos pensar correctamente e impedirnos amar. La mente y el corazón quedan ciegos y perturbados. La persona confunde el bien con el mal. Isabel Kindelmann experimenta esta ceguera inducida por la acción diabólica: ella experimenta pensamientos terribles, gran confusión, gran incertidumbre, sensación de angustia, falta de paz, etc. Si en estas circunstancias no estamos ayudados por la Gracia de Dios, sucumbimos al "embrujo diabólico". Todos experimentamos de alguna manera estos momentos terribles del asedio demoníaco. Nos sentimos arrastrados, "forzados" por las ideas y los sentimientos. San Pablo nos dice: "Hago el mal que no quiero y no hago el bien que quiero hacer" (Romanos 7:19-25).
Infinidad de personas experimentan la ceguera de las obsesiones; ataduras que son más fuertes que nuestra voluntad. Nos sentimos incapaces de vencerlas. El alcohólico no puede resistir la atracción del licor; el adúltero no puede deshacerse de la pasión que lo arrastra hacia otras mujeres; el homosexual se siente arrastrado hacia personas del mismo sexo; el adicto a las drogas, igual; el criminal siente el corazón lleno de un odio tan terrible que solamente respira venganza y muerte; el ladrón pasa por encima de todas las normas de respeto al bien ajeno, etc. ¡Esa es la acción diabólica! Satanás ha cegado nuestra inteligencia y corazón.
Es en este terreno donde actúa la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María. Su objetivo es doble: ¡CEGAR LOS OJOS DE SATANÁS! e ¡ILUMINAR LOS NUESTROS! Satanás queda ciego cuando la Llama de Amor lo embiste. Pierde fuerza y poder. Suelta la presa. La Virgen quebranta su cabeza, lo somete, le corta las garras y la cola; lo expulsa y lo estrella contra la Cruz de su Hijo. Satanás huye vencido, hasta la próxima ocasión. La Virgen ilumina nuestra inteligencia y enciende en nuestro corazón el amor a Dios; nos da la paz en medio de la tormenta y la esperanza de la victoria en medio de la lucha encarnizada.
La oferta que la Virgen María hace a los padres de familia es el "efecto de gracia de su Llama de Amor". Su poderosa intervención les ayudará a combatir la presencia ineludible de Satanás contra su familia. El problema de los matrimonios es que han hecho a un lado a Jesucristo. Sobre todo los hombres. La enseñanza "laica" ha enfriado hasta tal punto los corazones, que ya están "programados" para llevar una vida "sin Dios". Piensan que no tienen necesidad de la Gracia de Dios. Se creen autosuficientes. Esa es la ceguera que Satanás provoca: hacernos creer que somos capaces, por nuestras propias fuerzas, de lograrlo todo. Y así se comienza el matrimonio: sin Dios y sin Cristo, con un barniz de religiosidad popular, pero sin verdadera fe. Se construye una familia en la que Cristo NO ES EL CENTRO, sino un estorbo incómodo al cual se le dan unas migajas.
a Llama de Amor no es simplemente una devoción, sino que además es un "instrumento de victoria"; o digámoslo de otra manera: "es una devoción que, llevada hasta sus últimas consecuencias, derrota al demonio dejándolo ciego e impotente para destruir la familia".
El Movimiento de la Llama de Amor tiene esa vocación: la de descubrir a los padres, en primer lugar, el "efecto de gracia" que la Virgen nos ha obtenido del Padre Eterno para detener la furia satánica contra la familia. Es necesario recuperar la fe viva en la poderosa intercesión del Inmaculado Corazón de María para que podamos experimentar el "cegamiento de Satanás". Eso se logra pidiendo a la Virgen María que lo ciegue con la jaculatoria: "Derrama el efecto de gracia de tu Llama de Amor sobre toda la humanidad".
De igual forma, la oración: "Que nuestros pies vayan juntos..." es un instrumento en nuestras manos porque, colaborando de esta manera Conmigo, Satanás también por ello se quedará ciego y, por su ceguera, las almas no serán inducidas al pecado" (p. 60).
Oración que expresa los anhelos de nuestro Señor Jesucristo:
"Que nuestros pies vayan juntos, que nuestras manos recojan unidas, que nuestros corazones latan al unísono, que nuestro interior sienta lo mismo, que el pensamiento de nuestras mentes sea uno, que nuestros oídos escuchen juntos el silencio, que nuestras miradas se compenetren profundamente, fundiéndose la una en la otra y que nuestros labios supliquen juntos al Eterno Padre para alcanzar Misericordia".
52 ORACIÓN PARA CEGAR A SATANÁS
QUE NUESTROS PIES VAYAN JUNTOS
Por medio de ellos avanzamos, caminamos, escalamos: los pies y las piernas nos llevan adelante. Jesús sanó a muchos tullidos, cojos y paralíticos, pero nos dijo que si nuestro pie nos escandaliza, es mejor cortarlo. Es preferible entrar en el Reino de los Cielos cojos antes que ser arrojados al infierno con los dos pies y las dos manos intactas (Mt 18:8; Mr 9:45-46). El primer paso para derrotar a Satanás es vivir íntimamente unidos a Jesús. Y para lograr esto, es necesario que renunciemos a caminar solos a lo largo de nuestra vida.
El mundo, el demonio y la carne nos engañan haciéndonos creer que nos "realizamos" cuando hacemos "lo que nos da la gana". Nos imaginamos que el camino de la felicidad es hacer nuestra propia voluntad. En el Diario Espiritual, la gran enseñanza de Jesús es que "hacer la voluntad de Dios" es el único camino para que el hombre sea feliz y se realice como ser humano. Isabel dijo un día a Jesús que la "atase a sus pies", y Jesús le cumplió el deseo. A partir de entonces, participará de una manera más profunda en los sufrimientos del Señor. "El camino al Gólgota no fue sin tropiezos. Yo también tuve que abrirme camino a duras penas. Tú ahora vienes conmigo al Calvario. Este es el camino de las humillaciones. Nuestra querida Madre también viene con nosotros y comparte contigo sus dolores" (DE167).
Seguir a Jesús con nuestros pies atados a los suyos es la esencia del cristianismo. Es necesario renunciar a hacer "nuestro propio camino", a ser independientes de Dios, de Jesús. Los primeros discípulos llamaron al Evangelio "el Camino". Querían poner en evidencia que las enseñanzas de Jesús no eran teoría y conocimiento meramente intelectual, sino práctica: el seguimiento de Jesús, la imitación de Cristo. La meta de este seguimiento es la Vida Eterna, pasando por el Calvario.
Desde el primer encuentro con Cristo hasta el último suspiro del discípulo, ese seguimiento del Maestro será para la inteligencia humana completamente desconcertante. Mientras que los otros maestros proponen a sus seguidores la felicidad en esta tierra, Jesús la pone más allá de la muerte, en el Cielo. Para lograr esta meta, exige que abracemos la voluntad de Dios y renunciemos a hacer nuestra propia voluntad. "El que quiera venir en pos de Mí, que cargue con su cruz y que me siga". En la cruz, los pies de Jesús y del discípulo estarán juntos, atravesados por los mismos clavos.
El objetivo del seguimiento de Cristo no es conseguir la propia felicidad en esta vida, sino la salvación de la propia alma, de las almas de nuestros familiares y de toda la humanidad. "No vine a salvar a los justos, sino a los pecadores. Por eso sufrí una muerte cruel. Por eso te escogí a ti también, para que fueras de mis colaboradores en la redención. ¡Sufre conmigo hasta el martirio!" (DE178).
El problema del mal, del dolor, del sufrimiento en el mundo es el más desconcertante: ¿por qué existe el dolor, y especialmente el sufrimiento de los inocentes? Mientras no comprendamos que el pecado (la propia voluntad del hombre que se aparta de la voluntad de Dios) es la causa del mal y del dolor, viviremos desconcertados y aturdidos. Dios transformó el sufrimiento causado por el pecado en el camino de la salvación de la humanidad pecadora.
Comprender y aceptar con amor el sufrimiento que Dios nos manda es uno de los puntos más importantes del seguimiento de Cristo: "Tengo que hacerte un manso reproche", dice Jesús a Isabel, "¡Cuánto te cuesta comprender el valor y el sentido de tus sufrimientos! Sin embargo, el sufrimiento es verdaderamente meritorio solo si el alma lo acepta con plena entrega de sí misma" (DE178).
El gran obstáculo al seguimiento de Cristo es precisamente la Cruz. Si no existiera la Cruz, todos quisieran seguir a Jesús. La Cruz es el centro del Evangelio, y son muy pocos los que quieren cargarla como se debe. Muchos se dicen cristianos, pero en realidad viven como paganos porque rechazan en sus vidas el sufrimiento que Dios ha puesto sobre sus hombros, su cuota de participación en la Cruz de Jesús. Cuando se comprende, por la gracia del Señor, el infinito valor que tienen nuestros sufrimientos, la vida cambia por completo y el dolor de cada día se convierte en una gran bendición.
La primera lección que recibirá Isabel será renunciar a hacer su propia voluntad para hacer la voluntad de Dios. "Renuncia a tu voluntad, hija mía. Te pido esto tantas veces porque solo puedes participar en mi obra redentora si totalmente y sin interrupción vives unida a Mí en cada momento" (DE40).
Solamente es verdadero discípulo de Cristo el que acepta cargar amorosamente la Cruz que el Señor, en su infinita sabiduría, le ha destinado para su propia salvación y la de los suyos. Esta disposición fundamental de la vida cristiana se debe vivir en familia. La familia entera debe caminar íntimamente unida a Jesús, haciendo todos juntos la voluntad de Dios. Aquí está el trabajo de los progenitores, que son los verdaderos "pastores de su pequeño rebaño". Los padres deben discernir el camino de santificación de su propia familia a través de la Cruz de cada día.
Es la familia completa la que debe ir atada a los pies de Jesús. El dolor llegará inevitablemente a cada persona y a cada hogar. Dios se sirve del dolor para probar nuestro amor y fidelidad. Es el gran instrumento del Señor para purificarnos, santificarnos y salvarnos. No hay salvación fuera del dolor, es decir, de la Cruz de cada día: amada, aceptada, llevada y vivida en íntima unión con Jesucristo. Mientras esto no se comprende, la vida se vuelve un rompecabezas imposible de armar.
Hay cruces personales y hay cruces familiares, así como hay cruces que afectan a una nación y también cruces que afectan al mundo entero. No hay más solución al problema del dolor en el mundo que la de Jesucristo: "tomen su Cruz y síganme". Esto no es fatalismo, es lo que nos dice la divina Revelación.
Para poderla tomar y llevar hasta el final, es necesario caminar fuertemente unidos a Jesús porque lo que más odia el Demonio es la Cruz, y buscará por todos los medios que la rechacemos. Satanás tratará de confundir la inteligencia y la voluntad para que consideremos el dolor como una desgracia. Es tan hábil el Demonio que llevará, a quien camina solo, a acusar a Dios como causante de las miserias del hombre. Infinidad de personas se dejan seducir por Satanás, odian a Dios y lo acusan injustamente de la existencia del mal en el mundo, cuando el verdadero culpable de su propia desgracia es el hombre por apartarse de la voluntad divina. En el Diario Espiritual, aprendemos a caminar íntimamente unidos a Jesús.
53. QUE NUESTRAS MANOS RECOJAN UNIDAS
Cuántas cosas maravillosas hizo Jesús con sus manos. Acarició a su Madre y a José, les ayudó en las faenas de la casa, trabajó la madera como carpintero, tocó los ojos de los ciegos y les devolvió la vista, impuso las manos a muchos enfermos y los sanó, tomó a la oveja perdida, la curó, se la puso sobre los hombros y la condujo al redil; bendijo a los niños, repartió los panes y los peces y los multiplicó, hizo con cuerdas un azote y expulsó a los animales del templo, transformó el pan y el vino y los convirtió en su carne y en su sangre, dejó que se las clavaran a la cruz, y resucitado se las mostró a los discípulos, partió el pan en Emaús, le pidió a Tomás que metiera su dedo en las llagas, y preparó el desayuno a los apóstoles en las orillas del lago de Genesaret. Bendijo a sus discípulos cuando ascendía al Cielo.
Ese mismo Jesús le dice a Isabel: "que nuestras manos recojan unidas". Primeramente los pies, ahora las manos. Caminar con Jesús, recoger con Jesús. El Señor nos habló del sembrador y de los segadores que recogían la cosecha. Nos dijo que la mies era mucha y que los obreros, pocos. Los apóstoles recogieron las redes llenas de peces, tan llenas que se rompían.
Evidentemente, se trata de las almas que hay que salvar o recoger. El 8 de febrero de 1964, Jesús habla a Isabel quejándose del escaso número de "mano de obra" que le ayuda a cosechar las innumerables personas que sufrían en cuerpo y alma en territorios imposibles de abarcar con la vista. "La mies es mucha y los obreros pocos", nos dice en el Evangelio. "¡Recoge conmigo, mi Isabel! Tengo pocos obreros y en vano ofrezco un gran premio, no hay muchos que se ofrezcan. Sé tú también mi buena trabajadora, ¡sobrepasa lo normal!" (DE 223).
Jesús hace un sentido llamado a todos aquellos que lo aman a trabajar intensamente por la salvación de las almas, y especialmente a las madres de familia. Insiste sobre todo en el poder de la oración de intercesión y en el sacrificio para obtener la conversión de los corazones: "¡Confía! Siempre te dije que lo que pides con confianza, ya lo has recibido. ¿Puedes pensar que cuando me pides almas no te lo concederé? ¡Que nuestras manos recojan unidas! Pide, no estés nunca cansada para pedir, para desear para Mí. Si fueran muchos los que piden, ¡cuántos se convertirían! Yo les llamo a todos ustedes a mi obra salvadora: padres y madres, doctos e ignorantes, sanos y enfermos. Por Mí, todos pueden trabajar; el hombre libre y el que está sufriendo en la prisión, porque la disponibilidad del alma es lo importante y la libertad espiritual en que consiste la cultura del alma también.
Especialmente los enfermos, ellos sí, de verdad, pueden volar en alas de la confianza absoluta hacia Mí. Con una sola petición pueden alcanzar la conversión masiva de las almas" (DE 184-18
Queda claro que lo más importante para recoger las almas es la oración de intercesión y el sacrificio por la conversión de los pecadores. Jesús habla de la CONVERSIÓN MASIVA DE LAS ALMAS. Pidiendo con fe y sacrificándose por ellas se obtiene la CONVERSIÓN y la salvación de las almas. En primer lugar, hay que orar juntos, con un propósito definido: LA CONVERSIÓN. Todos, y especialmente los enfermos y los que están sufriendo, tienen ese gran poder al alcance de la mano para convertirse en obreros del Reino de Dios. De allí la importancia del rezo del Santo Rosario de la Llama de Amor, que pide que la gracia se derrame sobre toda la humanidad.
"¡Hijita mía! Quiero que ninguna sola alma se condene", dice la Virgen María a Isabel. "¡Quiérenlo ustedes también junto conmigo! Para eso pongo en sus manos un Haz de luz que es la Llama de Amor de mi Corazón" (DE 216).
Recoger con Jesús es recoger con María. La condenación de las almas implica un inmenso dolor para Dios y para la Virgen María. Debe ser igualmente doloroso para todos nosotros. El Haz de Luz que ahuyenta a Satanás es el medio que María Santísima nos ofrece para recoger las almas. Cuando el que está bajo el poder de Satanás utiliza la Llama de Amor y entra en combate victorioso contra su opresor espiritual, se cumple el deseo de Jesús: "recoger las almas". La derrota de Satanás en cada alma es la victoria de Cristo.
El gran error en el apostolado es querer recoger (salvar las almas) por medios ajenos a Jesucristo. Debemos tener claro en nuestra inteligencia: ¡Sólo Cristo salva! ¡Fuera de Jesucristo no hay salvación! En este campo corremos el riesgo de vivir o de evangelizar con un evangelio falso o contaminado, como decía San Pablo a los gálatas: "¡Oh gálatas insensatos, quién los ha seducido...?" (Gal 3,1). Es el caso de las herejías que se mezclan en el proceso de evangelización. El protestantismo, con su peligrosa colección de errores teológicos, es el ejemplo típico: se proclama a Jesucristo, pero se conduce a las almas por caminos erróneos, privándolas de elementos fundamentales a la fe, como la negación de la presencia real en la Eucaristía, de la confesión, el rechazo a María Santísima en la Obra Redentora, y el rechazo a la unidad de la Iglesia bajo el Supremo Pastor, entre otros.
La Nueva Era igualmente destila sus errores en la inteligencia de muchos "cristianos", llevándolos a vivir una religión sincretista, que es una mezcla de paganismo y cristianismo disfrazada de piedad. Solo podemos recoger con Cristo si nuestras manos están unidas a las suyas por los clavos de la Cruz.
Una llamada especialísima está hecha a las madres de familia, ya que por vocación natural están en mayor contacto con los hijos. Ellas, como corazón del hogar, están llamadas a educar en la fe y a unir a todos los miembros de la familia para que diariamente oren en primer lugar por la salvación de sus propias almas y después por las demás: "Mi Reino va creciendo en la medida en que ustedes, madres, se ocupan de las almas creadas. Ustedes tienen el trabajo más grande y que reclama mayor responsabilidad. Sean plenamente conscientes de que he puesto en las manos de ustedes el trabajo de conducir multitud de almas a la salvación" (DE 234).
Recoger con Jesús significa, en primer lugar, evangelizar la propia familia y unirla en el propósito de la salvación de las almas.
54. QUE NUESTROS CORAZONES LATAN AL UNÍSONO
¡Qué expresión más bella y más profunda! Jesús pide que nuestros corazones latan al unísono con el suyo, como si se tratase de un solo corazón. La palabra corazón en la Biblia designa, en primer lugar, a la persona en su parte más íntima, allí donde nacen y viven los sentimientos de amor, donde se toman las decisiones más profundas y sinceras.
Los cristianos modernos estamos habituados a ver las imágenes del Corazón de Jesús en sus diversas revelaciones privadas. Santa Margarita, Santa Faustina y otros testigos privilegiados nos han dejado en sus Diarios los sentimientos del Corazón de Jesús. Igualmente, Isabel Kíndelmann nos ofrece en su experiencia mística la imagen de un Corazón de Jesús que sufre y se queja dolorosamente de la ingratitud de los hombres, y especialmente de sus escogidos (DE 115). Un Corazón que tanto ama a los hombres y que solamente recibe a cambio ingratitudes y desprecios de aquellos a los que tanto ama.
"En la noche solitaria busco corazones" (DE 74), le dice dolorosamente Jesús a Isabel, expresándole la soledad íntima que experimenta por el poco amor que los hombres le tienen. El Corazón de Cristo es un corazón humano que, igual que el nuestro, sufre con la indiferencia (DE 80). "Son tan pocos los que me escuchan" (DE 76).
¿Qué ha pasado en la Iglesia? La erosión de la fe ha ido creciendo y destrozando en millones de bautizados el amor a Dios. Sus corazones se han enfriado, y Jesús se queja de esa falta de amor. Nos recordamos de aquella frase del Evangelio: "¿Cuándo venga el Hijo del Hombre, encontrará fe sobre la tierra?" La progresión de la frialdad se va haciendo cada vez más grande en las antiguas naciones que un día fueron cristianas. Las nuevas generaciones ni siquiera son bautizadas porque sus padres perdieron la fe. Se volvieron paganos; rechazaron a Jesucristo para volver su corazón a otros dioses: la razón sin la fe, "la cultura sin Cristo", la ciencia, el dinero, el orgullo, la voluntad propia, la política partidista, el poder de las armas, el placer, etc.
El Diario Espiritual nos dice que detrás de esa pérdida de la fe hay una razón: la acción satánica. "Satanás quiere reinar en las familias". Jesús da el remedio a esta pérdida de los valores cristianos: que nuestros corazones latan al unísono.
Para remontar la corriente y vencer al paganismo creciente, Jesús pide que las familias se consagren a su Sagrado Corazón (DE 93-94). Es necesaria una lucha intensa contra los factores descristianizantes de la sociedad moderna. Esa lucha debe comenzar en el interior de los hogares católicos. Los corazones de Jesús, de María y los nuestros deben latir al unísono, como un solo corazón. La familia entera, de manera consciente, debe vivir esa consagración, ese compromiso con Jesucristo para evangelizar a los neopaganos y a los que nunca han oído del Evangelio.
Les corresponde a los padres de familia, hombre y mujer, convertirse en los grandes maestros del amor al Corazón de Jesús. Ya no podemos seguir viviendo un "cristianismo ritual" que solamente valora el cumplimiento externo de preceptos o de costumbres tradicionales. Nos haríamos reos de las palabras de Cristo: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí".
Desgraciadamente, esa es la manera de vivir la fe de muchísimos bautizados: cumplen ritos y obligaciones (por ejemplo, ir a misa los domingos), pero no tienen la intimidad que el Señor exige para que sea válida su relación con Él.
La Llama de Amor nos lleva a "combatir" a los demonios de la indolencia espiritual, del ateísmo, del laicismo, de la frialdad para con Dios, de la rutina ritual, del indiferentismo, de la confusión, del miedo a dar testimonio, etc. Son demonios o espíritus malignos que afectan la inteligencia, el corazón y la memoria del hombre. Le impiden entrar en el diálogo íntimo con Dios. En el Diario Espiritual, vemos cómo Isabel habla constantemente con Jesús y con María. Es un diálogo con Dios.
Esta facultad de diálogo interior la tenemos todos los seres humanos; sin embargo, podemos dejar de lado ese diálogo con el Señor para dialogar "con nosotros mismos" o con los "otros dioses". Reflexionamos interiormente, pero no oramos. Este es el propósito satánico: vaciar el corazón del hombre del amor al Dios verdadero para reemplazarlo por otros amores.
Cuando una persona está verdaderamente enamorada, sucede un fenómeno: piensa permanentemente en el ser amado, siente en su corazón un misterioso fuego que la hace estar espiritualmente vinculada de manera permanente con el otro. No hay horas suficientes para estar a su lado; lo imagina, lo desea, lo sueña, le habla interiormente. El amor es algo misterioso que transforma el corazón y la vida entera.
El primer mandamiento le dice al católico: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón...". Jesús nos dice: "Que nuestros corazones latan al unísono". Este debe ser el principal empeño de quienes quieren vivir la espiritualidad de la Llama de Amor: que todos en su familia vivan en la intimidad con los corazones de Jesús y de María a través del diálogo interior con ese Dios vivo. Allí, Satanás no puede entrar porque queda ciego.
55. SAN JOSÉ: MODELO DE LOS PADRES DE FAMILIA
En la expresión "que nuestros corazones latan al unísono", no se trata solo del Corazón de Jesús y del nuestro. Hay dos corazones más que están sobrentendidos: el Corazón de María y el de José. La Llama de Amor es una gracia especialmente entregada a la familia católica, y es en familia donde se debe vivir. El objetivo de esta gracia es la transformación de cada hogar en un verdadero santuario donde reine Jesús.
María no es una "madre soltera"; ella es Esposa de José y Madre de Jesús. Tampoco Jesús es un niño adoptado por José. Ante los ojos de su comunidad, José es el "padre" de Jesús. En la familia bíblica, el papel de rector recae en el padre. En el Evangelio, es a José, cabeza de la Sagrada Familia, a quien el ángel se dirige para que tome decisiones trascendentales (Mt 1,19-25; 2,13-16; 19-23) para el bien de Jesús y de María.
En la Escritura está claro que es el padre de familia quien recibe de Dios la autoridad para ser cabeza del hogar. La carta a los Efesios nos dice que el hombre es cabeza de la mujer y, por lo tanto, de toda la familia (Ef 5,22-33). Entre José, María y Jesús hay una santa intimidad que constituye el modelo de toda familia. José desempeña no solo el papel de protector y proveedor material, sino que es el guía y maestro de María y de Jesús.
Desafortunadamente, la función del Santo Patriarca en el interior de la Sagrada Familia ha sido, en general, reducida a la del proveedor económico. El hombre, en el interior de su hogar, debe ver en San José el modelo que realiza a la perfección el designio divino sobre la "vocación de marido": "cabeza de la mujer como Cristo es cabeza y salvador de la Iglesia" (Ef 5,23).
No es conveniente en la pastoral familiar hablar solamente de los Corazones de Jesús y de María y dejar de lado el "Corazón de José". Eso sería reducir su patronato a una función sin influencia en la vida espiritual de los cabezas de familia. Tanto los varones como las mujeres deben estudiar y comprender el designio divino sobre la persona de San José en el seno de la Sagrada Familia.
En el Diario Espiritual (DE113), la Virgen María indica a Isabel que recurra al patrocinio de San José para expandir la Llama de Amor. En este pasaje se ve claramente cómo los corazones de María y de José latían al unísono, profundamente unidos en la congoja, cuando buscaban hospedaje para el Niño Jesús.
La indolencia en que viven infinidad de bautizados da como resultado que el varón quede culturalmente eximido de las responsabilidades espirituales en el seno del hogar. La gran crisis de la familia actual está en que son muy pocos los "varones padres de familia" que asumen su papel de cabeza de la mujer y de los hijos "según Cristo".
Se ha llegado a considerar normal y correcto que sea la mujer la "cabeza espiritual del hogar" y que el hombre sea simplemente el proveedor material. Padecemos una verdadera "esquizofrenia familiar": el padre de un lado, la madre del otro. El padre puede ser ateo, indiferente, antirreligioso, materialista o frío en la fe, pero será considerado buen padre de familia si provee a las necesidades materiales del hogar. Por otro lado, se acepta fácilmente que el papel de enseñar a los hijos la vivencia de la fe corresponda exclusivamente a la madre. Este no es el plan de Dios para la familia. Marido y mujer deben ser "una sola carne", entregados a llevar a cabo el designio divino sobre su familia.
Hay ideologías que acusan a la concepción bíblica y cristiana de la familia de obsoleta, "patriarcal" y "opresora" de la mujer. Estas maneras de pensar hunden sus raíces en filosofías ateas completamente ajenas a la revelación divina y a la fe católica. Se ha fabricado una visión distorsionada del papel del hombre y de la mujer en la sociedad y, sobre todo, en el interior de la familia. Estas ideologías llevan a anular en el hombre su gran responsabilidad de cabeza del hogar y lo convierten en un rival de la mujer, como si la cabeza y el cuerpo fuesen enemigos.
La verdad es que poderosos grupos masónicos persiguen un objetivo: destruir de manera intencional el paradigma de la "familia tradicional" (bíblico-católico) para reemplazarlo por diversos tipos de familia artificialmente creados. Esta visión ideológica, propagandizada por los medios, ha pervertido el sentido de la relación hombre-mujer expresada con claridad en Efesios. Quieren transformar la sociedad en irreligiosa y laicista, sin ningún lazo o dependencia de la voluntad divina. La Llama de Amor lo dice claramente: Satanás quiere reinar en las familias. Para vencer este plan ideado para destruir la familia natural (Gn 1,27-28; 2,24), es necesario que hombres y mujeres llamados al matrimonio se modelen de acuerdo a los Corazones de Jesús, María y José. "Que nuestros corazones latan al unísono". Se trata de un gran combate imposible de ganar sin el auxilio divino, porque esa lucha se da en primer lugar en el interior del corazón de cada ser humano.
Lo que separa al hombre y a la mujer en el matrimonio y lleva los hogares al desastre es la idolatría de la propia voluntad. Cada uno quiere hacer lo que le da su gusto. No buscan juntos renunciar al propio querer para hacer la voluntad de Dios. Para que los corazones latan juntos, deben despojarse de sus propios puntos de vista e intereses egoístas para asumir el plan de Dios en sus vidas. Por eso, "el efecto de gracia de la Llama de Amor es una intervención extraordinaria de Dios en la Iglesia y en el mundo por medio del Inmaculado Corazón de María", nos dice el Diario Espiritual. Nosotros no podemos cegar a Satanás ni vencerlo; solamente Dios puede hacerlo y lo hace por medio de María. José es el modelo de amor a Jesús y a María Santísima, el que nos puede enseñar a amarlos y a servirlos con fidelidad.
La Iglesia necesita que los varones padres de familia estén verdaderamente evangelizados; que asuman con toda responsabilidad su papel de cabeza espiritual y llenen a cabalidad su vocación de sostén económico del hogar. La mujer debe rechazar las posturas feministas revanchistas que la colocan como "rival y compañera independiente" del marido, porque esta visión no corresponde al designio divino y, además, en vez de solucionar la opresión de la mujer, la empeora destruyendo a los hijos. La violencia en el interior de los hogares es el fruto del rechazo al reinado de Jesucristo en los corazones y en las familias. Cuando marido y mujer buscan con toda humildad someterse al designio divino, cada cónyuge cumple a cabalidad con su particular vocación y la paz se establece en los hogares.
La Llama de Amor impone un examen de conciencia sincero a cada familia católica. ¿Cuáles son los ídolos que hemos entronizado en nuestro corazón, en la pareja, en la procreación y educación de los hijos, en el diario convivir del hogar, en el trabajo, en la planificación de nuestros objetivos personales y familiares? Muchos ídolos deben ser derribados para que Jesucristo reine en los hogares católicos. Sentir con Cristo significa asumir individualmente la voluntad de Dios en la vida propia y, sobre todo, de manera grupal en la familia, porque donde "dos o más están reunidos" en su Nombre, el Señor reina. En la vida de cada día, este ideal es un reto que nos sobrepasa. No podemos, por nuestras propias fuerzas, llegar a sentir lo mismo que siente el interior de Cristo, sino que se trata de una gracia de Dios.
Los ídolos que acechan al individuo y a la familia no son simples emociones psicológicas. En el Diario descubrimos que, más allá de lo meramente natural que atrae al ser humano hacia el mal, están los entes maléficos que la Virgen llama "Satanás y espíritus impuros". Los siete pecados capitales son como divisiones militares de un ejército del maligno que luchan para establecer su reino. "Satanás quiere reinar en las familias", dice la Virgen a Isabel, y lo hace por el pecado en que viven muchos hogares. Los anticonceptivos, el aborto, el divorcio, el adulterio, el amor libre o fornicación, las perversiones sexuales en el interior del matrimonio, la sodomía, el matrimonio homosexual, etc., son idolatrías sobre las que se establece el reino de Satanás en las familias. Para sentir con el interior de Cristo, es necesario erradicar estos pecados que destruyen la felicidad de los hogares. Estamos frente al dilema fundamental de todo ser humano: por Cristo o contra Cristo. Servir a Cristo o servir a Satanás. Ser uno con Cristo o ser uno con Satanás. Sentir con Cristo o sentir con Satanás.
57. QUE EL PENSAMIENTO DE NUESTRAS MENTES SEA UNO
"Que nuestros pies vayan juntos, que nuestras manos recojan unidas, que nuestros corazones latan al unísono, que nuestro interior sienta lo mismo, QUE EL PENSAMIENTO DE NUESTRAS MENTES SEA UNO". Los psicólogos dan diversas explicaciones sobre lo que es la mente. Según los especialistas en las ciencias de la conducta humana, la mente es la facultad que nos permite comprendernos a nosotros mismos, captar, interpretar y expresar la realidad que nos rodea, y organizar nuestra propia vida en función de los valores que percibimos. Jesús nos dice: "que el pensamiento de nuestras mentes sea UNO". Cuando dos personas se aman, a medida que van recorriendo el camino de la amistad y del amor, se van uniendo en pensamientos, sentimientos y acciones. Llegan a pensar y a vivir de manera semejante. En la medida en que se aman, las personas se van identificando en cierto modo. Es un proceso en el que se renuncia al egoísmo para compartir con el otro los propios valores. Se realiza así el milagro de llegar a ser con la otra persona un solo corazón y de una sola alma.
Jesús es Dios hecho hombre. Dios verdadero y hombre verdadero. Perfecto Dios, perfecto hombre. Entre Él y nosotros, la distancia es infinita en cuanto a que Jesús es Dios. Él es el Señor, nuestro Creador y Redentor infinitamente amoroso, y nosotros somos sus criaturas, heridas por el pecado original. Sin embargo, por ser Jesús hombre verdadero, su naturaleza humana y la nuestra son iguales. Tenemos los mismos sentidos y las mismas facultades. La gran diferencia entre Jesús hombre y nosotros es que el pecado original y los pecados actuales han limitado y corrompido en gran manera los dones que Dios nos otorgó al crearnos. Jesús es perfecto hombre, y sus facultades humanas están iluminadas por el Verbo Eterno unido consustancialmente a su naturaleza creada. La distancia entre Jesús y nosotros, por un lado, es infinita, y por el otro, la cercanía es completa. Estamos frente al gran misterio del Dios hecho hombre. Que el pensamiento de nuestras mentes sea uno implica, de parte de Jesús, un dinamismo que lo lleva a entregarse totalmente a nosotros. De nuestro lado, un dinamismo interior nos lleva a ser UNO con Jesús: pensar y sentir lo mismo que Él.
¿Qué le podemos dar a Jesús? ¿En qué le podemos beneficiar? ¿Qué le podemos aportar? En el orden del pensamiento, prácticamente ¡nada! En el orden de los afectos y de la voluntad, nos podemos entregar totalmente a Él. Pensar lo mismo que Jesús es ser UNO MISMO con Él. Debemos distinguir entre el "pensamiento de Dios" y "nuestro propio pensamiento". De hecho, Dios no piensa. Él es la Sabiduría, la Verdad, el Conocimiento.
Todo es presente en Él y conoce perfectamente todo lo que ha creado para su propia gloria. Pero aunque Dios sea eterno y no se pueda decir con propiedad que Él piensa, debemos recordar que Dios se hizo hombre. Jesús es Dios encarnado. Y en cuanto que el Verbo de Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros, asumió todas las condiciones propias del ser humano. Dios "hecho hombre sin dejar de ser Dios" se somete a todas las leyes y condiciones de esta naturaleza humana que siente, vive emociones, compara, imagina, analiza, razona, juzga... Jesús piensa como nosotros, es uno de nosotros, tiene nuestras mismas facultades, solamente que su manera de pensar es la perfección, y nosotros somos la oscuridad, la equivocación, la imperfección. Durante años, los discípulos estuvieron con Jesús, aprendiendo de Él. El evangelio nos dice cuánto sufría Jesús porque sus discípulos no comprendían sus enseñanzas. Cuántas veces les dijo "tardos y necios de corazón". Jesús trataba de formarles la mente, y sin embargo muchas veces ellos se quedaban atascados en la duda, en el error, en la manera de pensar del "mundo". A nosotros nos pasa lo mismo que a los discípulos. Somos "duros", tenemos la mente ciega, embotada por el pecado.
Los demonios tratan de afectar nuestra facultad del pensamiento para que no veamos las cosas como las ve Dios; nos pasa lo mismo que le pasó a Pedro: Jesús le reprochó "apártate de Mí, Satanás... no piensas como Dios sino como los hombres" (Mt 16,23). En el Diario Espiritual, Isabel ha de ir despojándose de "su manera de pensar mundana" para adquirir la manera de pensar de Jesús. Antes, todo ha de descubrir y asumir el valor de la Cruz, del sufrimiento, del sacrificio, del dolor. La salvación de las almas debe ser la razón de su vida. Entregar la Llama de Amor; el objetivo de su existencia. La llegada del Reino de Dios, su meta.
Isabel va a pasar de ser una "buena" cristiana, del montón, a "Víctima ardiente de amor en la que se deleita la Santísima Trinidad" (DE 286). Todo esto a partir de una obediencia heroica, por medio de la cual irá venciendo al maligno en innumerables combates (DE 289). Isabel cambió por completo su manera de pensar y de vivir al contacto íntimo con Jesús y María. Pensar como Jesús implica luchar contra nosotros mismos y renunciar a nuestra manera mundana de ver las cosas. El deseo del Señor es llevarnos a la más alta santidad por el mismo camino que Él recorrió en su vida mortal.
La gracia de la Llama de Amor lleva a una total renovación de la vida cristiana por una completa renuncia al mal, por el sincero arrepentimiento y reparación de los pecados cometidos, y por poner en práctica todos los medios que la Iglesia nos da para lograr la verdadera santidad de vida. Nos lleva a recordar aquel famoso texto de Jeremías 31,33 y de Hebreos 8,10-13: "este es el pacto que yo haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: pondré mis leyes en la mente de ellos, y las escribiré sobre sus corazones".
En el interior de la familia, los padres deben ser los maestros del pensamiento cristiano para sus hijos; deben formarlos en los criterios de la fe católica para que no se extravíen. Muchísimos jóvenes pierden la fe y su alma porque no tienen el acompañamiento sólido de sus padres. Son fácilmente víctimas de los sofismas que libremente corren en la universidad o en los medios de comunicación. Detrás de este enorme fracaso espiritual está la acción deletérea del mundo de las tinieblas, que entenebrece la inteligencia de aquellos hijos de Dios que descuidan el íntimo contacto con Jesús. Hemos sido creados para "amar a Dios sobre todas las cosas" y ser UNO con Él en ese amor infinito de la Trinidad. Si no vivimos en esa intimidad con el Padre-Hijo-Espíritu Santo, habremos perdido la razón de nuestra propia existencia.
58. QUE NUESTROS OÍDOS ESCUCHEN JUNTOS EN SILENCIO
¿Escuchar juntos en silencio? ¿O escuchar juntos el silencio? La traducción del húngaro al español que trae el Diario Espiritual dice: "que nuestros oídos escuchen juntos el silencio". Personalmente, creo que sería "en silencio". El discípulo de Cristo imita a Jesús. Las páginas del Evangelio nos presentan a un Jesús silencioso, amante del recogimiento interior, en constante conversación con su Padre Celestial. Busca el desierto, la montaña, se retira en la noche a orar, le gusta pasar largos ratos solo, hablando con Dios. Jesús es un hombre que vive en el silencio exterior e interior. ¿Por qué amará tanto el silencio, estar solo? Aún cuando recorre con sus discípulos esos caminos polvorientos de Palestina, va en oración.
En el Diario Espiritual, Jesús le dice a Isabel: "Te pido seas callada, mi hijita carmelita, y no te sorprendas de que te diga esto tantas veces. ¿Sabes quién es el verdadero sabio? El que calla mucho y habla poco. La verdadera sabiduría madura en el suelo del silencio y sólo en el silencio puede echar raíces. Por eso te instruyo yo... Yo soy tu Maestro. Con treinta años de mucho silencio me preparé para mi actividad de tres años. Porque yo soy tu Maestro, junto a mí tú también alcanzarás la sabiduría. Habla sólo cuando yo te dé para ello la señal. Y sólo debes decir lo que has aprendido de mí, o cómo lo diría yo; en una palabra, ¡imítame a mí! Verás que las pocas palabras producen abundante y buen fruto en las almas!" (DE 96).
Isabel siente cómo la presencia de Jesús la penetra por completo. En su alma reina un silencio lleno de unción. Jesús le pide a Isabel "recogimiento, oración y sacrificio"; cada hogar debe ser un "Santuario". Para cegar a Satanás en el interior de las familias, es de capital importancia que cada miembro (padres, hijos y demás participantes del hogar) descubramos la maravilla del "silencio" interior y exterior. Es muy difícil apreciar hoy el silencio como un tesoro que nos permite entrar en la conversación íntima con el mundo celestial.
En los siglos anteriores, cuando no existían los medios de comunicación audiovisuales, había más facilidades para llevar adelante lo que se llama la "vida interior". En nuestra época, hasta los lugares más aislados llegan el ruido lleno de distorsión espiritual. Nadie está a salvo de las impertinencias de locutores ramplones o de los comerciantes del audiovisual. Llega a tal grado la indigestión de la bulla y algarabía que miles de occidentales han ido a parar a los templos budistas, tratando de encontrar el silencio que el alma necesita. En vez de encontrar al Dios vivo que la Revelación nos ha entregado, han ido a buscar al dios vacío del panteísmo. ¡Qué lástima! La fortaleza del alma es el silencio porque allí podemos encontrarnos cara a cara con el Dios verdadero. Nuestra época es la del gran combate por la salvación de nuestras almas.
El Enemigo se sirve hasta de los más bellos inventos (radio, cine, TV, internet, redes sociales, etc.) para impedirnos gozar de la intimidad con el más grande tesoro que tenemos: la Trinidad Padre-Hijo-Espíritu Santo, los Santos, los ángeles. El Reino de los cielos, dice Jesús, está dentro de ustedes. La Llama de Amor nos presenta el camino difícil de la soledad y del silencio interior. Los alpinistas sufren enormemente cuando van escalando los picos inaccesibles, pero cuando llegan a la cumbre sienten la más grande satisfacción de sus vidas. Convertir nuestra alma en un santuario exige renunciar a tantas cosas que desde afuera y desde dentro buscan arrebatarnos el silencio.
Desde afuera, las canciones ensordecedoras del tipo, la TV, los videos, los chats... y, dentro, la imaginación, los sentimientos, las pasiones... etc. La gran recompensa de quien desecha toda esa basura del ruido exterior e interior es un alma plácida que puede escuchar la voz del Dios vivo. Si un niño es educado desde pequeñito a valorar el silencio para abrirse al Espíritu Santo que nos habita, ha recibido el mayor regalo. Podrá, en cualquier instante, refugiarse en la fortaleza interior donde habita el Señor.
El silencio nos lleva a escuchar: "¡escucha, Israel!". La Llama de Amor nos enseña a amar el silencio, a valorarlo, a renunciar a los placeres auditivos de la música, a dejar de lado las telenovelas fatuas, a desapegarnos de las conversaciones insulsas y a crearnos un reducto de paz en el interior de la mente, del corazón, del alma. Allí Satanás ya no puede entrar porque estamos cara a cara con Dios. El Señor quiere hablarnos en el interior del corazón.
59. QUE NUESTRAS MIRADAS SE COMPENETREN PROFUNDAMENTE, FUNDIDÉNDOSE LA UNA EN LA OTRA
Los ojos expresan lo que llevamos dentro. Pueden transparentar vida o muerte, amor o seducción, interés, desprecio o amenaza, alegría o depresión, verdad o mentira, honestidad o engaño... Los ojos pueden transmitir felicidad o desgracia. Hay personas que llevan en sus ojos el pecado; cuando las miramos, nos dan miedo. Los ojos dejan ver los demonios que habitan en una persona. No en vano existe la expresión "mal de ojo". El asesino de nuestras almas corrompió la mirada de la criatura humana. Nuestros ojos deberían haber mirado siempre al Creador y Padre nuestro con infinito amor y gratitud: hemos sido creados para amar, servir y glorificar siempre y en todo lo que hagamos al Señor.
Después del pecado, Adán y Eva se dieron cuenta de que estaban desnudos. La mutua mirada del hombre y de la mujer cambió. El pecado de Adán nos llevó a mirar las criaturas como si ellas fueran el objetivo final de nuestros apetitos. En la Llama de Amor, Jesús quiere restaurar la primitiva mirada de la criatura hacia su Dios y Señor. Al vivir "en Cristo", nuestra mirada cambia. Ya no soy yo quien vive; sino que es Cristo quien vive en mí. Es Jesús el que mira en mí; ya no soy yo el que mira. La persona en la que no vive Cristo mira por mirar, para darse gusto, para satisfacer sus deseos. No tiene como objetivo la gloria de Dios en su mirada. Jesús pide que miremos a sus ojos; que nuestras miradas se compenetren profundamente: que nos fundamos con Él en una sola mirada, para que Él mire en nosotros y nosotros podamos mirar a través de sus ojos.
"No mires hacia ningún lado, ¡sólo mira mis ojos! Esto te invita al recogimiento y te ayuda a alcanzar la victoria por el éxito de mi obra redentora..." (DE 29-6-51). "¡Frena tu mirada! ¿Piensas que yo no puedo suplir estas cosas? ¡Que nuestras miradas se compenetren profundamente, fundiéndose la una en la otra!" (DE 10-8-92).
Cuando Pedro se hundía, rodeado del fragor de las olas y del viento, miró a Jesús y le dijo: "¡Señor, sálvame!". Jesús, extendiendo la mano, le dijo: "Hombre de poca fe, ¿por qué has dudado?". Si Pedro hubiera mirado fijamente al Maestro, habría terminado en los brazos de Jesús, caminando sobre las olas. "Que las miradas de las personas a mí consagradas no me esquiven y no se distraigan en las cosas del mundo, sino que sólo me contemplen a mí. Que acojan la mirada triste de mis ojos y se sumerjan en mí. Si miran en mis ojos con corazón arrepentido, con el rayo de mi gracia, los haré mejores. Sumergiéndolos en el amor de mi corazón, los regeneraré con tal de que me tengan plena confianza" (DE 8-4-62).
De manera especial, Jesús se refiere a los consagrados a su servicio: sacerdotes y religiosos. Les pide que no se dediquen al mundo, sino que "sólo lo contemplen a Él". Los que con más fijeza deben mirar los ojos de Cristo son los pastores. Cuando miran al "mundo", en vez de pastorear el rebaño en la santidad, lo llevan a la boca del lobo. Jesús nos invita al recogimiento: a escoger entre su rostro y el rostro falsamente dulce de Satanás.
Amar es desechar. El enamorado que quiere amar con sinceridad tiene por fuerza que desechar otros amores menos importantes para quedarse con el único amor que importa: la esposa. El motivo del amor de Jesús es "el éxito de su obra redentora".
Nos pide que participemos en el supremo amor de su Corazón: la salvación de nuestra alma en primer lugar y la de toda la humanidad. "¡Ánimo, mírame, hijita mía! ¡Que nuestros ojos se miren y que nuestras miradas se compenetren profundamente, fundiéndose la una en la otra! ¡Ánimo, mírame! No dejes de mirar mis ojos porque, en esta nueva lucha en que Satanás quiere llegar hacia ti, la mirada de mis ojos será la que cegará a Satanás. Esto no se va a cumplir muy pronto porque Yo le permito que te tiente. ¡Que nuestras miradas se fundan la una en la otra!" (DE 14-1-63).
Es la mirada de Jesús, mirando desde nuestro interior, la que cegará a Satanás en ese combate de vida o muerte para nuestras almas. Por ese motivo, debemos aprender a mirar como Jesús mira a todas sus criaturas. Fundirse con Jesús significa vivir "en la gracia de Dios, vivir la gracia de Dios", de manera consciente: la amistad íntima con Jesús.
En medio de su ardua y dolorosa lucha contra Satanás, Isabel corre el riesgo de desanimarse. Jesús le infunde fuerzas. El 7 de febrero de 1963 le dice: "Demasiado te hundes en las cosas terrenales, hijita mía... no busques alivio mirando la tierra. ¡Mírame sólo a Mí! Yo quiero que, apretándote estrechamente contra Mí y abandonándote en Mí, en tus duros combates, siempre sólo mires hacia arriba".
Dios nos quiere salvar y lo hace por medio de la Cruz de su Hijo. San Pablo nos dice que debemos completar con nuestros sufrimientos lo que falta a la pasión de Cristo. Todo mortal, para salvarse, ha de llevar la cruz, pero hay almas víctimas a las que el Señor pide que carguen sobre sus hombros las consecuencias de los pecados de muchos otros. Isabel es un alma víctima de gran estatura. La inmensa mayoría de los bautizados somos pequeñas víctimas y debemos llevar una partecita de la cruz.
En esos momentos, el Señor se vuelve nuestro Cirineo y nos dice que no tiremos la cruz a la basura para buscar los consuelos de la tierra. Hay que mirar a sus ojos cuando la cruz parece aplastarnos. El grandísimo peligro para toda criatura humana es "hundirse demasiado en las cosas terrenales" y descuidar su salvación eterna. Olvidar que ha sido creada para la eternidad y que esta vida terrenal es simplemente un paso temporal que ha de servirle para "ganar el Cielo". Corremos el gran peligro de "desperdiciar el tiempo" que Dios nos ha dado, poniendo nuestro interés en bagatelas que no producirán frutos para la vida eterna.
Ateos, agnósticos, librepensadores, indiferentes, etc., al poner a Cristo a un lado convierten las cosas de este mundo en ídolos. La obra por excelencia de Satanás es la promoción del ateísmo, que hunde a la persona que lo profesa en una sola dimensión: la temporal. Para el ateo no hay vida eterna. Y cuando decimos ateísmo, decimos toda la corona de ideologías que rodea el núcleo: Dios no existe; el hombre es su propio Dios.
Jesús responde a los ateos: "¡Yo soy la Luz de Cristo! Pueden levantar su mirada hacia Mí" (DE 15-2-64). "¡Mira a mis ojos! Yo permito que nuestros ojos se miren el uno en el otro y que nuestras miradas se fundan en una sola. ¡Ya no veas nada más! Lee en mis ojos que te dirijo con lágrimas el anhelo ansioso de Mi amor: ¡Repara! ¡Esto es lo único que me consuela de ustedes! Yo, el Dios-Hombre, ¡ansioso de sus corazones!" (DE 22-3-64).
Tristemente, muchos viven al lado de Cristo sin conocerlo, pasan toda su vida ignorándolo porque no se han dado la pena de mirarlo a los ojos. Viven hundidos en su orgullo vano y en su soberbia altanera. No se dan cuenta, los pobres, que Jesús es el único camino para la salvación eterna. Al final de sus vidas, lamentarán amargamente haber desperdiciado el tiempo precioso.
60. QUE NUESTROS LABIOS SUPLIQUEN JUNTOS AL ETERNO PADRE PARA ALCANZAR MISERICORDIA PARA TODA LA HUMANIDAD.
En la oración, Jesús nos ha ido llevando desde lo externo, los pies, hasta lo más profundo: la mirada. Ahora nos lleva a lo más sublime: que nuestros labios supliquen juntos. La súplica es la oración más sentida del hombre pecador. Es el reconocimiento de nuestra propia nada, impotencia y pecado. Brota desde lo más íntimo, el corazón, y se expresa al exterior por los labios. Estos nos ayudan a hablar de manera clara e inteligible. Sin labios, solamente emitimos sonidos guturales. Ellos modelan la palabra, la expresan con sus distintos matices. Y, sobre todo, simbolizan y nos llevan a la más grande unidad: el beso. El Cantar de los cantares dice: "por sus labios corre miel" (5,13). "Son tus labios un panal, amada mía; de tu lengua brotan leche y miel" (4,11), para indicarnos el amor de Yahweh por su criatura Israel.
El matrimonio espiritual entre Dios y nosotros. En la tragedia amorosa del profeta Oseas, el perdón por la esposa infiel se traduce en el beso. Los labios de Cristo y nuestros labios se unen para alcanzar misericordia para toda la humanidad. Yahweh ama tanto al pecador que lo perdona entregando a su propio Hijo a la muerte para que el hombre tenga Vida Eterna. La Llama de Amor simboliza el fuego que arde en el Corazón de Dios y en el nuestro propio: el Espíritu Santo. El alma de la Llama de Amor es el Espíritu Santo porque Jesús es la Llama de Amor. Cuando revela su Corazón a Santa Margarita María, se lo hace ver como una Llama de Fuego. Jesús toma el Corazón de Margarita y lo deposita en el Suyo. Al sacarlo, se ha convertido en una pequeñísima llama que el Señor le deposita en el pecho. Todo el resto de su vida, Santa Margarita experimentará en su costado un delicioso fuego devorador que la hará arder místicamente. En esta cumbre, el demonio no tiene nada que hacer; está ciego.
Por eso dice Jesús que esta oración "que nuestros pies vayan juntos..." ciega a Satanás. El camino para vencerlo es crecer tanto en el amor a Dios que el demonio quede impotente. Esa es la llamada que Dios está haciendo al mundo por medio de la Virgen María: que la humanidad, en vez de estar envuelta en las bagatelas del demonio, se vuelva hacia lo verdaderamente esencial e importante: el Amar a Dios. Caminar hacia Dios es la solución para un mundo que se está volviendo cada día más demente. Cuando los que ejercen el "poder" (a cualquier nivel que sea) están alejados de Dios, conducen a la humanidad al desastre. ¡Basta recordar el pasado! La solución del problema mundial está en las familias. La familia que está sanada espiritualmente da a luz hijos sanos y con sólidos criterios.
La familia débil está a merced de los políticos sin escrúpulos; se sirven de ellas para lograr sus objetivos porque sus miembros han sido formados sin los criterios fortísimos que da la virtud de la Fe. Son las familias las que deberían elegir a los mejores gobernantes. Cuando las familias están enfermas espiritualmente, eligen a los peores dirigentes. Son las familias las que forman el corazón de los hijos. Si las familias se convierten e imploran de Dios la misericordia, el Señor actuará salvando a la humanidad de la soberbia humana. El hombre tiene que reconocer, lo quiera o no, por las buenas o por las malas, la Soberanía del Creador. Dios es el Señor y el hombre no es más que una simple criatura. Yahweh es celoso de su gloria. A lo largo de la Biblia, tenemos muchos ejemplos de la intervención divina que corrige la soberbia del hombre que no quiere aceptar su condición dependiente de criatura.
El Diluvio es una gran enseñanza. El hombre no puede expulsar a Dios de su propia creación y de la sociedad. Es una locura, fruto de la soberbia demente. El hombre no puede suplantarlo. Necesariamente tiene que doblar las rodillas ante su Señor. Las apariciones de Fátima han hablado de las dos guerras mundiales como de "un castigo enviado por Dios a la humanidad a causa de sus pecados". Para alcanzar misericordia, la humanidad tiene un camino: suplicarla, pedirla con insistencia, y "convertirse a su Creador". Lo peor que nos puede pasar es que Dios deje al hombre soberbio a sus propias fuerzas. Dios ha dado la respuesta en Cristo crucificado y resucitado: "¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!". El poder del hombre sobre Dios está en la súplica.
El poder de la humanidad sobre el demonio está en la oración intensa de las familias. Un fósforo no ilumina casi nada, pero millones y millones de cirios encendidos son capaces de iluminar la tierra. ¿Cómo inician los gigantescos incendios que han arrasado millones de hectáreas? Por una pequeña chispa. El programa de la Virgen María, por medio de su Llama de Amor, es cegar a Satanás en cada hogar y transformar las familias en verdaderos "Santuarios" en los que Cristo Jesús reine. Para que ese programa tenga éxito, es necesario que lo conozcamos, lo estudiemos, lo comprendamos y lo llevemos humildemente a la práctica. Dios no necesita de nuestra fuerza para salvarnos, pero sí necesita de nuestro amor.
61. QUIEN NO AMA A LA VIRGEN MARÍA NO VIVE A PLENITUD LA LLAMA DE AMOR
Él Diario Espiritual de Isabel Kindelmann no presenta un estudio teórico de cómo actúa el Demonio. Muchos libros han sido escritos sobre el tema del exorcismo y de las oraciones de liberación y sanación interior. Explican las diversas maneras de cómo el Demonio y los espíritus malignos actúan. Igualmente, dan consejos para proceder a las oraciones pertinentes. Lo que el Diario nos presenta es la vida de Isabel. No encontramos en esas líneas ninguno de los consejos que para el "combate espiritual" nos dan los exorcistas o ministros de "liberación". Cuando Jesús pide a Isabel que ponga por escrito lo que está oyendo y viviendo, lo hace para que nosotros comprendamos mejor "la gracia de la Llama de Amor y su efecto sobre Satanás y el mundo de las tinieblas".
Isabel es como "un profeta" de los tiempos modernos. Su misma vida es la profecía. De la misma manera como un Jeremías o un Ezequiel llevan en su propia carne el mensaje que Dios les ha encargado de proclamar, así Isabel lleva en sus frágiles hombros el mensaje que el Señor da al mundo para estos últimos tiempos: "Te aseguro, hijita mía, una fuerza tan poderosa de gracia no he puesto todavía a disposición de ustedes como esta vez: la llama flamante del Amor de mi Corazón; desde que el Verbo de Dios se hizo carne, no he emprendido yo un movimiento más grande que este de la Llama de Amor de mi Corazón que salta hacia ustedes. Hasta ahora no ha habido nada que tanto ciegue a Satanás, y de ustedes depende que no la rechacen porque esto traería consigo una gran ruina".
Podríamos decir figuradamente que Isabel va a pagar el precio de esta vocación que Dios le da. Como Jeremías, experimentará el peso terrible de ser la depositaria de un grandioso Mensaje de Cielo. Jeremías es víctima de la persecución de sus conciudadanos que no aceptan sus palabras como Palabra de Dios; Isabel será víctima de la venganza diabólica que a toda costa quiere impedir que la Llama de Amor se encienda. Asistimos como espectadores a un terrible combate entre el Demonio que ataca e Isabel, que se defiende con el efecto de gracia de la Llama de Amor. Detrás de Isabel están Jesús y María, quienes son los que en realidad dan la victoria a su "hijita". Nosotros, alumnos de esta escuela del Diario Espiritual, aprenderemos a cegar a Satanás con las mismas armas que Isabel recibió de la Virgen María. Jesús mismo nos da el secreto de la victoria: "En las tentaciones, refúgiate bajo el manto de nuestra Madre. Ella te defenderá del maligno". María dice: "No tengas miedo al maligno que continuamente está rondando alrededor de ti. Yo lo he aplastado y no tienes de qué temer. Escóndete bajo mi manto y besa con frecuencia mi escapulario que llevas sobre ti". "Entren en batalla. ¡Los vencedores seremos nosotros! Mi Llama de Amor cegará a Satanás en la misma medida en que ustedes la propagan en el mundo entero".
La Llama de Amor es una "gracia Mariana" al mismo tiempo que Trinitaria porque fue concedida debido a los "ruegos de la Virgen María"; es una "iniciativa", "una súplica que brota del Corazón Inmaculado de María ante el trono de Dios". En este momento es de urgencia que todos los cristianos comprendamos la necesidad de renovarnos en la Devoción a la Madre del Señor. Quien no ama a la Virgen no puede recibir ni vivir la gracia de la Llama de Amor.
Las apariciones de Fátima, Pontevedra-Tuy, denuncian el ataque satánico contra la devoción a la Santísima Madre de Dios en la Iglesia. Los cinco primeros sábados del mes son pedidos para reparar las blasfemias proferidas contra Ella: contra su Inmaculada Concepción, su Virginidad Perpetua, su Maternidad Divina y Maternidad Espiritual de todos los hombres; "el tratar de infundir públicamente en el corazón de los niños la indiferencia, el desprecio y hasta el odio para con esta Inmaculada Madre"; los ultrajes dirigidos a Ella en Sus sagradas imágenes. Hay una corriente protestantizante que desde dentro de la Iglesia Católica trabaja para sacar a María de su papel de Madre Espiritual de los hombres y reducirla a simple instrumento pasivo de la Encarnación del Verbo, algo así como un "vientre de alquiler" que Dios hubiese empleado para darnos a su hijo, y que después se descarta.
El Diario Espiritual nos presenta la excelsa y única vocación de María. Se impone un trabajo muy importante en el seno de los hogares católicos: enseñar a los hijos a amar a la Virgen Santísima. No es cuestión de sentimentalismo, no es cuestión de cultura. Es cuestión de Fe, de "sobrevivencia espiritual". Infinidad de católicos se han protestantizado; les han arrancado del alma el amor a la Virgen y con ello los han dejado sin la protección más efectiva contra la acción diabólica. El Dogma de la Asunción nos presenta a una Madre "viva", glorificada, pero en "cuerpo y alma". Igualmente, el Diario pone frente a nuestros ojos una Madre que actúa con todo el poder del Hijo para liberar a sus hijos de los ataques mortales de Satanás. El secreto para tener éxito en la lucha es "refugiarse" en el Corazón Inmaculado de María.
62. VAMOS A INUNDAR LA TIERRA CON EL FUEGO QUE BROTA DEL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA SANTÍSIMA
Dice Jesús: "Es su poderosa intercesión que alcanzó de Mí para las familias, esta gran efusión de gracias con que ahora quiero inundar la Tierra" (p. 213). La Llama de Amor es, en primer lugar, "una gran efusión de gracias". Además de ser una gracia extraordinaria, es un conjunto de gracias, una multiplicidad de gracias, orientadas todas en un mismo sentido: la santificación de las familias. En este párrafo, Jesús dice: "Es su poderosa intercesión que alcanzó de Mí".
En la p. 121, tenemos otro texto que pone en evidencia el poder de intercesión de María ante la Santísima Trinidad: "Pidan a mi Padre en nombre mío, Él les concederá lo que por medio de Mí le pidan. Solamente tengan confianza y hagan referencia a la Llama de Amor de mi Madre Santa, porque a Ella le están obligadas las Tres Divinas Personas. Las gracias que pidan por medio de ella, las recibirán".
Más adelante (p. 122), Nuestro Señor Jesucristo dice: "Exclusivamente por las súplicas eficaces de la Santísima Virgen concedió la Santísima Trinidad la efusión de la Llama de Amor. Por ella piden ustedes en la oración con que saludan a mi Madre Santísima: DERRAMA EL EFECTO DE GRACIA DE TU LLAMA DE AMOR SOBRE TODA LA HUMANIDAD, AHORA Y EN LA HORA DE NUESTRA MUERTE. AMÉN. Para que, bajo su efecto, se convierta la humanidad".
La Virgen María nos revela el secreto de su Llama de Amor cuando nos dice: "Con esta Llama llena de gracias que de Mi Corazón le doy a ustedes, enciendan todos los corazones en todo el país, pasándola de corazón a corazón. Éste será el milagro, que, convirtiéndose en un incendio con su fulgor, cegará a Satanás. Este es el fuego de Amor de unión que alcancé del Padre Celestial por los méritos de las llagas de Mi Hijo Santísimo" (pág. 44).
Nos encontramos en la época mariana de la Iglesia y de la humanidad. El futuro que nos espera no es solamente un futuro difícil, sino también un futuro lleno de gloria por la efusión de gracias que Dios nos depara a través de las manos de María Santísima (p. 79): "Desde que el Verbo de Dios se hizo Carne, no he emprendido Yo un MOVIMIENTO MÁS GRANDE que este de la LLAMA DE AMOR DE MI CORAZÓN, que salta hacia ustedes. Hasta ahora no ha habido nada que tanto ciegue a Satanás, y de ustedes depende que no lo rechacen, porque eso traería consigo una gran ruina" (1 Agosto 1962).
A la raíz del mal que aqueja a la familia y a la humanidad entera, Dios ha puesto la fuerza curativa de la bondad maternal de María Santísima. Se enfrentan en estos últimos tiempos la Mujer del Apocalipsis y el gran dragón rojo. La Virgen es aquella que quebranta la cabeza de la serpiente. Es de primordial importancia que oigamos las palabras de la Madre de Dios y de la Iglesia para nuestra época.
En Fátima, María dice a los niños que Jesús quiere establecer en el mundo la devoción a su Inmaculado Corazón. Que Ella es la última tabla de salvación que Dios da a los pecadores. El mensaje de la Llama de Amor va en esta dirección: en un llamado urgente, ardiente, impactante de Nuestra Señora que quiere abrir los ojos de toda la humanidad para que abandone la situación de alejamiento de Dios que ciega al mundo moderno. La Virgen nos pide encarecidamente que demos a conocer de corazón a corazón su mensaje de salvación, que es el mensaje de su propio Hijo. Es, pues, nuestra gran responsabilidad ante Dios y ante los hombres formar parte de su ejército. Si las gracias extraordinarias han de llegar a todos los hijos de Dios, ha de ser a través de nuestras manos. La Llama de Amor se pasa, se transmite. Hay que inundar la tierra con el "fuego" que brota del Corazón Inmaculado de María. Sabemos que ese fuego es su Hijo Jesucristo.
Muchísimos corazones de bautizados están muertos porque han rechazado a Jesucristo; muchos llevan una vida espiritual lánguida y sin sentido. La Virgen promete que esos corazones muertos revivirán por el poder de su maternal intercesión. La Iglesia de hoy, que en muchos lugares del mundo está experimentando esa arrolladora crisis de fe que sacude sus cimientos, ha de encontrar en la Virgen María, su Madre, el refugio que necesita para recuperar el aliento que parece faltarle.
Dice Jesús a Isabel (p. 222): "La tentación del maligno con que perturba tu alma y tu mente no debe apartarte del camino de la fe y la confianza puestas en Mí. Por débil que te sientas, eso no es impedimento, porque no es ni la manifestación de tu debilidad ni tu constante esfuerzo lo que hace llegar a la meta nuestra causa. Tu humildad es el único instrumento en tus manos que ayuda a hacer valer la causa".
63. LA URGENCIA DE LA VIRGEN MARÍA
La Virgen María manifiesta a Isabel Kindelmann para que se ponga en marcha su gran proyecto de la Llama de Amor. El 28 de noviembre de 1963 (p. 203), escribe Isabel: "La insistencia de la Santísima Virgen era tal que casi no sabía cómo darle cumplimiento". Más adelante escribe a un sacerdote: "Yo no soy nada ni nadie, sino un pequeño instrumento en manos de la Santísima Virgen. Yo no hago más que lo que Ella me dice. Ella es del gran Poder, es Ella quien urge; yo soy su humilde hija. Yo también estoy en apuros a causa de la petición de la Santísima Virgen que no cesa en mi alma. Ella es quien urge que hagamos llegar su petición al Sr. Obispo". "Lo que escribo lo hago con el apremio continuo de la Santísima Virgen".
El 2 de diciembre de 1963 (p. 204-205) hay otra llamada de Nuestra Señora: "¡No se queden pasivos frente a mi causa santa! A través de los pocos, los pequeños y los humildes debe comenzar esta efusión grande de gracias que conmoverá al mundo: Ninguno de los llamados debe excusarse ni rehusar mi invitación. Todos ustedes son mis pequeños instrumentos".
Recordemos aquí la característica fundamental de María Santísima: su humildad. "Yo soy la esclava del Señor". Nuestra Señora ama la humildad y se sirve de los medios humildes para hacer avanzar el Reino de su Hijo. Por eso escogió a Isabel, porque era una madre de familia sencilla, pobre, ignorante, sacrificada. Isabel tenía conciencia de su incapacidad para llevar adelante una obra tan grande e importante para la Iglesia de hoy, la Iglesia del gran combate contra el Dragón, la Iglesia de los últimos tiempos.
Qué contraste entre Isabel Kindelmann y algunos predicadores llenos de sabiduría y poder de elocuencia que subyugan a multitudes; qué diferencia entre esta "pobre viuda", desprovista de poder económico, y las grandes organizaciones internacionales dedicadas a la evangelización, con todos los medios modernos a su disposición para predicar el mensaje de Jesucristo. La Virgen dice: "A través de los pocos, los pequeños y los humildes... Todos ustedes son pequeños instrumentos". Hagamos la lista de aquellas personas que a lo largo de la historia del cristianismo han sido beneficiarios de apariciones y mensajes de Nuestra Señora. Entre ellos: Juan Diego (Guadalupe), Melania y Maximino (La Salette), Bernardita (Lourdes), Lucía, Francisco, Jacinto (Fátima), etc. La inmensa mayoría son pequeños, pobres, sencillos, humildes. Es una gran lección. Es el Señor el que derriba a los potentados (Satanás) de sus tronos.
Tratemos de comprender el plan de evangelización de la Virgen María. Démonos cuenta de que las palabras humanas, las técnicas de mercadeo, la propaganda hablada, escrita, visual y de cualquier otro tipo (internet, etc.) son incapaces de tocar los corazones y convertirlos al Señor. Solamente la gracia puede abrir nuestras almas a la voluntad del Señor y transformarnos de pecadores en verdaderos Hijos de Dios. La Señora quiere que todos los bautizados nos convirtamos en sus instrumentos para dar a conocer y transmitir su Llama de Amor.
"Un nuevo instrumento quisiera poner en sus manos. Es la Llama de Amor de Mi Corazón. Con esta Llama llena de gracias, que de Mi Corazón les doy a ustedes, enciendan todos los corazones, pasándola de corazón a corazón. Su fulgor cegará a Satanás. Mi Llama de Amor es tan grande, que no la puedo retener por más tiempo dentro de Mí; con la fuerza explosiva salta hacia ustedes. ¡MISIÓN SUBLIME PROPAGAR LA LLAMA DE AMOR! Entregaría, hijita mía, sea la meta principal de tu vida." (p. 208)
Millones de lucecitas encendidas deben iluminar a este mundo. Así como en la vigilia pascual las humildes candelas rompen la oscuridad de la Iglesia e iluminan de manera espectacular, haciendo huir las tinieblas, así cada familia está llamada a transmitir la gracia de la Llama de Amor a las familias vecinas. Es Ella, la Virgen, quien enciende su Llama de Amor en los corazones. No son los esfuerzos de Isabel para elaborar un discurso bello sobre la gracia que la Virgen le ha confiado. Isabel fracasa. Es incapaz de hablar de la Llama de Amor cuando prepara un elaborado discurso.
Es María quien le impide hablar. Esto debe servirnos a todos para sobrepasar la tentación de decir: "Yo no puedo transmitir la Llama de Amor porque no tengo estudios o porque soy muy pequeño e ignorante". El 30 de agosto de 1963, Jesús le dice (p. 190): "Nosotros, a través de tu pequeñez e ignorancia, pero sobre todo de tu humildad, queremos poner en marcha por medio de ti nuestra santa causa. ¡Cuidado! No dejes que se acerque a ti la vanidad. Por eso te llamo la atención; sé muy humilde, este sea todo tu empeño, por medio de él todos tus resultados se consolidarán también". Estamos, pues, bien advertidos de que no hay excusa para esconder la Llama de Amor ni para retenerla. Mientras más humildes, pobres y sencillos seamos en nuestro propósito, mejores instrumentos de la Virgen seremos.
64. LA VIGILIA NOCTURNA ES UN ACTO DE GENEROSIDAD E INTIMIDAD CON JESÚS
La vigilia nocturna y la oración son elementos esenciales para no caer en tentación. Jesús nos lo dice con insistencia y de diversas maneras. En su parábola de las vírgenes sabias y las vírgenes necias pide que mantengamos siempre las lámparas encendidas. A los discípulos que no lo acompañaron en su agonía y se quedaron dormidos, les reprocha: "No habéis podido velar conmigo una hora", "Velen y oren para no caer en la tentación" (Mc 14, 37-42). Hay muchos textos en la Biblia que nos hablan de velar en oración, de vigilar. En la Iglesia universal, como herencia del pueblo de Israel, hemos guardado la tradición de la vigilia pascual. Conmemoramos la salida de Egipto y vivimos litúrgicamente la Resurrección de Jesús. A nivel parroquial, las vigilias de oración se hacen con cierta frecuencia y por diversos motivos. A nivel familiar, es una tradición casi perdida; lamento que pocas familias han descubierto el poder que tienen las vigilias en las que se pasa la noche en oración y reparación. Si la familia es un santuario, en medio de ella habita el Señor Dios.
En la parroquia está el Santísimo Sacramento; en las familias están las sagradas imágenes: crucifijos, íconos, estampas, estatuas, etc., que nos ayudan enormemente en la oración. Sabemos por los labios de Jesús que cuando "dos o más están reunidos en su Nombre, ahí está Él" de una manera invisible, pero real. La piedad de la Iglesia se beneficia enormemente con la gracia que aportan los sacramentales, entre ellos las imágenes. En sus apariciones a Santa Margarita María Alacoque, el Señor dice que allí donde la imagen de su Sagrado Corazón sea expuesta y venerada, derramará grandes bendiciones.
Además de la hora de adoración reparadora, la Virgen pide, en el Diario Espiritual, que se hagan vigilias de oración en familia. Nuestro Señor Jesucristo le dice a Isabel Kindelmann que "renuncie a su reposo nocturno". Le pide "una vigilia de dos horas de tal manera que tengas que levantarte dos veces cada noche por una hora" (p. 58). En el corazón de Isabel hay una lucha porque, por un lado, experimenta debilidad, pero, por otro lado, no quiere oponerse a la voluntad de Dios. La velada nocturna le cuesta mucho esfuerzo. La razón de este sacrificio es la salvación de las almas (p. 59). María se propone como ejemplo a la mujer que "vela" en oración durante la noche. La noche es el momento ideal para orar: "¡Mi hijita Carmelita! Ahora, en el silencio de la noche, quisiera hablar contigo" (p. 60). Tanto le interesa a Jesús hablar con Isabel que es Él mismo quien la despierta para que haga oración. Él busca compañía. Jesús se siente solo: "En la noche solitaria busco corazones" (p. 70). "Hijita mía, ¡sufre conmigo! ¡Siente conmigo! ¡Alivia mi dolor!" (p. 71). Isabel experimenta en lo más profundo de su alma el dolor del Señor Jesús, que se siente solo y abandonado, como en el huerto de Getsemaní, y busca la compañía de sus amigos y no los encuentra.
La gracia de la Llama de Amor tiene una faceta no solo de reparación, sino también de consolación respecto al Corazón de Jesús. El Señor se queja del abandono ingrato de aquellas personas a las que ha hecho tantos beneficios y que tan poco interés ponen en consolarlo y participar en su obra de salvación de los pecadores.
La vigilia nocturna que Jesús pide a los miembros de la Llama de Amor es un acto de generosidad para con Él. Efectivamente, renunciar al sueño es un gran sacrificio, y el Señor le pide no solo una hora, sino dos horas de compañía. Estamos aquí en la parte más íntima del efecto de gracia de la Llama de Amor: el corazón duro, indiferente e ingrato del hombre se transforma ante el espectáculo de la agonía de Cristo en el monte de los Olivos. Isabel experimenta la soledad del Corazón de Jesús, su angustia, el abandono, la indiferencia de los suyos. Jesús pide ayuda, consuelo, amistad, y no la encuentra en sus discípulos.
Al recibir la gracia de la Llama de Amor, el corazón se conmueve y se entra en esa compasión hacia Jesucristo sufriente. "Yo solo estoy quejándome, mi pequeña hija Carmelita. ¡Cuánto duele a mi Sagrado Corazón ver tantas almas indiferentes! ... El amor desbordante de mi Corazón no recibe respuesta de parte de las almas. Ámame todavía más, hijita mía, abrázame más estrechamente a tu corazón. Ofrece tu alma sacrificada y sírveme solo a mí con profunda sumisión. Hazlo en lugar de aquellos que no lo hacen, aunque son almas consagradas a mí" (p. 75-76; 82).
La vigilia nocturna es un llamamiento a la generosidad de las familias. Tal vez no todos podrán participar, pero al menos debemos saberlo; es una invitación que el Señor hace a los que quieran ser generosos en el amor para con Él. Lógicamente, un sacrificio como este trae grandísimas bendiciones y la protección extraordinaria del Señor hacia esas familias. Uno de los efectos de la vigilia nocturna es la salvación de los moribundos (p. 99). "Les concedo la gracia de que, mientras dure la vigilia nocturna, la gracia de mi Llama de Amor actuará en los moribundos: cegaré a Satanás y la Llama suave y llena de gracia los salvará de la eterna condenación".
65. EL COMBATE ESPIRITUAL Y LA LLAMA DE AMOR
El Mensaje de la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María viene a poner en evidencia una de las verdades de fe que ha sido opacada por la visión racionalista y materialista que ha invadido el mundo moderno: la existencia del demonio y del mundo de las tinieblas. Hoy no se cree en la existencia del demonio. En ciertos ambientes se rechaza con soberbia y burla toda la enseñanza tradicional que la Iglesia, apoyada por la Palabra de Dios, nos ha dado sobre el mundo de los espíritus malignos y la condenación eterna. El infierno es considerado un mito creado por los hombres. La Palabra de Dios es interpretada de manera alegórica, y se habla de que el "infierno está en la tierra", que más allá de la muerte no hay infierno ni condenación eterna.
La Virgen María sale al paso de esta herejía, poniendo en claro que es una verdad de fe divina y católica, revelada por Dios en las Sagradas Escrituras. El demonio existe. Es una criatura de Dios. Se trata de un ángel caído, creado bueno por Dios, pero por su propia voluntad se rebeló injustamente contra el Señor. La consecuencia de esa rebelión fue la pérdida del cielo y la precipitación en los infiernos eternos. Desde entonces, Satanás, junto a sus ángeles, busca arrastrar al mayor número posible de seres humanos a la condenación eterna. Para eso, busca por todos los medios que el hombre rechace al Señor por el pecado, se aparte de Él y se hunda en las tinieblas del error.
El ser humano puede liberarse del ataque diabólico solamente con la gracia de Dios. La misión de Jesucristo, el Hijo de Dios Vivo, es destruir las obras del diablo. Por su sangre preciosa hemos sido redimidos del pecado de Adán y de la muerte eterna. Por sus llagas, nuestros pecados personales han sido lavados y hemos recibido el don del Espíritu Santo. En el Génesis 3:15 y en el Apocalipsis capítulo 12, la Palabra de Dios proclama a María Santísima como el instrumento privilegiado de Dios en la destrucción del poder de las tinieblas.
66. ¡ABRE LOS OJOS! SATANÁS EXISTE Y ESTÁ ACECHANDO A TU FAMILIA
Hemos dicho a saciedad que la Llama de Amor es un instrumento en manos de las familias para cegar a Satanás. ¿Pero cómo es que lo ciega? ¿Cómo pueden las parejas orar por liberación espiritual? ¿Cómo debemos actuar, en lo personal y en la familia, para que Satanás quede cegado? Voy a tratar en estos comentarios de compartir mi pobre experiencia personal en el campo del exorcismo y de la oración de liberación y sanación interior. Mi deseo es simplemente compartir y estoy abierto a la corrección de ustedes. En todo esto hay que tomar lo bueno y lo verdadero y dejar de lado aquello que es menos bueno o esté equivocado.
Me parece que uno de los principales problemas que enfrenta el pueblo católico en estos tiempos es la ignorancia del mundo de los espíritus malignos. Muchísimos sacerdotes, desgraciadamente, ignoran este mundo y, cuando los fieles se acercan a pedir ayuda, no saben cómo responder o rechazan a los fieles diciéndoles que lo que les sucede es simplemente psicológico. Muchos fieles quedan desconcertados, heridos, ofendidos, humillados.
¿Qué sientes cuando tu familia está viviendo un drama tremendo porque tú o alguno de los tuyos está padeciendo fenómenos que no logras explicar y nadie te da una guía? ¿Y cuando vas a la Iglesia y lo que encuentras es la burla, el desprecio, la indolencia de parte del pastor? ¿Qué sientes tú cuando tu obispo o tu sacerdote te dice que debes pasar por una valoración mental con el psiquiatra o el psicólogo? ¿Cuando no encuentras exorcista en la diócesis o al menos un párroco que te acoja, te tome en serio y te ayude con los medios que el Señor nos ha dejado en la Iglesia? Esto se debe, en gran parte, a la penetración del racionalismo y del cientificismo en la formación de los sacerdotes: universidades de teología y seminarios.
La Virgen María ha venido a solicitar la intervención de su poderosísima intercesión ante el Padre Eterno, por medio de las llagas de su Hijo, para cegar a Satanás. Se llama: "el efecto de gracia de la Llama de Amor". La intercesión de la Virgen María ha sido siempre en la Iglesia, pero la gracia de la Llama de Amor es una gracia "NUEVA", destinada por Dios para estos últimos tiempos en los que el pueblo de Dios se enfrenta a un ataque masivo y frontal del infierno. Sin esta gracia, sería descomunal la cantidad de almas que se condenarían.
¿Y cómo iniciamos a orar, a sanar las familias? Lo primero es tomar la Palabra de Dios. Abrir bien los ojos. Leer los pasajes en los que Dios nos habla del misterio del pecado y de su causa: Satanás. Muchos sacerdotes hoy niegan la existencia del Diablo. La razón está en que se han dejado llevar por los errores de ciertos exégetas que han interpretado los textos bíblicos "a su manera", fuera del sentir de la Iglesia. El resultado ha sido que los nuevos sacerdotes salen del seminario con una sarta de prejuicios. Se imaginan que los fenómenos "preternaturales", inexplicables racionalmente, son fruto de desarreglos psíquicos.
Dos errores debemos evitar:
1. La ingenuidad que nos hace atribuir al demonio y a los espíritus malignos todo lo que no comprendemos.
2. La arrogancia que nos lleva a negar la existencia del mundo diabólico y preternatural.
Para ir más allá de estos dos escollos, tenemos que instruirnos con la Palabra de Dios, conocer los planteamientos básicos de las ciencias humanas (psicología, psiquiatría...), adquirir un sensato espíritu crítico sobre nuestra propia experiencia y orar pidiendo al Señor su luz para que podamos discernir si lo que nos llega viene de Él, de nosotros o del maligno.
El primer texto que deberíamos analizar es el capítulo tres del Génesis. Allí vemos cómo Satanás ataca directamente a los esposos. Es astuto, mentiroso, capcioso, seductor, engañador. Falsea la Palabra de Dios. Poco a poco engendra en el corazón de Eva el rechazo a Dios, la duda sobre su bondad y honestidad. Se presenta como un ángel de luz. Ofrece a Eva algo totalmente falso: "seréis como dioses". La impulsa al orgullo. Empuja a Eva al pecado. A través de Eva llega a Adán, quien se somete al pensamiento de su mujer.
La segunda parte del texto sitúa a la Virgen María en el plan de Dios: "Enemistad pondré entre ti y la mujer y entre tu linaje y su linaje: él te aplastará la cabeza..." (otra versión: "Ella te aplastará la cabeza..."). Mucho se puede sacar de este texto. Nos interesa ver que Satanás ataca a la familia desde el principio. También desde el principio, María y Jesús están inseparablemente unidos en el combate victorioso contra la Serpiente.
Cuando los esposos creen que esto es verdad, comienzan a analizar lo que les sucede con otros ojos. ¡Sí, hay que abrir los ojos! Tenemos necesidad del efecto de gracia de la Llama de Amor para aplastar la cabeza de Satanás en el seno de la familia.
67. DESTUIR EL IMPERIO DE SATANÁS ES EL OBJETIVO DE LOS SAGRADOS CORAZONES DE JESÚS Y MARÍA
El pasado domingo 29 de mayo resaltábamos la íntima relación que existe entre la Gracia de la Llama de Amor y la Gracia de Fátima. La Llama de Amor es el Inmaculado Corazón de María entregado a las familias; no solamente a las familias católicas, sino a las familias del mundo entero. Las apariciones de Fátima-Pontevedra-Tuy ponen en evidencia el terrible drama del hombre de hoy que ha llegado a rechazar a Dios y a la Iglesia como medio de salvación. Igualmente, ponen delante de nosotros el infinito amor de Dios que quiere rescatar al pecador de la muerte eterna. La ceguera del hombre de estos últimos siglos lo ha llevado al ateísmo teórico y práctico. Lo han hundido en el materialismo. ¡No hay Dios! ¡Dios no existe! ¡No hay nada más allá de la muerte! ¡Con la muerte acaba todo! El ser humano acaba reducido a la condición de animal racional sin ninguna perspectiva de vida eterna.
Para entender la intervención de María Santísima en Fátima como Inmaculado Corazón, debemos remontarnos a las apariciones del Sagrado Corazón de Jesús en Paray-le-Monial (Francia) en 1673 a Santa Margarita María. Hace más de trescientos años, Jesús muestra su Corazón herido a esa joven religiosa visitandina.
"Él hizo ver que el ardiente deseo que tenía de ser amado por los hombres y apartarlos del camino de la perdición, en el que los precipita Satanás en gran número, le había hecho formar el designio de manifestar su Corazón a los hombres... a fin de apartarlos del imperio de Satanás."
En 1917, es María Santísima la que muestra su Corazón Inmaculado y rodeado de espinas que simbolizan los pecados de los hombres. El Señor quiere que el Corazón de su Madre sea honrado junto con el Suyo. Es Dios mismo, es Jesús mismo quien desea establecer en el mundo la devoción a su Inmaculado Corazón para la salvación de las almas de los pecadores.
La tragedia del mundo de hoy es el ateísmo. Si comparamos el mensaje de Fátima y el de la Llama de Amor, nos encontramos con que las peticiones son las mismas: la consagración al Corazón de Jesús y a su Inmaculado Corazón (Rusia), la familia; la Palabra de Dios conocida y vivida; el culto a la Eucaristía y la comunión reparadora (los cinco primeros sábados del mes); la conversión del corazón humano; el rechazo al pecado; la oración personal y en familia, especialmente el Santo Rosario; la vivencia de los sacramentos; la penitencia y en especial los sacrificios y el ayuno; la doctrina tradicional de la Iglesia, especialmente en referencia al Cielo, al infierno y al purgatorio; la comunión con el Papa y los Obispos; el triunfo del Inmaculado Corazón de María.
El objetivo del Sagrado Corazón de Jesús es destruir el imperio de Satanás. Es el mismo objetivo del Inmaculado Corazón de María. Frente a un mundo que se ha ido precipitando vertiginosamente en la oscuridad y se ha visto sometido culpablemente más y más a los engaños diabólicos, la respuesta de Dios ha sido el Amor. Los dos Corazones, el de Jesús y el de María, son la respuesta de Dios al odio infernal del demonio contra los seres humanos.
Esos dos Corazones son inseparables; forman en realidad un solo Corazón, unidos en el fuego del Espíritu Santo. Si los hombres están hundidos en el terrible odio del egoísmo demoníaco, hay una solución: el Amor infinito de Dios que destruirá la llama diabólica del odio. Dios no tiene necesidad de la sabiduría del hombre ni de su fuerza. Los medios que Dios emplea son los instrumentos humildes definidos por el Santo Evangelio. La Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María representa el instrumento escogido por la Virgen María para revertir la acción diabólica en estos últimos tiempos. Ella no escoge a las universidades, ni a los científicos, ni a los militares, ni a los políticos, ni a los expertos sociólogos para dar la solución al problema. María es portadora de una Gracia Super Especial Extraordinaria que proviene del Corazón de la Trinidad Santísima, cuyo objetivo es cegar la arrogancia satánica, ciega y megalómana, por medio de la sencillez de los humildes. Esa Gracia, como todas las cosas de Dios, se obtiene pidiéndola con humildad.
Esa gracia es el mensaje de Fátima traducido al ambiente de la familia de hoy, que es atacada por todos lados, menospreciada, corrompida, destruida en su identidad cristiana por la malicia diabólica de los poderosos de este mundo. Dios no puede permitir que sus hijos sean arrastrados en masa a la muerte eterna. Por eso envía a la Madre de su Hijo a humillar la arrogante soberbia de Luzbel. La Virgen nos pide una colaboración, una respuesta positiva a este Don extraordinario del Padre Eterno: tomar en serio la Llama de Amor. Ella hará el resto. Ella no dice que la Llama de Amor nos exime del dolor y del sufrimiento de cada día; Ella nos promete la victoria contra el enemigo de nuestra salvación si acogemos sinceramente su propuesta. Allí está el apostolado de la Llama de Amor: ayudar a la gente a comprender el mensaje y a ponerlo en práctica hasta sus últimas consecuencias.
68. HEMOS PERDIDO LA CONCIENCIA DEL ESPIRITUAL
Cuando se invoca a la Llama de Amor, la Virgen María va poniendo en evidencia la presencia (si los hay) de los entes maléficos y la acción de los maleficieros en la familia. Al estudiar el Diario Espiritual de la Llama de Amor, nos damos cuenta de que el camino de Isabel (Kindelmann) es un combate espiritual con Satanás. Son muy numerosos los párrafos en los que Isabel nos dice el tipo de manifestaciones y ataques que ella sufre (leer páginas 19, 54, 55, 62, 75, 77, 81, 82, 83, 88, 93, 96, etc.). Igualmente, esto pasa con cada persona y con cada familia. Debemos estar conscientes de ello. Actualmente, esta conciencia del combate espiritual se ha perdido en la Iglesia. Muchos sacerdotes no lo captan, no lo ven y, por lo tanto, descuidan este campo en la pastoral y en su vida personal. Los fieles tampoco lo detectan con suficiente claridad. Piensan que todo es psicológico o son ilusiones. La gracia de la Llama de Amor se va derramando y va devolviendo, a los que la acogen con humildad, la luz suficiente para el discernimiento.
Lo que se necesita es aprender a usar el instrumento, no solo como devoción, sino además como medio de transformación de la acción diabólica.
Lo que nos debe fortalecer y dar paz es la convicción de que cuando se invoca con sinceridad a la Madre de Dios, ella actúa, aunque no la veamos. Para que el instrumento funcione, hay que levantar en primer lugar el nivel de la oración personal y comunitaria en la familia. Solamente cuando se ora, el Demonio se debilita. Si no hay oración personal y familiar, no se detecta la presencia del maligno porque los ojos de los hijos de Dios están embotados. Cuando la familia va adquiriendo un nivel cada vez más profundo de vida espiritual, los espíritus malignos se van revelando y van saliendo a flote de su escondite. Se ven descubiertos y comienzan a defender un territorio que creían ganado y que ahora se les escapa de la mano.
Meditemos bien este texto: "Y Yo, el Rayo Hermoso de la Aurora, cegaré a Satanás. Voy a liberar este mundo oscurecido por el odio y contaminado por la lava sulfurosa y humeante de Satanás; a consecuencia, el aire que daba vida a las almas se volvió ahogante y mortífero. Ningún moribundo debe condenarse. Sabes, hijita mía, las almas escogidas tendrán que luchar contra el príncipe de las tinieblas. ¡Será una borrasca terrible! Más bien, será un huracán que querrá destruir hasta la fe y la confianza de los mismos elegidos. Pero en la terrible tormenta que se está gestando ahora, verán ustedes la claridad de mi Llama de Amor iluminando cielo y tierra; por la efusión de su efecto de gracia, en esta noche oscura, la entregaré a las almas" (p. 178).
La acción diabólica y del mundo de lo oculto tiene diversos niveles de intensidad. Los niveles más profundos no se ven, pasan como desapercibidos, inadvertidos por la gente, pero son los más graves y peligrosos. Las acciones más superficiales son más fáciles de detectar, son más escandalosas, más impactantes, dan miedo, pero en realidad son menos peligrosas que las que no se ven.
En las familias actuales, los padres de familia se angustian —y con muchísima razón— porque un hijo es alcohólico, drogadicto, depresivo, esquizofrénico, violento, homosexual, pero no se preocupan demasiado cuando un hijo es racionalista, materialista, ateo, frío para con Dios, rechaza a Dios, rechaza la Iglesia, a Jesucristo, los sacramentos, etc. Lo primero les parece inaceptable; lo segundo pareciera "políticamente correcto" y, según el ambiente, menos grave. Sin embargo, la acción diabólica en este último caso es mucho más grave que en el primero, aunque sea menos visible y menos dramática.
Cantidad de familias están afectadas por la acción de los espíritus malignos, pero no se dan cuenta. Éstos llevan a las personas y a las familias a la ceguera espiritual. Son incapaces de ver lo que está más allá de los ojos materiales. La labor de la Llama es iluminar los ojos del alma para hacernos comprender que más allá de lo material está el mundo del Espíritu Santo y la Vida Eterna. Y también está el mundo de los demonios, de los espíritus malignos, de las almas envueltas en grandes sufrimientos, de los servidores de las tinieblas (brujos, santeros, espiritistas, etc.) que son instrumentos de Satanás para herir a los hijos de Dios.
Para que el efecto de la Llama de Amor se vaya manifestando de manera eficaz en el seno de la familia, hay que emprender o continuar el proceso de lo que debería ser "normal en toda vida cristiana", pero que la mayoría de las familias ha abandonado: la vida en gracia con todas sus condiciones y consecuencias. El Diario Espiritual nos da las sugerencias para que establezcamos ese "ambiente" de oración necesario en el seno del hogar. Además de la Hora Santa de Reparación a la Virgen, habla de velar en oración. "Y cuanto más sean las almas sacrificadas y que velan en mi oración, tanto mayor será la fuerza de mi Llama de Amor en la tierra" (p. 266). Jesús nos dice: "Velad y orad para no caer en la tentación" (Mt 26,41). Ver también: Mt 24,42; 26,38; Mc 13,34; 13,37; He 20,31...
69. CUANDO EL CENTRO DE LA FAMILIA ES LA EUCARISTÍA, SATANÁS DEJA DE REINAR
La Eucaristía es la salvación de la Iglesia y de la humanidad. Jesucristo, la Luz, ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Le interesa, pues, sobremanera al mundo de las tinieblas cegar los ojos de las familias para que no vean ni comprendan el sentido de la Misa, de la comunión, de la adoración eucarística. Judas fue víctima lastimosa del Demonio.
Leyendo S. Juan 13, 17-32, donde se narra el naufragio de Judas Iscariote en la fe y en el amor, vemos que Judas rechazó a Jesús, como las tinieblas "rechazan la Luz". Su inteligencia y su corazón fueron cegados por el príncipe de este mundo. No quiso escuchar a Jesús, no quiso comprender lo que Jesús le decía, no quiso responder a los últimos requerimientos del Salvador. Dejó que Satanás gobernara su corazón. Se entregó a las tinieblas que poco a poco lo habían penetrado. No reaccionó. No luchó. "Y entonces, tras el bocado, entró en él Satanás" (S. Juan 13, 27).
No era necesaria la traición de Judas para que Jesucristo llegase a la cruz. Los enemigos del Señor hubieran podido capturar a Jesús sin necesidad de que Judas se los hubiese entregado. Sin embargo, el mundo de las tinieblas encontró en la falta de amor de Judas una puerta fácil para realizar sus planes. Ya Jesús había dicho que Judas era como un demonio porque su corazón se había entregado a la codicia. Amaba el dinero, robaba de la bolsa de las limosnas; se enojó contra María Magdalena porque ella utilizó un perfume de nardo de mucho valor para ungir los pies de Jesús. Era hipócrita, rebelde, duro de corazón, soberbio y desobediente. A Judas le dolió el gesto de la Magdalena porque ese dinero lo hubiera podido hurtar. Judas había perdido el amor a Jesús. No entendemos fácilmente por qué Jesús lo soportó tanto. Hay autores, como María Valtorta, que hablan de la lujuria de Judas. Este falso discípulo perdió la gran oportunidad de verse liberado por el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que sin duda hubiese recibido si su corazón hubiese estado limpio.
"Satanás levanta barreras en sus almas para no dejar pasar la luz divina. Sin la claridad vivificante de esta Luz, están ustedes sufriendo y torturándose bajo el oscuro peso de la indolencia... Solamente la recepción de MI cuerpo puede ayudarles a ustedes a salir de esta oscuridad que el Maligno tan cuidadosamente ha ido acumulando en ustedes. Dense cuenta de que todas esas cosas desordenadas tienen su origen en Satanás, es su obra y durará mientras Yo se lo permita... Reúnanse dos o tres y de esta manera emprendan la lucha contra el príncipe de las tinieblas, contra su fuerza devastadora" (Diario Espiritual de la Llama de Amor).
Decididamente, si queremos familias protegidas contra la acción terrible de los espíritus malignos, debemos UNIRNOS Y EMPRENDER LA LUCHA para edificar familias eucarísticas, santuarios familiares. Eso es lo que pide Jesús. ¿Por qué hay tanto ataque a la Eucaristía en estos últimos tiempos?
La Iglesia primitiva no dudó de la presencia real de Jesucristo en las especies sacramentales. La primera herejía eucarística gira alrededor del año 1047, con Berengario de Tours (cf. Wikipedia). La Iglesia lo condenó enérgicamente porque negaba la presencia real de Cristo en las especies del pan y del vino consagrados. Después, el gran desastre viene con la Reforma Protestante, en la que Martín Lutero y sus seguidores se apartan de la
Tradición y niegan la transubstanciación (cfr. Lutero, en la pág. "conoce tu fe católica" en Google).
La vida del católico es un constante combate contra el príncipe de este mundo, que busca por todos los medios apartarnos de Jesucristo y llevarnos por caminos aparentemente buenos pero que en sí son falsos y malos. "Satanás emprende una lucha contra los hombres como no la hubo una antes" (Diario Espiritual, pág. 88). Esta lucha está centrada contra la presencia de Cristo en la Eucaristía porque es lo esencial, lo más importante (cf. pág. 96).
La vida entera de Isabel Kindelmann es un testimonio de fe en la presencia de Cristo en medio de su pueblo. La Llama de Amor va a la raíz del problema de la Iglesia. "Cuando alguien hace adoración reparadora a la Santísima Eucaristía, mientras eso dure en una parroquia, Satanás pierde su dominio sobre las almas. Como ciego, deja de reinar sobre las almas" (pág. 124).
Decimos lo mismo de las familias: cuando una familia entera se vuelve hacia la Eucaristía y la pone en el centro de sus valores, Satanás deja de reinar sobre ella. "Si asisten a la Santa Misa cuando no hay obligación y están en gracia de Dios, derramaré la Llama de Amor de mi Corazón y cegaré a Satanás durante este tiempo. Mis gracias afluirán abundantemente a las almas por quienes la ofrecen. La razón de ello es que Satanás, hecho ciego y despojado de su poder, no podrá hacer nada. La participación en la Santa Misa es lo que más ayuda a cegar a Satanás..." (pág. 131-132). Si comprendiéramos que la mejor inversión es la de vivir intensamente unidos a la Eucaristía, las bendiciones de Dios se derramarían a raudales sobre las familias. Es lógico: el demonio queda ciego y no las puede atacar con eficacia.
70. ¡DESPIERTA! ASÍ ACTÚA SATANÁS PARA DESTRUIR LAS FAMILIAS
Hoy, cuando inmensas multitudes han perdido el sentido del pecado y se dejan llevar tranquilamente por las tentaciones del diablo, el Señor nos abre los ojos por medio de Isabel Kindelmann y el Diario Espiritual de la Llama de Amor. Si no reaccionamos individualmente, como familia y como Iglesia, el Demonio seguirá destruyendo todo. Todo, sin excepción. Debemos tomar en serio las palabras de Santiago: "enfréntate al Diablo y él huirá".
Cuando Isabel Kindelmann, en el Diario Espiritual, se refiere a las tentaciones que la asaltan, las describe como "gran lucha", "algo indescriptible", "lucha larga, espantosa" (pág. 19), "pensamientos terribles", "gran confusión", "gran incertidumbre" (pág. 31), "gran sequedad", "tormento" (pág. 32), "continua molestia" (pág. 21), "tortura del alma", "gran miedo" (pág. 54), "opresión del pensamiento", "parálisis", "falta de fuerzas" (pág. 54), "irrupción", "perturbación", "despojo de la calidad de ser humano" (pág. 55), "rabia salvaje de Satanás" (pág. 61), "continuas vejaciones" (pág. 75), "sensación de angustia" (pág. 77), "falta de paz" (pág. 81), "incendio de Satanás" (pág. 82), "barricadas en el alma" (pág. 83), "oscuridad", "desorden" (pág. 83), "martirio interior" (pág. 83), "asedio" (pág. 93), "fastidiosas" (pág. 93), "turbación", "asquerosidades" (pág. 96), "amenazas", "total oscuridad", "tormento atroz" (pág. 96), "presencia terrorífica" (pág. 97), "maraña" (pág. 100), "terribles dudas" (pág. 102), "palabras ultrajantes" (pág. 106), "tremendo desasosiego" (pág. 130), "sentimiento de haber pecado" (pág. 130), "culpabilidad" (pág. 149), "pensamientos negativos", "gran inseguridad", "opresión del alma" (pág. 150), "tormentos infernales" (pág. 152), "contaminación" (pág. 178), "gran inquietud" (pág. 283), "lucha desesperante" (pág. 283), "engaño" (pág. 293), "maquinaciones solapadas y mentirosas" (pág. 312)... etc.
Isabel despliega ante nuestros ojos, con esas pinceladas descriptivas, el asedio diabólico que va sufriendo en ese camino de santificación que Dios le ha deparado. La misión que Dios le ha encomendado de ser la "primera" en recibir la gracia de la Llama de Amor exige de su parte una gran santidad. Así como el oro se purifica en el crisol y el diamante se perfecciona bajo el dolor de la sierra que lo talla, Isabel va a ser santificada por el sufrimiento. Dios se va a servir del demonio para santificarla. Al mismo tiempo, va a darnos un modelo para el "combate espiritual" que todo ser humano debe enfrentar contra el enemigo de la salvación.
“En estos días satanás trato con todas su fuerza de inculcar en mi alma pensamientos de soberbia. Era esta una lucha terrible. Ni de noche ni de día hallé tranquilidad a causa de ella”(D.E)
El Diario Espiritual de la Llama de Amor nos enseñará muchísimas cosas que es preciso saber en este terreno. Lo primero, que el Demonio existe; que no es un mito. No es "el mal" impersonal que muchos se imaginan. El "odio satánico contamina el mundo" (pág. 120) y la familia, para llevar el mayor número de almas a la condenación. Que con "fuerza rabiosa quiere destrozar las familias" (pág. 118). Las familias son su principal objetivo. Desintegra los hogares, los destruye. Así como Isabel sufre esas obsesiones espantosas, continuas molestias, pensamientos terribles, tentaciones asquerosas, etc., los esposos sufren también el asedio del adulterio, de la infidelidad, de la ira, del mutuo rechazo, del rencor, etc. Eso es producto de la acción diabólica. No se trata simplemente de cosas fortuitas o de estados de ánimo, sino que es la puesta en marcha de un plan que llevará irremediablemente a la separación del matrimonio, a su fracaso.
Muchas parejas se preguntan: ¿Qué nos está pasando? Nuestro matrimonio se va a pique, se está destruyendo. Se impone un profundo examen de conciencia para llegar a la raíz última de los problemas. El enemigo ataca nuestra capacidad de pensar, de sentir, de actuar. Es capaz de infundirnos pensamientos y sentimientos de todo tipo; de hacerlo de tal forma y con tal intensidad que se conviertan en obsesiones desesperantes. Nos puede llevar a la locura, al suicidio, a cometer actos irracionales, a enfermedades psíquicas como el alcoholismo, la adicción a las drogas, etc. Puede atacar nuestro cuerpo. Es capaz de producir enfermedades físicas. Recordemos el evangelio (San Lucas 13:11) de la mujer encorvada; al hombre que tenía un espíritu sordo y mudo (San Marcos 9:25).
Puede interferir en las relaciones interpersonales para convertirlas en un verdadero infierno: provoca enamoramientos falsos y tempestuosos, pleitos, divisiones, odios, envidias, rechazos mutuos, etc. Puede destruir la economía de una familia y llevarla a la ruina. Sobre todo, nos lleva al rechazo de Dios, de la oración, de las cosas sagradas.
El demonio convierte las familias en lugares sin Dios, donde reina la frialdad religiosa, el desprecio de la Iglesia, la indiferencia hacia las verdades de la fe.
Dios nos llama a la paz, y cuando no hay la paz que Cristo nos dejó, no está el Señor. Está Satanás actuando con libertad. Lo que el Diario trata de enseñarnos es que no podemos vencer el ataque diabólico sin la ayuda del Señor. Hay que golpearse el pecho y decir "mea culpa...". Las familias que se destruyen es porque no han tomado los medios que el Señor nos ha dado para combatir eficazmente al enemigo. "Dense cuenta de que todas esas cosas desordenadas tienen su origen en Satanás, es su obra y dura mientras yo se lo permita" (pág. 83).
71. EXAMEN DE CONCIENCIA FAMILIAR PARA LA SANACIÓN Y EL COMBATE ESPIRITUAL
El proceso de liberación y sanación espiritual de la familia se inicia con el examen de conciencia. Entonces tomamos conciencia de que estamos siendo víctimas de un mundo espiritual que no conocíamos bien y que está empeñado en destruir nuestra felicidad temporal y eterna. De repente, caemos en la cuenta de que muchas cosas que nos afectan "no son normales". No tienen su origen en nosotros mismos, en nuestra voluntad.
Comenzamos a captar que hay pensamientos, sentimientos, obsesiones e impulsos nefastos que nos arrastran a cosas que no queremos: al suicidio, a la depresión, a la tristeza, a la violencia, al odio, a la infidelidad, al rechazo a Dios y a los demás, a autoagredirnos, herirnos, destruirnos, etc.
Comenzamos a inquietarnos porque en la familia se respira un clima inexplicable de discordia, pleitos, ofensas, malas palabras, insultos. Es imposible vivir en paz, en armonía. La familia se vuelve un pequeño infierno. Se siente rechazo al cónyuge, incapacidad para las relaciones íntimas, distanciamiento emocional, celos irracionales... La esposa o el esposo al que se amaba intensamente se convierte en poco tiempo en alguien extraño e indiferente. El marido ejemplar se enreda obsesivamente con una mujer que lo lleva a la ruina, y no hay medio que pueda dejarla, por más que quiera. Hay algo más fuerte que lo arrastra. Los hijos entran en rebeldía contumaz contra los padres; entre hermanos se da odio, rivalidad y violencia inexplicables; jóvenes que antes eran modelos de vida cristiana de repente se abren inexplicablemente a los vicios; se rodean de amigos perversos, aprenden a beber alcohol, se vuelven adictos a estupefacientes, están como ciegos y sordos a los consejos de los padres.
Dios, a quien antes se amaba, se adoraba, se le agradecían sus bondades, es ahora rechazado, tirado a la basura. Para la Iglesia, a la que se respetaba y escuchaba, lo que ahora se siente es un gran desprecio y rechazo; la fe que se profesaba de niño ya no tiene sentido. Hay una ruina económica persistente; todo fracasa, todo negocio que se emprende termina en desastre; el dinero se hace agua. En la casa se mueven las cosas, se siente un clima extraño de opresión; se ven sombras que pasan; hay ruidos inexplicables; mientras dormimos, sentimos que nos aprietan la garganta y no nos podemos mover, como si alguien quisiera asfixiarnos; alguien se sienta en nuestra cama, a nuestro lado, nos tocan; algunas personas sienten que abusan sexualmente de ellas, otros se sienten observados y escuchan palabras ofensivas o que las invitan a suicidarse, etc.
También hay otro fenómeno sobre el que debemos reflexionar. En la historia de una familia se pueden descubrir rasgos que se repiten de generación en generación: alcohólico el tatarabuelo, el abuelo, el hijo, el nieto, el bisnieto... cadenas de divorcio, suicidio, violencia asesina, promiscuidad, homosexualidad, brujería, ruina, madresolterismo, incapacidad para contraer matrimonio, impiedad, aborto, enfermedades psíquicas, enfermedades físicas, etc., etc.
Todo esto puede ser explicado de manera "natural", como producto de la cultura en la que se vive. Los psicólogos son muy hábiles para "explicar esto a partir de muchas teorías", igualmente los psiquiatras. No dudamos de que tengan mucha razón. Sin embargo, hay que dejar abierta la puerta para encontrar una explicación complementaria: los espíritus malignos, de los que nos habla la Palabra de Dios, son capaces de intervenir también en la vida de los seres humanos y de sus familias para arrastrarlas a la infelicidad. No hay que ver siempre al Diablo en lo que nos sucede, pero hay que verlo cuando está presente. Por eso, las ciencias humanas deben ir de la mano de los auxilios espirituales que Dios nos da para encontrar la explicación y la solución.
En el campo que me corresponde, la sugerencia que doy a todos los que quieren caminar por la senda de la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María es que comiencen por analizar su vida personal, tratando de descubrir las tendencias, las pasiones, los problemas internos, los pecados que los agobian; que juntos analicen a los miembros del hogar, los que conviven bajo un mismo techo, especialmente entre cónyuges; que estudien, en la medida de lo posible, los rasgos que de generación en generación se han ido transmitiendo a lo largo de la historia de la familia. Este examen de conciencia personal y familiar les va a ayudar en buena parte a tomar conciencia de la estrategia que los espíritus malignos están utilizando para destruir espiritualmente a la familia.
Cuando uno sabe dónde le aprieta el zapato, está en mejores condiciones para enfrentar a los espíritus de la oscuridad con la Llama de Amor. La devoción al Inmaculado Corazón de María debe llevarnos a rechazar de nuestra vida todo lo que significa la "esclavitud" del mundo de las tinieblas. Lo más importante es tomar conciencia de los pecados que hemos cometido desde el principio de nuestra vida, descubrirlos como lo que son: verdadero rechazo a Dios, rebeldía contra el Creador y Señor de nuestras vidas. A partir de allí, entrar en la actitud de profundo dolor y arrepentimiento. A partir de allí, viene la sanación.
72. EL PRIMER COMBATE ESPIRITUAL DE LA FAMILIA CONTRA EL DEMONIO ES EN LOS CORAZONES DE LOS ESPOSOS
El primer combate espiritual que libra la Llama de Amor contra el príncipe de este mundo se sitúa en el corazón de los esposos. Lo primero que hace Nuestro Señor es hacernos conscientes de las intenciones del maligno: "Satanás con fuerza rabiosa quiere destrozar las familias... ¡Oh, las familias destrozadas! ¡Cuántos pecados acarrean en contra de Mí! ¡Repara y sufre por ellas!" (p. 118). "A las almas creadas a imagen y semejanza de mi Padre Celestial que caen en las garras de Satanás, las traga el infierno" (p. 183).
SANTÍSIMA VIRGEN (SV) "¡Qué pena tan grande hay en mi Corazón: Satanás está barriendo vertiginosamente las almas!" (p. 60). "La rabia salvaje de Satanás va de aumento para acaparar hasta las almas perseverantes. ¡No se lo permitan, ayúdenme!" (p. 61).
JESUCRISTO (JC) "El maligno... es él quien perturba la paz de tu familia" (p. 81). Los padres de familia son, en el plan de Dios, los pastores de su pequeño rebaño. ¿A quién atacará primero Satanás? Lógicamente, los primeros objetivos de Satanás son los esposos. "Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas". Si los padres caen en el poder del maligno, le será mucho más fácil herir a los hijos. El trabajo del Demonio es tomar posesión de los corazones. El resto es secundario. Quien vive en pecado mortal de manera consciente y permanente está en las garras de Satanás.
Decía el Papa Pío XII que hoy "se ha perdido el sentido del pecado". Lo vemos de manera palpable en cantidad de hogares fundados sobre la "unión libre" o "el matrimonio civil". Igualmente, vemos cómo la mentalidad del divorcio ha llegado a justificar el derecho a contraer nuevas nupcias. Si no nos va bien, nos divorciamos y nos "volvemos a casar solo por lo civil"; tenemos derecho a "rehacer nuestras vidas". Quienes así razonan "no tienen sentido de lo que es el pecado" de la fornicación o del adulterio. No les angustia "vivir en pecado mortal". No creen que morir en pecado mortal tiene como castigo el infierno eterno.
Lo mismo podemos decir de aquellos esposos que cometen aborto y lo apoyan; de aquellos que utilizan los medios anticonceptivos inmorales; de quienes mantienen relaciones extramaritales o viven inmersos en peleas destructoras, en odios, en permanentes recriminaciones que convierten la vida familiar en un pequeño infierno. La lista sería muy larga. Lo grave es que eso no lo consideran "como pecado". No lo valoran como "acción satánica". No se dan cuenta de que eso es fruto de la presencia del Demonio en su vida personal y en su relación de pareja.
La familia es el primer y principal objetivo de Satanás. Para destruirla, el Demonio concentra sobre ella el mayor número de ataques y de medios. JC: "Dense cuenta de que todas esas cosas desordenadas tienen su origen en Satanás, es su obra..." "Están dejando que haga su destrucción la llama del infierno. Pero, ¡Ay de ustedes que miran con cobardía, los que son responsables! ¡Se tapan los ojos y dejan que las almas sigan condenándose!" (p. 83). A tal grado ha avanzado la ceguera espiritual de esta sociedad "cristiana" que ya hemos "aceptado como normal" todas esas aberraciones y no nos inquietamos; caemos en la "indolencia" ante la posibilidad de la condenación eterna de quienes las cometen.
El primer fruto de la Llama de Amor es iluminar los corazones con la Luz del Espíritu Santo para que puedan darse cuenta de lo que es pecado personal y familiar. Cegar a Satanás significa, en primer lugar, recuperar la conciencia del pecado. Cuando se rompen voluntariamente los compromisos santos adquiridos en el Sacramento del Matrimonio válidamente contraído, se comete pecado. Mucha gente se ha hecho a la idea de que "ahora la Iglesia" ha cambiado y de que uno se puede "divorciar por la Iglesia". La Llama de Amor debe comenzar su trabajo desde el corazón del hogar. Los niños deben ser iluminados por el "efecto de gracia". Hay que educarlos dentro de la perspectiva que el Diario Espiritual nos muestra.
Cuando los hijos sean adultos y lleguen al matrimonio, irán bien armados para enfrentar el rudo combate que significa fundar una familia consagrada a Jesucristo. Los esposos deben asumir la gracia del Sacramento del Matrimonio con el poder que emana de la Llama de Amor.
Uno de los apostolados más importantes del Movimiento debería ser la creación de pequeños grupos de oración para niños (las llamitas), para adolescentes y jóvenes. El matrimonio no se puede preparar con cuatro charlas parroquiales. Es todo un camino espiritual que debe preceder al compromiso sacramental. Tenemos que aprender las leyes del combate espiritual tal como la Virgen nos las enseña y aplicarlas en el seno de la familia.
73. ¿EN QUÉ CONSISTE EL ÉXITO DEL MATRIMONIO CRISTIANO?
Los primeros que el Demonio ataca son los padres de familia. En tiempos de cristiandad, era un verdadero escándalo que una pareja de católicos viviera en unión libre; igualmente, que un matrimonio se divorciase. Hoy, con la descristianización galopante, los jóvenes prefieren vivir en fornicación, en unión libre. Los jóvenes "católicos" tienen "miedo" a contraer matrimonio. Dicen: "Primero vamos a probar; si nos va bien, nos casamos por la Iglesia; si nos va mal, nos separamos". Esta manera de razonar es fruto de la triste realidad que han visto a su alrededor. En ciertos ambientes, de cada cuatro matrimonios, tres se separan. Es fruto también de la "ignorancia" espiritual y, sobre todo, de la falta de verdadera fe.
La historia que se ha vivido en los últimos siglos ha contemplado el resquebrajamiento de los "valores cristianos" y el surgimiento de una mentalidad materialista y pragmática. Hay un miedo a fracasar en el matrimonio y quedar "atado" por la ley de la Iglesia que nos dice que el "matrimonio sacramental válidamente contraído es indisoluble". El Evangelio dice que es adulterio casarse con una persona que haya estado ligada por un matrimonio. De hecho, muchísimas personas van al matrimonio eclesiástico sin las debidas disposiciones. Lógicamente, se les hace muy difícil llevar adelante algo tan grandioso como es el "Misterio" de la unión del hombre y de la mujer en Cristo.
El matrimonio es visto desde su parte externa: un contrato social. Un requisito exigido por una "mentalidad conservadora". Si no funciona, no sirve. La raíz profunda de esta actitud está en la "falta de sometimiento" a Jesucristo de parte de las personas. La palabra sometimiento parece muy chocante. Nos da idea de algo que nos oprime desde afuera y que, por fuerza mayor, debemos acatar, nos guste o no nos guste. Sin embargo, es la palabra exacta. Cuando un joven está enamorado de una muchacha, vemos con sorpresa que "se somete" a muchísimas cosas difíciles. Igualmente, cuántas mujeres están "sometidas" a sus maridos e hijos porque "los aman".
Someternos a Jesucristo es simplemente reconocerlo como a Nuestro Señor porque creemos firmemente en Él y lo amamos.
La explicación está en el conocimiento y en el amor. Conocemos a Dios y lo amamos. Confiamos en Él, en su Gracia. Jesús dijo que nos enviaba como "corderos en medio de lobos"; "que en el mundo tendríamos mucho que sufrir", que si queríamos entrar en su Reino deberíamos renunciar a hacer nuestra propia voluntad. No son los que dicen: "¡Señor, Señor!" los que entrarán en el Reino de los Cielos, sino los que hacen la voluntad del Padre Celestial. Hay muchos pasajes que nos llevan al punto crucial: ¡Jesús es el Señor! Todo deriva de este punto. Si reconozco a Jesús como a MI SEÑOR, mi "salvador", mi "redentor", el "dueño de mi persona y de todo lo que tengo", "mi Roca", "mi fuerza", "mi permanente auxilio", no tendré entonces miedo de seguirlo.
El matrimonio sacramental según Cristo parece entonces el camino ideal, perfecto para fundar y edificar una familia. Quienes piensan que van a ser felices en la unión libre se equivocan. También se equivocan quienes piensan que pueden vivir un matrimonio sacramental como si fuera unión libre. El matrimonio sacramental solamente funciona si se vive tal como el Señor lo ha diseñado; esto es lo que muchos no quieren. Desean estar casados por la Iglesia y "vivir como paganos" sin Cristo. Lógicamente, su matrimonio es un fracaso.
El matrimonio es un camino de santidad. Solamente se llega a la santidad por la aceptación de la Cruz de Cristo. Quien no está dispuesto a seguir a Cristo no debería casarse por el sacramento; el matrimonio es un permanente combate contra el mundo, el demonio y la carne.
Aquí es donde el "efecto de gracia de la Llama de Amor" desempeña su papel. María auxilia a los esposos en ese combate cuerpo a cuerpo contra el príncipe de este mundo, que por todos los medios buscará el "fracaso" de ese matrimonio y la destrucción de la familia. No se puede sostener un matrimonio con simples recetas psicológicas, ya que el matrimonio es un "misterio espiritual". Vivir juntos hasta el fin no significa tener éxito en el matrimonio. Muchas parejas que viven juntas hasta el fin de sus vidas han llevado un fracaso matrimonial completo.
El éxito en el matrimonio significa haber vivido juntos, con los hijos, la verdadera santidad cristiana. Es muy ardua la labor de la Llama de Amor porque es ante todo conversión de los corazones a la Palabra de Dios. Para Dios no hay nada imposible. La Virgen garantiza con su intervención poderosa la victoria: "Te aseguro, hijita mía, una fuerza tan poderosa de Gracia no he puesto todavía a disposición de ustedes como esta vez: la Llama de Amor de mi Corazón; desde que el Verbo de Dios se hizo carne, no he emprendido yo un movimiento más grande que éste de la Llama de Amor de mi Corazón que salta hasta ustedes. Hasta ahora no ha habido nada que tanto ciegue a Satanás, y de ustedes depende que no la rechacen porque esto traería consigo una gran ruina." (p. 79)
74. LA CONSAGRACIÓN DE FAMILIAS A LOS CORAZONES DE JESÚS Y MARÍA ES CAMINO A LA VICTORIA CONTRA SATANÁS
Las dos fiestas que celebramos en estos días: El Sacratísimo Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María son la fuente de la que mana el Diario Espiritual de la Llama de Amor. La experiencia que Isabel Kindelmann vive y la enseñanza que nos trae en sus escritos son la realización del gran mensaje del Corazón de Jesús a Santa Margarita María Alacoque y del Inmaculado Corazón de María en Fátima. Esos dos corazones se funden en uno solo para darnos la Llama de Amor. El designio de Nuestro Señor al establecer la devoción a su Sacratísimo Corazón y al de su Madre Santísima es destruir el reino de Satanás. Jesús lo dice claramente cuando habla de la veneración de su imagen:
"Que esparciría sus gracias y bendiciones por dondequiera que estuviera expuesta su santa imagen para tributarle honores, y que tal bendición sería como un último esfuerzo de su amor, deseoso de favorecer a los hombres en estos últimos siglos de la Redención amorosa, a fin de apartarlos del imperio de Satanás, al que pretende arruinar, para ponernos en la dulce libertad del imperio de su amor, que quiere restablecer en el corazón de todos los que se decidan a abrazar esta devoción."
En varios otros pasajes del Diario, Jesús nos habla de su Corazón: "El quedarse ciego Satanás significa el triunfo mundial de mi Divino Corazón, la liberación de las almas y que el camino se abrirá en toda su plenitud" (p. 262). En la pág. 230: "Porque mi Corazón humano también late al mismo ritmo con mi Divinidad. Tu corazón late al mismo ritmo que mi Corazón". En la pág. 234: "Inclina tu cabeza sobre mi Corazón y esta cercanía te llene de fuerza para las luchas sucesivas". En la pág. 239: "Late de gozo mi Corazón. Por el continuo arrepentimiento de tus pecados, tu alma permanece siempre fresca." etc. etc.
La Virgen Santísima también nos habla constantemente en el Diario de su Corazón Inmaculado: "Con el amor de mi Corazón Maternal me dirijo a ti, mi hijita carmelita. ¡Atiza la Llama de Amor de mi Corazón con tus sacrificios! No dejes que la Llama de Amor que derramé primeramente sobre ti solo vacile débilmente en ti!" (p. 242). Jesús y María, al hablarnos de sus Corazones, van mucho más allá del significado que nuestra cultura atribuye a este vocablo. No se trata simplemente de los afectos sensibles que experimentamos cuando nos sentimos atraídos por la persona que amamos. El término Corazón nos lleva a las raíces bíblicas. Se trata de la "Persona Divina" de Jesús, de la persona humana de su Santísima Madre, que aman a los seres humanos con el amor extremo y perfecto de la entrega total. Ese es el motivo por el cual tanto las apariciones del Sagrado Corazón como las del Inmaculado Corazón en Fátima se centran en el misterio de la Redención: tanto amó Dios al mundo que entregó a su propio Hijo para que el mundo no perezca.
No es sentimentalismo, sino el supremo sacrificio de la vida en la muerte y muerte de Cruz. Es la participación total e incondicional de la Virgen María en el sacrificio supremo de su Hijo en el Calvario. Con su muerte, el Hijo nos rescató de la condenación eterna y su Madre participó en los dolores de esa redención de una manera única. De allí la queja doliente de estos dos Corazones frente a la ingratitud de aquellos que, habiendo sido redimidos a tan alto precio, "desprecian", "rechazan", "ofenden", "niegan" el amor a su Salvador y a la Madre. Este rechazo del amor de Dios trae una consecuencia atroz: la condenación eterna.
Si la Devoción a los Dos Corazones es la proclamación del amor infinito de Dios a los pecadores, la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María es la entrega del "instrumento eficaz" que llevará a la humanidad a la victoria contra el poder de las tinieblas. El rechazo a la Devoción al Sagrado Corazón y al Mensaje de Fátima trajo gravísimas consecuencias: las dos guerras mundiales fueron el resultado del ateísmo militante que cegó millones de almas.
El poder del odio satánico sobre la sociedad de los últimos siglos es el resultado de haber puesto a Dios y a su Cristo a un lado. Satanás quiere llevar a esta humanidad a una destrucción total por el rechazo a Dios. Solamente una intervención milagrosa de la Virgen María puede salvar a este mundo moderno de esa destrucción anunciada.
La Llama de Amor es el instrumento que los Corazones de Jesús y de María ponen a disposición de la Iglesia para revertir el camino que nos está llevando a la muerte eterna. La estrategia de la Virgen María para vencer al maligno consiste en la restauración de la identidad católica de las familias. La Consagración de las familias a los dos Corazones es el camino a la victoria contra Satanás. Solamente la fe católica plenamente vivida nos permite comprender la gracia que se nos entrega y su riqueza inaudita. La fe católica nos capacita para utilizar de manera eficaz el haz de luz. Ese "nuevo instrumento" y su efecto de gracia (cegar a Satanás) que el Corazón Inmaculado está entregando a la Iglesia de hoy es la garantía del "triunfo mundial del Sagrado Corazón".
75. LA DESTRUCCIÓN DEL ORDEN FAMILIAR VIENE DE LA ACCIÓN DIABÓLICA
Queridos hermanos, la poderosa intercesión de María Santísima es la que alcanza para las familias "esta gran efusión de gracias con que ahora quiere inundar la tierra" (p. 213). "Ella quiere que cada familia sea un santuario, donde en unión con ustedes obre sus milagros en el fondo de los corazones" (p. 213). Y para esta renovación espiritual, es necesario imponer un orden familiar donde Jesucristo es el centro de la vida. Si los hogares católicos están en "crisis", es simplemente porque los padres no han llevado a sus familias a vivir de manera consistente y perseverante los medios normales de santificación que Dios nos ha dado: vivencia de los mandamientos de la Ley de Dios, Sacramento del matrimonio, oración en pareja y en familia, Misa dominical, Misa diaria si es posible, confesión frecuente, comunión eucarística, compartir la lectura y meditación de la Palabra de Dios, penitencia, ayuno, verdadera devoción a la Virgen María, vida parroquial, consejería de padres a hijos, oración de sanación y liberación, etc.
Todas las cosas tienen su propio orden interno. En el plan de Dios, la familia tiene su propio orden, sus propias leyes que la constituyen. Si éstas se guardan, aseguran el éxito. La primera ley de la familia, sea cual sea, es que "debe ser un SANTUARIO", un lugar santo consagrado a dar gloria al Señor. Los padres de familia son como los "sacerdotes" de ese templo santo. Son los "PASTORES" de quienes forman ese santuario. A ellos, especialmente, la Santísima Virgen les dice: "Un nuevo instrumento quisiera poner en sus manos: la Llama de Amor de Mi Corazón. Con esta Llama llena de gracias que de mi Corazón les doy a ustedes, enciendan todos los corazones pasándola de corazón a corazón. Su fulgor cegará a Satanás" (p. 208). "La suave luz de mi Llama de Amor se encenderá y prenderá fuego en toda la redondez de la tierra, y Satanás, humillado y reducido a la impotencia, ya no podrá ejercer más su poderío. ¡Sólo que a estos dolores de parto no los quieran ustedes prolongar!" (p. 202).
La Virgen María señala que la destrucción del orden familiar viene de la acción diabólica. Se trate de una familia católica, protestante, musulmana, o de cualquier religión, su destrucción es una obra satánica. La gracia de la Llama de Amor es para todos los seres humanos porque "es su Hijo Jesucristo" y todos los hombres están llamados a aceptar a Cristo como la Luz de sus vidas. La promesa de María Santísima de que su Llama se encenderá y prenderá fuego en toda la redondez de la tierra pareciera estar muy lejos de la realidad. Una utopía. ¿Será una ilusión de Isabel? ¿Un invento de su imaginación? ¿Una piadosa mentira? ¿Una mala comprensión de las palabras de la Virgen? El Demonio se servirá de la grandeza de este mensaje para atormentar con terribles dudas a la sierva de Dios. Pasará meses de terribles tentaciones que la llevarán casi a la desesperación, a desearse la muerte. Intentará varias veces destruir su Diario, se acusará a sí misma de mentirosa, de falsaria; en su confusión irá donde su Director Espiritual a decirle que lo ha engañado (leer págs. 280-281; 283; 315-318). El Señor permite estos tormentos para santificarla y asegurarnos de que no es Isabel quien ha inventado ese mensaje tan poderoso.
Es el Corazón Inmaculado de María la fuente de donde mana esa Luz que abrasará con su fuego "toda la redondez de la tierra" y cegará a Satanás, humillándolo y reduciéndolo a la impotencia. "Formen pues una fila estrechamente apretada porque la fuerza del sacrificio y de la oración quebranta la llama del odio infernal. Los malignos se reducirán cada vez más; su llama que arde de odio se apagará y el resplandor de mi llama de Amor llenará todas las regiones de la tierra" (p. 269). "Sí, hijita mía, apagaremos fuego con fuego: ¡El fuego del odio con el fuego del Amor! El fuego del odio de Satanás lanza sus llamas tan alto que cree que su victoria ya es segura, pero mi llama de Amor cegará a Satanás" (p. 266). "Hijita mía, para eso necesito Yo el sacrificio, tu sacrificio, el sacrificio de ustedes para que las mentes y corazones en los que arde el odio infernal reciban la mansa luz de mi Llama de Amor" (p. 266).
La Virgen nos habla de UN MILAGRO. Eso es la Llama de Amor: ¡un milagro! "Yo haré en unión con ustedes un milagro que los sabios del mundo en vano intentarán hacer; esto nunca estará al alcance de ellos. Esto solamente lo puede comprender la sabiduría de las almas puras y amantes de Dios porque ellas poseen a Dios y sus infinitos secretos" (p. 266).
Nuestra Señora nos revela de dónde proviene el poder de la Llama de Amor: se trata de una intervención milagrosa de Dios. El efecto de gracia es un milagro. Es decir: algo que viene directamente de Dios y está más allá de las explicaciones racionales: "Las Llamas que brotan de mi Amor apagan el fuego del infierno" (p. 266). Es necesario que los padres de familia comiencen por apagar el fuego del infierno dentro de su propio matrimonio y dentro de su propio hogar con el fuego de la Llama de Amor. Así se contagiarán las otras familias y se cumplirá la profecía de la Virgen: "Mi Llama de Amor, con una claridad inimaginable y con un calor saludable, inundará la redondez de la tierra" (p. 266).
76. LA VIRGEN MARÍA VIENE EN NUESTRA AYUDA DURANTE EL COMBATE ESPIRITUAL
El efecto propio de la Devoción a la Llama de Amor es "cegar a Satanás". Isabel Kindelmann escribe en el Diario Espiritual de la Llama de Amor: «En verdad todo se reduce a esto: ¡cegar a Satanás! Este es el principal y el único fin de la Llama de Amor de la Santísima Virgen, de la cual ella dijo que una efusión de gracia tan grande como ésta no se derramó sobre la tierra desde que el Verbo se encarnó» (p. 225). Es importantísimo que leamos y meditemos con profundidad todos los párrafos de las páginas antes citadas para recuperar esperanza ante el tremendo ataque diabólico de estos últimos tiempos contra la Iglesia y su base social y espiritual, que es el misterio de la familia fundamentada en Cristo.
Nosotros no podemos cegar a Satanás solo con nuestras propias fuerzas. Él es un ángel, y como tal, es muy superior a nosotros en inteligencia y perspicacia; su malicia perversa y el poder de su naturaleza angélica nos aplastarían en un segundo sin la ayuda directa del Señor. El combate espiritual es una consecuencia inevitable del pecado original. Dios perdonó el pecado de Adán y Eva, pero ellos ya habían entregado la creación al poder del Demonio. Esta maravillosa creación que Dios había puesto en manos de nuestros primeros padres está, desde entonces, bajo el poder del príncipe de este mundo. Dios permite que las consecuencias del pecado permanezcan en la creación, y especialmente en el hombre.
Satanás pierde sus derechos sobre nosotros y sobre las criaturas cuando lo rechazamos y renunciamos a formar parte de su reino de tinieblas. Muchísimas personas yacen bajo el poder del maligno porque no han renunciado a él ni han rechazado sus obras. El día de nuestro bautismo renunciamos a Satanás, a sus pompas y a sus obras, y prometimos seguir a Cristo. Pero este seguimiento implica tomar la Cruz del Señor, que es lo único que puede vencer a Satanás. Este cruel déspota no quiere renunciar a nosotros y busca por todos los medios hacernos regresar a su reino. Aquí se instaura el combate entre ese mundo de las tinieblas y nuestra propia voluntad de pertenecer a Jesucristo.
Perderíamos la batalla sin un auxilio especial del Cielo. En estos "últimos tiempos", el ataque del Demonio es terrible porque sabe que le falta poco tiempo para su total derrota. Busca por todos los medios arrastrar el mayor número de almas a la condenación eterna. Si no sabemos esto, no podemos comprender lo que está pasando en el mundo y en nuestro alrededor. Los que no tienen una Fe viva atribuyen la degradación de la humanidad a causas superficiales. No van a la raíz espiritual del desastre, que es la acción concertada de millones de servidores de Satanás. La Llama de Amor cobra sentido cuando la vemos desde esta perspectiva.
a Santísima Virgen dice: "¡Entren en batalla, los vencedores seremos nosotros! Mi Llama de Amor cegará a Satanás en la misma medida en que ustedes la propaguen en el mundo entero. Quiero que así como conocen Mi nombre en el mundo, conozcan también la Llama de Amor de Mi Corazón, que hace milagros en lo profundo de los corazones" (p. 120).
Tenemos la promesa de la Virgen: "los vencedores seremos nosotros". Tenemos una orden: "entren en batalla". Tenemos una explicación del porqué de nuestra victoria: "Mi Llama de Amor cegará a Satanás". Y tenemos una condición para que se dé esa victoria: "en la misma medida en que ustedes la propaguen en el mundo entero".
La gracia de la Llama de Amor debe ser "conocida" en todo el mundo. Tenemos también la explicación del porqué de su fuerza: "que hace milagros". ¿Dónde? "En lo profundo de los corazones". Dios nos ama tanto que Él hace que su gracia toque los corazones y los convierta: ese es el milagro de la Llama de Amor. No se trata de los "favores" materiales que pedimos. Isabel entra en batalla contra su tibieza espiritual (p. 19-21). "Así se inició una gran lucha en mí. Imploraba a Dios. Algo indescriptible; no encuentro palabras para expresar la lucha espiritual que comenzó en mí. La lucha era larga, espantosa; se me crispaban los nervios" (p. 19).
Para cegar a Satanás, hay que comenzar por "luchar contra él". Santiago nos dice: "Sométanse, pues, a Dios; resistan al diablo y él huirá de ustedes" (Santiago 4,7). Isabel experimenta el auxilio de la Llama de Amor: "Quien no ha sufrido nunca semejante tentación difícilmente puede comprender lo que se siente ante tal incertidumbre. Estuve largo tiempo en silencio, y poco a poco se fue disipando esta terrible oscuridad. Comencé a sentir que el maligno ya no me confundía tanto y mi alma comenzaba a sentir alivio" (p. 31-32).
Cada uno tiene sus "propias tentaciones". Si las acogemos y las seguimos por un momento, nos sentimos bien; después viene el remordimiento. Si las enfrentamos y rechazamos, viene el combate. Ahí entra la ayuda de Dios: la Llama de Amor ciega a Satanás. Este huye y llega el alivio, la Paz. La vida del cristiano es una lucha permanente contra el pecado. El que no lucha es esclavizado y conducido a la muerte eterna.
77. LA GUERRA CONTRA JESUCRISTO ES TOTAL
Las fiestas del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María nos dieron la ocasión para descubrir que la gracia de la Llama de Amor nos lleva al "triunfo mundial del Divino Corazón" (p. 230). El mensaje de Paray-le-Monial y de Fátima se expresan en estos últimos tiempos en el mensaje de la Llama de Amor. La negación de la "existencia del Demonio", fruto del racionalismo cientificista, ha conducido a la humanidad a un callejón sin salida. El hombre no puede comprender el misterio de la existencia del mal. Nadie que no posea la revelación divina puede explicarse el "por qué existe el mal". El Demonio ha cegado los ojos de los seres humanos.
La pérdida de la Fe católica en Occidente y el rechazo a la Iglesia Católica han conducido, y siguen conduciendo, al mundo moderno a la búsqueda de soluciones totalmente incapaces de conseguir la Paz. El fruto de la Resurrección de Jesús es la Paz: "Mi Paz les dejo, mi Paz les doy. No se la doy como la da el mundo". Tanto el mensaje del Sagrado Corazón como el del Inmaculado Corazón terminan en la Paz de los corazones y del mundo. No podrá existir esa paz tan anhelada sin el "triunfo mundial del Divino Corazón". Todo se decide en el corazón del ser humano. El Reino de Jesús tiene un territorio específico: el corazón del hombre. La finalidad de la Llama de Amor es que Jesucristo reine en lo más íntimo de nuestras almas.
El príncipe de este mundo quiere reinar abusivamente en los corazones humanos. Así como engañó a Adán y Eva, Satanás busca engañar a todos los incautos que creen en él. La verdadera batalla no tiene lugar en el exterior con aviones, tanques, submarinos, cohetes, ejércitos, etc., sino en el corazón de cada hombre. ¡Satanás quiere reinar! Ese es su perverso designio.
Además de destruir la obra de Dios materialmente, se dirige ante todo a arrastrar a los seres humanos al rechazo de Cristo. Si observamos la historia de los últimos siglos y el avance de las ideas, podremos darnos cuenta de cómo Europa y América, cuyas raíces culturales se hunden en la Fe católica, han apostatado (renunciado, abandonado) prácticamente de ella. El avance de esta apostasía pareciera imparable. Cada día se desmorona más el contenido de la Fe plena y verdadera para dar paso a una mezcla de opiniones que tiene la apariencia de cristianismo, pero que en verdad no puede sustentar una auténtica vida según Cristo.
La guerra contra Jesucristo es total. El mundo, el demonio y la carne están aliados para arrancarlo del corazón de los seres humanos. Esa es la legítima obra de Satanás. Si no comprendemos esto, somos como ciegos que avanzamos a tropezones en medio de problemas sin fin que nos despedazan por dentro y por fuera. Lo más amargo de esta realidad que estamos sufriendo es que muchísimos promotores de esa apostasía lo están haciendo de "buena fe". Se decían católicos porque sus ancestros lo eran; nacieron en hogares que ya no eran católicos porque sus padres no vivían ya una fe católica. Creyeron ingenuamente que eran católicos, pero en realidad sus parámetros de pensamiento estaban asentados en principios no católicos.
Según estadísticas, cada día más de ocho mil "católicos" dejan la Iglesia Católica para pasar a grupos que se llaman "iglesias cristianas". Además, millones que fueron bautizados se declaran hoy públicamente ateos. La "ciencia" es su dios y la razón, el eje de sus vidas. Podemos entonces comprender las quejas dolorosas del Corazón de Jesús y las lágrimas del Inmaculado Corazón de María. Dios hace esfuerzos inauditos para que los corazones ciegos de sus hijos se vuelvan hacia el camino que lleva a la vida eterna. Estamos en plena batalla contra el príncipe de este mundo, rey de la mentira y del engaño.
La urgencia del mensaje dado a Isabel Kindelmann no se puede comprender sin ese trasfondo de apostasía que aqueja a la Iglesia de Jesucristo. En el Diario Espiritual, María Santísima no se cansa de denunciar la enfermedad mortal de los bautizados: la indolencia ante el ataque frontal de Satanás. Ella pide que entremos en combate contra el enemigo. La oferta de María a la Iglesia es sencilla, como el Evangelio. Para Dios no hay nada imposible. Ella no propone nada que esté fuera del alcance de todo ser humano.
Que cada familia reconozca a su Hijo como Señor de sus vidas, que Jesucristo sea acogido en cada hogar como el Rey y centro de los corazones.
Este es el punto de partida de la transformación de las familias en verdaderas familias católicas. Es a partir de la consagración vivida de los hogares que éstos se convierten en Santuarios Familiares. El programa de renovación de la Iglesia y del mundo que María nos propone se basa en el Reino de los Dos Corazones en los hogares. Es allí donde el efecto de gracia de la Llama de Amor se convierte en una cadena de poderosos milagros que van haciendo caer las fortalezas satánicas. El demonio tiene pies de barro. La Virgen sabe cómo golpearlo y nos enseña a hacerlo.
78. LA VIDA DEL DISCÍPULO DE CRISTO ES UN CAMINO DE LUCHA CONTRA EL ENEMIGO PARA AVANZAR EN SANTIDAD
Decíamos en el comentario pasado que la gracia de la Llama de Amor va más allá de un estilo de oración de liberación. Muchas personas, cuando están afectadas por problemas emocionales o por ataques de tipo diabólico, buscan "una oración de liberación". Algo así como una aspirina o medicina que les quite el sufrimiento que experimentan. Una vez obtenido el alivio, se olvidan de su problema; cuando este regresa, van en busca de otra oración de liberación para poder "sentirse bien". Y así sucesivamente. Esta manera de proceder es bastante común.
Esta actitud también la aplican al Sacramento de la Reconciliación. Cuando se sienten mal, se confiesan; vuelven a pecar y cuando ya no aguantan más la presión interior, van de nuevo a la confesión para "sentirse bien". Las oraciones de sanación interior, de liberación, y el Sacramento de la Reconciliación tienen, es cierto, un efecto beneficioso en nuestra vida. Nos ayudan a recuperar la paz que el Señor nos dio. Hay que recalcar, sin embargo, que estos auxilios de índole espiritual, así como muchos otros que la Santa Madre Iglesia pone a nuestra disposición (p.ej., los diversos sacramentales), tienen un objetivo: ayudarnos en el camino de nuestra santificación.
La palabra "camino de santificación" implica un proceso consciente, perseverante, con objetivos claros; implica un "compromiso" que asumimos con el Señor y con la Iglesia para realizar la vocación a la que Dios nos llama: "Sean santos como su Padre celestial es santo" (cfr. Lev 11,44-45; 19,2; 1 Pe 1,13-21). La vida entera del discípulo de Cristo es un camino de lucha contra los obstáculos que el Enemigo nos pone delante para que no avancemos en la realización de esta vocación a la santidad. La Llama de Amor es, pues, una gracia extraordinaria que vendrá en nuestro auxilio para ayudarnos a combatir permanentemente la acción del Demonio.
Esta gracia no se limita a vencer a Satanás, sino que va mucho más allá; nos lleva a la unión con el Señor en oración y nos realiza en nosotros la unión con la Santísima Trinidad. Es una gracia que brota de lo más íntimo de las tres divinas personas.
Para comprender mejor esta realidad, vayamos a las páginas 197-199 bajo el título: "OCURRIÓ DURANTE LA ADORACIÓN DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD". Isabel nos habla de su experiencia de "sumergirse en la Santísima Trinidad". "Hace mucho tiempo que la Santísima Virgen cegó a Satanás en mi alma" (p. 198). En esta expresión vemos que la gracia de la Llama de Amor efectivamente quebranta el ataque satánico para dejar paso a lo único que importa: la íntima relación de amor filial con el Padre-Hijo-Espíritu Santo.
La historia de Isabel nos muestra a una mujer católica de piedad y moral tradicionales, como hay millones. No es ella un ser extraordinario. Su vida es una lucha permanente contra dificultades a las que infinidad de seres humanos están confrontados en todas latitudes. Lo que sí brilla es la intervención de Dios, que la va transformando por medio de una "gracia extraordinaria", hasta llevarla a la santidad heroica y a las más elevadas experiencias místicas. En el camino de esta madre de familia se destaca de manera principal el papel que el Demonio desempeña en su proceso de elevación a la santidad. Dios ha querido dar al mundo, en la vida de Isabel, algo así como un espejo que nos permita redescubrir que el mal que nos rodea y ataca no es una "idea" sino una "persona", o personalidades unidas en un solo propósito: "destruir la obra de Dios".
Impresiona de gran manera la naturaleza y magnitud de los ataques que debe enfrentar Isabel. Satanás la ataca por todos los flancos: sus facultades, inteligencia, memoria, voluntad, sensibilidad, la salud, el cuerpo, el alma. Produce en ella sentimientos espantosos de desesperación, angustia, depresión, tristeza. Emplea contra ella todas las tácticas de seducción, zalamerías, consejos amañados, engaños, ofrecimientos halagadores; la martiriza para quebrar su voluntad con insultos, ofensas, amenazas; promueve en ella dudas intensas sobre la legitimidad de su misión, llevándola a creer que ella es una mentirosa que busca engañar con pretendidas revelaciones del Cielo a la Iglesia. La amenaza con la condenación eterna. Estos ataques extraordinarios tienen una razón: Isabel es el instrumento escogido por Dios para transmitir la gracia de la Llama de Amor; el Demonio quiere impedir a toda costa que se encienda esa Llama que lo va a cegar; por eso busca destruir a Isabel.
Al estudiar la figura de Isabel, aprendemos sobre la manera de actuar del Demonio en nuestras propias vidas: cuáles son sus estrategias, cuáles sus objetivos, cuáles sus debilidades. Decimos que el Diario es una verdadera "escuela" de vida espiritual para todos los bautizados, especialmente para las mujeres y las madres de familia, que están llamadas a desempeñar en la propagación de la Llama de Amor un papel de primordial importancia. El estudio del Diario nos lleva a tomar conciencia de que estamos en una situación de peligro ante un adversario que va a aprovechar todos los medios para arrastrarnos fuera del camino de la salvación.
79. LA SANACIÓN Y LIBERACIÓN ESPIRITUAL FAMILIAR EXIGE LA RENUNCIA TOTAL AL PECADO
Estamos hablando de la Llama de Amor como instrumento de Dios para sanar los corazones y liberarlos de la acción diabólica. En su infinita sabiduría y misericordia, Dios Nuestro Señor permite el pecado en nuestras vidas. Dios respeta nuestra libertad, pero no nos abandona si nos alejamos de Él. Somos libres para escoger sus caminos o para rechazarlos y hacer los nuestros. Cuando caemos en la cuenta de que estamos desnudos (Génesis 3,7), Dios no nos rechaza. Nos busca para darnos la oportunidad de volvernos hacia Él, así como el niño desobediente y travieso mordido por el perro se vuelve hacia su padre buscando auxilio, consuelo, sanación y protección.
Somos como niños rebeldes que no queremos escuchar la voz del Padre que nos aconseja, y mucho menos obedecer sus mandatos, que nos resultan fastidiosos. Si escuchásemos la voz de Dios, el perro rabioso no podría mordernos, ni la serpiente herirnos en el talón. El pecado nos parece apetecible, pero una vez que hemos mordido la fruta del árbol, nos damos cuenta de que hemos perdido la paz del alma y la felicidad. La serpiente se quita la careta y aparece como lo que en verdad es: una anaconda constrictora que nos envuelve y, a cada movimiento que hacemos, aumenta su poder y nos asfixia lentamente, quebrantando nuestros huesos. El destino de felicidad que Dios nos había dado ya desde este mundo se torna amargura. ¡Por nuestra propia culpa! Solo Dios puede auxiliarnos frente al poder del pecado. Necesitamos gritarle: "¡Señor, ayúdame que perezco!", como gritó San Pedro cuando se hundía en las aguas.
Hay gente que comprende lo que le está pasando porque conserva en su corazón algo de fe y esperanza. Hay otros que, aturdidos, no captan cómo están viviendo en la oscuridad y en la muerte. El veneno de la serpiente los ha vuelto ciegos, sordos y mudos. Están como mareados, atontados. La víbora es tan hábil que les hace creer que están bien: tienen salud, tienen belleza, tienen dinero, tienen poder, tienen "ciencia", tienen placer... lo único que no tienen es paz y felicidad, pero a ellos no les importa. Cuando el adicto está envuelto en las fantasías de la droga, se siente feliz; igualmente el alcohólico, lo mismo el político poderoso que tiene la vida y la muerte de los demás en sus manos. Necesitarían la gracia de Dios para detenerse y reflexionar sobre su propia historia y su destino después de la muerte. El examen de conciencia es el primer paso para obtener la libertad y la salud del alma.
Hay personas que piden oraciones de sanación y liberación, pero no quieren entender que la libertad espiritual es un proceso que exige la renuncia total al pecado. Hay que escarbar en el alma para encontrar las raíces que retoñan y arrancarlas. Eso cuesta trabajo y tiempo. Es un esfuerzo doloroso y casi siempre humillante. Dios viene en nuestro auxilio con su Espíritu Santo, quien nos hace conscientes del pecado que hemos cometido. Ilumina la conciencia con su Palabra y con las enseñanzas de la Iglesia.
Si quieres hacer un examen de conciencia eficaz, ¡date tiempo! Húndete en la soledad de tu cuarto. Examina tu historia desde el primer pecado. Revisa los diez mandamientos con profundidad y sinceridad. Y, sobre todo, deja que el Espíritu Santo quebrante tu corazón y te llene de dolor por haber ofendido a un Padre tan bueno (Lucas 15 y 16).
La humilde confesión de los pecados al sacerdote es la mejor oración de sanación para las heridas emocionales y liberación de los espíritus malignos. La confesión frecuente es como un mazo que desbarata las más grandes montañas. No puede avanzar el proceso de liberación sin el alimento diario de la Palabra de Dios y de la Eucaristía. Hay que leer y meditar diariamente esa Palabra. Hay que comer, ¡ojalá diariamente!, el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Hay que recurrir sin falta cada día al Rosario de la Llama de Amor, que ciega a los espíritus malignos, para que la liberación se sostenga. Hay que orar juntos en familia con un solo corazón y alma. Entonces, la oración de liberación es eficaz y va rompiendo las ataduras y cadenas que los demonios han puesto a través de los pecados cometidos individualmente, familiarmente y socialmente. Somos vasos comunicantes, y mis pecados afectan a los demás. Todo pecado, aunque sea oculto, afecta a todos los miembros de la familia.
Todo acto de virtud, como la oración, el ayuno, los sacramentos, el rosario individual y en familia, la limosna, las obras de misericordia, etc., son como una lluvia de gracias que cae sobre tu hogar. Antes de someterse a un proceso de oraciones de liberación, en el que se reprende a los espíritus malignos y se los expulsa de nuestra vida, es indispensable prepararse con una magnífica confesión de los pecados. La firme decisión de abrazar generosamente una "nueva manera de vivir" en familia, según el Santo Evangelio, es la garantía que impide a los espíritus malignos regresar con siete demonios más fuertes para recuperar el reino perdido. Y hay que armarse de valor y perseverancia para continuar la lucha de cada día.
80. LA LLAMA DE AMOR, MÁS QUE UNA ORACIÓN DE LIBERACIÓN, ES LA UNIÓN PERMANENTE CON JESUCRISTO.
La mirada de la Virgen María nos lleva directo a la mirada de Jesús. En la tradición espiritual de la Iglesia, esto se traduce como "guardar la presencia de Dios". Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, el Señor nos pide que vivamos "en su presencia". El Señor habita en medio de su pueblo (p. ej. Ex 8,18; 25,8; Dt 6,15, etc.). El Emmanuel es el Dios con nosotros. "Que Jesucristo habite en sus corazones por la fe", dice San Pablo (Ef 3,17); "Es Cristo quien vive en mí" (Ga 2,20); "Yo permaneceré en ustedes" (Jn 15,4), etc. El deseo del Padre Eterno es que vivamos conscientemente en unión permanente con Jesucristo, nuestro Señor.
La gracia de la Llama de Amor está expresada en la bellísima oración que Jesús da a Isabel Kindelmann: "Que nuestros pies vayan juntos, que nuestras manos recojan unidas, que nuestros corazones latan al unísono, que nuestro interior sienta lo mismo, que el pensamiento de nuestras mentes sea uno, que nuestros oídos escuchen juntos su silencio, que nuestras miradas se compenetren profundamente fundiéndose una en la otra y que nuestros labios supliquen juntos al Eterno Padre para alcanzar su misericordia para la humanidad" (p. 130).
Esta oración es el programa de vida de la Llama de Amor. Es el centro del mensaje. Es el objetivo de su espiritualidad: la unión íntima y permanente con Jesucristo. No se trata solo de que estemos individualmente unidos a Cristo, sino que estemos unidos entre nosotros y, al mismo tiempo, unidos a Cristo. Es el Misterio de la Iglesia. Es el Cuerpo de Cristo. En el cuerpo humano, todas las células están unidas inseparablemente al cuerpo y entre ellas mismas. El cegamiento de Satanás es solamente una consecuencia de esta permanente unión a Jesucristo.
Si consideramos al "nuevo instrumento" que María pone en nuestras manos como una herramienta puntual, para ser utilizada solo en momentos concretos de dificultad, corremos el riesgo de limitar, de reducir, la Devoción a la Llama de Amor a una simple "oración de liberación". Es verdad que el "efecto de gracia" de la Llama de Amor nos libera de las ataduras diabólicas, de los diversos embates del enemigo, de las consecuencias de nuestras caídas, pero es mucho más que eso.
La gracia de la Llama de Amor es un camino de santificación permanente capaz de llevarnos hasta la más elevada intimidad con el Señor. Dios ofrece a la humanidad, y especialmente a los padres de familia, todo un programa de "reingeniería espiritual" para que los hogares se conviertan en verdaderos "santuarios", lugares de santificación y de santidad. El objetivo último es la salvación y santificación del alma de todos los miembros de la familia y la renovación de la Iglesia desde la más profunda raíz. Dios quiere familias "santas" y "santificadoras". En la parábola del tesoro escondido vemos cómo quien lo encuentra vende todo lo que tiene y compra el campo. Para poseer el tesoro de la Llama de Amor también hay que "venderlo todo". No basta con "encontrarlo". Mucha gente "conoce" la Llama de Amor, pero no posee su "gracia", porque no han vendido todo. Es decir, no quieren pagar el precio "del campo".
La intimidad extraordinaria entre Jesús, María e Isabel es fruto de la gracia de Dios, es verdad, pero también de las generosas disposiciones de esta mujer, madre de familia. Su esfuerzo en despojarse, en aceptar las renuncias, contradicciones y sufrimientos que el Señor le propone, merece que Isabel sea elevada a una vida mística fuera de lo común. Para crecer en la Llama de Amor, lo primero y más básico es "orar en familia". Donde dos o más están reunidos en mi Nombre, allí estoy Yo en medio de ellos, dice Jesús. La familia se consolida cuando deja de lado otras cosas menos importantes y se dispone a orar "todos juntos". No basta que oren separados. Pues bien, en muchísimos hogares NO SE ORA EN FAMILIA. No se quiere renunciar a distracciones que impiden que la familia se reúna para orar. Las gracias extraordinarias vienen cuando se ora con decisión y perseverancia. Familia que no ora, no se transforma. Mucha gente se queja de que su familia está muy atacada por el demonio, pero no toman los medios para vencerlo.
La Virgen dice: "¡No se queden pasivos frente a mi causa santa! A través de los pocos, los pequeños y los humildes debe comenzar esta efusión grande de gracias que conmoverá al mundo. Ninguno de los llamados debe excusarse ni rehusar mi invitación. Todos ustedes son mis pequeños instrumentos" (p. 203).
Si queremos de verdad que nuestras familias se transformen en un santuario, comencemos por orar juntos en familia y con perseverancia. A partir de este momento, vamos a experimentar la respuesta de la Virgen María actuando en los corazones para transformarlos.
"Mi Llama de Amor es tan grande, que no puedo retenerla por más tiempo dentro de mí; con fuerza explosiva salta hacia ustedes. Misión sublime es propagar la Llama de Amor. Entregarla, hijita mía, sea la meta principal de tu vida. Ayúdame a extender esta devoción" (p. 208). Es en nuestra propia familia que debemos comenzar a propagarla. Tal vez es el lugar más difícil porque nadie es profeta en su tierra, pero es necesario hacerlo.
81. LA ACCIÓN DIABÓLICA EN EL MUNDO MODERNO Y LA LLAMA DE AMOR
La gracia de la Llama de Amor es el "Nuevo Pentecostés" que renovará las familias y la Iglesia entera de la acción diabólica. Todos anhelamos esa efusión del Espíritu Santo que el Cuerpo de Cristo necesita urgentemente para romper las ataduras y cadenas que le impiden correr con libertad hacia su meta. La Iglesia está como atada. Por todos lados sentimos los cristianos que el poder del mal nos asfixia; poderosas fuerzas ocultas promueven una cultura cuyos principios están totalmente opuestos al pensamiento de Jesucristo. Se trata de arrancar de los corazones, especialmente de los niños y jóvenes, el amor a Dios y a la Iglesia. Movimientos internacionales ateos y laicistas atacan flagrantemente a la familia, promoviendo ideas y agendas que arrastran a los gobiernos a imponer leyes que los pueblos no piden ni desean: divorcio, amor libre, aborto, matrimonios del mismo sexo, nulificación de la patria potestad, fecundación in vitro, esterilización forzada, liberación de drogas, etc.
Es la imposición de una cultura cuyos valores tienen sus raíces en la muerte espiritual del ser humano. La Virgen María, en el Diario Espiritual de la Llama de Amor, no anda con rodeos y define la situación diciendo: "Satanás quiere reinar en las familias". Ella no solo denuncia la realidad profunda de las cosas; Ella da la solución: "Yo, el rayo hermoso de la Aurora, cegaré a Satanás". El problema está en que la acción diabólica en este mundo moderno ha llegado a ser tan profunda y tan fina que la inmensa mayoría de los humanos ya no somos capaces de "discernir", "de captar" que no estamos simplemente frente a un problema sociológico o psicológico, o "cultural", sino que se trata de una verdadera "estrategia demoníaca" para arrastrar a las almas a la "condenación eterna". Estamos "embotados" y hemos perdido la fineza del "olfato espiritual" para decir: ¡esto no viene del Señor! ¡Esto es obra del maligno!
Desgraciadamente, cuando este embotamiento espiritual ataca a los pastores de almas, sean autoridades civiles, sean obispos, sean sacerdotes, sean padres de familia, se corre el peligro de buscar soluciones insuficientes. Se ataca el problema con muy buena voluntad y sinceridad, pero los medios que se emplean no llegan a matar la raíz, porque detrás del fenómeno aparente están "fuerzas espirituales" terriblemente opuestas a los planes salvíficos de Dios. Las autoridades religiosas de Israel tenían ojos para ver, pero "no vieron" en Jesús al Mesías y lo crucificaron. El dios de este mundo busca la manera de volvernos ciegos para que, viendo con los ojos carnales, no veamos con los ojos espirituales.
La propuesta de la Virgen es muy simple y completamente eficaz. Quien la aplique a su propia vida y a la de su familia, vencerá a Satanás. La renovación de la Iglesia no vendrá como resultado de esfuerzos humanos, sino por la acción del Corazón de María. Esa gracia debe ser acogida en el seno de cada familia y transmitida rápidamente a todos los hogares del mundo. Renovándose cada familia, se renovará la Iglesia. La finalidad de esta gracia es "cegar a Satanás". Ese instrumento de liberación se llama "Efecto de gracia de la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María", o más brevemente: la Llama de Amor. Así como los Apóstoles fueron transformados, los corazones serán transformados en las familias que acojan ese nuevo instrumento de evangelización. La familia es hoy el campo de batalla donde Satanás y sus ejércitos están atacando el corazón de la Iglesia. Para las familias, el Señor tiene reservadas en este tiempo gracias extraordinarias. Dice Jesús:
"Es su poderosa intercesión que alcanzó de Mí para las familias, esta gran efusión de gracias con que ahora quiere inundar la Tierra. Como Ella dijo: Nada comparable a esto ha habido desde que el Verbo se encarnó. Pone a la raíz del mal la fuerza curativa de su bondad maternal... Ella quiere que cada familia sea un santuario, un lugar maravilloso en donde, en unión con ustedes, obre sus milagros en el fondo de los corazones. Pasando de Corazón en Corazón, pone en sus manos la Llama de Amor de su Corazón, que por medio de sus oraciones acompañadas de sacrificios, cegará a Satanás que quiere reinar en las familias." (p. 213)
Como vemos, un Nuevo Pentecostés se acerca para las familias. Estamos llamados por Nuestra Señora a tomar parte en esta gran efusión del Espíritu Santo sobre los hogares. Ese llamado viene desde lo profundo del Corazón Inmaculado de María para cada uno de sus hijos. Nos toca a nosotros acogerlo y llevarlo a la práctica con gran fe y perseverancia.
82. PADRES DE FAMILIA: LO QUE DEBEN CONOCER SOBRE SATANÁS, LOS ESPÍRITUS INMUNDOS Y EL MUNDO OCULTO (BRUJERÍA)
Queridos Padres de Familia: Jesucristo es la Luz Verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Lucifer o Luzbel es la luz falsa que ciega la inteligencia de aquellos que se someten a él. Padre de la mentira, padre de los mentirosos, todo él es falsedad y donde se hace presente siembra confusión y oscuridad. La única manera de salvarse de su acción manipuladora es volverse totalmente a Jesucristo, quien ha venido a este mundo para destruir sus obras. Solamente Jesús destruye el falso poder de las tinieblas porque Él es Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero; engendrado, no creado; de la misma sustancia del Padre, por quien todo fue hecho. Lucifer es el falso dios de este mundo que se ha engañado a sí mismo, llegando hasta el extremo de la locura: pensar que puede suplantar al Dios verdadero. La obra de Lucifer se centra en destruir la obra de Dios, ya que no puede destruir al Señor, el Dios Verdadero.
El Demonio y los suyos, los espíritus malignos inferiores, son simples criaturas. Son falsos dioses. No tienen por sí mismos ningún poder sobre nada ni sobre nadie. Están total y absolutamente sometidos a la voluntad del único Señor. El poder que ellos fantasiosamente proclaman es aquel que su Creador y Señor les ha concedido como parte de su naturaleza angélica. Este mismo poder de su naturaleza está total y absolutamente limitado por la voluntad omnímoda (absoluta, total) del único Dios. Todo está ordenado al plan salvífico del Padre celestial. Por este motivo, nosotros, los hijos de ese Dios que nos ama infinitamente, no tenemos nada que temer de Lucifer y de los suyos, a condición de que estemos protegidos por la Sangre preciosa de Jesucristo, el Hijo del Dios Verdadero.
El hombre yace bajo el poder de ese falso reino de las tinieblas cuando se rehúsa a someterse a Jesucristo y en la medida en que se aparta de Cristo. Lo que Dios quiere es que nos volvamos a Él como hijos, que lo amemos, que creamos en Él con absoluta confianza y esperanza.
El prototipo de la acción satánica contra el hombre está sintetizado en las tentaciones de Jesús en el desierto, sobre todo cuando el demonio le dice a Jesús: "Póstrate ante mí y adórame". El maligno le ofrece el poder sobre todos los reinos del mundo, a cambio de que lo adore. Ese es el objetivo de Lucifer: que todo ser humano lo adore como si fuese el Dios verdadero. Satanás está totalmente ciego, llega a creerse que es Dios. Es incapaz de comprender quién es ese Jesús al que está tentando. Es mentiroso: trata de engañar a Jesús haciéndose pasar por dueño de todos los reinos del mundo.
El combate de las tinieblas contra la Luz se da en el fondo de cada corazón y de cada hogar. Los padres de familia deben darse cuenta de la grandiosa importancia de su vocación. Pastorear a sus hijos significa llevarlos a Jesucristo, ayudarles a creer en Jesús, a amar a Jesús, a someterse a Jesús como al único Señor de sus vidas. El Demonio nos va a ofrecer "todos los reinos de la tierra" a cambio de que lo adoremos. Por eso, el trabajo de evangelización en el seno de la familia debe comenzar antes de que los hijos nazcan.
La familia debe pertenecer conscientemente al Reino de la Luz. Los padres-pastores deberán ejercer una gran vigilancia para evitar que las tinieblas penetren en su hogar y contaminen la mente de los hijos. El primer mandamiento de la Ley de Dios es: "Amarás al Señor tu Dios... y a Él solo adorarás".
Quiero poner en evidencia algo importantísimo a través de lo cual Satanás pretende introducirse en las familias y ejercer su dominio: el recurso al mundo oculto. Llamamos mundo oculto a todo lo que está dominado por los espíritus malignos y sus colaboradores. El Demonio ofrece a los incautos: conocimiento, poder, beneficios a cambio de que lo adoren.
La gran tentación es querer recurrir a los espíritus malignos para obtener esas prestaciones. Muchísima gente, por ignorancia o por malicia, se mete en ese mundo de lo oculto. La Palabra de Dios condena de manera sumamente enérgica la búsqueda de todo contacto con los espíritus malignos. Las consecuencias son dignas de temer.
Dios ofrece al hombre infinitamente más de lo que el Demonio pudiese ofrecerle, pero la malicia del corazón humano está llena de estupidez y prefiere obtener por vías perversas lo que pudiera recibir del Padre celestial con su amoroso sometimiento. Hay una doble acción diabólica en este campo: la oferta que proviene directamente de los espíritus impuros y la oferta que viene a través de los operadores de lo oculto (adivinos, hechiceros, espiritistas, personas vinculadas a este mundo). Hay personas que sienten desde el interior una "propensión" casi natural al ocultismo. Esto proviene de herencias ancestrales. Les atrae, les gusta ese mundo. Experimentan la llamada de los espíritus malignos, nacen con "poderes". Otros son "iniciados" por personas que tienen intereses económicos (viven del ocultismo) y promueven sus servicios. Los incautos caen en sus garras y terminan explotados económicamente y dañados espiritual y físicamente.
83 PADRES DE FAMILIA: ATENTOS A PROTEGER A SUS HIJOS DEL MUNDO OCULTO
Los padres de familia, como pastores aguzados, deben estar atentos para proteger a sus hijos de la influencia de los espíritus malignos. Estos van a tratar de introducirlos en el mundo de lo oculto. La oferta que el infierno está haciendo a los niños y jóvenes, principalmente, para que entren incautamente en este mundo demoníaco es inmensa. Se presentan como "ángeles de luz", ofreciendo algo aparentemente bonito, interesante, maravilloso. Los juegos que implican invitación a los espíritus, llamados "juegos mágicos", como panchito panchito, andreíta andreíta, charlie charlie, la tabla "ouija", etc., son la puerta de entrada al ocultismo.
Cuántos niños y adolescentes han quedado afectados por espíritus malignos y hasta verdaderamente poseídos por jugarlos. La Internet se ha convertido en un inmenso río revuelto donde los "pescadores" hacen su agosto atrayendo hacia las obras de las tinieblas a los más jóvenes, dejándolos profundamente heridos en su fe y en su corazón. Las páginas web de brujas, hechiceros, santeros, espiritistas, satanistas, luciferinos y adoradores del maligno abundan con informaciones prácticas de cómo contactar a los demonios y hacer todo tipo de hechizos. Invitan a los lectores a que se unan a sus grupos. Una gran cantidad de charlatanes que se llaman a sí mismos brujos, magos, profesores, expertos en magia negra y blanca, etc., sacerdotes y sacerdotisas ofrecen, a cambio de astronómicas sumas de dinero, "trabajos" para conseguir prosperidad, amor, salud, etc.
Una gran cantidad de jóvenes están metidos, para su desgracia, en estas prácticas. La única manera de protegerlos es explicarles que el mundo de los espíritus malignos existe, que es una realidad invisible pero actuante; que cuando uno acepta transar con las diversas ofertas (adivinación, visitas a videntes, lectura de las manos, horóscopos, astrología, invocación de los muertos: ouija, juegos mágicos, uso y consultas del péndulo, prácticas "parapsicológicas", trabajos de magos, hechiceros; prácticas de santería, vudú, espiritismo, macumba, etc.) abre puertas para que los demonios, espíritus malignos, almas perdidas y brujos los afecten y lesionen gravemente. El gran problema es que hasta en las escuelas se están proponiendo estas cosas como simples juegos; los compañeros de clase, los maestros, los amigos invitan a los demás condiscípulos a jugarlos. Muchos padres de familia no están bien informados, ya sea porque no creen en la existencia del mundo demoníaco o porque piensan que son cosas inocuas, de pura diversión. Gravísimo error que se paga con muchas lágrimas. Como padres de familia católicos, deben informarse acerca de la gravedad de estas prácticas; deben unirse para protegerse y proteger a sus hijos de esta abominación que está claramente señalada en las Sagradas Escrituras.
La Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María nos da una gran sensibilidad para detectar la acción de las tinieblas en nuestro entorno y, sobre todo, nos otorga la valentía para derribar las fortalezas.
La debilidad de los niños es, en primer lugar, su inocencia, su ignorancia, su incapacidad para discernir la malicia que se encuentra detrás de la oferta; igualmente, la curiosidad de conocer, saber y manipular las cosas maravillosas y ocultas. El demonio aprovecha la ignorancia y la curiosidad para sembrar ciertas "semillas" que se irán desarrollando después. El niño podrá ser inocente, ignorante y pequeño, pero para algo tiene padres: para que estos protejan; mas si los padres son ignorantes y descuidados, incrédulos y arrogantes, el niño no tiene defensa.
¿Qué sucede cuando un niño, adolescente, joven, adulto o anciano se abre al mundo de lo oculto? Es víctima de la malicia, de la mentira, del engaño y de la perversidad de los entes maléficos y maleficieros (brujos). Pueden penetrar espíritus de angustia, desesperación, inquietud, pesadillas, fracaso, ruina, suicidio, muerte, autodestrucción, automutilación, rebeldía y frialdad contra Dios, tristeza, rechazo de la oración, rechazo de los sacramentos, especialmente de la confesión y de la eucaristía; espíritus de rebeldía contra los padres y autoridades, agresividad, altanería, encerramiento en sí mismos, etc. Cuántos niños son víctimas de ataques de miedos nocturnos, son agredidos de manera física (ahogamientos, rigidez, rasguños, golpes, voces, etc.) después de haber jugado estos juegos tan peligrosos.
Si en una familia se juega con la tabla ouija, se rezan oraciones mágicas, se pronuncian encantamientos, se tienen sesiones espiritistas o invocaciones diabólicas de cualquier tipo, o se tienen fetiches y objetos consagrados al Demonio, los espíritus malignos están presentes y perturban, sea de manera espiritual, emocional o física, a los habitantes. El cristiano debe saber todo esto porque está claramente descrito en la Palabra de Dios. Cuando la familia ora con fe y devoción la Llama de Amor, la protección del Inmaculado Corazón de María se hace presente en el hogar y desempeña un papel liberador, sanador, restaurador y defensivo que hace huir a las tinieblas. El instrumento de combate de las familias consagradas es la jaculatoria de la Llama de Amor.
84 PARTICIPAR EN LA SANTA MISA ES LO QUE MÁS AYUDA A CEGA A SATANÁS
Transmitir a sus hijos la fe y el amor a la Eucaristía es el deber más importante y urgente de los padres de familia. La Eucaristía es el centro del seguimiento de Cristo y la fuente de todas las gracias y bendiciones para el cristiano. Por ese motivo, el amor y la fe en la Eucaristía son lo más atacado por los espíritus malignos. Hay demonios que actúan de manera concertada para cortar la fe y la devoción al Cuerpo y la Sangre de Cristo. Atacan la inteligencia y la voluntad. Atacan la capacidad que tiene el ser humano de inter-légere (de leer el interior de las cosas), es decir, de "comprender" lo que nos rodea, especialmente la Palabra de Dios y las cosas de Dios. Estos demonios "ciegan la inteligencia" de los seres humanos para que no puedan ver los designios de Dios en su entorno; los demonios que atacan la voluntad buscan la manera de suscitar sentimientos de oposición a las cosas de Dios en el interior de las personas para que éstas rechacen a Dios y a su Cristo. Atan los sentimientos y la voluntad de manera que el hombre tenga una libertad reducida y renuncie a someterse a los designios divinos.
En las Sagradas Escrituras hay muchos textos en los que se dice a los israelitas: "tienen ojos, pero no ven", porque el dios de este mundo los ha cegado. Honran a Dios con los labios, pero su corazón está lejos de Él, etc. Los dioses de este mundo son los demonios que actúan cegando la mente y embotando el corazón. El Santo Sacrificio de la Misa es la fuente de toda la vida cristiana y el culmen de la misma. Quien no cree en la Eucaristía, ni voluntariamente la celebra, podemos decir que no tiene en sí la fe católica, ni vive en gracia de Dios, ni tiene la bendición de Dios. No es ni siquiera cristiano. Estas expresiones parecerían exageradas a primera vista porque hay infinidad de bautizados que no creen ni celebran la Eucaristía, pero es el sentir de los Padres de la Iglesia. San Ignacio de Antioquía dice: "no es cristiano el que no tiene una fe católica". Y San Juan, en el capítulo VI de su evangelio, nos repite a saciedad que aquella persona que no come el cuerpo ni bebe la sangre de Jesús no tiene vida eterna.
La Eucaristía es uno de los elementos básicos que define la catolicidad de la fe de un bautizado. Pero en la práctica no la buscamos y allí viene la crisis de la Iglesia. En Latinoamérica encontramos un promedio del 40% que dice ser fiel a la celebración dominical de la Misa. En Estados Unidos, solamente un 22%, y en España este número se derrumba a un 10% de la población que dice ser católica. La mayoría ha perdido la fe práctica en la Eucaristía. Se dicen católicos por cultura, pero no se confiesan, no celebran, no comulgan, no adoran, no viven unidos a Cristo presente en medio de nosotros por el Sacramento. Teniendo en cuenta que "la participación en la santa Misa es lo que más ayuda a cegar a Satanás" (Diario Espiritual Llama de Amor, pág. 131), la renovación de la Iglesia vendrá de la vivencia eucarística dominical y, ojalá, diaria.
Según diversos autores y artículos que todos podemos consultar en Internet, la participación eucarística dominical ha caído en picada desde el inicio del Vaticano II. Esta triste realidad es fruto de muchas confusiones que se han dado a nivel teológico y litúrgico, pero también hay que tener en cuenta otros factores que han ido minando la credibilidad de las estructuras eclesiales. Sea lo que sea, de nada sirve llorar sobre la leche derramada; lo que importa es que, basados en la promesa del Inmaculado Corazón de María, comencemos en el interior de las familias a revalorizar la participación integral en la Eucaristía en la perspectiva que vamos descubriendo en las páginas del Diario Espiritual.
Si cada familia se renueva, se renueva toda la comunidad de la Iglesia. Debemos creer en el poder "milagroso de la Llama de Amor". Estamos en combate contra aquellos que quieren apartar la familia de las fuentes de la Vida Espiritual. La Virgen dice que Ella actuará a través de nosotros provocando un inmenso incendio que se transmitirá a las familias como un reguero de luz. El mundo es de aquel que le pueda dar esperanza. Este mundo está harto de las palabras vacías de los expertos en "mercadeo". La gente está hastiada de las promesas de los políticos; desencantada de los ideólogos de la sospecha y de la muerte; la gente anda buscando algo que solamente Jesucristo se lo puede dar: la paz del corazón.
Las familias experimentan en su interior la tiranía de los espíritus malignos, pero no los pueden detectar ni distinguir porque tienen los ojos tapados por la propaganda del materialismo. Se dan cuenta del dolor que llevan, del sufrimiento que los agobia, de la desesperación que los roe, pero no son capaces de descubrir que esa tremenda carga de vacío que los tritura es causada en gran parte por la acción del mundo de lo oculto. Si alguien les ofrece la verdadera solución, se volverán hacia él. La Llama de Amor da la respuesta a cada persona y a cada familia. El verdadero triunfo del Corazón Inmaculado de María no es que la imagen de la Virgen esté algún día sobre el Kremlin, sino que en cada familia reine Jesucristo aplastando la cabeza de la serpiente. Si cada familia enciende una vela, el mundo entero quedará iluminado. Dios trabaja con los pobres, los pequeños, los humildes, y hay millones de estos dispuestos a enrolarse en el ejército de María. Ella infaliblemente nos lleva a vivir la Eucaristía.
85. RESISTE, NO TENGAS MIEDO Y SATANÁS HUIRÁ
El Diario Espiritual nos enseña algo importantísimo: Satanás tiene pies de barro. Es como la estatua de Nabucodonosor (Dan 2,31-45) que tenía una apariencia imponente, pero los pies eran de hierro y arcilla. Bastó una piedra que se desprendió sin intervención de mano alguna para pulverizarla. Decíamos en comentarios anteriores que el Reino de Cristo sufre hoy más que nunca los embates terribles del maligno enemigo. Vemos cómo son cada vez más numerosas las almas que se apartan de Jesucristo, despreciando las enseñanzas de la Iglesia y poniendo en riesgo su salvación eterna. Al oscurecerse la fe católica en los corazones, se niegan verdades tan básicas como el Juicio Particular al fin de la vida terrenal, la existencia del Cielo, del Infierno y del Purgatorio. Para infinidad de bautizados y no bautizados, con la muerte termina todo. Para los que han sido infectados con las ideas orientales de la reencarnación, simplemente continúa el ciclo del morir y del renacer en otros seres. Las palabras de Jesús y de María nos centran en la verdad revelada y nos liberan de estos errores que nublan la inteligencia espiritual.
En el mensaje de la Llama de Amor vemos con claridad que Satanás no es un "dios", sino una simple criatura y que está totalmente sometido al poder del Dios verdadero y de su Hijo Jesucristo. Esta verdad de fe nos libera del miedo al demonio. Hay quienes piensan que Satanás es un dios malo, opuesto, en el mismo nivel, al Dios Bueno. Le atribuyen poderes divinos y viven sometidos por miedo a este mundo diabólico. Donde no ha llegado el cristianismo, los demonios son considerados como "dioses" y ejercen su tiranía sobre todos los que se les someten. En el caso de Isabel vemos cómo Dios permite que Satanás la perturbe de diversas maneras. Es evidente que el maligno produce en ella al principio gran miedo, pero al lado de esa presencia nefasta y opresora, Isabel tiene la presencia de la Virgen María que la reconforta. Al cabo de poco tiempo Isabel descubre que:
El miedo es una de las principales y favoritas armas de Satanás. Infunde pavor en la imaginación y la sensibilidad de los humanos para hacerles creer que él es todopoderoso. Mentiroso como es, se proclama grande y fuerte. Amenaza, maldice e insulta. Exige "adoración" y la exige con arrogancia, a gritos si es posible. Por su naturaleza angélica, los demonios son superiores a nosotros ya que son espíritus puros, pero a nosotros nos asiste el auxilio divino. Si el demonio tortura a Isabel, es únicamente porque Dios lo permite. "... el maligno comenzó a torturar mi alma. De ninguna manera lograba librar mis pensamientos de su influjo. Primero suscitó gran miedo en mí. Era una sensación tan terrible como si hubiera querido tomar posesión de mí, pero algo se lo impedía." (p. 54).
Santiago nos dice que debemos "enfrentarnos" al demonio para que éste huya. No debemos someternos ni manifestarle que le tememos. Nuestra arma infalible es el Nombre del Señor Jesús; con su Sangre preciosa vencemos a Satanás; con el nombre de María Santísima lo hacemos huir. Nos fortalecemos con los sacramentos, la oración y el ayuno. Utilizamos los sacramentales para expulsarlo. Al ir descubriendo en la vida de cada día la acción del enemigo maligno, es probable que pasemos por un período de transición que va "del miedo a la serenidad". Gradualmente le vamos perdiendo el miedo al demonio. Mientras adquirimos seguridad, experimentamos inquietudes, temores, dudas, confusiones debidas a la ignorancia que tenemos de la manera de actuar de los espíritus malignos.
En la vida de Isabel captamos este caminar hacia la seguridad del discípulo de Cristo ante el mundo diabólico: (p. 67) La Santísima Virgen le dice: "No tengas miedo al maligno que continuamente está rondando alrededor de ti. Yo lo he aplastado y no tienes de qué temer. Escóndete bajo mi manto y reza con frecuencia mi escapulario que llevas sobre ti".
Uno de los frutos más apreciables de la Llama de Amor es la confianza en el poder del Señor ante los ataques del maligno. "... la Llama de Amor de mi Corazón que salta hacia ustedes. Hasta ahora no ha habido nada que tanto ciegue a Satanás..." (p. 79). Para ser libres nos liberó Jesucristo, nos dice San Pablo; la gracia de la Llama de Amor es un instrumento privilegiado de liberación ante la tiranía del demonio. Dios da este instrumento a todos, pero en especial a las familias porque "Satanás, con fuerza rabiosa, quiere destrozar las familias" (p. 118). La Virgen nos dice: "Un nuevo instrumento pongo en sus manos, es la Llama de Amor de mi Corazón". ¿Instrumento para qué? Para vencer a Satanás.
86. ¿QUÉ SIGNIFICA CEGAR A SATANÁS?
Lo propio de la devoción a la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María es cegar a Satanás. La Virgen lo repite varias veces en el Diario Espiritual de la Llama de Amor del Inmaculado Corazón. Satanás, de por sí, es "ciego". No puede ver la Luz. Es como los murciélagos. Dios es Luz, y Satanás no soporta su Luz. De Satanás decimos que es el príncipe de las tinieblas. Su alejamiento de Dios lo ha sumido en la oscuridad eterna. No puede ver bien. Vive confundido, vive en la mentira. Por ejemplo: se cree dios, exige que lo adoremos, no cree que Jesucristo sea Dios, cree que él tiene poder por sí mismo, se imagina que él va a triunfar. Su lógica es absurda y, por eso, vive en un mundo totalmente absurdo.
Satanás transmite su propia lógica a quien cae bajo su poder, es decir, a quien le hace caso. Por algo hablamos de un "reino de las tinieblas". Es una expresión bíblica en la que se expresa lo opuesto a Dios. El pecado es tinieblas. Dios nos llama a la luz. Del pecado a la Gracia; de la muerte a la Vida; de la mentira a la Verdad; del odio al Amor; de la injusticia a la Justicia; de la tristeza a la Alegría; de la desesperación a la Esperanza; de la miseria a la Verdadera Riqueza; del tiempo a la Eternidad; de la enemistad a la Amistad, etc.
Dios nos ha "arrancado del poder de las tinieblas y nos ha trasladado al Reino del Hijo de su amor, en quien tenemos la redención: el perdón de los pecados" (Col 1,13-14). Por lo tanto, el demonio es débil, no tiene por sí mismo ningún poder, ninguna fuerza, ninguna capacidad de victoria contra Jesucristo. Para tener poder sobre nosotros, el demonio tiene que recurrir al engaño, al dolo, al temor, a las falsas promesas, a las ilusiones, a la mentira.
Tiene ciertas capacidades que, por su propia naturaleza angélica, conserva a pesar de haberse separado de Dios. Sin embargo, toda la actuación diabólica depende absolutamente del poder de Dios, ya que el demonio es una simple criatura. Esto lo debemos saber nosotros para poder combatir contra el enemigo maligno con discernimiento.
La ignorancia del contenido de la fe católica es una aliada de Satanás. Mientras más ignorantes seamos del Catecismo de la Iglesia Católica, más débiles seremos ante los ataques enemigos. El mundo entero yace bajo el poder de Satanás, dice San Juan. Esto es así porque no conocen a Jesucristo.
Debemos estar claros: con y por nuestras propias fuerzas no podemos vencer a Satanás. Se necesita un "auxilio divino" llamado "Gracia de Dios". La Virgen nos habla del "efecto de gracia" de su Llama de Amor. Nos está hablando de su poder de intercesión ante su Hijo Jesucristo. La oración de la Virgen a favor nuestro es "todopoderosa". Lo que ella pide lo "obtiene" porque siempre pide lo que es conveniente y agradable a Dios y para la mayor gloria del Señor. El trabajo de la Llama de Amor comienza por iluminar la conciencia y hacernos ver la acción satánica. Comenzaremos a darnos cuenta de que detrás de muchos pensamientos, sentimientos y circunstancias que nos afectan está, no solo la simple psicología humana, sino una influencia de los espíritus malignos.
Cuando dos o más se ponen de acuerdo para pedir que esa influencia, ataque, obsesión, angustia, desesperación, tristeza, ira, ruina, mala suerte, enfermedad psíquica o física, sea sometida al poder del Padre Eterno, por la Sangre de su Hijo y por la intercesión de la Llama de Amor, comienza el debilitamiento de la acción diabólica y el "cegamiento" de Satanás. El Rosario de la Llama de Amor va ejerciendo su efecto de gracia; la jaculatoria, la oración "que nuestros pies vayan juntos"... comienzan a actuar. El resultado puede ser inmediato o puede tardar más tiempo, pero el resultado es eficaz. El demonio queda vencido. No es casualidad o sugestión, es "el milagro" que la Virgen nos promete cuando la invocamos. Por supuesto, la oración tiene que ser sincera. No puedo pedir la intercesión de la Virgen si mi voluntad de abandonar el pecado no es auténtica. Dios no me va a oír si no hay un rechazo frontal a aquello que lo ofende.
El efecto de gracia es una respuesta a la voluntad del ser humano que quiere someterse a los designios de Dios en su vida. "Padre, he aquí que vengo a hacer tu voluntad", dice Jesús. "Que no se haga mi voluntad, sino la tuya". Mucha gente quiere que Dios haga la voluntad de ellos. No están dispuestos a abandonar el pecado, a renunciar a aquello que es tinieblas en su vida. Lógicamente, en estos casos no se da el "efecto de gracia", no porque la promesa de la Virgen falle, sino porque fallan las disposiciones del corazón. También es necesario comprender que la Llama de Amor comienza por "reconstruir" las murallas de Jerusalén, es decir, reconstruir la persona humana desde sus cimientos. El proceso de sanación interior y de liberación va a hundir sus rayos de luz en el pasado de la persona y, con frecuencia, en el pasado de la familia, iluminando los pecados de los ancestros difuntos y sanando las herencias intergeneracionales que muchas veces se arrastran por los pecados no reparados. La familia es no solamente los vivos, sino también los difuntos.
87. LAS FAMILIAS NECESITAN CONOCER LA LLAMA DE AMOR
Muchas personas están agobiadas en su vida personal y matrimonial por la acción diabólica y no encuentran una solución a tanto dolor y sufrimiento físico y espiritual. No hallan salida. Buscan desesperadamente ayuda y no encuentran respuesta. La realidad es que se han apartado del camino del Señor, o lo han seguido de manera irregular y han quedado heridos y encadenados por el Enemigo de nuestra salvación. También, tristemente, quienes en la Iglesia deberían aportar toda la ayuda, solamente ofrecen una parte muy importante de esa ayuda, pero dejan de lado un aspecto absolutamente decisivo como es el de tomar las armas del combate espiritual contra la acción del "mundo de las tinieblas".
Si fuésemos siempre fieles a vivir intensamente la Palabra de Dios y los Sacramentos, y tuviésemos una vida de piedad cristiana fervorosa, la acción diabólica se reduciría prácticamente a la "tentación". Debido a la tibieza de la fe en que vive la inmensa mayoría de los bautizados, Satanás ha tomado una fuerza increíble en estos últimos tiempos contra la Iglesia, y no digamos contra el resto de los humanos.
Los hogares, que son el punto de partida de la Iglesia, la escuela en donde deben formarse el corazón y la mente de los discípulos de Cristo, están en bancarrota espiritual. La Familia Cristiana ha perdido su identidad y se ha vuelto prácticamente una familia en la que Jesucristo no es el centro ni el Señor. La lucha por la supervivencia de la Iglesia no está en el exterior, sino en el interior de ella, y en su punto más importante: la restauración del sentido cristiano de la familia.
Podemos equivocarnos de manera trágica al tomar los medios inapropiados para la renovación de la familia. Los medios "humanos" ofrecen soluciones que solas son insuficientes. El problema de la crisis familiar no es un problema simplemente psicosocial. Va mucho más allá. Es un problema, ante todo, de "guerra espiritual". El mensaje de la Llama de Amor dice a la Iglesia que la crisis de la familia es producto de una estrategia del designio satánico; es el resultado de una planificación sistemática del mundo de las tinieblas para neutralizar al Cuerpo de Cristo y volverlo inoperante en su misión de salvación de las almas. Por ese motivo, el combate por la familia se ganará como fruto de una gracia de Dios, de una intervención del Cielo en favor de la salvación de las almas. La Virgen explica en el Diario Espiritual que Satanás solamente será vencido por el efecto de gracia de la Llama de Amor de su Inmaculado Corazón.
Es, pues, importantísimo que los esposos descubran ese misterioso efecto de gracia que tiene un poder tan grande que ciega los ojos del demonio y deja en libertad a los hijos de Dios para que puedan vivir intensamente el designio divino sobre su salvación eterna. Es tan terrible el ataque demoníaco sobre el ser humano que su principal efecto es dejarlo ciego y sordo espiritualmente para que no pueda ver, ni oír, ni comprender el camino de la salvación de su alma. La devoción a la Llama de Amor no es simplemente una devoción, es un estilo de vida, el del combatiente espiritual. El discípulo de Cristo es un guerrero que combate conscientemente por la salvación eterna de su alma contra un enemigo implacable, a quien, si no se lo detiene con las armas apropiadas, termina por esclavizarlo y destruir todo.
La Virgen nos da las armas apropiadas: el efecto de gracia de su Llama de Amor, que vuelve ciego a Satanás. Pero, como todo lo que vale la pena en la vida tiene un precio, esa gracia nos viene como resultado de una intensa súplica a la Virgen María: “derrama el efecto de gracia de tu Llama de Amor sobre toda la humanidad”. Cuando todos los cristianos entremos en este intenso combate, el reino de Satanás se derrumbará como un castillo de naipes. Esas son las palabras de la Virgen.
Hay que multiplicar en las parroquias los retiros y encuentros con matrimonios y familias para que conozcan y estudien el mensaje de la Llama de Amor. Es necesario que se ore por la sanación y liberación de las ataduras espirituales que impiden a muchas familias realizarse como verdaderas familias cristianas.
88. SI EL DEMONIO NO EXISTE, LA LLAMA DE AMOR ES INÚTIL
La Virgen María dice a Isabel en el Diario Espiritual que Ella pone en nuestras manos "un nuevo instrumento" cuya finalidad es cegar a Satanás. Si el Demonio no existiese, no tendríamos necesidad de ese "nuevo instrumento"; la Llama de Amor sería entonces una "gracia inútil" y la Virgen estaría engañándonos. Repugna pensar que la Madre de Dios pudiese jugar con nosotros o chantajearnos por el miedo al infierno.
En los escritos de Isabel encontramos que Nuestra Señora viene a manifestar la angustia de su Corazón ante la indolencia de los seres humanos por la salvación de sus almas. Sus mensajes son verdaderos gemidos de dolor por la cantidad de almas "que se condenan". El Corazón doloroso e Inmaculado de María sufre porque sus hijos se están alejando cada vez más de Dios y se están precipitando en el fuego del infierno. Esta temática se va desarrollando a lo largo del Diario Espiritual, motivo más que suficiente para que tengamos siempre frente a nosotros la posibilidad de la eterna condenación. Si la Madre de Dios nos avisa en Fátima de manera tan dramática que los pecadores van al infierno, debemos creerlo.
Para impedir esa tragedia, la Virgen obtiene la gracia de la Llama de Amor. Es tan poderosa su acción contra Satanás que este grita de angustia frente a la intervención de María Santísima con su nuevo instrumento. Algo inaudito: ¡Satanás "grita pidiendo auxilio"! Isabel nos relata el episodio:
Es el primero de febrero de 1961, de noche. La vidente está acostada en su cama tratando inútilmente de conciliar el sueño. Oye un tremendo zumbido en su cabeza. En medio de un humo que sube en espiral, ve a unas figuras irreconocibles que se quejan, se empujan, se tambalean y se espantan. Apareció una nueva figura enorme que con "un alarido espantoso gritó por socorro". Es Satanás, ¡no sabe qué hacer! Su resistencia se tambalea, todas sus artimañas fallan y todas sus tentativas son vanas. "Esto duró solo por unos minutos". Isabel comprende que se trata del "efecto de gracia de la Llama de Amor de la Santísima Virgen sobre el Demonio". Satanás ha sido vencido. Esta gracia nueva está destinada a desbaratar los poderes del infierno. "Esta visión me agotó tanto que apenas pude librarme de su efecto" (DE 166). ¡Sobrecogedora experiencia!
A través de este traumático acontecimiento, la Virgen María ha querido dar una gran lección a Isabel: cómo la Llama de Amor derrota a Satanás. Isabel se da cuenta del inmenso poder que tiene el efecto de gracia de la Llama de Amor: "ciega y derrota a Satanás y a los suyos hasta llevarlos al extremo de gritar pidiendo auxilio".
Uno de los frutos más perniciosos del ateísmo ha sido la negación de la existencia del Demonio y del Infierno. Paradójicamente, quienes caen en esta trampa son los más sometidos a la acción diabólica. Al negar su existencia, no pueden captar que los males que los agobian proceden del Maligno. Cuando el hombre niega a Dios y rechaza su divina revelación, cae en el desorden moral; se endiosa y pierde el sentido de la vida; no comprende el porqué del dolor y de la muerte, ni el valor de sus actos. Al negar a Dios, también se niega la existencia de la conciencia moral: ya no existe ni el bien ni el mal porque cada uno se convierte en su propio juez. Ya no existe nadie a quien se tenga que rendir cuentas. No hay ni premio ni castigo. No existe ni Cielo ni Infierno. Lógicamente, el Demonio sale sobrando.
No se puede tapar el sol con un dedo. El resultado del ateísmo ha sido una sociedad encerrada en el pecado, sin horizonte más allá de lo material, sin valores morales, sin aliciente para luchar contra el dolor y la muerte.
En los países donde el ateísmo ha reinado se han cometido las más inauditas barbaries contra la dignidad del hombre. La vida del ser humano pierde todo valor porque, al negar a Dios, se niega su imagen, y el hombre queda reducido a la condición de mero "animal". Cuando la tragedia ineludible toca la puerta, no queda más que el suicidio. Así se puede comprender que el aborto sea hoy propugnado como un derecho y que a nivel mundial cada año haya más de setenta millones de mujeres que asesinan a sus hijos. Esto es fruto del ateísmo práctico. Estas mujeres olvidan la gran enseñanza del Evangelio: que al final de su vida serán juzgadas por el Hijo del Hombre, Soberano Rey (Mat 25,31-46).
El mensaje que María Santísima da a las familias es contundente y de inestimable valor. Es en el interior de las familias donde debemos llevar el combate espiritual para que el ateísmo sea expulsado de la sociedad. Cada familia debe convertirse en un santuario donde Dios sea amado y adorado, donde se le pueda dar gracias y pedirle los dones que necesitamos. El ateísmo no tiene futuro. Es el gran fracaso del hombre porque lo conduce a la muerte. Cada vez pierde más terreno en el mundo. Es necesario luchar contra Satanás con las armas que nos da la fe y, especialmente, con la Llama de Amor de su Inmaculado Corazón. Ella asegura nuestra victoria.
89. REVESTIRSE CON LA CORAZA DE LA JUSTICIA (Efesios 6,14)
En el combate espiritual contra Satanás, además de ceñirnos con la Verdad, debemos revestirnos de la coraza de la Justicia (Ef 6,14). La palabra justicia significa "santidad". Dios es el Santo, el Justo por excelencia. Jesús nos dice: "Sean santos como su Padre celestial es Santo". En el Bautismo, somos "revestidos" de la Santidad de Dios. Optamos por ser de Cristo y rechazamos categóricamente a Satanás. Dios es el único que nos puede justificar, es decir, perdonar nuestros pecados y comunicarnos su propia Vida.
Somos justificados por la Gracia divina de manera gratuita, no lo merecemos. No son nuestras obras, por buenas que parezcan, las que nos merecen la Gracia de Dios y, con ella, la salvación eterna. No tenemos ningún derecho a la salvación eterna. Dios nos salva gratuitamente, por puro amor. Pide, para justificarnos, que creamos en Él, en su palabra, y que colaboremos con su gracia por medio del arrepentimiento.
Sin Fe en Dios es imposible la salvación. La justificación exige de parte del pecador un proceso de conversión. Tomamos conciencia de lo que significa ser pecador, nos duele haber ofendido a Dios, nos arrepentimos, renunciamos conscientemente al pecado y nos adherimos a Jesucristo por el Bautismo, rechazando a Satanás. Se da una activa y permanente colaboración con la gracia de Dios para rechazar el pecado, que ya no debe tener lugar en nuestra vida. Los sacramentos nos impulsan constantemente a llevar una vida separada del pecado.
Aquí debemos hacer notar una diferencia muy importante entre la concepción tradicional de la Iglesia y la manera errónea de ver la justificación en el protestantismo. La Iglesia nos enseña que Dios nos justifica transformando totalmente nuestra alma en imagen viva de Jesucristo. El pecado original y los pecados actuales son perdonados y borrados de verdad. Somos realmente santificados por la Gracia Divina.
Para que este proceso de justificación sea una realidad, el hombre debe creer en las verdades reveladas por Dios, arrepentirse de sus pecados, abandonar el mal, creer en Jesucristo como su Señor y Salvador, y vivir de acuerdo a Su divina Voluntad. Para Martín Lutero y bastantes de sus seguidores, el pecado no desaparece. Seguimos siendo pecadores. El Bautismo solamente nos sobrepone la santidad de Cristo como si fuese "un vestido", pero por debajo seguimos en pecado. Esta posición teológica es verdaderamente trágica y absurda. Fue condenada por el Concilio de Trento. No podemos ser al mismo tiempo santos y pecadores, enemigos de Dios.
Esta manera de concebir la justificación ha hecho, desgraciadamente, un daño inmenso. Si "creer" es lo único que importa para ser salvo (fe fiducial), entonces no estamos obligados para salvarnos a producir las "obras de misericordia". Según estas ideas, podemos seguir proclamando la fe en Cristo y seguir viviendo en pecado, porque la sola fe basta para salvarnos. Dicho de otra manera: no importa que vivamos en pecado, con tal de que proclamemos a Cristo como nuestro Salvador. Lutero le decía a Melanchton: "peca fuerte, pero cree más fuerte".
La verdadera doctrina de la Iglesia es que Dios no nos justifica por la sola Fe. No basta decir "creo en Cristo" para ser salvo. Es preciso que esta Fe se manifieste en la vida diaria por las obras, tal como nos dice Santiago: "Yo te mostraré mi Fe por las obras".
Cuando San Pablo dice que nos debemos revestir de la coraza de la justicia, nos está diciendo que debemos vivir en Gracia de Dios y producir las obras de Cristo. El combate espiritual tiene por primer objetivo conservar la Gracia Santificante, la Vida divina, la Vida eterna de la que nos habla Jesús: "El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida Eterna y Yo lo resucitaré en el último día". La mejor defensa contra la acción diabólica es vivir en Gracia de Dios.
Cuando se vive en pecado mortal, quedamos a merced de Satanás. Infinidad de cristianos, por ignorancia o por culpable descuido, viven en pecado grave y son víctimas de la acción del enemigo. No asumen aquella máxima: "Primero morir antes que pecar". Viven como si no estuviesen bautizados. Practican las obras de las tinieblas: visitan brujos, hechiceros, santeros, adivinos; creen en el espiritismo, juegan a la ouija, invocan al demonio, viven en adulterio o en unión libre, rechazan el sacramento del matrimonio, practican o defienden la homosexualidad, abortan o apoyan el aborto, roban, cometen injusticias, etc., y siguen tan tranquilos. Esta manera de vivir proviene de esa manera de pensar: basta proclamar la fe en Jesucristo para ser salvos.
La Iglesia nos enseña que no podemos vivir en pecado mortal. Para salvarnos, debemos vivir y morir en Gracia de Dios. No es válido decir: "me arrepiento en mi corazón y todo queda arreglado". La Fe de la Iglesia nos enseña que, para recuperar la Gracia, es necesario pasar por el Sacramento de la Reconciliación y emprender una vida nueva, alejada del pecado.
Al asumir esta "coraza de la Justicia", el corazón del discípulo de Cristo está protegido contra los engaños de Satanás. Tanto vale la Gracia de Dios que es preciso protegerla por todos los medios; es preferible perder esta vida temporal y perderlo todo antes que perder la Gracia de Dios.
90. SOLAMENTE LA IGLESIA NOS HABLA CORRECTAMENTE DEL DEMONIO
Revelar al mundo la existencia del Demonio y del Infierno es un grandísimo acto de caridad. Dios nos ama infinitamente cuando nos revela, a través de su Santa Palabra, de los profetas y, sobre todo, de su Hijo, la existencia del mundo de las tinieblas y del Infierno eterno. Movidos por un falso amor y un equivocado sentido de la ciencia, hay personas que se empeñan en negar la existencia del Demonio y del Infierno. Piensan que se trata de mitos y de interpretaciones equivocadas de las Sagradas Escrituras.
Hemos pasado de un extremo al otro. Hubo épocas en las que la predicación tanto católica como protestante insistía excesivamente en el temor al Infierno y al Demonio para llevar a los hombres a la conversión. Muchos predicadores abusaban de la retórica del miedo, pensando que así lograrían el arrepentimiento de sus oyentes. Actualmente, en muchos países, se ha borrado casi por completo la enseñanza tradicional de la Fe católica sobre Satanás y sobre el castigo eterno para el pecador. Casi no se predica con propiedad acerca del Juicio particular y final, ni se aborda el tema de la condenación eterna y del Infierno. Hay como un velo de silencio que deja a los fieles con grandes interrogantes y lagunas.
La catequesis de los niños en bastantes países de tradición católica ha sido enormemente deficiente. A medida que las ciencias exactas y humanas avanzan, reduciendo el saber a lo controlable, el terreno de las realidades espirituales se ha ido esfumando. Para muchos bautizados ya no hay Juicio particular ni Juicio final, ni cielo, ni infierno, ni purgatorio, sino solamente la vida material que termina con la muerte. Lógicamente, ante la pérdida de la virtud teologal de la Esperanza, la eutanasia viene siendo el recurso anhelado contra el dolor insoportable. Se ha terminado por perder la Fe en la Vida más allá de la muerte.
El mensaje de la Llama de Amor es totalmente providencial para que los católicos, en primer lugar, abramos los ojos y tomemos conciencia de la gravedad del asunto. Hemos sido creados para gozar de la felicidad eterna. Dios nos llama para vivir y morir en su Gracia Santificante. El Cielo, la participación en la felicidad divina por toda la eternidad, es nuestro destino como hijos de Dios. El Infierno, la separación eterna de ese Dios infinitamente feliz, es una terrible posibilidad para todos los seres humanos. Se trata de un dogma de Fe divina y católica, claramente manifestado en la Palabra de Dios.
Seremos juzgados por Dios al final de nuestra vida sobre nuestros actos, y corremos el riesgo de ser condenados a vivir alejados de Dios en las tinieblas eternas. Esta realidad no nos debe angustiar porque hemos sido redimidos por Cristo y hemos recibido todos los medios para evitar la condenación eterna. Sin embargo, es un hecho que para hacer efectiva la redención de Cristo es necesario aceptarla con total libertad y coherencia de vida.
Ayer, hoy y siempre ha sido, es y será muy difícil hablar del Demonio y del Infierno, tanto a las personas crédulas y supersticiosas como a las inteligencias agnósticas marcadas por el ambiente "científico" de la época moderna. Y es que, en realidad, el tema no es fácil de abordar con propiedad. Hablar del mundo satánico nos sobrepasa porque es confuso, poblado de ilusiones, engaños y falsas verdades, e interrogantes que nos inquietan. No en vano, el Demonio es el padre de la mentira y por naturaleza mentiroso.
Satanás, los espíritus malignos, los brujos, las almas perdidas, los duendes, los ángeles caídos, los fantasmas, los aparecidos, los cuentos de camino, etc., son algunos elementos que pueblan el efervescente mundo imaginario popular relacionado con el Diablo. Pero... ¿Quién es el Demonio? ¿Existe de veras? ¿Dónde está? ¿Cómo actúa? ¿En qué medida se trata de quimeras nacidas de la mentalidad mágica de los pueblos primitivos, y cuánto de verdad encierran? ¿Serán sólo herencias míticas que nos vienen de lejanas generaciones ancestrales? ¿Qué repercusión tienen en nuestra vida? Y podríamos seguir añadiendo preguntas y más preguntas, y nunca estaríamos totalmente satisfechos con las respuestas.
Nos enfrentamos a una gran mezcolanza de verdad y mentira. Necesitamos hacer luz. Temas de tan gran importancia como el Cielo, el Infierno, la Muerte, el Juicio, están relacionados, en cierto sentido, con aspectos demoníacos. Quienes pueden ayudarnos a hacer luz son los teólogos fieles a las enseñanzas de la Iglesia. La realidad es que todos los seres humanos, ineludiblemente, nos vemos confrontados por este mundo oscuro que se nos acerca de muchas maneras, como la antigua serpiente se acercó a Eva y Adán (Génesis 3).
Lo queramos o no, experimentamos la intromisión del mal y del maligno en nuestras vidas. Con nuestra pequeña inteligencia humana comprendemos muy poco. El único camino seguro es aquel que la Palabra de Dios y la Iglesia nos enseñan. Por eso, al tratar aquí del Demonio y de la Llama de Amor, lo hacemos conscientes de que debemos renunciar a la peligrosa vana curiosidad en el tema diabólico, para quedarnos con lo esencial del combate espiritual. Por haber cedido a la curiosidad, Eva perdió la Gracia de Dios. Después de la muerte, cuando nuestros ojos se abran a la Luz Verdadera, daremos infinitas gracias a Dios por habernos protegido contra esa realidad horrenda llamada "mundo de las tinieblas". No en vano Jesús se encarnó, murió y resucitó para deshacer las obras del Diablo (1 Jn 3, 8).
El Diario Espiritual nos hace poner los ojos en Jesucristo, no en el Demonio. Si nos ocupamos de Satanás es porque tenemos que combatir contra él, pero no es lo más importante. Debemos ser muy humildes para escuchar a la Iglesia y acoger su enseñanza con gran seriedad y responsabilidad. En las cosas espirituales, Ella es la gran Maestra, y nosotros debemos ser discípulos. Infinidad de personas hoy no quieren escuchar a la Iglesia. Pretenden saber más que Ella. La primera actitud del que quiera salvarse es la humildad para escuchar y poner en práctica la enseñanza de la Maestra autorizada.
Cantidad de falsos maestros andan por el mundo enseñando sus propias opiniones sobre el Demonio como si fueran dogmas de fe, y tristemente muchísimos les creen y los siguen, pero no creen lo que la Iglesia les dice. El orgullo intelectual ciega las mentes "ilustradas", y muchos han terminado adorando a Lucifer, formando parte de cultos satánicos, ejerciendo la magia y el espiritismo, sometidos a prácticas supersticiosas, entregados a las religiones y disciplinas orientales: yoga, tai-chi, canalización de energías, los chacras, la Nueva Era, etc., que son fruto de la acción engañadora de Satanás.
El Señor nos envió a anunciar su Buena Nueva en un mundo lleno de lobos. Las verdaderas fieras no son los hombres perversos, sino los espíritus infernales que están detrás de ellos. La verdadera batalla no es contra los seres humanos, sino contra el león rugiente que nos ronda buscando a quien devorar. En el Diario Espiritual encontramos los elementos que nos darán la victoria contra el mundo de las tinieblas. El punto fundamental para vencerlo es la invocación orante de Jesucristo por medio de la jaculatoria de la Llama de Amor. Esta pequeña oración la debemos llevar siempre en la mente y en el corazón como la armadura espiritual contra el astuto enemigo maligno.
91. SOBRE TODO, TOMEN EL ESCUDO DE LA FE
"Con el que podrán apagar todos los dardos encendidos del maligno" (Ef 6,16).
Los antiguos soldados llevaban en la batalla grandes y sólidos escudos que los defendían de las flechas de los enemigos. Los dardos eran un arma mortal, efectivísima. Lanzados por millares, caían como una verdadera lluvia sobre el ejército enemigo. Algunos eran tan poderosos que podían atravesar las armaduras metálicas. Una táctica frecuentemente usada para incendiar las ciudades era la de enviar dardos encendidos sobre las casas. El escudo era, pues, un arma defensiva de primera importancia, indispensable en el combate. San Pablo, en varios de sus pasajes, nos incita a pelear el buen combate (1 Co 9:25 y ss.; Fil 1:30; 1 Ts 1:18; 6:12; 2 Ti 4:7) contra un enemigo que ya ha sido vencido por Cristo (Col 2:15) en la cruz, pero que todavía puede hacernos caer si no endosamos la armadura para defendernos de sus estratagemas.
El Demonio no puede ganar la guerra porque está totalmente vencido por Jesucristo, pero sí puede matar o herir gravemente a aquellos soldados que no están plenamente unidos al Señor por una fe viva, que es la que nos asegura la victoria (1 Jn 5:4). El escudo de la fe detiene los dardos encendidos que el enemigo nos lanza para hacernos dudar en el seguimiento de Cristo. Isabel Kindelmann padeció ataques verdaderamente terribles contra la fe. En el Diario Espiritual nos relata varias veces el tormento de las dudas que la asaltaban respecto a la veracidad de la Llama de Amor. Su alma se encontraba en total oscuridad; la invadían angustias internas con tanto poder que "apenas le quedaban fuerzas para caminar". Sentía a su lado la presencia terrorífica de Satanás, que la atacaba sin piedad creando inmensa confusión en su alma (DE 100-101). La contemplación de la pasión de Cristo por el Vía Crucis fue el medio que el Señor le dio para recuperar la "tranquilidad mansa" que venía del Señor. La vocación principal de Isabel es la de "entregar la Llama de Amor". Cuando el Demonio se da cuenta de la misión de la Sierva de Dios, reacciona con una violencia inaudita para impedir que Isabel comprenda el sentido de la gracia y para que no la entregue.
Atacará de manera frontal su inteligencia, sugiriéndole toda clase de argumentos en contra de la Llama de Amor, adulándola para que se vuelva a una vida mundana de vanidades y de orgullo, humillándola para destruir su entereza y seguridad en sí misma, golpeándola físicamente para llenarla de terror. Satanás empleará todos los medios a su alcance para apartarla de su camino. A tal punto llegará la presión del maligno sobre su mente que Isabel atravesará un período dolorosísimo de tremendas dudas y de confusión que la llevará a acusarse de mentirosa y de inventora ante su director espiritual y varios sacerdotes.
Intentará quemar el Diario Espiritual por considerarlo obra de su imaginación, pero Jesús interviene y lo impide paralizándola. Jesús le demuestra que es Él quien la ha inspirado y que lo que ha escrito viene de Él (DE 320-323). El Señor la consolará y animará, haciéndola ver que por estos sufrimientos se había convertido en víctima ardiente de amor y que conduciría a muchas almas al conocimiento y amor de Dios (DE 285-291). Por la obediencia heroica a su director espiritual, Isabel vencerá estos ataques terribles del maligno.
Hasta el momento de su muerte será víctima de períodos de grandes oscuridades y períodos de luz, tal como el Señor se lo había profetizado. El escudo de la fe ha salvado a Isabel de caer víctima de estas tremendas asechanzas del enemigo. La experiencia de la Sierva de Dios trae para nosotros muchas enseñanzas. En primer lugar, que el Demonio hará todo lo posible para que la Llama de Amor no se extienda. En segundo lugar, que todos aquellos que emprendan con empeño su propagación serán víctimas de los ataques del maligno, quien de diversas maneras tratará de desanimarlos para que renuncien a la llamada que el Inmaculado Corazón de María les hace de transmitir su Llama. En tercer lugar, que el Demonio buscará la manera de crear confusión en torno a esta devoción-instrumento para que en las parroquias y en las diócesis se dé la oposición de parte de los sacerdotes y fieles.
No debemos extrañarnos, pues, de que cuando tomemos en serio la expansión de la Llama de Amor comiencen a aparecer obstáculos y variados ataques orientados a impedir la propagación de la devoción. Jesús ya nos lo advirtió: es el camino de las humillaciones (DE 167-168). Particularmente da tristeza cuando los que se oponen son personas piadosas y hasta sacerdotes bien intencionados. Los propagadores de la Llama de Amor no deben desanimarse porque esta oposición ya ha sido anunciada por Jesús y María. La contradicción y el sufrimiento son la marca de las obras de Dios. Isabel fue incomprendida (DE 178) por las personas que en la Iglesia la rodeaban. Sufrió muchos ataques y desprecios, pero debido a su perseverante humildad y fe inquebrantable, hoy tenemos la Llama de Amor ardiendo en muchos lugares del mundo. De nosotros depende que esta Llama no se apague y que se convierta en un grandioso incendio que ciegue a Satanás y haga caer en añicos el Reino del Demonio, tal como la Virgen María lo ha profetizado.
92. TOMEN TAMBIÉN EL CASCO DE LA SALVACIÓN (Ef 6,17)
ESTRATEGIA DE LA LLAMA DE AMOR.
En el combate, los antiguos soldados iban protegidos por el escudo, pero este no cubría la cabeza. Por ese motivo, llevaban el yelmo o casco de metal que la resguardaba y mantenía a salvo. Tanto para los golpes de la espada como para los ataques con las flechas, el yelmo representaba una importantísima protección. Aún hoy, los soldados modernos llevan cascos porque la cabeza es lo más vulnerable y expuesto en el combate. Nuestra conducta depende en gran parte de las facultades del alma: inteligencia, memoria y voluntad. El objeto de la inteligencia y de la voluntad es la verdad y el bien. Una vez conocida la verdad, entra en juego la voluntad para alcanzarla y realizarla. La cabeza y el corazón están íntimamente unidos: inteligencia y voluntad. Por ese motivo, debemos protegerlas de los insistentes ataques del enemigo maligno.
El arma fundamental del demonio, que es un espíritu maligno, es su capacidad de influir sobre nuestra facultad de conocer la verdad y sobre nuestros sentimientos. La estrategia del demonio para penetrar en nuestro corazón es el engaño. Siendo él constitucionalmente pura mentira y perversión, tratará de conducir nuestra inteligencia hacia la falsedad y nuestros sentimientos hacia la depresión y la corrupción moral. La puerta de entrada del enemigo hacia nuestro interior es nuestra capacidad de razonar, de pensar, de imaginar, de fantasear, de ilusionar, de experimentar sentimientos. Si conocemos la Verdad y el Bien, vamos por camino seguro, porque toda persona busca la verdad y el bien y se adhiere a ellos. No buscamos el error, la mentira, el mal, sino lo verdadero y lo que creemos que es bueno para nosotros o para los demás.
El demonio no puede penetrar en la inteligencia y el corazón y someterlos a su voluntad a no ser que la persona libremente le dé entrada. Génesis 3 nos describe la caída de Eva bajo el ataque de la serpiente. Esta despliega toda su astucia para convencer a la primera mujer de que Dios los engaña cuando les ordena que no coman del fruto del árbol. Eva sucumbe frente a la tentación por no haber cortado de tajo, desde el primer instante, los avances del enemigo. Ella le prestó atención, lo escuchó, razonó a partir de las sugerencias engañosas del enemigo y sucumbió. "Pero temo que, así como la serpiente con su astucia engañó a Eva, las mentes de ustedes sean desviadas de la sencillez y pureza de la devoción a Cristo" (2 Co 11,3).
Todos los seres humanos estamos al alcance de los ataques demoníacos contra la inteligencia y el corazón; no hay excepción. Corremos el peligro de sucumbir ante las insinuaciones persistentes de Satanás y de sus agentes cuando no discernimos el valor moral de las propuestas que recibimos. Es indispensable que nos defendamos poniéndonos el "yelmo de la salvación" para proteger nuestra inteligencia del error y el corazón de la corrupción moral. Si leemos con atención el Diario Espiritual, veremos cómo Satanás buscará de manera persistente confundir y engañar a Isabel a través de sugerencias auditivas, mentales, ideas obsesivas, pensamientos angustiantes, imaginaciones, recuerdos, etc. Se trata de verdaderas opresiones psicológicas que torturaban su alma, llenándola de confusión y miedo. Es tal la presión del ataque diabólico que llega un momento en el que la Sierva de Dios se siente como poseída. Toda esta presión la agota; ella oye la voz del demonio que la perturba constantemente para que lleve una vida mundana y abandone el proyecto de la Llama de Amor (DE 58-59). Una de esas terribles tentaciones es la del suicidio: "¡Quítate la vida!" le repite el maligno machaconamente... Isabel vive un verdadero martirio interior (DE 88).
La defensa contra el enemigo es una reacción rápida contra los pensamientos, imaginaciones, emociones, recuerdos que intentan penetrar en la mente. Hay que bloquearlos con un acto de fe que libere la inteligencia del error propuesto. Es tan importante estar bien instruido en la Doctrina de la Fe y Moral Católicas para no dejarse engañar por las sugerencias demoníacas. El primer ataque de Satanás va contra la existencia de Dios y nuestra amorosa sumisión a Él. Es la misma tentación que sufrió Eva: la autonomía respecto a Dios, "serás como Dios". El ateísmo, el agnosticismo, la frialdad para con Dios, el rechazo a la Iglesia, etc., constituyen el ataque más peligroso y de peores consecuencias porque tiene por objetivo privarnos de la ayuda del Cielo. No hay que escuchar, hablar, discutir o razonar con el demonio.
La estrategia de la Llama de Amor para vencer a Satanás es dejarlo ciego. Desde que el Espíritu Santo nos hace ver que la propuesta es una tentación, debemos rechazarla decididamente y cerrar la puerta. Ante semejantes ataques, la Virgen le dice a Isabel: "No tengas miedo al maligno que continuamente está rondando alrededor de ti. Yo lo he aplastado y no tienes que temer. Escóndete bajo mi manto y besa con frecuencia mi escapulario que llevas sobre ti. Te protejo de todo peligro espiritual" (DE 71). La jaculatoria: "Derrama el efecto de gracia de tu Llama de Amor sobre toda la humanidad" es nuestra salvación porque con ella cortamos de un golpe las insinuaciones diabólicas. Cuando viene la tentación, hay que repetir esta súplica insistentemente y con perseverancia hasta que el enemigo se vaya cegado por el poder de la jaculatoria. En esto consiste el servirse de la Llama de Amor.
93. TOMEN TAMBIEN, LA ESPADA DEL ESPÍRITU, QUE ES LA PALABRA DE DIOS (Ef 6,17)
Además del yelmo de la salvación, San Pablo nos dice que tomemos la "espada del Espíritu", que es la Palabra de Dios, en este combate a muerte contra el príncipe y dios de este mundo, Satanás. Debemos ponernos la armadura completa, con todos sus elementos, sin que falte ninguno, para estar en condiciones de resistir el ataque del demonio. Ceñirse con la Verdad, protegerse el corazón con la coraza de la justicia, calzarse con el celo por la evangelización, tomar el escudo de la fe, ponerse el yelmo de la salvación, y ahora, tomar la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios. Son seis elementos fundamentales que conforman la armadura del discípulo de Cristo en su lucha contra los espíritus que vuelan por los aires, o contra el león rugiente que da vueltas en torno a nosotros buscando a quién devorar. Nuestra verdadera lucha no es, en primer lugar, contra los hombres, sino contra los demonios, y en segundo lugar, contra sus servidores y colaboradores humanos.
El combate es desigual porque estamos luchando contra ángeles caídos tales como "principados, potestades, gobernantes de este mundo de tinieblas, contra las fuerzas espirituales de maldad en las regiones celestes" (Ef 6,12). En este combate no puede haber victoria de nuestra parte si no hay un auxilio que venga del Cielo. Somos incapaces de vencer a los demonios por nuestras propias fuerzas; la naturaleza humana, comparada con la naturaleza angélica, es inferior en fuerza y astucia. Nuestra victoria depende del amor infinito que Dios nos tiene y de la súplica insistente que elevamos al Padre Celestial, pidiéndole que no nos deje caer en la tentación. La vida entera del ser humano es una "prueba" en la que Dios ofrece al hombre la victoria sobre el enemigo infernal a condición de que solicite Su ayuda. Jesús nos da el ejemplo de cómo usar la Palabra de Dios en el combate (Mt 4,1-11) contra el Diablo. A cada ataque de Satanás, Jesús responde con un texto bíblico.
Conocer la Palabra de Dios es totalmente indispensable para el discípulo de Cristo. Ella nos protege de tantas ocasiones de caer en los gravísimos errores que el mundo-demonio-carne nos proponen, tales como el espiritismo, invocación de los muertos, juegos mágicos, esoterismo, magia, brujería, vudú, religiones orientales, Nueva Era, ideologías perversas y ateas, propaganda inmoral como la del aborto, homosexualidad, odio, violencia, injusticias, guerra, etc. Por ese motivo, todos los cristianos debemos estudiar en profundidad las Sagradas Escrituras y conocer la Doctrina de la Iglesia (Catecismo de la Iglesia Católica), para no dejarnos sorprender por la "presión social" que nos rodea y que favorece lo que va contra los derechos de Dios sobre nosotros.
En la historia de Isabel Kindelmann no encontramos de manera explícita que ella, en cada tentación, se enfrentase al Demonio con un texto bíblico. Sin embargo, debemos tener en cuenta que, habiendo asistido a la Iglesia con fidelidad desde su juventud y siendo miembro de la Tercera Orden del Carmelo, tenía un buen conocimiento general de las Escrituras y de la espiritualidad católica. En el Diario Espiritual nos encontramos con un alma que vive en profunda intimidad con el Señor y Su Madre Santísima. En esa vida interior, Jesús y María le hablan constantemente. "Tu alma es el receptor de mis palabras divinas", le dice Jesús (DE 278). Isabel enfrenta al demonio con la Palabra de Dios que ella escucha en el fondo de su corazón. Escucha y obedece. Eso le vale la victoria.
Muchos católicos no conocen la Biblia más que superficialmente, pero tienen una vida espiritual de gran intimidad con las tres personas divinas, la Virgen, los santos y los ángeles. Oyen en su interior la Palabra de Dios y rechazan las tentaciones del maligno con las palabras que el Espíritu Santo les sugiere. Durante siglos, la mayor parte de la población del mundo era analfabeta; la mayoría de los cristianos no tenía acceso a los pergaminos bíblicos, sin embargo, su vida espiritual era intensa. El conocimiento intelectual que tenían de la Palabra de Dios lo habían adquirido en el templo y en las prédicas y catequesis. Dios habla en el interior de los corazones, y esa Palabra viva nos protege del maligno. Isabel emplea la jaculatoria y el rosario de la Llama de Amor para enfrentar las tentaciones del demonio "como Espada del Espíritu". El enemigo queda ciego y vencido, tal como la Virgen lo había prometido: "Yo, el rayo hermoso de la aurora, cegaré a Satanás". La Palabra de Dios no es solamente el "texto bíblico", sino, sobre todo, la acción del Espíritu Santo que habla en el interior del alma, protege de la embestida del enemigo maligno y lo derrota.
La victoria del cristiano sobre Satanás tiene sus raíces en la íntima y permanente conversación con Dios, lo que llamamos vida interior o intensa vida espiritual. La hermosa oración dada por Jesús a Isabel, "que nuestros pies vayan juntos", lo resume y explica todo. Esa vida interior es el fruto de todos los elementos que integran la normal existencia del católico: camino sacramental, lectio divina (oración basada en la lectura, meditación y contemplación de las Sagradas Escrituras), vida de oración en el seno de la familia (especialmente el rosario), penitencia (ayuno, sacrificio, renuncias voluntarias...), vida parroquial, dirección espiritual, conocimiento y aceptación de la Doctrina Católica (Catecismo). La vida externa de Isabel Kindelmann aparentemente no tiene nada de extraordinario; es la de una madre de familia como cualquier otra. La grandeza de Isabel está en lo que no se ve: su intensa relación con Jesús y María, y en el combate victorioso contra el falso príncipe de este mundo.
94. LA REFORMA PROTESTANTE Y LA LLAMA DE AMOR (I)
Las múltiples celebraciones en honor de la llamada Reforma Protestante, iniciada por el entonces fraile agustino Martín Lutero hace quinientos años, han servido para que algunos nos presenten a Lutero como un personaje extraordinario, valiente, providencial, que se enfrentó con sobrada razón a los abusos e inmoralidades de la corte papal de entonces. Lutero sería el gran libertador de los cristianos. Su epopeya habría roto las cadenas que tenían a la Palabra de Dios amarrada y sometida al arbitrio de los Papas. La Reforma Protestante sería el ideal de lo que debe ser la Iglesia; la Reforma sería libertad. El catolicismo es esclavitud, sometimiento, oscuridad, ignorancia, herejía. De tanto escuchar esta propaganda interesada, muchas personas, poco informadas sobre la verdadera historia de los hechos, corren el peligro de dejarse arrastrar por la corriente.
"Católico ignorante, futuro protestante."
Los católicos debemos instruirnos, darnos cuenta de lo que en verdad pasó, cómo se desarrollaron los hechos de esa época, cuáles fueron sus causas y las consecuencias para la Iglesia de Cristo. Debemos conocer cuáles son los rasgos, las características, las reglas de fe del protestantismo actual para no dejarnos sorprender. Hay mucha buena literatura a nuestro alcance en Internet, en YouTube, en páginas de historia, apologética y teología. En los comentarios anteriores mencionaba que la Iglesia Católica está atravesando una gran crisis de identidad. Según afirman algunos entendidos, cada día alrededor de 8,000 católicos pasan a formar parte de alguna de las llamadas iglesias evangélicas. Se trata del fruto de un protestantismo proselitista a toda costa, que no rehúsa ningún medio para arrastrar a los católicos mal formados.
A ese paso, la Iglesia Católica corre el gran peligro de ir desapareciendo para ser reemplazada por una constelación de sectas protestantizadas. Eso es sumamente grave para la salvación de las almas, porque significa la pérdida de la mayoría de los medios de salvación instituidos por Jesucristo.
Las profundas consecuencias de la reforma protestante
En el Diario Espiritual, la Virgen María no se refiere explícitamente al protestantismo, ni a Martín Lutero, ni a Calvino, ni a Enrique VIII, ni a ningún personaje ligado a esta corriente. Pero, aunque no mencione a estas figuras ni a las sectas nacidas de ellos, Nuestra Señora, a lo largo del Diario, va desmontando una por una todas las tesis y prácticas de la Reforma de Martín Lutero y de sus seguidores, hasta darnos las pautas de lo que debe ser la Iglesia verdadera.
La Virgen no ataca, no denuncia, no hiere, no ofende, no reprocha a nadie sus errores. Como una Madre amorosa y comprensiva, prefiere mostrar el infinito dolor de su Corazón por los sufrimientos de su Hijo ante los desastres que hemos provocado en la Iglesia. Más aún, la Virgen llora por todos los seres humanos que están alejados de su Hijo y en peligro de condenación eterna. María no se contenta con mostrar su dolor, sino que nos llama a tomar parte activa en la edificación de la verdadera Iglesia del Señor. A ella estamos llamados todos los hombres.
El punto de partida de la reforma luterana es un enfrentamiento violento con el Papa. El pretexto lo toma de los abusos que se daban en torno a la "venta de indulgencias". El carácter del fraile Lutero es acalorado, apasionado; se deja llevar por un temperamento impulsivo e imprudente. Entra en discusiones cada vez más violentas y termina rechazando la autoridad del Papa y de la jerarquía.
Lutero y sus seguidores emprenden el camino de reformar esa Iglesia que consideran traidora al Evangelio y corrupta moralmente hablando. Muchos se unen a este movimiento. Lutero y los suyos, apoyados por los príncipes y políticos de la época, que veían la oportunidad de apoderarse de los bienes de la Iglesia, consuman la separación. La historia nos habla de cómo los templos fueron profanados, las imágenes quemadas, los altares rotos, la Santa Misa suprimida, los sacramentos negados; los conventos abandonados por los frailes y monjas, el celibato suprimido, los fieles católicos perseguidos.
A medida que se extiende esta nueva concepción de una Iglesia sin autoridad, en la que cada uno es libre de actuar guiado por el Espíritu Santo, van surgiendo imitadores y seguidores por todas partes. Lo que se da es una verdadera revolución contra la Iglesia que preside el Papa. La semilla sembrada por Lutero es recogida por la Reforma de Zwinglio (1522-1531) y el calvinismo en Suiza. Enrique VIII de Inglaterra se separa de Roma por motivos pasionales; muchísimos otros personajes consolidan lo que hoy llamamos el protestantismo. Desde hace quinientos años, la Iglesia de Cristo vive fracturada por este cisma que ha hecho de los bautizados enemigos en dos bandos: el Norte de Europa protestante, el Sur católico. Varias son las causas de este terrible cataclismo espiritual y cultural que sigue dividiendo cada día más a la Iglesia. Al comentar los pasajes del Diario Espiritual, tendremos ocasión de señalar las más relevantes. La Llama de Amor es una respuesta del Cielo a esta obra diabólica que es la división de la Iglesia.
95. LUTERO ROMPE CON LA AUTORIDAD DEL PAPA (II)
Uno de los puntos más emblemáticos de la actual crisis de identidad en la Iglesia es el deterioro del sentido de la Autoridad. Podemos decir que es la raíz de toda la crisis. Es notable que, en el Diario Espiritual de la Llama de Amor (DE), el día 3-09-1962, la Santísima Virgen le dice a Isabel: "Comunica mi deseo a tu guía espiritual, que a su vez haga llegar mi Causa al primer Obispo del País, y luego al Romano Pontífice, Vicario de mi Santo Hijo en la tierra. Tiempo de gracia como este no ha habido en la tierra desde que el Verbo se hizo Carne. El cegar a Satanás es algo que conmoverá al mundo". En distintos pasajes del DE vemos cómo Isabel es enviada a quien representa a Jesucristo: en la comunidad parroquial, en la Diócesis, en la Iglesia Universal. Si vamos al Nuevo Testamento, nos encontramos con numerosos textos en los cuales los Apóstoles ejercen en la primitiva Iglesia la autoridad en el Nombre del Señor. El verdadero discípulo de Cristo lo tiene claro: Jesús glorificado es la Cabeza invisible de la Iglesia, pero nombra a Pedro como su Vicario a quien da su propia autoridad.
Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos. Mt 16, 18-19
En toda la historia de la Iglesia, el principio de autoridad del Magisterio de los Papas y Obispos ha sido la piedra clave de la Unidad. Esa es la misión del Sumo Pontífice: presidir la unidad de la Iglesia en la Fe y la Caridad. El Papa habla en Nombre de Cristo. El verdadero discípulo del Señor está en comunión con aquel que lo representa.
La Virgen María reafirma la autoridad de la Iglesia
¿Qué nos está diciendo la Virgen cuando pide a Isabel que vaya a la Jerarquía a presentar la gracia de la Llama de Amor? Que, aunque su mensaje sea auténtico y verdadero, la Autoridad de la Iglesia debe avalarlo. De hecho, Isabel recorrió el camino que la Virgen le indicó: fue al párroco, a los sacerdotes, al Obispo y al Papa. Isabel tuvo que afrontar muchas dificultades, humillaciones y sufrimientos, pero al final el Obispo acogió el mensaje. La crisis se da en la Iglesia cuando los fieles no reciben las enseñanzas y directrices del Papa y de los Obispos.
En estos últimos tiempos, se ha extendido por todo el mundo la mentalidad que glorifica la desobediencia como algo positivo y beneficioso. Al hacer a un lado la enseñanza de la Iglesia, se cae en graves pecados. Por ejemplo, en el interior de las familias se viven perversiones de todo tipo: el uso de anticonceptivos, el aborto, la aceptación y tolerancia de relaciones homosexuales, divorcio, adulterio, sacrilegios eucarísticos, injusticias sociales, etc.
Se cae en el subjetivismo moral: “ es bueno lo que yo creo que es bueno; no es pecado lo que yo creo que no es pecado”
Satanás quiere reinar en los hogares
En el DE, la Virgen nos dice que Satanás quiere destruir las familias, que con gran rabia las está destrozando, que él quiere reinar en los hogares. El demonio entra en las familias y las destruye cuando se hace a un lado la enseñanza dogmática y moral del Vicario de Cristo. Desgraciadamente, en estos últimos tiempos, cantidad de católicos están confundidos: escuchan a los falsos maestros y no siguen a los verdaderos pastores. La Virgen María quiere llevar a las familias a recuperar la verdadera identidad católica. Ese es el gran fruto de la Llama de Amor en el interior de los hogares y de la Iglesia. No podemos ser católicos a medias, pues entonces no seríamos verdaderos cristianos. Lutero, en su soberbia, rompió la comunión con el Papa y la consecuencia no se hizo esperar: la unidad de la Iglesia saltó en mil pedazos. Hoy son innumerables las sectas, hijas de Lutero. En vez de un Papa, hay miles de "papitas" que manejan cada uno su "iglesita" a su modo y antojo.
96. LA SOLA ESCRITURA Y EL LIBRE EXAMEN PROTESTANTE (III)
Hermanos, Católico es aquel que cree y vive de manera integral la Fe transmitida por los Apóstoles y sus legítimos sucesores: el Papa y los Obispos en comunión con él. La ruptura que inicia Martín Lutero, al rechazar la enseñanza del Papa, es sumamente grave porque está rechazando a aquel cuya enseñanza llena de autoridad garantiza la fidelidad al "Depósito de la Fe", es decir, al legado integral de Jesucristo. Dos cosas constituyen el Depósito de la Fe: la Tradición y la Escritura. Entendemos por Tradición la enseñanza de Jesucristo y de los Apóstoles, que nos ha sido transmitida a través de los siglos de manera oral, y por Escritura la enseñanza del Señor que nos ha llegado de manera escrita en los libros de la Biblia. Primero fue la Tradición y después vino la Escritura. No todo lo que dijo el Señor quedó escrito en los evangelios, pero mucho de lo que dijo se ha transmitido oralmente y acompaña a la Escritura para iluminarla.
De la rebelión contra el Papa y del rechazo de su autoridad recibida de Cristo para interpretar rectamente la Tradición y la Escritura, va a salir la expresión de Lutero: LA SOLA ESCRITURA. Nada más que la Escritura es la norma de la Fe. Nada de Tradición, nada de Magisterio del Papa y de los Obispos. La Escritura, dice Lutero, es infalible y el Espíritu Santo asiste a cada cristiano para interpretarla.
Aquí tenemos el principio básico del protestantismo: el libre examen de la Escritura. Cada uno puede libremente interpretar la Escritura. Basta tener cuatro dedos de frente para darse cuenta de que este principio solamente puede conducir al caos. Y es efectivamente lo que ha pasado en el protestantismo. Es cierto que la Escritura, por ser Palabra de Dios, es infalible, pero todos aquellos que interpretan esa Escritura por su propia iniciativa de ninguna manera son infalibles.
El resultado de semejante abuso no se hizo esperar. Cada uno se sintió con la facultad de interpretar la Escritura y de encontrar en ella las enseñanzas que debería seguir. Esto condujo inmediatamente, en los seguidores de Lutero, a una cadena interminable de discusiones, disensiones, separaciones, rupturas, pleitos que siguen hasta nuestros días, produciendo nuevas iglesias, nuevos grupos, nuevas sectas.
Él mismo, Lutero, consideró que su manera de interpretar la Palabra de Dios era la auténtica, la verdadera, y la Biblia vino a ser la justificadora de todas sus herejías y errores. "No admito que nadie juzgue mi doctrina, ni siquiera los Ángeles. Quien no acoge mi doctrina no puede alcanzar la salvación" (ML, Weim, X, P 11, 107, 8-11).
El lugar correcto de la Biblia: la Santa Eucaristía
El Diario Espiritual de la Llama de Amor sitúa la Biblia en su lugar correcto: en la Celebración Eucarística. Palabra de Dios, Sacramentos y Enseñanza de los legítimos pastores van juntas. Son inseparables. Es necesario que evangelicemos a los protestantes, ayudándoles a comprender que la Biblia sola se convierte en camino de perdición.
El libre examen de las Sagradas Escrituras ha destruido la unidad de la Iglesia, ha llevado a los seguidores de Lutero a rechazar los dogmas de la Iglesia y lo más precioso de todo: el Cuerpo y Sangre de Cristo.
Reconstruir el tejido católico en las familias y la Iglesia
La finalidad de la Llama de Amor es la de "reconstruir el tejido católico en las familias y en la Iglesia". Las ideas de Martín Lutero se han ido extendiendo casi sin ser notadas por lo ancho y largo de la Iglesia Católica, gracias a la obsesiva predicación protestante. El peligro está en que los católicos creamos que la Biblia es el único medio de salvación.
En el interior de nuestras familias no podemos contentarnos con leer la Biblia y escrutar lo que nos quiere decir. Es necesario que la familia viva los sacramentos, especialmente la Eucaristía, y escuche la enseñanza del Sacerdote. El trabajo evangelizador de los padres ha de llevar a todos los miembros de su hogar a vivir intensamente la Misa Dominical como mínimo. De aquí parte la conversión que la Llama de Amor está pidiendo a sus devotos porque el Sacrificio de Cristo Jesús es la raíz y causa de nuestra salvación. No nos dejemos confundir. La Biblia no basta.
97. ¿LA SOLA FE BASTA PARA SALVARNOS? (IV)
Hermanos, la espiritualidad contenida en el Diario Espiritual de la Llama de Amor nos lleva a valorar con gran responsabilidad nuestra vida presente y la vida futura, dando sentido de eternidad a todo lo que hacemos. El Evangelio nos dice que ni un vaso de agua fresca dado al prójimo por amor quedará sin recompensa. Nos habla de aquellos hombres a quienes su amo, antes de partir, les entrega los talentos para que los hagan fructificar. A su regreso, les deben dar cuenta de su administración. El Señor premia a los que han dado fruto y castiga al que escondió el talento y lo dejó estéril. Manda que lo expulsen a las tinieblas exteriores donde será el llanto y el crujir de dientes.
Martín Lutero va a romper este orden evangélico, oponiendo, abusivamente, la fe en Cristo y las obras buenas. La Fe Católica nos dice que somos justificados, es decir, santificados, salvados, liberados del pecado, arrancados de la muerte eterna, no por nuestras propias fuerzas o por el mérito de nuestras obras, sino por la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Son los méritos de Cristo los que nos justifican y no las obras de la ley mosaica (Gal. 2,15-22).
La Fe y las obras van unidas
La Fe es la adhesión de nuestra inteligencia y de nuestro corazón a Jesús, a su Persona, a su santísima Palabra, a su Sacrificio. Creemos que Jesús es nuestro Salvador y en Él ponemos toda nuestra confianza. No nos salvamos a nosotros mismos; es Jesús quien nos salva. Sin embargo, esta Fe se expresa en el cumplimiento de la voluntad de Dios, poniendo en práctica su Palabra. La Fe y las obras van inseparablemente unidas.
Para Lutero fue fácil borrar de un plumazo, abusivamente, la carta de Santiago. Esa era su manera de falsificar la Escritura, rechazando lo que no le gustaba o no convenía a sus ideas. Así también rechazó los llamados libros Deuterocanónicos.
La concepción del pecado original según Lutero
La raíz de este gran error es la concepción que tenía Lutero acerca del pecado original. Según esta manera de pensar, el pecado original corrompió de tal modo al ser humano, que le es imposible al hombre hacer alguna obra buena. Todo lo que el hombre hace es pecado. Somos radicalmente pecadores. Esto trae una consecuencia gravísima: la justificación según Lutero consiste en revestirnos de la santidad de Cristo, pero sin quedar transformados interiormente. Es decir: por fuera somos santos y salvos porque Cristo nos reviste de su Gracia, pero por dentro continuamos estando en pecado. Esto es un total absurdo. Se nos acredita la justicia de Cristo, nos apropiamos de los méritos de Cristo, pero... por fuera. Somos como una fruta sana por fuera, pero podrida por dentro.
La concepción de Lutero nos lleva a la impotencia espiritual: no podemos hacer nada para nuestra salvación ni para la salvación de los demás. Según él, para salvarnos basta la fe. Más aún, llega a tal grado el absurdo, que la salvación depende de la predestinación que Dios haga acerca de las personas, independientemente de si sus obras son buenas o malas. Si Dios quiere que te condenes, te condenarás, aunque hayas hecho muchas obras buenas. Si Dios te destina al Cielo, te salvarás aunque hayas hecho muchas obras malas. Se trata de un Dios verdaderamente injusto.
¿Basta tener Fe en Cristo para ser salvos?
¿Para qué hacer entonces las obras buenas? De nada sirve orar, ayunar, adorar, alabar, guardar los mandamientos, dar limosna... etc. Basta que tengas Fe en Cristo y serás salvo. Los seguidores de Lutero llevan en su vida esta contradicción. Ellos oran por los demás, hacen muchas obras buenas, ayunan para obtener gracias... pero eso vendría a ser prácticamente inútil.
En el Diario Espiritual de la Llama de Amor, iremos viendo cómo Nuestra Señora va sistemáticamente ordenando nuestras vidas de acuerdo con la Fe en su Hijo Jesucristo y las obras buenas que son la consecuencia de esa Fe. En una familia verdaderamente católica, todos los miembros se empeñan en "entrar en el Reino de los Cielos", como nos pide el Evangelio. El Reino de los Cielos exige esfuerzo y solamente los que se esfuerzan por entrar lo logran. En definitiva, esa es la misión de la familia: la santificación de sus miembros por la mutua ayuda. Los medios de santificación nos son dados por Dios a través de la Iglesia. Y esa es la labor de la Iglesia: proveernos de los medios de santificación.
98. LUTERO Y LA SANTA EUCARISTÍA (V)
Con la "sola Fe", la "sola Escritura" y el "libre examen", Martín Lutero tuvo en sus manos los instrumentos para realizar el mayor desastre contra la identidad de la Iglesia: la destrucción de la Eucaristía y la supresión del Sacerdocio. Renegó del Cuerpo y la Sangre de Cristo, rechazando la Santa Misa como la mayor herejía de la Iglesia Católica. La llamaba "sacrílega y abominable Misa". Lutero empeñó todos sus esfuerzos para destruirla, porque decía que la Misa era la roca sobre la que se asentaba el Papado. Para él, la Misa no es el Sacrificio de Cristo. Llamaba abominable al Canon Romano. Inventó su propia misa: conservó algunas ceremonias para no suscitar escándalos entre los fieles, pero la convirtió en una simple "Santa Cena" para dar culto a Dios. Rechazó la Transubstanciación e inventó la "consustanciación", según la cual el pan y el vino permanecen pan y vino junto con la presencia de Cristo. No hay presencia real.
Eliminó el ofertorio y la consagración. Abolió los altares para quitar toda relación con la noción de "sacrificio" y puso simples mesas. Quitó los crucifijos para que no hubiera relación con la entrega sacrificial de Jesús en la Cruz. Los sacerdotes renunciaron después a la vestimenta sacerdotal al celebrar esta "Santa Cena" y dieron la comunión en la mano. Suprimió el canto gregoriano en latín e introdujo cánticos en lengua vernácula, sostenidos por instrumentos variados. La misa se transformó en lo que hoy vemos en las "iglesias protestantes": una reunión de oración en la que se proclama la palabra de Dios en medio de cantos alegres, aplausos y bailes. El pueblo entero perdió la Fe Católica y abrazó las ideas luteranas.
Al desbaratar la Misa, se derrumba la Fe
Lógicamente, si se rechaza la Transubstanciación y el Sacrificio, el sacerdocio ministerial no tiene ninguna razón de ser. Así que Lutero también suprimió el Sacerdocio y dijo que por el bautismo todos éramos sacerdotes y que todos podíamos presidir la asamblea de oración y predicar el evangelio. Así, pueblos enteros aceptaron las ideas de Lutero y se fueron separando de Roma, hasta convertirse en protestantes.
Cuando nos acercamos al Diario Espiritual de la Llama de Amor, lo primero que vemos es cómo Isabel recupera su Fe en la Eucaristía. La crisis espiritual que estaba pasando casi la lleva al abandono de la Misa. Jesús se le revela interiormente, y la Eucaristía vuelve a tener sentido para ella. Toda la vida de Isabel, a partir de ese momento, se centrará en el Sacrificio de la Misa.
La Santa Misa es lo que más ayuda a cegar a Satanás
En noviembre de 1962, la Virgen le dice: "La participación en la Santa Misa es lo que más ayuda a cegar a Satanás". El 17 de octubre de 1966, durante la elevación, cuando el sacerdote pronuncia las palabras de la consagración, "en ese mismo instante el Señor Jesús me permitió sentir de un modo admirable la transubstanciación de su Santísimo Cuerpo". "Varias horas después, aún mi alma temblaba de la admirable vivencia de la transubstanciación". Gracia extraordinaria, que para nosotros es un demoledor testimonio contra la postura luterana.
Actualmente, este es el punto más básico de la crisis eclesial: la pérdida de la Fe en la Misa. Después del Concilio Vaticano II, las reformas litúrgicas mal aplicadas han protestantizado a mucha gente, que ha terminado perdiendo la Fe en la Eucaristía como Sacrificio y como presencia real del Señor en las especies sacramentales. Solo un diez por ciento de los católicos asiste a misa los domingos. Eso es falta de Fe. Se nota en las iglesias cómo los fieles no creen que Jesús está presente en el sagrario. Hablan frente al Santísimo, ríen, pasan por delante y no hacen genuflexión. Reciben la Sagrada Hostia sin reverencia, como si fuera un pedazo de pan, no adoran al Santísimo Sacramento, comulgan en pecado mortal o nunca se acercan a recibir el Cuerpo de Cristo. Los niños corren y gritan frente al Señor; no saben que está allí, ni siquiera los acólitos. Todo esto es signo de que la Fe en la presencia real se está perdiendo.
Pero creemos, como nos dice nuestra Santa Virgen María, que la renovación hay que comenzarla por la base. Esa es la gran labor de la Llama de Amor en la Iglesia: restaurar la Fe de las familias en torno a la Eucaristía. El primer deber de los padres es anunciar a sus hijos la buena nueva: Jesús está realmente presente entre nosotros en el Sacramento. Enseñarles a amar la Misa, educarlos en la adoración al Santísimo. Llevarlos a los pies del Señor. Allí encontrarán la Fuerza. La gran tragedia de los protestantes es haber perdido la presencia real de Jesús; ¿de qué sirve pasar toda la vida leyendo la Biblia si no pueden adorar a Jesús Sacramentado?
99. LUTERO Y EL ORDEN SACERDOTAL (VI)
Hermanos, Lutero, al verse confrontado con la autoridad de la Iglesia, se sirvió de la enseñanza bíblica del "sacerdocio común" de los bautizados para indicar que cada cristiano es un sacerdote y maestro independiente de toda comunión con la autoridad eclesial. Por eso, en las iglesias protestantes no hay sacerdotes legítimamente ordenados como en la Iglesia Católica. Los llamados pastores, incluso aquellos que se hacen llamar "obispos", son laicos a quienes se les ha dado un cargo de predicación o administrativo sin ningún poder para consagrar el pan y el vino.
El Sacramento del Orden Sacerdotal
El Concilio de Trento, en la sesión XXIII, el 15 de julio de 1563, Canon 1, declara solemnemente como dogma de Fe que el sacerdocio fue instituido por Nuestro Señor Jesucristo para "consagrar, ofrecer y administrar su Cuerpo y Sangre". Tanto las Sagradas Escrituras como la Tradición y la enseñanza del Magisterio lo han enseñado siempre.
El Concilio Vaticano II (Presbyterorum Ordinis, Sacrosanctum Concilium, Lumen Gentium) ha perfeccionado la visión de Trento. La Iglesia nos enseña que el sacerdote actúa "in persona Christi", es decir, es Cristo, Cabeza de la Iglesia, quien celebra, quien se ofrece al Padre en sacrificio una vez para siempre. De igual manera, cuando el sacerdote perdona los pecados, es Cristo quien perdona. El sacramento del orden sacerdotal configura al que lo recibe "con Cristo Sumo y Eterno Sacerdote" por el carácter indeleble que imprime en su alma (sacerdote para siempre). Por eso el sacerdote es "consagrado", dedicado exclusivamente a ejercer el Ministerio Sacerdotal para la santificación del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. No es un delegado del pueblo, de la Iglesia, sino que es "llamado por Dios", es una vocación que viene de parte del Señor.
San Pablo, en su carta a los Tesalonicenses, se pregunta sobre la jerarquía de la Iglesia: "¿Acaso todos son apóstoles, todos profetas, todos maestros?" (1 Co 12, 29). En su carta dirigida a su discípulo Timoteo, San Pablo escribe: "Por eso te recomiendo que avives el carisma de Dios que está en ti por la imposición de mis manos" (2 Tm 2, 6). Vemos que por medio de esta "imposición de manos" se hace efectiva la ordenación sacerdotal. Por esta razón, San Pablo aconseja a Timoteo: "No te precipites en imponer las manos a nadie y así no te harás partícipe de los pecados ajenos". Por otro lado, en la carta a los Hebreos, encontramos el siguiente retrato del sacerdote: "Todo sumo sacerdote, en efecto, es tomado de entre los hombres a fin de ofrecer dones y sacrificios por los pecados" (Hb 5, 1-4).
Sacerdocio y Eucaristía unidos en un solo signo
El sacerdocio y la Eucaristía están íntima e inseparablemente unidos y son el signo supremo de la verdadera Iglesia de Jesucristo. Allí donde está la Eucaristía, está la Iglesia de Cristo. Donde no está la Eucaristía, no está la Iglesia de Cristo. Este es el gran drama de los protestantes: sin sacerdocio, están viviendo un estilo de Iglesia que no es el revelado por Dios. Una Iglesia sin auténtica Eucaristía no es Iglesia. El Sacramento de nuestra Fe es el sacrificio de Jesucristo. Así lo proclamamos después de la consagración del Pan y del Vino en la santa misa.
¿De qué sirve tanta predicación de la Palabra de Dios si esta no nos lleva a comulgar el Cuerpo y la Sangre del Señor?
Sin duda alguna, la ausencia de la verdadera Eucaristía es la mayor pérdida y desgracia del protestantismo.
Del abandono de la Eucaristía viene el desastre de las familias
En los tiempos actuales, algo muy grave amenaza a la Iglesia Católica como consecuencia de la progresiva pérdida del sentido de la Misa y de la presencia real. Comenzamos a vivir la Fe como si fuéramos "protestantes", lejos de la Eucaristía. Creemos "en teoría" en la Eucaristía, pero se vive como si no existiese.
La Virgen nos advierte que Satanás quita de las familias la Fe en el Santísimo Sacramento del Altar. Muchísimas familias católicas ya no viven ni siquiera la Misa dominical. No reconocen públicamente a Jesucristo como Señor de sus vidas. Allí comienza el reino de Satanás en los hogares. Aparece la indolencia por la salvación eterna; olvidamos que la causa de nuestra salvación es el Sacrificio de Cristo. Del abandono de la Eucaristía provienen todos los desastres morales que aquejan a las familias, porque ya no hay gracia de Dios que las asista.
"El que no come mi carne y no bebe mi sangre no tendrá vida eterna" (Jn 6, 52-54).
La Devoción a la Llama de Amor nos lleva a la Misa, a comprenderla, a vivirla, a amarla y a ponerla en el primer lugar de nuestras vidas como la fuente de todas las gracias. Cuando los protestantes redescubran el Sacerdocio Ministerial y el Sacrificio de la Misa, abandonarán en masa el protestantismo para volver a la Fe que la Iglesia profesó durante mil quinientos años.
100. SACERDOCIO BAUTISMAL O SACERDOCIO UNIVERSAL (VII)
Hermanos, en reflexiones pasadas encontramos que Martín Lutero rechazó el Sacerdocio Ministerial. Para él, todos somos sacerdotes, obispos y papas por el bautismo. No hay, por tanto, necesidad de sacerdotes intermediarios entre Dios y los hombres. La visión que Lutero tiene del sacerdocio ministerial es totalmente negativa: lo consideraba un invento de los papas romanos, no bíblico, y simplemente un medio ideado para explotar al laico y oprimir a los fieles.
El sacerdocio ministerial sería el culpable de que los laicos sean pasivos ante sus responsabilidades eclesiales. Lutero diseñó una Iglesia completamente integrada por laicos, quienes asumirían la predicación y la administración de los sacramentos. Esta postura convierte a la Iglesia en un cuerpo sin cabeza visible, en un inmenso caos donde cada uno se cree inspirado por el Espíritu Santo para interpretar la Palabra de Dios y disponer de los sacramentos. Los laicos se "clericalizan" y, sin ser sacerdotes, ejercen funciones sacerdotales, actuando como funcionarios delegados por la comunidad.
En el Diario Espiritual de la Llama de Amor, encontramos una postura totalmente opuesta a la de Lutero: la Virgen María envía a Isabel Kindelmann al sacerdote, al obispo y al papa. Con este gesto, Nuestra Señora nos indica el verdadero camino. La gracia de la que Isabel es mensajera se pone en manos de la Jerarquía, al mismo tiempo que es una herencia disponible para los laicos.
Sacerdocio y Laicado son complementarios
Ambos, sacerdotes y laicos, forman el Cuerpo de Cristo. Isabel, envuelta en sus dudas y debilidades, encuentra en el obispo, en el párroco y en su director espiritual la fortaleza y la luz que no encuentra en sí misma. Por otro lado, las palabras de Jesús y de la Virgen María hacen que Isabel tome conciencia de su gran responsabilidad como laica en la expansión de la Llama de Amor.
Jesús le dice que su gran campo misionero es, en primer lugar, su propia familia y, en segundo lugar, el mundo que la rodea: la parroquia, la fábrica, el vecindario, la sociedad entera. Ella, de hecho, está comprometida en un apostolado laical como miembro de la Tercera Orden de los Carmelitas.
Martín Lutero marcó el camino de la rebelión contra el papa, el obispo y el sacerdote, es decir, contra toda autoridad eclesiástica. La Llama de Amor nos lleva a la comunión eclesial y a la colaboración amorosa con los miembros de la Jerarquía.
Jesús se somete a la autoridad del Padre
Jesús es presentado en el Diario Espiritual como aquel que depende totalmente del Padre Celestial. "Padre, he aquí que vengo a hacer tu voluntad". Jesús se somete a la voluntad del Padre y nos invita a todos a imitarlo en la humildad de la obediencia. Hay un peligro de pasividad para los laicos cuando los clérigos sobrepasan su límite de acción e influencia en la vida eclesial.
El Papa Francisco nos habla del "clericalismo", que reduce a los laicos a un estado de infantilismo, inacción o indiferencia hacia sus responsabilidades bautismales. De hecho, Lutero criticó fuertemente la pasividad a la que muchos laicos estaban reducidos en la Iglesia de su tiempo. El Concilio Vaticano II, en el Decreto sobre el apostolado de los laicos (Apostolicam Actuositatem) y en el documento del Sínodo de los Obispos de 1987 (Christifideles Laici), llama insistentemente a los laicos a asumir la misión recibida en el bautismo.
Un aspecto positivo
Uno de los resultados positivos de la postura luterana fue el despertar masivo de los laicos en el campo del apostolado. El estudio de la Biblia y la predicación insistente del Evangelio a tiempo y a destiempo son características de las comunidades protestantes y constituyen su gran fuerza. Sin embargo, esta actividad apostólica, al no estar en comunión con las legítimas autoridades (los obispos), trae como resultado un enorme y gravísimo perjuicio: la división en la Iglesia.
La predicación de los grupos protestantes y el proselitismo exagerado que los caracteriza confunde a muchos fieles católicos, quienes, ignorando los tesoros de su fe, dejan la verdadera Iglesia para ir a engrosar las numerosas sectas.
Los fieles quedan así estancados en su progreso espiritual porque se privan de los medios de salvación instituidos por Nuestro Señor: la recta interpretación de la Palabra de Dios, los sacramentos, la comunión en la catolicidad, la mediación de María Santísima, Madre de la Iglesia, la intercesión de los santos y los sufragios en favor de las almas del purgatorio, entre otros.
La Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María nos lleva a reconstruir la identidad católica de las familias, de tal modo que, ante los graves errores del protestantismo, se conserve la Fe Apostólica y se ponga un freno eficaz al insidioso proselitismo que disgrega el rebaño de Cristo.
101. SOLO CRISTO SALVA: NO VIRGEN MARÍA, NO SANTOS, NO IGLESIA (VIII)
Uno de los puntos fundamentales de la teología luterana es: "SÓLO CRISTO SALVA". Tengamos en cuenta que eso es doctrina católica: Cristo es el único Salvador, el único Mediador entre Dios y los hombres (1 Tim 2,5). La Epístola a los Hebreos nos habla de Cristo como el Sumo Sacerdote y único Mediador de la Nueva Alianza. La Iglesia Católica siempre ha proclamado esta verdad de Fe. No existe otro Nombre fuera de Jesucristo por el que podamos ser salvados (Hechos 4,12; 1 Tim 2,5).
Lutero no está diciendo, aparentemente, nada en contra de la doctrina de la Iglesia Católica. Sin embargo, esta expresión encierra una doble intención. Cuando los protestantes dicen "SÓLO CRISTO SALVA", además de proclamar a Jesucristo como el único Salvador, están rechazando a la Virgen María, a los Santos y a la Iglesia. Rechazan también cualquier esfuerzo que podamos hacer para lograr nuestra salvación eterna: los méritos de las buenas obras, la intercesión que nuestros hermanos en la Fe puedan hacer por nosotros en esta vida y en la otra, etc.
La postura luterana es excluyente. Esta idea única y absoluta es fruto de diversos errores teológicos de Lutero: la Sola Escritura, la Sola Fe, el subjetivismo en la interpretación de la Palabra de Dios, la justificación "externa" por los méritos de Cristo, el rechazo de la herencia teológica que viene desde los primeros tiempos de la Iglesia, etc. La postura católica, por el contrario, es incluyente. Cuando los católicos decimos "SÓLO CRISTO SALVA", hablamos de que Cristo es Cabeza y Cuerpo. Él es nuestra Cabeza y nosotros somos su Cuerpo. Somos una sola cosa con Cristo Jesús: "Ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí" (Gal 2,20). Cristo y su Iglesia son inseparables.
La Iglesia proclama que Cristo es el único Salvador, pero también reconoce que por el bautismo recibimos el carácter sacerdotal de Jesucristo y somos configurados con Él. Cuando Jesús se ofrece al Padre en el Sacrificio del Calvario, somos una sola cosa con Él. Y si nuestros actos tienen algún mérito, es porque, estando íntimamente unidos a Cristo, participamos de sus méritos. La mediación de Cristo no nos rechaza; al contrario, hace que seamos también mediadores en el Mediador.
La historia teológica del protestantismo es una inmensa confusión en la que los teólogos se oponen unos a otros en una Fe permanentemente agónica, siempre combatiéndose y originando innumerables sectas que dependen del teólogo preferido. Y el problema es que todos dicen tener la verdadera interpretación de la Palabra de Dios. Esto sucede porque Lutero y sus seguidores rechazaron el Magisterio del Papa y la Tradición.
Cuando nos adentramos en el pensamiento del Diario Espiritual de la Llama de Amor, encontramos la auténtica interpretación del "SOLO CRISTO SALVA". Desde la primera hasta la última página, Jesús es el único Salvador, pero es un Salvador que nos invita a unirnos íntimamente a Él en su Sacrificio Expiatorio de la Cruz. Isabel Kindelmann es uno de los más bellos modelos del alma cristiana que responde, desde su debilidad, desde su impotencia y desde su miseria, a esta invitación del Redentor. Jesús une a Isabel a sus sufrimientos de una manera extraordinaria. En Isabel no hay ningún mérito propio ni valor redentor que provenga de ella misma. Todo en Isabel proviene de Cristo. Cristo premia su humildad, obediencia y sacrificio, haciendo que sus "méritos" sirvan para la salvación de los pecadores.
102. LA MEDIACIÓN DE CRISTO (Y LA VIRGEN MARÍA)
En la doctrina del Diario Espiritual todo encaja perfectamente con el pensamiento del Nuevo Testamento y la Tradición: Cristo es el único Mediador. La Mediación de Cristo es una mediación "incluyente": hace de nosotros verdaderos mediadores en el Mediador, en la medida en que aceptamos ser UNO CON CRISTO JESÚS. La Virgen María aparece como la mediadora y corredentora por su perfectísima unión a la voluntad salvífica del Padre. Íntimamente unida a su Hijo, María habla y actúa como auténtica protagonista en el combate espiritual contra Satanás. Ella habla de SU Llama de Amor; Ella proclama que "cegará a Satanás", Ella "pone en nuestras manos un nuevo instrumento". Jesús y María aparecen tan íntimamente unidos que prácticamente lo que dice Jesús lo dice María, como si se tratase de una sola voluntad. Lo más impactante es la llamada de Jesús (29-2-1964):
"Para mi obra salvadora tengo gran necesidad de ustedes".
Esto significa que, aunque SÓLO CRISTO SALVA, Él quiere que participemos en su obra redentora, siendo una sola cosa con Él.
El Diario Espiritual es un camino que nos lleva a vivir plenamente la Fe Católica y todas sus implicaciones en la vida diaria. La oración que Jesús da a Isabel: "Que nuestros pies vayan juntos..." es el resumen de todo el Diario y la explicación del SÓLO CRISTO.
Tomado del libro: Diario Espiritual: Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María (1961-1981) (Con Aprobación Eclesiástica).
Autora: Isabel Kindelmann.
Budapest, Hungría.
Y me rogó el Dulce Redentor que rezara junto con Él la oración que expresa Sus anhelos:
Jesús:
"Que nuestros pies vayan juntos, que nuestras manos recojan unidas,
que nuestros corazones latan al unísono,
que nuestro interior sienta lo mismo,
que el pensamiento de nuestras mentes sea uno,
que nuestros oídos escuchen juntos el silencio,
que nuestras miradas se compenetren profundamente
fundiendo la una en la otra,
y que nuestros labios supliquen juntos
al ETERNO PADRE, para alcanzar Misericordia."
Esta oración la hice completamente mía. La meditó Él tantas veces junto conmigo, aseverando que estos son Sus eternos anhelos. Me enseñó esta oración a fin de que yo la enseñe a los demás. Hagamos nuestros Sus eternos pensamientos, Sus deseos, con todas nuestras fuerzas y con todas nuestras mentes.
El Salvador, después de pedir esto, todavía añadió:
Jesucristo: "Esta oración es un instrumento en sus manos porque colaborando de esta manera Conmigo, Satanás también por ello se quedará ciego, y por su ceguera las almas no serán inducidas al pecado."
103. LAS IMÁGENES (IX)
Isabel Kindelmann no tuvo aparentemente ninguna "aparición" de la Virgen María; su carisma se concentró en las locuciones interiores: ella escuchaba la voz de Jesús y de María. ¿Por qué razón entonces veneramos las imágenes de la Llama de Amor si no hay ninguna aparición? ¿De dónde vienen los "cuadros", las estampas, las imágenes de bulto de la Llama de Amor? En las Sagradas Escrituras hay varios textos que prohíben la manufactura de imágenes. ¿No estaremos cayendo en idolatría, como dicen los seguidores del protestantismo? Lutero y Calvino, aunque rechazaron el culto a las imágenes, las toleraron en cierta medida como obras de arte religioso o puntos de referencia para ilustrar mejor la Fe. Sus seguidores llevaron la prohibición bíblica al extremo y se convirtieron en iconoclastas o destructores de imágenes. Muchísimas obras de arte religioso fueron destruidas por el fanatismo bíblico de los primeros protestantes. Hoy, después de quinientos años de la llamada Reforma, los protestantes siguen considerando "idolatría" el culto a las imágenes y rechazan toda representación de Jesucristo, María, los ángeles y los santos.
Ante el proselitismo tenaz de los hermanos separados, nuestra defensa es instruirnos con la verdad, porque es fácil dejarse confundir cuando ellos sacan su Biblia y nos dicen: "Mira, hermano, lo que dice la Palabra de Dios: 'No te harás imágenes de nada de lo que hay en el cielo, en la tierra o debajo de ella', etc." Y ante tal presión psicológica, muchísimos católicos ignorantes han terminado por convencerse de que al tener imágenes y venerarlas se comete pecado de idolatría; muchos han abandonado la Iglesia Católica por falta de instrucción. Los católicos tratan de responder a los evangélicos diciéndoles que las imágenes son como fotografías de los seres queridos, pero este recurso apologético no es ni suficiente ni convincente. Para ir a la raíz del problema es necesario instruirse en la Tradición (con T mayúscula) de la Iglesia. Y es en este punto donde comprendemos que el error de los protestantes es insalvable; nunca podrán superar su equivocación, porque para ellos lo único que norma su manera de reflexionar es la "sola escritura". Ellos rechazan la Tradición, como lo hemos explicado en otro comentario.
Para comprender el sentido teológico, espiritual y litúrgico de las imágenes tenemos que saber historia. Hay que estudiar la llamada crisis iconoclasta que se dio en el Imperio Bizantino en los siglos VIII y IX. Internet pone a nuestro alcance numerosos elementos para hacernos una idea aproximada de dónde viene el rechazo a las imágenes que perdura hoy en el protestantismo. Busquemos las palabras: "icono", "iconoclasia", "iconodulia", "idolatría", "Concilio de Nicea II", "Concilio V de Constantinopla", y encontraremos escritos que nos ayudarán a descubrir el sentido y valor de los iconos o imágenes sagradas en el culto católico.
El rechazo a las imágenes vino de la influencia que el judaísmo, el islam y algunas sectas heréticas tuvieron sobre sectores de poblaciones cristianas de aquella época. Con el tiempo, esta actitud se convirtió en un movimiento político que llegó hasta varios emperadores que quisieron por la fuerza imponer el rechazo a las imágenes sagradas. Esto suscitó violentas reacciones y guerras entre cristianos de uno y otro bando. Hubo grandes persecuciones contra los fieles católicos y verdaderos mártires defensores del culto a las imágenes. Los enemigos decían que utilizar imágenes en la vida religiosa era una obra satánica que arrastraba a los cristianos a las prácticas paganas de la idolatría.
Para superar tanta confusión, fue convocado por la emperatriz Irene el Concilio de Nicea II en el año 787. En esta gran reunión de obispos, hecha en comunión con el Papa, se reconoce la legitimidad del uso de imágenes en el culto divino. Se deja claro que la adoración o "latría" solamente se debe a Dios, y que el culto que se tributa a las imágenes es el de "dulía" o "veneración". También aquí se rechaza como inválido el Concilio V de Constantinopla (754), que fue convocado por el emperador Constantino V, pero sin estar en comunión con el Papa. Este falso concilio prohibió el uso de imágenes. Lo que nos importa recalcar es la importancia de la autoridad del Papa, que convalida el Concilio Ecuménico de Nicea II, favorable a las imágenes, y rechaza como inválido el Concilio V de Constantinopla, que negaba el uso de imágenes. La autoridad del Papa garantiza la infalibilidad del Concilio: es lícita la veneración de las imágenes. El protestantismo, al rechazar la autoridad del Papa como intérprete válido de la Palabra de Dios, rechaza la Tradición de la Iglesia, que acepta como legítima la veneración de los iconos o representación pictórica de Jesucristo, María, los Santos y los Ángeles.
Por su inmensa soberbia, Martín Lutero echó por la borda los quince siglos en los que los grandes teólogos de la Iglesia (especialmente los Padres de la Iglesia), los grandes pastores, los grandes santos y el sentir infalible del Pueblo de Dios (sensus fidei, sensus fidelium) aceptaron las imágenes como legítimas, como signos, como presencia "sacramental" de Dios en medio de su pueblo. Lutero se consideró superior a la Iglesia entera en la interpretación de la Palabra de Dios y así arrastró y confundió la conciencia de sus seguidores respecto del culto a las imágenes. Es indispensable que recuperemos el sentido auténtico de las imágenes o iconos para que podamos gozar a plenitud de la inmensa cantidad de gracias espirituales y materiales que nos vienen a través de ellas. Confiemos en el Magisterio y en la Tradición de la Iglesia, que desde los tiempos apostólicos nos hacen ver en Jesucristo "la imagen del Dios invisible" (Col 1,15) y valorar la multitud de textos bíblicos en los que se proclama que el hombre es imagen de Dios, "hecho a imagen y semejanza" del Creador (Gn 1,26-27; 9,6; Sab 2,23; Sir 17,1; Rom 8,29; 1Co 11,7; Jn 12,45, etc.). Las imágenes son "presencia" del Señor, de María, de los ángeles y de los santos, que nos acompañan permanentemente en nuestro caminar hacia la Vida Eterna; son soporte y ayuda en la oración. Por ese motivo, inspirados en el mensaje del Diario Espiritual, se diseñó la imagen de la Llama de Amor.
104. ¿MARIOLATRÍA? (X)
Casi todos los protestantes de una u otra manera rechazan a la Virgen María. En algunos es indiferencia, en otros es "simple respeto", en otros desconfianza, en otros es ofensa, y en muchos es blasfemia e insulto contra la Madre de Jesús. Esto nos irrita a los católicos. Y nos preguntamos, ¿por qué los seguidores de Lutero, Calvino, Zwinglio, etc., rechazan a la Virgen María? ¿Por qué se privan de Alguien que para nosotros es indescriptiblemente maravillosa? Si de verdad aplicaran los principios luteranos de "la Sola Escritura, la Sola Fe, el Solo Cristo, etc." terminarían amándola apasionadamente. Hay muchísima ignorancia entre los protestantes. De tanto oír lo que desde siglos sus pastores les han ido transmitiendo, han dejado de pensar. Simplemente repiten lo que oyen y, de tanto repetir, se han convencido.
Para ellos, nosotros adoramos a la Virgen. Somos "mariólatras". Las devociones y los actos cultuales en honor de María son, para ellos, actos idolátricos. Por más que les explicamos que la Iglesia católica tiene para María Santísima un culto de "hiperdulía" o de gran veneración, siempre terminan acusándonos del pecado de idolatría.
Si nos vamos a la raíz más profunda de esta actitud del protestantismo en contra de la Madre de Dios, lo que encontramos es una acción diabólica. Seguro que al leer esto muchos se escandalizarán. Pero es la realidad. Los demonios actúan en primer lugar cegando la "inteligencia" de las personas, es decir, la capacidad de captar la verdad. La Escritura tiene cantidad de textos que nos hacen comprender cómo el Demonio engaña y ciega la inteligencia: Adán y Eva, el rey Saúl, los falsos profetas, los reyes de Israel, Ananías y Safira, etc. ¿Qué les pasó a los sumos sacerdotes, escribas y fariseos? Se cegaron. No vieron en Jesús al Mesías. Rechazaron al Salvador. ¿Cuál es la raíz de este rechazo? La acción de Satanás, que entenebreció su inteligencia y les impidió aceptar a Jesús. Esto es exactamente lo que pasa en el protestantismo respecto a María Santísima.
Los enemigos de Jesús conocían perfectamente las Escrituras. Eran Maestros de la Ley. Sin embargo, no comprendieron la Palabra de Dios. La interpretaron erróneamente y terminaron acusando a Jesús de la más grande abominación: "Que estaba bajo el dominio de Satanás". Los protestantes están apegados a la Escritura, pero eso no es ninguna garantía de estar en la verdad. La acción diabólica más fina, más perfecta, más acabada consiste en confundir la inteligencia. Podemos fácilmente ver la acción demoníaca en un poseso, pero captar la acción demoníaca a nivel del pensamiento es muy difícil porque no se ve. Sobre todo en personas muy instruidas y de alto nivel, nos cuesta darnos cuenta de que están pensando y hablando bajo el influjo de la acción demoníaca.
Recordemos a Jesús que reprende a Pedro y le dice: "Apártate de mí, Satanás, porque tus pensamientos no son los de Dios sino del Demonio". Todas las herejías, sin excepción, tienen su origen en el Demonio, padre del error y de la mentira. El Espíritu Santo nos lleva a la Verdad. Eso ha sucedido en el protestantismo: ceguera espiritual producida a nivel intelectual-teológico en muchísimos temas y a nivel visceral. El tema de María es especialísimamente atacado por los espíritus malignos. Ciegan la mente y ciegan el corazón, produciendo dudas y rechazos emocionales. Como la mente y el sentimiento están íntimamente ligados, los espíritus malignos llevan a la gente al rechazo de la persona de María. ¿Por qué? Porque la Virgen es el INSTRUMENTO a través del cual nos viene la SALVACIÓN, es decir, JESÚS.
Cuando impiden que las personas amen a María, ya tienen ganada la batalla. Los protestantes podrían decir: "Son ustedes a quienes el Demonio ha cegado y llevado a adorar a María". La realidad es que el "sensus fidelium" (la voz del pueblo es la voz de Dios) de la Iglesia está consciente desde los primeros años del cristianismo de que María es Madre de Dios y Madre nuestra. Ha sido siempre amada, respetada, hipervenerada. Siempre los cristianos la hemos invocado con todo fervor y amor; siempre hemos estado conscientes de que mientras más amamos a María, más amamos a Jesús. El descalabro en el amor a la Virgen viene desde el momento en que Lutero rechaza la Tradición de la Iglesia y el Magisterio. En su error teológico de que el pecado original pervirtió totalmente la naturaleza humana y destruyó la capacidad del hombre para hacer algo en pro de su salvación, está la raíz del rechazo a la intercesión de María y de los Santos.
Los católicos debemos tener mucha compasión por los protestantes y ayudarlos a conocer y amar a María. Es difícil sanar esos corazones que desde pequeños han sido vacunados contra la Virgen María. Orando por ellos seguramente les ayudaremos a recuperar el amor por esa Madre que ellos tristemente rechazan porque no la conocen.
105. AYUDA A LAS ALMAS DEL PURGATORIO
En el Diario Espiritual, tanto Jesús como la Virgen Santísima manifiestan en diversos pasajes un gran amor y preocupación por las almas del purgatorio. Jesús quiere que "cuanto antes puedan contemplar" su Rostro y para ello pide a Isabel que los lunes ayune a pan y agua por ellas. "Cada movimiento tuyo esté marcado con el deseo de querer ayudarlas y que ores intensamente por ellas una parte de la noche". "Quien ayuna a pan y agua el lunes, librará cada vez un alma sacerdotal del lugar del sufrimiento". Además, quien practica ese ayuno recibirá la gracia de ser liberado del lugar de las penas antes de los ocho días de su muerte.
Eso mismo lo pide Nuestra Madre. Ella, apelando a su Llama de Amor, me obliga a esto" (DE 44,108,120,195). Se trata de palabras muy importantes para todos. El purgatorio existe. Es un misterioso estado de purificación y sufrimiento. Jesús quiere que las almas puedan salir lo más pronto posible. El purgatorio debe ser fruto de la misericordia del Padre Celestial. En mi experiencia de exorcista, he tenido mucho contacto con las almas del purgatorio. Desde entonces oro constantemente por ellas. Las oigo hablar cuando oramos por las personas afectadas por entes maléficos. Hay personas a quienes el Señor les ha dado el carisma de ver y escuchar a las almas del purgatorio. Todo esto es muy misterioso. Yo no logro comprender muchas cosas. Mi interés es transmitirles a ustedes varias ideas que puedan ayudarles a mejorar su percepción sobre lo que está más allá de la muerte y, sobre todo, a AMAR GRANDEMENTE A LOS DIFUNTOS.
A mi manera de ver, hay que erradicar la creencia de que las almas cuando mueren "ya están gozando de Dios". Se les hace su novenario de misas y "ya cumplimos"; al año otra misa, y eso es todo. Decimos que ya están en el cielo. Todo eso es falso. Cuántas veces oigo decir: "Pobrecito, sufrió tanto antes de morir; ahora ya está descansando, contemplando a Dios". No, no y no. Muy pocas almas van directamente al cielo. La inmensa mayoría entra en un estado de purificación propio que se caracteriza por grandes sufrimientos: oscuridad, soledad, tristeza, dolor indecible. Y pasan largos años, muchos años en ese estado. Se sienten abandonadas por los suyos. Dicen que los han olvidado. Piden oraciones, misas, rosarios, viacrucis.
Yo tengo una larga lista de difuntos que han dado su nombre, apellido, año en que murieron y han pedido que les perdone sus pecados. Todos se presentan llorando. Ellos solamente hablan lo que Dios les permite decir. Otra cosa que he descubierto es que las almas están muy cerca de nosotros y con frecuencia se "meten en nuestro cuerpo" o se quedan en la casa, con los suyos. Andamos con las almas de nuestros parientes y también con otras almas en nuestros cuerpos, y nos hacen experimentar sus estados de ánimo y sus dolores. Están localizadas, aunque a algunos esto les pueda parecer absurdo. Las personas que tienen el carisma de ver las almas me dicen: "Hay un señor en su espalda, dice que se llama Fulano de Tal, lo está abrazando". A otra alma la veo en su pecho, dice que necesita tres misas y un rosario. Mengana de Tal está en su cabeza, etc. Veo a un esposo difunto que tiene abrazada a su esposa por la espalda y sus brazos aprietan el pecho de ella. Yo conocí a ese anciano, lo asistí en el momento de morir, y le dije: "Fulano, es bueno que te vayas hacia Jesús y dejes a tu mujer". Me respondió: "Yo no me quiero ir. Yo quiero quedarme aquí con ella para protegerla".
Tuve que emplear un largo razonamiento con él para ayudarlo a desprenderse de su mujer. Al irse, me pidió que protegiera a su ancianita esposa. Dijo que estaba en el purgatorio por haber sido infiel. Y fue saliendo suavemente por la boca de la persona. Dios permite a estas almas manifestarse así para que oremos intensamente por ellas. Las almas del purgatorio son prioridad para la Iglesia. Deben ser prioridad para todos nosotros porque son nuestros parientes y necesitan de nuestra ayuda. El ayuno estricto, los sacrificios, las limosnas, las buenas obras, las oraciones y, sobre todo, las misas y comuniones ofrecidas por los difuntos les ayudan enormemente. Siempre piden misas.
El protestantismo ha hecho un daño inmenso a las almas del purgatorio. Los pastores evangélicos enseñan que no hay purgatorio. Eso es un gravísimo error. Han echado a la basura las indulgencias, cuando éstas son un inmenso auxilio para los difuntos. Hay almas de pastores evangélicos que aparecen durante las oraciones de liberación y siempre lloran y piden perdón por haber enseñado errores. Jesús nos enseña el gran valor de la oración por los difuntos. Recordemos que esas almas por las que oramos nos ayudan. Ellas no pueden obtener nada para sí mismas, pero sí pueden interceder por nosotros. En consecuencia, debemos evitar hasta el más mínimo pecado para no manchar nuestras almas y no "ganar" purgatorio. Debemos hacer muchas obras de caridad para disminuir nuestro purgatorio. Aprovechemos para ganar el mayor número de indulgencias, parciales y plenarias.
106. ¿POR QUÉ LLAMAMOS A LA VIRGEN MARÍA NUESTRA MADRE ESPIRITUAL?
Cuando hablamos de la Llama de Amor del Inmaculado Corazón, estamos hablando de Jesucristo, pero también de María Santísima. La palabra "Corazón" designa a la persona de la Madre de Jesucristo (el único Mediador entre Dios y los hombres). María tiene en la historia de la salvación una vocación única, pues su "Corazón" es la representación íntima de su relación perfecta como Hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo (y a través del Hijo, Madre espiritual nuestra) y Esposa del Espíritu Santo. Por el símbolo de "Su Corazón", Ella quiere hacernos ver su relación trinitaria: la absoluta y total donación de sí misma a Dios, su amor sin límites a la Santísima Trinidad, su Fiat absoluto a la voluntad de Dios.
La vocación de María es la de toda la Iglesia. El Concilio Vaticano II, Lumen Gentium (Cap. 8) y la Exhortación Apostólica Marialis Cultus (MC) del Beato Pablo VI, nos la presentan al mismo tiempo como Madre de la Iglesia y como miembro excelso del Cuerpo de Cristo. Total y absolutamente unida a la vocación de su Hijo, que es el Redentor y Mediador ante el Padre Celestial, Ella "participa de manera subordinada" en ese misterio de la Redención y Mediación de Cristo ante el Padre.
Por esa vocación de Madre de la Iglesia, la Virgen María va a desempeñar para toda la humanidad y, especialmente para las familias, el papel de intercesora, corredentora y co-mediadora.
Es importante recordar que Cristo es el ÚNICO MEDIADOR Y ÚNICO REDENTOR, como lo explica San Pablo. Pero también sabemos que, como bautizados en Cristo, somos una sola cosa con Él; todos somos intercesores, corredentores y mediadores subordinados a Cristo. Es decir, podemos orar unos por otros y obtener gracias para nuestros hermanos, podemos ofrecer sacrificios unidos al sacrificio de Cristo y ayudar a la salvación de los pecadores. Esto es importante tenerlo en cuenta, porque hay personas (los seguidores de Martín Lutero) que oponen a María con Jesucristo y niegan que la Virgen pueda tener algún papel en nuestra salvación. Anulan así el papel fundamental de María Santísima (y de la Iglesia) en la salvación de las almas.
LA GRACIA DE LA LLAMA DE AMOR es obtenida por las súplicas de la Virgen (unidas a las súplicas del Hijo) al Padre Eterno, para que su Hijo ciegue a Satanás. Las súplicas de María (podemos decir con toda propiedad) ciegan a Satanás cuando invocamos su Inmaculado Corazón, en el cual habita la Llama de Amor que es su Hijo Jesucristo. María no cambió el agua en vino, sino que fue Jesús; pero quien obtuvo el milagro fue Ella, por sus súplicas maternas en favor de los esposos en necesidad. Esta condición de la maternidad espiritual de María es la que debemos comprender y aprovechar para obtener segura victoria contra la acción de los espíritus malignos en el interior de la familia.
¿Cómo utilizar ese instrumento llamado "efecto de gracia de la Llama de Amor" en el interior de las familias? En sí, el instrumento es la "poderosa intercesión de la Virgen María". Hay que invocar a la Virgen en las familias, pidiéndole que derrame el efecto de gracia de la Llama de Amor sobre toda la humanidad.
Muchísimos católicos no conocen, ni aman, ni invocan a María Santísima. No pueden experimentar entonces su poder de Madre de la Iglesia. Hay que comenzar por conocer, amar e invocar con fe a la Madre de Cristo y Madre nuestra. La Iglesia es la Familia de Dios, y Dios ha colocado en ella la figura de una Mujer que "calladamente y en espíritu de servicio vela por ella y protege benignamente su camino hacia la patria, hasta que llegue el día glorioso del Señor" (MC Intr.). La mejor manera de conocer y amar a María es vivir las fiestas litúrgicas año con año, profundizar en la Palabra de Dios y en el Magisterio de la Iglesia, que en cada celebración nos es transmitido.
El Diario Espiritual de la Llama de Amor nos presenta a Isabel Kindelmann completamente unida a su parroquia, viviendo y celebrando los Misterios litúrgicos. Hay familias que ni siquiera conocen su parroquia ni a su sacerdote párroco. Nunca han hecho vida parroquial. El ejemplo de Isabel debe llevar a los padres de familia a procurar, para todos los miembros de su hogar, la participación en las celebraciones de Jesucristo, María y los Santos, preferentemente en su templo parroquial.
La devoción a la Llama de Amor, aunque está llena de sentimientos de amor a María, no es una devoción sentimentalista, sino que está basada en la Palabra de Dios y en el Magisterio de la Iglesia. La verdadera devoción nos lleva en primer lugar al cumplimiento de la voluntad de Dios.
Si vamos a utilizar el efecto de gracia de la Llama de Amor en nuestro proceso de sanación y liberación familiar, es indispensable que comencemos por conocer y amar a la Virgen, tal como la Iglesia nos lo pide con su Liturgia renovada. Si no amamos a María y no confiamos en Ella, nuestro proceso de liberación y sanación familiar se verá estancado. Orar con el Cenáculo o recitar el rosario es algo relativamente fácil; lo que implica un reto es aplicar el poder de cegar a Satanás que tiene la Virgen a la vida diaria de la familia. Eso es lo que debemos aprender y aplicar.
107. CRISIS DE IDENTIDAD CATÓLICA
Queridos amigos:
Dios nos crea con un propósito: hacernos felices por toda la eternidad. Jesús en el Evangelio proclama: El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna. Yo lo resucitaré en el último día. Para un discípulo de Cristo, la resurrección de los muertos es la gran Esperanza. Moriremos, sí, a esta vida terrenal, pero resucitaremos para la Vida Eterna.
Ese es el gran mensaje que el cristianismo grita a toda la humanidad: no todo termina con la muerte. Cristo la ha vencido. Si se pierde la fe en la resurrección de los muertos, nuestra vida terrenal pierde su sentido. No vale entonces la pena vivir, pero si es verdad que Cristo ha resucitado, la Vida es nuestro supremo tesoro.
Dios se hizo hombre para rescatarnos de la muerte que entró en este mundo por el pecado. La envidia de Satanás arrastró al hombre a la condenación eterna. Dichosamente para nosotros, Dios nos amó hasta el punto de entregar a su propio Hijo a la muerte, y muerte de cruz, por nuestra salvación. Por la Sangre de Cristo hemos sido salvados. Si mantenemos firme nuestra fe católica, entonces esta vida pasajera, a pesar de todas las dificultades que conlleve, dará un fruto maravilloso: la Vida más allá de la muerte que nunca terminará.
Si la fe en la resurrección de Cristo y en la nuestra desaparece de nuestro horizonte, este mundo se hunde en el nihilismo y la desesperación.
En estos últimos siglos, la humanidad se ha ido deslizando en el sinsentido. Grandes multitudes han perdido la Esperanza en la Vida Eterna. Han perdido la fe en la Resurrección. Han dejado de creer en Dios y en Cristo. Han abierto su mente y su corazón a la Muerte. Creen que más allá no hay nada. Según ellos, con la muerte termina todo.
Pero ese Dios que nos reveló con la Resurrección de su Hijo la Vida Eterna no se da por vencido y continúa llamándonos al conocimiento de la Verdad. Y ahora lo hace por medio de la Madre de su Hijo, la Virgen María.
En estas páginas quiero poner en evidencia cómo el Inmaculado Corazón de María es el gran instrumento del Padre-Hijo-Espíritu Santo para llevar a toda la humanidad a los pies de Jesús, nuestro Salvador.
108. CATÓLICOS: VIVAMOS NUESTRO BAUTISMO HASTA LAS ÚLTIMAS CONSECUENCIAS
Estábamos con el capítulo tres del Génesis. "Ella te aplastará" o "Él te aplastará la cabeza", en último término, da lo mismo. Siempre es Jesucristo quien aplasta. Lo hace a través del pie de su Madre. Esa enemistad entre el Diablo y María la experimentamos constantemente. Si no nos damos cuenta de ello, estamos en una posición de ceguera espiritual, y lo que nos llega y golpea no lo entendemos, no lo comprendemos ni lo dimensionamos. Somos como ciegos.
De este texto vamos a aprender que en el plan de Dios, la gracia de la Llama de Amor se inserta en la lógica de la vocación de María Santísima: Madre de Cristo y Madre de su Cuerpo Místico.
Es nuestra Madre, y como tal tiene una misión dada por Dios: la de participar íntima e inseparablemente en la vocación del Hijo de Dios: "Yo he venido para destruir las obras del Diablo", nos dice Jesús. La obra principal del Diablo es apartarnos de Dios. El Demonio intenta engañarnos, como engañó a Adán y Eva, para que nos alejemos de Él, para que lo rechacemos. Nos propone la autoidolatría: que seamos nuestros propios dioses: "Serán como dioses". No tendrán necesidad de Dios.
Entre Cristo y el Demonio hay una radical oposición. Cristo es el obediente por excelencia: "He aquí, Padre, que Yo vengo para hacer tu voluntad", dice Jesús. El Demonio es el rebelde a Dios; dice: "Yo no serviré". El Demonio "transmite" a los que se han abierto a su influencia esos mismos sentimientos de soberbia y rebeldía contra Dios. Estar bajo la protección de Jesús es la única garantía contra el poder de las tinieblas. El primer paso para proteger a la familia de los ataques satánicos es poner a nuestra familia bajo el "dominio de Jesucristo". Vivir el Señorío de Jesús.
Cristo, el Verbo de Dios hecho carne, es el Señor, el único Señor. No hay otro. Satanás es una "estafa", es un falso señor. Cuando aceptamos esta realidad y la tratamos de vivir, nace la verdadera libertad en el fondo del alma. El primer objetivo del proceso evangelizador de la Llama de Amor es ayudar a los cónyuges a dar el paso fundamental: reconocer a Jesucristo como el Señor de su matrimonio y de su familia. Esto se concreta en la "consagración" de la familia al Corazón de Jesús y al de María. Así se inicia la lucha de cada día para que el hogar se convierta en un santuario.
La consagración a Jesús y María "rompe los derechos de Satanás". Podemos decirle al Demonio: "¡Vete de aquí, porque esta casa le pertenece a Jesús! ¡Nada tienes que hacer en mi familia! ¡Mi familia y yo serviremos al Señor!". ¿Tiene el Demonio "derechos" sobre nosotros? En teoría, no, pero desgraciadamente en la práctica puede llegar a tenerlos si se los devolvemos.
El día de nuestro bautismo proclamamos: "Yo renuncio a Satanás, a sus pompas, a sus obras". "Prometo seguir a Jesucristo". Si de verdad viviésemos nuestro bautismo hasta las últimas consecuencias, el Demonio no tendría sobre nosotros ninguna posibilidad de dañarnos; pero cuando pecamos, retrocedemos hacia la oscuridad, y el Maligno aprovecha para herirnos. No se trata de que Satanás tenga "verdaderos derechos" sobre nosotros; sus pretendidos derechos son falsos. Han sido obtenidos con engaños, por seducción. Esos "derechos abusivos" son fruto de nuestros pecados.
El primer efecto de la gracia de la Llama de Amor es llevarnos a la convicción de que sin Cristo no podemos nada. Que solamente Jesús puede aplastar la cabeza de la serpiente.
Que por designio divino, María es el débil instrumento que Dios usará para humillar al Maligno, sin que Ella tenga en propiedad ninguna fuerza. En el proceso de conocimiento y aplicación de la Llama de Amor a la vida familiar, el acto de humildad de nuestra inteligencia es de importancia capital. Jesús dice que tenemos que hacernos como niños para entrar en el Reino de los cielos. Es necesario hacer un acto de humildad para que la Llama se pueda encender en nuestro corazón. Dios resiste a los soberbios, pero colma de bienes a los humildes. En las familias, la mayor parte de las mujeres que descubren la Llama de Amor se adhieren sin dificultad a Ella. Muchísimos varones tienen el corazón duro y no se quieren reconocer como sujetos de Jesucristo. Les cuesta abdicar de su "reino" para decirle a Jesús: "¡Tú eres mi Señor! ¡Tú eres mi Rey! ¡A partir de hoy Tú gobiernas mi vida! ¡Me someto a Ti! ¡Te lo entrego todo!".
Cuando los dos cónyuges aceptan la gracia de la Llama de Amor, desatamos las manos a la Virgen María. Ella puede actuar con total libertad. De nada sirve consagrar una familia si no se va a vivir esa proclamación del Señorío de Cristo. Sería pura fachada, pura mentira. El Señorío de Jesús implica grandes renuncias, pero también grandes satisfacciones. Si solo consistiera en poner en práctica las oraciones que María pide, no sería gran cosa. En realidad, la consagración abarca toda la vida: la sexualidad, la paternidad, las relaciones humanas entre los cónyuges, la educación de los hijos, la economía, la relación con la jerarquía, las opciones políticas, la vida de piedad, la cultura, el uso de los medios de comunicación, etc. No nos pertenecemos.
109. VIVIMOS UNA CRISIS DE FE EN LA PRESENCIA REAL DE CRISTO EN EL SANTÍSIMO SACRAMENTO
Los padres de familia han de ser los pastores y primeros directores espirituales de sus hijos. De la madre y del padre, los pequeñitos aprenden las actitudes fundamentales hacia Dios. Por eso, los papás han de ser como libros de piedad siempre abiertos, que los niños puedan leer constantemente. La Palabra de Dios la deben leer los hijos en la conducta diaria de los padres. Debemos estudiar detenidamente el Diario Espiritual para ir entresacando de los párrafos y de las páginas aquellas lecciones que nos ayudarán a convertir el hogar en un verdadero Santuario Familiar. En este caso, Isabel Kindelmann es como nuestro libro.
Debemos estudiarla: su conducta, sus actitudes, sus palabras. No para copiarla, sino para inspirarnos en ella y poder adaptar a nuestras circunstancias aquellas enseñanzas que se acomoden a nuestras condiciones prácticas y al tiempo y cultura en que vivimos. Isabel vivió en una época muy diferente a la nuestra. Sus circunstancias son otras, pero los deseos del Señor son los mismos. En la página 27, bajo el párrafo "LA PRIMERA HORA SANTA", nos encontramos con una lección de extraordinaria importancia para la familia católica: la adoración al Santísimo Sacramento (ver también págs. 40, 75, 106, 107, 124, 194, 209, 212, 213, 286, 320).
En comentarios anteriores decíamos que debemos organizar cuidadosamente la vida de piedad de nuestra familia, de manera que los hijos vayan aprendiendo el culto que se le debe al Dios verdadero. Pues bien, uno de los elementos fundamentales en la piedad de un católico es rendir a Jesús Sacramentado el homenaje de la adoración. Muchísimos bautizados no saben lo que es el Santísimo Sacramento. No tienen ni idea de que, en medio de nosotros, está Jesús vivo, presente, con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad bajo las especies del pan consagrado. Piensan que la Hostia es un pedazo de pan; ¡no creen que Jesús está vivo! Basta ver cómo se comportan cuando llegan a la iglesia: sin reverencia, sin respeto. Hablan, cuentan chistes, ríen, conversan de cosas anodinas, le dan la espalda. Los niños corren y juegan en torno al altar, y los padres no los corrigen ni les enseñan que allí está Jesús y que es preciso adorarlo, reverenciarlo, respetarlo y amarlo.
Adorar al Santísimo Sacramento es dar a la Hostia la reverencia y el culto que le corresponde a Dios, porque la Fe Católica nos dice que Jesucristo es Dios verdadero y Hombre verdadero, y se encuentra real y verdaderamente en las especies sacramentales del pan y del vino consagrados. Esa conciencia se está perdiendo cada vez más en el Pueblo de Dios.
En el Diario Espiritual de la Llama de Amor, la Eucaristía ocupa un puesto central. Isabel Kindelmann adora a Jesús Sacramentado con el mayor respeto. Habla con Él de corazón a corazón. Le confía todas sus preocupaciones. Pasa las noches en la parroquia con Él, en conversación amorosa. Descubre el grandioso poder de la adoración reparadora sobre los espíritus malignos. Para el católico, el centro de su vida es la Eucaristía. El que no cree en la presencia real de Jesús en el Santísimo Sacramento no es católico. Es un hereje, un falso católico, un protestante.
La crisis que se vive en el catolicismo es simple y tristemente una crisis de fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. La Llama de Amor nos lleva directamente a renovar la familia en el amor a Jesús Sacramentado. En primer lugar, a guardar el precepto de la asistencia dominical a la Misa; a comulgar frecuentemente y en gracia de Dios; a participar en las "horas santas" que en cada parroquia se celebran al menos los jueves. Los padres de familia son los primeros que deben llevar a sus hijos a adorar al Santísimo Sacramento, a hacer las tradicionales visitas personales y silenciosas de adoración al Santísimo, a descubrirse y hacer la señal de la cruz en signo de reverencia a Jesús Sacramentado cuando se pasa frente a la iglesia, a hacer la genuflexión al pasar delante del sagrario.
El protestantismo de las sectas evangélicas está avanzando vertiginosamente en nuestros países porque se ha perdido la fe en la presencia real de Jesús en la Hostia. Cuando ellos descubran que el capítulo 6 de San Juan es verdad, se convertirán en masa y tendrán la felicidad de poder adorar y comer el Cuerpo y beber la Sangre de Cristo.
Jesús les dijo: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí nunca tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed» (Juan 6:35).
La familia que vive la Llama de Amor es como un bastión inexpugnable ante la arremetida diabólica contra los hogares. Tratemos, pues, padres de familia, de organizar en las parroquias los actos de adoración al Santísimo Sacramento, de formar a nuestros hijos en la convicción firme de la presencia real, en el amor a la comunión frecuente. Organicemos en la casa la adoración reparadora y, en la parroquia, la adoración perpetua. "En todas las parroquias hay que organizar urgentemente las comunidades de adoración reparadora" (p. 320). De la adoración eucarística brotan todas las bendiciones. De la frialdad hacia la Eucaristía brotan todas las desgracias en la vida familiar.
110. NO BASTA DECIR "SOY CATÓLICO" PARA SERLO
La más importante de las labores pastorales de la Iglesia es, hoy por hoy, la consolidación de las familias en la fe católica. Muchas personas que fueron bautizadas católicas y se creen católicas en realidad no lo son. No lo han sido nunca porque presentan lagunas graves en el contenido y en la vivencia práctica de la fe. No basta decir "soy católico" para serlo. Ser católico consiste en asumir y llevar un estilo de vida que esté de acuerdo con aquello que la Iglesia nos enseña como revelado por Dios en su Palabra Santísima. Nos vamos convirtiendo en "católicos" a lo largo de la vida, en la medida en que vamos traduciendo a la práctica el contenido de esa Fe revelada. Por lo tanto, siempre somos "alumnos" de la Madre Iglesia, que día tras día nos va enseñando a vivir la fe con mayor calidad.
No podemos "escoger partes" del contenido de la fe. No podemos ir al supermercado de la Palabra de Dios y decir: "Bueno, voy a escoger aquellas cosas que me gustan para hacerme una fe católica a mi medida. Soy católico a mi manera". ¿Qué pasaría si los alumnos dijeran al profesor: "A partir de hoy vamos a ejercer nuestro derecho a escoger y decidimos que dos por dos son cinco; diez entre dos son siete y el triángulo va a tener cuatro ángulos"? No nos atrevemos a escoger en matemáticas, pero sí nos sentimos con el derecho de escoger lo que nos conviene creer.
La Iglesia no ha inventado el contenido de la Fe que predica. No es un despotismo arbitrario el que gobierna la Fe. La Iglesia ha recibido de Dios los "dogmas" (reglas) de fe que nos transmite. Aceptar esos dogmas es un acto de amor a Dios. De Él vienen esas reglas que nos ayudan a caminar en el sendero recto de la salvación eterna.
Una de las reglas más bellas e importantes del matrimonio proclama que el amor entre esposos es exclusivo y para siempre. Eso lo reveló Dios. Dios lo decidió así. No es la Iglesia la que lo inventó. Cuando yo invento un tipo diferente de "matrimonio" o de "familia", ya no soy "católico". Mi fe, en ese caso, ya no es una fe católica. No estoy en comunión con la Iglesia católica. No puedo considerarme católico si escojo o invento un matrimonio "diferente": entre tres personas, entre dos hombres o dos mujeres, o un matrimonio que dure unos cuantos años, o una comunidad de hombres y mujeres que intercambien parejas. Soy libre para inventar los estilos de familia que me pasen por la cabeza, pero no soy, en ese caso, "católico".
La catolicidad es comunión en la fe y en la caridad. Debo ser honesto y no exigir ni pretender, en ese caso, que se me admita a recibir el signo de la fe: la comunión del Cuerpo y Sangre de Cristo.
Una de las maneras más frecuentes de actuar del demonio es la "confusión" de las ideas, la promoción del "error". Es el padre de la mentira, del engaño. Ha habido mucho escándalo en la prensa y mucha confusión con respecto a la comunión para los divorciados y vueltos a casar. El Evangelio es claro: está en adulterio quien se casa con una mujer divorciada o con un hombre divorciado. Pero aquí hay un gran problema. Muchos matrimonios no han sido contraídos con las disposiciones adecuadas y no son verdaderos matrimonios "sacramentales"; son nulos. Tanta gente bautizada ha vivido "sin Cristo" que no les ha importado ir al matrimonio de cualquier manera. Después fracasan en su relación, rompen sus compromisos matrimoniales y no les importa volver a casarse. Pero llega la gracia de Dios, descubren a Cristo, y entonces viene la interrogante: ¿Qué hacemos? ¿Podemos seguir viviendo en adulterio? ¡Queremos comulgar! ¿Cómo hacemos para comulgar? Los tribunales eclesiásticos se ocupan de dilucidar estos graves desórdenes.
La Iglesia tiene una pastoral para ayudar a aquellas personas que, habiendo fracasado en un primer matrimonio sacramental, han contraído nuevas nupcias. Cuando el primer matrimonio es válido, ya no se puede volver a comulgar si en el nuevo matrimonio se vive en fornicación. ¿Por qué? Porque el matrimonio válido proclama la unión de Cristo y de la Iglesia. Al recibir el Cuerpo de Cristo cuando se está en adulterio, se rompe el signo del auténtico matrimonio. Esa comunión se vuelve un antisigno de Cristo, porque en el sacramento del matrimonio el hombre hace presente a Cristo y la mujer a la Iglesia. Aquí hay dos caminos: probar que el primer matrimonio es nulo y contraer un verdadero matrimonio sacramental, o vivir como "hermanos" en el nuevo matrimonio. En todo caso, quien debe ayudar es el pastor correspondiente: el párroco o el obispo.
No puede ir a comulgar por su propia iniciativa quien ha contraído un nuevo matrimonio estando ligado por un matrimonio sacramental anterior. Se expone a cometer sacrilegio recibiendo la Eucaristía en pecado mortal.
La enseñanza es que debemos ayudar a los jóvenes a ir al matrimonio con las actitudes correspondientes al sacramento y con los instrumentos necesarios para asumir el combate espiritual contra el enemigo. La Madre de la Iglesia, la Virgen María, es la Madre de los matrimonios. A Ella hay que recurrir desde antes de casarse.
111. ¿POR QUÉ "CELEBRAR LA EUCARISTÍA" ES EL DEBER MÁS IMPORTANTE DE LA FAMILIA?
Decíamos anteriormente que el cumplimiento del precepto dominical, es decir, "celebrar la Santa Eucaristía cada domingo", es el deber más importante de la familia. Es a través del sacrificio eucarístico que ofrecemos al Padre Celestial el culto que le es debido. Cristo se ofrece al Padre en sacrificio para reparar la ofensa causada por nuestros pecados. La Sangre de Cristo nos arranca del poder de los espíritus malignos. Damos gracias al Señor por su infinita misericordia. Además, Cristo intercede por nosotros para obtenernos del Padre las gracias necesarias para nuestra salvación. No hay nada más importante en la vida del discípulo de Jesucristo que asumir con sinceridad la muerte y resurrección de Cristo. Esto se realiza en el Sacrificio Eucarístico, lo que tradicionalmente llamamos "Misa". A través de este sacrificio, el Padre Eterno es glorificado sacramentalmente.
Lamentablemente, muchos no valoran este acto. Algunos van a misa por rutina, otros por miedo a pecar, y muchos más asisten distraídos, deseando que todo termine rápidamente. Infinidad de bautizados no asisten a misa ni los domingos, ni en ninguna ocasión. Esto es una verdadera tragedia, una apostasía práctica. La razón principal es la ignorancia sobre el Misterio de la Redención revelado en el Santo Evangelio.
No comprender lo que significa estar bajo el poder de los espíritus infernales por toda la eternidad conlleva a una falta de apreciación por el hecho de que el Verbo de Dios se haya hecho hombre por amor a nosotros. Dios se hizo hombre para salvarnos de la condenación eterna. Esto solo se puede entender mediante un acto de fe. Cuando observamos los sufrimientos de los posesos, tenemos una pequeña pero impresionante idea de lo que será el infierno por toda la eternidad. El rechazo de la Eucaristía es el resultado de la acción de los espíritus malignos sobre la inteligencia de las personas; es la ceguera espiritual.
A Dios se le demuestra amor cuando renunciamos a cualquier otro amor o interés. Quienes no cumplen con amor el precepto dominical se privan de la fuente de bendiciones que es el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo. En primer lugar, pecan gravemente, es decir, pierden la gracia de Dios cuando la inasistencia es producto de la negligencia. Existe un desprecio por el Sacrificio del Señor. El cumplimiento del precepto dominical es tan importante para la salvación que la Iglesia lo considera materia de pecado grave. En segundo lugar, al faltar a la misa dominical, se cierran las puertas a las bendiciones de la semana.
Somos capaces de hacer grandes sacrificios por cosas banales, pero somos incapaces de renunciar a nuestro descanso o a otros intereses para darle al Señor la gloria que Él merece. La misa dominical debe ser nuestra mayor prioridad, porque se debe amar a Dios sobre todas las cosas y con todo el corazón. Al cumplir con este precepto, se abren las puertas del cielo y llueven las gracias y bendiciones. Los demonios se conjuran para que en las familias se descuide el cumplimiento del precepto dominical. Hay demonios de ceguera espiritual, pereza espiritual y física, dureza de corazón contra Dios, críticas amargas contra la Iglesia, desprecio del precepto; también hay gran orgullo y soberbia, entre otros. El problema es que no vemos la estrategia del enemigo para cortar los auxilios espirituales y las bendiciones.
Sin la vivencia comunitaria parroquial, sin la participación en los sacramentos y en la oración de la Iglesia, la familia se va muriendo, porque su vida depende de la gracia de Dios. La Llama de Amor busca renovar y salvar los hogares desde su raíz: el auxilio de su Creador. Es absurdo pensar que la familia se pueda transformar sin tener en cuenta a Aquel que la ha diseñado.
Los padres de familia son los pastores con el "poder" de guiar y proteger a su pequeño rebaño contra la estrategia del maligno enemigo. Son como los vigías puestos por Dios para desenmascarar y evidenciar el juego destructor de los entes maléficos. Al mismo tiempo, están llamados a ser grandes maestros de la piedad para sus hijos. El primer deber de los padres de familia es "enseñar a sus hijos a orar", capacitándolos para que puedan obtener de Dios las gracias necesarias.
Los padres deben ayudar a sus hijos a ponerse la armadura de Dios (Ef 6,11): la coraza de la justicia, el cinturón de la verdad, el escudo de la fe y la espada del Espíritu, para que puedan defenderse y vencer al demonio (Santiago). También deben enseñarles a calzarse con las sandalias del Evangelio para proclamar el Reino de Dios. Todos debemos comprender lo que San Juan nos revela en sus escritos: estamos, querámoslo o no, inmersos en un combate a muerte entre la luz y las tinieblas. No existe la posibilidad de la neutralidad; estamos o por Cristo o contra Cristo.
Este combate se libra en el corazón de cada persona y en el interior de cada familia. Cuando este combate se pierde, la familia se hunde en el misterio de la muerte, lo que significa que desde ahora se está bajo el poder de Satanás, el padre de los mentirosos y homicida desde el principio. Para defender su hogar de este enemigo, los padres de familia deben dejarse iluminar por Jesucristo. Ese es el papel de la Llama de Amor: iluminar los hogares.
112. ADORACIÓN AL SANTÍSIMO
LA PRIMERA HORA SANTA. ESFUÉRZATE PARA QUE ESTEMOS MUCHOS. (DE págs. 31 a 35)
Isabel siente en su corazón un fuerte impulso a la adoración al Santísimo Sacramento. El Señor la ha despojado de su casa de habitación. Ya no se siente "en casa". Ahora su casa es la parroquia donde se encuentra Jesús en el Santísimo Sacramento. Consigue que le den la llave del templo para ir a adorar durante las noches a Jesús Sacramentado. Este acontecimiento es de grandísima importancia para la renovación de las familias. El problema central de la "crisis de la familia" actual es que ya no se ora ni se adora en familia. No nos podemos imaginar cuán terrible ha sido el impacto de la "modernidad" sobre la vida de piedad de los bautizados. En los tiempos de la "cristiandad", Dios era el centro de la sociedad y, de manera especial, de la familia. Se pensaba, de manera general, que lo más importante era la salvación del alma. En los últimos siglos, el centro de la existencia del hombre ya no fue Dios, sino el hombre.
Lo más importante hoy no es la gloria de Dios ni la salvación de las almas, sino el "desarrollo" integral del ser humano. Se considera que una persona "se realiza" cuando cumple sus metas y ambiciones. Por eso vemos que nuestras sociedades y culturas occidentales de hoy son laicistas. Ya no hay espacio para Dios. Dios ya no es el Señor del ser humano ni de la creación, sino que el "centro" y "señor" de todo cuanto existe es el hombre. Los "enemigos de Dios" lo han convertido en un "enemigo del progreso del hombre". Por eso tratan de expulsarlo del pensamiento, de la cultura, de la ciencia, de la familia, de la vida civil, de todas partes. A quienes intentamos reconocer a Dios como el centro de nuestras vidas nos endilgan el sambenito de "atrasados", "medievales", "conservadores", "mojigatos", "enemigos del progreso", "oscurantistas" y otras lindezas más.
El mensaje del diario espiritual para la renovación de la familia y de la sociedad entera proclama que Jesucristo es el Señor y se le debe adoración porque es Dios verdadero y hombre verdadero. La reparación es una consecuencia de nuestra condición de pecadores. El pecado es una ofensa hecha a la santidad divina y el obstáculo para la salvación de nuestras almas, y debe ser reparado.
Adoración y reparación a Jesucristo en el Santísimo Sacramento es uno de los elementos básicos de la devoción a la Llama de Amor. "Esfuérzate para que seamos muchos", le dice Jesús a Isabel cuando esta llega a adorarlo.
Después del Concilio Vaticano II, en muchos lugares se suprimió la "adoración al Santísimo Sacramento" expuesto en la custodia. Esta ha sido una de las "pestes" más graves que ha asolado a la Iglesia. Con el pretexto de que la celebración eucarística es el centro de la liturgia y que la adoración al Santísimo opacaba en los fieles el sentido de la primacía de la misa, se hizo a un lado la adoración al Santísimo Sacramento. El resultado ha sido una doble pérdida: al no dar importancia a la presencia real de Jesucristo bajo las especies del pan eucarístico, disminuyó la fe en la Eucaristía, y también disminuyó la participación en la celebración de la Santa Misa.
La Llama de Amor nos lleva a redescubrir el valor incalculable de la adoración reparadora ante el Santísimo Sacramento, tal como Jesús lo ha señalado en diversas apariciones y mensajes. Jesús está vivo en el Santísimo Sacramento y es a sus pies que la familia, especialmente los esposos, encuentran la luz y la fuerza para vivir el sacramento del matrimonio. El cuidado pastoral de la familia debe poner en el centro a Jesús Sacramentado. La parroquia no es un salón para reuniones, sino el lugar donde está presente Jesús vivo en la Eucaristía.
El Movimiento de la Llama de Amor es ante todo eucarístico y debe promover en sus miembros el amor a la Eucaristía. Para que la familia y la Iglesia se renueven, todos sus miembros, padres e hijos, deben convertirse en adoradores y reparadores eucarísticos. Si no creemos que en el tabernáculo de la iglesia parroquial está Alguien vivo, de quien depende todo, no nos extrañemos de que las iglesias estén vacías. En Europa, que es el continente que nos dio la fe católica, ya no hay fe en la Eucaristía. Por eso la Iglesia agoniza. Los preciosos templos que antaño estaban llenos de fervorosos fieles están hoy vacíos y se están vendiendo para ser convertidos en bibliotecas, salones de baile, restaurantes, talleres... ¡Qué pena! Todo eso porque se ha perdido la fe en la presencia real de Jesús en el Santísimo Sacramento. Si Cristo no está vivo, para nada sirven las iglesias. Si creyésemos de verdad que Cristo está vivo en la Eucaristía, harían falta más iglesias para contener a tantos ansiosos buscadores de la felicidad que andan desesperados pretendiendo encontrarla por caminos equivocados.
La Virgen nos da el mensaje de su Llama de Amor para que la Iglesia entera se renueve. Esto solamente se realizará cuando creamos y comprendamos que la Eucaristía no es un mito, sino la más poderosa de las realidades. Jesús está vivo en medio de nosotros con su cuerpo, sangre, alma y divinidad en el Santísimo Sacramento del altar.
113. NO SE ORA LO SUFICIENTE EN LOS HOGARES CATÓLICOS
Recibir la Llama de Amor es recibir una gracia muy grande para la defensa de nuestra familia y de cada persona individual. Me maravilla que pretendamos la conversión de las familias a partir de charlas de tipo moralizante y no nos demos cuenta de que la crisis de la familia es, ante todo, una crisis espiritual. La raíz del desastre de la familia moderna es una carencia de gracia de Dios. Es decir, en otros términos, una acción diabólica. Hay gente que ve al demonio en todas partes y hay gente que nunca lo ve. Es mucho más grave no ver al demonio cuando está presente que verlo cuando no lo está.
La presencia diabólica es fácil de detectar. Basta poner los ojos en Jesucristo y comparar lo que se está viviendo con lo que Jesucristo es en sí mismo y lo que Él nos pide que vivamos. Donde no está la piedad de Cristo, no está Jesús. Donde no está la obediencia de Cristo, no está Jesús. Donde no está la humildad, la pureza, la modestia, la verdad, la castidad, la fidelidad de Cristo, no está Jesús. Y todo lo que Jesús nos pide se llama "virtudes cristianas", que no se adquieren si no está la gracia de Dios ayudándonos. La conversión de las familias vendrá de la gracia de Dios, y esta se obtiene cuando hay verdadera oración. Por ese motivo, el efecto de gracia de la Llama de Amor se obtiene orando.
La raíz de la crisis de la familia está en que no se ora lo suficiente en los hogares, y no simplemente una oración vocal, sino una oración que nos lleve hasta la intimidad con Jesucristo. En estas primeras páginas del Diario vemos cómo Isabel ha sido llevada a una verdadera "intimidad"; es decir, una amistad profunda con Jesucristo. "Ten plena confianza en Mí", ... "Deja tus dudas..." "Mi gracia estará sin cesar contigo..." "Te voy a dejar sufrir, hija mía, en gran sequedad espiritual" ... "Diferentes tentaciones te van a atormentar". La amistad lleva a Isabel a identificarse con Jesucristo en el sufrimiento redentor. Son las almas, la salvación de las almas lo que importa a Jesucristo. "Conmigo tienes sed de almas", le dice Jesús a Isabel.
Todo esto implica que la amistad con Jesucristo lleva al discípulo a aceptar la Cruz en la vida que Dios nos da. Una amiga me decía: "Yo dejé de leer el Diario espiritual porque me da miedo tanto sufrimiento. Dios le pide a Isabel mucho sufrimiento". Aquí está el punto central de la problemática del discípulo de Cristo. O aceptamos conscientemente la Cruz de Cristo en nuestra vida como la fuerza y la sabiduría de Dios (1 Cor 1 y 2; Rom 1 y 2), que nos dan la victoria sobre las tentaciones del mundo-demonio-carne, o nos quedamos sin entender lo que significa creer en Cristo.
El Diario Espiritual nos lleva a lo esencial de la vida cristiana: aceptar en nuestra vida la Cruz de Cristo. Esta aceptación es el fruto de la acción del Espíritu Santo: "El Espíritu Santo, a quien invocas tantas veces, tomará posesión de tu alma por medio de Nuestra Madre, su predilecta". María está al pie de la Cruz. Ella, más que nadie, ha sufrido con Cristo por la salvación de las almas. La Madre de Jesús será la gran maestra de Isabel en este camino de la Cruz.
La devoción a la Llama de Amor de ninguna manera es una "devocioncilla" de recitar oraciones y nada más, como piensan algunos. Leyendo a Isabel y conociendo su vida, nos encontramos con que se trata de un camino de renuncia tras renuncia, hasta llegar a una verdadera identificación con Cristo. Pues bien, ese es el camino de la familia cristiana. No puede ser familia cristiana aquella que no toma su cruz para seguir a Jesús. Y esto cuesta mucho.
Aquí desempeña su papel el efecto de gracia de la Llama de Amor: "Si tu amor viniera a menos, dirígete a nuestra Madre Celestial; Ella llenará tu corazón con abundante amor hacia Mí. Te agradezco que tu corazón sienta conmigo, que lata en Mí. No te canses nunca de contemplar mis santas llagas, de donde sacarás siempre gran fuerza".
114. LA IMAGEN DE MARÍA EN EL DIARIO ESPIRITUAL
Los católicos amamos a María, pero la conocemos muy poco. Si la conociéramos a fondo, nuestra vida cambiaría radicalmente. Una auténtica devoción a María Santísima transformaría por completo nuestra existencia y nuestra manera de vivir la fe. Si los protestantes conocieran de verdad a la Madre de Jesús, dejarían inmediatamente el protestantismo y se volverían a la Iglesia Católica, la única y verdadera fundada por Jesucristo.
La lectura atenta, asidua y meditada del Diario Espiritual nos dará la oportunidad de ir descubriendo el rostro de María, iluminado por la Llama de Amor, que es su Hijo Jesucristo. En primer lugar, tenemos que decir que la Virgen es el camino auténtico hacia el Verbo Encarnado. El que no conoce a María no conoce a Jesús, el que no ama a María no ama a Jesús, y el que ofende a María ofende a Jesús. No hay algo que más hiera a Jesucristo que las ofensas inferidas contra su Santísima Madre, como tampoco hay nada que más le agrade que el amor y respeto ofrecido a Aquella que lo llevó en su seno. Es natural, es comprensible: Jesús es hombre verdadero, y como buen hijo no puede tolerar la menor ofensa hacia su Madre.
Por medio del Diario Espiritual descubriremos a esa Mujer que Jesús nos entrega como Madre para que la recibamos, como Juan, en nuestra casa. ¿Quién es esa Mujer que aparece en el Diario Espiritual rodeada de una aureola de gloria y poder inimaginables, y al mismo tiempo embebida en la más profunda humildad? Al leer las palabras que María Santísima dice y que Isabel Kindelmann reporta, nos quedamos sorprendidos por su contenido: "Yo, el Rayo Hermoso de la Aurora, cegaré a Satanás" (DE 188). "Una fuerza tan poderosa de gracia no he puesto todavía a disposición de ustedes como esta vez" (DE 83). "Yo pongo un haz de luz en tus manos, es la Llama de Amor de mi Corazón" (DE 47). "Mi Llama cegará a Satanás en la misma medida en que ustedes la propaguen" (DE 125). "Ella va a hacer tambalear los poderes del infierno" (DE 166). "Yo estaré con ustedes; los inundaré con gracias muy especiales" (DE 49). "Yo lo he aplastado (al maligno) y no tienes de qué temer" (DE 71).
Podríamos seguir citando una serie de expresiones en las que la figura de la Virgen destella con una grandeza increíble. ¿De dónde le viene a esa Mujer llamada María de Nazaret tal poder, tal dignidad, tal seguridad? En el Diario Espiritual queda patente que la explicación de este misterio está en la íntima relación entre el Señor y su Madre. Jesús varias veces dice con una gran ternura y respeto: "Ella es Mi Madre". "Yo no puedo negarle nada" (DE 85). "Mi Madre querida me suplica. Es Ella quien ha retenido hasta ahora mi justa ira" (DE 57).
Esto lo explica todo. Entre el Corazón del Hijo y el Corazón de la Madre hay una total compenetración de amor. Pero esto no se queda aquí; va más allá todavía: Jesús nos revela la íntima relación de María con la Santísima Trinidad y pronuncia unas palabras que nos impresionan sobremanera: "A Ella están obligadas las Tres divinas Personas. Las gracias que pidan por medio de Ella las recibirán" (DE 126). La Santísima Trinidad concede la efusión de la Llama de Amor exclusivamente por las súplicas "eficaces" de la Santísima Virgen (DE 127).
¿Por qué son eficaces las súplicas de la Santísima Virgen? La raíz de este poder de intercesión está en el plan de Dios para salvar a la humanidad. Ella fue destinada desde toda la eternidad para ser la Madre de Dios. Podríamos decir: la Virgen es Madre de Dios, por eso Ella tiene ese poder. ¿Qué mérito tiene si todo lo recibió gratuitamente? No nos equivoquemos. Ella no es una receptora pasiva de un privilegio único en la historia de la humanidad. Ella respondió libremente a la voluntad de Dios: ser Madre de Jesucristo implica ser Madre Dolorosa. En su FIAT aceptó hasta el extremo el sufrimiento de la Redención. Ella "mereció" por su obediencia a la Voluntad del Padre el poder de intercesión que tiene.
Jesús se humilló hasta la muerte, y muerte de cruz, y por eso fue exaltado (Fil 2, 6-10). Igualmente, María, al unirse en obediencia a la humillación de su Hijo al pie de la cruz, fue exaltada a ser nuestra Madre como Corredentora, Medianera y Abogada. Por ese motivo, Ella tiene total autoridad para pedirnos que aceptemos el dolor, el sacrificio que Dios nos exige para la reparación de nuestros pecados si queremos salvarnos. "Con mi poder maternal cegaré a Satanás y liberaré al mundo de la condenación" (DE 204).
María está íntima e inseparablemente unida a Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote (Heb 4, 14-5, 10), de quien viene la salvación. María, por voluntad de la Santísima Trinidad, es Madre de Dios y Madre nuestra. Allí reside toda su gloria y su poderosa intercesión en favor de sus hijos pecadores. La devoción a la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María tiene un solo objetivo: la salvación de las almas.
115. HAY DOS TIPOS DE CATÓLICOS
A) Católicos a su manera.
B) Católicos discípulos de Cristo.
El Diario Espiritual nos lleva a edificar la familia según Cristo. Si examinamos atentamente los escritos de Isabel Kindelmann, descubrimos que el centro de su vida es Jesús. Todas las enseñanzas que recibe Isabel están orientadas a establecer en su alma y en su familia el reinado de Cristo. Estas enseñanzas son para todos los seres humanos sin excepción.
Hay dos tipos de católicos: los católicos "a su manera" y los "católicos discípulos de Cristo". Los primeros producen familias "católicas a su manera", mientras que los segundos edifican "familias discípulas de Cristo". Es una enorme diferencia. El "católico a su manera" pone como centro de su vida "su propio yo y sus propios intereses". Para el discípulo de Cristo, el centro de su vida y de su familia es Jesús y los intereses de Jesús. El "católico a su manera" no tiene más objetivo que satisfacer su propia voluntad, y por lo tanto, no admite someterse a un "pastor". No quiere guía, ni una regla de vida, ni objetivos independientes de su propio gusto. Depende de sí mismo, es dueño de su vida. El bien y el mal, el dinero y el tiempo, la política y su economía dependen de sus propios gustos e intereses, no de una regla moral.
El católico "a su manera" va a misa cuando quiere, no necesita confesarse porque no se arrodilla ante ningún hombre, ni tampoco comulga porque no cree que Cristo está presente en la Hostia. Tampoco "se casa por la Iglesia" porque quiere ser libre. La mujer "católica a su manera" usa anticonceptivos y se acuesta con quien quiere y cuando quiere; es "dueña de su cuerpo" y, por lo tanto, aborta cuando quiere; anda vestida como le place, enseñando su cuerpo porque es libre e independiente y odia ser "conservadora". Pasa la vida en vanidades y telenovelas porque "es dueña de su tiempo", no tiene que rendirle cuentas a nadie. Educa a sus hijos "a su manera". Cuando los católicos "a su manera" se casan por la Iglesia, lo hacen "a su manera" y, lógicamente, producen familias "a su manera". Se juntan, se casan, se separan, rehacen su vida "a su manera". Se llaman católicos, pero son "católicos a su manera".
Los católicos según Cristo se esfuerzan en ser discípulos de Jesús; por lo tanto, se someten a la disciplina y enseñanzas del Maestro. Renuncian a su propio yo para poner a Jesucristo en el centro de su vida, se someten a Jesús y a sus representantes, y tienen un objetivo claro en su vida: lograr la vida eterna. Construyen su existencia sobre la Palabra de Dios y los sacramentos; cuando deciden formar familia, no se juntan en concubinato, sino que consagran su hogar a Cristo por el sacramento del matrimonio. Se esfuerzan por edificar una familia en la que Jesucristo reine como dueño y Señor. No se consideran independientes, sino "pertenecientes a Cristo" y sometidos amorosamente a su voluntad. Son libres, pero con la libertad de Cristo. No se consideran "dueños de su cuerpo" ni ejercen su sexualidad "a su manera", sino según Cristo. Aman y respetan a su cónyuge y a sus hijos porque saben que no les pertenecen, sino que son un don de Dios. No abortan porque saben que al final el Señor les pedirá cuentas de la vida de sus hijos. Para los "discípulos de Cristo", la Cruz de cada día aceptada con fe y amor es el camino al Cielo y prenda de salvación. Se esfuerzan intensamente por vivir las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad; tratan de crecer en todas las virtudes imitando a Cristo, son dóciles a los dones del Espíritu Santo y producen sus doce frutos. Los católicos "discípulos de Cristo" caminan en su vida sobre los diez mandamientos de la ley de Dios, viviendo intensamente las obras de misericordia.
Esa es la gran diferencia entre el error y la verdad. Solamente existe un tipo de verdadero católico: el que imita a Jesucristo con sinceridad. No se puede ser "católico a su manera" porque son falsos cristianos y, peor aún, falsos católicos. El Evangelio dice: "No todo el que me diga: ¡Señor, Señor!, entrará en el Reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial" (Mt 7, 21).
116. LA LLAMA DE AMOR NOS LLEVA A REDESCUBRIR LA ÚNICA IGLESIA DE CRISTO
Aunque la gracia de la Llama de Amor está destinada a todos los seres humanos sin excepción, la primera oferta está hecha a los católicos. Siendo una gracia eminentemente misionera, hay que considerar a la familia católica como la "plataforma" de la Virgen María para la iluminación del mundo entero. "Entregar la Llama de Amor, hijita mía, sea la meta principal de tu vida. Esto tiene que avanzar como la corriente de agua. Nadie ni nada puede impedirlo. Esta corriente de agua es mi gracia que purifica, destruye cuando hace falta o salva y da vida, pero debe correr porque ¡Dios lo quiere! Dile esto a tu padre espiritual, esta es mi petición a él y a todos aquellos que son llamados a poner en marcha la causa" (DE 244).
El primer paso de la Llama de Amor es dar identidad católica a la persona individual y a la familia que la recibe. Solamente si somos verdaderos católicos podremos transmitir la Llama de Amor con eficacia. El hecho es simple: si no tenemos una fe católica, es decir, completa, íntegra, perfecta en sus enseñanzas (dogmas) y en la práctica, vamos a transmitir ambigüedad y errores al proponer la Llama de Amor. No nos vamos a sentir seguros al llevar el mensaje ni al explicar el sentido del efecto de la gracia.
El punto de partida es comprender el papel de la Virgen María en el misterio de la Redención:
1. Es Madre de Dios porque su Hijo Jesucristo es Dios.
2. Está viva y actuante porque fue asunta al Cielo en cuerpo y alma.
3. Es inmaculada porque en ella no hay la menor mancha de pecado desde su concepción.
4. Es Virgen porque su alma y su cuerpo han pertenecido desde siempre y exclusivamente a Dios.
Estos son los cuatro dogmas fundamentales que explican el porqué de la acción de María Santísima en el misterio de nuestra salvación. A esto hay que agregar que María es Corredentora porque está inseparablemente unida a su Hijo en el misterio de nuestra redención, y lógicamente es Madre de la Iglesia al ser Madre del Redentor.
Para aquellos que no tienen una fe católica (excepto los ortodoxos, que tienen una fe muy próxima a la Iglesia católica, aunque no están en comunión en ciertos puntos), María Santísima no tiene ninguna intervención en nuestra redención, lo que significa que tendrán mucha dificultad en abrirse a la Llama de Amor. (Me refiero especialmente a los protestantes de todas las denominaciones). Si nosotros, que nos decimos católicos, no estamos claros sobre la intercesión de María ante su Hijo (y por su Hijo al Padre, en el Espíritu Santo), no tendremos consistencia ni convicción al proponer la Llama de Amor a otras personas.
Necesitamos, pues, convertirnos en auténticos católicos: llenar los baches que tiene nuestra fe, instruirnos en la Palabra de Dios y en el Catecismo Católico, y, sobre todo, llevar a la práctica esa fe. Este proceso de perfeccionamiento de la fe se debe dar a nivel familiar. Por eso, hay que tomar los medios que nos ayuden a lograrlo. En el Diario se nos señalan algunos muy sencillos, prácticos y eficaces: la oración diaria del Rosario en familia, la fidelidad a la Misa, confesión, comunión, la adoración al Santísimo Sacramento, la lectura y el compartir de la Palabra de Dios, la vida parroquial, etc.
El problema que tenemos como católicos es la peligrosa contaminación a nivel del pensamiento tanto del ateísmo secularista como del protestantismo. El ateísmo nos propone claramente la negación de Dios y el materialismo en todas sus formas. ¡Sabemos a qué atenernos! En cambio, el protestantismo nos propone un verdadero fraude de la fe cristiana, que tiene la apariencia de bondad. Es más peligroso el protestantismo que el ateísmo, porque el protestantismo destruye la fe católica dejando en aquellos que lo han abrazado la sensación de que están bien, y que son mejores que "los católicos".
El gran San Ignacio de Antioquía (martirizado en el año 110), Padre de la Iglesia y mártir excelso, decía: "No es cristiano quien no tiene una fe católica". Es un fraude que está acabando con lo esencial de la Iglesia de Cristo en muchísimos corazones: la Eucaristía, el Cuerpo y la Sangre del Señor, los sacramentos, la unidad en la fe, la comunión en la caridad, el perdón sacramental de los pecados, la recta interpretación de la Palabra de Dios, etc. Hay una verdad evidente: "donde no está el Cuerpo de Cristo, no está la Iglesia". Mis palabras podrán parecer a algunos excesivas, radicales, integristas, anti-ecuménicas... ¡Pero esa es la triste verdad! Si no somos verdaderos católicos, se cumple el adagio: "Católico ignorante, futuro protestante".
La Llama de Amor nos lleva a redescubrir la única Iglesia de Cristo con todas sus riquezas y tesoros por vivir y explorar. La verdadera devoción a María Santísima es, ante todo, un compromiso con nosotros mismos para adquirir la catolicidad de la fe y transmitir esa catolicidad a quienes no la tienen, ya sea porque la han perdido o porque nacieron fuera de la Iglesia católica. Es a partir de las familias que viven su fe católica de manera testimonial y evangelizadora que la Llama de Amor conquista los corazones y se convierte en un haz de luz que ciega las seducciones satánicas que están destruyendo la Iglesia. La Virgen cuenta con nosotros en esta gran empresa. Seamos fieles.
117. LAS PARROQUIAS SON EL LUGAR DE SALVACIÓN DE NUESTRAS ALMAS
La finalidad de la gracia de la Llama de Amor es salvar las almas, es decir, acompañarlas hasta que entren en el Cielo, la visión beatífica. La parroquia es el lugar de la salvación de las almas. Nuestro Señor Jesucristo dice (en el Diario Espiritual de la Llama de Amor): "Ninguna alma que yo he confiado al cuidado de mis sacerdotes debería condenarse. Esta palabra, condenación, causa terrible dolor a mi Corazón. De nuevo sufriría la muerte de cruz por cada alma, aunque fuera sufriendo mil veces más, porque para los condenados ya no hay esperanza" (p. 82). Estas palabras de Jesús nos impactan. ¡Tanto vale un alma! Por cada una, el Señor está dispuesto a morir de nuevo, y sufriendo mil veces más de lo que sufrió.
El principal anhelo de los sacerdotes, y también de todo cristiano, debe ser la salvación de todos los hombres. La parroquia, en primer lugar, son las personas. Los miembros, por su fe católica vivida, hacen que la Iglesia universal esté presente en ese determinado territorio. En la comunidad parroquial, los fieles deben encontrar en primer lugar la caridad cristiana, la auténtica Palabra de Dios, la Eucaristía, los sacramentos y todos los auxilios espirituales para su salvación y santificación. En el Diario Espiritual de Isabel Kindelmann vamos descubriendo el sentido vital de la parroquia para nuestra vida. Hoy, tristemente, muchísimos católicos viven desconectados de su congregación. Por incontables razones o pretextos, no saben ni siquiera a cuál de ellas pertenecen. No saben la importancia grandísima que esta tiene para su salvación y santificación. Si nos damos la pena de leer el Diario de manera sistemática, descubrimos cómo la Llama de Amor brota del corazón de la Iglesia y se va extendiendo como un reguero de luz hasta sus confines para iluminarla, vivificarla, liberarla, protegerla y conducirla hacia lo esencial de la vida cristiana.
En la Iglesia, Cuerpo de Cristo, las parroquias desempeñan un papel muy importante. En sus instalaciones físicas (templo parroquial, capillas, salones, obras, etc.), se reúnen los bautizados para celebrar el misterio de la salvación. Los pastores (párrocos y vicarios) animan y forman la comunidad cristiana. Los católicos no son individuos desperdigados que viven su fe como islas encerradas en el "Cristo y yo". Vivimos nuestra fe en comunidad. Algunos dicen que la parroquia está en crisis; más bien lo que está en crisis es la fe.
Para renovar la parroquia, antes que cualquier obra material, está levantar el nivel de vida espiritual. Por eso la Virgen pide que la Llama de Amor se expanda desde la iglesia parroquial hacia todas las familias, para aportarles las gracias propias de su mensaje de devoción y del instrumento.
La Virgen María y el Señor Jesús piden la vela nocturna parroquial, no como una "devocioncita", sino como algo trascendental. Están señalando lo más importante de la Iglesia: la salvación de las almas y, especialmente, de los moribundos. Están indicando que solamente la gracia de Dios puede salvarnos y que, para obtenerla, debemos hacer un "superávit" de oración. Orar intensamente y sacrificarnos con generosidad.
María Santísima pide que todos en la comunidad parroquial se involucren en el combate espiritual contra Satanás para vencerlo. Sus enseñanzas nos llevan a comprender la urgencia de que nos convirtamos en miembros vivos y activos de nuestra propia parroquia. Esta llamada es para todos, sin excepción, porque para cada uno de los bautizados hay una función que desempeñar para el bien de las almas. La acción fundamental y más urgente al alcance de todos es la de orar y sacrificarse; solamente que, para hacer esto, hay que estar convencidos del grandioso poder de la oración y del sacrificio.
Nuestra Santísima Virgen dice: "Cuando alguien hace adoración reparadora a la Santísima Eucaristía, mientras eso dure, en su parroquia Satanás pierde su dominio sobre las almas. Como ciego, deja de reinar sobre las almas" (p. 124). "Satanás quedará ciego en la medida en que ustedes trabajan en contra de él" (p. 202). Cuán importante es la oración bajo cualquier forma. Ella quita el dominio de Satanás sobre las almas. "Yo, el Rayo Hermoso de la Aurora, cegaré a Satanás. Voy a liberar este mundo oscurecido por el odio y contaminado por la lava sulfurosa y humeante de Satanás. Como consecuencia, el aire que daba vida a las almas se volvió asfixiante y mortífero. Ningún moribundo debe condenarse" (p. 178).
Hay una correlación entre la salvación de las almas y el nivel de oración y sacrificio de la comunidad parroquial. La Santísima Virgen habla: "¡Hijita mía! Quiero que ni una alma se condene. ¡Quiéranlo ustedes también junto conmigo! Para eso pongo en sus manos un haz de luz que es la Llama de Amor de mi Corazón" (p. 211). Nuestro Señor Jesucristo: "Debemos intensificar más allá de la medida ordinaria y acostumbrada la oración, el sacrificio por la paz del mundo y el celo por salvar las almas. Debemos llegar hasta el extremo. En todas las parroquias hay que organizar urgentemente las comunidades de oración reparadora. ¡Bendíganse unos a otros con la Señal de la Cruz! (¡También a los extraños!)" (p. 320). El Señor y la Virgen María piden que se establezca en cada parroquia la velada de oración nocturna reparadora por los moribundos.
118. LA VIRGEN Y LOS CONSAGRADOS
LOS CONSAGRADOS, "ESCOGIDOS DE MI CORAZÓN" (I)
En la Iglesia, los "consagrados" son aquellos que, por medio de votos o promesas públicas, se han entregado al servicio de Dios. Los sacerdotes y los religiosos son considerados como "consagrados". Por los votos de pobreza, castidad y obediencia, o por el celibato sacerdotal y la promesa de obediencia al Obispo, han hecho profesión de seguir a Jesucristo y renunciar al "mundo". Entendemos por "mundo" aquello que se opone a los criterios del Santo Evangelio.
En el Diario Espiritual de la Llama de Amor, encontramos numerosos pasajes que hacen referencia a los consagrados a Dios. Por definición, aquellos que han respondido al llamado se obligan voluntariamente a seguir un "camino de perfección" en la vida cristiana. Jesús espera de ellos una total entrega a su Persona Santísima y a la obra de la salvación de las almas. Jesús invita a Isabel Kindelmann a orar, ayunar, y hacer penitencia por "aquellos que me han consagrado su vida y, sin embargo, más viven para el mundo que para mi obra redentora" (p. 31).
Con sorpresa encontramos que Jesús se queja frecuentemente y con "amargura" de sus consagrados. Viene a nuestra memoria aquel pasaje del Evangelio en el que Jesús divisa a la distancia una higuera, se acerca esperando encontrar frutos, y al llegar se da cuenta de que no los lleva. Jesús se desilusiona y la maldice. Al retornar por la tarde, los discípulos se sorprenden de que la higuera se ha secado (Mt 11, 12-21). Hay una gran tristeza en el Corazón de Jesús ante la frialdad de aquellos que han prometido seguirle:
"En estos momentos pienso especialmente en las almas a mí consagradas, a quienes considero las escogidas de mi corazón. Y siendo así, ellas no quieren unirse íntimamente conmigo. Les divierten los pensamientos mundanos" (p. 36).
"Que la mirada de las personas a mí consagradas no me esquive y no se distraigan en las cosas del mundo, sino que sólo me contemplen a mí. Que acojan la mirada triste de mis ojos y se sumerjan en mí. Si miran en mis ojos con corazón arrepentido, con el rayo de mi gracia, los haré mejores. Sumergiéndolos en el amor de mi corazón, los regeneraré con tal de que me tengan plena confianza" (p. 37).
"Hay tan pocas almas así, aun cuando yo llamo a muchas a mi especial seguimiento. No soy caprichoso, escojo las almas de aquí y de allí, de entre las circunstancias más diversas, pero, lastimosamente, con poco resultado. Hoy me quejo mucho, hijita mía. He tenido necesidad de abrir mi corazón delante de ti, con su mar de penas, porque tanta conducta indigna tengo que soportar de parte de las almas a mí consagradas" (p. 47).
Isabel es invitada por Jesús a reparar los pecados de los consagrados: "Repárame en lugar de aquellas almas que, aunque consagradas a mí, no se preocupan de mí. A quienes he abrigado en mi corazón, a quienes he colmado con mi precioso tesoro, pero ellas los dejan empolvar en el fondo de su alma" (p. 69).
"En vano me quejo a las almas a mí consagradas, no entran en lo íntimo de sus almas para que a ellas también les haga oír mis lamentos. Y eso que ¡cuánto necesitaría hablar con ellos sobre cómo promover la llegada de mi Reino!" (p. 72).
"Ofréceme tu alma sacrificada y sírveme sólo a mí con profunda sumisión. Hazlo en lugar de aquellos que no lo hacen, aunque son almas consagradas a mí" (p. 76).
"Ves, hijita mía, ¡qué despreocupadamente pasan su vida muchas personas a mí consagradas! ¡Con qué ociosidad desperdician el tiempo a su gusto! A mí también me tiran unas migajas que caen de la mesa como a un mendigo... A ustedes también tendré que decir: Apártense de mí, malditos, porque no han hecho valer aquello para lo que yo les había llamado" (p. 87).
"La aflicción de mi Corazón es tan grande a causa de las almas a mí consagradas. Y, sin embargo, ¡cómo ando detrás de ellas! Les sigo paso a paso con mis gracias. A pesar de ello, no me reconocen, ni me preguntan a dónde voy. Veo cómo viven aburridos en la ociosidad indolente, buscando sólo su propia comodidad, me han marginado de sus vidas... Infelices de ustedes, ¿cómo van a rendir cuenta del tiempo desperdiciado? ¡No forcejeen conmigo para obligarme a levantar mis manos sagradas para maldecirles! Ustedes, ciegos y sin corazón, ¿no ven lo que hice por ustedes? ¿No se conmueve su corazón? ¿No quieren caminar conmigo, recoger conmigo? ¡No se hagan los delicados y melindrosos! A donde les puse, allí deben estar parados, firmes y llenos de espíritu de sacrificio... Tomen ya sobre sí la cruz que yo también abracé y crucifíquense ya a sí mismos como yo lo hice, porque, de otra manera, ¡no tendrán la vida eterna!" (p. 111).
Palabras durísimas como estas no se encuentran en otras revelaciones. Si las pronuncia Jesús, los consagrados deben tenerlas muy en cuenta. ¿Habrá denunciado el Señor con estas palabras, tan llenas de amargura y fuerza, la gran crisis posconciliar que ha azotado a la Iglesia en el terreno de las vocaciones sacerdotales y religiosas?
119. LOS CONSAGRADOS DEBEN RENOVARSE EN EL AMOR ÍNTIMO A JESÚS (II)
Las palabras de Jesús para los consagrados que no han asumido su vocación de manera responsable son realmente impresionantes. En Mt 24, 48-51; 25, 26-30, encontramos situaciones similares. Se trata de administradores infieles. El "apártense de mí, malditos, porque no han representado la causa de mi Reino, porque no han hecho valer aquello para lo que yo les había llamado. He andado tanto tiempo tras de ustedes, ¡cuántas veces les hablé amonestándoles! Y ustedes respondieron con un gesto de la mano que hubiera ofendido hasta a un mendigo" (p. 87).
Estas palabras nos recuerdan la parábola de las diez vírgenes, la parábola de los talentos y, sobre todo, el juicio final (Mt 25, 41-46). Sin embargo, lo que más resalta es el dolor íntimo del Corazón de Jesús por la ingratitud, la frialdad, y la falta de amor que encuentra en esas almas que le habían jurado total entrega a su persona y a su obra. En la pág. 132, presenta otra queja contra ciertas almas consagradas:
"Discúlpame si yo abro ahora ante ti la pena bien conocida de mi Corazón. Sabes, las almas a mí consagradas que han caído en buena tierra produjeron fruto abundante y ahora están desperdigadas, no tienen mayor ilusión que convertirse en pasto para el ganado. No se dejan recoger, ni dejan moler, pero sin esto, nunca serán criaturas útiles. ¡Oh, cómo me duele el alma por estos granos de trigo desparramados! Siente, hijita mía, el dolor de dónde brotan mis palabras quejosas: ¡QUE NUESTRO INTERIOR SIENTA LO MISMO!" (p. 132).
Aquí, probablemente, Jesús hace alusión a las consecuencias de la tremenda persecución religiosa y política que sufrió Hungría durante la dominación comunista. Isabel Kindelmann escribe estas líneas en 1962, cuando ya lo peor había pasado. Es un tiempo convulsionado en el que Hungría lucha por su alma y su libertad. Nosotros, que leemos el Diario Espiritual de la Llama de Amor desde el exterior, no podemos captar fácilmente el sentido que envuelven las expresiones de Isabel. Hay que estudiar la historia de Hungría para descubrir los ingentes sufrimientos que se abatieron sobre este noble pueblo en la época de las dos guerras mundiales y en la postguerra.
(Recomiendo recurrir a internet y leer los artículos relativos a Hungría para informarnos sobre el ambiente que vivía en esa época la Iglesia húngara y, en concreto, Isabel Kindelmann).
Durante este periodo fueron disueltas las congregaciones religiosas; los sacerdotes y consagrados fueron perseguidos y encarcelados. Basta recordar al grande y santo, verdadero testigo de la Fe, Mons. Jozsef Mindszenty, que fue perseguido y hostigado por el gobierno comunista. Muchas obras de la Iglesia fueron cerradas y su acción evangelizadora prohibida. Fueron tiempos de gran pobreza económica. Cantidad de laicos y también consagrados entraron en un gran desánimo y perdieron el entusiasmo por vivir intensamente sus compromisos. Ya no tienen ilusión. No se dejan recoger. Son como granos de trigo desparramados. Jesús se queja de esta falta de fe.
Los que en Occidente no hemos vivido ese tipo de persecución difícilmente podemos hacernos una idea de la opresión espiritual que se abatió sobre los consagrados a Dios. Pero Jesús aquí no habla solo para Hungría; habla para toda la Iglesia, especialmente para la que vive despreocupada, tranquila, sin problemas, en la abundancia de bienes materiales. Jesús pide a sus consagrados una entrega total, un abandono completo en sus manos.
Podemos decir que las palabras que el Señor dirige a los consagrados son como "profecías" de lo que había de venir después del Concilio Vaticano II. Más de 200.000 monjas abandonaron los hábitos y más de 80.000 sacerdotes renunciaron a su ministerio, víctimas de la duda. La crisis de identidad de los consagrados se debate en muchos corazones, propiciando los reproches que el Señor pone en evidencia en los textos del Diario Espiritual. Las vocaciones sacerdotales y religiosas han mermado de una manera vertiginosa porque en el corazón de los jóvenes la consagración a Cristo y a la Iglesia ya no brilla como un ideal.
"Antes de que lleguen los tiempos difíciles, prepárense con renovado empeño y con decisión firme, a la vocación para la cual les he llamado. No vivan en una ociosidad aburrida e indiferente, porque ya se está preparando la gran tempestad cuyas ráfagas arrastrarán a los indiferentes sumidos en la ociosidad. Frente a ellos, solamente sobrevivirán los que tienen verdadera vocación. El gran peligro que estalla ahora contra ustedes se pone en marcha al alzar Yo mi mano. Transmitan mis palabras de advertencia para que lleguen a todas las almas sacerdotales. Que les sacuda mi palabra, que de antemano les advierte a ustedes, y mi petición severa..." (p. 232).
Estamos en los tiempos difíciles. Jesús propone una solución: orar por las vocaciones; hacer sacrificios (p. 232). Los consagrados deben renovarse en el amor íntimo a Jesús, abrazar la cruz y abandonar la tibieza en la que viven (p. 209-210). "... el gran pecado del mundo es el de desatender mis inspiraciones; por eso el mundo anda en tinieblas y por la tibieza de las almas a mí consagradas. Ellas podrían ayudarme, pero ni siquiera ellas caen en la cuenta de cuán peligrosa es esta tibieza" (p. 231).
120. ORACIÓN Y SACRIFICIO POR NUESTROS CONSAGRADOS (III)
Jesús reprocha a los consagrados la tibieza de su corazón. No lo aman como Él desea ser amado. Se interesan más por el mundo y las cosas mundanas. "No quieren unirse íntimamente conmigo. Les divierten los pensamientos mundanos" (pág. 36, Diario Espiritual de la Llama de Amor, edición Costa Rica). Debemos hacer oración y sacrificio por nuestros consagrados.
El Corazón de Jesús es un corazón humano, siente como nosotros la indiferencia, el desprecio, la ingratitud. Jesús pide ser amado. Sin embargo, ese dolor que experimenta el corazón del Dios encarnado no significa que Él tenga necesidad de nuestro amor para ser infinitamente feliz. La sed de amor que abrasa el Corazón de Cristo se explica por nuestro mayor bien. Dios nos ama para hacernos felices eternamente, no para ser Él feliz.
A Dios no le falta nada. Sin embargo, de una manera que no está al alcance de nuestra total comprensión, el corazón de Dios sufre cuando no le amamos. Cuando Jesús se queja de que las almas consagradas no quieren unirse íntimamente con Él, lo que está expresando es el dolor que le causa el mal que nos hacemos a nosotros mismos. Su amor por nosotros es tan grande que quiere vernos infinitamente felices. Mientras más unidos a Él estemos, más felices seremos. Nuestra felicidad depende del grado de unión que tengamos, ya desde esta tierra, con Él y con su Corazón.
El objetivo de la Llama de Amor es hacernos felices en esta tierra y por toda la eternidad: la salvación de nuestras almas. Por eso Jesús dice: "Sumérgete en Mí" (p. 36). Los consagrados son almas escogidas a las que Dios llama a una intimidad muy especial con Él. "A éstas, si acogen mi Gracia, yo las colmo de gracias especiales. A quien se siente conmigo y vive para mí, con mi amor sin límites le arranco del mundo, como he hecho contigo" (p. 37).
El objetivo de esta predilección es unir a estas almas a su Misterio Redentor, haciéndolas partícipes de su pasión para la salvación de los pecadores: "Con todo el amor de tu corazón, sumérgete en mi dolorosa pasión" (p. 41). "Si aceptas sacrificarte, hija mía, recibirás todavía mayor abundancia de gracias" (p. 41).
No podemos comprender los sufrimientos del Corazón de Jesús si no tenemos presente como trasfondo el misterio del pecado y de sus terribles consecuencias: la condenación eterna de las almas. El Verbo de Dios se encarnó para deshacer las obras del Diablo; y la obra principal del Demonio es arrastrar las almas al infierno eterno. Todos somos solidarios en Cristo porque formamos parte de su Cuerpo Místico, que es la Iglesia. "Que todos sean uno como tú, Padre, estás en mí y yo en ti" (Jn 17, 21), dice Jesús en la sublime oración sacerdotal.
Las almas consagradas están especialmente llamadas a "vivir en íntima unión con Cristo" (p. 46), es decir, a participar en su dolorosa pasión para la salvación de las almas. Cuando los llamados se entregan al mundo, traicionan la misión que Jesús les ha encomendado. Muchas almas entonces corren el peligro de condenarse, porque quienes debían orar y sacrificarse por ellas han renunciado a su vocación.
Los consagrados "... son llamados a vivir en íntima unión conmigo. Comuniquen esto especialmente a las almas que, a pesar de que me reciben frecuentemente en su corazón, no por eso se acercan más a mí. En vano querría llevarlas a mayor profundidad espiritual si ellos dan la vuelta y me abandonan. No se acuerdan de mí en medio de los trabajos del día. ¡Esto me duele tanto! ¡Sufro tanto! Cuando dicen: 'Señor, no soy digno...', no me den la espalda, sino háganse dignos, dispongan sus corazones para una continua unión conmigo por medio de una jaculatoria fervorosa o una mirada de amor..." (p. 47).
Todo bautizado está llamado a este ideal, pero sobre todo los consagrados. La tibieza y la indolencia consisten en el enfriamiento del amor primero. Es una auténtica infidelidad. De eso se queja Jesús: de no ser amado como le corresponde por aquellos a quienes Él ha llamado a una gran intimidad y ha colmado de tan grandes beneficios.
Es algo así como una madre que, después de haber dado la vida por sus hijos, es tratada con desprecio o frialdad. Jesús busca en Isabel Kindelmann el consuelo que no encuentra en sus consagrados: "Desea para mí, hijita, muchas almas. Que sea este el objeto de tu vida, que no pierdas nunca de vista. Por eso te he arrancado del mundo, para esto te escogí. Me alegro de que al menos tú te hayas compadecido de mí, me comprendas y en mi inmenso dolor me consueles" (p. 47).
Consolar a Jesús es reparar la frialdad de las almas tibias: "Repara en lugar de aquellas almas que, aunque consagradas a mí, no se preocupan de mí" (p. 69). "Hijita mía, ¡sufre conmigo! ¡Siente conmigo! ¡Alivia mi dolor!" (p. 71). "Ámame más todavía, con mayor fidelidad, y no te canses de oír mis continuas súplicas. Me quejo mucho, hijita mía, porque son tan pocos los que me escuchan. En vano me quejo a las almas consagradas a mí, no entran en lo íntimo de sus almas para que a ellas también les haga oír mis lamentos" (p. 72). "Ofréceme tu alma sacrificada y sírveme solo a mí con profunda sumisión. Hazlo en lugar de aquellos que no lo hacen, aunque son almas consagradas a mí" (p. 76).
121. LOS CONSAGRADOS Y LA LLAMA DE AMOR (IV)
El nacimiento de la Llama de Amor está íntimamente relacionado en el plan de la Virgen María con los consagrados. Isabel Kindelmann es una "mujer consagrada a Dios", no como religiosa, pero sí como laica dentro de una espiritualidad que emana de una congregación religiosa de gran arraigo en la tradición espiritual de la Iglesia: la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Jesús llama frecuentemente a Isabel "querida hija Carmelita" y le recuerda las virtudes que debe practicar como "auténtica Carmelita" (p. 38): la humildad, el silencio, la unión con Él, la vida contemplativa, y la aceptación de los sacrificios que Él le ofrece. La Santísima Virgen María le dice:
"Mi Llama de Amor va a partir desde el Carmelo. Ellos son los que más me honran o, mejor dicho, son ellos los más llamados para honrarme a mí" (p. 45). "Mi pequeña hija Carmelita, invita a los que viven en la casa K... Todos ellos, con gran entrega y amor, hacen trabajo misionero a lo largo de todo el país. Que sean ellos los primeros en recibirla: su misión es sublime y conmovedora. Lleva dos velas, enciende primero tu pequeña vela y con su llama enciende la otra. Luego pásala a mi querido hijo. Él va a propagarla entre mis doce devotos más insignes" (p. 45).
María habla de doce sacerdotes (y doce templos) dedicados a Ella y a "esta devoción". "Los doce sacerdotes a quienes mi Hijo Santísimo eligió serán los más dignos de cumplir mi petición" (p. 43). Allí se ha de entregar la vela encendida, y los que la reciban deben llevarla a sus casas y comenzar la "oración en familia" con este mismo ritmo. A pesar de que estos doce sacerdotes son los más dignos de cumplir la misión de propagar la Llama de Amor, Jesús le pide a Isabel que "cada jueves y viernes ayune a pan y agua por ellos" durante doce semanas.
"Yo las quiero hacer dignas (a las almas) con gracias especiales", refiriéndose a los sacerdotes. "Ellos tendrán que hacer lo mismo que yo te pedí, a saber, reparación y sumergirse en mi Sagrada Pasión. Hijita mía, esas doce almas sacerdotales son las mejores del país" (p. 32).
Nos engañaríamos si pensáramos que para transmitir la gracia de la Llama de Amor debemos ser "santos". Nuestro Señor Jesucristo dice algo sumamente importante:
"De entre los más grandes pecadores escojo mis almas, hija mía, para realizar a través de ellas mi obra redentora. A éstas, si acogen mi Gracia, yo las colmo de gracias especiales. A quien siente conmigo y vive para mí, con mi amor sin límites, le arranco del mundo como he hecho contigo. Sufro tan indeciblemente, mi hijita Carmelita, y qué lleno está mi corazón al sentir que estés conmigo y unida a mí. Tú también siente mi amor" (p. 37).
La finalidad de la gracia de la Llama de Amor es santificarnos. No necesitamos ser santos para transmitirla. Por ese motivo, Jesús pide insistentemente a Isabel que ofrezca ayunos estrictos y vigilias nocturnas por los sacerdotes (p. 41).
Por otra parte, la Virgen María le ordena que vaya llevando el mensaje a determinados clérigos. Esto será una dolorosa escuela de humildad para Isabel, porque no todos los destinatarios la van a acoger con fe y amabilidad. En diversas ocasiones, los sacerdotes desconfían de ella, dudan de sus palabras, y también la humillan con palabras y actitudes fuera de tono (p. 50-51, 56-57, 90, 129-130, 132-133, 140, 143, 169-170, etc.).
Parece contradictorio, pero Isabel tuvo que sufrir la oposición de personas piadosas y almas consagradas: "Tendrás que sufrir mucho a causa de las innumerables objeciones que las personas consagradas a Dios harán contra nuestra Causa Santa" (p. 87). Actualmente, es lo mismo. No faltan sacerdotes y religiosas que, no comprendiendo el sentido de la gracia de la Llama de Amor, se oponen a ella (p. 101) y humillan a quienes la transmiten.
"Tendrás que vivir en continuas humillaciones externas e internas, porque solo así puedo guardarte para entregar a través de ti mi Llama de Amor" (p. 101). "Tus sufrimientos no son vanos, pero no te toca a ti preocuparte quién comprenda mi Llama de Amor... Quien actúa soy yo. Soy yo quien enciendo la Llama de Amor en el fondo de los corazones. Sé enteramente humilde. Eres instrumento en nuestras manos" (p. 141, 168).
Este mensaje y devoción del Inmaculado Corazón de María a las familias se va extendiendo poco a poco por todo el mundo.
"A través de los pocos, los pequeños y los humildes debe comenzar esta efusión grande de gracias que conmoverá al mundo. Ninguno de los llamados debe excusarse ni rehusar mi invitación. Todos ustedes son mis pequeños instrumentos" (p. 204). Todos aquellos que respondan al llamado de la Virgen María de convertirse en propagadores de la Llama de Amor deberán preparar su alma para el combate espiritual. La Virgen les dice: "¡No tengan miedo, confíen en mi poder!" (p. 201).
122. LOS CONSAGRADOS Y EL PURGATORIO (V)
El amor de Jesús por los consagrados a su servicio se manifiesta de manera especial con las almas de los consagrados que están en el purgatorio. En diversos pasajes del Diario Espiritual de la Llama de Amor, el Señor Jesucristo y la Virgen María piden a Isabel Kindelmann que ore, ayune y adore por las almas de los sacerdotes. "Cada movimiento tuyo esté marcado con el deseo de querer ayudarlas. Desea en unión conmigo que las ánimas cuanto antes puedan contemplar mi rostro. Tanto el ayuno estricto como la oración durante una parte de la noche, ¡ofrécelos por ellas! El ayuno estricto que ahora te pido y la oración de vigilia no la pido tan solo a ti. Los harás públicos junto con los demás mensajes de mi Corazón: quien ayuna a pan y agua los lunes, liberará cada vez un alma sacerdotal del lugar del sufrimiento. Quien practica esto, recibirá la gracia de ser librado del lugar de las penas antes de que transcurran ocho días después de su muerte. Esto mismo lo pide nuestra Madre. Ella, apelando a su Llama de Amor, me obliga a esto" (p. 40).
Nos encontramos frente al misterio del purgatorio. La enseñanza de la Iglesia nos dice que nada manchado puede ver a Dios. El Catecismo de la Iglesia Católica, en los números 1030-1033 y 1472-1479, nos presenta la doctrina segura y clara que nos ayudará a comprender una verdad de fe católica que es muy combatida por el protestantismo y cuya negación ha hecho muchísimo daño a la Iglesia. Tener presente en nuestra vida cotidiana la realidad del purgatorio nos ayuda a evitar el pecado. Al pedir a Isabel que ore y se sacrifique por las almas del purgatorio, especialmente por las almas sacerdotales, Jesús nos recuerda la santidad de Dios. A quien más se le da, más se le exigirá, nos dice Jesús. Los sacerdotes están llamados a llevar una vida de gran santidad, para lo cual el Señor les concede gracias muy especiales. Es lógico que sus pecados sean considerados ante el juicio divino con mayor rigor. No podemos comprender con nuestras limitadas luces lo que sucede en el momento de la muerte y en el más allá.
“Pide por los sacerdotes que están agonizando, la gracia de la buena muerte, ofrece esta intención cada instante del día. ¿Sabes qué gran premio recibirás por eso? En el cielo las almas sacerdotales intercederán por ti y la Santísima Virgen también esperará tu alma en la hora de tu muerte. La vigilia nocturna ofrécela a este fin”
La realidad es que en el momento supremo, los ataques diabólicos contra las almas son mucho más fuertes, y los moribundos necesitan de mayor ayuda para poder vencerlos. Los sacerdotes no son ninguna excepción, y en el momento de la agonía necesitan gracias y auxilios espirituales muy importantes para vencer el ataque demoníaco. Isabel nos dice: "He pensado en las almas sacerdotales muy olvidadas en el purgatorio, y por ellas quería ofrecer el Vía Crucis también" (p. 80). Habla de "almas muy olvidadas" de sacerdotes. ¿A qué se deberá ese olvido? Podría ser porque, en general, se ha perdido la idea del purgatorio y se piensa que después de la muerte las almas van directamente al cielo, o que el purgatorio es algo muy rápido y ligero. Sobre todo, cuando es un sacerdote el que muere, pensamos que, por estar más cerca de los oficios divinos, no pasará por la purificación.
La devoción a la Llama de Amor renueva en nosotros el amor al sacerdote y nos lleva a orar, no solo por los ministros vivos, sino de manera más ardiente por los ya difuntos.
María Santísima intercede ante su Hijo por las almas sacerdotales que están en el purgatorio y obtiene que sean pronto liberadas cuando se ofrece ayuno estricto en reparación por sus pecados los días lunes. "A los ocho días de haber muerto, se librará del fuego del purgatorio" (p. 103-104). Esto es una invitación apremiante para que oremos y ayunemos por los difuntos, especialmente por los sacerdotes y obispos. Jesús "regala" sufrimientos a Isabel para que "tenga méritos que ofrecer por tus faltas y por las almas a Él consagradas" (p. 107). "Si en cualquier momento, haciendo referencia a la Llama de Amor, rezaran ustedes en mi honor tres Avemarías, cada vez un alma se librará del purgatorio. En el mes de los difuntos (noviembre), al rezo de cada Avemaría, diez almas se librarán del purgatorio. Las ánimas sufrientes deben sentir ellas también el efecto de gracias de la Llama de Amor de mi Corazón maternal" (p. 116).
Por su fidelidad en ayunar a pan y agua todos los lunes, Isabel obtiene del Señor la liberación de varias almas sacerdotales del purgatorio (p. 242-243; p. 296-297). La devoción a la Llama de Amor renueva la Iglesia haciéndonos vivir la Comunión de los Santos: estamos unidos en Cristo, y nuestras oraciones y sacrificios ayudan a vivos y difuntos. La obra de misericordia más urgente y de mayor beneficio espiritual es orar y sacrificarse por los difuntos.
123. LA IGLESIA Y SUS CONSAGRADOS LLEVARÁN LA LLAMA DE AMOR A TODA LA HUMANIDAD (VI)
El mensaje, la devoción y el instrumento de la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María es un urgente llamado al Papa, a los obispos, a los sacerdotes, a los padres de familia, a la Iglesia Católica y al mundo entero. El mensaje es muy sencillo y evidente: Satanás, con su fuerza rabiosa, quiere destrozar las familias, a la Iglesia y a toda la humanidad. Yo he obtenido del Padre Celestial una gracia especial para cegarlo: la Llama de Amor de mi Inmaculado Corazón como un nuevo instrumento para salvar al mundo. Este será el milagro que, convirtiéndose en un incendio con su fulgor, cegará a Satanás. Este es el fuego de Amor de unión que alcancé del Padre Celestial por los méritos de las llagas de mi Hijo Santísimo (p. 44). En el Diario Espiritual de la Llama de Amor, se va revelando a los ojos del lector el designio divino para estos últimos tiempos frente al ataque global y despiadado del infierno contra la humanidad. Dios quiere cegar a Satanás por la intervención especial de María Santísima con su Llama de Amor.
El Demonio quiere arrastrar a la condenación eterna al mayor número de almas. María Santísima nos llama a todos a unirnos a ella en esta lucha contra el poder de las tinieblas, ya que solo de nosotros "depende que esta Llama se encienda" (p. 85). Esta gracia especialísima, que la Santísima Virgen obtiene del Padre Eterno por medio de las llagas de su Hijo, debe ser dada a conocer a la Iglesia y al mundo. Es una gracia para toda la Iglesia y, al mismo tiempo, es una gracia evangelizadora destinada a iluminar a toda la humanidad. El camino que la Madre de Dios señala es que, en primer lugar, se comunique esta gracia al "primer obispo del país (Hungría) y luego al Romano Pontífice, Vicario de mi Santo Hijo en la tierra" (p. 99). Se trata de un acontecimiento que conmoverá al mundo, pues cegará a Satanás.
La propagación de la Llama de Amor se debe hacer desde las parroquias y templos dedicados al honor de María Santísima, para que llegue a todos los hogares y estos sean convertidos en verdaderos santuarios familiares en los que reine Jesucristo. Todos estamos llamados a involucrarnos en este combate contra el reino de las tinieblas, asumiendo la obra redentora de Jesucristo. Especialmente, las almas consagradas al Señor en el sacerdocio y en la vida religiosa están llamadas a renovarse espiritualmente con la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María para emprender una vida de santidad.
Esta participación en el combate contra el reino de las tinieblas exige de todos, una profunda conversión del corazón, abandonar el pecado y asumir Los sufrimientos de Jesucristo llevando Con sinceridad la cruz de cada día.
Una consecuencia de la gracia de la Llama de Amor es la transformación de las familias en verdaderos lugares de santidad. Las familias renovadas transforman las parroquias en comunidades llenas de vida espiritual. La Llama de Amor del Corazón Inmaculado de María tiene su origen en el Corazón del Padre Celestial, ya que esa Llama es el mismo Jesucristo. María, como Madre de Dios, puede decir: "La Llama de Amor de mi Inmaculado Corazón es mi Hijo Jesucristo", pero el origen de esta gracia es el Padre Eterno, quien desde toda la eternidad engendra a su Hijo y nos lo da a través de María Santísima. El Reino de Cristo en nuestros corazones exige el arrepentimiento sincero y profundo del pecado y su reparación, participando en su dolorosa pasión. El centro de esta devoción es la Eucaristía, el Santo Sacrificio del altar, de donde brotan todas las gracias. Del Corazón de Cristo brota la luz que ciega a Satanás y destruye su reino en los corazones de los seres humanos.
La maternidad espiritual de María Santísima, sin distinción de raza, cultura o religión, se ejerce sobre toda la humanidad. Como dice San Juan, el Verbo es la Luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo (Jn 1,9). La poderosa intercesión de María Santísima ante el Padre, por su Hijo, en el Espíritu Santo, nos obtiene todas las gracias que necesitamos para vencer en nuestra vida personal y familiar la acción diabólica que amenaza con arrastrarnos a todos a la condenación eterna. La Llama de Amor no es una simple devoción, sino que tiene un propósito: convertirse en el "nuevo instrumento que María Santísima pone en nuestras manos" para que todo hombre luche contra las tinieblas que intentan sumergirlo en la muerte. Es la Iglesia entera la que debe asumir la Llama de Amor y entregarla a toda la humanidad. Por eso, los primeros a quienes se debe dar a conocer esta gracia extraordinaria son el Papa y los obispos, para que ellos sean quienes la impulsen en sus propias diócesis, entregándola a los curas párrocos, y a través de ellos, a toda la feligresía. La Llama de Amor cegará a Satanás y lo derrotará en su insensato propósito de convertirse en el dios de este mundo. Las palabras de María son la esperanza de esta humanidad que yace bajo el poder del falso príncipe: "Yo, el Rayo Hermoso de la Aurora, cegaré a Satanás" (p. 178).
125. ¡Dios QUIERE FAMILIAS LIBRES Y CON ESPERANZA!
La gracia de la Llama de Amor es una respuesta de esperanza desde el Cielo ante las graves y peligrosas circunstancias que la Iglesia y el mundo de hoy están atravesando. Al leer el Diario Espiritual de la Llama de Amor, encontramos que Nuestro Señor y su Madre Santísima, en diversos pasajes, suplican insistentemente a Isabel Kindelmann y, a través de ella, a todos nosotros:
"Que nos movilicemos para la expansión de la gracia de la Llama de Amor sobre toda la Iglesia. Hoy pedimos al mundo entero, por intermedio de ti, una gran movilización. Comunica nuestra petición con tu director espiritual. De todas partes del mundo, multitudes de personas envíen su petición al Santo Padre, solicitándole la declaración oficial para todo el mundo de la efusión de la Llama de Amor de nuestros Corazones..."
"Nuestra petición es urgente, urgente, no hay tiempo para andar con dilaciones. Los fieles, junto con los sacerdotes, con gran recogimiento espiritual, satisfagan nuestra petición. La efusión de gracia alcanzará también a las almas de los no bautizados con su efecto de gracia" (p. 322).
"Mi Llama de Amor solo podrá ser descubierta ante los demás cuando se hable de ella. Yo asisto acongojada al lecho de muerte del mundo. No tienen derecho a callar, ni por cobardía, soberbia, negligencia o miedo al sacrificio. Pero las palabras que pronuncian acerca de mí deben ser vividas, para que el misterio del Cielo impacte las almas. Si eventualmente piden ustedes la palabra y se les otorga, ¡mi fuerza estará con ustedes! Que cada palabra sea como semilla sembrada, para que quienes la escuchen produzcan una cosecha abundante" (p. 312).
Si la Llama de Amor debe derramarse sobre el mundo, tiene que comenzar por las familias en primer lugar. Esa efusión que la Virgen María promete para la Iglesia y el mundo debe darse ya en el interior de cada hogar, y desde allí expandirse rápidamente a los demás. Normalmente, corresponde a los padres ser el instrumento por medio del cual la Llama llegue a los hijos, aunque a menudo son los hijos quienes llevan la Llama a los padres y a los demás miembros. Es importante que los padres de familia asuman su papel de "pastores", para que la gracia de la Llama de Amor se desarrolle en el interior de su familia e ilumine a otras.
No debemos olvidar que "Deben luchar... Satanás, con sus maquinaciones solapadas y mentirosas, trata de producir fango moral para arruinar el bien" (p. 312). Ese combate contra Satanás y los suyos debe darse en el interior de la casa. Cuando somos esclavizados y aceptamos la esclavitud, no hay combate; estamos tranquilos en medio de nuestra desgracia. Nos acostumbramos a esa condición de esclavos que nos parece natural. Pero cuando tomamos conciencia de que hemos sido esclavizados y reaccionamos para conquistar nuestra libertad, entonces el esclavista reacciona y busca cómo impedir que nos liberemos. Ahí comienza el combate.
Muchas familias están esclavizadas y viven felices en su esclavitud espiritual. Ya se acostumbraron. Ven como algo normal vivir permanentemente en un clima de violencia, pleitos, insultos y resentimientos. El adulterio les parece inevitable y hasta apetecible; la perspectiva de un divorcio y una nueva relación no les causa inquietud, ya lo han aceptado como algo culturalmente aceptable. El recurso a la brujería, hechicería, adivinación, juegos mágicos, horóscopos, espiritismo (ouija), etc., lo consideran beneficioso. La impiedad familiar: ateísmo, indiferencia religiosa, blasfemia, ausencia de sacramentos, de oración en familia y de fidelidad a la doctrina católica, no les parece importante.
En muchas familias hay una gran ruina moral, económica, tristeza y desesperación, porque se sienten incapaces e impotentes para cambiar la situación. Desean ser felices, pero no pueden. Estas familias están esclavizadas por los espíritus malignos y no se dan cuenta. No tienen la esperanza de ser libres. Para estos casos, la Virgen dice: "Mi hijita y todos ustedes, hijos míos queridos. ¡Estén alerta! Satanás quiere arrancar de debajo de sus pies el suelo de la esperanza. Él sabe muy bien que si consigue hacer esto, les habrá quitado todo a sus almas: si han perdido la esperanza, ya no necesita ni siquiera tentarlas en pecado. El hombre que perdió la esperanza está en terrible oscuridad..." (p. 322).
La esperanza se recupera cuando comprendemos que es posible romper esas cadenas espirituales. Ese es el mensaje de la Llama de Amor: ¡Dios nos quiere libres! Esa libertad nos viene de Jesucristo. El Señor quiere que su instrumento privilegiado de liberación sea su Madre, para que Ella ejerza su vocación divina de Madre espiritual y sea rodeada de gloria. Para que María pueda hacerlo con su Llama de Amor, hay que colaborar con Ella. Entre los primeros pasos de este proceso de liberación y sanación está tomar conciencia de nuestras heridas y cadenas espirituales. Para eso, es necesario comenzar con un examen de conciencia profundo que nos permita ver el estado de nuestra alma.
126. DEMOSTREMOS A NUESTRA FAMILIA LA EFICACIA DE LA LA LLAMA DE AMOR ORANDO CON Y POR ELLOS
Es indispensable que las familias oren cada día si quieren verse protegidas de los ataques de los espíritus malignos. Es absolutamente necesario que oren intensamente para ser liberadas y sanadas de las heridas que éstos infligen a sus miembros. El Diario Espiritual de la Llama de Amor nos insta a que oremos en familia, pero no explica en detalle un esquema para orar utilizando este nuevo instrumento.
Cada familia es un mundo, todas son diferentes. Cada una tiene su historia, sus pecados, sus dolores, tragedias y alegrías. No hay familias perfectas, pero hay familias que luchan por ser cada día mejores. En cada familia, los miembros deben examinar sus condiciones de vida, discerniendo lo mejor y lo más práctico para crear un "programa" original de oración. Es importante recurrir al Diario con frecuencia para ir comprendiendo su contenido y "desarrollar" lo que en muchos de sus párrafos está apenas esbozado. Aquí desempeña un papel importantísimo el "sentido de adaptación" a la realidad y a las posibilidades que las circunstancias permitan a cada familia.
El principal problema que encuentran las personas que han descubierto la Llama de Amor y quieren transmitirla en su propia casa es la oposición o resistencia de sus seres queridos. El cónyuge o los hijos no quieren orar, les aburre o les molesta la oración. Como dice el Evangelio: "Nadie es profeta en su tierra". Hay que aceptar que la "oración en familia" siempre encuentra resistencia.
Casi siempre es la esposa y madre la que sufre este drama. Ella ve con mucha claridad el mal espiritual que anida en su hogar y está afectando al esposo y a los hijos, pero ellos se sienten bien y no quieren cambiar. Es una situación muy dolorosa. Se necesita mucha paciencia y ofrecer al Señor esta contrariedad. Debemos ir conquistando uno a uno los corazones hasta formar un pequeño núcleo que acepte reunirse para orar juntos.
Tengamos en cuenta que lo que no produce frutos, lo que es estéril, tiene poca atracción y no interesa. Si la gente no ve los frutos de la oración, la desprecia. Cuando descubrimos la Llama de Amor como un eficaz instrumento de liberación, inmediatamente la apreciamos. No hay ser humano que no sea afectado por la acción del mundo oculto. Todos en la familia somos, de una u otra manera, víctimas de este mundo de seres espirituales que no vemos. Hay que demostrar a los familiares la eficacia de la Llama de Amor orando presencialmente con ellos y por ellos. El asunto es aprender a orar no solo en silencio, sino también en voz alta de manera espontánea.
Las fórmulas son buenas y nos ayudan, pero no son suficientes. Hay que compaginar fórmulas u oraciones escritas con la oración espontánea. Los católicos estamos acostumbrados a repetir fórmulas: el rosario, el ángelus, novenas, devociones, etc. Eso está muy bien, pero existe el peligro de quedarse allí. Nos cuesta romper el miedo a orar de manera espontánea. Hay que vencer ese pudor, ese miedo, para que nuestra oración se vuelva más eficaz.
El movimiento carismático ha promovido mucho la alabanza espontánea y las oraciones de sanación física, sanación interior y liberación. Es un gran aporte a la Iglesia. En realidad, todos deberíamos hablar con Dios con nuestras propias palabras y ejercer los diversos carismas que concurren en las oraciones de sanación y liberación. Deberíamos llevar al seno del hogar esta oración "carismática". Aprendamos a orar juntos en familia de manera libre.
Comencemos por reunirnos al menos una vez a la semana, rezar el "cenáculo" utilizando la fórmula: "derrama el Efecto de Gracia de Tu Llama de Amor sobre toda la Humanidad", y al final, orar improvisando por la sanación y liberación espiritual de los miembros de la familia. Poco a poco iremos adquiriendo soltura, hasta que la oración se convierta en algo normal e indispensable.
Lo que pretende la Virgen María es que la familia entera comience a crecer espiritualmente. Orar juntos en familia es el medio más efectivo para esto. También hay que utilizar los recursos básicos de liberación, sanación y crecimiento que la Iglesia nos da. En primer lugar, el sacramento de la confesión de los pecados. No se puede crecer si no se está en gracia de Dios. El deber primario de los padres de familia, como "pastores", es vivir ellos mismos en gracia de Dios y ayudar a sus hijos a conseguirlo. En segundo lugar, la comunión al Cuerpo de Cristo, al menos cada domingo y, si es posible, diariamente. Estos son los primeros pasos.
127. ESPOSOS: LA ORACIÓN DIARIA, PASO PARA EL ÉXITO DEL MATRIMONIO
La oración individual y en familia es indispensable para todos sus miembros. No podemos decir: “yo oro por mi cuenta, en mi casa cada uno ora por su cuenta, no tenemos necesidad de orar en familia”, como tampoco: “¡oramos en familia! no tenemos necesidad de orar de manera individual.” De igual manera, no sería coherente decir: “ya oramos individualmente y en familia, no tenemos necesidad de una vida parroquial”; o, “ya vamos a la parroquia, no tenemos necesidad de orar ni individualmente ni en familia.”
El católico debe vivir en un clima de oración permanente, tanto en su interior como en familia y en comunidad parroquial. Jesús nos dice que debemos orar sin interrupción para no caer en la tentación. No estamos luchando contra la carne y la sangre, sino contra los espíritus malignos que vagan por los aires para la perdición de las almas. Mientras no comprendamos esto, la oración será para nosotros algo inútil o secundario, sin importancia. Si la familia está bajo el constante y terrible asedio de Satanás, que busca por todos los medios arrancar las ovejas al pastor, este no puede estar sumido en la indolencia espiritual. La oración es el primer baluarte de la familia en esta terrible lucha. Los demonios atacan en primer lugar a los esposos; buscan destruir a las cabezas. Especialmente los varones son atacados, porque son imagen de Cristo.
En el Diario, vemos el tremendo combate que Isabel Kindelmann, viuda y madre de seis hijos, tiene que soportar tanto para ser fiel a Dios como a los suyos. Tenemos sus testimonios, que deben ser tomados muy en cuenta para aplicárnoslos:
“Me atacó con tanta fuerza que perdí inmediatamente la seguridad de mi alma. Esta lucha duró varios días. En esta incertidumbre, mi única oración era la oración dominical” (p. 281).
“Nunca he usado hasta ahora esta palabra, pero ahora se me impone escribir que el suplicio de los sufrimientos desgarraba mi alma” (p. 280).
“Se adueñó nuevamente de mi alma una gran inquietud. Una lucha desesperante se suscitó en mí” (p. 283).
“... el maligno irrumpió sobre mí de nuevo con su angustia. Con cruel tormento hostigó mi mente, con gran fuerza, provocando en ella el caos” (p. 283).
“Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas”. El primer ataque es contra el hombre, jefe de la casa, cabeza del “cuerpo de Cristo familiar”, porque si falla el hombre, se desquicia la familia. Una casa sin cabeza va al garete, a merced de las olas. La mujer tiene que asumir un doble papel, y con qué dificultad. Los psicólogos dicen que cuando falta o falla la imagen paterna, los hijos quedan profundamente afectados, tanto los varones como las mujeres. Una de las razones que explican las tendencias homosexuales radica en la falta o en la falla de la imagen paterna.
El divorcio de los cónyuges es devastador para los hijos. Los quebranta, los destruye, los hace sufrir y les propina heridas que sangrarán durante toda la vida. Una joya valiosísima se cuida. Nadie juega a las canicas con un diamante que cuesta miles de dólares. El matrimonio vale más que cualquier diamante. Por eso, antes de casarse, hay que prepararse. La vida de piedad en los novios es indispensable para que puedan recibir las gracias de Dios. Quien no se ha preparado espiritualmente y convincentemente para asumir el matrimonio con todas sus responsabilidades NO DEBE CASARSE. Peca gravemente quien va al matrimonio sacramental con la intención de divorciarse si no está a gusto. El divorcio en sí mismo es un gran pecado. Rompe el designio divino sobre la familia y tiene consecuencias de grandísima injusticia sobre los cónyuges y los hijos. El matrimonio entre no cristianos, por ser una institución de origen divino, es en sí mismo indisoluble. Los esposos deben desterrar de su corazón la mentalidad divorcista que fue impuesta en la sociedad por los intereses ideológicos y políticos de los siglos pasados.
El primer gran ataque contra el varón se dirige a fomentar el orgullo, la soberbia, la vanidad, el respeto humano. El orgulloso se cierra al Señorío de Jesucristo. Para ponerse de rodillas ante el Señor, para orar, para pedir perdón por sus pecados, para suplicar las gracias que necesitamos, es necesario un corazón “contrito y humillado.” La falsa ciencia ha cegado los ojos de numerosos hombres que se creen muy machos y no necesitan de Dios. Por eso les va como les va. El ateísmo, el indiferentismo, la frialdad hacia los misterios de la fe traen gran dureza y vacío de corazón.
Muchos problemas de pareja que terminan en separación provienen de la acción de los espíritus malignos, que fomentan la discordia y la división. Cuando el hombre y la mujer se ponen diariamente de rodillas ante Dios, viene la gracia y con ella la fuerza para enfrentarse a Satanás. El marido que no ora con humildad, diariamente y con perseverancia, termina por ser vencido. Los espíritus malignos que atacan la inteligencia y la voluntad, el pensamiento y el sentimiento de los cónyuges son cegados por la oración de las parejas y de la familia entera. El primer paso para tener éxito en el matrimonio es la oración diaria de los cónyuges. Jesús dice: “pidan y recibirán”. El que no pide, no recibe.
HOMBRES: LA CONVERSIÓN DE SUS FAMILIAS COMIENZA POR LA CONVERSIÓN DEL "JEFE DE FE DEL HOGAR"
Si los padres de familia son los "primeros y más importantes pastores" de su hogar, deben, antes que nada, ser los maestros de vida espiritual de sus hijos. Ellos mismos deben enseñar sobre todo por el ejemplo. El mejor libro somos nosotros mismos. Nuestros hijos "nos leen", nos observan y aprenden de todo lo que hacemos, tanto el bien como el mal. Aunque tal vez no comprendan hoy lo que hacemos, mañana lo entenderán y aplicarán a su vida.
Hablábamos de la importancia de la oración en familia para que la gracia de la Llama de Amor se desarrolle en el "santuario familiar". Oración individual y oración en familia son totalmente correlativas. La una depende de la otra. Para que los padres de familia puedan ser maestros de la "oración en familia", deben haber aprendido antes a orar de manera individual. Cuando la oración se ha convertido en una necesidad personal y se ha vivido largos años orando, es fácil enseñar a los hijos cómo hacerlo.
El jefe de la familia, la cabeza, no es la mujer. Es el hombre, porque representa a Jesucristo, quien es la Cabeza de la Iglesia. En nuestra cultura machista se da el fenómeno de que en todo lo que se refiere a la fe, a la religión, el hombre "abdica" en favor de la mujer y le dice: "te toca enseñar a los niños a orar; llévalos a misa, llévalos a la iglesia". La "religión es cosa de mujeres". Este es el error más grave que puede cometer el hombre en el hogar: no asumir de manera integral su gran responsabilidad de jefe y pastor. También es una enorme equivocación de muchas mujeres que, en su "feminismo", quieren anular al hombre y asumen equivocadamente el papel de jefe de la familia, aún en el campo religioso. En la concepción bíblica y cristiana de la familia es el varón quien hace presente a Jesucristo como cabeza del hogar.
La conversión de la familia debe comenzar por la conversión de los varones: asumir con fe ese encargo, esa responsabilidad, esa vocación y ministerio de hacer presente a Cristo en su casa. Muchos hombres encuentran difícil ponerse al frente de la vida religiosa de sus hijos. Les da vergüenza. Cuando niños, no vieron a sus papás orar, ponerse de rodillas ante Dios, ir a misa, confesarse, comulgar, rezar el rosario, meditar la palabra de Dios, solicitar ayuda espiritual al sacerdote. Se les ha quedado en el subconsciente la idea del padre de familia trabajador pero frío para con Dios, ausente de la oración familiar, alejado de la confesión, de la misa, de la comunión; tal vez han visto a un padre ateo, blasfemo, anticlerical, opuesto a lo religioso; o han convivido con un padre vicioso: alcohólico, adicto a las drogas, opresor, abusador; o no han tenido papá, y lo que llevan es la imagen de la madre sola que asume todos los papeles del hogar. Lógicamente, de adultos se sienten incómodos e incompetentes para enseñar a sus hijos el camino de la oración.
Si queremos que la familia se transforme hay que ayudar en primer lugar a los varones a aceptar su vocación de jefe del hogar. Aceptar integralmente, no solo de proveedor y de esposo fiel, sino ante todo de imagen viva de Cristo.
Gracias a Dios, aprender a orar no es tan difícil. El Espíritu Santo es el gran maestro de la oración individual y familiar. En el Diario encontramos todo un programa que, si lo aceptamos con fe y humildad, nos llevará a la transformación de la vida personal y familiar. En primer lugar, se nos presenta el ejemplo de una mujer común y corriente, con sus debilidades, sus defectos y carencias. Ejemplo para todos: pobres y ricos. Sometida a las condiciones históricas y sociales comunes. Es una mujer de vida parroquial. Esto es importantísimo: la familia debe saber que la fe se vive de manera comunitaria. El centro de los cristianos es Jesucristo, que se encuentra sacramentalmente en la Parroquia.
Muchas familias son como hojas que se lleva el viento. No se sienten ligadas a su parroquia, ni siquiera la conocen y mucho menos se integran a ella. Esto es una falla de graves consecuencias, porque la pertenencia activa y consciente a su propia parroquia es lo que nos enseña desde niños a ser Iglesia, a vivir en Iglesia y como Iglesia. En muchísimos lugares, la parroquia ha perdido sentido por las condiciones de la vida moderna. No deja de ser una gran pérdida, y deberíamos, en la medida de lo posible, recuperar el sentido de vida parroquial.
Una parroquia fuerte, viva, es una valiosa garantía para nuestra fe. De la vida parroquial nace lo más importante del Santuario Familiar: la vida sacramental. Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Matrimonio, misa, confesión, comunión, adoración, vigilias, relación con el pastor: el párroco, obispo, el Papa; la atención a los enfermos, los diversos ministerios, los grupos de oración, la catequesis para los niños y adultos, las incontables y variadas actividades que alimentarán constantemente nuestra fe católica. En la medida en que haya vida parroquial, el Santuario Familiar irá creciendo hasta convertirse en una verdadera escuela de vida cristiana. Los primeros en integrarse deben ser los padres de familia, y principalmente el varón. Edificar la familia en Cristo es cuestión de todos.
129. LA FAMILIA ES EL INSTRUMENTO MÁS IMPORTANTE DE DIOS EN EL DESTINO DE LA HUMANIDAD
Para ser una familia según el corazón de Dios, debe ser un santuario. Las Sagradas Escrituras nos enseñan eso: "todo cuanto respira alabe al Señor" (Sal 150). Con mayor razón, la familia. Ella es el lugar de la alabanza a Dios. Allí habita Él. Allí habita la "vida", "nace la vida", "se da la vida", se conserva y cuida la vida terrenal y se nace a la "Vida Eterna". Dios diseñó la familia para vivir en ella con nosotros, como un padre vive en medio de sus hijos. Tal vez no seamos conscientes de esto, pero es la realidad.
Cuando en el Diario Espiritual de la Llama de Amor, la Virgen María pide que cada familia sea un santuario, simplemente está reclamando los "derechos de Dios". Ese es el orden divino. Cuando el Señor es el Rey del hogar, cuando lo reconocemos como el Dueño y Señor de todas las cosas, cuando nos sometemos amorosamente a Él para hacer su voluntad, entonces viene la paz. Por este motivo, el tema de la familia como Santuario de Dios es tan central e importante en el mensaje dado a Isabel Kindelmann.
El Señorío de Dios sobre la familia “no es negociable”. Es una exigencia de nuestra naturaleza, de nuestra condición de criaturas de Dios.
Es, en verdad, el primer mandamiento: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón...". El instrumento más importante del plan de Dios en el destino de los seres humanos es la familia. Por ese motivo, es tan "atacada" por el mundo de las tinieblas que busca lesionarla, corromperla y destruirla por todos los medios.
Los gobiernos de los pueblos, que yacen bajo el poder del maligno, se han constituido en "pequeños dioses" y, en vez de ponerse al servicio de las familias, ponen a la familia a su servicio. La autoidolatría del Estado facilita la desintegración familiar para tener frente a sí "individuos" y no "familias". El "individuo" es débil, la familia bien constituida es fuerte. Mientras más débil sea la familia, más poder tendrá el Estado sobre los individuos. Innumerables matrimonios y familias viven ahogadas, aplastadas por las condiciones económicas y sociales, porque el Estado no emplea los recursos para fortalecerlas, sino en proyectos banales de todo tipo, entre ellos los militares. Las "personas" no cuentan. Lo que cuenta son los diversos "ídolos" que pueblan la ambición y la imaginación de los que detentan y anhelan el "poder".
La promoción intencional del aborto, de la mentalidad antinatalista, de la explotación económica, del consumismo, de las formas alternativas de "matrimonio", etc., no son simples políticas gubernamentales, sino que, en último término, son la estrategia que implementa Satanás para reinar en los hogares. "Para Satanás no hay lugar inaccesible" (p. 79). Trata de penetrar en las "mentes", en el "pensamiento", en los "sentimientos", en la "imaginación", y en la "voluntad" de las personas para servirse de ellas y lograr sus objetivos.
"Dense cuenta de que todas esas cosas desordenadas tienen su origen en Satanás, es su obra y dura mientras yo se lo permita. Satanás levanta barricadas en sus almas para no dejar pasar la luz divina. Sin la claridad vivificante de esta Luz, están ustedes sufriendo y torturándose bajo el oscuro peso de la indolencia" JC (p. 83). "Satanás emprende una lucha contra los hombres como no la hubo nunca antes" (p. 88). La Virgen María confía a Isabel: "A través de ti quiero hacer pública, mi hijita carmelita, la angustia que brota del amor sin límites de mi Corazón maternal por el peligro que amenaza al mundo entero por la desintegración de los santuarios familiares. Mi grito de socorro maternal lo dirijo ante todo a ustedes y en unión con ustedes quiero salvar al mundo" (p. 213).
Uno de los frutos de la lectura del Diario Espiritual debe ser la capacidad de discernir en nuestra propia persona y en los miembros de nuestra familia la "acción diabólica". Los cristianos sabemos que Jesús nos ha constituido "sal de la tierra", "luz del mundo"; nos envía como ovejas en medio de lobos. Nuestra misión es hacer presente a Jesucristo en este mundo que yace bajo el poder del príncipe de las tinieblas. No debemos extrañarnos del rudo y doloroso combate que deben sobrellevar las familias católicas para ser auténticos testigos de Cristo. No estamos luchando simplemente contra la carne y la sangre, sino contra "Principados, contra Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas. Por eso, tomad las armas de Dios para que podáis resistir en el día malo y, después de haber vencido todo, manteneros firmes" (Ef 6,12-13).
El arma que María nos da de parte de Dios es el "efecto de gracia de la Llama de Amor". Hay que utilizarla dentro del hogar para sanar y liberar a los propios miembros, de tal manera que se convierta en un "instrumento" de permanente sanidad. "Mientras estaba sumergida en la Llama de Amor de la Virgen Santísima, me di cuenta, sorprendida, de que la angustia que sentía por la presencia del maligno había desaparecido. Este, casi imperceptiblemente, se alejó. Sentía como si a tientas un ciego se hubiera ido de mi lado" (p. 77).
130. LA ORACIÓN EN FAMILIA ES LA PIEZA CLAVE DEL PODER DE LA LLAMA DE AMOR
La oración en familia, y no solamente individual, es un paso importante para vivir la Llama de Amor. El deber de la oración es, en primer lugar, un deber personal e individual. Es el momento en que reconocemos a Dios como nuestro Dueño, Creador y Señor de nuestras vidas. Es un verdadero deber de amor y gratitud. Por medio de la oración individual y personal, cumplimos uno de los preceptos de la ley natural: reconocer a Dios como nuestro Señor. Somos criaturas de Dios, le pertenecemos totalmente. No somos autónomos o independientes porque no nos hicimos a nosotros mismos, sino que hemos sido creados por Dios. No somos dioses.
Además de cumplir un deber propio de nuestra naturaleza de criaturas, el orar nos da una "gran ventaja": nos hace agradables a los ojos de Dios y nos conduce a experimentar su amistad. Más aún, nos lleva a comprender que no solo somos criaturas de Dios, sino que hemos sido llamados a ser hijos de Dios.
Es diferente sentirse criatura a sentirse "hijo". La criatura no goza de los privilegios del hijo. El hijo es parte importante de la familia, tiene derechos que la criatura no tiene. Quien es hijo y se siente hijo goza de las ternuras de la paternidad, de la total confianza que le da la filiación, y de la herencia del padre. Hay personas que se consideran solo como criaturas de Dios; no han realizado que, en verdad, son hijos. San Juan nos dice que somos hijos de Dios: "¡pues lo somos!" (1 Juan 3,1). Por eso, para ellos, Dios les es lejano y extraño.
De igual forma, el "criado" no tiene la condición de "hijo". Ellos también se comportan como malos criados ante Dios. Son fríos, le tienen miedo, no le tienen confianza, viven alejados de Él, no les importa ofenderlo, no tienen intimidad con Él, no se acercan a Él con la seguridad de que serán escuchados, no aman su Palabra, etc.
La oración personal e individual es indispensable para que podamos llegar a asimilar y aprovechar nuestra condición de hijos de Dios. Como somos miembros de una familia, ¡querámoslo o no!, estamos indisolublemente ligados espiritual, biológica y socialmente a una multitud de personas con las que compartimos nuestra condición de criaturas e hijos de Dios: los que han vivido antes que nosotros, los que actualmente viven, y, virtualmente, con los que en el futuro vendrán a formar parte de este grandioso designio de Dios llamado "Creación".
La familia ocupa en ese plan del Señor un lugar privilegiadísimo e importantísimo. Es el medio concebido por el Padre y Creador para poblar su Reino. La familia, tal como la revela la Palabra de Dios, no es una creación humana. Es de origen divino. "Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y ambos serán una sola carne" (Gn 2,24).
La oración en familia no es facultativa, es una verdadera obligación que nos viene por nuestra condición de criaturas, y porque la Palabra de Dios, en numerosos textos, nos lo prescribe. Jesús nos dice que "cuando dos (o más, es decir, la familia) se ponen de acuerdo para orar, Él está en medio de ellos; y si piden al Padre algo en su Nombre, el Padre se lo concederá" (Mt 18,19-20; Jn 14,13; 15,7; 16,23-26, etc.).
El poder de la oración en familia es algo grandioso. Una familia que ora como se debe, con verdadera fe y piedad, con perseverancia, en unidad, y con un amor profundo al Señor, obtiene todo lo que pide. La oración en familia es la pieza clave del poder de la Llama de Amor.
En el plan de Dios, la familia debe desempeñar el papel fundamental de la santificación de sus miembros. Esto implica, en primer lugar, que la unión esponsal sea santificada por el sacramento del matrimonio y por el cumplimiento de la moral cristiana. También, la evangelización permanente en el seno del hogar; la catequesis constante de sus miembros por los "pastores" que son los padres; la iniciación al misterio de Cristo por la vivencia de los sacramentos (Bautismo, Confirmación, Eucaristía) y la celebración de las fiestas litúrgicas; el recurso a los medios permanentes de sanación contra las heridas infligidas por nuestra condición de criaturas pecadoras: sacramento de la Reconciliación y las oraciones de sanidad interior y liberación presididas por los padres en el seno familiar; la vivencia de los diversos actos de piedad y devoción que nos ofrece la Iglesia (piedad eucarística, adoración reparadora en familia, rezo del Rosario, ayunos y penitencia, etc.); y la vivencia de la comunión eclesial que se expresa a través de la vida parroquial, etc.
Como se dice muy acertadamente: "familia que reza unida, permanece unida".
En el Diario Espiritual, Jesús y María nos hablan de que la familia debe ser un Santuario. Es muy difícil, por no decir "imposible", llevar adelante una familia tal como Dios la pide sin un auxilio divino extraordinario. Satanás odia a las familias felices y busca destruirlas por todos los medios. Hoy más que nunca se necesita ese auxilio. Esa intervención extraordinaria y milagrosa que viene en ayuda de los padres de familia es la gracia de la Llama de Amor. Para obtener ese don, hay que comenzar por pedirlo. La oración en familia no puede ser ocasional, debe ser una regla que se cumpla diariamente.
Cada día dormimos, nos aseamos, cocinamos, limpiamos la casa, nos alimentamos, trabajamos, estudiamos, porque son cosas muy importantes. Nadie reniega, nadie protesta, nadie huye cuando se trata de cumplir esas obligaciones. Pues bien, mucho más importante es la salud espiritual de la familia. Si no oramos en familia diariamente, no recibimos la fuerza que necesitamos para vencer al enemigo que infaliblemente nos atacará.
131. LAS FAMILIAS NECESITAN UN NUEVO PENTECOSTÉS
Al leer el Diario Espiritual nos percatamos de que la Madre de Dios insiste en que aprendamos a orar de manera individual, pero sobre todo "en familia". Allí está el secreto de la fuerza espiritual de la "familia cristiana" contra el poder de las tinieblas que intenta invadir todos los ámbitos de la creación, y en especial el corazón del hombre. La familia que ora es como una fortaleza de Dios, inexpugnable. La mayoría de los cristianos de hoy están afectados por cierto "daltonismo espiritual" respecto a la existencia del Demonio y de los espíritus malignos. No creen que existan, y por lo tanto conviven con ellos sin darse cuenta de que están siendo sus víctimas.
Uno de los grandes méritos del Diario Espiritual de la Llama de Amor es llevarnos a la conciencia de que este mundo, y sobre todo el mundo de hoy, "yace bajo el poder del príncipe de las tinieblas" en la medida en que no está sometido a Jesucristo. La Virgen María, en su mensaje dado a la Iglesia por medio de la humilde madre de familia Isabel Kindelmann, viene a abrirnos los ojos para que veamos bien y podamos discernir la enfermedad que nos aqueja. Ella nos da un instrumento para que podamos enfrentar las tinieblas que nos invaden cada vez con mayor violencia.
La Virgen no nos engaña al presentarnos el panorama de la devastación espiritual de la Iglesia de hoy. Ella es profundamente sincera al decirnos que "las familias... están desgarradas y viven como si su alma no fuera inmortal" (Aumenta en ti el deseo por mi Llama de Amor, p. 85). "Satanás emprende una lucha tal contra los hombres como no la hubo nunca antes" (p. 88).
Hoy celebramos el grandioso día de Pentecostés: cincuenta días después de la RESURRECCIÓN DEL SEÑOR. En lontananza nos alcanza el eco de la llegada de los israelitas al Monte Sinaí, encabezados por Moisés, cincuenta días después del paso del mar Rojo. Esos dos acontecimientos, que están profundamente entrelazados, nos hablan del encuentro vivo con Dios. Moisés contempla el rostro de Yahveh en medio del fuego que abrasa la montaña, de los truenos que rugen, de los relámpagos y del terremoto que estremece al pueblo de Israel. Los ciento veinte discípulos de Cristo, acompañados por María, la Madre del Señor, en la montaña del Cenáculo, experimentan esa misma emoción ante las llamas de fuego que los abrasan, del viento fuerte como un huracán que llena la casa, y del temblor de tierra que los estremece. El Espíritu del Señor llena la tierra y transforma a esos hombres débiles en testigos con poder de Cristo Resucitado.
Hoy las familias necesitan ese Nuevo Pentecostés, ese encuentro vivo con el Espíritu Santo.
El día de su Ascensión, el Señor Jesús mandó a sus discípulos que "aguardasen la Promesa del Padre". Ellos regresaron a Jerusalén y perseveraron en la oración con un mismo espíritu "en el aposento alto". Allí estaba María, la Madre de Jesús. El cambio fue dramático, un verdadero milagro. De pusilánimes que se escondían por temor a los judíos, los Apóstoles abren decididamente las puertas y ventanas y comienzan a proclamar a Jesús como el verdadero Mesías. Hablan, y todos los que los oyen comprenden su mensaje a pesar de pertenecer a diversos pueblos y lenguas. Sus palabras son como espadas de fuego que abren los corazones empedernidos y los convierten en discípulos del Cristo que acaban de crucificar.
La venida del Espíritu Santo cambió todo lo viejo. Ese Israel exhausto, envejecido en su fe y fracasado en su destino, se transforma en el Nuevo Israel, lleno de vigor, la Iglesia de Jesús. Así nace la primitiva comunidad cristiana de Jerusalén.
Cuando tomamos el Diario Espiritual, nos encontramos con que la "efusión de la Llama de Amor" que la Virgen María está profetizando, a través de Isabel Kindelmann, tiene muchas similitudes con un "Nuevo Pentecostés". Cada familia es "una pequeña Iglesia"; muchas están enfermas, afligidas, atormentadas, fracasadas, desorientadas en su fe, amilanadas por los ataques del maligno. La Iglesia Universal, que es comunión de esos millones de pequeñas iglesias domésticas, resulta profundamente afectada por la crisis de las familias. A esta alarmante situación responden las palabras de Jesús:
"Mi Madre Inmaculada quiere que cada familia sea un santuario, un lugar maravilloso donde, en unión con ustedes, obre sus milagros en el fondo de los corazones. Pasando de corazón en corazón, pone en sus manos la Llama de Amor de su Corazón, que por medio de sus oraciones acompañadas de sacrificios cegará a Satanás, que quiere reinar en las familias. Es su poderosa intercesión la que alcanzó de Mí, para las familias, esta gran efusión de gracias".
La Llama de Amor es el verdadero Nuevo Pentecostés que renovará las familias y la Iglesia entera.
132. LOS DIFUNTOS ACTÚAN Y TIENEN GRAN INFLUENCIA EN LA VIDA FAMILIAR
Los padres y todos los miembros de la familia deben persuadirse de que el combate espiritual contra el mundo de las tinieblas es permanente y dura más allá de la muerte, junto con nuestros difuntos, hasta que cada miembro haya llegado a su destino final: la contemplación del rostro de Dios, la Patria celestial.
El éxito de cada familia se mide por la santidad de vida de sus miembros. El ideal de cada hogar católico y de toda familia debe ser que ninguno de sus miembros se condene y que su purgatorio dure el menor tiempo posible. Aún la muerte no termina con el combate espiritual. Después de ésta, el tiempo de la purificación o purgatorio debe unirnos íntimamente con los difuntos de nuestra familia y con todos los demás. La Iglesia es una gran familia, y todos los que están aún vivos deben tener presentes y ayudar con sus oraciones y sacrificios a aquellos que se están purificando. Los difuntos son miembros vivos y activos de su familia entera. Ellos actúan y tienen gran influencia en la vida familiar. Es preciso descubrir esta realidad para aprovechar su presencia invisible, responder a sus necesidades espirituales y aprovechar su poderosa intercesión en nuestro favor: los difuntos oran y obtienen gracias para los demás. Es lícito pedir a las almas del purgatorio que oren por nosotros. Lo que es ilícito y gravemente pecaminoso es el llamado "espiritismo", que además de ser una especie de "religión" es una puerta abierta para la posesión diabólica. Consiste en invocar a las almas de los muertos para obtener conocimientos o utilizarlas como instrumentos de lucro o de curiosidad. Los difuntos son nuestros hermanos y merecen un gran respeto. Ellos deben ser integrados en la vida familiar y tenidos en cuenta, porque como dice Jesús: "Dios no es Dios de muertos, sino de vivos".
Muchas personas han muerto después de haber llevado una vida desastrosa, llena de grandes pecados, sin el auxilio de los sacramentos, pero abiertas a la misericordia divina. Se han arrepentido y Dios les ha concedido el perdón de sus pecados; no se han condenado, pero deben purificarse de todas las manchas de su alma. Es una enseñanza permanente, constante de la Iglesia, acerca de la existencia del purgatorio. Hay personas que no creen en el tiempo de purificación después de la muerte. Creen que cuando alguien "acepta a Cristo en su corazón", es liberado del pecado y de todas sus consecuencias. Dicen que la pasión de Cristo, la Sangre de Cristo, es suficiente para perdonar los pecados y que, por lo tanto, NO EXISTE EL PURGATORIO. Esta postura es errónea, falsa, herética. Contradice a las Sagradas Escrituras y al Magisterio de la Iglesia.
Además, es tremendamente perjudicial e injusta para con los difuntos, porque los priva de las oraciones, sacrificios, penitencias y demás sufragios a los que tienen derecho, dejándolos sin auxilio espiritual en su tiempo de purificación. La pasión de Cristo, es verdad, es la causa eficaz de nuestra salvación. Por la muerte de Cristo, nuestros pecados son perdonados; pero hay que tener en cuenta que esa pasión de Cristo y su Sangre preciosa deben ser plenamente aceptadas en nuestra vida por una respuesta total de la voluntad. Aceptar a Cristo significa rechazar el pecado en toda su extensión. Cuando quedamos afectivamente unidos al pecado, esa pasión de Cristo no ejerce en nosotros "todas sus consecuencias": es decir, nuestro amor a Dios es muy pobre y no le permite a Cristo actuar con absoluta libertad en nuestras vidas. Las almas no son totalmente purificadas de las consecuencias del pecado, porque el amor a Dios es muy pobre en esos corazones. Dios perdona la culpa del pecado cuando uno se arrepiente (es decir, perdona la condenación eterna), pero exige la reparación del pecado cometido, lo que se llama la pena temporal.
Muchos exorcistas relatan su experiencia con almas del purgatorio que hablan durante las oraciones de liberación; no pocos fieles también dan testimonio de haber visto difuntos y recibido de ellos súplicas de misas y oraciones. Es un dato muy frecuente en la literatura religiosa acerca del purgatorio. Hay almas que llevan muchos años, incluso siglos, como entrampadas y necesitadas de oraciones, y los vivos no oran por ellas. Un fenómeno muy impactante es darse cuenta de que nuestros ancestros que están en el purgatorio pueden, por permisión divina, ejercer influencia sobre los miembros vivos de la familia. Sus virtudes y sus defectos, incluso sus enfermedades o espíritus inmundos ligados a ellos, pueden heredarse en cierto modo. Además del examen de conciencia que hemos de hacer, es importante también elaborar una especie de "mapa" genealógico en el que señalemos las enfermedades espirituales y también físicas de nuestros ancestros, sus defectos de carácter, sus pecados notorios, etc., que nos permitan orar por ellos y por nuestra sanación interior. En el Diario Espiritual existen pasajes en los que se insiste mucho en ayunar y orar por las benditas ánimas del purgatorio. El efecto de gracia de la Llama de Amor llega hasta esas almas para ayudarlas en su purificación.
133. MATRIMONIOS EN CRISIS: ¿QUÉ ESTÁ FALLANDO Y CÓMO PODEMOS ORAR A LA VIRGEN MARÍA PARA SU SANACIÓN Y RESTAURACIÓN?
Cada pareja de esposos debería analizar la calidad cristiana de su matrimonio y familia que está edificando. No olvidemos que al final de nuestra vida seremos juzgados. Las palabras del Credo son contundentes: "... vendrá a juzgar a vivos y muertos". ¡Jesucristo nos va a juzgar! Será un juicio de amor, pero justo. La Iglesia nos recuerda constantemente esta verdad de fe para ayudarnos a tomar esta vida en serio. Cuando Jesucristo es el Señor de nuestras vidas, dependemos de Él. Cuando nos consideramos dueños de nuestras vidas, entonces dependemos ilusoriamente de nuestra propia voluntad y aplicamos este paradigma a la familia. Hacemos un matrimonio y una familia a nuestra medida, no a la medida de Cristo. Lo primero que deben preguntarse los bautizados es si están edificando su familia "según Jesucristo".
Hay una falla radical en infinidad de familias que se dicen cristianas. No están unidas por el Sacramento del matrimonio. No tienen el auxilio de la gracia divina "propia de este sacramento", que hace de dos personas UNA SOLA EN CRISTO y aporta los medios para lograr ese objetivo. Muchísimos bautizados están solamente "juntados" (concubinato) o "solamente casados por la ley civil", que es lo mismo. Es tal la crisis actual del matrimonio que muchos jóvenes "no quieren casarse por la Iglesia". De niños han vivido tragedias en el seno de sus hogares y han quedado con "repulsión" a todo lo que signifique compromiso. Piensan ingenuamente que serán más felices en unión libre que "atados" hasta que la muerte los separe. Sin embargo, la realidad es que TOMAR EL MATRIMONIO EN SERIO es garantía de éxito y de felicidad.
Un buen ingeniero, cuando construye un gran edificio, no se va a arriesgar. Va a lo seguro. Pone todo de su parte para que su edificio no se derrumbe. No hace "ensayos". Sabe que su dinero, su reputación, su futuro como profesional y hasta su libertad dependen de la solidez de su construcción. El fracaso en el matrimonio de los católicos viene de que no se lo toma en serio y de que no se utilizan los medios que Dios da a los cónyuges para que tengan éxito y sean felices. Se piensa: "Si nos va bien, continuamos, y si nos va mal, nos separamos".
El Movimiento de la Llama de Amor está llamado a transformar las familias desde el interior por medio del "nuevo instrumento" que la Virgen nos da: el efecto de gracia. Hay que descubrir el poder de transformación de los corazones que tiene la intervención de la Virgen en los matrimonios y en las familias. Es increíble la cantidad de parejas que están en "crisis"; la cantidad de "corazones destrozados" que viven juntos sin amarse o amándose mal; no nos podemos imaginar los sufrimientos que esconden las paredes de las casas. Todo eso sucede porque los esposos no toman los medios sencillos y al alcance de la mano para destruir el poder de los "principados y potestades satánicos" que acechan la unidad y fidelidad matrimonial. El Diario Espiritual de la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María lo dice constantemente: Satanás quiere destruir las familias. Esto parece una fábula medieval. Nadie toma en serio las palabras de la Virgen. Detrás de cada pareja está en marcha un plan destructor concebido y llevado a cabo por "inteligencias espirituales malignas". Cada familia tiene sus demonios asignados para destruirla. Para neutralizarlos hay que enfrentarlos con la fe. La Virgen nos dice: "hay que cegar a Satanás". ¿Cómo se lo ciega? "Orando juntos". ¿Y cómo debemos orar? Invocando la asistencia de la Virgen María sobre ellos, pidiéndole que ciegue a Satanás, que someta a los espíritus malignos que atacan el amor, la fidelidad, el entendimiento, la paz, la capacidad de perdonarse, la ternura, la fe, la piedad, etc., con el fin de destruir la relación entre los cónyuges. Se utiliza como arma eficaz la jaculatoria de la Llama de Amor. Repitiéndola juntos muchas veces o rezando juntos el rosario con la jaculatoria:
"Derrama el efecto de gracia de tu Llama de Amor sobre toda la humanidad."
El secreto está en "orar juntos" (donde dos o más se reúnen en mi Nombre, allí estoy Yo en medio de ellos). Así se inicia el proceso de cegamiento de los espíritus malignos en el interior de la pareja y de la familia. Este "proceso" permanente de lucha irá, con toda certeza, volviendo ciego a Satanás, impidiéndole ver y actuar. La pareja comenzará a experimentar, a partir de este momento, la acción de María Santísima. Es indispensable orar juntos para obtener el triunfo de cada día. El examen de conciencia en pareja es el método que permitirá a los esposos descubrir qué espíritus malignos los están atacando. Quien mejor te conoce es tu pareja. Quien mejor puede ayudarte a discernir qué demonios te atacan es tu cónyuge.
¿Quién puede orar con mayor autoridad contra los demonios que aquel o aquella con quien eres una sola carne por el sacramento? Es, desde todo punto de vista, indispensable que los cónyuges aprendan a orar por la liberación de los ataques diabólicos que los perturban. A eso nos lleva la Llama de Amor: a utilizar la jaculatoria como el instrumento privilegiado de la Virgen para liberar a los miembros de nuestra propia familia.
134. EL ATAQUE CONTRA LA FAMILIA COMIENZA EN EL TIEMPO DEL NOVIAZGO
El ataque contra la familia comienza ya en el tiempo de noviazgo. Los espíritus malignos que atacan la inteligencia y la voluntad buscan confundir a los novios. Les proponen una visión "humana" del matrimonio. Tratan de hacerles creer que la unión del hombre y de la mujer solo es fruto de un contrato social, que depende en absoluto de la voluntad de los contrayentes y de los legisladores humanos. Según esta visión, el matrimonio acabaría cuando los cónyuges lo decidiesen. Más aún, la misma constitución del matrimonio dependería de la voluntad de los seres humanos; por lo tanto, la unión entre personas del mismo sexo sería auténtico matrimonio. La confusión de la inteligencia es el ataque básico.
El demonio persigue que los futuros cónyuges no vean dónde está el bien y dónde el mal; que desde antes de formar su familia priven a Dios de sus "derechos" y lo saquen de en medio. La Palabra de Dios y la Iglesia nos enseñan que el matrimonio es una institución divina. Es Dios mismo quien lo diseña y el hombre debe ajustarse a sus designios. Esta sumisión amorosa garantiza la felicidad de la pareja. El tiempo de noviazgo debe servir ante todo para disponerse a colaborar con el designio divino. Este designio es la salvación y santificación de los cónyuges y de los hijos. El verdadero éxito o fracaso de una familia solo se sabrá en la eternidad.
Cuando se asume con claridad y generosidad el proyecto de Dios, podemos estar seguros de que se tendrá éxito en el matrimonio y con la familia.
En la vida de los seres humanos no hay nada más importante que la calidad de la vida familiar; de ella depende en gran parte nuestra felicidad. Incluso el hombre solitario que no se siente llamado al matrimonio y nunca tendrá hijos forma parte de una familia que le dio la vida y una herencia psicobiológica y espiritual. El mundo entero depende de la calidad de las familias que lo conforman. Por ese motivo, las ideologías y los regímenes totalitarios ateos buscaron por todos los medios destruir la familia según el designio de Dios para remplazarla por instituciones meramente humanas, fácilmente manipulables. Detrás de estas ideologías ateas están las inteligencias que llamamos "espíritus malignos", enemigas de Dios y de la salvación de los seres humanos.
Cuesta aceptar esta realidad. San Pablo nos dice que "luchamos contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, contra los Espíritus del Mal que están en las alturas" (Ef 6,12). Los cristianos somos hombres y mujeres que hemos asumido colaborar con el designio divino. Sabemos que Dios es la Sabiduría, y que al dejarnos iluminar por Él caminamos con seguridad en un mundo sometido al poder de las tinieblas. Aceptar el matrimonio tal y como Dios lo diseñó es la mejor garantía para ser y edificar una familia feliz.
La importancia de la oración entre los novios es primordial porque la oración, al ponernos en contacto con Dios, nos abre a la luz divina. Somos iluminados, comprendemos mejor los designios de Dios y recibimos las fuerzas suficientes para realizarlos y vivirlos. Cuando los novios no oran intensamente, no reciben esa luz, quedan en tinieblas y actúan como ciegos. Cantidad de matrimonios "por la Iglesia" son fallidos porque no ha habido oración ni sumisión a Dios en el noviazgo.
Para muchos noviazgos, desgraciadamente, este tiempo es de gran oscuridad espiritual. Se ha metido en los corazones de muchos jóvenes la idea de que ser novios es tener derechos para experimentar la sensualidad y la sexualidad. Las películas, los videojuegos, los medios de comunicación nos bombardean machaconamente para hacernos creer que esa manera de proceder es una "conquista", un "avance", un "derecho adquirido". La gran realidad es que numerosísimos noviazgos de ese estilo terminan desgarrando los corazones y dejando una lista infinita de madres solteras, cuando no, una tremenda colección de abortos.
Un matrimonio feliz es un premio que Dios da a quienes aceptan colaborar de manera integral con su designio. La oración debe estar en el centro de los hogares como una fuente inagotable de fuerza espiritual. Como todo lo que es valioso, la oración exige esfuerzo, y a veces heroico. Se aprende a caminar, se aprende a cantar, se aprende a hacer cualquier cosa que esté a nuestro alcance. También se aprende a orar y a cuidar de una vida espiritual. Este debe ser uno de los primeros propósitos del noviazgo. Si quieres prepararte para una familia feliz, lo primero que debes hacer es invitar a Dios a formar parte de tu noviazgo.
A veces es difícil someterse a las reglas del Señor, pero esa resistencia que experimentamos cuando se trata de las cosas de Dios es el signo de que vienen de Él. En medio de todo lo grande está la Cruz de Jesús. El éxito en el matrimonio es el fruto de esa Cruz de Cristo que aplasta el poder de las tinieblas. No hay ninguna otra fuerza que nos haga perseverar en el matrimonio más que el poder de Dios. Hay momentos en que se quisiera tirar todo por la borda. Sin la ayuda del Señor es imposible perseverar. Por eso, la oración en el noviazgo y en la familia es de primordial importancia.
135. NUESTRAS FAMILIAS CONFORMAN EL CUERPO MÍSTICO DE CRISTO
La Llama de Amor es un mensaje, una devoción y un instrumento. Estos tres aspectos hay que considerarlos siempre unidos para comprender la propuesta que la Virgen María hace a la Iglesia. Es necesario revivir, renovar, restaurar el tejido de la túnica inconsútil (tejida de una pieza, sin costuras) de Cristo: la Iglesia. Ese tejido está hecho de familias. El Espíritu Santo es el elemento que une intensamente a los miembros del Cuerpo de Cristo, en el cual no hay "costuras", no hay remiendos ni pegotes.
La tradición dice que la Virgen María tejió con sus manos la túnica de Jesús que los soldados sortearon al pie de la cruz. Ellos dijeron: "No la partamos, es de una sola pieza. Si la partimos, la estropeamos." Y así la echaron a suerte. Somos UNO en Cristo. Pero esa túnica está manchada, deslucida, agujereada. Ese Cristo, del que somos parte y al que amamos tanto, necesita que sus miembros recuperen vida y vida eterna.
Esa túnica no está compuesta de retazos: no somos individuos pegados uno al lado del otro en Cristo Jesús. No somos ladrillos, ni granos de maíz, ni hojas de un árbol. En el plan de Dios, todos provenimos de un solo hombre: Adán. Lo queramos o no, la Palabra de Dios nos dice que todos provenimos de un mismo origen. A diferencia de los ángeles, que son únicos y distintos, nosotros formamos familia. Los ángeles se aman porque en ellos habita la gracia de Dios, pero son como un ejército. No provienen por generación de un ángel macho y un ángel hembra. No tienen linaje, no tienen herencia, no tienen venas por las que corra la sangre de los ancestros. No tienen alma que sienta lo mismo que sintieron los antepasados. Ellos aman a Dios con todo su ser y comulgan a su propia manera en ese fuego infinito del amor de Dios, pero no tuvieron que aprender de un padre y de una madre a amar al Señor y a servirlo. Dios tiene un plan para los ángeles, así como tiene un plan para nosotros, los seres humanos.
Hay tantas maravillas de Dios que no conocemos y que más tarde, cuando hayamos pasado por este "valle de lágrimas", podremos ver con extrema admiración. Otros mundos, otros seres, otros hijos de Dios. En el caso de los humanos, debemos abrirnos a la idea de que formamos una sola familia, aunque tengamos diferencias. Y dentro de esa gran familia, hay pequeñas familias que se siguen subdividiendo en más y más pequeñas, pero siempre será la única y misma familia que proviene del mismo origen.
Adán y Eva son nombres simbólicos para expresar ese misterioso origen de la creación del ser humano. Adán: sacado del limo de la tierra. Eva: madre de los vivientes. El pecado original, ese ingrato rechazo del hombre hacia el Padre Creador, insufló en el ser humano, y por ende en su descendencia (las familias), los gérmenes de todos los dolores y miserias que padecemos. Pero el pecado original y todos los pecados no pueden compararse ni tienen la fuerza del amor del Padre, que nos creó para ser infinitamente felices con Él por toda la eternidad.
El hecho es que hoy, estas familias que formamos el Cuerpo Místico de Cristo, estamos enfermas como nunca antes en toda la historia de la humanidad. A esa enfermedad contribuye lo negativo de la herencia que recibimos de las generaciones anteriores, que tiene sus raíces en miles de años de antigüedad, y lo negativo que nos aporta la época actual. También, para ser honestos y realistas, no todo es sombrío. Poseemos la herencia positiva y todo lo bueno y hermoso del tiempo actual. Tener una familia sana, espiritual y biológicamente hablando, es de primera importancia para nuestra felicidad y la de nuestros descendientes.
Es importante tener en cuenta que los santos de nuestra familia, que están en el cielo, influyen sobre nosotros; que las almas de los nuestros que están en el purgatorio también influyen en nosotros y que nosotros podemos influir sobre ellos. En el plan de Dios, somos una sola familia que nos ayudamos a vivir felizmente aquí en la tierra para poder llegar a gozar más tarde de la felicidad eterna. El Cielo, el Purgatorio y los que estamos aún sobre esta tierra estamos tan unidos que formamos un solo corazón y una sola alma. Saber esto es de primordial importancia.
¿Qué tiene que ver todo esto con la gracia de la Llama de Amor? Muchísimo, porque en el Diario Espiritual de la Llama de Amor constantemente se nos enseña a orar y ayunar y hacer obras buenas por las almas del purgatorio (p. 103, 115, 190, etc.). Se nos invita a recurrir al Cielo para obtener las gracias, a ejemplo de San Esteban Rey de Hungría (p. 43). De lo que no nos habla el Diario es de la influencia de las almas del purgatorio en nuestra vida de cada día. De eso nos habla la Iglesia, así como la experiencia de los santos y de los exorcistas. En el proceso de sanación y liberación de las almas, debemos contar con la triple realidad de la Iglesia triunfante, la Iglesia purgante y la Iglesia militante. Estas tres realidades son en verdad una sola.
136. PAPÁ Y MAMÁ: ASUMAN EL LIDERAZGO COMO PASTORES DE LA FE DE SUS HIJOS
Hermanos, en el Diario Espiritual de la Llama de Amor, Jesús llama a los padres y madres de familia a colaborar con Dios en la creación. Esa colaboración es doble: engendrar biológica y espiritualmente a los hijos. En el aspecto biológico, dándoles la vida física, y en lo espiritual, transmitiéndoles la fe.
En primer lugar, el respeto a la vida. El niño no pertenece a los padres biológicos: es ante todo un hijo de Dios que el Creador confía a sus cuidados. Engendrar a un hijo es una grandiosa responsabilidad de la que Dios pedirá cuentas. Abortar a un niño es faltar radicalmente a la vocación de la paternidad y maternidad. En segundo lugar, está la gran misión de introducirlo y guiarlo en el camino de la santidad cristiana.
El Diario Espiritual tiene un objetivo: formar espiritualmente a los padres de familia para que puedan cumplir su gran vocación de pastores de sus hijos. En las páginas 228-229, nuestro Señor Jesús compara el valor del trabajo de las madres con el sacerdocio. "El trabajo de ustedes no es de menor valor que el de las personas elevadas a la más alta dignidad sacerdotal. Entiendan ustedes, madres de familia, la sublime vocación que les he confiado. Ustedes son las llamadas a poblar mi Reino y llenar los puestos de los ángeles caídos. De su corazón, de su regazo parte cada paso de mi Santa Madre Iglesia. Mi Reino va creciendo en la medida en que ustedes, madres, se ocupan de las almas creadas. Ustedes tienen el trabajo más grande y que reclama mayor responsabilidad. Sean plenamente conscientes de que he puesto en las manos de ustedes el trabajo de conducir multitudes de almas a la salvación."
En el plan de redención, la mujer, y en especial aquella que es madre, tiene una vocación extraordinaria: conducir a sus hijos a la patria celestial.
No podemos considerar que estas palabras sean excluyentes para los padres de familia varones. Hombre y mujer son "una sola carne" no solo en la intimidad matrimonial, sino también en todo lo que respecta a las responsabilidades hogareñas. Los papás tienen igual responsabilidad que las mamás en la evangelización de los hijos. Sin embargo, a la mujer, por estar en el corazón del hogar y en permanente contacto con los niños, Dios la ha dotado de gracias especialísimas para infundir en ellos el amor a Dios.
Para los padres (varones), Jesús habla de una especial bendición: "A aquellos padres que en esta gran obra de la creación colaboran conmigo y aceptan mi santa voluntad, denles en cada ocasión una especial bendición. Esta bendición es única y solo se puede dar a los padres de familia. Al nacer cada hijo, derramo gracias extraordinarias sobre estas familias." La familia, según Jesucristo, hace al hombre y a la mujer "corresponsables" en el ministerio de la santificación del hogar. Cada uno tiene sus propias gracias orientadas a la finalidad que Dios ha dado a la familia: la salvación de las almas.
Llegamos a la conclusión que el principal apostolado de los progenitores está en el seno de su hogar.
Si los padres cumplen a conciencia su deber de educar la fe de sus hijos, habrán hecho el mejor apostolado. Cuando se descuida la familia para privilegiar otros valores menos importantes (trabajo, vida social, diversión, amistades, deporte, etc.), viene el desastre espiritual de los hijos. La ausencia de los padres explica la perdición de legiones de jovencitos que se despeñan en los vicios y la muerte de la fe. Es indispensable que los padres de familia asuman esta responsabilidad.
Los hijos se moldean sobre el ejemplo de sus padres. Desgraciadamente, la mayor parte de los progenitores no son líderes de la fe de sus hijos ni en el seno del hogar ni fuera de él. Tenemos multitud de padres y madres indiferentes, fríos para con Dios, viciosos y opositores a la Iglesia. Los hijos, lógicamente, salen como ellos. De tal palo, tal astilla.
Leemos en el Diario Espiritual que el primer paso de la Llama de Amor es llevar a Isabel Kindelmann a una vida de heroica santidad. Cuando los esposos descubren que el camino de la santidad es para ellos, su vida personal y familiar cambia, se transforma. Dios quiere padres y madres santos para que tengan hijos santos. Es muy difícil, en verdad, deshacerse de los esquemas mentales y de las actitudes paganas que hemos arrastrado durante años para emprender una vida nueva. Para Dios no hay nada imposible. La fuerza del Espíritu Santo está allí, a nuestro alcance. Sus dones y frutos son nuestra herencia. La Palabra de Dios es tan poderosa que hace nuevas todas las cosas.
Recordemos que la Llama de Amor es una gracia extraordinaria que va destruyendo las fortalezas enemigas y construyendo en nosotros la "ciudad de Dios". Los padres de familia que asuman con generosidad la llamada del Inmaculado Corazón de María verán colmados los deseos de sus corazones: tendrán hijos santos que serán su alegría y orgullo. Aquellos que desprecian los auxilios que Dios les ofrece para construir un santuario familiar, se arriesgan a tener hijos que serán su tristeza y deshonor. Dios desea familias felices.
137. QUE LAS FAMILIAS VIVAN LA HORA SANTA DE REPARACIÓN
Otra de las peticiones de gran importancia que hace el Inmaculado Corazón de María a Isabel Kindelmann es que en las familias se realice la "HORA SANTA DE REPARACIÓN". El 13 de abril de 1962, la Santísima Virgen dice a Isabel:
"Te pido, hija mía, que los jueves y viernes ofrezcas a Mi Hijo Santísimo una reparación muy especial. La manera de hacerla es la Hora Santa de Reparación en la Familia. Esta hora que pasarán en familia haciendo reparación, comiencenla con una lectura espiritual y continúen con el rezo del Santo Rosario u otras oraciones en un ambiente lleno de recogimiento y fervor. Háganlo por lo menos entre dos o tres, porque donde dos o tres se reúnen, allí está mi Hijo. Al comenzar, santíguense cinco veces y, mientras lo hacen, ofrézcanse por medio de las Llagas de Mi Santo Hijo al Eterno Padre. Hagan lo mismo al terminar. Santíguense de esta manera también al levantarse y al acostarse, y aún durante el día, porque eso les acercará, por medio de Mi Hijo Santísimo, al Eterno Padre y su corazón se llenará de gracias" (p. 44).
Estas palabras son de gran importancia y encierran multitud de enseñanzas que debemos desarrollar en varios comentarios. En primer lugar, María hace una petición. Se trata de un deseo de la Madre de Dios: que todas las familias hagan al menos una HORA SANTA DE REPARACIÓN a la semana. Ella señala dos días, jueves y viernes. Podemos escoger un día o tomar los dos.
El Santísimo Sacramento y la Pasión de Nuestro Señor están íntimamente unidos. El Jueves Santo, la institución de la Eucaristía; y el Viernes Santo, la contemplación de Cristo crucificado. Ella no señala una hora precisa, ni tampoco un lugar determinado, aunque se presume que la casa de habitación pueda ser el lugar más apropiado. El requisito es "pasarla en familia haciendo reparación". En la página 325 del Diario Espiritual Llama de Amor (edición Costa Rica) encontramos una variante en la traducción del mismo párrafo: "Hija mía, ruego que consideren los jueves y viernes como días especiales de gracias y ofrezcan a mi Santo Hijo una reparación muy especial. La manera de hacerla es la Hora Santa de Reparación en la familia". Las diferencias son mínimas y el sentido está claro. En la página 194 (24 de septiembre de 1963), dice Nuestra Señora: “Aquellas familias que guarden los días jueves o viernes la hora santa de reparación en la familia, si en la familia muere alguien, después de un único día de ayuno estricto (observado por un miembro de la familia), el difunto de la familia se libra del purgatorio”. Aquí vemos que queda a elección escoger uno de los dos días para hacer esta hora santa de reparación.
La gracia de la Llama de Amor está íntimamente unida a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Cuando María nos habla de la Hora Santa de reparación, nos remite a la espiritualidad del Sagrado Corazón. Nuestro Señor Jesús pidió a Santa Margarita María que de las once a las doce de la noche de cada jueves le ofreciera una hora de adoración, postrada con la faz en el suelo, participando en sus sufrimientos y ofreciendo reparación por los pecados del mundo. Es importante que los devotos de la Llama de Amor se instruyan acerca de la Devoción al Sagrado Corazón para poder comprender y vivir mejor el mensaje del Inmaculado Corazón de María. Mi recomendación es que, por medio de Internet, accedan a las magníficas páginas que nos hablan de este tema.
La adoración reparadora hunde sus raíces en la espiritualidad bíblica. El hombre se reconoce pecador ante Dios y le ofrece su arrepentimiento, sacrificios de expiación y reparación por sus pecados. Jesús nos da el ejemplo de la adoración nocturna. El evangelio nos dice que pasaba las noches en oración, hablando con su Padre. En el Diario Espiritual, vemos que la intención de la Virgen María es la renovación espiritual de la Iglesia. María quiere ayudarnos a recuperar esa gran tradición ancestral de la oración en familia en sus diversas formas.
En el movimiento internacional de la Llama de Amor, se ha ido difundiendo el folleto Cenáculo de oración, que es un sencillo, práctico y bello instrumento que puede ayudarnos a realizar esta petición de María Santísima. Debemos tener en cuenta que la Virgen no nos da un esquema completo de la Hora Santa de reparación, sino sugerencias. Cada familia se organizará como mejor le convenga. Para cumplir los deseos de Nuestra Señora, podemos servirnos de los abundantes devocionarios que existen en la Iglesia.
Ella pide un ambiente lleno de recogimiento y fervor, un mínimo de dos o tres participantes de la familia, aunque lo ideal es que estén todos los miembros. El Santo Rosario es la parte medular. Pide una lectura espiritual, que debería ser tomada, en el mejor de los casos, de la Palabra de Dios; invocar las cinco llagas de Jesús y ofrecerse al Eterno Padre por medio de ellas. Las demás oraciones son libres. Es necesario que la familia se reúna y comparta su fe.
Este tiempo también puede ser lugar de sanación y liberación para los miembros del hogar afectados por problemas espirituales y enfermedades físicas.
138. RECOMENDACIONES PARA EL EXAMEN DE CONCIENCIA FAMILIAR
Para hacer un buen examen de conciencia y prepararse para el Sacramento de la Reconciliación, el mejor camino es estudiar el Catecismo de la Iglesia Católica en los números correspondientes a la Tercera Parte: La vida en Cristo (nn. 2083 a 2195). En esta obra, que no debería faltar en ningún hogar católico, tenemos todo lo que necesitamos para vivir y aprovechar el Sacramento de la Misericordia.
Isabel Kindelmann recurre permanentemente al confesor y a la dirección espiritual (p. 143). Debemos seguir su ejemplo. A lo largo de sus escritos, ella va expresando las condiciones que deben acompañar la confesión de los pecados: una gran humildad, un gran dolor por haber ofendido al Señor y el firme propósito de alejarnos del mal. El Santo Pío de Pietrelcina recomendaba a sus hijos espirituales que se confesaran cada semana. Hagámoslo al menos una vez al mes.
Si estudiamos bien el Catecismo de la Iglesia Católica, tendremos todos los elementos que nos ayudarán a valorar este Sacramento y, sobre todo, a utilizarlo con sabiduría para obtener todos los frutos que conlleva. Existen numerosos cuestionarios que podemos utilizar como ayuda para preparar la confesión. En internet hay suficientes páginas de catequesis muy bien elaboradas sobre este tema. Aquí nos contentaremos con dar algunas ideas complementarias.
Comencemos por considerar que el primer mandamiento de la Ley de Dios es el más importante y el más difícil de guardar, porque encierra a todos los demás: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas" (Dt 6,5). El segundo es semejante al primero: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo". San Juan, en su primera epístola, nos dice que no puede amar a Dios quien no ama a su prójimo. A Dios no lo vemos; al prójimo sí lo vemos. El prójimo es imagen de Dios. Estos dos mandamientos resumen toda la Ley de Dios.
La mayor parte de las personas piensa que guarda bien el primer mandamiento. Dicen: "yo creo en Dios, yo lo amo". En realidad, el amor que tenemos por Dios es de muy baja calidad. El mandamiento dice: "Amarás... con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, sobre todas las cosas". A Él solo adorarás, a Él solo servirás. Los tres primeros mandamientos son, en realidad, uno solo.
Los espíritus malignos atacan a las familias centrando todos sus esfuerzos en impedir la guarda del principal mandamiento. Saben que, si las familias lo descuidan, se debilitan. Por eso procuran poner todos los obstáculos y sugieren todas las justificaciones posibles para que el primer mandamiento sea mal comprendido y mal vivido. Pregúntate:
¿Es el Señor Jesús el Señor de mi hogar?
¿Estamos todos sometidos a su voluntad?
¿Estamos unidos por el Sacramento y en Gracia de Dios?
¿Hemos consagrado la familia y la casa a los corazones de Jesús y de María? ¿Hemos entronizado sus imágenes?
¿Los cónyuges y los hijos hemos comprendido que el principal objetivo de la familia cristiana es procurarle al Señor todo el amor, todo el honor y toda la gloria que Él se merece y que es posible darle de nuestra parte?
¿Estamos conscientes de que "amar a Dios" significa cumplir en todo Su voluntad?
¿Hemos asumido en familia el combate espiritual contra los espíritus malignos?
Ellos atacarán la inteligencia y el corazón para impedir los actos de Fe, Esperanza y Caridad que son propios del primer mandamiento. Los espíritus malignos que producen incredulidad, ateísmo, agnosticismo, resentimiento contra Dios, rebeldía contra Dios, contra la Iglesia, racionalismo, insumisión, herejía, rechazo a la Fe católica, dudas, masonería, gnosticismo, sectarismo, blasfemia, etc., los de superstición, ocultismo, magia, brujería, fetichismo, adivinación, lectura de la mano, esoterismo, Tarot, vudú, astrología, santería, espiritismo (juego de la ouija), juegos mágicos, nueva era, escritura automática, panteísmo, macumba, radiestesia, percepción extrasensorial, etc., etc., tratarán de influir en el hogar para conducirlo a la idolatría.
Los espíritus malignos de ansiedad, temor, miedo, angustia, desesperación, muerte, tristeza, suicidio, ruina espiritual, ruina económica, abatimiento, melancolía, culpa, autoacusación, autocondenación, nerviosismo, inquietud, etc., procurarán hundir a la familia en la duda sobre la Divina Providencia y en la búsqueda de soluciones mágicas para los problemas personales y familiares.
Los espíritus malignos de lujuria, adulterio, divorcio, separación, división, fornicación, sodomía, homosexualidad masculina y femenina, bestialidad, pornografía, curiosidad, impudicia, deseos impuros, aborto, contracepción, rechazo al hijo, rechazo al acto sexual, rechazo al cónyuge, etc., tratarán de profanar la intimidad de los esposos en su acción y en sus consecuencias para destruir el matrimonio. Buscarán la división y, si es posible, la separación completa.
La familia es el lugar del combate espiritual contra el maligno y sus huestes. La Llama de Amor nos va enseñando a comprender que detrás de muchos sentimientos se esconden espíritus malignos que tratan de confundirnos y arrastrarnos lejos de Dios.
139 EL ATAQUE FRONTAL CONTRA LA FAMILIA CRISTIANA: SATANÁS QUIERE REINAR EN LAS FAMILIAS.
Desde hace muchos años, "científicos sociales y activistas" pregonan que la figura de la FAMILIA TRADICIONAL (la promovida por la Iglesia) está en crisis a nivel mundial. Estos grupos de presión, con "aparente sabiduría meramente humana", explican las causas y proponen soluciones nacidas de las ideologías que profesan. Tratan de conquistar los organismos internacionales de mayor influencia: ONU, OEA, UNESCO, etc., y desde allí se esfuerzan por imponer sus ideologías a las naciones y al mundo entero, transformándolas en leyes. Sus ofertas, sin embargo, en vez de llevar la felicidad a los hogares, los han ido arrastrando a un desastre cada vez mayor.
Entre las soluciones propuestas a los problemas familiares por estos falsos profetas están: el amor libre, el divorcio, las relaciones sexuales entre adolescentes, los anticonceptivos, la vasectomía, la ligadura de trompas, el aborto en todas sus formas, los matrimonios temporales, los matrimonios entre personas del mismo sexo, la adopción de niños por parejas del mismo sexo, la poligamia, la poliandria, el adulterio, la emancipación de los niños y jóvenes respecto de los padres, la fecundación in vitro, los vientres de alquiler, la eutanasia, etc. La masiva propaganda a favor de estas imposiciones ideológicas ha terminado por confundir las conciencias de infinidad de jóvenes y adultos. Todas estas propuestas se apartan por completo del camino que lleva a la paz en el interior de la familia. Infinidad de parejas viven hoy con una inquietud permanente en el corazón y la decepción por un matrimonio y una familia fallidos.
En ciertos lugares, de cada dos matrimonios, uno se divorcia. Muchísimos jóvenes han optado por no casarse... piensan que la mejor opción es vivir en "libertad". El espejismo es tal y tan poderoso que la mentira se ha revestido de la apariencia de la verdad. Tristemente, mucha gente lucha con gran sinceridad subjetiva por llevar adelante esas causas aparentemente nobles, pero que desde la raíz están falseadas y condenadas al fracaso. Otros, con gran malicia, lo que esperan es destruir el estilo de familia querido por Dios. Detrás de esta crisis de la familia hay un gigantesco ataque de las fuerzas de las tinieblas contra la Luz.
En esta página, invitamos a todos los esposos de buena voluntad y especialmente a las familias católicas a emprender el gran combate espiritual contra el mundo de la oscuridad que quiere reinar en los hogares. La denuncia del Inmaculado Corazón de María en el Diario Espiritual de Isabel Kindelmann resuena como un campanazo de alerta para toda la humanidad: "Satanás quiere reinar en las familias". A pesar de todo esto, la promesa de la Virgen de Fátima se cumplirá: "Al final, mi Inmaculado Corazón triunfará".
140 EL PADRE DE FAMILIA DEBE SER EL PRINCIPAL PROMOTOR DE LA LLAMA DE AMOR EN EL INTERIOR DEL HOGAR.
Para que la Llama de Amor tenga éxito transformando a las familias desde el interior, es indispensable que los cónyuges, hombre y mujer, la acojan en su hogar de manera consciente y comprometida. Las cosas a medias funcionan mal y dan pocos frutos. Que una o dos personas "recen" el rosario en la familia no significa que se haya acogido a la Llama de Amor en el hogar. El Evangelio nos habla de la batalla en el interior de las familias cuando nos dice: "No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa (Mt 10:34-39)".
El texto evangélico se refiere a la familia judía en la cual unos creen en Jesús y otros lo rechazan. En la familia católica este problema no debería darse porque, al recibir el Sacramento del Matrimonio, los cónyuges están proclamando públicamente que van a vivir según Cristo. Jesucristo dice: "Sea la venida de mi Reino la meta de sus vidas" (DE 8 Ago. 1962). Sin embargo, hay una grandísima anomalía en la época que estamos viviendo. La mayoría de los hombres no asume su papel de Cabeza de la Iglesia Doméstica, que es la familia. Dicen: la religión es "cosa de mujeres". El hombre se ocupa de cosas más serias e importantes. ¡Como si guiar a la familia en las relaciones con Dios no fuera lo más importante! La ausencia del hombre como "Sacerdote" de esa Iglesia Doméstica es la raíz más profunda de la crisis de la familia en la Iglesia Católica. Los varones no quieren asumir el papel que en el plan de Dios les corresponde: el de hacer presente a Cristo en el matrimonio (Ef 5:22-33).
Es erróneo que la mujer sea la cabeza del hogar. No es bíblico. Es interesante que Isabel Kindelmann es viuda. Cualquiera diría que ella, viuda, es la cabeza de su familia. ¡Pues no!, no es Isabel la cabeza de familia. En el Diario Espiritual, es Cristo la cabeza de la familia de Isabel Kindelmann. Cristo la orienta, la guía, la aconseja, la consuela, la fortalece, la corrige, la protege del maligno, la socorre, y es su providencia para todo lo material. Cristo hace el papel de esposo de Isabel, haciendo en cierto sentido presente a su marido difunto. Dios quiso que el esposo muriese para enseñarnos que en el matrimonio cristiano el esposo representa a Cristo. En la expansión de la Llama de Amor, hombre y mujer deben funcionar "como una sola carne". Sería el padre de familia quien, en cada reunión de oración familiar, encendiera la candela bendita y pasara a todos los de su casa la Llama de Amor.
En la realidad cotidiana del hogar, son las mujeres las más sensibles y las que se adelantan a conducir y vivir esta espiritualidad, pero eso es imperfecto. La sabiduría de las mujeres las debe llevar a darle a su esposo el lugar que le corresponde: el de cabeza espiritual de la familia. Muchas veces esto parece casi imposible porque muchos hombres están sumamente alejados de Dios. Sin embargo, cuando la mujer suplanta al hombre, lo anula. Este se sienta cómodamente a observar, o sufre molesto la intromisión religiosa en su casa. El hombre es quien debe evangelizar a su esposa e hijos; los debe conducir a Cristo, debe velar por la santificación de los suyos, por la salvación de sus almas. Sin embargo, casi siempre el hombre no se siente llamado a hacerlo. La mujer debe animarlo y ayudarlo sin pretender suplantarlo y anularlo. Muchísimos varones tienen que ser evangelizados en el interior de la pareja para que puedan entonces sentirse felices de conducir su hogar como Cristo conduce a la Iglesia universal.
141 LA ESTRATEGIA DE SATANÁS PARA DESTRUIR LAS FAMILIAS
El objetivo de Satanás es reinar en las familias. Lo dice Jesús en el Diario Espiritual (DE 19 de enero de 1964).
¿Cómo hace Satanás para infiltrarse en los hogares? Hay que tener en cuenta que la base de la vida en Cristo son las tres virtudes teologales: LA FE, LA ESPERANZA Y LA CARIDAD. Es allí donde el Demonio va a atacar para destruir las familias. El primer punto es la VIRTUD DE LA FE. Esta es la piedra angular del edificio. Si la Fe se debilita, todo se debilita, y al poco tiempo vemos cómo la familia entera comienza a desmoronarse: no se va a la misa dominical, no se ora en familia, no se recibe el sacramento del perdón de los pecados, no se tiene devoción a María Santísima ni a los Santos, se cometen pecados gravísimos como el aborto, el adulterio, la brujería, se acepta el esoterismo, la homosexualidad, se vive en pleitos y discusiones, se rechazan las enseñanzas de la Iglesia, etc. La fuerza de la familia católica es la Fe, y el objetivo de la Llama de Amor es renovar la Fe en cada hogar hasta convertirla en un verdadero compromiso de vida. ¿Qué entendemos por FE? Vayamos a las enseñanzas de la Iglesia.
Por la virtud teologal de la Fe, en primer lugar aceptamos que DIOS EXISTE, que no es una mentira, una ilusión o una creación del ser humano. Si Dios existe, nuestra inteligencia debe llevarnos a aceptarlo, amarlo, adorarlo, glorificarlo, a reconocerlo como nuestro Padre, Creador y Señor, y a someternos a su santísima Voluntad en nuestra vida personal, familiar, social y nacional. Es decir, a creer en Él. Por la Fe establecemos una relación personal con ese Dios vivo que se nos revela cada día en el interior de nuestros corazones. Es un don que Dios da a todos los que no le ponen obstáculos, porque sin ella es imposible la salvación y Dios quiere que todos los hombres se salven. Hoy los católicos tenemos que sostener un tremendo combate porque se nos quiere arrancar la Fe del corazón. Desde la escuela se nos quiere hacer creer que Dios no existe, que es la materia la que existe espontáneamente; en la universidad se nos persigue si creemos en Dios. La ciencia se ha vuelto la religión laica que quiere suplantar la Fe verdadera en la mente y en el corazón de los jóvenes.
Dichoso el estudiante universitario que no se vuelve ateo o no sale incrédulo de la universidad moderna. Dichoso aquel que, luchando contra el ateísmo, el agnosticismo, el indiferentismo, sigue creyendo en Cristo y actuando como cristiano. Si el demonio logra que los padres de familia se cierren a la gracia de la Fe, o la pierdan, o conozcan mal su contenido, tiene el camino abierto para ir destruyendo el hogar. Una Fe viva nos da una gran sensibilidad para discernir la acción del demonio y de los entes maléficos y maleficieros en el interior del hogar. Cuando no hay Fe, la inteligencia humana queda ciega y no se puede distinguir la acción diabólica, el bien del mal. El punto más importante para los esposos y padres de familia es tener una Fe teologal nítida, para que puedan cumplir cabalmente su vocación de "pastores" de sus hijos. Una Fe mal integrada nos lleva a vivir los mandamientos de la ley de Dios de manera deficiente.
Las consecuencias de no tener Fe se hacen sentir en la vida presente y, sobre todo, en la vida futura: el infierno (la muerte eterna) es la consecuencia del rechazo a la Fe, y el purgatorio es la consecuencia de una Fe imperfectamente vivida. ¿Cuál es la estrategia de Satanás para reinar en los hogares? Cegar la inteligencia y el corazón para cerrarlos a Dios. Isabel Kindelmann es, ante todo, una mujer de Fe. El demonio la atacó para doblegarla primeramente por el exceso de trabajo: "Poco a poco me iba apartando de Dios" (DE inicio), la vida cristiana le parecía "vacía", la Misa sin sentido, hasta que decidió "no ir más". Dios permitió que durante tres años de su vida el demonio la tentase terriblemente contra la Fe, para fortalecerla. Jesús le dice: "¡Cree, hijita mía! ... La fe y la confianza puestas en Mí te van a salvar" (DE 17 de febrero de 1964).
Los ataques fueron tan terribles que Isabel se queja diciendo: "... el poder del maligno... se apoderó tanto de mí que por poco me volvía loca..."; habla de "dudas atroces que me hacen sufrir tanto... el maligno me quiere mantener alejada de Dios y empujarme a la desesperación" (DE 18 de septiembre de 1964). En la vida del cristiano, "creer en el Dios Verdadero" es lo más importante. De allí deriva toda la "Fuerza que viene de lo Alto" que protegerá a la familia del poder de las tinieblas.
142. LA LLAMA DE AMOR DEBE SER ACOGIDA EN FAMILIA
Cuando la Llama de Amor llega a una familia y es acogida con Fe por los dos esposos y por los hijos, la propuesta de la Virgen María es que juntos edifiquen el Santuario Familiar. Esta decisión unánime de todos los miembros de la familia es el punto de partida del "milagro de la Llama de Amor". La construcción del "Santuario Familiar" expresa prácticamente el núcleo, lo esencial, el objetivo del Diario Espiritual. Mientras no se llegue a esta firme voluntad de vivir juntos el Misterio que esta gracia encierra, se podrán ver frutos en los individuos, pero no se desarrollarán todas las gracias extraordinarias que la Virgen promete: los "MILAGROS DE LA LLAMA DE AMOR".
El primer deber de aquel que descubre la gracia de la Llama de Amor es transmitirla "de corazón a corazón" a los miembros de su familia y después a los demás. Si es hijo, a sus padres; si es la madre, a su esposo; si es el padre de familia, a su cónyuge, a sus hijos y a todos los demás. Cuando la Virgen dice "de corazón a corazón", nos está dando una lección de suma importancia.
La única manera eficaz de transmitir la gracia de la Llama de Amor es DE CORAZÓN. Significa que quien la transmite primero ha de haberla recibido en lo profundo del alma, al menos con una convicción de Fe en el poder de la Santísima Virgen. De hecho, María nos dice: "Yo soy la única que puedo encender la Llama de Amor en los corazones", para que no nos engañemos en el proceso de transmitirla. Podríamos ilusionarnos pensando que somos nosotros quienes encendemos la Llama de Amor y que esa transmisión es como un "mercadeo comercial" (cf. "Yo sembré..." 1 Cor 3, 6-8).
La Virgen nos enseña, al ponernos como modelo la vida de Isabel Kindelmann, que la transmisión de la Llama conlleva un compromiso que hunde sus raíces en una vida de íntima unión con el Cristo sufriente. Son muchos los pasajes en los que tanto Jesús como María le piden que participe en los dolores de sus Corazones. "Ayúdenme, ya que sólo de ustedes depende que esta llama se encienda" (DE 8 de agosto de 1962).
El gran peligro es acoger esta gracia de manera superficial y transmitirla de manera superficial, sin la profundización suficiente. Ese peligro se va superando en la medida en que la comprensión de la gracia se va dando en la vida de cada día. La lectura asidua, reflexiva, y orante del Diario Espiritual nos va descorriendo el velo. Hay que leer el Diario frecuentemente y de manera continua, no únicamente abriéndolo al azar. Estos escritos exigen una lectura orante, detenida, reflexiva, y hecha con un corazón humilde.
No todas las familias acogen la gracia con entusiasmo. Son relativamente pocas las que comprenden desde el primer momento la llamada de la Virgen María y la gran importancia del mensaje y de su puesta en práctica inmediata. Casi siempre es necesario un lento proceso de iluminación y de acogida para que los miembros del hogar se decidan todos a vivir en el fuego de la Llama de Amor. No se trata de que cada uno viva individualmente la gracia, sino que TODOS EN LA FAMILIA, COMO UN SOLO CORAZÓN, se decidan a vivir y compartir las gracias. "Tu principal trabajo misionero seguirá siendo tu propia familia... Tu familia es el punto de partida de tu misión" (DE 25 de agosto de 1962), le dice Jesús a Isabel.
Quien lleva la Llama de Amor por primera vez al hogar debe informar de manera adecuada a todos los miembros de su familia, especialmente a los padres. Debe invitar a los que habitan en la casa a acoger ese gran regalo que transformará la familia en un Santuario. Todos trabajan por un mismo objetivo: la santificación y salvación eterna de cada uno de los miembros. "Ustedes son piedras vivas que Dios está usando para construir un templo espiritual. Por lo tanto, acérquense a Jesucristo, pues él es la piedra viva que la gente despreció, pero que Dios eligió como la piedra más valiosa. Además, ustedes son sacerdotes santos, y por medio de Jesucristo le ofrecerán a Dios los sacrificios que a él le agradan" (1 P 2, 4-6).
La buena información es vital para que no se quede el Don de Dios detenido. Las bendiciones que la Santísima Virgen obtiene para las familias que acogen su Llama de Amor son grandísimas; ella regala una cadena interminable de verdaderos milagros.
143. LAS OBRAS DEL DEMONIO EN FAMILIAS
La Virgen nos está hablando de un trabajo mancomunado para vencerlo. Nos invita con ardor a tomar conciencia de la acción diabólica en nuestras vidas y familias. Si no nos damos cuenta del problema, no le daremos importancia. El DIARIO ESPIRITUAL es una campana que está tocando todo el tiempo, y con su golpeteo incesante nos recuerda la estrategia oscura pero eficaz de Satanás para construir su reino de destrucción. Si no escuchamos el tañido de esta campana y no reaccionamos, seremos arrollados y arrastrados hasta la muerte eterna con nuestros seres queridos.
No se trata de una obsesión por el demonio. Se trata de despertar la conciencia dormida de los cristianos y de la humanidad entera ante el principal de los hombres y peligros que nos están destruyendo sin que nos demos cuenta. Una hermana me escribe: "... vivimos en un mundo donde hay una parte espiritual de la que nadie nos habla. Dentro de la misma Iglesia". Tiene razón, en las parroquias no se habla de la acción diabólica ni de cómo enfrentarla. Los sacerdotes no saben atender los casos que se presentan. No lo disciernen ni prestarán la ayuda que la gente necesita. La Virgen María nos está llamando fuertemente la atención para que abramos los ojos y tomemos los instrumentos apropiados, y en especial el "instrumento de la Llama de Amor para cegar a Satanás".
El gran combate espiritual contra el Dragón se está dando "dentro de las familias". Cada familia debe ganar ese combate porque si lo pierde, se llega a destruir social y espiritualmente. Nuestra misión como devotos de la Llama de Amor es dar a conocer el mensaje, vivir la devoción como se debe y aplicar a la vida de cada día el instrumento que María nos da para cegar todos los intentos del dragón que quiere destrozar nuestras familias y la sociedad entera. La Virgen pide un ejército. No es una metáfora. Es una realidad urgente. El dragón está habitando en la mente y en el corazón de muchas mujeres y hombres.
Años atrás, una madre desesperada me compartió que su niño era atacado "por los duendes". La palabra "duende" viene del latín antiguo y significa espíritus dueños de la casa, que habitan en ella. Es un fenómeno universal. Cuando aparecen en los exorcismos, dicen que son almas de niños abortados y consagrados a Satanás por los hechiceros. Le pregunto a esta mamá: "¿Y tú, a cuántos has matado?". La madre se paraliza, su rostro se contrae en una mueca de dolor, su cara se oscurece y, sollozando, dice: "A dos. He abortado a dos de mis hijos". "No sabía que abortar era malo. Me dijeron que yo tenía derecho a deshacerme de mis hijos. Me dejé engañar"... En su casa se apagan y encienden las luces, las sillas se mueven en el cuarto del niño, el pequeño habla con unos amiguitos invisibles, lo encuentran fuera de la cuna (ésta es muy alta, imposible que pueda salirse él solo), se despierta gritando, etc. Todo esto ha llevado
¿Quién hará todo eso? ¿Será "parapsicológico", como dicen muchos? ¿Será la imaginación de un niño de año y medio, que tiembla de miedo ante cosas que ve y que no se explica? Es ese mundo invisible del que no se habla y al que no se le da importancia porque la ciencia "actual" considera que no existe. Hablar de eso es algo "absurdo", propio de gente supersticiosa e ignorante. ¡Eso dicen los sabios! Lo negarán, pero es verdad: es una realidad que muchísimas familias viven y padecen.
El pecado tiene consecuencias gravísimas. Cuando se aborta a un niño, se abren las puertas a los espíritus malignos. El alma del niño queda ligada, en cierto sentido, a la madre; los demonios de Muerte, Desesperación, Depresión, Tristeza, Angustia y Fracaso matrimonial entran en la madre y en la familia. El hijo que nace después de un aborto voluntario queda también marcado por estos espíritus inmundos, que provocarán en su vida episodios de depresión y de muerte. Eso no se dice.
El aborto es totalmente demoníaco, diabólico; es matar a un ser inocente, a una persona. Es cometer una tremendísima injusticia que clama venganza al Cielo. ¿Por qué tantas mujeres están afectadas psíquicamente y sus matrimonios son un tremendo desastre desde todos los puntos de vista? Porque el dragón ha llegado a ellas, las ha cegado, las ha arrastrado en su torbellino de mentiras y les ha hecho creer que son dueñas de la vida del hijo que llevan en su seno, que son dueñas de su cuerpo. Para que las familias puedan defender de ese terrible dragón rojo (Apoc. 12), viene el Inmaculado Corazón de María con su mensaje, su devoción y su instrumento, que protege, sana y libera del Enemigo Maligno. Hay que oír a la Virgen y poner en práctica todos sus consejos para que haya una verdadera renovación de la familia; y satanás, que quiere seguir reinando en las familias, sea vencido.
144. ¡HAY QUE CAMBIAR EL CORAZÓN!
Debemos tener en cuenta que cada familia es diferente y no todas están en condiciones de hacer inmediatamente una consagración a los Sagrados Corazones de Jesús y María. Hay familias en las que todos comprenden y aceptan entrar en este proceso de cambiar el corazón. En otras, hay oposición de algún miembro, ya sea uno de los cónyuges, alguno de los hijos, o todos. Se dan casos en los que la consagración exigirá andar un largo camino, porque hay obstáculos muy graves que se deben superar, como padres que están en adulterio o simplemente "juntados". El hecho es que la consagración implica en sí misma un proceso personalizado de preparación más o menos largo.
Los miembros del Movimiento de la Llama de Amor deben capacitarse para ser como "maestros" o "tutores" que acompañen a aquellas personas que han recibido la Llama de Amor. No podemos sentirnos satisfechos por el hecho de que hayamos entregado esta nueva gracia a uno o a muchos. El objetivo es, en la medida de lo posible, llegar a familias enteras. Allí está el trabajo misionero. Está bien que hagamos cenáculos integrados por diversas personas de distintas familias, pero hay que ir más allá: a las familias de cada uno de los participantes, para invitarlas a consagrarse acogiendo la gracia de la Llama de Amor.
En este arduo trabajo nos asiste la promesa de María: "Yo les ayudaré de una manera casi milagrosa y mi ayuda va a ser continua. ¡Confíen en mí! ¡Actúen urgentemente! No posterguen mi causa para otro día. Satanás tampoco mira con los brazos cruzados, hace esfuerzos ingentes. Siente que ya se enciende mi Llama de Amor. Eso provocó su terrible furia... Algo parecido a esto no ha existido todavía. Este es el mayor milagro mío que ahora hago con ustedes... Mi Llama de Amor se quiere derramar sobre ustedes con toda su fuerza... es tan grande que no puedo retenerla por más tiempo dentro de mí. Con fuerza explosiva salta hacia ustedes" (p. 120).
¿Cuál es el motivo de la ira de Satanás ante la gracia de la Llama de Amor? Que el fruto de esta gracia es el cambio milagroso de los corazones: la conversión del corazón, el abandono del pecado, el rechazo del reino de las tinieblas, el compromiso de la familia para vivir una vida de intensa santidad. Isabel nos dice que la "Llama de Amor de la Santísima Virgen... va a tambalear los poderes del infierno" (p. 161).
Por desgracia, en la sociedad de hoy lo que cuenta es lo externo, el "cambio de estructuras". Piensan que para transformar el mundo hay que cambiar todas las estructuras: económicas, políticas, educativas, sociales, etc. De ese cambio vendría la paz, la prosperidad, la felicidad. Esa es la mercancía que nos han vendido y siguen vendiendo en las universidades, en los partidos políticos, en las organizaciones de todo tipo: cambio de lo externo. El fracaso de las ideologías y de la "ciencia" para dar felicidad al hombre ha sido retumbante. El hombre es hoy más infeliz que antes. El Evangelio nos dice otra cosa: hay que cambiar el corazón para que cambien las relaciones entre los seres humanos. Ese es el programa de la Llama de Amor: cambiar de corazón con la ayuda extraordinaria de la Virgen María. Ella dice: "Quiero que así como conocen mi Nombre en el mundo, conozcan también la Llama de Amor de mi Corazón, que hace milagros en lo profundo de los corazones" (p. 120).
La raíz de la infelicidad del hombre está en un corazón esclavo del pecado, es decir, de los espíritus malignos. En este terreno del combate contra las tinieblas no valen las estrategias psicológicas. El demonio es más astuto y poderoso que nosotros. No podemos enfrentarlo con nuestras propias fuerzas y habilidades. Aquí solo nos queda "esperar ese milagro y contribuir activamente para que se dé". Cada bautizado está llamado a vivir su bautismo en familia, emprendiendo el combate espiritual contra los enemigos del alma (mundo, demonio, carne) con la ayuda de ese "nuevo instrumento" que la Virgen María pone en nuestras manos. Esto parece una ingenuidad descomunal. Eso es el Evangelio: una descomunal ingenuidad.
No todo está dicho en el Diario de Isabel Kindelmann. Es necesario estudiar la doctrina de la Iglesia sobre la acción del mundo de las tinieblas. La Palabra de Dios, el Catecismo Católico, los teólogos, las enseñanzas de los papas y de los obispos, y la vida de los santos nos enseñarán todo lo que necesitamos para situarnos y asumir con sabiduría y responsabilidad la edificación de cada familia católica. "En relación con este milagro, no necesitan comenzar a hacer investigaciones. Todo el mundo sentirá su autenticidad en su corazón. Y quien lo ha sentido una vez, lo comunicará a otros, porque mi gracia actuará en él. No necesita ser autentificado en cada alma para que conozcan la efusión de gracia de mi Llama de Amor" (p. 120). Las gracias se obtienen pidiéndolas. Entonces, si no comprendemos la gracia de la Llama de Amor, pidamos al Espíritu Santo que nos dé sabiduría para entenderla y aceptarla.
145. SI JESUCRISTO ES LA LLAMA DE AMOR, ¿QUÉ ES LO NUEVO EN LA DEVOCIÓN DE LA LLAMA DE AMOR?
La falta de oración diaria (o frecuente) en familia es la razón principal de las crisis que llevan los hogares a la destrucción, a la perdición de sus miembros y a una "vida cristiana" familiar fracasada, aburrida y sin sentido. Pareja que no ora, no se realiza como matrimonio cristiano. Familia que no se reúne para bendecir, alabar, agradecer, reparar, pedir y manifestar a Dios el amor que Él se merece, es una familia que cae fácilmente bajo el ataque del mundo de la oscuridad.
Conocemos familias que cada semana se reúnen para "pasarla bien": juegan, conversan, oyen música, almuerzan, ingieren licor, ven televisión, salen juntos a pasear, etc. Tristemente, no se reúnen para orar, cuando en realidad es lo que más necesitan. En nuestra cultura actual hemos perdido la oración en familia. El punto más urgente de la pastoral familiar es enseñar a padres e hijos a orar juntos y utilizar los recursos que la Iglesia nos da para la santificación de su familia. En el designio divino, la familia ocupa el primer lugar para la evangelización de los hijos de Dios. Es muy difícil evangelizar la familia desde afuera.
Quienes están llamados a evangelizarla de primera mano son los esposos y padres. Ellos deben estar conscientes de que desde el momento en que aceptaron la vocación del matrimonio, tienen ante Dios una misión fascinante, a la vez que el apoyo y ayuda de Su gracia. No están solos. El Señor está con ellos; eso es suficiente garantía. Simplemente hay que tomar los medios que Dios les da.
Entre esos medios está el "nuevo instrumento" de la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María. Se va descubriendo el poder de esta gracia cuando se la va poniendo en práctica: hay que experimentarla.
Partamos del punto más importante: el amor del Padre celestial. Dios es nuestro Padre. Él nos ama infinitamente, desea nuestra salvación, quiere que seamos felices, y desea darnos todo lo que necesitemos y aún más. Quiere que le hablemos como hijos que somos, para darnos lo que le pidamos. Del Padre viene absolutamente TODO. Del Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo, nos vienen todas las gracias. Del Hijo hacia el Padre, en el Espíritu Santo, suben nuestras súplicas. Esta es la regla básica de la oración eficaz: "Todo lo que pidáis al Padre en mi Nombre, el Padre os lo concederá", dice Jesús. Los padres deben poner en práctica este gran principio para que los hijos aprendan a dirigirse hacia Dios como nuestro verdadero Padre.
Al leer el Diario Espiritual de la Llama de Amor, nos encontramos con una cantidad notable de pasajes en los que Jesucristo pide y reclama nuestro amor, y nos manifiesta una ternura única; es verdaderamente conmovedor leer esos pasajes en los que se transparenta un amor total, absoluto, sin límites hacia el hombre. Pues bien, no es solamente Jesús quien habla, sino sobre todo el Padre Celestial, porque Jesús simplemente repite lo que escucha del Padre. Cuando habla Jesús, está hablando nuestro Padre Celestial y su Espíritu Santo.
Al estudiar el Diario, nos damos cuenta de que la Virgen María en esencia no ha pedido a Dios Padre nada que no tuviésemos ya, porque la Llama de Amor es SU HIJO JESUCRISTO; y ese Hijo es el DON permanente del Padre a la humanidad. El Padre, al darnos la gracia de la Llama de Amor (por las súplicas de la Virgen María a través de las llagas de Cristo, p. 44), nos está dando lo que desde siempre nos dio: Su Hijo. Entonces, ¿cuál es la originalidad de la Llama de Amor? Consiste en una intervención milagrosa del Padre Celestial (una gracia extraordinaria) que se opera en el fondo de los corazones encendiéndolos (p. 44) hasta que se convierten en un incendio que con su fulgor ciega a Satanás.
Aquí podemos ver dos cosas: a) se enciende individualmente cada corazón y b) al pasar la llama, se encienden los demás corazones. Se trata de un efecto individual, un efecto familiar y un efecto social comunitario que se extiende más allá de la familia. ¿Qué se enciende en los corazones? La presencia del Espíritu Santo, que hasta ahora ha estado aletargada en muchísimos bautizados y en la totalidad de los no bautizados.
La Llama de Amor no se puede "definir" como hacemos con las cosas. La Llama de Amor es un "misterio de fe"; es de orden divino porque se trata de una gracia; es como un diamante de miles de facetas que, al ser embestido por el sol, refleja innumerables destellos. Se la va captando poco a poco. Es imposible encerrarla en unos cuantos conceptos. La Llama de Amor se va viviendo día a día y su finalidad es conducirnos a la intimidad con el Padre Celestial, objetivo último del ser humano.
El efecto colateral, secundario pero muy importante de la gracia, es cegar a Satanás. Al principio nos puede parecer que la finalidad de la Llama de Amor es cegar al demonio. A medida que la comprendemos, nos vamos dando cuenta de que el demonio no es más que un obstáculo a vencer y que no vale la pena centrarnos en él, sino que debemos poner nuestros ojos en lo esencial: el amor al Padre Celestial, que es el objetivo último de toda existencia.
146. LA VIRTUD DE LA LLAMA DE AMOR EN EL HOGAR
Los santuarios familiares deben ser lugares de amor, sanación interior y de liberación de las perturbaciones de los espíritus malignos. Las personas que están "realmente posesas" y necesitan verdaderos exorcismos son relativamente pocas. Sin embargo, hay muchas personas que están afectadas por la acción diabólica en menor grado y necesitan "oraciones de liberación". Creo que todos necesitamos oración de liberación más de una vez en la vida. Los exorcistas autorizados por los obispos se ocupan casi siempre de casos de posesión diabólica, es decir, casos extremos. Sin embargo, hay una solución para ayudar a tantas personas que sufren afectaciones emocionales y espirituales muy dolorosas, pero que no entran en el rango de la verdadera posesión. Esa solución la da nuestra madre Virgen María en la Llama de Amor: aprender a hacer oraciones de liberación en el hogar.
No podemos quedarnos con los brazos cruzados viendo cómo nuestros seres amados son flagelados y destruidos por la acción diabólica, tanto en nuestra propia familia como en nuestro entorno. Si la Virgen nos dice que Ella pone en nuestras manos un haz de Luz, y que ha obtenido del Padre Celestial una gracia para "cegar" a Satanás, debemos aprender a utilizarla con eficacia. Ella nos dice que está llamando a los padres de familia, y especialmente a las mujeres, a colaborar en la misión de salvar las almas. HAY QUE RESPONDERLE. Los hijos de Dios no estamos abandonados por nuestro Padre celestial. Sobre todo, los padres de familia no son pastores indefensos y vacíos frente a la manada de lobos que ataca diariamente su rebaño.
Una de las responsabilidades de los padres de familia es defender a sus ovejas de la acción del Demonio y sus secuaces. Para ello, deben aprender a discernir cuándo y cómo se está manifestando en su matrimonio, en sus hijos y en su hogar la acción de los espíritus malignos. Además de discernir, es necesario planificar la defensa, el ataque y la protección contra su permanente asedio. San Pablo, en Efesios 6, nos habla de revestirnos de la armadura de Dios: las armas de defensa y ataque para lograr la victoria. Sería absurdo que Dios nos diera una misión y no nos proporcionara los instrumentos para llevarla a cabo perfectamente.
Es necesario aprender a utilizar el NUEVO INSTRUMENTO QUE MARÍA NOS DA PARA RESPONDER A LA ACCIÓN DIABÓLICA EN NUESTROS HOGARES. Debemos tomar en nuestras propias manos las armas de liberación y aprender a usarlas para combatir al enemigo dentro de la propia familia. Las afectaciones espirituales del ser humano van más allá del plano meramente natural. La fe nos dice que la dimensión sobrenatural es el eje más importante del destino del hombre.
Tengamos en cuenta lo que significan las palabras "NUEVO INSTRUMENTO". Ciertamente están los instrumentos tradicionales, que son los más importantes: los sacramentos, la oración, el ayuno, etc. Ahora, frente al olvido y el descuido general de los instrumentos tradicionales, la Virgen nos da uno más, que Ella llama NUEVO y que tiene EXTRAORDINARIO PODER, especialmente para las familias heridas porque han descuidado durante años la utilización de los instrumentos tradicionales que nos da la Iglesia.
147. UN INSTRUMENTO TRASCENDENTE A ESTA VIDA
Este nuevo instrumento es como "DE EMERGENCIA". Al utilizar la Llama de Amor como instrumento de liberación, la problemática de dolor comienza a reestructurarse en cada persona y en la familia hasta que, estando cada cosa en su lugar, viene la paz y el crecimiento espiritual. Es necesario aprender a utilizar este nuevo instrumento dentro de marcos de prudencia para que sea realmente eficaz. La utilización práctica de la Llama de Amor como oración de liberación nos permitirá aprovechar todos sus recursos sin caer en el desánimo frente a las dificultades que todo proceso de liberación conlleva. La liberación de las afectaciones psicológicas o diabólicas es un proceso que puede durar meses y hasta años. Es un proceso doloroso marcado por la Cruz.
En su providencia divina, el Señor tiene para cada persona sus tiempos. Es necesario armarse de fe y paciencia, pues nada sucede en este mundo sin que Dios lo permita para nuestro mayor bien, especialmente el dolor y el sufrimiento físico o espiritual. Nadie se libera solo; todos somos liberados en familia. Todos nacemos dentro de una familia, aunque no la conozcamos, y estamos ligados a otra familia, aunque seamos huérfanos, abandonados, rechazados o abortados. Y cuando hablamos de familia no nos referimos solamente a los vivos que nos rodean. Somos el resultado de millones de personas que están detrás de nosotros y han pasado a la otra vida. Los ancestros están "vivos". Jesús nos dice que Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. En nuestro proceso de liberación entran los santos del cielo y también las almas del purgatorio. Por ese motivo, en el Diario Espiritual tiene tanta importancia la oración por los difuntos.
Nuestras oraciones, sacrificios, buenas obras y sufrimientos tienen gran incidencia sobre la sanación y liberación de los difuntos, especialmente de aquellos con quienes estamos ligados por lazos familiares. Las oraciones que las almas del purgatorio elevan hacia Dios en nuestro favor nos ayudan enormemente. Esta interacción entre vivos y difuntos es un misterio que comprenderemos después de esta vida temporal. Toda vida familiar, sin excepción, debe ser vivida dentro de la óptica y dinámica interna de la búsqueda y realización de la santidad cristiana. Es el plan de Dios para el ser humano. La Familia Santuario, tal como nos la propone la Virgen María en el Diario Espiritual, es una obra que "realiza la Virgen María en las familias que la acogen con amor".
148. ROSA MÍSTICA Y LA LLAMA DE AMOR
Rosa Mística y la Llama de Amor tienen una relación con las apariciones de Fátima. Los tres mensajes están relacionados entre sí porque su origen es el Corazón Inmaculado de María; el objetivo final es la salvación eterna de las almas por medio del combate contra el reino de las tinieblas.
En las apariciones de María Rosa Mística, la Virgen revela su Inmaculado Corazón a los religiosos y sacerdotes, y se presenta como Madre de la Iglesia. Por la Llama de Amor, ese Corazón Inmaculado se revela a las familias.
Rosa Mística y Llama de Amor: LA HORA DE GRACIA
A través de Isabel Kindelmann y Pierina Gilli, la Santísima Virgen nos da un programa o camino para la conversión de la Iglesia y de la familia. Son cosas concretas y sencillas que, puestas en práctica, tienen como resultado la transformación de los corazones.
Jesús da a Isabel Kindelmann un programa de intenciones y actos que debe realizar para cada día de la semana (p. 39-41). Le pide mucha penitencia y ayuno, especialmente por los sacerdotes vivos y difuntos. También pide la adoración reparadora ante el Santísimo Sacramento en las parroquias. Los jueves y viernes son días de gracia en los que se debe hacer "horas de reparación en familia" (p. 104, 194).
La adoración reparadora tiene un efecto formidable: "cuando alguien hace adoración reparadora a la Santísima Eucaristía, mientras eso dure, en su parroquia Satanás pierde su dominio sobre las almas. Como ciego, deja de reinar sobre las almas" (p. 124). Nuestra Señora pide que las familias se conviertan en "santuarios" donde reinen los Corazones de Jesús y de María (p. 213).
La oración personal y en familia tiene tanta importancia que Jesús pide a Isabel "velar en oración durante las horas de la noche", renunciando a horas de sueño para pedir por los moribundos y las almas del purgatorio (p. 292). La Eucaristía es el centro de la vida del cristiano y lo que más ciega a Satanás.
La Santísima Virgen no quiere para la Llama de Amor una fiesta especial. Ella desea que la antiquísima fiesta de la Presentación del Señor, también llamada "de la Candelaria", sea esa fiesta "para que la Llama de Amor de Mi Corazón se haga fuego vivo en los corazones, en las almas" (p. 56).
La Hora de Gracia
En el caso de Pierina Gilli, encontramos los mismos medios y el mismo objetivo: la salvación de las almas. Particular atención debemos prestar en el día de hoy, 8 de diciembre, a la Hora de Gracia porque es una especial petición que Nuestra Señora hace a todos sus fieles servidores y a toda la Iglesia.
El 8 de diciembre de 1947, la Santísima Virgen apareció a Pierina Gilli en la Parroquia de Montichiari, tras haberlo anunciado a la vidente. Una gran multitud llenaba el templo en espera de la aparición. A mediodía, a pesar de la oposición de los sacerdotes de la Curia de Brescia, Pierina se dirigió a la iglesia y comenzó el Santo Rosario en medio de esa gran multitud expectante. Interrumpió el rosario para recitar el salmo Miserere (salmo 50/51; "ten piedad de mí, oh Dios"). Continuó de nuevo el rezo del rosario, pero al cabo de algunas avemarías, apareció la Virgen en lo alto de una suntuosa escalera blanca de unos quince metros de largo y cinco de ancho, adornada con infinidad de rosas blancas, rojas y amarillas.
La Señora descendió lentamente hasta el centro de la gran iglesia, bajo la cúpula. Pierina la describió vestida de blanco, con las manos juntas, de una belleza esplendorosa que no es de este mundo. Dijo la Virgen:
"Yo soy la Inmaculada Concepción. Yo soy María de Gracia, Madre del Divino Hijo Jesucristo. Por mi venida a Montichiari deseo ser llamada 'Rosa Mística'. Deseo que cada año, el día ocho de diciembre, se tenga a mediodía la Hora de Gracia Universal. Con esta práctica se obtendrán numerosas gracias espirituales y corporales. Nuestro Señor, mi Divino Hijo Jesús, concede su más grande misericordia con tal de que los buenos continúen siempre orando por sus hermanos pecadores. Sea referido lo más pronto posible al Sumo Padre de la Iglesia Católica, o sea al Papa Pío XII, que deseo que esta Hora de Gracia sea conocida y extendida a todo el mundo. Aquellos que no puedan ir a su iglesia, aun quedándose en su propia casa a mediodía, orando, obtendrán gracias de mi parte".
La Virgen en esta ocasión mostró a Pierina su Corazón Inmaculado, que latía en su pecho. Pierina vio en ese Corazón a las tres rosas. El fulgor de ese Corazón Inmaculado fue tan intenso que la vidente quedó ciega por unos momentos. La Virgen dijo:
"He aquí el Corazón que tanto ama a los hombres, mientras la mayor parte de ellos lo llenan de ultrajes". "Cuando los buenos y los malos se unan en oración, obtendrán de este corazón misericordia y paz. Por ahora, los buenos, por mi medio, han obtenido del Señor la misericordia que ha detenido un gran flagelo". "Dentro de poco se conocerá la grandeza de esta Hora de la Gracia".
Hoy, 8 de diciembre, aprovechemos este gran regalo de María Santísima a la Iglesia para obtener todas las gracias que necesitamos. Desde nuestro hogar, podemos dedicar esos sesenta minutos a pedir por las intenciones que más amamos, con la firme convicción de que Nuestra Señora cumplirá su palabra.
La palabra "gracia" significa, en primer lugar, la amistad con Dios, la gracia santificante; en segundo lugar, significa misericordia, regalo, favor. La Inmaculada Concepción trae a los hombres la gracia santificante al darnos a Jesús, el mayor de los regalos, que es la encarnación del Verbo. Dios nos llena de misericordia en este día de la Inmaculada Concepción por la poderosa intercesión de la Madre de Dios.
149. MARÍA ROSA MÍSTICA: MADRE DE TODA LA IGLESIA Y DE LA HUMANIDAD
Otro punto de confluencia importantísimo entre la Llama de Amor y la Rosa Mística es la Maternidad Espiritual de María Santísima sobre toda la Iglesia y toda la humanidad. María es Madre de la Iglesia. Es Madre de toda la Humanidad. Antes de que el Concilio Vaticano II proclamase a María como Madre de la Iglesia, Nuestra Señora había revelado este Misterio a Pierina Gilli y a Isabel Kindelmann.
En el Diario Espiritual de la Llama de Amor, el título de Madre se va desplegando a través de sus páginas y, aunque explícitamente María no es proclamada como Madre de la Iglesia, su maternidad espiritual se extiende a toda la Humanidad. Ella es Madre espiritual de todos los pueblos y naciones (p. 194). Cristo llama a María "Mi Madre querida" (p. 44; 100) y afirma su íntima relación filial hacia María: "Yo y mi Madre" (p. 139); hablando con Isabel, le dice: "Dirígete a nuestra Madre Celestial" (p. 33), "Refúgiate bajo el manto de nuestra Madre" (p. 33), "Busca a nuestra Madre" (p. 95).
Al ser Madre de Cristo, Cabeza de su Cuerpo Místico, María lo es de toda la Iglesia. La maternidad espiritual de María se encuentra presente en todas las páginas del Diario de Isabel Kindelmann. Jesús proclama a María como la Madre de las gracias (p. 41) y desea que se la venere en la tierra como se la venera en el Cielo; la Virgen se presenta como Madre bondadosa y comprensiva (p. 43); es Madre de Misericordia y Madre Dolorosa (p. 155), quien sufre actualmente por la pérdida de las almas, no sólo en el día de la pasión de su Santo Hijo.
Ella es Madre espiritual de todos los seres humanos, y lo proclama en la jaculatoria que nos da para cegar a Satanás: "Derrama el efecto de gracia sobre TODA LA HUMANIDAD". Con este título comprendemos que Ella participa de una manera especialísima en el Misterio de la Redención, unida íntimamente a su Hijo Jesucristo. No que Ella sea la Redentora, sino que por designio divino, está íntimamente unida a los padecimientos redentores de su Hijo desde el momento del Fiat de la Encarnación.
María no es como los demás santos. Su condición de Madre de Dios la coloca en un puesto excepcional de santidad y le otorga un poder de intercesión único ante su Hijo.
En el Diario Espiritual de Pierina Gilli, es la misma Virgen María quien pide ser nombrada "Rosa Mística Madre de la Iglesia". "Yo soy la Madre de Jesús y la madre de todos ustedes", dice la Virgen (p. 106). La Rosa, la más bella de las flores y la preferida de la Santísima Virgen, representa al Cuerpo Místico de Cristo. El mensaje de Rosa Mística es doble: i) a los consagrados a Dios en los Institutos de Vida Religiosa y Sacerdocio; ii) a la Iglesia total, Cuerpo Místico de Cristo.
El mensaje de la Rosa Mística no es una iniciativa de la Virgen, sino del mismo Jesucristo: "¡Soy Jesús Nazareno, Hijo de Dios Trino! ¡He escogido Montichiari, tierra predilecta, para manifestar a Mi Madre María, la madre de todas las almas! ¡La Mediadora de la gracia y de la misericordia!" (p. 231). María, por su parte, se presenta numerosas veces con el título de su maternidad divina y espiritual: "Yo soy María, Madre de la Iglesia. Por ella (la Iglesia), por el Papa, por los Sacerdotes, por los hijos que la componen, vengo para pedir... oración, oración, oración... con el fin de que vuelva a los corazones la verdadera fe, el verdadero amor al Señor... la caridad, la caridad" (p. 365). "Sí... Yo soy María... Rosa... Cuerpo Místico, Madre de la Iglesia... ¡Este es el Mensaje que desde hace años te ha sido manifestado, pobre criatura!" (p. 380).
Las palabras de María Rosa Mística son una fortísima llamada a la conversión dirigida a toda la Iglesia, en especial a los religiosos y sacerdotes. María es el "Instrumento" escogido por Dios para otorgar las gracias necesarias para esa conversión. Por medio de Ella vendrá la conversión de la Iglesia, que es su hija. Para lograr esas gracias es necesario que todos los miembros del Cuerpo de Cristo tomemos parte con nuestras oraciones, sacrificios y penitencias para reparar las numerosas ofensas contra el Señor.
"Es verdad que tantos hijos ya no oran, no creen y ofenden gravemente al Señor... He aquí el grave peligro del ateísmo que avanza terriblemente y que está llevando al mundo a la ruina... Son tiempos tan dolorosos y llenos de confusión para tantas almas en las que se ha apagado la luz del Señor" (p. 399).
La Rosa Mística y la Llama de Amor expresan con claridad el Mensaje de Fátima. Son las dos caras de la misma medalla: ambas van juntas y son complementarias en la gran lucha de la Iglesia contra el opresor mundo de las tinieblas que busca destruir en los hombres la Fe en Dios.
Los Diarios Espirituales de Pierina Gilli e Isabel Kindelmann son verdaderos tesoros que nos dan los elementos para que la Iglesia se renueve y recupere todo el esplendor de la verdadera Fe católica. Nos corresponde a nosotros estudiarlos y llevar sus enseñanzas a la práctica; sobre todo debemos darnos cuenta de que somos verdaderos hijos espirituales de María.
150. LA LLAMA DE AMOR Y LA ROSA MÍSTICA: ISABEL KINDELMANN Y PIERINA GILLI (I)
Así como los mensajes dados a Eugenia Ravasio por el Padre Eterno para sus hijos y la Llama de Amor están relacionados, también encontramos lazos entre los mensajes de Isabel Kindelmann y aquellos dados a Pierina Gilli, la vidente de la Rosa Mística. Lo primero que notamos es una cierta semejanza en la historia de estas dos mujeres destinadas por Dios a darle a la Iglesia de estos últimos tiempos sendos mensajes de gran urgencia. Pierina Gilli nace en los alrededores de Montichiari, pequeña ciudad de la provincia de Brescia en el norte de Italia, en el año 1911; Isabel nace en Budapest, Hungría, en 1913. Pierina muere en 1991; Isabel en 1985. Eugenia Ravasio, Pierina Gilli e Isabel Kindelmann son contemporáneas. Las tres van a contribuir a iluminar el panorama de la Iglesia posconciliar.
La infancia de Pierina y de Isabel transcurre en el tiempo de la primera guerra mundial (1914-1918), época de grandes convulsiones y de gran pobreza. Las dos niñas sufrirán la pérdida de sus seres queridos. A los siete años, Pierina pierde a su padre. Su familia, ya sumida en la pobreza, se hunde en la miseria. Pierina por varios años debe ir a un orfanato regentado por religiosas. Regresa a casa para ayudar a su madre en el cuidado de sus hermanitos. Solamente estudiará hasta el cuarto grado de primaria.
El caso de Isabel es todavía más dramático. Al cumplir los doce años se encuentra totalmente sola en el mundo. Sus padres han muerto y sus doce hermanitos también. Está literalmente en la calle. Para sobrevivir, debe trabajar en labores domésticas y de obrera. Apenas logra, con esfuerzos propios, aprender a leer y escribir. No asiste a la escuela porque no puede pagarla.
Pierina se desenvuelve en una familia profundamente católica y piadosa. Nace en ella el deseo de consagrarse a Dios en la vida religiosa. En la familia de Isabel, su padre es protestante, su madre católica. También ella desea ser religiosa y busca en diferentes conventos ser admitida. Ninguna de las dos logrará coronar sus anhelos. Isabel encuentra su camino al matrimonio en la parroquia donde asiste. Karol Kindelmann, un obrero cuyo trabajo es de maestro deshollinador de chimeneas, le propone matrimonio. Ella tiene dieciséis años; él tiene cuarenta y seis. Los hijos y la viudez a temprana edad serán su "convento".
Por su parte, Pierina entra con las hermanas Siervas de la Caridad, una congregación religiosa dedicada a cuidar a los enfermos. Es admitida como postulante, pero su estado de salud le impide realizar su proyecto. Varias veces hace el intento, pero misteriosamente la enfermedad vuelve y debe dejar temporalmente la casa de formación. Años más tarde, entra otra vez como postulante. La enfermedad aparece de nuevo, y en medio de graves crisis de salud inicia el camino de las apariciones.
Primero es la Beata María de la Rosa, fundadora de la congregación, la que aparece como enviada precursora de la Virgen María. Más tarde es la propia Madre de Dios la que viene a su encuentro con los mensajes de Rosa Mística. Paradójicamente, su condición de vidente es la que impide a Pierina ser admitida en la vida religiosa. No le creen y la acusan de engañadora. Todas las puertas de los conventos se le cierran y se verá obligada a vivir como laica hasta el fin de su vida. La persecución de poderosos e influyentes clérigos y laicos harán de Pierina una excluida que es preciso evitar en el ambiente eclesiástico que la rodea.
Isabel, a los cuarenta y nueve años, es introducida en su vocación de profeta de la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María. Comienza a recibir los mensajes por medio de locuciones interiores y visiones intelectuales. En el caso de Pierina Gilli, se trata de apariciones en las que la vidente contempla con sus ojos y trata a la Virgen María como si Ella estuviera realmente presente.
La Llama de Amor está, en buena parte, destinada a las familias. La Rosa Mística es, en su primera etapa, una poderosa llamada a la santidad de los religiosos y del clero diocesano. En la segunda etapa, las apariciones son una llamada a la conversión para todo el Pueblo de Dios. Actualmente, la Llama de Amor se extiende por todo el mundo de manera discreta. Ha sido reconocida por muchos obispos, y los responsables del movimiento están pidiendo al Santo Padre la aprobación Pontificia.
Las apariciones de María Rosa Mística han sido muy combatidas por el grupo que relegó al ostracismo a Pierina Gilli. Su férrea oposición no ha impedido que la devoción a María Rosa Mística se extienda milagrosamente, llevando frutos increíbles a toda la Iglesia. Hoy no se puede decir oficialmente que fueron "apariciones", sino que "no consta por el momento que fueron apariciones". Es muy probable que más tarde, como tantas veces sucede en la Iglesia, la veracidad de las apariciones, la santidad de Pierina y la heroicidad de sus virtudes sean reconocidas. La causa de beatificación de Isabel está siendo introducida. Sin duda llegará el momento de verla en los altares. Estos dos mensajes nos dicen: Sin familias santas no hay sacerdotes; sin sacerdotes santos no hay familias santas.
151. ¿CÓMO DISCERNIR SOBRE LAS DEVOCIONES Y MENSAJES DE ROSA MÍSTICA Y LA LLAMA DE AMOR? (II)
Entre los maravillosos regalos que Dios ha hecho al mundo moderno, tenemos dos que es preciso comprender y acoger: la devoción a María Rosa Mística y a la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María. Lo usual es que la mayoría de los católicos experimentamos desconfianza por "lo nuevo". Somos, por tradición, llevados hacia una postura "conservadora". Tanto la jerarquía como los religiosos y laicos tenemos un instintivo rechazo a las novedades que no vienen marcadas por el reconocimiento oficial de los legítimos supremos pastores. Los obispos, de manera particular, por la prudencia de su cargo, son muy cautos en dar su aprobación a devociones o presuntas apariciones y mensajes inspirados.
Es necesario pasar por un largo proceso de "aceptación" para que los mensajes y devociones sean aprobados de manera oficial por el Santo Padre.
La Iglesia tiene sus propios criterios y procedimientos para reconocer públicamente presuntas intervenciones celestes. Siempre es el bien de las almas lo que justifica esta prudencia. Muchas dificultades se presentaron a la Devoción al Sagrado Corazón de Jesús, entregada a Santa Margarita María Alacoque. La Devoción a la Divina Misericordia y los escritos de Santa Faustina estuvieron en un tiempo prohibidos por la Santa Sede, hasta que San Juan Pablo II la reconoció y canonizó a la vidente. La moderna Devoción a la Preciosísima Sangre, que nos llega de África, encuentra no poca oposición en diversos sectores de la Iglesia. Eso sucede porque en el campo de las apariciones y devociones fácilmente se dan errores y aún fraudes.
La Iglesia actúa con mucha prudencia. No debemos extrañarnos de que algunos sacerdotes y laicos miren con desconfianza la Devoción a la Llama de Amor y las apariciones de María Rosa Mística.
¿Y cómo podemos discernir los cristianos? Una de las reglas de discernimiento más importantes nos la dio Jesús: "Por sus frutos los conoceréis". Es necesario decir que ni la Llama de Amor ni la Devoción a María Rosa Mística han sido jamás prohibidas. A pesar de las oposiciones y reticencias de algunos personajes influyentes, estas dos devociones se han ido expandiendo por el mundo entero, derramando infinidad de gracias y prodigios extraordinarios para el bien de los fieles.
La Llama de Amor nace en un país dominado por el comunismo; en esa época cualquier reunión era sospechosa para el gobierno de turno. Había persecución contra la Iglesia. Las primeras copias del Diario Espiritual salieron a escondidas de Hungría y fueron llevadas a Alemania, donde fueron traducidas al alemán y después enviadas a otros países para su traducción a otros idiomas. El P. Gabriel Rona, húngaro de nacionalidad y residente en Ecuador, fue quien hizo la traducción al español.
Su Eminencia el Cardenal Peter Erdó, Arzobispo de Esztergom-Budapest, después de un minucioso estudio teológico, el 6 de junio del 2009 aceptó oficialmente la devoción a la Llama de Amor y la doctrina del Diario Espiritual como un carisma dado a la Iglesia por medio de una laica: Isabel Kindelmann. Numerosos obispos en más de sesenta países han seguido su ejemplo, y el Santo Padre Francisco sigue atentamente el proceso de expansión de esta gracia.
Pronto llegará el momento en que la Llama de Amor será aceptada a nivel de la Iglesia universal como un auténtico mensaje del cielo para la Iglesia de hoy. La causa de beatificación de Isabel Kindelmann está dando sus primeros pasos.
Por su parte, la Devoción a María Rosa Mística ha seguido en su expansión a lo largo y ancho del mundo de manera sorprendente. A pesar de la oposición de la que fue víctima Pierina Gilli y de los intentos hechos por sus enemigos para que las apariciones fueran rechazadas por la Iglesia como "no sobrenaturales", el mundo entero ha acogido esta devoción y se expande cada vez más y más. "Vox populi, vox Dei" (la voz del pueblo es la voz de Dios), dice un adagio. Para el pueblo de Dios, María Santísima se ha aparecido realmente a Pierina Gilli, y a pesar de todos los que se oponen, esta es su convicción.
La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe NO HA CONDENADO NI RECHAZADO la devoción a María Rosa Mística, como algunos equivocadamente dicen. Este organismo de la Iglesia dice que por el momento NO CONSTA EL ORIGEN SOBRENATURAL de las apariciones. No lo niega ni lo afirma. Está esperando que en un futuro haya elementos que con mayor claridad permitan llegar a una decisión definitiva. Mientras tanto, se van conociendo más pormenores sobre la vida de Pierina Gilli, revelados por su Diario recientemente publicado.
Si algo pone en sintonía a Isabel Kindelmann y Pierina Gilli son las palabras de María Santísima y las visiones relativas a los consagrados: religiosos y sacerdotes. En la Llama de Amor, el Señor Jesús se dirige a los consagrados con expresiones muy serias; en la Rosa Mística, María Santísima viene especialmente de parte de Dios para hablar a los religiosos y a los sacerdotes. Ambas intervenciones son un grito profético, una llamada de atención a las Congregaciones Religiosas y a los obispos. Dios quiere consagrados santos.
152. LA LLAMA DE AMOR Y ROSA MÍSTICA HABLAN A LOS CONSAGRADOS (III)
Estas dos intervenciones celestes tienen como objetivo la renovación espiritual de la Iglesia. La Llama de Amor está específicamente dirigida a la transformación de los hogares en "Santuarios Familiares". La Rosa Mística pretende la santificación de los religiosos y sacerdotes.
Las familias están "destrozadas" por la acción diabólica, nos dice Isabel Kindelmann (vidente de la Llama de Amor). Satanás quiere reinar en los hogares. Después del Concilio Vaticano II, muchísimos consagrados a Dios, con los votos religiosos y gran cantidad de sacerdotes, han experimentado un inmenso desánimo. En este período, más de doscientas mil religiosas y alrededor de cien mil sacerdotes han perdido su vocación. Por otro lado, las vocaciones han disminuido hasta tal punto que, en ciertos lugares de antigua cristiandad, los seminarios y noviciados están casi vacíos. Esto representa para la Iglesia una verdadera tragedia, ya que cantidad de fieles se ven privados de la asistencia espiritual que necesitan para su salvación eterna.
Para que haya vocaciones, se necesitan familias santas. Para que haya familias santas, se necesitan muchos sacerdotes y religiosos santos. Los mensajes dados a Isabel Kindelmann y a Pierina Gilli son profecías para la Iglesia de hoy y marcan el camino de la solución de la crisis espiritual que está viviendo por doquier la humanidad, y especialmente los cristianos. A la raíz de esta situación está la acción diabólica.
Es notorio que en la vida de las dos mensajeras, Isabel y Pierina, el demonio se haga presente con una fuerza extraordinaria. Esta característica no es casual. Hay una verdadera intencionalidad de parte del Cielo para que todos, y especialmente los pastores, tomemos conciencia de la existencia real del mundo preternatural demoníaco y de su repugnante propósito de herir y, si es posible, destruir a la Iglesia.
Ambos mensajes (Llama de Amor y Rosa Mística) buscan que el pueblo de Dios reaccione con conciencia y gran energía para enfrentarse al ataque infernal contra la familia y los consagrados.
El tema de la acción diabólica en la vida de Isabel Kindelmann está descrito en numerosos párrafos del Diario Espiritual de la Llama de Amor. Estos ataques son en su gran mayoría de tipo espiritual. En el caso de Pierina Gilli, los ataques diabólicos son en su gran mayoría de tipo físico: ella ve al demonio, es golpeada y atormentada físicamente durante un período de tiempo previo a las apariciones de la Santísima Virgen. A lo largo de su vida experimentará también la persecución de parte de sacerdotes y personas piadosas inspiradas por los espíritus malignos.
Isabel y Pierina son dos almas víctimas, escogidas por Dios para participar de una manera extraordinaria de los sufrimientos de Cristo, en orden a la salvación de las almas. Dios nos enseña a través de ellas cómo el demonio teme la oración, la penitencia y el sufrimiento unidos a la pasión de Cristo, porque destruyen su plan de condenación eterna de las almas.
Pierina se ofrece a sufrir por los religiosos y sacerdotes atacados por las tentaciones demoníacas. Durante dos meses, experimentará lo que pasa en el alma de una religiosa que vive en pecado mortal: comienza a sentir rechazo y odio por las personas, especialmente por su confesor; aversión por las prácticas de piedad y especialmente por la sagrada comunión; entra en un estado de desesperación y no tiene las fuerzas para reaccionar. Todo le parece una falsedad. Jesús deja de existir para ella y se siente abandonada por Dios. "Los sufrimientos de mi alma fueron indescriptibles", narra en su Diario. En las páginas 44 a 53 de su Diario, Pierina describe los ataques diabólicos que sufre. Impresiona sobre todo la visita al infierno, en la que ve a las almas condenadas de religiosos que han muerto en pecado mortal. En medio de esas llamas están muchas almas de sacerdotes, y aún de obispos o Papas, que la Virgen llama "sacerdotes Judas" porque han traicionado su vocación sacerdotal.
Una voz le dice (a Pierina Gilli): "Es necesario hacer penitencia para impedir que las almas vayan al infierno".
La Devoción a María Rosa Mística tiene por principal objetivo la conversión, salvación y santificación de los religiosos y sacerdotes. La Santísima Virgen le dice a Pierina en la aparición del 13 de julio de 1947:
"Nuestro Señor me envía para llevar una nueva devoción mariana a todos los institutos y congregaciones religiosas, masculinas y femeninas, y también para los sacerdotes seculares". ... "Prometo a aquellos institutos religiosos o congregaciones, que más me honrarán, que serán protegidos por Mí, tendrán mayor florecimiento de vocaciones y menos vocaciones traicionadas, menos almas que ofendan al Señor con el pecado grave, y gran santidad en los ministros de Dios".
Tanto a Isabel Kindelmann como a Pierina, la Virgen María pide grandes sacrificios y oración intensa por la conversión de los religiosos y sacerdotes. Estas dos devociones, la Llama de Amor y Rosa Mística, están íntimamente relacionadas en sus fines y en sus medios.
153. CRISIS DE LOS CONSAGRADOS Y EL CAMINO A LA SOLUCIÓN (IV)
La santificación de los consagrados, tanto en la vida religiosa como en el sacerdocio, es de principal importancia en la Llama de Amor y en la Rosa Mística. En comentarios anteriores hemos puesto en evidencia las palabras de Nuestro Señor Jesucristo, que llaman fuertemente la atención a aquellos consagrados que viven de manera negligente su vocación.
En el Diario Espiritual de Isabel Kindelmann, encontramos palabras fuertes y duras. Jesús denuncia la tibieza de sus servidores, se queja con amargura de su frialdad y amenaza con la condenación eterna a aquellos religiosos y sacerdotes que no viven fielmente sus votos. En el caso de Pierina Gilli, la visión del infierno en la que se encuentran religiosos, sacerdotes, y hasta obispos y papas es tremendamente sobrecogedora. Nos impacta el hecho de que Pierina es sometida a grandes sufrimientos para lograr la conversión de algunas religiosas de su congregación que están en peligro de condenación eterna porque viven en pecado mortal.
Igualmente, vemos el tremendo poder que tiene sobre el demonio la oración y la penitencia corporal.
El mensaje de María Rosa Mística a los religiosos y sacerdotes se expresa en las diversas visiones y en las palabras que la Santísima Virgen dirige a Pierina en la primera parte de las apariciones. Lo primero que captamos es que Dios es sumamente exigente con la calidad de vida espiritual de los consagrados. Espera de ellos una gran santidad. El Señor pide a Isabel y a Pierina mucha oración y grandes sufrimientos para lograr la conversión de las almas sacerdotales y religiosas, y reparar sus pecados. Igualmente, pide a todos los miembros de la Iglesia que oren y se sacrifiquen por sus consagrados.
En la visión del infierno, una voz explica a Pierina las diversas categorías de condenados:
"La primera fila está formada por las almas religiosas que han traicionado su vocación y son condenadas porque no se han convertido. La segunda está formada por las almas religiosas muertas en pecado mortal". "Entre estas almas condenadas vi a aquel demonio que más larga y duramente me había hecho sufrir. Observé también a una religiosa vestida de negro, espantosamente deforme, inmersa en un mar de fuego que le salía de los ojos, de la nariz, de la boca, de las orejas, hasta de la punta de los dedos y envuelta en serpientes". "La tercera fila, continuó la voz, está formada por los Sacerdotes Judas". "En medio de aquellas llamas altísimas vi muchos sacerdotes y distinguidos con la mitra, no sé si eran obispos o papas" (Diario de Pierina, p.52).
El hecho de consagrarse a Dios en la vida religiosa o sacerdotal no garantiza de por sí la salvación eterna. Es preciso vivir santamente estos compromisos para salvarse. A quien mucho se le da, mucho se le pedirá, dice Jesús. De allí la gran necesidad de la oración, el sacrificio y la penitencia. El pueblo de Dios debe orar por la santificación de los religiosos y del clero.
En la aparición del 13 de julio de 1947, la Virgen pide que cada 13 de mes se realice una jornada mariana que sea preparada por doce días de oraciones. Tal jornada debe ser de reparación por las ofensas cometidas contra Nuestro Señor por las almas consagradas "que con sus culpas hacen penetrar en mi Corazón y en el Corazón de mi divino Hijo Jesús tres punzantes espadas". En tal día haré descender sobre los institutos o congregaciones religiosas que me habrán honrado abundancia de gracia y santidad de vocaciones. Que tal día sea santificado con oraciones particulares, como la Santa Misa, la Santa Comunión, el Rosario y la hora de adoración. Deseo que el 13 de julio de cada año sea festejado en cada instituto religioso".
En el Diario de Isabel no encontramos ninguna "aparición" de la Virgen María. Isabel no es una vidente. Las comunicaciones que recibe son más bien de tipo intelectual. Su carisma es diferente al de Pierina, pero el mensaje es el mismo. Grandes sufrimientos envuelven la vida de Isabel. Jesús la lleva a la renuncia total de su propia voluntad. La va despojando de todo placer, de todo gusto, y la sume en noches oscuras recurrentes hasta el fin de su vida. El demonio la atormenta constantemente y de manera terrible.
Estos grandes sacrificios deben ser ofrecidos por la salvación de las almas, y especialmente por las almas de los sacerdotes, tanto vivos como difuntos.
Jesús le pide mucha oración por los sacerdotes agonizantes, por los doce que deben llevar la Llama de Amor adelante, por aquellos que tienen dificultades, para que haya muchos confesores santos, por las almas de los sacerdotes que están en el purgatorio y por los que nadie ora. Tanto en la vida de Isabel como en la de Pierina, la oración, el sacrificio y la penitencia por la santificación del clero ocupan un lugar destacado.
Las devociones a la Llama de Amor y a la Rosa Mística nos llevan a amar profundamente a nuestros religiosos y sacerdotes, a orar y sacrificarnos constantemente por su santificación. Estos dos mensajes son totalmente "proféticos" porque están iluminando el "hoy" de la Iglesia: la crisis de los consagrados y del clero secular, y proponiendo el camino de la solución.
154. ROSA MÍSTICA Y LLAMA DE AMOR: SOBRE LOS SANTUARIOS FAMILIARES (V)
Según el mensaje dado a Isabel Kindelmann, la solución a la crisis actual de la Iglesia comienza por la restauración de la familia cristiana hasta convertirla en un "santuario familiar": un lugar en donde todos los miembros glorifiquen al Señor llevando una vida de acuerdo a la Ley de Dios, procurándole todo el amor, todo el honor y toda la gloria que a Él se le debe.
Para lograr esto, los cristianos, especialmente, deben utilizar el nuevo instrumento de la "Llama de Amor", que es una gracia dada por Dios a la Iglesia por medio de la intercesión de la Virgen María, cuyo objetivo es "cegar al demonio". Este busca destruir a la Iglesia por medio de la destrucción de la familia. De la restauración de la familia en Cristo vendrá una era de paz en los corazones y en la sociedad.
Por otro lado, el mensaje dado a Pierina Gilli por la Rosa Mística tiene dos partes: a) la renovación de la vida religiosa y sacerdotal, y b) la renovación de la vida cristiana en general. La primera parte de las apariciones se realiza en la intimidad de la Congregación de las Siervas de la Caridad, fundada por Santa María Crucificada de la Rosa. Estos mensajes están destinados a todas las congregaciones religiosas y a los sacerdotes. La segunda parte es pública y comienza con las apariciones en la iglesia parroquial de Montichiari (Duomo) en diciembre de 1947. Después de trece años de silencio, culminarán con las apariciones en el lugar campestre llamado Fontanelle (fuente) en las afueras de la ciudad. En esta segunda parte, los mensajes se refieren a la renovación espiritual de la Iglesia por la vivencia de los sacramentos, la oración, la penitencia, la profunda devoción a la Santísima Virgen, el amor a Dios y al prójimo.
Particularmente, es de notar la vinculación de la Rosa Mística y de la Llama de Amor con las apariciones de Fátima. Los tres mensajes están relacionados entre sí porque su origen es el Corazón Inmaculado de María; el objetivo final es la salvación eterna de las almas por medio del combate contra el reino de las tinieblas.
En las apariciones de María Rosa Mística, la Virgen revela su Inmaculado Corazón a los religiosos y sacerdotes y se presenta como Madre de la Iglesia. Por la Llama de Amor, ese Corazón Inmaculado se revela a las familias. Existen también otras apariciones contemporáneas, las de Ghiaie de Bonate (1944), que podríamos relacionar con los tres mensajes anteriores, aunque, por tristes razones, no han sido hasta hoy aceptadas oficialmente por la Iglesia. Nuestra Señora se aparece a una niña de siete años, Adelaida Roncalli, y se presenta como Reina de las Familias. El objetivo de estas apariciones era introducir la devoción de la consagración de las familias al Corazón Inmaculado de María (Diario de Pierina, p.81).
Para la renovación de la vida religiosa, Nuestra Señora dice: "Deseo que en cada congregación o instituto religioso haya almas que vivan con gran espíritu de oración, para obtener la gracia de que ninguna vocación sea traicionada (Rosa Blanca). Deseo, además, que haya otras almas que vivan de generosidad y amor a los sacrificios, a las pruebas, a las humillaciones, para reparar las ofensas que recibe Nuestro Señor de las almas consagradas que viven en pecado mortal (Rosa Roja). Deseo, además, que otras almas inmolen totalmente su vida para reparar las traiciones que recibe Nuestro Señor de los Sacerdotes Judas (Rosa Amarilla de Oro). La inmolación de estas almas obtendrá de mi Corazón materno la santificación de estos Ministros de Dios y abundancia de gracias para sus congregaciones. Deseo que esta nueva devoción mía sea extendida a todos los institutos religiosos".
(Pierina, por encargo de la Madre Superiora, pide un milagro como testimonio de la venida de la Virgen). Nuestra Señora responde: "No haré ningún milagro externo. El milagro más evidente se dará cuando estas almas consagradas, que desde hace tiempo y especialmente en el período de la guerra se relajaron en el espíritu hasta traicionar su vocación y atraer con sus graves culpas castigos y persecuciones, como sucede actualmente contra la Iglesia, dejarán de ofender gravemente a Nuestro Señor y volverá a revivir el primitivo espíritu de sus santos fundadores". "Dirás a los reverendos superiores que el título de la nueva devoción a la Virgen María es Rosa Mística, la verdadera y propia Madre (Madonna) de las almas religiosas. Te mando que refieras todas estas cosas a la Reverendísima Madre General pidiéndole encarecidamente que haga conocer a mis queridísimas hijas esta devoción. Deseo que todas mis hijas acojan esta nueva gracia y tengan una gran confianza y amor a la Virgen María Rosa Mística" (Diario, p.63).
La enseñanza de María Santísima para la renovación de la vida religiosa no puede ser más tradicional y serena: Oración, Sacrificio, Penitencia, representadas por las rosas blanca, roja y amarilla. Este llamado es, en primer lugar, para los propios religiosos y consagrados en el sacerdocio, y para todo el pueblo de Dios que debe orar y hacer penitencia para la conversión de los religiosos y sacerdotes.
155. ¿POR QUÉ PRACTICAR LA ORACIÓN, EL SACRIFICIO Y LA PENITENCIA? (VI)
La conversión de los religiosos y sacerdotes es de trascendental importancia para la Iglesia. "Heriré al pastor y se dispersará el rebaño". Con pastores heridos, el rebaño se pierde. El lobo penetra y mata a las ovejas. La estrategia del enemigo para destruir la Iglesia comienza por un despiadado ataque contra los pastores a todos los niveles. La Madre de la Iglesia está muy consciente de la gravedad del momento que se avecina y manda sus profetas para que alerten al Pueblo de Dios.
En la aparición y mensajes de Fátima, la Virgen María revela su Inmaculado Corazón y pone en evidencia una verdad que se está opacando en la conciencia de teólogos y profesores de seminarios: la existencia del demonio y del infierno. Es desde los seminarios y casas de formación donde se puede infiltrar el error teológico y moral en las inteligencias de aquellos que más tarde estarán en puestos de responsabilidad. Fátima es como un faro de luz que se va a proyectar sobre la Iglesia para iluminar las inteligencias y los corazones. En muchas universidades teológicas, el racionalismo está presente. Muchos de los allí formados se convierten en profesores de seminarios, de donde salen los párrocos y los que más tarde serán obispos. Las herejías, en su mayoría, han salido no del pueblo, sino de los pastores. Una de las herejías más perniciosas en estos últimos tiempos ha sido la negación de la existencia del demonio y del infierno.
La Llama de Amor y la Rosa Mística son dos grandes profecías que Dios da a la Iglesia para estos tiempos de gran combate espiritual. Ambas van a decir a los consagrados que tienen la inmensa responsabilidad de ser luz para la Iglesia, ante todo por una vida de gran santidad. Les recuerda que son depositarios de un carisma que no les pertenece. Que si han sido llamados por Dios al servicio de su Iglesia, esta gracia no los exime del peligro de condenación eterna si son infieles a la vocación recibida.
La visión del infierno dada a Pierina Gilli es la prolongación de la visión del infierno dada a los tres pastorcitos en Fátima, pero por así decirlo, "concentrada" o "especializada" en las almas de religiosos, sacerdotes y obispos condenados a las penas eternas por infidelidad a sus deberes. Los ataques que recibe Isabel Kindelmann de parte de Satanás representan la mayor parte de la gama de ataques que el demonio puede hacer a una persona. La victoria de Isabel sobre cada uno de esos ataques insidiosos pone en evidencia el poder de la oración (la fuerza de la Llama de Amor) contra la tentación diabólica.
Al darnos la advocación de Rosa Mística como la devoción de los religiosos y sacerdotes, la Virgen da la solución al problema vocacional: ORACIÓN, SACRIFICIO, PENITENCIA. Tanto a Isabel como a Pierina se les pide mucha oración. Orar por los consagrados, por su protección y santificación. Los mismos consagrados deben orar intensamente por su propia vocación.
La palabra SACRIFICIO significa el ofrecimiento que se hace a Dios de algo que representa para nosotros una privación, un sufrimiento, un dolor. Es un ofrecimiento libre, al que no estamos obligados por nuestros deberes de estado, sino que es una iniciativa personal de pura generosidad. Se diferencia de la PENITENCIA porque esta es la aceptación de los sufrimientos que Dios nos envía o permite, o que están unidos a las condiciones de nuestro estado de vida.
La penitencia de la que habla Rosa Mística es el cumplimiento de los deberes propios del cristiano. En primer lugar, la Ley de Dios y de la Iglesia; en segundo lugar, el cumplimiento de los deberes ordinarios de la vida sacerdotal, religiosa, matrimonial o de la soltería; en tercer lugar, el cumplimiento de los deberes y la aceptación de las fatigas del trabajo cotidiano. Los conceptos sacrificio y penitencia están íntimamente relacionados y se pueden confundir, pero la Virgen Rosa Mística considera como penitencia agradable a Dios el cumplimiento amoroso de los deberes diarios de la vida. En el caso de Isabel, el Señor pide a todos los cristianos que hagamos penitencia (Diario Espiritual, p. 204-205). Él se pone como el modelo perfecto del hombre penitente. "Sabes que si encuentro un solo justo, perdono a muchos: "¡Hagan, pues, penitencia para que mi esperanza puesta en ustedes produzca para ustedes el fruto de la salvación!"
En los diarios de ambas siervas de Dios, la penitencia tiene un impacto de "reparación de los pecados de los hombres", pero especialmente de los pecados de los sacerdotes y consagrados, que si no se reparan, atraen los castigos de Dios sobre la Iglesia. Es necesario orar y reparar los pecados cometidos por todos los hombres, pero en especial los pecados cometidos por los sacerdotes y religiosos. Las dos advocaciones nos llevan a obtener la gracia de la conversión de los sacerdotes y religiosos por el ofrecimiento de nuestros sufrimientos unidos a los de Cristo Jesús.
156. EL PADRE ETERNO HABLA A SUS HIJOS (Mensaje a la Madre María Eugenia Ravasio)
Quiero llamar la atención de los lectores hacia el mensaje dado por Dios Padre a Sor Eugenia Ravasio, titulado "EL PADRE LE HABLA A SUS HIJOS". Es una revelación privada muy importante y que vale la pena estudiar con detenimiento para comprender mejor el mensaje de la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María.
Somos obra grandiosa e inestimable del único Padre Eterno, todo ternura y amor.
El amor a Dios, el respeto a su Persona, la amorosa sumisión, la adoración y el culto a su Santísimo Nombre son lo más importante para todo ser humano y toda criatura angélica. Dios es el Señor. Todo cuanto existe ha salido de sus "manos". Somos no solamente sus criaturas, sino sobre todo "SUS HIJOS" tiernamente amados. Hemos sido creados a su imagen y semejanza por puro amor desinteresado. Destinados a conocerlo, amarlo, respetarlo, servirle, agradecerle, glorificarlo y adorarlo PARA TODA Y POR TODA LA ETERNIDAD. Somos inmortales. Somos hijos de Dios y llevamos dentro de nosotros su vida íntima. Por esa razón, nunca, nunca, nunca, nunca, nunca... al infinito... dejaremos de existir. Esto es simplemente grandioso. Esta realidad supera toda comprensión racional. Solamente la Fe puede darnos alguna idea de lo que es ese misterio insondable que llamamos "Cielo" o "Vida Eterna".
A tal punto somos amados por ese Dios PADRE-HIJO-ESPÍRITU SANTO que la segunda persona de esa Trinidad se hizo carne para rescatarnos del pecado de Adán. Si Jesucristo aceptó gustoso llevar la agonía, pasión y cruz para rescatarnos del poder de las tinieblas, es porque VALEMOS LA PENA. Somos la obra grandiosa e inestimable del único Dios sapientísimo e infinitamente amoroso para con sus criaturas.
Cada ser humano es una obra maestra de ese Dios infinitamente justo, infinitamente generoso, infinitamente sabio, infinitamente bueno, infinitamente todopoderoso, infinitamente misericordioso, infinitamente santo, infinitamente respetuoso de nuestra libertad y, paradójicamente, infinitamente humilde y paciente con sus criaturas. Las palabras se agotan y dejan de existir cuando queremos referirnos a ese gran Dios y gran Señor. No hay palabras. Por ese motivo, solamente la Fe puede ayudarnos a soportar esa grandiosidad.
Esta actitud de nuestra persona, que llamamos Fe, nos permite comprender apenas un poquito lo terriblemente ingrato y criminal que es ofenderlo. La rebelión, el rechazo, el odio, la ingratitud, la desobediencia, la frialdad, la indiferencia, la blasfemia contra su SANTO NOMBRE no tiene cabida en una criatura. Son actos verdaderamente criminales... no hay palabras para calificarlos en su tremenda realidad.
La actitud de los ángeles rebeldes, Lucifer y los suyos, nos viene revelada por la Palabra de Dios. Si no tenemos la dicha de creer en la divina revelación, estamos aquí totalmente desconcertados y no comprenderemos absolutamente nada. La razón humana queda totalmente encandilada y trastabillando. Todo parece una fábula, un mito, un cuento para niños o personas débiles, sin espíritu crítico. Por eso los sabios de este mundo, los "ricos" de la inteligencia puramente humana, topan aquí contra una pared y se rajan la cabeza.
El Evangelio es para los que tienen corazón e inteligencia de niños. Hay que pagar un precio para creer: quebrarse a sí mismo como se quiebra una caña ante Dios y Señor; y eso cuesta mucho. Por ese motivo, los orgullosos no pueden entrar en el reino de los cielos; tienen que pasar por el ojo de la aguja. Eso le pasó, desgraciadamente, a Lucifer y a los suyos. No quisieron doblegarse ante su Señor y Creador. No quisieron pagar el precio para entrar en el Reino: aceptar su condición de seres creados y dependientes de su Creador.
Cuando tratamos este tema de Lucifer y los ángeles caídos, debemos entender que no somos "demonopáticos" ni "obsesionados" por el tema "diabólico". Simplemente tratamos de ser responsables con nuestra propia existencia y nuestro propio destino. Si tenemos realmente la Fe, no podemos negar lo que nos ha sido revelado por el mismo Dios, ni hacer a un lado este tema de trascendental importancia. Ignorar este misterio y rechazarlo es verdaderamente "suicidarse" espiritualmente hablando. No se puede comprender el misterio del pecado del hombre sin la presencia de ese mundo angélico caído.
La Sabiduría dice que el pecado, la muerte, entró en el mundo del ser humano por la envidia del Diablo. Dios no creó ni la muerte, ni el dolor, ni el pecado, ni el infierno. Dios es inocente de ese crimen abominable. Somos nosotros los traidores a nuestra propia felicidad. Nos hemos traicionado a nosotros mismos y nos hemos hecho hijos del Diablo. Hemos abrazado a la muerte y esta nos ha transmitido su propia identidad.
La Llama de Amor tiene una importancia trascendental para toda la humanidad porque es la última tabla de salvación que ese Dios amoroso da a sus hijos necios, estultos, crédulos, tontos, que han cometido la estupidez de creer en la Serpiente. Si el Hijo de Dios se encarnó para salvarnos dándonos el Espíritu Santo desde lo alto de la cruz, ese Hijo, por voluntad del Padre, nos fue dado a través de la Mujer. A través de la Madre nos viene la Luz que destruye las tinieblas. No es nada nuevo. La Iglesia siempre lo ha dicho, desde que se escribieron los evangelios. Modernamente, el Señor lo ha repetido en infinidad de manifestaciones y apariciones, especialmente en el mensaje de Fátima: Mi Hijo quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Dios aplasta la soberbia de Lucifer por la humildad de su Esclava.
157. LAS REVELACIONES DEL PADRE ETERNO Y LA LLAMA DE AMOR (I)
La epístola a los Hebreos nos dice que en el pasado Dios habló a los hombres de múltiples maneras, pero en los últimos tiempos nos ha hablado por Jesucristo, su Hijo. La epístola a los Romanos nos dice en su primer capítulo cómo a través de la misma naturaleza el Padre Eterno nos habla a todos los hombres y nos revela, aunque de manera limitada, sus perfecciones con el objetivo de que lo conozcamos, amemos y sirvamos. Dios se ha revelado a los seres humanos desde siempre. Cuando llegó el momento previsto por Su divina Sabiduría, Dios se nos reveló de una manera total y completa en la Persona del Verbo Encarnado: Jesucristo.
Hay una Revelación Pública que está contenida en la Palabra de Dios escrita y transmitida (Biblia y la Tradición); y hay revelaciones privadas: las que Dios hace a personas individuales a quienes Él reviste de una misión con la finalidad de iluminar aspectos de la Revelación Pública. Dios no se contradice. La Revelación Pública es Palabra de Dios y debe ser aceptada como tal. Estamos obligados a creer en la Palabra de Dios precisamente porque es Su Palabra, oficialmente reconocida por la Iglesia. La palabra "obligados" no significa que somos forzados por Dios a creer cosas que son absurdas, sino que debemos acoger con humildad y amor Su Santísima Palabra porque es verdadera.
No estamos obligados a acoger las revelaciones privadas como Palabra de Dios, pero es conveniente tomar de ellas aquellas cosas que nos edifican y ayudan para vivir mejor nuestra Fe. El Diario Espiritual de la Llama de Amor, de Isabel Kindelmann, entra en la categoría de "revelaciones privadas". Podemos libremente acoger o no lo que ella dice que el Señor y la Virgen María le manifestaron.
Muchas personas nos han transmitido sus revelaciones privadas. Santa Gertrudis, Santa Catalina de Siena, Santa Margarita María, Santa Faustina Kowalska, Pierina Gilli, etc. nos han dejado sus experiencias en diarios escritos. Los niños de La Salette, Santa Catalina Labouré (Medalla Milagrosa), Santa Bernardita, los Beatos Francisco y Jacinta, y Lucía de Fátima, los videntes de Medjugorje, etc., nos transmiten las palabras de la Virgen. Todos estos escritos nos pueden ayudar muchísimo a crecer espiritualmente, pero no estamos obligados a creer en ellos ni a aceptarlos.
Estos testimonios personales son complementarios entre sí y, por lo tanto, parciales. Deben ser leídos y comprendidos teniendo en cuenta el contexto histórico, cultural e intencional en que nacieron. No podemos absolutizar ninguno de estos documentos, sino que debemos buscar su complementariedad para comprenderlos mejor y sacar mayor fruto.
Teniendo en cuenta lo anterior, quiero llamar la atención de los lectores hacia el mensaje dado por Dios Padre a Sor Eugenia Ravasio, titulado "El PADRE LE HABLA A SUS HIJOS". Es una revelación privada muy importante y que vale la pena estudiar con detenimiento para comprender mejor el mensaje de la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María. Eugenia Ravasio (1907-1990) e Isabel Kindelmann (1913-1985) fueron contemporáneas. Eugenia recibe la revelación del Padre Eterno en Grenoble, Francia, en el año 1932. Isabel escucha las palabras de Jesús y de María en Budapest, Hungría, a partir de 1961 hasta 1981. Estos personajes no se conocieron ni tuvieron la menor relación entre ellos. Los dos mensajes se complementan e iluminan mutuamente. Nos interesa conocer la Revelación del Padre Eterno y cotejarla con los escritos de Isabel para comprender mejor la gracia de la Llama de Amor.
La Virgen dice a Isabel que Ella alcanzó del Padre Celestial por los méritos de las Llagas de Su Hijo Santísimo "el fuego de Amor de Unión", es decir, la Llama de Amor (Diario Espiritual, p. 44). Esta gracia extraordinaria viene, pues, del Corazón del Padre Eterno como respuesta a las súplicas insistentes de María Santísima por la salvación de las almas que están en grave peligro de condenación. Veintinueve años antes de que Isabel recibiera la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María, el Padre Eterno había dicho a Eugenia Ravasio: "Los sacerdotes deben llevar a los hombres la llama de mi paterno amor"; y que "estos hombres, que son mis hijos, vean brillar esta llama".
Ambos escritos, el "Mensaje del Padre" y el "Diario Espiritual del Inmaculado Corazón de María", están en línea de continuidad y son prácticamente inseparables. Ambos apuntan a lo mismo: revelar a los seres humanos el infinito Amor de Dios hacia los hombres, que viene del Corazón del Padre Eterno a través del Inmaculado Corazón de María. Ese Verbo Eterno es la Llama de Amor del Padre que se hace hombre en el seno de María Santísima para convertirse en la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María.
158. DIOS ES UN PADRE QUE AMA A SUS HIJOS (II)
El P. Andrea D'Ascanío (franciscano capuchino) en la introducción al folleto "El Padre le habla a sus hijos", nos traza la semblanza de Sor Eugenia Ravasio. La llama "una de las más grandes luces de estos tiempos... Pequeño profeta de una Iglesia nueva en la cual el Padre está en el centro y en el vértice de cada fe, y la unidad es el máximo ideal de toda espiritualidad. Es la luz que el Padre donó al mundo en este tiempo de caos y de oscuridad, para que se conozca el camino que hay que seguir" (p. 3).
Sor Eugenia nació en Italia, en la comarca de San Gervasio d'Adda (provincia de Bérgamo), en el año 1907. Su familia era de origen campesino. Solamente frecuentó la escuela primaria. Trabajó como obrera en una fábrica. Cuando tenía veinte años, entró en la Congregación de Nuestra Señora de los Apóstoles, dedicada especialmente a las misiones. Esta orden religiosa fue fundada en el año 1876 en Lyon, Francia, por el P. Agustín Planque para colaborar con la Sociedad de las Misiones Africanas (SMA).
A los 25 años de edad, fue nombrada Superiora General de la congregación, y estuvo en este cargo durante doce años (1935-1947). Se entregó en cuerpo y alma al servicio de los más abandonados, abriendo más de setenta centros misioneros en África, Asia y Europa. De manera particular, amó a los leprosos, para quienes dedicó sus mejores esfuerzos y con quienes tuvo sus más grandes logros. Dios se sirvió de ella para dar a la Iglesia el Mensaje del Padre (El Padre habla a sus hijos). Estas revelaciones del Padre Eterno a Sor Eugenia tuvieron lugar en la Diócesis de Grenoble, Francia, en 1932. La particularidad extraordinaria de estas comunicaciones divinas consiste en que quien se presenta de manera visible es Dios Padre bajo forma humana. No nos sorprende que se presente Jesús, puesto que el Verbo de Dios, la segunda Persona de la Trinidad, se encarnó. Nos extraña sobremanera que el Padre Eterno tome la forma de Jesucristo y se afirme como la primera Persona de la Trinidad. Esta particularidad generó grandes dudas entre los teólogos que examinaron los mensajes.
Durante diez años, la comisión nombrada por Mons. Alexandre Caillot, Obispo de Grenoble, estudió cuidadosamente el mensaje de las apariciones y su coherencia con el contenido de la Divina Revelación. Durante este tiempo, Sor Eugenia, con gran humildad, paciencia y sabiduría, fue respondiendo a las exigencias del proceso de manera satisfactoria. Al término de la investigación, la Iglesia aprobó estas apariciones y el Mensaje del Padre Eterno.
¿Qué importancia tiene para la Iglesia de hoy y, de manera especial, para la comprensión de la gracia de la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María? Podemos decir que esta intervención del Padre Eterno en el mundo de hoy es de primera importancia y grandiosa trascendencia.
Es doctrina común en los círculos de las ciencias humanas, especialmente en psicología y psiquiatría, que la calidad del contacto que los niños tienen con sus progenitores genera en ellos una "imagen paterna y materna" que influirá de manera notable en su conducta a lo largo de la vida. La presencia o ausencia del papá o de la mamá, la calidad de la relación del niño con sus progenitores o con aquellos que hacen las veces de padres, determinará en buena parte su subconsciente, sus sentimientos, sus emociones y su manera de relacionarse con los demás en la edad adulta. Desde el punto de vista religioso, la manera como el ser humano concibe a Dios se resiente también, en cierto grado, de la imagen paterna elaborada durante la infancia. Los padres transmiten con su conducta, sus gestos, sus palabras y sus expresiones la propia imagen que tienen de Dios a sus hijos. Nos relacionamos con Dios en consonancia con la idea que nos hemos formado sobre Él en la familia y en el ambiente en que nos hemos desarrollado.
En su mensaje, el Padre Eterno dice:
"1) Vengo para eliminar el temor excesivo que mis criaturas tienen de Mí y para hacerles comprender que mi alegría está en el ser conocido y amado por mis hijos; es decir, por toda la humanidad presente y futura.
2) Vengo para traer esperanza a los hombres y a las naciones;
3) Vengo para hacerme conocer tal como soy... Quiero que el hombre sepa lo más pronto posible que lo amo y que siento la más grande felicidad estando con él, como un Padre con sus hijos" (p. 14-15).
Cuando comparamos el mensaje dado a Eugenia Ravasio con numerosos párrafos del Diario Espiritual dedicados al Eterno Padre, vemos que coinciden de manera notable, y que la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María está llamada a desempeñar un gran papel en este proceso de cambio de mentalidad de la humanidad en su imagen de Dios. Quien promueve el miedo, el odio y el alejamiento del hombre respecto a Dios es el demonio. El combate contra este enemigo se da en el corazón del hombre, y el efecto de gracia de la Llama de Amor es el gran instrumento del Padre Eterno para lograr ese cambio.
159. NUESTRO AMOR AL PADRE ETERNO ESTÁ DISTORSIONADO POR EL MIEDO. (III)
La idea que nos hacemos de Dios influye de manera determinante en nuestra manera de relacionarnos con Él. El mensaje del Padre a sus hijos, a través de Sor Eugenia Ravasio, es de trascendental importancia para nuestra vida espiritual. El Padre Eterno se queja de que no lo conocemos y de que no lo amamos como Él mismo quiere ser conocido y amado. Atribuye esa falta de amor al "miedo". Le tenemos miedo a Dios.
El fruto primero del pecado es "alejarnos" de Dios. Llevamos en el alma una idea equivocada del Señor. Para cambiar esa manera de ver a Dios, el Padre Eterno nos habla de sí mismo y nos dice lo que ya sabemos por las Sagradas Escrituras, pero que desgraciadamente hemos olvidado: Dios es un Padre amoroso para todas sus criaturas, y especialmente para los hombres, para cada hombre.
Él no quiere que le sirvamos como esclavos. Dios nos ama hasta el punto de habernos dado a su Hijo para nuestra salvación. "¡Yo soy el mejor de los padres! ...¡Venid, venid a mí con confianza y amor! ¡Yo estoy tan cerca de vosotros!" (p. 18-19).
"Nadie ha comprendido todavía los deseos infinitos de mi corazón de Dios Padre de ser conocido, amado y glorificado por todos los hombres, justos y pecadores..." "Dándoos la vida ¡he querido crearos a mi imagen y semejanza! Por lo tanto, ¡vuestro corazón es sensible como el mío y el mío como el vuestro!" (p. 20)...
"Yo soy un Padre buenísimo y no un Padre terrible como vosotros creéis, es más, soy el Padre de todos los hombres actualmente vivientes, y de los que todavía crearé hasta el fin del mundo. Sabed que quiero ser conocido, amado y, sobre todo, glorificado. Que todos reconozcan mi bondad infinita para todos, y sobre todo para los pecadores, los enfermos, los moribundos y todos los que sufren. Que sepan que no tengo otro deseo más que el de amarlos, donarles mis gracias, perdonarlos cuando se arrepienten, y sobre todo no juzgarlos con mi justicia, sino con mi misericordia, para que todos se salven y sean incluidos en el número de los elegidos... Llamadme con el nombre de Padre, con confianza y amor, y recibiréis todo de parte de este Padre con amor y misericordia" (p. 21).
Las palabras del Padre Eterno están llenas de infinita ternura y misericordia. Dios es Padre y ama al hombre como a su hijo. "Como creador y Padre del hombre siento la necesidad de amarlo. No es que yo necesite de él, pero mi amor de Padre y Creador me hace sentir esta necesidad de amar al hombre. Por lo tanto, yo vivo cerca del hombre, lo sigo por todas partes, lo ayudo en todo, proveo todo. Mi felicidad más grande es la de socorrerlo y salvarlo". Los hombres creen que yo soy un Dios terrible, y que precipito a toda la humanidad en el infierno. Quisiera que todas mis criaturas se convenzan de que hay un Padre que vela por ellas y que quiere hacerles pregustar, aún aquí abajo, la felicidad eterna" (p. 22-23).
Dios quiere ser llamado con el nombre familiar de "Padre". Quiere establecerse en cada familia como un Padre providente que responde a todas sus necesidades: infinitamente bueno, inmensamente rico y muy misericordioso. Desea que su "imagen" sea expuesta en cada familia.
"Deseo que cada familia se ponga bajo mi protección muy especial, para que puedan glorificarme más fácilmente" (p. 24). Quiere ser conocido, amado y glorificado con un culto especial. Un día o un domingo consagrado para "glorificarme, de modo muy particular, con el nombre de Padre de toda la humanidad". Quiere una Misa y una función apropiada, el primer domingo de agosto o el día 7 del mismo mes.
Dios Padre pide que los sacerdotes vayan por todas partes llevando a los hombres "la llama de mi paternal amor"... que todos los hombres, que son sus hijos, vean brillar esta llama" (p. 27). Dios quiere ser amigo y confidente del hombre. "Llamadme solo con el dulce nombre de Padre y yo vendré a vosotros" (p. 32). "...vengo para proclamarme Padre de todos y el más tierno de los padres, y para corregir el amor que me dais y que está falseado por el temor". "...para corregir la idea de que tenéis un Dios terriblemente justo, pues veo a todos los hombres transcurrir su vida sin confiarse en su único Padre, que quisiera hacerles conocer su único deseo, que es el de facilitarles el pasaje de la vida terrena para darles después el cielo, la completa vida divina" (p. 35).
Dios se lamenta de que nosotros, sus hijos, no lo conocemos como lo que Él es: nuestro Padre infinitamente amoroso. La idea de que Dios es un Dios terrible, justiciero, castigador, condenador, vengativo, lejano, legalista, cruel, extremadamente exigente con los seres humanos, no corresponde a la verdad. Dios no es así. Dios es todo lo contrario: amoroso, misericordioso, perdonador, infinitamente bueno, totalmente cercano a sus hijos, los seres humanos. Los hombres rechazan a Dios y se alejan de Él porque lo conciben de una manera totalmente equivocada. Debemos cambiar nuestra manera de ver a Dios. El gran promotor del alejamiento de Dios es el demonio. La llama de amor lo deja ciego.
160. OREMOS AL PADRE ETERNO POR LOS MÉRITOS DE JESUCRISTO Y POR EL ESPÍRITU SANTO (IV)
El Padre Eterno pone en evidencia la acción diabólica en el proceso de alejamiento de la humanidad respecto de Dios Padre, y a su vez nos enseña que debemos acercarnos confiados y rogarle a Él por los méritos de Jesucristo y por el Espíritu Santo:
"Oh, querida humanidad. Oh, hombres que sois mis hijos, liberaos, dejad las ataduras con las cuales el demonio os ha encadenado hasta hoy, ¡con el miedo de un Padre que no es otra cosa que amor! Venid, acercaos, tenéis todo el derecho de acercaros a vuestro Padre, dilatad vuestros corazones, rogad a mi Hijo para que os haga conocer siempre más mis bondades con vosotros" (p. 36)...
"Yo mismo vengo para traer el fuego ardiente de la ley del amor para que, con este medio, se pueda fundir y destruir la enorme capa de hielo que rodea a la humanidad".
"Oh, vosotros que sois prisioneros de las supersticiones y de las leyes diabólicas, liberaos de esta tiránica esclavitud y venid a la verdad de las verdades. Reconoced a aquel que os ha creado y que es vuestro Padre" (p. 36)...
Dios Padre viene a revelarse no porque Él necesite de sus criaturas, sino solo para salvarlas y hacerlas partícipes de su gloria. "Y también porque mi bondad y mi amor se dan cuenta de que los seres que saqué de la nada y adopté como verdaderos hijos están cayendo numerosos en la infelicidad eterna con los demonios, faltando de este modo a la finalidad de su creación, ¡y perdiendo el tiempo y la eternidad!" (p. 38).
Dios espera en el momento actual la conversión sincera y perseverante de sus hijos y el regreso de los hijos pródigos: "Que todo el mundo sepa que hay un Dios y un Creador, lo quieran o no. Este Dios, que hablará repetidamente a su ignorancia, es desconocido: no saben que yo soy el Padre de ellos" (p. 38). Los hombres que se han alejado de la Iglesia Católica volverán cuando oigan hablar de un Padre que los ama, que es su Creador y su Dios, de este Padre que desea darles la vida eterna.
El Dios que se va expresando a través de los mensajes del Padre Eterno es muy diferente de ese Dios opresor y destructor del ser humano que los ateos materialistas nos presentan en sus ideologías. Los maestros del ateísmo desgraciadamente han conformado la mentalidad del mundo actual. Han llenado las naciones de odio a Dios y al ser humano, promoviendo guerras demoníacas que han destruido a millones de personas.
Los altares a los falsos dioses aparecen por todas partes: a la diosa razón, al dios dinero, al dios libertad, al dios conocimiento, al dios poder, a la diosa mentira, a la diosa ciencia, al dios lujuria, etc. Infinidad de hijos de Dios están rindiendo culto a estas falsas deidades porque se imaginan que les darán felicidad.
El Padre Eterno dice en su mensaje: "Si las familias me glorifican y me aman como su Padre, yo les daré mi paz y con ella mi providencia. Si los trabajadores, los industriales y los diversos otros artesanos me invocan y me glorifican, yo daré mi paz, me mostraré como Padre amorosísimo y con mi potencia aseguraré la salvación eterna de las almas. Si toda la humanidad me invoca y me glorifica, haré descender sobre ella el espíritu de paz, como un rocío bienhechor. Si todas las naciones, como tales, me invocan y me glorifican, no tendrán nunca más discordias ni guerras, porque yo soy el Dios de la paz y allá donde yo estoy no habrá guerra".
"¿Queréis obtener la victoria sobre vuestro enemigo? Invocadme y triunfaréis victoriosamente sobre él. En fin, vosotros sabéis que con mi potencia todo lo puedo" (p. 42).
El Padre lo que desea es "encontrar corazones que puedan entenderme". Nos dice algo fundamental para comprender el don de la Llama de Amor: "Yo soy la santidad, de la cual poseo la perfección y la plenitud, y os dono esa santidad -de la cual soy el autor- a través de mi Espíritu Santo, y la instauro en vuestras almas con los méritos de mi Hijo. Es por mi Hijo y por el Espíritu Santo que yo vengo hacia vosotros y en vosotros, y en vosotros busco mi reposo" (p. 42).
La Eucaristía es el lugar de encuentro por excelencia con Dios Padre. "Os inundo con mi amor, y entonces no tenéis que hacer otra cosa que pedirme las virtudes y la perfección que necesitáis, y podéis estar seguros de que, en esos momentos de reposo de Dios en el corazón de su criatura, nada os será negado" (p. 43).
Dios se dirige a los consagrados para animarlos a cumplir con su vocación y les dice que para ganar una multitud de almas con facilidad hay que "hacerme conocer, amar y glorificar por los hombres". "Yo soy la luz de las luces: allá en donde esta penetre habrá vida, paz y felicidad. Esta luz iluminará al peregrino, al escéptico, al ignorante, y os iluminará a todos, oh hombres que vivís en este mundo lleno de tinieblas y de vicios; ¡si no tuvierais mi luz, caeríais en el abismo de la muerte eterna!" Termina el breve mensaje diciendo: "Me mostraré como Padre de todos los hombres..." (p. 44).
161. LA VIDA ESPIRITUAL DEL AUTÉNTICO CRISTIANO ES TRINITARIA (V)
Decimos que para comprender mejor el mensaje de la Llama de Amor es necesario buscar sus raíces en la revelación del Padre Eterno a Sor Eugenia Ravasio. Varias son las alusiones que en el Diario Espiritual de la Llama de Amor nos llevan directamente al Padre Eterno como origen de la Llama de Amor: "Este es el fuego de Amor de Unión que alcancé del Padre Celestial por los méritos de las llagas de mi Hijo Santísimo" (p. 44). Hay una estrecha relación entre las llagas de Jesucristo y el poder de intercesión de la Virgen Santísima para obtener esa gracia extraordinaria. Ella ofrece al Padre Eterno las llagas de su Hijo y obtiene esa gracia que ciega a Satanás (p. 38).
El Padre es el origen de todo. Todo viene de Él y todo regresa a Él. En el Mensaje del Padre Eterno, el Señor se queja de que la mayor parte de los hombres no están conscientes de esta verdad de Fe y se quedan en su homenaje al Hijo, sin remontarse por medio del Hijo hacia el Padre. Los seres humanos no están conscientes de que es el Padre quien ha venido a ellos por medio del Hijo y en el Hijo. Es el mismo Padre quien se hace presente en medio de los hombres por el Hijo (M p. 17).
Esta ignorancia del Padre por parte de los hombres se debe al temor, al miedo a Dios. En la Llama de Amor vemos cómo tanto Jesús como la Virgen María insisten para que los hombres se acerquen al Padre Eterno y lo descubran: "... eso os acercará por medio de mi Hijo Santísimo al Eterno Padre y Su Corazón se llenará de gracias" (p. 44).
El Diario de la Llama de Amor es como una escuela que nos enseña a orar de manera correcta. La oración de la Iglesia se dirige al Padre, por medio del Hijo en el Espíritu Santo. Si prestamos atención a las oraciones litúrgicas, veremos que la mayoría siguen ese esquema. Cristo es el único Mediador: "Por Cristo, con Él y en Él, a Ti, Dios Padre Omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos".
Jesucristo nos lleva al Padre. La Virgen María nos lleva a su Hijo. Ella no es la Mediadora; es su Hijo el Mediador. El único Mediador. El verdadero amor a María Santísima nos lleva a respetar este orden y a no convertir a la Virgen María en la Mediadora; de lo contrario haríamos de Nuestra Señora una especie de "diosa". Ella sería la primera en reprocharnos ese error. Sin embargo, la Virgen María, igual que todos nosotros por ser miembros vivos de la Iglesia, somos "mediadores" en el Mediador (Cristo). Es decir, UNIDOS A CRISTO JESÚS, nuestras oraciones y sacrificios tienen ante el Padre un gran valor de intercesión.
La Virgen María, por ser la Madre de Dios, es nuestra gran intercesora y mediadora ante su Hijo. Podemos orar por los demás, pedir, interceder por nuestros hermanos, reparar por los pecados del mundo y por los nuestros propios. Esta verdad de Fe se expresa de manera preciosa en la bellísima oración que Jesús enseña a Isabel Kindelmann:
"Que nuestros pies vayan juntos, que nuestras manos recojan juntas, que nuestros corazones latan al unísono, que nuestro interior sienta lo mismo; que el pensamiento de nuestras mentes sea uno, que nuestros oídos escuchen juntos el silencio, que nuestras miradas se compenetren profundamente fundiéndose la una con la otra, y que nuestros labios supliquen juntos AL ETERNO PADRE, para alcanzar misericordia".
Jesús, María y nosotros vamos unidos hacia el Padre. Ese es el "movimiento" espiritual de la Llama de Amor. Lo que da sentido a la devoción a la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María. "Procura que el amor de muchas almas sacrificadas flamee hacia mí, a fin de alcanzar por mi intermedio la Misericordia del Padre Celestial" (p. 64), dice Jesús a Isabel.
Debemos "descubrir" al Padre Eterno, su infinito amor, su permanente presencia a nuestro lado, su ternura para cada uno de sus hijos. Dios Padre nos ama. Es Él quien está en Jesús. Cuando miramos a Jesús estamos viendo al Padre y al Espíritu Santo; el Padre es nuestro Redentor, nuestro Salvador. Él es quien ha enviado a su Hijo Jesucristo y ha venido a nosotros en su Hijo Jesucristo.
Al estudiar el Diario Espiritual de Isabel Kindelmann e ir viviendo la Devoción de la Llama de Amor, se va dando en nuestro interior este importantísimo descubrimiento del Padre y del Espíritu Santo: la Santísima Trinidad toma el puesto que le corresponde en nuestra piedad y vida espiritual. Hay personas que viven su piedad "centradas solo en Cristo", otras centradas "solo en el Espíritu Santo", otras solamente en la "Virgen María", otras "solo en los santos o en los ángeles". La vida espiritual del auténtico cristiano es "Trinitaria", está centrada en la Santísima Trinidad.
Eso nos enseña la Llama de Amor: vivimos centrados en el Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo, en unión con la Virgen, nuestra Madre, y con los ángeles y santos, nuestros hermanos.
162. DIOS ES UN PADRE QUE NOS "AMA, PROTEGE Y SOSTIENE" (VI)
La gran queja del Padre Eterno es que no lo conocemos. A pesar de que Jesús nos ha revelado al Padre, de que nos ha hablado constantemente de "su Padre y de nuestro Padre", los cristianos todavía no hemos "comprendido" ni "realizado" lo que significa que Dios sea nuestro Padre.
El gran anhelo de Dios es que lo amemos, lo conozcamos y lo glorifiquemos como Padre. Nos podríamos preguntar: ¿Cómo puede ser posible tal cosa? ¡Si cada día se elevan al cielo millones de "padrenuestros"! ¿Si cada misa es ofrecida al Padre Eterno? ¿Si todo el tiempo nombramos a Dios como "Padre"? Sin embargo, el mensaje dado a Sor Eugenia Ravasio es claro:
"Nadie ha comprendido todavía los deseos infinitos de mi corazón de Dios Padre de ser conocido, amado y glorificado por todos los hombres, justos y pecadores. Por lo tanto, son estos tres homenajes los que deseo recibir de parte del hombre, para que yo sea siempre misericordioso y bueno, aún con los grandes pecadores" (ER p. 20).
Dios pide un culto especial, que le es debido como PADRE, CREADOR Y SALVADOR, pero este culto no se le ha dado todavía. Ante este dilema, podríamos pensar que Dios espera que todos los bautizados profundicemos en lo que en la catequesis hemos aprendido: que Él es nuestro Padre. Una cosa es "saber en teoría" algo y otra es llevarlo a la práctica. Esta sería la primera y más importante tarea que deberíamos emprender en la Iglesia: darnos cuenta, asimilar, vivir, sentir esa paternidad divina que nos rodea.
Tenemos que cambiar de corazón: Dios no es el "primer motor" de los filósofos, ni el "gran arquitecto del universo" de los masones, ni ese creador que ha lanzado a rodar el universo y lo ha dejado a sus propias leyes. Dios es ante todo un Padre que "ama, protege y sostiene a sus hijos" (ER 19-20), que está constantemente viviendo con ellos para colmarlos con su bondad infinita.
"Que sepan que yo no tengo otro deseo que el de amarlos, donarles mis gracias, perdonarlos cuando se arrepienten, y sobre todo, no juzgarlos con mi Justicia sino con mi misericordia, para que todos se salven y sean incluidos en el número de los elegidos" (ER 21).
Los cristianos estamos llamados a transmitir al mundo ese misterio de la PATERNIDAD DIVINA. Esa es la base de la evangelización. El anuncio de Jesús es fundamentalmente "revelarnos al Padre", decirnos quién y cómo es Dios. Y Jesús nos habla de SU PADRE Y NUESTRO PADRE. Los cristianos somos enviados por Jesucristo a transmitir a toda la humanidad esa grandiosa realidad: que somos hijos de Dios, que Dios es nuestro "papá" (Abba).
En el Diario Espiritual de la Llama de Amor, Jesús nos lleva a descubrir a Dios como nuestro Padre. En primer lugar, nos enseña a pedirle al Padre en su Nombre por la Llama de Amor:
"Pedid a mi Padre en nombre mío, Él les concederá lo que por medio de mí le pidan. Solamente tengan confianza y hagan referencia a la Llama de Amor de mi Madre Santa, porque a Ella le están obligadas las Tres divinas Personas. Las gracias que pidan por medio de Ella, las recibirán. Ella es la esposa del Espíritu Santo y su amor recalienta tanto a los corazones y a las almas enfriadas en el mundo que, despertándose con nuevas energías, podrían elevarse a Dios" (p. 121).
Jesús nos dice aquí algo que no dice en el Evangelio: que cuando le pidamos algo al Padre, también lo pidamos por medio de la Virgen María. Jesús asocia a su Mediación (con M mayúscula) la mediación (con m minúscula) de su Madre Santísima. Al sentido de la Paternidad divina, Jesús asocia el sentido de la maternidad espiritual de su Madre para con nosotros. María es hija de Dios Padre, Madre de Dios Hijo y Madre espiritual nuestra. La Virgen María es el gran modelo de "HIJA" DE DIOS PADRE. De Ella aprenderemos a amar a Dios como nuestro Padre. La gracia de la Llama de Amor es también una gracia de filiación divina: nos lleva a amar a Dios como el Padre, nuestro Padre.
"Las familias húngaras están desgarradas y viven como si su alma no fuera inmortal; con mi Llama de Amor quiero reavivar otra vez el amor en los hogares, quiero mantener unidas las familias en peligro de dispersarse" (p. 85).
Aquí hay algo muy importante: reavivar el amor en las familias depende del amor de los padres a los hijos y de los hijos a los padres. Para que los padres puedan (aprender a) amar a los hijos necesitan cambiar la imagen de Dios que llevan en su mente y en su corazón. Para ser un buen padre de familia hay que experimentar a Dios como Padre. Jesús, en el Diario Espiritual, nos habla constantemente de "su Padre". Isabel (Kindelmann) se refiere a Dios como el "Padre". Quienes acogen en su vida la gracia de la Llama de Amor son encaminados a mirar a Dios como su "Padre" para que puedan transmitir a sus hijos el amor al Padre celestial. Dios deja de ser el Creador lejano y olvidado para convertirse en el Padre que interviene constantemente en la vida de sus hijos y quiere ser conocido, amado y glorificado por todos los hombres, justos y pecadores. Es el fruto de la Llama de Amor: cambiar la manera de relacionarnos con Dios, de hijos a "Padre".
163. LA LLAMA DE AMOR NACE DEL CORAZÓN DEL PADRE ETERNO POR LAS SÚPLICAS DE LA VIRGEN MARÍA (VII)
La Virgen María Santísima quiere que cada familia sea un "santuario" (p. 213). Es desde el interior de las familias que debe extenderse como un reguero de luz la gracia de la Llama de Amor, que cegará a Satanás para salvar al mundo. Es desde el interior de los hogares que el culto a Dios como Padre debe expandirse. Si los padres de familia cambian de corazón y comienzan a amar a Dios como a ese Padre cercano, providente, bondadoso, protector y misericordioso, sus hijos, desde pequeñitos, crecerán con esa visión de Dios como Padre.
Desde un punto de vista psicológico y sociológico, los cambios de mentalidad se hacen gradualmente; nos cuesta abandonar las ideas y actitudes sobre las que estamos asentados y que nos han sido transmitidas por los padres y ancestros. La idea de que Dios es un soberano creador, justiciero, enojado, castigador, lejano, todopoderoso... ha atravesado los siglos en el subconsciente colectivo. Dios quiere que eso cambie. Él quiere ser amado, no temido. El miedo a Dios es un obstáculo para la felicidad del hombre. El miedo a Dios es un instrumento diabólico para llevarnos al infierno. Es indispensable "revertir" esa mentalidad, propiciada de múltiples formas en los medios de comunicación social y mantenida vigente en las familias por esquemas de conducta aceptados de manera acrítica.
El Inmaculado Corazón de María, al hablarnos de su Llama de Amor, nos habla de que Ella quiere "inundar la tierra" con una grandiosa efusión de gracias. "Nada comparable a esto ha habido desde que el Verbo se encarnó" (p. 212-213). Es en los santuarios familiares donde Ella, en unión con nosotros, obrará sus milagros en el fondo de los corazones. Debemos creer en esta profecía de la Llama de Amor. Todas las personas que han recibido la Llama de Amor deben esforzarse por convertir su propia familia en un Santuario Familiar, y desde allí expandir hacia las otras familias, parientes y vecinas, la gracia de esa Llama. El fuego se propaga en los bosques de una manera rapidísima. Cuando sopla el viento con fuerza, las llamas abrasan vertiginosamente miles de hectáreas. Eso es lo que la Virgen María quiere cuando nos habla de "milagros en el fondo de los corazones".
Cuando nos propongamos todos unidos (solamente unidos podemos vencer a Satanás) llevar esta gracia hasta sus últimas consecuencias, veremos que la Virgen tiene razón. La tiranía del demonio sobre este mundo caerá por tierra destrozada.
Hoy, millones de familias están completamente dominadas por Satanás y no encuentran los medios para salir de semejante opresión. Es necesario e indispensable ayudarlas a descubrir el secreto que María Santísima nos está dando: el poder de la Llama de Amor. Este poder viene del Corazón del Padre Eterno, que ama a sus hijos y no puede tolerar la condenación eterna de las almas. Escuchemos estas palabras de Jesús a Isabel:
"¡Cómo me agrada cuando tu corazón siente conmigo y se estremece por cada pequeñez! Es la continua docilidad a mis inspiraciones lo que inunda tu alma tan rápidamente con su luz. ¡Yo soy la luz de Cristo! Pueden levantar su mirada hacia Mí. Yo soy la majestad y grandeza del sacrificio, la inagotable profundidad de la misericordia, la abundancia del ejemplo, el Dios de la paciencia imperturbable, la bondad inconmovible que de Mí fluye hacia ustedes con caudal arrollador. Sí, ¿quién podría decir todo eso de sí mismo? Sólo Yo, la luz de Cristo, que soy de la misma naturaleza del Padre. He hecho todo a fin de ser para ustedes la luz del mundo a quien tienen que seguir. Yo soy el dador de fuerza para la debilidad humana, he convencido al mundo indicándole también con mi naturaleza humana el camino que han de seguir" (p. 221).
Los padres de familia deben IMITAR A DIOS PADRE y tratar a los suyos con ese amor infinito que el Padre Eterno les tiene. Cada familia debe ser un Santuario de Dios Padre. Una cosa muy importante es que "en cada familia se exponga la imagen del Padre", para que todos lo recuerden permanentemente. Esa imagen, el Padre se la dio a Eugenia Ravasio con la finalidad de que todos sus hijos, contemplándola, lleven permanentemente en su corazón la idea de que Él es ante todo un Padre amoroso, providente, protector y dispuesto a dar todo por la salvación de sus hijos.
El Padre Eterno pide un culto especial. Que todos los cristianos, en primer lugar, lo conozcamos, lo amemos y lo glorifiquemos. En segundo lugar, que todos los seres humanos también lo reconozcan como su Padre. En el Movimiento de la Llama de Amor debemos tomar conciencia y asumir de manera muy diligente esta petición del Padre Eterno, porque hemos visto que la gracia de la que somos portadores (la Llama de Amor) tiene su origen en el Corazón del Padre y es un Don del Padre como respuesta a las súplicas de la Virgen María.
Si la Iglesia entera debe volverse hacia el Padre Eterno y tributarle culto en un día especial (el siete de agosto o el primer domingo de agosto), tal como Él lo pide, nuestro movimiento debe ser el primero en asumir tal deseo de Dios.
164. EN LOS SANTUARIOS FAMILIARES APRENDEREMOS A AMAR AL PADRE ETERNO (VIII)
¿Por qué se ha opacado en los hombres la imagen del Padre, siendo así que Jesucristo nos lo ha revelado? En las primeras páginas del Diario Espiritual de la Llama de Amor, Isabel Kíndelmann nos relata cómo para ella el rostro de Dios se fue debilitando hasta parecerle "muy borroso". Dice que el trabajo agotador por sacar adelante a sus hijos y el agobio de su vida familiar fueron ocasión de que su alma se apartase gradualmente de Dios. Su vida espiritual se fue opacando; se debilitó su fe. Llegó a experimentar la pérdida del sentido de la vida espiritual.
La idea de no orar y de no asistir más a la Iglesia se le presentó obsesivamente. La Santa Misa le parecía vacía. No sabía cómo dirigirse a Dios. Un día decidió dejar sus ejercicios espirituales. "Un silencio oscuro, frío y mudo me rodeaba por todas partes. Rompí a llorar: Dios ya no quiere saber más de mí". Gran angustia interior. Deseos de blasfemar (p. 19 a 21). Durante tres años soportó esos terribles asaltos del Demonio que intentaba alejarla de Dios. Isabel logra salir adelante. Hay mucha gente que no logra vencer esa tentación y sucumbe. Termina poniendo a Dios a un lado. El Enemigo quiere conducir a todos los hombres al rechazo de Dios. Ese es su principal objetivo. Si estudiamos los últimos siglos de la historia de la humanidad, nos damos cuenta de que existen muchos movimientos y organizaciones que tienen por objetivo expulsar a Dios de la vida del ser humano. En ninguna otra época de la historia, el ideal del hombre ha sido "vivir de manera absolutamente independiente de Dios". Una cultura atea como la que ha sido promovida, primero por el comunismo y ahora por el mal entendido "estado laico", es algo propio del siglo XX. Ya lo habían expresado los revolucionarios franceses: "ni Dios ni amo".
Los seguidores del materialismo dialéctico (lo material sobre la conciencia y lo espiritual) quisieron llevarlo a la práctica y promovieron gobiernos que persiguieron por todos los medios la religión como "opio del pueblo". Los ateos actuales están organizados para expulsar a Dios de todas partes: de la política, de la cultura, de la universidad, de la escuela, del ejército, de los hospitales, del mercado, de los negocios, de la familia, de la moral, del derecho, de los tribunales, etc. Si pudieran expulsarlo de la Creación, se sentirían totalmente realizados. Esto no es obra humana, es obra diabólica. Solamente al demonio se le puede ocurrir semejante insensatez. Pero la verdad es que muchas personas caen en esa trampa y se han diseñado un mundo y una vida sin Dios. Pero, como dice el salmo, Dios se ríe de sus enemigos. Está en juego la salvación de las almas, y Dios no va a permitir el triunfo de sus enemigos, porque eso significaría la condenación eterna de millones de personas débiles e ignorantes.
El camino que el mundo va siguiendo lo llevaría irremisiblemente a la autodestrucción si Dios no interviniese para salvarlo. El mensaje del Padre Eterno es lo opuesto al planteamiento de los ateos. Estos se han fabricado un Dios opresor del ser humano y nos quieren vender esa imagen repugnable, odiosa, elaborada en los vericuetos de su miseria interior. Cuando el Padre habla de Sí mismo, nos revela una visión maravillosa de la divinidad. Los dos pequeños mensajes a Eugenia son un himno esplendoroso a un Dios que es puro amor y ternura por sus hijos. "¡Yo soy el Padre que os ama más de lo que ninguna otra criatura podrá nunca amaros! Refugiaos cerca, cerca de Mí, confiadme vuestros pensamientos y deseos. Yo os amaré tiernamente" (ER 25).
El programa del Padre consiste en estar presente en todos los ámbitos de la vida de sus hijos. "Quisiera establecerme en cada familia... Con mi paternal bondad os daré todo, como verdaderamente hago... siempre que todos sepan considerarme como un verdadero Padre viviente en medio de mis hijos... Deseo también que cada familia exponga a la vista de todos la imagen que más tarde haré conocer a mi hijita. Deseo que cada familia se ponga bajo mi protección, muy especial, para que puedan glorificarme más fácilmente. Allí, cada día, la familia me hará conocer sus necesidades, sus trabajos, sus penas, sus sufrimientos, sus deseos y también sus alegrías, porque un Padre tiene que saber todo lo que se refiere a sus hijos" (ER 24-25).
Al leer estos textos, nos referimos inmediatamente a los Santuarios Familiares que la Virgen pide en el Diario Espiritual: "Ella quiere que cada familia sea un santuario, un lugar maravilloso donde en unión con ustedes obre sus milagros en el fondo de los corazones. Pasando de corazón en corazón, pone en sus manos la Llama de Amor de su Corazón, que por medio de sus oraciones, acompañadas de sacrificios, cegará a Satanás, que quiere reinar en las familias" (p. 213).
El gran trabajo del Movimiento de la Llama de Amor debe orientarse a convertir a todas las familias en Santuarios Familiares para que ese incendio se propague por el mundo a gran velocidad. El mensaje del Padre Eterno a Eugenia Ravasio y el mensaje de la Llama de Amor a Isabel Kíndelmann van de la mano. Esforcémonos por conocer ambos para que nuestro gran apostolado rinda todos los frutos que Dios espera de nosotros. Los Santuarios Familiares son el instrumento para que el Padre sea amado por toda la humanidad.
165. TESTIMONIOS No. 1 LAS FAMILIAS Y LA ACCIÓN DIABÓLICA.
"Satanás con fuerza rabiosa quiere destrozar las familias" (DE 118). "¡Oh las familias destrozadas! ¡Cuántos pecados acarrean en contra de Mí! ¡Repara y sufre por ellas!" (DE 119), dice la Virgen a Isabel. Es necesario que tomemos muy en serio estas palabras. Los espíritus malignos constituyen una realidad cuya existencia muchos no quieren aceptar. Sin embargo, la Virgen no se cansa de decírnoslo. En Fátima y en otras intervenciones, la Madre de Dios ha venido a abrirnos los ojos y a ponernos en guardia. Debemos tomar conciencia de que todos somos víctimas de la acción diabólica; tanto los individuos como las familias somos atacados por los demonios.
No hay excepción. No podemos tapar el sol con un dedo y atribuir solamente a causas meramente naturales tantos y tantos casos de sufrimientos que agobian a las familias. La enseñanza de la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María va especialmente dirigida a las familias. La Virgen nos dice que el Demonio quiere arrastrar a la condenación eterna al mayor número posible de almas. Para lograr su propósito, trata por todos los medios de destruir las familias. "Las familias están desgarradas y viven como si su alma no fuera inmortal; con mi Llama de Amor quiero reavivar otra vez el amor en los hogares, quiero mantener unidas las familias en peligro de dispersarse" (DE 85).
La Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María es un camino sencillo, eficaz y muy completo para desarrollar en nosotros el sentido del combate espiritual contra el mundo de lo oculto. El ambiente ateo, materialista en que vivimos ha terminado por cegarnos los ojos al mundo espiritual que nos rodea. Hemos perdido sensibilidad, no solo para las cosas de Dios, sino también para discernir el mundo de los espíritus malignos que nos atacan constantemente. No nos damos cuenta de que muchos de los acontecimientos que vivimos están influidos por esas inteligencias perversas que afectaron a Adán y Eva en el paraíso, que arrastraron a Caín en contra de Abel, que confundieron las lenguas de los constructores de la torre de Babel, que llevaron al pueblo de Israel a la idolatría, que cegaron al rey Saúl en contra de David, que llevaron a David al adulterio y a la desgracia de su familia, etc.
La existencia de los demonios es un dogma de fe, no es un invento de la Iglesia ni una superstición fruto del llamado oscurantismo. Es una experiencia que sufrimos, vivimos y experimentamos todos los días. Es urgente, muy urgente, que todos, y especialmente los obispos y sacerdotes, abran los ojos sobre el proceder del mundo de las tinieblas contra la Iglesia y especialmente contra las familias. La destrucción de los hogares católicos (y de todos) es fruto en gran parte de la acción de los espíritus malignos. Otros elementos que no son necesariamente "espirituales" contribuyen evidentemente a esta crisis de la familia, pero generalmente el fracaso de un hogar tiene sus raíces en el abandono de la vivencia de la fe.
El camino que nos propone la Santísima Virgen con su Llama de Amor no es ni corto ni fácil, ya que es un combate que dura toda la vida. Pero sí es un camino victorioso. En esta sección, iremos poniendo testimonios y experiencias de la acción diabólica en los matrimonios para que vayamos aprendiendo a discernir cómo actúan los espíritus malignos para destruir las familias. La Llama de Amor es la respuesta que María Santísima da a los cónyuges para transformar sus hogares en verdaderas familias cristianas.
Hay ignorancia por parte de muchos sacerdotes en el campo práctico de la acción diabólica. Si todos los sacerdotes estuviéramos instruidos sobre cómo actúa el demonio y dejáramos de lado las teorías de tantos teólogos y exégetas de escritorio que, sin ningún discernimiento, recetan visitas a los psiquiatras, la Iglesia estaría mejor servida. Pero estos no son ni todopoderosos ni invencibles. Muy al contrario, están bajo el poder de Jesucristo y sometidos a su Madre.
Ayuno y oración juntos son dos elementos indispensables en la vida de la familia cristiana que quiera progresar en la victoria contra Satanás. Son como una barrera que desanima al demonio y le hace dura su tarea. Atraen gracias extraordinarias de parte del Señor. La Llama de Amor no es una "devoción más". Es la Devoción al Inmaculado Corazón de María que convierte a las familias en una fortaleza inexpugnable contra los ataques del enemigo. No se basa en la repetición de oraciones o novenas, aunque no se rechazan, sino en el efecto de gracia de la Llama de Amor, que se obtiene por la jaculatoria propia.
Hay demonios fáciles de sacar. Hay otros que son más fuertes, pero que con la oración intensa y el ayuno se ven obligados a salir del hombre. Hemos olvidado el ayuno en la Iglesia. Algo que hace siglos era conocido y común se ha vuelto raro y extraño. Muy pocas personas ayunan. En Medjugorje, la Santísima Virgen está insistiendo mucho en que los miércoles y los viernes se ayune a pan y agua. Más aún, cuando se trata de una gran fiesta, María Santísima pide tres días de ayuno como preparación, para que la fiesta lleve mucho fruto. Dos cosas que nos dan la tónica del Evangelio: "Estos demonios solamente salen por la oración y el ayuno". Es la gran enseñanza exorcística de Jesús a sus discípulos.
En la Llama de Amor, el ayuno tiene un primer objetivo: obtener de Dios que doce sacerdotes reciban la Gracia de la Llama de Amor en Hungría para poder comenzar la Obra. Isabel debe buscar a esos doce sacerdotes que Nuestra Señora le está mostrando para llamarlos a formar parte de este mensaje. No será fácil para Isabel vencer su timidez natural y llevar la Llama de Amor a esos corazones sacerdotales. Algunos recibieron con poca fe sus palabras, otros las aceptaron gustosamente. Isabel ayuna, ora y se sacrifica para que este mensaje de María sea escuchado por los sacerdotes.
Jesús le pide doce semanas de oración y de ayuno por las almas sacerdotales. Es que en la comunidad eclesial el sacerdote es la pieza clave. Si el párroco comprende el mensaje y lo lleva adelante, los frutos se darán. Si el sacerdote no lo acepta y lo rechaza o persigue, el resultado será, como lo dice la parábola del sembrador, que el mensaje se agosta y se muere, o produce poco fruto. Es para nosotros muy importante que nuestros sacerdotes conozcan, comprendan, amen y pongan en práctica el mensaje. No lo conseguiremos con polémicas. Hay párrocos que dicen: "¡Una devoción más! ¿Para qué? Ya tenemos bastantes devociones. Un movimiento más, ya hay muchos. No lo necesitamos". Esa grada es una actitud de parte nuestra: la de discernir lo que sucede, la de enfrentar y rechazar al enemigo con la fuerza de Dios.
Nada de pasividad en la vida cristiana, sino la de endosar la armadura del combatiente como nos lo pide Efesios 6. Tocar los corazones sacerdotales es fruto de la oración y el ayuno. Sigamos el ejemplo de Nuestra Señora, que nos pide que oremos por nuestros sacerdotes para que acepten y se abran a la Gracia de la Llama de Amor.
166. TESTIMONIOS No. 2 El Demonio no puede ver un matrimonio feliz
Oraba hace tiempo por una joven señora, que ahora es de misa y comunión diaria, de oración y rosario diario. Su matrimonio ha sido atacado directamente por personas llenas de odio y venganza contra ellos, interesadas en dañar a esta pareja. Un homosexual se había enamorado del muchacho. Cuando se casó con la que hoy es su esposa, el homosexual se llenó de rabia y buscó la manera de destruirlos. Quiere separarlos, destruirlos, conducirlos a la ruina espiritual y económica. De hecho, este matrimonio ha sobrellevado desde hace varios años un terrible combate espiritual. Un fracaso económico galopante los ha conducido a una vida precaria y angustiosa. Gracias a Dios, ellos están conscientes de este ataque por medio de maleficios, y se protegen cada día con mucha oración. Han hecho un gran camino espiritual apoyado en la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María. Cada día hacen el cenáculo y han asumido un programa de vida de fe intenso.
En el exorcismo aparecieron dos demonios: Destrucción y Muerte. El demonio llamado Destrucción dijo: "A esta maldita la odiamos porque reza todos los días, porque va a misa y comulga. No hemos podido todavía con ella. Queremos destruirlos, pero Esa (la Virgen) los protege. Hemos sido enviados para desbaratarlos. Maldita, maldita. Ella detuvo lo que habíamos mandado a su marido. Era para su marido, pero ella lo sacó con su oración".
Lo que había pasado hacía pocas horas es que su marido había tenido en el trabajo una herida profunda en un dedo de la mano. En ese momento, estaba en el hospital. Al mismo tiempo, en la casa donde habita la joven señora, su hijita de seis años tomó unas tijeras para herirse la mano, como si misteriosamente estuviera conectada con su papá. Hay que decir que los esposos están separados temporalmente por motivos de trabajo. Afortunadamente, la madre evitó que la niña se hiciera daño. El demonio habló y dijo que el ataque consistía en un accidente dirigido a los genitales del esposo para dejarlo incapacitado. La oración de la esposa protegió a la niña y al marido, quien se encuentra temporalmente trabajando en otra ciudad.
El demonio Destrucción habló de una maldición lanzada por varios brujos contra este matrimonio. Mencionó el nombre de un brujo ya muerto y de los miembros de la familia del brujo que están involucrados en este maleficio, por odio a la pareja. La señora se retorcía y hacía gestos involuntarios dominados por una fuerza invisible que la doblegaba. Completamente fuera de sí, como dormida. Se trata de una posesión que venimos tratando desde hace dos años. Antes, esta pareja estaba muy alejada de Dios. No estaban unidos por el Sacramento. No celebraban la eucaristía dominical, ni se confesaban, ni oraban. El marido estaba totalmente en los vicios y en la oscuridad espiritual. No llevaban una vida de fe.
Lógicamente, no pudieron resistir el embate de los maleficios lanzados contra ellos. La vida se les volvió un caos. Después de que los esposos reconocieron su pecado y se volvieron al Señor, todo ha ido cambiando. Nació la paz, el amor se fortaleció, desaparecieron en la casa los ruidos, la pesadez, las amenazas que sentían; comenzaron a luchar contra sus enemigos espirituales sirviéndose de los sacramentos, de la Palabra de Dios, de los sacramentales, de la oración y el ayuno.
Ha sido un largo y sufrido combate en el que han ido aprendiendo el amor a Dios y el compromiso de vida cristiana. Pero todavía hay un largo camino por recorrer hacia la total libertad, hasta que todas las puertas estén cerradas y los enemigos que los odian se conviertan. Dios ha ido sacando provecho de estos maleficios. Esta pareja se ha encontrado con el Señor de una manera profunda. Han cambiado de vida y Jesucristo es ahora el centro de sus vidas. La Llama de Amor desempeñó y sigue desempeñando su papel de Madre de las familias.
Este es solamente uno de tantos y tantos casos en que una familia es atacada por la brujería. El demonio no puede ver que un matrimonio sea feliz. Por eso las familias son su principal objetivo. El Diario Espiritual de la Llama de Amor nos enseña que la Virgen María es el refugio de los que son atacados por el maligno. Ella está siempre dispuesta a darnos la mano y a cegar los ojos de Satanás. En el caso que les presento hoy, quiero hacer resaltar que la oración de la esposa protegió al marido y a la niña de un accidente programado por los maleficieros. Si esta mujer no fuera hoy una mujer dedicada a orar intensamente por su matrimonio, seguramente su hogar se hubiera ya ido a pique, y la ruina y las enfermedades habrían acabado con el amor y la unidad de la pareja.
Leamos el Diario Espiritual y comencemos por aprender la importancia única de la oración en familia como arma decisiva que ciega a Satanás y protege al hogar contra la acción diabólica.
167. COMENTARIO AL TESTIMONIO
El demonio no puede ver un matrimonio feliz
1. Se trata de una pareja que, ya de solteros, vivían completamente alejados de la práctica de la vida cristiana. Muchísimos jóvenes están bajo la influencia de los espíritus malignos porque no viven en gracia de Dios. La principal defensa que tenemos contra Satanás es vivir en gracia de Dios. Cuando se vive en pecado mortal no hay barrera contra el demonio; ya ha logrado su objetivo principal, que es matar el alma con el pecado.
2. El varón estaba involucrado con un homosexual que lo había inducido a una vida de depravación moral: alcoholismo y sexo contra natura. La Palabra de Dios nos dice que la sodomía u homosexualidad es una abominación a los ojos de Dios. Está escrito clarísimamente en la Biblia (Lv 18,22; 20,13; Rom 1,21-27; 1Co 6,9-10; Jd 7; 1Ti 1,8-11). Existen demonios de homosexualidad que amarran a hombres y mujeres que no se defienden con la Palabra de Dios, los sacramentos y una vida de fe profunda. El muchacho se enamora de una joven y descubre el verdadero amor entre el hombre y la mujer. Renuncia al homosexual que lo tenía atrapado y se va a vivir con la muchacha en amor libre.
3. El homosexual se llena de odio contra la muchacha y quiere vengarse de su antigua pareja. Busca a varios brujos que, con sus maleficios, los separen. Quiere destruirlos emocional y económicamente. Mucha gente cree que la acción de los hechiceros es pura imaginación y superstición; pues están muy equivocados. La Palabra de Dios en numerosos textos denuncia a los hechiceros y considera su acción como digna de muerte (Ex 22,18; Mal 3,5; 2Crón 33,6; 2Re 17,17; Lv 19,26, 31; Lv 20,4; Sab 12,4, etc.). Los maleficieros (brujos, hechiceros, santeros, paleros, etc.) son personas que viven económicamente de su trato con los demonios. Hacen daño a la gente enviándoles demonios para dañarlos.
4. Comienzan en la casa perturbaciones: ruidos, las cosas se mueven, a la muchacha la perturban en la noche durante el sueño, se queda paralizada y siente que le aprietan la garganta; ve sombras. De repente, cambia de personalidad, una voz diferente, ronca, de hombre, sale de su garganta. Actúa violentamente, agrede al muchacho, no se puede controlar, llora desconsoladamente; se retuerce y hace gestos involuntarios, dominada por una fuerza invisible que la sojuzga, completamente fuera de sí y como dormida, etc. Una gran ruina económica entra en su hogar. Hay una posesión diabólica.
5. La pareja entra en un proceso de liberación que va a durar alrededor de tres años. Al inicio se les pide castidad, separación de cuerpos, se confiesan, comienzan a vivir una intensa vida de fe y de piedad, comulgan con el permiso del párroco; contraen matrimonio sacramental. Durante este tiempo, se practican varios exorcismos a la muchacha y frecuentes oraciones de liberación a la pareja. De manera especial, descubren la Llama de Amor y utilizan frecuentemente la jaculatoria. Rezan el cenáculo todos los días. Se da un completo abandono de las situaciones de pecado y de los vicios. Hay una verdadera conversión del corazón.
6. Durante el proceso, aparecen varios demonios y brujos. Dos demonios, Destrucción y Muerte, revelan que han sido enviados por brujos para destruir a la pareja y especialmente a la muchacha. Dicen: "A esta maldita la odiamos porque reza todos los días, porque va a misa y comulga. No hemos podido todavía con ella. Queremos destruirlos, pero Esa (la Virgen) los protege. Hemos sido enviados para desbaratarlos. Ella detuvo lo que habíamos mandado a su marido". Los demonios habían preparado un accidente dirigido a los genitales del marido. El maleficio era para dejarlo impotente. La oración de la esposa protegió al marido.
7. La situación económica fue mejorando. El marido encontró trabajo; más tarde, la esposa también. Ahora gozan de una solvencia suficiente para vivir holgadamente.
8. Actualmente, esta pareja es un matrimonio feliz. Jesucristo es el centro de sus vidas. Han tenido un encuentro maravilloso con el Señor, que transformó toda su existencia. Si ambos no se hubieran vuelto con sinceridad hacia Jesucristo, hoy tendríamos una pareja divorciada. Nació la paz en su hogar; desaparecieron los ruidos, la pesadez del ambiente y las amenazas que sentían en su hogar. Comenzaron a luchar contra los espíritus malignos que los atormentaban sirviéndose de los sacramentos, de la Palabra de Dios, de los sacramentales y del ayuno. De manera especial, descubrieron el poder de intercesión del Inmaculado Corazón de María con la Llama de Amor. Consagraron su casa al Sagrado Corazón de Jesús.
9. Muchas cosas podemos aprender de este testimonio. En primer lugar, que los espíritus malignos existen y nos acechan permanentemente. El objetivo de ellos es conducirnos a vivir en pecado mortal. Las perturbaciones son secundarias, aunque sean graves. Tristemente, muchas familias viven en pecado grave y están bajo el poder de Satanás, aunque aparentemente todo vaya bien. El matrimonio sacramental es el gran tesoro de las familias. Es preciso cuidarlo y cultivarlo para que se convierta en la gran defensa contra los espíritus malignos. El peor error que puede cometer una pareja es vivir en "amor libre" o "concubinato", porque tiene cerradas las puertas de los sacramentos, especialmente de la penitencia y de la eucaristía. La oración diaria en familia (por lo menos el rezo del Santo Rosario) garantiza una grandísima protección contra los ataques diabólicos, que no faltarán.
168. TESTIMONIO N° 3: LA NOCHE OSCURA DE UNA ESPOSA
Les cuento un caso, como tantos otros de "noche oscura" en el hogar: la pareja se casa aparentemente muy enamorada. Al cabo de unos días, el hombre se revela tal como es: violento, egoísta, bebedor y tirano. Las palabras duras golpean el alma mucho más que los golpes físicos. Deja a la muchacha sola para irse con sus amigos, llenando su casa y su corazón de soledad. Así van pasando los años. El amor va muriendo. Ella lucha por mantener su matrimonio, pero lo que está viviendo durante tantos años es en realidad un terrible calvario. Las humillaciones son diarias y por cualquier motivo. El esposo no tiene ningún sentido de fe. Por más que la mujer intenta acercarlo a Dios, él huye, se ciega y rechaza todo intento. Se hunde en el alcohol y el adulterio. El matrimonio se vuelve una rutina. En el corazón de la mujer hay una total oscuridad. El deseo de abandonar el matrimonio y dejarlo todo, incluso a los hijos, se va volviendo una obsesión.
Aparece un amigo del esposo que comienza a hablarle a la mujer con palabras cariñosas. Poco a poco, en ese corazón herido, va renaciendo el amor, pero esta vez por el amigo. La mujer, con principios cristianos bien firmes, se tambalea. No sabe qué hacer: de un lado está su marido; del otro, la oferta de un amor que parece sincero pero que es ilícito. El demonio va haciendo su camino, conduciéndola a la desesperación. Su conciencia le remuerde, porque ha dejado que nazca un amor que se está convirtiendo en una bestia que pronto no podrá dominar. En su impotencia, acude al sacerdote. Esto la salva.
En la oración de exorcismo, aparece una mujer que la odia y que ha pagado a un santero para que la destruya. El santero, en desdoblamiento durante el exorcismo, revela los hechizos que le ha hecho: matarla, arruinarla y destruirla. Ese es el objetivo. Durante la oración de liberación se rompen los hechizos. La calma vuelve al corazón y con ella el deseo de llevar una vida matrimonial de fidelidad. Sin embargo, la situación con el marido continúa; es indispensable que el esposo se convierta, cambie de vida y ofrezca a la esposa unas condiciones favorables para alcanzar el verdadero objetivo del matrimonio: la salvación de los cónyuges y su santificación.
Un exorcismo no basta, aunque rompa muchas cadenas espirituales. Es necesario el esfuerzo de las personas afectadas y del entorno familiar. Este es un caso como muchísimos otros. Cantidad de matrimonios fracasan porque uno de los cónyuges, o ambos, van al sacramento sin las disposiciones de fe correspondientes. Es decir, no comprenden que el sacramento del matrimonio implica un compromiso mutuo y con Dios de llevar una vida conforme al Evangelio. Muchos se casan por la Iglesia simplemente por convención social, sin entender que el sacramento es un signo del amor de Cristo por la Iglesia y de la entrega de la Iglesia a Cristo. Solo con una fe viva se puede llegar al matrimonio sacramental con garantía de éxito. Sin la gracia de Dios, la acción diabólica en sus diferentes aspectos conduce a los cónyuges a un callejón sin salida.
Los esposos deben saber que el mundo de las tinieblas no cejará en su empeño hasta destruirlos como pareja, porque un matrimonio "realizado en Cristo" es para Satanás un fracaso terrible. Tristemente, muchos matrimonios parecen felices por fuera, y los esposos se sienten bien, pero en su interior son un verdadero fracaso porque no han logrado el objetivo del sacramento: la santificación de los esposos y de los hijos.
En este caso en particular, se observan dos acciones diabólicas. La primera en el marido: es un individuo que vive fuera de Cristo. Su vida no tiene por centro a Nuestro Señor Jesucristo. El demonio de la ceguera lo tiene atrapado en su facultad de discernimiento. Además, podemos ver otras acciones diabólicas: violencia, orgullo, soberbia, dureza de corazón, embriaguez, adulterio y sordidez espiritual. La acción diabólica no es simplemente lo que se llama "posesión", sino que la tentación se extiende a toda la vida de la persona, en diversos grados y en diversas áreas. Este hombre no produce los frutos del Espíritu Santo, lo que indica que quienes lo "mueven interiormente" son los espíritus inmundos correspondientes. El demonio también tiene sus frutos, y al verlos, uno descubre al demonio que los produce.
En el caso de la mujer, durante muchos años su fe bien vivida ha sido la fortaleza que le ha permitido llevar adelante un matrimonio fracasado de raíz. Cuando entra en juego el maleficio que una pariente suya le hace para afectarla y destruirla, se acrecientan las tentaciones de abandono y de adulterio. Aparece sorpresivamente un personaje que pretende aprovechar los vacíos afectivos de la mujer para convertirla en su amante.
La vida de esta mujer se vuelve entonces un "superinfierno". Ya vivía un infierno con su marido, pero ahora, con la tentación agravada, la situación se vuelve insoportable. Si no recibe ayuda, colapsará irremediablemente y terminará por hacerse amante del amigo de su marido. Su corazón y su conciencia cristiana, desesperados, la arrastran a la búsqueda de ayuda espiritual y queda al descubierto la estrategia diabólica. Es allí donde todo sacerdote debe ejercer sus dones de liberador por derecho de ordenación. En este caso, no basta la confesión para producir una liberación, ni son suficientes los consejos. El recurso a las oraciones de liberación es fundamental.
La jaculatoria de la Llama de Amor repetida constantemente cegará a los espíritus infernales. También será necesario un acompañamiento que sirva de apoyo a la mujer en su crisis espiritual. Aquí se señala la importancia de vivir la fe en "pequeña comunidad", en "grupo de oración" o, mejor aún, "en familia". TODOS NECESITAMOS VIVIR LA FE EN PEQUEÑA COMUNIDAD. Todos necesitamos tener amigos y amigas espirituales que nos ayuden a combatir nuestros demonios. Los "cenáculos de la Llama de Amor" pueden ser una respuesta a esa necesidad de todo cristiano.
169 TESTIMONIO No. 4
TESTIMONIO ESPIRITUAL DE UNA HIJA DE MARÍA SANTÍSIMA
Tengo 36 años. Desde muy niña fui educada con principios católicos muy profundos, educada en internados de religiosas. A la edad de 16 años, mis pasos se apartaron de mi creador, mi buen Padre Dios Todopoderoso, y mi vida comenzó a oscurecerse en medio de múltiples pecados, principalmente la fornicación y el adulterio. En medio de esta oscuridad, tuve dos hijos, los cuales hoy en día son el motor de mi vida y mi razón de existir. Después de que ellos nacieron, mi vida continuaba incierta en el torbellino de tinieblas, lejos de la presencia de Dios. Tenía un fuerte morbo por las películas de terror y una profunda curiosidad por conocer todo sobre demonios. Me metía a páginas de internet y pasaba largas horas investigando; las películas sobre exorcismos me llamaban demasiado la atención.
Cuando mi segunda hija tenía 2 años de edad, me embaracé por tercera vez de un hombre casado, quien me incitó a abortar mi embarazo. Hoy, con lágrimas en mis ojos y llena de total arrepentimiento, recuerdo que no fui capaz de defender la vida de mi propio hijo y lo aborté. Qué momento tan duro aquel día en que mi vientre se convirtió en un cementerio donde quedó enterrada el alma de mi propio hijo. Sumida en un total arrepentimiento, meses después me acerqué al sacramento de la reconciliación y fui perdonada por Jesús Misericordioso a través del sacerdote, quien sin dudarlo me absolvió de mi pecado en una penitencial de Semana Santa. Sin embargo, mi vida nunca más fue la misma, pues tenía dos hijos vivos y uno muerto. Qué dolor tan grande. Ya hubiera querido yo que ese fuese el final de mi vida oscura y alejada de Dios. Continué pecando en la fornicación y en muchas otras formas de ofensas hacia Dios.
Cuando tenía 22 años de edad, conocí a un hombre casado, quien dejó a su esposa para quedarse conmigo. Convivimos en adulterio durante 11 años; sin embargo, nunca fue una relación estable ni feliz. A pesar de que él era un buen hombre, tenía vicios de licor, casinos, apuestas y mucha lujuria. Después de 8 años de estar conviviendo con él, conocí la Devoción a la Divina Misericordia, la cual me hizo enamorarme profundamente de Jesús, tras conocer que su Misericordia es inagotable y me invitaba nuevamente a tomarme de su mano y levantarme. No fue nada fácil el proceso. Comencé a sentir un fuerte dolor por mis pecados, temor de haberle ofendido tanto, y un ardiente deseo de no ofenderlo más y agradarlo. Mi alma se acercaba cada vez más a Él y sufría profundamente por no poder comulgar en la Eucaristía. Aún recuerdo cómo mi hija menor limpiaba mis lágrimas cada vez que llegaba la hora de la comunión y yo me quedaba de rodillas sufriendo por no poder acercarme a recibirlo.
Pasaron 3 largos años, que para mí fueron una eternidad; tiempo que Dios utilizó para prepararme para lo que vendría después. Hice varios intentos por dejar esa relación adúltera y era inútil, pues con mis propias fuerzas nada lograba, hasta que un día me abandoné por completo a Él y, rendida, le dije: "PADRE, NO PERMITAS QUE TE OFENDA MÁS. YO QUIERO AGRADARTE. NO ME DEJES MORIR EN PECADO MORTAL". Él, lleno de Misericordia, no se hizo de rogar y, poco tiempo después, me dio la gracia para dar el gran paso, hasta que pude separarme de este hombre. Con mucha alegría me acerqué nuevamente a la reconciliación total con Dios, y con el alma llena de Gracia de Dios, pues había recuperado la comunión con Él, mi alma inició un proceso de caminar en las sendas de sus pasos.
Tenía seis meses de haber entrado en su voluntad cuando, una noche, por primera vez, vi un hombre en mi habitación, vestido de negro, muy alto y con un sombrero puesto. Él estaba parado justo frente a mi cama. No le presté mucha importancia y me dormí. Esa misma noche, a la 1 de la mañana, me desperté sintiendo que tenía a alguien sobre mí, teniendo relaciones sexuales conmigo, y sentía mucho placer sexual. Como era de esperarse, me asusté muchísimo y lloré sin parar. Le conté lo sucedido a mi madre y ella me llevó donde un sacerdote exorcista. Yo esperaba que me dijera que necesitaba visitar a algún psiquiatra o algo así, pero no fue lo que escuché. Él me dijo que cuando el demonio se manifestaba de esa manera era porque había un propósito firme y que debía armarme de oración, ayuno, penitencia y sacramentales como la medalla de San Benito y el escapulario del Carmen.
Pasaron seis meses consecutivos y sufría tormentos nocturnos todos los días. Sentía presencias que no me dejaban dormir, sentía olores a podrido de aguas sucias, olores a quemado. Cuando lograba quedarme dormida, me jalaban los pies y me despertaba con sensaciones feas y marcas en el cuerpo. Me aventaban las puertas de mi cuarto y aparecían gusanos. El sacerdote exorcista me dijo que efectivamente estaba siendo víctima de vejación demoníaca, que había espíritus que solamente se vencían con ayuno y oración, así que inicié el proceso de liberación en obediencia a sus instrucciones. Me habló del efecto de gracia de la llama de amor del Inmaculado Corazón de María, de cómo esta gracia, obtenida de la Santísima Trinidad a través de María Santísima, tenía el poder de cegar a Satanás y su efecto maligno en los hijos de la Virgen. Comencé a hacer el cenáculo de la llama de amor todos los días antes de dormir y, de esta manera, los ataques nocturnos dejaron de atormentarme.
Deseo recalcar que antes de que me ocurriese esto, yo no era muy devota de la Virgen; había conocido el amor de Dios a través de la Devoción a su Divina Misericordia y yo me auto llamaba "CRISTOCÉNTRICA"; criticaba incluso a aquellos que le rendían una exagerada devoción a la Virgen. Hermanos, cuán grande es el lugar que el mismo Dios le dio a la más humilde de sus hijas, que le dio el honor de llevar en sus entrañas a su Divino Hijo. Tuvo Dios que permitir en mi vida esta vejación satánica para que yo pudiera comprender el poder de intercesión que tiene la Madre de Dios ante el trono de su Hijo.
En muchas de las oraciones de liberación que tuve, sentía que me ahogaba, que me golpeaban, incluso muchas veces terminaba las oraciones con dolores tan profundos y un cansancio tal que hasta fiebre me daba. Una de las causas por las cuales me atormentaban los demonios era por el aborto que había cometido, puesto que al abortar, inconscientemente había hecho un pacto de sangre con Satanás. Jesús, en su Misericordia, me había rescatado de las puertas del infierno y los demonios reclamaban mi alma.
En una ocasión, me estaban haciendo una oración de liberación y mi cuerpo cayó al suelo frente al Santísimo. Yo sentía que muchas manos espirituales me manoseaban con morbo y, aterrada, suplicaba que me dejaran en paz. Recordé la jaculatoria y comencé a pedir con humildad: "Madre mía, DERRAMA EL EFECTO DE GRACIA DE TU LLAMA DE AMOR, DERRAMA EL EFECTO DE GRACIA DE TU LLAMA DE AMOR, DERRAMA EL EFECTO DE GRACIA DE TU LLAMA DE AMOR". Entonces sentí una luz muy fuerte desde el cielo, y pude ver a la Dama del cielo vestida de blanco con un manto azul. Dos luces brotaban de sus suaves manos y me envolvían toda. En ese momento, los espíritus que me atormentaban huyeron y me dejaron en paz.
Hermanos, muchos más detalles podría yo relatar respecto al efecto de gracia de la llama de amor del Inmaculado Corazón de María. Su amor es incalculable y verdaderamente existe. Desde entonces, mi amor por la Madre del cielo no tiene comparación. Hoy quiero decirte, hermano, que todo lo que Dios permite en nuestra vida es para nuestro propio bien. No dejes pasar nunca ni uno solo de tus sufrimientos, sean del origen que sean, sin ofrecerlos al Hijo a través de las manos de su Madre, para que el Hijo los una a sus sufrimientos y así los pueda ofrecer al Padre. De esta manera, el Padre los recibe con mayor agrado y tu sufrimiento tendrá entonces un verdadero sentido. Ofrece tus penas y sufrimientos por la salvación de todas las almas. No te canses nunca de orar, no reniegues nunca de lo que no tienes y ofrece todo lo que Dios te da. Dale gracias siempre y en todo momento, pues el Señor tu Dios te ama. Recuerda: Dios, que te creó sin tu consentimiento. No te canses nunca de rezar el Rosario, la Virgen esta presta frente al ejército de almas que se unen para luchar contra el mal.
170. TESTIMONIO No. 5 - Testigo de Cristo Resucitado
Mi nombre es José, soy un hombre de 35 años. Voy a compartir brevemente mi testimonio del amor de Dios y por qué afirmo ser testigo de la resurrección de Jesucristo.
Empezaré por dar una radiografía de mi vida a mis 25 años: soy un muchacho de buen ver, con defectos, algo acomplejado, tímido, callado. Tenía un buen trabajo, mi carro, vivía con mis padres, era un nicaragüense de clase media. En lo personal, había practicado la homosexualidad y había tenido un par de novias. No me definía como homosexual, pero tampoco podía definirme como heterosexual. Sin embargo, desde hace un par de años, con el auge del internet, mi inclinación hacia la homosexualidad se había incrementado y se había vuelto una obsesión. También empezaba a visitar bares de ambiente. Mi familia ignoraba esto.
Interiormente estaba lleno de dolor, mentiras, vergüenza, rechazo. Era como buscar un imposible: mi inclinación homosexual me llevaba a buscar una amistad especial, algo de amor o intimidad, pero solo encontraba fornicación. Al final, solo quedaba el sentimiento de repudio del uno al otro y un vacío e indignidad cada vez más grandes. Era como tener sed y beber agua del fango, estar enfermo y buscar la cura en la enfermedad, estar ciego y pedirle ayuda a otro ciego, era como estar perdido y buscar ser salvado por otro perdido.
Etapa de los 25 a los 28 años:
Como mencioné, tenía un buen trabajo, muy bueno para mi edad en ese entonces, y me esforzaba en lo que hacía. Sí, Dios es bueno incluso con los pecadores; Él retribuye el esfuerzo y no olvida a quien lo invoca. A mis 25 años fui ascendido a un puesto mucho mejor, y la empresa me ofreció una posición gerencial en su oficina regional en Costa Rica. Acepté de inmediato. Mi vida, mi personalidad, mi estatus, todo cambió repentinamente. A finales de mis 25 años vivía solo en un apartamento en condominio, en una zona bonita de Heredia, con carro nuevo, excelentes ingresos y viajes frecuentes al exterior. Me adapté rápidamente a una vida de lujos, y mi apariencia física se volvió una obsesión, la cual mejoró notablemente en una sociedad donde la apariencia física es muy apreciada. Cualquiera diría que tenía una vida envidiable a esa edad y un trabajo soñado con un futuro exitoso según las reglas del mundo.
Con respecto a mi tendencia homosexual, esta era ignorada en mi círculo laboral, por lo que siempre tenía que mentir, y la mentira ya era algo normal; hasta lo veía natural o justificable en mí. Con la vida y el estilo que llevaba, y en un país (que amo) donde la cultura homosexual es abierta, más aceptada, arraigada, liberal, explotada y fuertemente atractiva, vinculada al culto al cuerpo del hombre, yo caí y entré en este mundo como príncipe. Y como era un príncipe en ese mundo, era un príncipe solitario en busca de otros príncipes. Y como príncipe de ese mundo fui coronado en soberbia efervescente, aplaudido y entronado en la lujuria, y como arma letal, el egoísmo. El salario que tenía por ser príncipe de ese mundo era la peor de las esclavitudes: "ser esclavo y no saberlo".
En mí, el corazón y el alma eran tesoros perdidos o escondidos. Para excusarme, pensaba desdichadamente que nadie me ofrecía su amistad o un afecto personal. Era como un cuerpo que solo era empleado para la fornicación, pasión, emociones extremas y búsqueda de intensos placeres. Pero la verdad es que yo era así, y en los otros solo buscaba saciar mis deseos. Me había endiosado a mí mismo y ponía la excusa de ser la víctima. Si alguien me interesaba, era solo para que me alabara o admirara. Una vez logrado, perdía completo interés, y mi búsqueda continuaba.
Sin embargo, como príncipe de un mundo tenebroso, la paga y la realidad eran funestas. Mi misma soberbia y lujuria me llevaban a cometer las cosas más indignas y humillantes para un ser humano. Y la esclavitud a la carne se anteponía a todo en mi vida. Llegaba al punto de no poder emplear mi voluntad para otra cosa más que satisfacer la obsesión enfermiza y descontrolada de mi carne. Había perdido mi humanidad y dignidad.
El estilo de vida, sumado a mi inmersión en la vida nocturna de ambiente homosexual en los Estados Unidos durante mis viajes de trabajo o placer, me llevó a niveles cada vez más altos de perdición, corrupción y pecado. Los vicios cada vez se me pegaban más. Aparte de mi promiscuidad, me había vuelto también alcohólico, y para rematar mi vida, era dependiente de fármacos para poder sobrellevar la vida que llevaba. A esto, sumarle los incalculables peligros a los que me sometía y exponía: conducción temeraria y en estado de ebriedad, juergas y orgías con gente que no conocía en grandes ciudades que tampoco conocía. El no haber muerto en ese tiempo fue misericordia de Dios. Todos los días combinaba pastillas repletas de cafeína para estar activo en el gimnasio y perder el apetito, las combinaba con pastillas para los nervios y así poder controlar mis emociones, y adicionalmente pastillas para dormir, todo mezclado con alcohol; una mezcla letal. Era yo un enfermo, una bomba de tiempo. Sin embargo, la esclavitud de la carne y las falsas consolaciones de los vicios no me daban tregua para ningún cambio. Era una esclavitud.
El primer "ay" de dolor:
Tal como era de esperarse con esta vida, mi labor profesional cayó poco a poco, no podía rendir, y tampoco era prioridad en mi vida. Ahora mi prioridad era el pecado y la falsa autosatisfacción. Como consecuencia, fui despedido.
La soberbia de no renunciar a mi estilo de vida o a la dependencia del pecado en grandes esferas me llevó a oponerme a regresar a mi país, al cual veía despectivamente en ese entonces. Esto me llevó a buscar la residencia permanente en Costa Rica, la cual obtendría en un año. Esperé un año completo sin trabajar y sin abandonar el país, viviendo de la liquidación de mi último trabajo. Esta obsesión, soberbia y afición al dinero y al placer me llevaron a mentir y falsificar un documento sobre mis estudios. El pecado te absorbe por completo.
Tenía 28 años cuando empezaba a vivir este año sabático, y en este año Dios también empezaba a trabajar en mí misteriosamente, comenzando suavemente a penetrar en mis densas tinieblas y a entrar en mi muerte. Lo hacía por iniciativa suya, porque era suyo, porque me amaba, mucho antes de que yo le pidiese perdón. Durante este año, mi vida de rico cambió: vendí mi carro, controlaba mis gastos y aprendí a vivir "austero" porque tenía que sobrevivir sin ingresos. Pero no lo hacía por algo noble, sino con la determinación de recuperar y mantener mi estilo de vida sumergido en el pecado y la autoidolatría. Continué viajando a Estados Unidos, manteniendo el alcoholismo y saliendo a bares y discotecas cada noche.
Sin embargo, el tiempo libre, los desvelos, el estar siempre alcoholizado y lejos de mi familia, que no sabía lo que me pasaba, me llevaron a estar en ese tiempo a solas, sin tantos ruidos, y allí experimenté el primer "ay" de dolor. No podía negar que mi pecado me había arrebatado un futuro exitoso, aplausos, reconocimientos y el "primer mundo". Al verme tan solo, acostumbrado a obtener lo que quería, pero sin jamás haber conocido el Amor, el licor y la melancolía más la música delirante eran mi escape. Pero mi corazón estallaba pegando gritos de dolor, gritos feroces de desconsuelo. Mi interior era como un volcán vacío y profundo de abismos y tinieblas; eran gritos de dolor.
Pero mi consuelo seguía siendo el mismo: las pasiones desenfrenadas, la vanidad de ser deseado, y la misma satisfacción perversa de pecar, hacer pecar y conquistar para tener encendido el corrompido ego. Pero la paga de esto era un corazón muerto, y la hartura de repudiar y ser repudiado, pues la carne por sí sola termina siempre siendo repudiada. Sin embargo, aún los grandes pecadores esclavos, por gracia divina misteriosa, poseen un remanente de humanidad, y al experimentar o re-experimentar la química con alguien, una mirada al alma de alguien, la espontaneidad del ser humano y la alegría de la amistad, comprendí que mi gran mal era la falta de amor y que el amor podía salvarme. Creo que esa fue una puerta que Dios abrió para entrar en mí.
No obstante, el amor de una persona no podía salvarme, y el amor propio tampoco, pues estaba corrompido o podrido; quedaba a merced del mañana. El pecado te arrebata el don de la divinidad en ti, y te consume poco a poco lo humano que hay en ti, hasta el punto de bestializarte y llevarte a la muerte. Cuando el pecador experimenta esta muerte, en vez de buscar ayuda para callar ese dolor y tapar ese vacío, se sumerge aún más en el pecado, tratando de calmar la depresión o el dolor precisamente con la lepra que le causa el dolor. Es una adicción letal.
Llega la gracia del arrepentimiento:
En una ocasión, durante un viaje a Estados Unidos, por pura búsqueda de placer y experiencias, sentí que había llegado al umbral del pecado. Podría describirme como alguien que de repente se encuentra con sus manos manchadas de sangre porque acaba de cometer un asesinato; así me sentía yo con lo que me hacía a mí mismo. El dolor era más cruel porque sabía o sospechaba que existía o podría haber un amor en la vida del cual yo carecía; pues tampoco había en mí ninguna intimidad o afecto. Y el amor de mi familia, que estaba lejos, era como una realidad distante a la mía, había un inmenso muro entre yo y ellos, quizá producto de la doble vida o de la esclavitud de mi alma y la muerte de mi corazón.
Recuerdo abrir una gaveta del cuarto de hotel en el que estaba y ver una Biblia, creo que solo la toqué. Los pensamientos suicidas desde hacía rato eran como entretenidos para mí. En ese momento, salí del hotel, tomé el carro que había alquilado, y fui en dirección de Fort Lauderdale hasta Miami, en la carretera I-95 a muy alta velocidad. La música electrónica ya no me deliraba, y la idea de divertirme más tampoco era atractiva. Lo que pasó fue que rompí en llanto como un niño desconsolado; por primera vez era un llanto de arrepentimiento. Jamás había llorado así, no eran gritos de dolor, era un llanto de arrepentido, lo cual fue el llanto más consolador que había experimentado hasta ese punto de mi vida. En ese momento, me detuve a un lado de la carretera y le pedí perdón a Dios. Sentí un consuelo, y recibí una gran fuerza de convicción para cambiar de vida.
Los restantes días de vacaciones en ese país los usé para estar con unos familiares, nada planeado. Regresé a Costa Rica, cancelé todos mis perfiles en círculos homosexuales practicantes, y sólo conservé comunicación con una amistad de un país lejano. Yo sufría de pesadillas horribles, a partir de esta etapa, estas pesadillas se intensificarían.
A los días de haber regresado a Costa Rica, contacté con una amiga, excompañera de trabajo, evangélica, y me invitó a un culto evangélico. Yo soy de familia católica, pero de Dios conocía poco o nada en ese entonces. Esta amiga en una ocasión me había regalado una Biblia protestante; me llamó la atención que en alguna página tenía el nombre de un pastor, y la cara de él, en el empaque. Yo muchas veces la escuché hablar de Dios y su conversión, la respetaba mucho.
Al llegar con ella al culto evangélico en San José, en un barrio de zona roja, sentía en mi interior, antes de entrar, una terrible angustia. El pastor puso sus manos en mi cabeza, habló en lenguas, pero el ambiente me disgustó totalmente. Extrañaba la solemnidad y el respeto de las misas que recordaba cuando era niño. Después de un par de visitas más, las cuales solo me dejaban con miedos, angustias y pesadillas horribles, decidí no ir más. También corté amistad con esta amiga evangélica, pues al escucharla hablar tan mal y de manera despectiva de la Iglesia Católica, los santos y la Virgen María, me convencí de que ese no era el camino que debía seguir.
Sin embargo, la relación que empezaba a edificar con Dios en estas primeras semanas de voluntad de conversión, alejado por primera vez de la fornicación, era a través de la alabanza con cantos evangélicos populares y la escucha de pastores evangélicos famosos. En este punto de mi vida, mi soberbia había sido un poco humillada; ya no vivía solo, sino con una familiar, porque ya no podía pagar un apartamento, y llevaba casi un año sin trabajar, con malas noticias en las entrevistas. Inclusive, en una ocasión, alguien que era subordinado de un subordinado mío en el anterior trabajo fue mi entrevistador. Me trató con mucho respeto. La vida cambia, esto fue una lección de vida para mí, porque yo era despectivo con los demás por mi posición laboral y mi estupidez humana.
Comencé a visitar mi Iglesia Católica, y en alguna ocasión, al ver a Cristo crucificado, yo le pedía con sinceridad y dolor que bajara de esa cruz, porque necesitaba ayuda. Necesitaba al Dios vivo.
Pronto encontré trabajo, y un excelente trabajo, muy similar al que tenía antes. Lo primero que le dije a mi mamá al llamarla fue: "Madre, soy otra vez rico", pero mi mamá me corrigió por hablar así. Aunque para conseguir ese trabajo tuve que mentir, dada mi experiencia y los dones naturales que Dios me dio, fui muy bueno en el puesto y muy pronto era felicitado en este ambiente laboral trasnacional. Acá se podría decir lo que decía Santa Teresa: "Dios escribe recto en renglones torcidos", debido a lo que sucedería después. En este entonces, Dios se manifestaría grande en mi vida. Llegué por pura casualidad a los pocos días a la Iglesia "La Agonía", de los hermanos Redentoristas en Alajuela, Costa Rica. En esa iglesia, en el momento oportuno, sanarían mis llagas y conocería al Dios verdadero.
Al llegar a esta Iglesia, escuché al sacerdote, y le oí hablar de un Jesús que jamás me había imaginado, mucho menos conocido. Era "El Redentor"; hablaba de una cruz en la que pagó por nuestros pecados, y hablaba de un amor a los pobres pecadores. Hablaba de un Dios poderoso que humillaba cualquier otro "poder". Yo me recuerdo y siento compasión de mí en ese entonces; era un joven atractivo, exitoso, gustable como yerno para las señoras que llegaban a misa, pero por dentro, yo no daba ni un peso por mí...
En esta iglesia, me fui enamorando de las misas, las horas santas, las alabanzas. Ya el padre de bellas prédicas me conocía, pero yo seguía yendo como turista, cada jueves y domingo. Tenía serias dudas de mi fe católica por todas las sesiones de pastores evangélicos que escuchaba. Y le tenía pavor a los santos y rechazo a nuestra Santísima Madre, no podía escuchar siquiera el rosario. Solo me llamaba la atención ese tal Jesús que empezaba a conocer.
Casi inmediatamente después de haber vuelto a trabajar, hice una estupidez financiera: saqué un carro carísimo nuevo porque era insoportable andar en bus. Acá, otra vez, la seducción de la vida de antes se fortalecía.
Pasaron seis meses, en los que me abstuve de pecar contra mi cuerpo, y solo tuve dos tentaciones que me hicieron tambalear. Lloré mucho y hasta reclamé a Dios: ¿Por qué? ¿Iba a ser siempre preso de mi orientación sexual?
Sin embargo, ya con trabajo, vehículo nuevo, apartamento alquilado para mí solo, no pude contenerme más. La vida extrema de pasiones, viajes a la playa, vida nocturna diaria y el jalón de la carne, junto a mi encaprichada soberbia, pudieron más en mí. Otra vez, me tiré a la vida de antes y caí más bajo. Tan alto llegó a ser el nivel de mi maldad y esclavitud, que si algo no sucedía cuando yo quería, jugaba con exponer mi vida a intensos peligros como reclamo al creador.
La única diferencia en esta etapa de mi vida es que, cada vez que pecaba, sentía remordimiento y pedía perdón a Dios. Además, yo empezaba a tener visiones de figuras demoníacas en sueños que se confundían con estar despierto. En las pesadillas, me sentía físicamente asfixiado. En las alabanzas al Señor, experimentaba manifestaciones sensoriales en mi cuerpo, pero también imágenes diabólicas. Me martirizaba mucho que la figura de Jesús me causara una inclinación erótica hacia Él; pensaba que era culpa de mi orientación sexual, y esto me hacía sentir rechazado por Dios por mi condición. Pero mi necesidad de Él era más grande, así que no me detenía el supuesto rechazo.
Por varios meses viví así, rezando y pecando, alabando y llorando, queriendo no pecar pero sin renunciar a pecar. Mi situación económica no era ideal; ganaba bien, pero gastaba el doble. Al caer más bajo en el pecado, y más esclavo, sin darme cuenta, me fui prostituyendo, aceptando invitaciones de personas mayores a viajar por el mundo, hoteles de lujo, ropa, teatro, todo lo que ofrece el primer mundo. Y eran personas muy malintencionadas. Llegué a un punto en que, aunque quería, no podía deshacerme de esa vida.
Estando en una playa, en un atardecer, mi oración fue: "Señor, arrebátame". Y ciertamente lo hizo, y esta vez para siempre.
Era julio de 2013, recién cumplidos mis 30 años, cuando el Señor irrumpió drásticamente en mi vida. La vida de pecado llegaba a su fin, y un muerto resucitaría. Lo que aconteció después, yo no podía comprender. Mientras más cerca estuvo el Señor de mí en ese tiempo, más lejos lo sentía.
Lo primero que hizo Dios fue sacar a la luz mis tinieblas. Inició una etapa horrible de mi vida. Dios desenmascaró al enemigo que me esclavizaba y me puso en una lucha frontal con la muerte y la perversidad que había en mí. De repente, algo demoníaco se manifestaría: lo más oscuro de esta esfera era el pensamiento del total abandono de Dios, creyendo que Él me había entregado a la muerte. Pero, en realidad, Dios me sostenía y ponía ángeles en una lucha con fuerzas invisibles.
Para resumir esta noche tenebrosa, todo empezó con una voz en mi pensamiento, con la cual dialogaba, como conmigo mismo, al punto de que esta voz llegó a ser externa, como si dialogara con otra persona. Al principio, para mí solo podía ser la voz de Dios, pero luego la voz se volvió tenebrosa, burlona y esclavizadora.
Escuchando y obedeciendo a esta voz, me llevó a permanecer tres días y tres noches encerrado en mi apartamento, sin dormir ni comer. La voz no decía que era Dios, pero pretendía que yo creyera que era Jesús, aunque sin pronunciar su nombre. Al final, la voz se presentó como algo superior, afirmando que el pecado no tenía importancia ni trascendencia, que la Biblia era solo un manual de moral, y que la encarnación y crucifixión de Jesús nunca existieron.
Yo, un pobre pecador, que de repente buscaba a Dios, me topé con un mundo invisible, y sin ninguna base de fe o conocimiento, creí en esta voz tenebrosa, oscura y vacía. Terminé negando la fe en Jesús, un Jesús que aún no conocía, pero que ciertamente me conocía a mí.
Experimentando el peor vacío interior que un hombre puede sentir, traté de cantar una alabanza a Dios, pero el efecto lo empeoraba. Traté de recitar un Padre Nuestro, un Ave María, pero esa voz me provocaba un vómito horrible. No pude rezar nada. Lo siguiente que hice fue salir del apartamento, caminé hacia el carro y, una vez dentro, comencé a dar gritos con un volumen superior a mis fuerzas humanas, gritos múltiples y escalofriantes, totalmente satánicos, como los de una bestia.
Encendí el carro y manejé, intentando irme lejos para no despertar a los vecinos. No llevaba mis lentes de contacto, por lo que no veía bien, y los gritos continuaban. Mis labios se habían reventado y sentía que la cabeza me iba a estallar. Llegué como pude hasta la Iglesia La Agonía en Alajuela. Eran las 2 o 3 de la madrugada. Golpeé la puerta de la casa cural, pero nadie me atendió. Trataba de pronunciar el nombre de Jesús y eso calmaba un poco mi estado, pero por dentro sentía algo como un animal que respiraba en mí, impidiéndome dormir.
Pasé la noche en el carro afuera de la iglesia, esperando que amaneciera. La desesperación era total. La poca fe que tenía se había esfumado; había perdido la fe en la divinidad. Sin embargo, cuando vi el amanecer y las primeras nubes, supe que debía existir algo más, algo hermoso, una justicia divina. Invoqué esa justicia divina, porque, aunque era culpable de mis pecados, no me consideraba merecedor de esa presencia maligna que me arrancaba la vida. Busqué a Dios, no a esas fuerzas satánicas, aunque en ese momento no comprendía nada.
Cuando, en ese estado, tuve contacto con las personas que trabajaban en la parroquia, me les acerqué, pero ellos se alejaban de mí, mirándome con miedo, asombro o lástima. Casi llorando, pregunté por un sacerdote. Creo que, al verme los ojos rojos y desorbitados, pensaron que era un drogadicto. Finalmente, un padre me atendió hasta las 10 de la mañana.
En medio de la confusión y el tormento que vivía, no quería llamar a mi familia, ya que las voces me insinuaban que estaban muertos, o que si los llamaba, de alguna manera transmitiría esa presencia satánica a través del teléfono. No lo hice. Mi trabajo también me llamaba, ya que había desaparecido durante tres días, pero no tenía idea de qué decirles y menos en ese estado.
Un joven sacerdote, de mi edad, me atendió a las 10 de la mañana. El sacerdote que usualmente me conocía no estaba. Este nuevo sacerdote nunca me había visto antes, y lo triste fue que quizá pensó que yo era un loco, un drogadicto, o alguien perturbado que se estaba burlando de él. Me regaló una Biblia católica, y yo le entregué la Biblia protestante que tenía, pensando que la Biblia protestante podría tener algo malo. El sacerdote oró por mí, me roció con agua bendita, intentó calmarme y me pidió que actuara como un adulto, dejando de hacer esas "caras diabólicas". Traté de explicarle que había una voz satánica manifestándose en mí, pero no me creyó. Me indicó unos salmos para rezar y me dio la oración de la Secuencia del Espíritu Santo. Tenía que despacharme rápidamente porque tenía una misa de difuntos.
Después de que el sacerdote me dejó, pensé que la única salida era el suicidio, y las voces me lo sugerían. Sin embargo, una pequeña voz me decía que no me fuera de la iglesia, que me quedara allí, que cortara toda relación con el pecado y que creyera en la crucifixión de Cristo. Pero mi mente estaba tan confusa que pensaba que todas las voces eran malas.
Pasé todo el día en el atrio de la iglesia, esperando al sacerdote que me conocía. Creía que él entendería que no era un drogadicto o un delincuente. Varias personas al verme me bendecían. La señora de la oficina parroquial me regaló otra oración al Espíritu Santo, pero nadie me aseguraba que el sacerdote que conocía llegaría.
Finalmente, al caer la noche, el sacerdote apareció. Me vio, me escuchó, y con voz fuerte y autoridad, hizo que aquel "animal infernal" desapareciera. Me dijo con firmeza: "Sos bautizado, no podés tener una posesión diabólica". Al escuchar esto, aquella serpiente que me atormentaba me dejó, y vino la paz. El sacerdote hizo una oración, y sentí que la vida volvía a mí. Me bendijo a mí y a mi carro, y con ánimo, me sugirió rezar el Rosario, aunque no lo hice esa noche. Me advirtió que no escuchara las voces, pues de hacerlo terminaría en un manicomio.
Al salir de la iglesia, llamé a mi madre. Aunque estaba triste, presentía algo, pero gracias a Dios todos estaban bien. No le conté absolutamente nada de lo sucedido. Me sentía aliviado de que todos estuvieran a salvo, ya que temía por ellos debido a aquellas voces.
Al regresar a mi apartamento, confiado y pensando que todo había terminado, hasta consideré ir al gimnasio. Pero, al abrir la puerta y entrar, la voz volvió a envolverme. Esta vez, traté de convencerme de que la voz era Jesús. Pero no lo era. La voz insinuaba que no podía ser Jesús, y aunque yo trataba de obligar a esa voz a serlo, algo en mí sabía que no lo era.
Esa voz comenzó a adularme, recordando lo "bueno" que había sido desde mi infancia. Usaba voces tanto femeninas como masculinas, incluso pretendía ser la Virgen María, todo para hacerme creer que era Dios. Pero una cosa era clara: la voz nunca mencionaba el nombre de Jesús, y yo sabía que eso no podía ser correcto.
Ahora, sin embargo, entiendo que la mano de Dios estaba por encima de todo esto. Cuando comprendí que esta voz era diabólica, también reconocí que debía romper con relaciones de pecado, las voces también me lo sugerían (quizá la conciencia), y tenía que cancelar un viaje a Chicago, al cual iba invitado por una amistad de pecado. Avisé a esta persona, corté mi relación con ella y cancelé el viaje a Chicago, donde esa persona vivía. El sacerdote me había dado su teléfono; le llamé y me dijo que estaba rezando por mí. Cuando hice estas cosas, corté esa relación tremenda de pecado y rechacé la voz. Noté que, al hacerlo fuera de mi apartamento, algunas mariposas blancas y pajarillos amarillos preciosos estaban cerca de mí. Esa misma tarde llamé a mi papá. Nosotros estábamos alejados, quizá porque... Le comenté algo de lo que me sucedía, y por primera vez hablamos de mi homosexualidad. Claramente, él ya lo sospechaba. En esa llamada nos reconciliamos, y él arregló para que me fuera a vivir donde una hermana suya y abandonara cuanto antes ese apartamento.
Yo articulaba y gesticulaba como un niño con retraso mental; no podía decir bien las palabras, mis movimientos eran como los de alguien con el síndrome de Parkinson. Esa tarde hubo un atardecer espectacular, el cual me dio mucha esperanza. Yo vivía en Heredia, zona montañosa de Costa Rica; tenía una vista espectacular en el balcón de mi apartamento.
Ahora, la voz ya no me controlaba ni me hablaba, pero sí me atormentaba la presencia maligna y mi mente era una revuelta de voces y pensamientos. Al llegar esa misma noche a la casa de mi tía, le comenté un poco lo sucedido, y ella me regaló un rosario, mi primer rosario. Luego busqué en internet cómo rezarlo y lo recé solo. Creo que fue una lucha tremenda, algo como un autoexorcismo; veía en mis pensamientos figuras diabólicas, ángeles negros, toros, etc. Pero comprendí que esta Señora a la que le rezaba era la que llevaba la batalla, y supe que desde hacía tiempo ella estaba conmigo. Cuando escuchaba el Ave María versión ópera, era el único momento en que las presencias diabólicas me dejaban en paz y yo tenía paz. Supe de su protección, y era un milagro que yo manejara en esas condiciones, que ni siquiera controlaba los movimientos de mis brazos, y no me maté en un accidente. Aunque recuerdo dos o tres intentos de accidente o que casi me accidento manejando en ese estado.
En Nicaragua, solo mi papá y mi hermana sabían algo de lo que me sucedía, y luego una tía materna muy católica, la cual, al hablar por teléfono con ella, me empezaba a leer salmos, y yo gritaba liberando energía pesada, energía mala, y exhalaba mucho aire, mezclado con gritos de frustración que me desahogaban. A partir de acá, un gran amigo sería mi exorcista personal: San Miguel Arcángel. A este punto no comprendía por qué la Santísima Virgen María y San Miguel Arcángel me ayudaban tanto, me liberaban y protegían tanto, y por qué cuando invocaba a Jesús no recibía ayuda, o al menos así lo percibía en ese entonces.
Esa misma noche, me conecté al trabajo e inventé o expliqué que me había enfermado gravemente, y a Dios gracias no pasó a más. Todos estaban sumamente preocupados, pero aceptaron mi excusa. Finalmente, pude dormir esa noche, aunque en las pesadillas era agredido físicamente, y me dolía como si lo viviese en realidad.
Luego de esto, empecé mi búsqueda por conocer a Cristo y nunca más renegar de Él o dudar de su encarnación y crucifixión. Comprendería el precio de mi rescate y entendería por qué la cruz. Luego vendrían las experiencias de consuelos espirituales y sobrenaturales, y más tarde el tormento de no saber si era Jesús o algún engaño del demonio. A los pocos días, el sacerdote amigo aceptó mi petición de confesarme. Me confesó y pude recibir al Señor sacramentado.
Debido a mi falta de fe y la culpa que cargué por años, los tormentos y la lucha con las tinieblas seguían. Pero hoy comprendo que si Dios me hubiese sanado inmediatamente, al poco tiempo hubiese caído otra vez en pecado. El Señor quería que luchara, y que esta lucha no era solo para sacar al demonio; el Señor tenía que sanarme a mí. Yo todavía era vanidoso, soberbio y caprichoso. El Señor me pediría una serie de renuncias. Tenía que renunciar al mundo, a las seducciones del pecado, y aprender a vivir en rectitud y con santidad, algo que solamente Él puede hacer.
Luego de un par de semanas, viajé a Nicaragua. Las luchas con estas fuerzas diabólicas se intensificaban, y a veces me daba pavor dormirme. Cuando lo hacía, sentía que entraba en el infierno y temía no despertar. Había noches en que sentía que todo mi cuerpo estaba en llamas y me era imposible dormir. De repente, risas macabras se expresaban en mi rostro, pesadillas lujuriosas me acechaban, y ahí pedía perdón intensamente a Dios. Con esta situación, para tener paz y seguridad al dormir, ponía un crucifijo en mi pecho, medallas de San Benito en mi frente y en mis piernas, y usaba mucha agua bendita. Así lograba descansar.
Mi papá me decía que quizá la razón era que, después de tener un cuerpo dado a la promiscuidad, el cuerpo ahora se manifestaba. Esto era lógico con algunas sensaciones que experimentaba, pero lo que me sucedía era algo más, según mi criterio. Quizá una parte de mí estaba siendo quemada. Al regresar a Nicaragua, mi papá y yo estallamos en llanto, y fue muy liberador para mí. Cada vez que mi papá me decía que me quería, yo exhalaba ese espíritu malo con gestos furiosos. Y al encontrarme con mi mamá, fue todavía más intenso. Fue como si el amor de mi madre hacia mí expulsara todo eso podrido que me acechaba. Mi mamá, como llena del Espíritu Santo, al abrazarme, se arrodilló y oró a Dios. Frente a una imagen de Jesús de la Divina Misericordia, me volvió a presentar ante Él y terminó con la oración a San Miguel Arcángel. Yo lanzaba alaridos de desahogo y liberación, y al confesarle a mi madre mi pecado, fue casi como un exorcismo. Ella se arrodilló de amor hacia mí y me abrazó. Fue algo tremendamente liberador.
Estuve alrededor de un mes en Nicaragua. Mi jefe apreciaba mi trabajo y me concedió, con presión, trabajar de manera remota. En este tiempo visité sacerdotes y empecé a tener sesiones con un psiquiatra. También acudí, por recomendación, a un padre exorcista. Fui con mi familia y fueron muchas sesiones. Sumado a todo esto, ahora le agregaba la etapa de desintoxicación, pues además de promiscuo, era alcohólico y fármaco dependiente. Me sentía como encadenado, ahogado, a punto de explotar en mi propio cuerpo.
El psiquiatra me medicó con altas dosis de un sinnúmero de antidepresivos y bloqueadores mentales. Esto me causaba fatiga, sueño y torpeza, pero aun así lograba sacar adelante mi trabajo con un esfuerzo triple. El padre exorcista me pidió que asistiera a misa todos los días y que me confesara con frecuencia, así como un corte radical con mi vida pasada. Era como un mensaje divino. Al principio fue duro, pero luego me enamoré de lo divino. La conciencia me decía que debía renunciar al trabajo por aquel documento que falsifiqué, pero no podía hacerlo, pues tenía una deuda financiera muy grande por la vida que llevaba. El sacerdote exorcista me exhortó a creer en la Providencia Divina. Varios meses después, la oficina en la que trabajaba fue trasladada a otra sede en otro continente, y el banco para el que trabajaba nos despidió, pero nos remuneró bien con la liquidación. Con este dinero pagué absolutamente todas mis deudas, y aún me quedaba un poco. Mi conciencia quedó tranquila y creí en la Providencia Divina.
Al regresar, al mes, a Costa Rica, pero aún trabajando en el banco, la iglesia La Agonía se convirtió en mi segundo hogar. Entregué el apartamento en el que vivía solo. Un día antes, el párroco me acompañó a ese infernal apartamento y lo bendijo. De hecho, hice esto antes de ir a Nicaragua.
Lo que sí hice al regresar a Costa Rica fue entrar en un grupo parroquial, aconsejado por el párroco. A las semanas, este fue trasladado a otro país y, como buen religioso, yo me quedé como sin papá. Sin embargo, a los pocos días, el Señor pondría en mi vida a una persona clave en mi proceso de sanación y conversión: era un sacerdote nicaragüense asignado a la Parroquia La Agonía, en Costa Rica.
Este sacerdote fue también como un padre. Me escuchó, me ayudó a perdonarme a mí mismo, y a través de libros, a conocer a Jesús y amarlo. Hizo retiros espirituales conmigo, largas confesiones, sanando y perdonando todas esas heridas y llagas. En la iglesia La Agonía llegué a ser muy querido; era como parte de la familia de la casa y, en ocasiones, comía con los sacerdotes.
Acá mi amor por Jesús y por María, Madre del Perpetuo Socorro, crecía mucho. Las tentaciones ahora no eran tanto carnales, sino espirituales. Mi vocación ahora era encontrar y poseer el amor de Jesús. Ya había pasado por fuertes renuncias, como dejar el gimnasio y cortar radicalmente la comunicación con personas que estaban implicadas conmigo afectivamente. Era mi lucha por la libertad y por encontrar el amor verdadero. En la iglesia, un hermano, de tanto verme, me decía que me iban a hacer sacerdote. Yo no podía ser sacerdote, tampoco lo quería, pero deseaba vivir en la misma casa con Jesús. Pensaba que, si me había arrebatado del infierno de manera tan radical, con tantos signos y portentos, ¿por qué ahora no podía estar con Él siempre?
Estaba acostumbrado al éxito (la tentación de la vanidad), y me obstinaba en pensar en ocupar un puesto importante en la Iglesia. Pensaba que si Dios obraba tan fuertemente en mí, era porque me necesitaba en su Iglesia. Me tomó mucho tiempo entender que Dios lo hacía porque me amaba. También quería sentirme amado por Jesús, y focalizaba ese amor en la figura del seminarista. Sentía celos y nostalgia de ese amor. Empezaba a tener melancolía por la pureza, y que me dijesen "eres un buen muchacho".
Cuando cancelé todas mis deudas y ya no trabajaba en aquel banco, apliqué para ingresar al seminario con una orden religiosa. Pensé que era la voluntad de Dios hacerlo. Los signos me lo confirmaban, pues hacía unos días, la idea de ingresar al seminario era un imposible por mis deudas, pero luego ocurrió el despido y, de esa manera, me vi libre totalmente. Solo pudo haber sido la mano de Dios. Y ciertamente era la voluntad de Dios que ingresara al seminario, pero no para ser sacerdote. El Señor me llevaría ahora al desierto, para ser "probado", pero no para probarme, sino para desnudarme, tocar mis llagas, presionarlas, apretarlas y extirpar toda la podredumbre en ellas, para luego ser sanado, curado, consolado y amado.
El proceso para ingresar al seminario puede tomar hasta un año, por lo cual debía buscar trabajo mientras me daban respuesta sobre el ingreso a la orden. Aquel documento que falsifiqué lo rompí, y busqué trabajo según la voluntad de Dios. Como a los tres meses, ya tenía trabajo, con un salario aún mejor que el de antes, y con un futuro de crecimiento espectacular en una empresa de presencia global. Era un sueño profesional, aparentemente.
Sin embargo, mi corazón ya no era el mismo.
Ese mismo mes, noviembre, me llamaron de parte de la orden religiosa, y, con la mano de Dios implicada, mi proceso duró solo tres meses y me aceptaron para ingresar al seminario introductorio. Fácilmente tomé una decisión: renuncié al trabajo espectacular, vendí el carro, pagué cualquier deuda y finalmente abandoné Costa Rica. Me fui a una montaña, a un pueblo remoto y muy pobre. Por primera vez, allí sería el seminario introductorio para ingresar a la orden.
Yo iba con más dudas que convicciones, seguía los signos de Dios. Aunque las señales estaban de mi parte, la conciencia me gritaba que no era prudente, dado mi pasado, ostentar esa vocación; pero, a la vez, buscaba seguridad y refugio en la casa de Dios, también sanación y una explicación a la batalla espiritual tan brusca que me acechaba. No me sentía preparado para estar en el mundo. La misma conciencia me llevaría a ser honesto con los padres, contarles mi historia, pedirles asesoría, y así fue. Al llegar al seminario, fue un despojo de todo: comer lo que había, obedecer, servir, cumplir reglas y ser uno más.
Fue pasar de un mundo a otro. Aprendí, o al menos intenté, a cortar zacate con machete (chapear), sembrar yuca, cortar café, cortar leña, caminar en lodazales, cargar piedras por largas horas, barrer y trapear. Todo fue divertido y sanador.
Lo único que no toleré fue que me llamaran la atención; ahí explotó mi soberbia y falta de inteligencia emocional. Casi dos meses después de ingresar, pedí permiso para irme a casa. Tampoco soportaba las bromas, quería un trato especial. Sin embargo, mi superior me calmó, y luego comencé a tener un director espiritual. Ahí conocí a un sacerdote y psicólogo, un verdadero santo.
Con este sacerdote fue lo más cerca que me sentí de Dios hasta esa etapa de mi vida. Él reconoció mi sufrimiento, y eso era algo que yo necesitaba de parte de Dios. Esto fue clave para reconocer y creer que Dios me amaba y soltar la culpa. También fue clave para comprender mis traumas desde la parte psicológica, reconocer la responsabilidad de mis pecados y no culpar al demonio para evadir la culpa, separar lo carnal de lo espiritual y reconocer la acción del Espíritu Santo por encima de todo.
La parte demoníaca puede causar cierto morbo, por lo cual el padre me enseñó a buscar el discernimiento de espíritu, y ver la acechanza del demonio con la óptica de la acción del mal espíritu en nuestra vida; lo cual es una lucha de todos. Dios actúa a través de los hombres, y el Señor, a través de este padre con su ejemplo, me enseñó a imitar la pobreza de espíritu como verdadera libertad del hombre y la belleza de servir a los demás.
A través de este padre, Jesús me mostró mi vocación. No era un título, no era un reconocimiento, no era una personalidad; era simplemente el arte del anonadamiento. Unos meses después, este servidor regresó a su casa con los suyos.
"Hay abundante redención en Jesucristo".
TESTIMONIO No. 6
PADRES DE FAMILIA Y MAESTROS: PROTEJAN A LOS NIÑOS DE LAS TENTACIONES DEL MUNDO OCULTO
Una de las más grandes responsabilidades que tienen los padres de familia es estar atentos a la curiosidad de sus hijos ante el mundo de lo oculto. Son innumerables los casos desgraciados que acontecen a los niños y adolescentes que, por ingenuidad e ignorancia, incursionan en el ocultismo, especialmente a través de internet.
Les relato uno de los casos más dolorosos que he vivido. Érase una niña de trece años, muy linda; llamémosla Juanita. En la zona en la que vivía, estaba muy extendida, desde tiempos ancestrales, la superstición y el recurso a brujos, curanderos, santeros, adivinos, etc. Su mamá visitaba a este tipo de personas esperando obtener salud y suerte, ya que el marido la había abandonado y había caído en gran necesidad. Juanita la acompañaba. Conocía al brujo y veía a su mamá poner en práctica sus consejos. En consecuencia, cuando descubrió por internet un grupo que se dedicaba a enseñar y practicar brujería, se unió a él. Alrededor de sesenta personas, entre jóvenes y adultos de la región, seguían por internet las lecciones para "hacer hechizos". Juanita practicaba incluso con su propia familia.
Me contó que, una vez, un familiar la regañó, entonces fabricó una muñeca y le plantó un alfiler en el ojo. Al día siguiente, esa persona amaneció con el ojo hinchado. Igualmente, intentaba hacer hechizos a aquellos compañeros de clase que le caían mal o le habían hecho algún agravio. Varias cosas muy raras acontecieron en su entorno. Sobre todo, me llamó la atención este relato: según ella, años atrás, un obrero pintor de casas atravesaba la plaza frente a la Iglesia Parroquial cuando alguien le disparó y cayó muerto. La abuelita de Juanita había dado en alquiler a este hombre una vieja y averiada casita de madera que estaba situada justo al lado de su domicilio.
Juanita y su mamá vinieron a vivir en esta casa, en la que había vivido el difunto. Una tarde, cuando madre e hija estaban por entrar a su vivienda, apareció el difunto fumando y entró con ellas en la que había sido su habitación. Se sentó en un sillón y continuó fumando. Lo extraño es que tanto la madre como la hija no reaccionaron negativamente ante esta aparición. Ambas veían frecuentemente al difunto sentado y fumando. Esto se volvió un hábito.
Poco a poco comenzaron a darse cambios en el carácter de la niña. Entró en rebeldía con su madre, en la escuela mostró indisciplina, se volvió desobediente y caprichosa, encerrada en sí misma. Juanita tenía un amigo evangélico. Una tarde, andaban paseando en un vehículo por los alrededores de su hermosa y pintoresca ciudad; de repente, la muchachita comenzó a convulsionar y a echar espuma por la boca. El joven oró en voz alta y reprendió al demonio en el nombre de Jesús. Juanita terminó por calmarse. En varias otras ocasiones, se repitieron las mismas convulsiones. La niña comenzó a ser perseguida por ideas obsesivas de suicidio. Ella decía que el hombre que aparecía en su casa le decía que se matara.
Dejaron de vivir en ese lugar y se trasladaron a la casa de la abuelita. Continuaron las ideas depresivas. Tuve la oportunidad de orar un par de veces por Juanita. Le di a la madre los consejos pertinentes y, sobre todo, insistí en que la niña debería ser vigilada constantemente y que nunca se la dejara sola ni se le permitiera volver a la casa vecina. En esos mismos días, fui trasladado a otra parroquia lejana y no pude seguir ayudándola. Le pedí a la madre que hablara con el cura-párroco para que hiciera un exorcismo en la "casa vejada", donde aparecía el difunto, y que le diera seguimiento espiritual a la niña. Pero no fue así.
Una tarde se descuidaron, y la niña, como sonámbula, se fue a la casa del difunto y allí se ahorcó. Logré llegar a la vela de la niña. Estaba como dormida en su ataúd, llena de flores, como una bella durmiente. Este es un caso tristísimo del que podemos sacar muchas enseñanzas.
En primer lugar, que el mundo de lo oculto ejerce mucha atracción sobre los adolescentes. Hay una irresponsable y malvada oferta de experiencias esotéricas totalmente destructoras por internet. Los operadores de lo oculto buscan la manera de apartar a los jóvenes de Dios introduciéndolos en este mundo de oscuridad. Hay verdaderas escuelas de esoterismo en algunos de nuestros pueblos, a las que asisten jóvenes y adultos para aprender las artes mágicas. Allí se les hace creer que la brujería es una gran cosa, que se adquieren poderes sobre las demás personas, que se gana mucho dinero ejerciéndola. En esos grupos secretos reciben instrucciones de brujos experimentados y estudian los libros clásicos de la magia negra. No pocos van con la idea de aprender un oficio que les permita vivir.
Me he encontrado con numerosas personas que practican el esoterismo y están afectadas gravemente por espíritus malignos. Juanita fue víctima de su entorno; creyó que las prácticas esotéricas le aportarían algo bueno. En realidad, fue arrastrada a la depresión, al desequilibrio emocional y al suicidio. Se hundió en una grave afectación espiritual que necesitaba seguimiento para protegerla y liberarla de los demonios de muerte y suicidio que la habían invadido. Aquí hubo una falta de ayuda de parte de la Iglesia. Si el párroco hubiera hecho el exorcismo de la "casa vejada", probablemente la obsesión provocada por la presencia del espíritu maligno presente en el difunto que se aparecía habría disminuido o cesado. Se necesitaba el seguimiento espiritual de parte del sacerdote.
Esto nos da ocasión para señalar que los sacerdotes deben recibir formación para atender a las personas afectadas por espíritus malignos. Las prácticas esotéricas están gravemente prohibidas por la Ley Divina; hacen perder la fe, vuelven el corazón lleno de frialdad y rechazo hacia Dios, y afectan gravemente la conducta moral de las personas. Jugar la ouija, panchito panchito, andreíta andreíta, charlie charlie, reunirse en grupo para hacer prácticas mágicas o espiritistas, invocar a los muertos, leer las cartas, las manos, rezar oraciones satánicas, consultar espiritistas, etc., todo esto abre puertas a la influencia de los espíritus malignos y aleja las bendiciones de Dios sobre las personas y las familias. Puede llevar hasta la posesión diabólica. Los que se meten en este terreno siempre quedan afectados espiritualmente.
Por este motivo, los padres de familia y los maestros de escuela deben ser diligentes para informar a los adolescentes de las graves consecuencias de las prácticas esotéricas. Deben estar atentos para proteger a los niños de personas irresponsables y perversas que promueven estas prácticas. A menudo son los mismos amiguitos, que han visto en su propia familia estas prácticas, los que las llevan a la escuela. No se dan cuenta de que se trata de verdaderos ritos en los que se recurre inconscientemente al demonio bajo la apariencia de juegos. Son acciones abominables a los ojos de Dios que hieren las almas, ya que son materia de pecado mortal.
Las familias y las escuelas deben ser santuarios del Dios verdadero y, por ningún motivo, pueden ser toleradas ni mucho menos aceptadas estas prácticas idolátricas que privan de las bendiciones de Dios a las familias y a las instituciones.
LA CRISIS DE IDENTIDAD CATÓLICA DE ESTOS TIEMPOS Y LA LLAMA DE AMOR
Hermanos, para comprender la Llama de Amor en su plenitud, es necesario tomar conciencia de la grave "crisis de identidad" que está atravesando la Iglesia. Muchos bautizados católicos no comprenden este tiempo y, por ese motivo, no se inquietan ni se preocupan. Están "instalados". Se sienten bien, no descubren la enfermedad mortal que nos está aquejando. Y al no darnos cuenta de esta "crisis", no podemos experimentar la necesidad de actuar y buscar una solución.
Uno de los síntomas de esta enfermedad es que muchísimos católicos viven en desasosiego interior y exterior, amargados, envueltos en críticas al Papa, a los Obispos, al clero y a los demás fieles. Tal vez no haya en la historia de la Iglesia una época tan difícil como la que estamos atravesando en estos tiempos. En cambio, hay católicos que se dan cuenta de la situación gravísima que vivimos en todo el mundo, pero no saben qué hacer para solucionarla. Caen en la resignación o, peor aún, en el "yoquepierdismo". Muchos fieles se sienten tan desorientados que "abandonan la Iglesia católica" y van a buscar fuera lo que no encuentran en ella.
Pero el Cielo no nos abandona. Esa Divina Providencia de nuestro Padre Celestial tiene para cada problema una respuesta. En mi humilde opinión, la respuesta que el Señor está dando al mundo actual y a la Iglesia es el mensaje de la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María.
La lectura del Diario Espiritual, de Isabel Kindelmann, nos permitirá poner en evidencia los puntos de esa solución que Dios nos ofrece. Lo primero que me llama la atención es el respeto de Jesús y de María por nosotros, sus hijos. Un gran amor para todos, tengamos razón o estemos equivocados. Aunque en muchos párrafos hay una gran severidad, especialmente para aquellos que han sido llamados a guiar la Iglesia, sin embargo, no hay palabras hirientes, ofensivas, ni críticas destructoras, ni pesimismo. Es admirable el amor de esta Madre Dolorosa que llora por la condenación eterna de muchos de sus hijos, pero que no los rechaza.
Esta actitud maternal debe llenarnos de esperanza ante los males que estamos sufriendo. No estamos abandonados a nuestra propia suerte. Hay un Corazón de Madre que está con nosotros, y sabemos que su intervención ante el Hijo es tan poderosa, que Ella obtiene lo que pide. A continuación, la Llama de Amor nos invita a confiar en Ella, en su Hijo, en la Divina Providencia del Padre Celestial.
Abandonemos entonces el derrotismo; hagamos a un lado las ofertas que nos hace la amargura; no hagamos caso a los profetas contestatarios que siembran la desesperación y la inconformidad. Estemos seguros de que la Iglesia va a superar esta crisis tarde o temprano, porque ella es la Esposa de Cristo.
Comprendamos que la renovación de la Iglesia está en nuestras manos, que no solo es posible, sino que se va a dar. En la medida en que asumamos con energía el plan del Inmaculado Corazón de María, la transformación de la Iglesia se realizará. Y esa transformación ha de darse primeramente en el interior de cada una de nuestras familias católicas en todo el mundo. De las familias católicas ha de partir la conversión del mundo. Si tu familia asume con convicción y perseverancia el plan que la Virgen María propone con la Llama de Amor, tus vecinos harán lo mismo, y el "reguero de pólvora" se hará una realidad.
El Diario Espiritual nos lleva a una actitud de ESPERANZA ACTIVA frente a la desintegración del tejido de la Iglesia. Evangelizar con la Llama de Amor significa salir de tu casa para compartir con tus vecinos el "efecto de gracia" que brota del Corazón Inmaculado de Nuestra Madre. El testimonio de lo que María está haciendo en tu vida y en tu familia es el primer paso para la solución de esta crisis de identidad de tantos bautizados católicos. El resto vendrá por añadidura.
LA LLAMA DE AMOR ES LA RESPUESTA A LA CRISIS DE IDENTIDAD CATÓLICA DE HOY
Cuando un inmenso pesimismo y una crisis de identidad católica se extienden sobre la Iglesia y su futuro, la Virgen viene a darnos un mensaje de esperanza: "Un nuevo instrumento quisiera poner en sus manos. Es la llama de Amor de mi Corazón".
Queridos amigos y hermanos, en este primer día del Año 2018, en el que celebramos la Maternidad Divina de María Santísima, inicio una nueva serie de comentarios sobre el Diario Espiritual del Inmaculado Corazón de María, redactado por Isabel Kindelmann. Mi único deseo es compartir fraternalmente con ustedes lo que voy descubriendo al leer y meditar cada día estas páginas, tan llenas de verdaderos tesoros espirituales. Creo que vale la pena ponerlos en evidencia para que juntos comprendamos el gran privilegio que significa el Don que María Santísima regala a la Iglesia y al mundo entero: La Llama de Amor de su Inmaculado Corazón.
Es tan rico el contenido de este Diario Espiritual que siempre descubriremos nuevas cosas. No esperen que estos comentarios sean un libro sistemático, en el que los temas se vayan desarrollando con el rigor de una investigación teológica profesional. Son reflexiones informales nacidas a medida que voy releyendo y estudiando los inspirados párrafos de Isabel. No los presento como enseñanzas, sino como un humilde aporte fraternal. Puede ser que otros hermanos tengan una visión más exacta y válida que la mía.
Me impacta en el Diario, por un lado, el aplomo con que María Santísima dice que Ella va a vencer a Satanás; y por otro lado, vivimos inmersos en la aparente victoria del Maligno en la sociedad mundial del momento actual. ¿Será posible que la Llama de Amor sea capaz de incendiar este mundo que yace bajo el poder del Maligno? María no duda en absoluto de su victoria. Sin embargo, basta con prestar atención a los medios de comunicación social para darnos cuenta de que lo que la Virgen promete parece una utopía. Es decir, un sueño ideal que es posible y realizable, pero que aún no ha iniciado.
Nuestra Señora nos invita con insistencia a que formemos, bajo su dirección, un combativo ejército para enfrentar a Satanás. Ella nos promete la victoria. Nos hace la promesa de un verdadero milagro, "tan grande como no ha habido otro desde la Encarnación del Verbo". Si hacemos caso omiso al llamado, la promesa de la Madre del Señor quedará como un hermoso proyecto fallido del Cielo. Sin embargo, en las páginas del Diario Espiritual, la Virgen María nos profetiza y garantiza el cumplimiento de su promesa: "Yo, el Rayo Hermoso de la Aurora, cegaré a Satanás". Y Jesús nos habla de que el cegamiento de Satanás significa el triunfo mundial de su Divino Corazón (13-11-64).
Pero, ¿cómo puede eso ser posible si muchos millones de católicos están pasando por una dolorosa crisis de identidad que pulveriza los cimientos de su Fe y los arranca y saca fuera de la Iglesia? No podemos llegar a mejor explicación que la que dice la Virgen María en el Diario Espiritual: Se trata de una intervención milagrosa del Señor, a petición de su Madre, que vencerá la acción diabólica y renovará la Iglesia. Esa es la gran promesa de la Llama de Amor.
Si comprendemos esto y ponemos en práctica con fe y perseverancia lo que Nuestra Señora nos enseña en el Diario Espiritual, este milagro se dará y se expandirá como un reguero de pólvora, con el efecto de gracia que dejará ciego e impotente a Satanás a nivel mundial. Aquí está el núcleo del mensaje de la Virgen: hay que poner en práctica lo que Jesús y Ella nos enseñan a través de las comunicaciones entregadas a Isabel Kindelmann.
Cuando un inmenso pesimismo se extiende sobre la Iglesia y su futuro, la Virgen viene a darnos un mensaje de esperanza: "Un nuevo instrumento quisiera poner en sus manos. Es la Llama de Amor de mi Corazón. Con esta Llama llena de gracias, que de mi Corazón les doy a ustedes, enciendan todos los corazones, pasándola de corazón a corazón. Su fulgor cegará a Satanás".
La respuesta a la crisis espiritual que ataca a la Iglesia de hoy es el "efecto de gracia de la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María". Está en nuestras manos darlo a conocer. La promesa de María no es un piadoso "engaño", sino su invitación a tomar las armas que el Señor pone en nuestras manos para combatir las raíces del mal que están destruyendo la Fe católica. De allí parte la renovación de la Fe de la Iglesia, que Ella nos pone como el objetivo de su Llama de Amor.
171. ¿POR QUÉ DEBEMOS CONSAGRAR Y ENTRONIZAR A JESUCRISTO COMO REY Y SEÑOR DE LOS HOGARES?
En todas las épocas, Dios sitúa, como faros para la Iglesia y la humanidad, a almas santas que, con su vida y sus mensajes, iluminan nuestros corazones. Una de esas mensajeras, que es necesario conocer para comprender mejor el mensaje de Isabel Kindelmann, es Rosalía Celak (Polonia, 1901-1944).
¿Quién es Rosalía? Una laica. Desde niña, experimentó en su alma cómo María Santísima la conducía hacia el Reinado de Jesús en su corazón. Antes de hacer su primera comunión, tuvo su primera experiencia mística. Jesús le habló y la invitó a amar Su Corazón. A los dieciséis años, cayó gravemente enferma y fue sanada por la Santísima Virgen. Descubrió entonces cómo el sufrimiento conduce a la santidad y que esta consiste en amar a Dios y al prójimo.
A los 19 años, entró en lo que San Juan de la Cruz llama "la noche oscura". Esta duró seis años, durante los cuales sus sufrimientos fueron "mil veces más dolorosos que la muerte", según las palabras de Rosalía. Su alma era constantemente atormentada, sintiéndose separada de Nuestro Señor, y experimentó una oscuridad tan profunda que le parecía que su alma caía en un abismo infernal. En 1925, durante una de sus visiones del infierno, sus sufrimientos alcanzaron el máximo. Parecía estar en los tormentos de la agonía, envuelta en una horrible oscuridad, con espíritus satánicos que reían y gritaban: "Esta es la hora de la perdición. Hoy todo terminó para ti". Sintió que su cuerpo se quemaba, pero cuando recuperó la conciencia, se sintió como si hubiera pasado del infierno al cielo. Desde entonces, recibió la gracia de sentir la presencia de Dios en su alma.
A los 23 años, entró a trabajar como enfermera en un hospital, donde tuvo que cuidar a prostitutas enfermas, descubriendo un mundo infernal de violencia y blasfemias contra Dios. Durante cuatro años, soportó ese ambiente lleno de odio y bajeza. Quiso ingresar a la vida religiosa y su confesor la dirigió al convento de Santa Clara en Cracovia, pero al entrar, oyó en su corazón: "Este no es un lugar para ti. La voluntad de Dios para ti es otra". Dejó el convento tras dos meses y regresó al hospital, al departamento de enfermedades venéreas.
La Virgen María la guiaba espiritualmente, conduciéndola a la comunión completa con el Corazón de Jesús. El Señor le reveló que el camino para salvar este mundo moralmente corrompido, lleno de maldad y crueldad, era entronizar oficial y públicamente a Jesucristo como Rey y Señor de Polonia y de cada nación. Las autoridades del Estado y de la Iglesia deberían proclamarlo como Rey de Polonia y, lo mismo, debería hacerse en cada país. "El Señor Jesús quiere ser nuestro Rey, el Señor y al mismo tiempo el Padre más amoroso", le reveló el Señor. Si Polonia quería salvarse, debía proclamar a Jesús como su Rey a través del acto de entronización. De no hacerlo, Polonia sería castigada por sus numerosos pecados, especialmente los cometidos contra la castidad y la vida humana.
En julio de 1938, Rosalía tuvo otra visión profética, en la que una voz le dijo: "Dios enviará un terrible castigo por los pecados y crímenes cometidos por la gente en todo el mundo. Solo se salvarán los países en los que Cristo reine. Si quieren que el mundo se salve, la entronización debe celebrarse en todos los países y naciones alrededor del mundo. Aquellos que no reconozcan esta necesidad y no se sometan al dulce reinado de amor de Jesús, desaparecerán de la faz de la tierra para siempre. Recuerda, hija, algo tan importante no debe ser puesto a un lado u olvidado. La entronización debe llevarse a cabo en Polonia". Los países bajo el reinado de Cristo y sujetos al poder de su Sagrado Corazón llegarán a ser poderosos y habrá "un solo rebaño y un solo pastor". Lamentablemente, no se escuchó la petición del Corazón de Jesús y Polonia, junto a otros países de Europa, sufrió los terribles desastres de la Segunda Guerra Mundial.
En el Diario Espiritual de la Llama de Amor, la consagración de la familia al Corazón de Jesús y su entronización en el hogar es la finalidad de la Llama de Amor, es decir, la creación de un Santuario Familiar. Toda familia católica debería consagrarse a los Corazones de Jesús y de María, y entronizar sus imágenes en el centro del hogar. Como respuesta a este gesto tan importante, el Señor concede gracias y bendiciones extraordinarias, ayudando a la familia a sobrepasar todas las dificultades y a conservar la paz y la felicidad.
Para salvar a las familias, debemos consagrar y entronizar a Jesucristo como Rey y Señor de los hogares. No se trata simplemente de una ceremonia, sino de un compromiso permanente de todos para que Cristo reine en los hogares. Esa es la finalidad de la Llama de Amor.
172. LAS APARICIONES DE LA VIRGEN MARÍA EN BONATE Y LA LLAMA DE AMOR
En Bonate, Nuestra Señora se presenta como Madre de la Reconciliación (o de la Unidad) y Reina de la Familia. Ella quiere sanar los corazones divididos y llenos de odio.
Podemos relacionar el mensaje de la Llama de Amor con las apariciones de la Santísima Virgen María en Bonate, diócesis de Bérgamo, Italia. En mayo de 1944, la Virgen María apareció a una niña de siete años llamada Adelaida Roncalli. Hubo trece apariciones en dos períodos: desde el sábado 13 hasta el 21, y del 28 al 31 de mayo. El centro del mensaje fue el Inmaculado Corazón de María como Reina de la Familia. Esta intervención fue la respuesta del Cielo a las intensas súplicas por la paz mundial en plena Segunda Guerra Mundial. Italia sufría los horrores de la ocupación nazi, y la Virgen María vino a consolar a sus hijos, quienes padecían angustia, dolor, hambre, pobreza y desesperación.
La aparición de María Santísima en el pequeño pueblo de Torchio, un lugar desconocido y sin relevancia, a una niña inocente de siete años, hija de pobres campesinos, fue un signo impactante. Atrajo a cientos de miles de personas a la región. En la última aparición, se estima que asistieron alrededor de 500,000 peregrinos, algo inaudito.
Relación entre el mensaje de la Llama de Amor y el de Ghiaie de Bonate: El Diario Espiritual de la Llama de Amor está orientado al reinado de los Corazones de Jesús y María en la familia, es decir, el Santuario Familiar. La guerra, según las palabras de la Virgen en Fátima, es un castigo de Dios por los pecados del mundo.
En Bonate, Nuestra Señora se presenta como Madre de la Reconciliación y Reina de la Familia. Ella quiere sanar los corazones divididos y llenos de odio. Aparece con el Niño Jesús y San José en una parroquia dedicada a la Sagrada Familia. Los mensajes y visiones están destinados a la conversión de los hogares. El mensaje central es que los pecados son la causa de la guerra, de las enfermedades y de todos los sufrimientos. Se pide conversión a Dios, abandono del pecado y oración por los pecadores, para que se conviertan y la guerra termine pronto.
Adelaida, la vidente, fue escogida por Dios para ser víctima expiatoria de los pecados del mundo. La Virgen le profetizó que sufriría mucho, pero que iría al Paraíso cuando muriera. Los padres de familia deben hacer penitencia, orar mucho y evitar el pecado. Muchas enfermedades de los niños son causadas por los pecados de las madres: "Tantas madres tienen hijos deformes por los pecados serios que han cometido. No cometan más pecados y sus hijos se curarán". La Virgen exhorta a las familias a orar y hacer penitencia para salvar la institución familiar. La oración de los niños es muy poderosa por la pureza de sus corazones. Debemos enseñarles a orar para que los pecadores se conviertan. Penitencia y oración son necesarias para que la paz regrese.
El mensaje de Bonate se expresa también a través de elementos simbólicos en las diferentes intervenciones de María. Ella es Reina de las Familias, y aparece coronada. Su Corazón destaca, y las familias deben consagrarse a su Inmaculado Corazón. Si comparamos los mensajes de la Llama de Amor y los de Bonate, notamos que en lo esencial están en total sintonía.
La Sagrada Familia es el modelo para todas las familias. Si investigas en internet sobre "Adelaida Roncalli, Ghiaie de Bonate", encontrarás varios artículos y bibliografía interesantes sobre las circunstancias que rodearon los acontecimientos de Bonate. El tratamiento escandaloso que los sacerdotes de la Curia de Bérgamo dieron a esta niña de siete años servirá para comprender que, a menudo, los hombres de Iglesia pueden interponerse en los designios de Dios y echar por tierra las gracias que el Señor otorga a su Pueblo.
Nos asombra ver cómo la Madre de Dios se somete a la autoridad de los obispos, pero no se queda con los brazos cruzados. Algo similar ocurrió con los mensajes y apariciones de María Rosa Mística, que también fueron atacados por sacerdotes de la Curia de Brescia (Italia). A pesar de la oposición, la devoción a María Rosa Mística se ha extendido milagrosamente por todo el mundo.
Hasta ahora, las apariciones de Bonate no han sido oficialmente reconocidas por la Iglesia como sobrenaturales. La comisión encargada no respetó el orden canónico y emitió un juicio parcializado, similar al caso de Rosa Mística. Sin embargo, el obispo ha permitido el culto privado en el lugar de las apariciones. La misma Virgen dijo a Pierina Gilli (vidente de Rosa Mística) que en Bonate faltó la fe por parte de los sacerdotes que falsificaron deliberadamente el proceso de investigación. Son ellos, en última instancia, los responsables de que el Señor haya retirado las gracias destinadas a esta aparición. Esperamos que en el futuro se reabran los procesos y se reconozcan estas dos apariciones como dignas de crédito.
173. LA VIRGEN PIDE LA UNIDAD DE TODOS PARA VENCER A SATANÁS
La Virgen pide un esfuerzo mancomunado de todos sus devotos. El resultado de este esfuerzo será la humillación de Satanás y su reducción a la impotencia, ya que no podrá ejercer su poder. En muchas familias, Satanás actúa con fuerza, destruyéndolas porque no se le hace oposición. En esos hogares hay dolores indescriptibles: infidelidades, opresión, vicios, violencia, divorcio, entre otros problemas. Todo esto es fruto de la acción del maligno, ya que no se ha "organizado la resistencia" contra su influencia. Este es el gran problema de la familia y de la sociedad: no se comprende la acción del enemigo, no se reconoce, no se toman medidas para vencerlo, y no se cree que lo que ocurre sea fruto de los espíritus malignos. Aunque tenemos ojos, no vemos. La Llama de Amor viene a abrirnos los ojos y despertar en la Iglesia un movimiento universal de combate espiritual, basado en la oración, la penitencia y la santidad familiar.
Para comprender mejor este llamado, tomemos el escrito del 19 de octubre de 1962 (p. 120): "Mi Llama de Amor, hijita mía, se ha hecho tan incandescente que no solo su luz, sino también su calor, quiere derramarse sobre ustedes con toda su fuerza. Mi Llama de Amor es tan grande que ya no puedo retenerla más dentro de mí; con fuerza explosiva, salta hacia ustedes. Mi amor, que se derrama, hará explotar el odio satánico que contamina el mundo, con el fin de que el mayor número de almas se libren de la condenación". Algo parecido a esto no ha existido antes. Este es el mayor milagro que ahora hago con ustedes.
María nos dice que la raíz del mal que nos rodea es el "odio de Satanás" contra Dios y sus criaturas. Ella ama a Dios y nos ama a nosotros con un amor superior al odio de Satanás. El amor que habita en el Corazón Inmaculado de María es el Espíritu Santo, no es simplemente amor humano, que siempre sería limitado. El Amor de Dios en su corazón desborda, y con fuerza explosiva salta hacia nosotros. El odio satánico ha contaminado al mundo, y su objetivo es condenar al mayor número posible de almas. Dios quiere derramar a través del Corazón Inmaculado de María su amor infinito en nuestros corazones. La Virgen experimenta en su corazón una urgencia ardiente por transmitirnos este fuego de Amor que Dios ha puesto en ella. El "efecto de gracia de la Llama de Amor" es hacer explotar el odio satánico que condena los corazones de muchas personas. Esta es una "gracia nueva", que Dios está otorgando en su plan de salvación.
En estos últimos tiempos, el Corazón Inmaculado de María es la "última tabla de salvación" que Jesucristo da a los pecadores (Mensaje de Fátima). Esta gracia es tan poderosa que "algo parecido no ha existido antes" y es el "mayor milagro" obtenido por la intercesión de Nuestra Señora cuando ofrece al Padre Eterno las llagas de su Hijo. Ante este mensaje, nuestra actitud solo puede ser la de aceptarlo. "(¡Y me rogó suplicando que no la malentendiéramos!) Sus palabras son cristalinas e inteligibles, solo que ustedes no las trastornen ni las interpreten mal, porque su responsabilidad sería grande si lo hicieran. ¡Pónganse a trabajar, no sean ociosos! Yo les ayudaré de una manera casi milagrosa y mi ayuda será continua. ¡Confíen en mí! ¡Actúen urgentemente! No posterguen mi causa para otro día".
Satanás tampoco se quedará con los brazos cruzados; está haciendo esfuerzos ingentes. Siente ya que la Llama de Amor se enciende, lo que ha provocado su terrible furia. "¡Entren en la batalla! Los vencedores seremos nosotros. Mi Llama de Amor cegará a Satanás en la medida en que la propaguen en el mundo entero. Quiero que, así como conocen mi nombre en el mundo, también conozcan la Llama de Amor de mi Corazón, que hace milagros en lo profundo de los corazones".
Estas palabras de la Virgen debemos aplicarlas primero a nuestra propia familia, convirtiéndola en un Santuario Familiar de la Llama de Amor. En segundo lugar, debemos extenderlas a nuestros vecinos, ayudándolos a comprender el mensaje de Nuestra Señora. No olvidemos que el Inmaculado Corazón de María nos promete que ella nos ayudará de manera "casi milagrosa" y que su ayuda será "continua". Debemos confiar en ella y actuar con urgencia, recordando que la Virgen "hace milagros en lo profundo de los corazones".
174 EN LAS TENTACIONES REFÚGIATE BAJO EL MANTO DE NUESTRA MADRE.
Isabel debatiéndose contra tremendos ataques del demonio. Ella nos transmite los sentimientos de angustia que pasan por su corazón. Es un tormento espantoso lo que experimenta en el fondo de su alma. "Así se inició una gran lucha en mí", nos confiesa. Jesús le profetiza: "Diferentes tentaciones te van a atormentar". Y le dice algo sumamente importante que todo cristiano y todo ser humano debe saber: "En las tentaciones refúgiate bajo el manto de nuestra Madre. Ella te defenderá del maligno que continuamente te molestará" (p. 33). La tentación es la acción diabólica más común y la más grave y peligrosa, porque tiene por objetivo arrastrarnos al pecado. Todo ser humano, sin excepción, la experimenta. Jesús, María y todos los grandes santos pasaron por la prueba de la tentación...
La tentación en sí misma no es pecado. Sin embargo, la habilidad del maligno es tan grande que frecuentemente aprovecha el poder que, como ser espiritual, tiene para confundirnos y hacernos creer que hemos pecado, cuando en realidad se trata simplemente de una tentación. Para que caigamos en pecado es necesario que haya verdadero consentimiento en una materia que sea realmente ofensa a Dios. La enseñanza de la Iglesia nos dice que, para que se dé un pecado mortal, deben darse tres condiciones: que la materia sea grave, que haya conocimiento claro de la gravedad de la materia y que haya consentimiento completo. Isabel nos da parte de sus reacciones ante los ataques de Satanás. La asaltan pensamientos terribles, experimenta gran confusión e incertidumbre. Pero ella no peca porque no consiente la oferta diabólica. El demonio no la deja orar. Ella se siente incapaz de pensar con libertad. Siente gran miedo. Satanás influye en su sensibilidad provocándole sentimientos de terror. La deja sin fuerzas. No la deja moverse ni en lo más mínimo. Le vienen ideas de que está poseída. Oprime su pensamiento de continuo. Le da órdenes que Isabel rechaza cumplir. Isabel experimenta su horrible presencia. El espíritu maligno le habla. Le da consejos aparentemente muy buenos para su salud, pero que la apartan de la voluntad de Dios. La acusa, la agobia con razonamientos machacones. Provoca zozobras en su corazón. La ataca con la idea del suicidio. En la noche, la envuelve en oscura inquietud. Quiere impedirle pensar, amar, decidir libremente. Busca aplastar su libertad. Trata de provocarle culpabilidad.
Si decimos que el Diario Espiritual es como una escuela de vida cristiana, también debemos decir que leerlo no es suficiente. Necesitamos otros recursos que nos ayudarán a profundizar el sentido de la gracia de la Llama de Amor. He aquí los dos más importantes: en primer lugar, las Sagradas Escrituras. En segundo lugar, el Catecismo de la Iglesia Católica, el de San Juan Pablo II. Esta obra magnífica debe ser para todo católico un libro de cabecera. Continuamente debemos recurrir a la Palabra de Dios y a la enseñanza de la Iglesia para completar lo que el Diario da por sabido. Respecto de la tentación, les recomiendo leer los números 538-540; 1707-1710; 2846-2849. Allí veremos cómo, a través del sufrimiento que el demonio nos inflige por medio de sus tentaciones, imitamos a Cristo. El Señor permite que Isabel sea tentada y sufra de manera extraordinaria los ataques del enemigo para configurarla con Jesucristo crucificado. Su misión es la de entregarnos la gracia de la Llama de Amor; por lo tanto, debe experimentar en carne propia cómo la Virgen María ciega a Satanás en medio del más arduo combate. Viendo cómo triunfa Isabel ante los terribles ataques del demonio, aprenderemos nosotros a confiar en la palabra de María Santísima: "No tengas miedo al maligno, que continuamente está rondando alrededor de ti. Yo lo he aplastado y no tienes de qué temer. Escóndete bajo mi manto y besa con frecuencia mi escapulario, que llevas sobre ti" (p. 67). Más adelante, Isabel experimenta la victoria de María Santísima: "Mientras estaba sumergida en la Llama de Amor de la Virgen Santísima, me di cuenta, sorprendida, de que la angustia que sentía por la presencia del maligno había desaparecido. Este casi imperceptiblemente se alejó. Sentía como si, a tientas, un ciego se hubiera ido de mi lado" (p. 77).
Isabel habla de estar "sumergida" en la Llama de Amor. Es una expresión extraordinariamente bella que nos recuerda las palabras de San Luis María Grignion de Montfort en el tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen. Él habla de estar en el seno de María. En María, con María, por María, para María. El discípulo de Cristo es aquel que es formado a imagen de Jesús por María Santísima. Como una madre lleva durante nueve meses a su hijo en sus entrañas y día a día lo va formando, así la Virgen María nos lleva en su seno mientras dura nuestra existencia terrenal y nos configura a su Hijo Jesucristo para la vida eterna. El mensaje de la Llama de Amor y el de Grignion de Montfort coinciden en lo esencial.
175 SUMERGIDOS EN LA LLAMA DE AMOR DE LA VIRGEN MARÍA
Isabel enfrascada en una espantosa lucha contra Satanás. Ella experimenta el agobio en esta lucha que pareciera ir más allá de sus fuerzas. Sin embargo, se dio cuenta, sorprendida, de que la angustia que sentía por la presencia del maligno había desaparecido. Éste, casi imperceptiblemente, se alejó. Sentía como si, a tientas, un ciego se hubiera ido de su lado (p. 77). "Esta sensación me sorprendió mucho, después mi alma se sentía tan liviana como nunca la he sentido en mi vida" (p. 77). Hay en labios de Isabel una expresión que llama mucho la atención: "Mientras estaba sumergida en la Llama de Amor de la Virgen Santísima". La palabra "sumergida", en boca de Isabel, nos hace pensar que ella experimentaba estar dentro de esa Llama, totalmente rodeada de la luz que emana de la Virgen María.
Recordemos la experiencia de los niños de Fátima: Jacinto, Francisco y Lucía durante las apariciones. "Diciendo esto, la Virgen abrió sus manos por primera vez, comunicándonos una luz muy intensa que parecía fluir de sus manos y penetraba en lo más íntimo de nuestro pecho y de nuestros corazones, haciéndonos ver a nosotros mismos en Dios más claramente de lo que nos vemos en el mejor de los espejos. Entonces, por un impulso interior que nos fue comunicado también, caímos de rodillas, repitiendo humildemente: Santísima Trinidad, yo te adoro. ¡Dios mío! ¡Dios mío! Yo te amo en el Santísimo Sacramento." Acto seguido, comenzó a elevarse serenamente, mientras la luz que la rodeaba parecía abrirle el camino" (Primera aparición, domingo 13 de mayo de 1917). El 13 de junio: "En ese momento abrió las manos y nos comunicó por segunda vez el reflejo de la luz inmensa que la envolvía... Francisco... preguntó: '¿Por qué es que la Virgen estaba con un corazón en la mano irradiando sobre el mundo aquella luz tan grande que es Dios?'". El 13 de julio: "Al decir estas últimas palabras, abrió de nuevo las manos. El reflejo de la luz parecía penetrar la tierra y vimos como un mar de fuego y sumergidos en este fuego, los demonios y las almas como si fuesen brasas transparentes".
Encontramos aquí el nexo entre las revelaciones de Fátima y el mensaje confiado a Isabel Kindelmann. La Llama de Amor es, al mismo tiempo, el Inmaculado Corazón de María y su Hijo Jesucristo. La devoción a la Llama de Amor es el mensaje de Fátima: es el Inmaculado Corazón de María revelado a las familias para salvarlas del infierno. No se puede comprender la gracia de la Llama de Amor sin la comprensión exhaustiva de la revelación del Inmaculado Corazón en Fátima. Así como los niños están sumergidos en esa luz divina que sale de las manos de María Santísima, Isabel experimenta estar sumergida en la Llama de Amor y, al mismo tiempo, es testigo de la derrota de Satanás por el Inmaculado Corazón de María. El Hijo y la Madre están inseparablemente unidos.
El Corazón de Jesús es la llama divina, es el amor infinito del Padre y del Hijo. María es la llama "humana", es el amor de la Madre por el Hijo y por sus hijos espirituales, que somos nosotros. La Llama del Hijo y la Llama de la Madre es una sola llama, se funden. Por eso dice María: "La Llama de Amor de mi Inmaculado Corazón es mi Hijo Jesucristo". Ella es llama y su Hijo es llama que se funden en una sola. Nosotros también estamos llamados a ser llamas "sumergidas" en la Llama de Amor del Inmaculado Corazón. Todos los seres humanos estamos, pues, llamados a esa íntima unión con Dios para formar una sola cosa con Él. "Que todos sean uno, como Tú, Padre, estás en mí y yo en Ti", "El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él" (Jn 6,55). Acoger al Inmaculado Corazón de María en nuestros corazones es acoger la victoria sobre el infierno: "Habéis visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si hacen lo que yo os digo, se salvarán muchas almas y tendrán paz. La guerra terminará, pero si no dejan de ofender a Dios, en el reinado de Pío XI comenzará otra peor" (Mensaje de Fátima).
La devoción y el mensaje confiado a Isabel Kindelmann es de una total y urgente actualidad. Es en el interior de las familias donde se forman la fe y las actitudes del discípulo de Cristo. El Diario Espiritual nos presenta las quejas dolorosas de María Santísima, que denuncian la falta de fe ante su mensaje dado en Fátima y la indolencia culpable de sus hijos, que no ponen de su parte en sus peticiones. Al mismo tiempo, nos ofrece una nueva oportunidad: "... Desde que el Verbo de Dios se hizo carne, no he emprendido yo un movimiento más grande que este de la Llama de Amor de mi Corazón, que salta hacia ustedes. Hasta ahora no ha habido nada que tanto ciegue a Satanás, y de ustedes depende que no lo rechacen, porque esto traería consigo una gran ruina".
176 EL MENSAJE DE FÁTIMA ES LA LLAMA DE AMOR
Descubrimos un punto de encuentro entre el mensaje de Fátima y el mensaje dado a la Iglesia por Isabel Kindelmann. La Llama de Amor en la que Isabel se encuentra "sumergida" es la misma gracia que experimentan los niños de Fátima cuando, de las manos de María Santísima, brota un rayo de luz que los envuelve y penetra hasta lo más íntimo de su pecho y corazones, haciéndolos verse en Dios. Una luz inmensa envuelve a la Virgen María; Ella estaba con un corazón en la mano, "irradiando aquella luz tan grande que es Dios".
Esa luz que irradia de María Santísima tiene un doble efecto: por un lado, envuelve a los niños y los hace verse en Dios, transformados por el amor de la Trinidad; por el otro, pone en evidencia la existencia del infierno y la realidad del mundo demoníaco. El reflejo de la luz penetra la tierra y descubre "como un mar de fuego y sumergidos en este fuego, los demonios y las almas de los condenados".
La gracia de la Llama de Amor recibida por Isabel nos lleva a la intimidad con la Santísima Trinidad y, al mismo tiempo, nos hace acoger y comprender mejor una verdad de fe que el mundo "científico" rechaza hoy: la existencia del demonio y del infierno. El itinerario espiritual que vive Isabel la lleva a "sumergirse en Jesús como gota de agua en el vino" (p. 259). "¡Yo soy el vino, tú el agua, y ahora he echado unas gotas de los misterios de mi Divinidad en tu alma" (p. 260).
En los niños de Fátima, el encuentro con el ángel y con el Inmaculado Corazón de María los lleva a comprometerse a llevar una vida de intensa oración y penitencia. La Virgen les pide que se ofrezcan como víctimas por la salvación de los pecadores: "¿Quieren ofrecerse a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él quisiera enviarles como reparación de los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?" "¡Sí queremos!" "Tendrán, pues, mucho que sufrir, pero la gracia de Dios los fortalecerá". "Recen el Rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra".
Hay una cierta similitud entre el camino espiritual de los tres pastorcitos y el de Isabel. Los niños de Fátima son arrastrados por una impactante experiencia mística: en un abrir y cerrar de ojos, se ven sumergidos en Dios por la luz que emana de las manos de la Virgen María. ¿Sería así la experiencia de los Apóstoles en el monte de la Transfiguración? ¿La experiencia de Pentecostés? Es un misterio que sobrepasa nuestra comprensión. El hecho es que los niños quedaron completamente transformados. La terrorífica visión del infierno seguramente contribuyó a darles un ardiente deseo de impedir la condenación de los pecadores.
En el caso de Isabel, nos encontramos con un lento proceso de purificación e iluminación que la irá conduciendo, en medio de las luchas diarias, al estado de víctima. El Señor le pide que ofrezca grandes sacrificios por la salvación de los pecadores. Isabel no ve el infierno, pero experimenta la terrible cercanía de Satanás, quien bajo múltiples formas y en numerosas ocasiones, se hace presente en su vida. Satanás le habla, la golpea física y psicológicamente, la abruma de diversas maneras. No hay posibilidad de pensar que la experiencia de Isabel sea fruto de una ilusión o engaño. No es un invento; es un verdadero testimonio de vida el que Isabel nos comunica.
Esta madre de familia del siglo XX es testigo fehaciente de lo que la Palabra de Dios y la Iglesia nos enseñan: el demonio existe y, aunque su poder sobre el ser humano sea grande y temible, no es más que una criatura sometida al poder supremo de Jesucristo, el Verbo de Dios hecho carne.
El combate espiritual de Isabel se convierte en un ejemplo a seguir. Es imposible para el ser humano escapar al influjo directo o indirecto de Satanás y sus huestes. No hay término medio. No podemos pactar con él ni esperar que nos ignore. Es absolutamente indispensable vencerlo. No hay otro camino para derrotar a este enemigo de nuestra salvación que el poder de Jesucristo.
Sin embargo, hay algo nuevo en las palabras de María en Fátima: "Jesús quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. A quien la abrace, prometo la salvación". Estas palabras de María Santísima encierran la promesa del efecto de gracia de la Llama de Amor. La Virgen no puede prometer la salvación por sí misma, sino que habla en nombre de su Hijo. Abrazar la devoción al Inmaculado Corazón es acoger la gracia de la Llama de Amor; quien vive la Llama de Amor abraza la devoción al Inmaculado Corazón de María. Satanás es vencido y cegado por la intervención de la Todopoderosa suplicante, quien obtiene de la Trinidad Santísima, por las llagas de su Hijo, la gracia de la Llama de Amor.
177 ¿SEGUIMOS SIN ESCUCHAR EL MENSAJE DE FÁTIMA Y LA LLAMA DE AMOR?
La íntima relación entre la gracia de la Llama de Amor y el mensaje de Fátima presenta varias similitudes que nos ayudarán a captar y, sobre todo, a vivir mejor el designio divino de "establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón de María". El mensaje dado por María Santísima en las apariciones de Fátima se ilumina años después con las apariciones a Sor Lucía en las localidades de Pontevedra y Tuy. Son dos ciudades de Galicia, en España, cercanas a la frontera con Portugal. Lucía se siente llamada a consagrarse al Señor en la congregación religiosa de las Hermanas de Santa Dorotea. Hace su postulantado en Pontevedra (1925) y su noviciado en Tuy (1926). En Pontevedra, la Virgen pide la devoción a los cinco primeros sábados de mes. En Tuy (13 de junio de 1929) tiene lugar la grandiosa manifestación de la Santísima Trinidad mientras Lucía está en adoración reparadora de medianoche en la capilla del convento.
La vidente narra cómo sobre el altar aparece una gran cruz de luz que llegaba hasta el techo. En la parte superior ve al Padre Eterno que tiene en su pecho al Espíritu Santo bajo la forma de una paloma luminosa. Contempla a Cristo clavado en la Cruz. Por debajo de la cintura del crucificado, suspendido en el aire, se ve un cáliz y una hostia grande sobre la que caen gotas de sangre que provienen del rostro y del costado herido de Jesús. Nuestra Señora de Fátima está bajo el brazo derecho de la cruz. Sostiene con su mano izquierda su Inmaculado Corazón rodeado de espinas y llamas. Del lado izquierdo de la cruz aparecen unas letras grandes, como de agua cristalina, que corren hacia el altar y forman las palabras "Gracia y Misericordia". La Virgen María pide en este momento que el Santo Padre, en unión con todos los obispos del mundo, consagre Rusia a su Inmaculado Corazón. Si esto se hace, Rusia se convertirá y la Paz vendrá sobre el mundo. "Comprendí que me era mostrado el misterio de la Santísima Trinidad...", dice Lucía.
En la pág. 122 del Diario Espiritual tenemos unas palabras reveladoras de Nuestro Señor Jesucristo a Isabel Kindelmann: "Exclusivamente por las súplicas eficaces de la Santísima Virgen concedió la Santísima Trinidad la efusión de la Llama de Amor. Por ella piden ustedes en la oración con que saludan a mi Madre Santísima: DERRAMA EL EFECTO DE GRACIA DE TU LLAMA DE AMOR SOBRE TODA LA HUMANIDAD AHORA Y EN LA HORA DE NUESTRA MUERTE. AMÉN, para que bajo su efecto se convierta la humanidad".
Se trata de una gracia cuya iniciativa viene del Corazón Inmaculado de María. "Este es el fuego de Amor de unión que alcancé del Padre Celestial por los méritos de las llagas de mi Hijo Santísimo" (p. 344). Es la Virgen quien pide al Padre la gracia de la Llama de Amor. La Virgen ofrece las Llagas de su Hijo. El objetivo de esta gracia es la salvación de las almas. "Pidan a mi Padre en nombre mío, Él les concederá lo que por medio de mí le pidan. Solamente tengan confianza y hagan referencia a la Llama de Amor de mi Madre Santa, porque a Ella le están obligadas las Tres divinas Personas. Las gracias que pidan por medio de Ella las recibirán" (p. 121). La Virgen al pie de la cruz ofrece las Llagas de su Hijo y se ofrece a sí misma al Padre eterno como Víctima en unión íntima con Jesús. La aparición de Tuy nos pone frente a la Santísima Trinidad. Es del Corazón del Padre que brota "este fuego de Amor de unión", que es la Llama de Amor.
Nuestra Señora pide en las apariciones de Fátima la conversión del corazón, la reparación de nuestros pecados, la consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón hecha por el Papa en unión con los obispos, la meditación de los misterios del Santo Rosario, las comuniones reparadoras de los cinco primeros sábados de mes para lograr la paz y la conversión de Rusia. Cuando examinamos la espiritualidad que emana del Diario Espiritual, nos damos cuenta de que prácticamente la gracia de la Llama de Amor hunde sus raíces en la gracia de Fátima.
El fruto de la consagración al Corazón Inmaculado de María es la destrucción de la "llama de odio de Satanás" y el triunfo de la "Llama de Amor de la Virgen María".
La llama de odio del demonio conduce a los seres humanos a la destrucción de la guerra. Las dos guerras mundiales son un castigo de Dios frente a la maldad e ingratitud de los hombres que no cesan de ofender a Dios con sus horribles pecados. Para "reconstruir este mundo" y especialmente las familias según Cristo, la Virgen obtiene este nuevo instrumento que Ella pone en nuestras manos. Una sensación de tristeza marca la historia de las apariciones de Fátima: no se ha escuchado el mensaje de la Virgen María, no se lo ha puesto en práctica. Por ese motivo, muchísimas de las calamidades que habían sido profetizadas por la Virgen se han cumplido.
La gran pregunta es si también los hombres del siglo XXI van a desoír el mensaje de la Llama de Amor dado a nuestra época. Eso traería muchísimas pésimas consecuencias sobre la humanidad.
178 LA CONFESIÓN DE LOS PECADOS ES TRASCENDENTAL
La confesión de los pecados es de trascendental importancia en el proceso de liberación familiar. El sacramento de la reconciliación es una herramienta que debe ser frecuentemente utilizada y de manera excelente. No podemos olvidar que las familias están compuestas por "personas individuales" y, al mismo tiempo, forman una "personalidad colectiva" (una unidad espiritual y psicológica) que debe ser "sanada y liberada". Las dos sanaciones y liberaciones (la individual y la familiar) van de la mano y se corresponden. El proceso avanza en la medida del esfuerzo que los individuos hacen para alejarse del pecado y acercarse a los medios de sanación y liberación. El "efecto de gracia" de la Llama de Amor no es algo "automático", que, como por "arte de magia" (sin conversión auténtica del corazón), vaya a transformar de un golpe o en poquísimo tiempo a la persona y a la familia. Hay toda una serie de elementos que deben acompañar al Sacramento de la Reconciliación para que éste produzca los maravillosos efectos que encierra. La confesión de los pecados se integra con: la oración personal y familiar, el ayuno, los sacrificios, el arrepentimiento sincero, la reparación, la renuncia a las ocasiones de pecar, el apostolado, etc.
Cuando una familia descubre la Llama de Amor, está invitada por la Santísima Virgen a entrar en ese proceso de cegamiento de Satanás y de los demás espíritus malignos. La familia debe asumir de manera consciente y en unidad de propósito el combate espiritual contra el maligno. Todos deben colaborar en esta lucha por la sanación interior de TODOS los miembros. No podemos vivir egoístamente en el interior de la familia, desentendiéndonos de los problemas de los demás. Si un miembro sufre, todos debemos sufrir con él y, sobre todo, orar con él y por él. Si se cree en el poder de María Santísima como Llama de Amor, todos pondrán en práctica de manera exitosa la oración en familia.
Hay dos exámenes de conciencia que se deben hacer: a) el examen que cada uno hace de su propia conducta, y b) el examen que todos los miembros de la familia hacen en común, señalando con mucho amor y respeto las heridas, faltas, pecados, problemas, dificultades, enfermedades espirituales, carencias, etc., que los están afectando. El examen personal y privado es el que nos sirve para ir donde el sacerdote y acusarnos humildemente para recibir la absolución. El examen comunitario es el que nos permite tomar conciencia de cómo el plan del enemigo maligno está actuando. Podemos así orar unos por otros y pedir al Señor la liberación de las cadenas que nos atan y de las vejaciones que sufrimos en el interior del hogar. Muchos no comprenden, no captan, no asimilan que muchas cosas que suceden en casa y en familia tienen un origen espiritual. Sobre todo, los hijos adolescentes y los jóvenes mayores son particularmente ciegos y reacios a ver la acción del maligno. Se debe tener mucha paciencia con ellos hasta que el Señor les abra los ojos sobre un mundo que no se capta si no se tiene una fe viva.
Respecto a la confesión, hay que decir que mucha gente no se confiesa del todo. Otros se confiesan mal porque no han aprendido a hacerlo. Otros se confiesan mal por vergüenza. Otros se confiesan muy de tarde en tarde. La confesión es una disciplina espiritual que debemos adquirir. Los soldados se ejercitan constantemente para estar en forma. Cada día hacen los ejercicios de rutina. Con cierta frecuencia hacen ejercicios intensivos. También hacen ejercicios extraordinarios. La confesión es un ejercicio indispensable. Hay que hacerla al menos cada mes, para los primeros viernes y sábados; es la sugerencia más práctica. El Corazón de Jesús y el Inmaculado Corazón de María lo piden así en las apariciones correspondientes. No hay gran avance en la vida espiritual sin la confesión frecuente, aunque no se haya cometido pecado grave.
El examen de conciencia no es un análisis meramente psicológico. Es un acto de la virtud de la religión: debe hacerse en espíritu de oración. Hay que pedir al Espíritu Santo que nos ilumine y nos dé humildad para poder ver nuestro pecado y aceptarlo como tal. Hay que pedir "dolor de corazón" por haber ofendido a un Dios tan bueno, a un Padre tan amoroso y fiel. Si nos contentamos con un examen frío, como una contabilidad o como un balance de nuestras capacidades psicológicas, perdemos el tiempo. El Salmo Miserere (51) nos dice: "un corazón contrito y humillado Tú no lo desprecias". Si la familia entera asume con responsabilidad el efecto de gracia de la Llama de Amor, más temprano que tarde comenzaremos a experimentar los cambios positivos en el interior del hogar. Aquello que nos parecía imposible lograr se volverá fácil y veremos realmente lo que la Virgen promete: la transformación milagrosa de las familias.
179. LA LLAMA DE AMOR DEBE PARTIR DE LAS PARROQUIAS PARA TRANSFORMAR LA IGLESIA UNIVERSAL
En el Diario Espiritual de la Llama de Amor se habla de la Hora Santa de Reparación en las Parroquias y de la Hora Santa de Reparación en la Familia. Vemos aquí la estrecha relación que debe existir entre el templo parroquial y la familia. En el templo se reúne la comunidad parroquial. En la casa de habitación se reúne la familia, que es la "iglesia doméstica". Las Parroquias están formadas por la comunión de pequeñas iglesias domésticas, comunión de familias que creen en Cristo y profesan su fe, celebrando juntos la Palabra, la Eucaristía y los demás Sacramentos, participando activamente en las demás actividades de la comunidad. Tenemos dos polos principales de desarrollo para la vida cristiana: la parroquia y la familia (también podríamos considerar la escuela, el trabajo, etc.).
En el Diario Espiritual de la Llama de Amor, vemos que Isabel Kindelmann es una mujer que vive su fe católica de manera coherente con la comunidad. No se aísla, no es católica a su manera. Vive y profesa su fe dentro del marco parroquial y eclesial, como debe ser para todo bautizado. Al mismo tiempo, vive su fe en casa y trata de transmitirla a sus hijos. En el Diario encontramos solo algunas alusiones a estas dos facetas. Cuando se haga la biografía de Isabel, seguramente nuestra comprensión del Diario se verá iluminada por las anécdotas y los pormenores concretos de su vida cotidiana.
La gracia de la Llama de Amor debe llevarnos a la parroquia como al centro de la vida cristiana: la Eucaristía. No se puede desarrollar el efecto de gracia de manera integral si no es partiendo de la parroquia, llegando a la parroquia y extendiéndose más allá de los límites de la parroquia (p. 94). Se trata de una gracia que brota de la Eucaristía ("la Llama de Amor es Mi Hijo Jesucristo") y nos lleva a la Eucaristía (para renovar la calidad de la vida cristiana de la parroquia) y nos lanza a iluminar a los que todavía no se han congregado en Cristo Jesús (transmitiéndoles el incendio de la Llama de Amor: evangelización).
Para marcar el origen eclesial de esta gracia, la Virgen María pide que Isabel hable con el Obispo y le transmita su mensaje. Le indica que busque a doce sacerdotes fervorosos y que la Llama de Amor sea predicada y entregada a los fieles desde doce templos simultáneamente (p. 43, 45, 51, 172, etc.). Según el plan de la Virgen María, su Llama debe ser entregada en las Parroquias y en los Santuarios, y de allí llevada a las casas, a toda Hungría y a toda la Iglesia. Es ante todo al Papa (p. 79, 99, 293-295), al Obispo (p. 136-140, 172), al Párroco, y a los sacerdotes (p. 129, 132, 140, 232, 244), a quienes la gracia de la Llama de Amor debe ser explicada para que se convierta en un reguero de luz que transforme en poco tiempo la Iglesia universal.
Es una gracia para toda la Iglesia y no para un pequeño grupo o movimiento. El combate es contra el infierno entero, y para cegarlo y vencerlo es necesario que todas las fuerzas se unan (p. 202). El plan de la Virgen María no se ha puesto totalmente en marcha aún, apenas está comenzando (p. 72). El Papa todavía no ha reconocido ni extendido la Llama de Amor a toda la Iglesia, pero los trámites ya se iniciaron. Dios tiene su tiempo. Estamos preparando el momento, informando y dando a conocer esta gracia extraordinaria para toda la Iglesia.
Nos exponemos al peligro de reducir la Llama de Amor a una devoción, como hay tantas, o a un movimiento cerrado que se dedique a promover una devoción. Los párrocos tienen miedo a "una nueva devoción", a un nuevo movimiento o grupo o comunidad. La Virgen habla de "un nuevo instrumento" que Ella pone en nuestras manos para cegar a Satanás (p. 43). Cuando el Papa, los obispos, los sacerdotes y los laicos se den cuenta de que la Llama de Amor ciega, ata, quebranta, somete y expulsa al Demonio, la aceptarán y la pedirán (p. 55, 56, 60, 79). El testimonio de familias transformadas y liberadas por la Llama de Amor es indispensable para que los párrocos comprendan que el Demonio existe y que está destruyendo la Iglesia a través de la destrucción de las familias.
Debemos ser dóciles a las peticiones de la Virgen María, tal como Ella nos las da en el Diario Espiritual (p. 78, 79, etc.). No basta con rezar el Rosario de la Llama de Amor ni con repetir la coronilla muchas veces sin sentido. Es necesario que los padres de familia asuman su responsabilidad de pastores, liberadores y sanadores de su matrimonio y de sus hijos, PIDIENDO A MARÍA SANTÍSIMA QUE SE MANIFIESTE Y ACTÚE cuando hay un problema espiritual en la familia o en alguno de sus miembros. Es entonces cuando tenemos un instrumento de liberación que responde eficazmente a nuestras necesidades. La Llama de Amor pide un compromiso de todos los miembros de la familia en la lucha contra el mundo de las tinieblas. Muchos de los problemas que aquejan a los hogares son producto de la acción de espíritus malignos, herencias espirituales ancestrales, maleficios, etc. Nuestra Señora interviene en estos casos, protegiendo y también liberando de esas cadenas. Es necesario que la familia sea consciente de esto y se comprometa con la Virgen en este combate de cada día, hasta que Jesús sea el verdadero Rey y Señor de los hogares. Esto renovará las Parroquias y la Iglesia.
180. HAGAMOS VIGILIAS Y SACRIFICIOS POR NUESTROS ENFERMOS EN AGONÍA (MORIBUNDOS)
La vigilia o vela nocturna de oración en familia es un gran instrumento de conversión, tanto para el hogar como para la Parroquia. Especialmente está destinada a orar por la salvación de los enfermos en agonía o moribundos. "Te ruego de nuevo, hija mía, que entregues ahora mismo a tu confesor las indicaciones de cómo hacer la oración de vigilia unida a los méritos de mi Santo Hijo... Es mi petición que la santa velada nocturna, por la cual quiero salvar a las almas de los moribundos, se organice de tal manera en cada parroquia que ningún minuto quede sin que alguien haga oración de vigilia. Este es el instrumento que pongo en sus manos. Por medio de él salvarán ustedes las almas de los moribundos de la condenación eterna. De la luz de mi Llama de Amor, Satanás quedará ciego" (p. 286).
Para mejor comprender el alcance de esta petición de la Virgen María y la importancia de ponerla en práctica, debemos recordar que nuestras oraciones y sacrificios tienen un grandísimo valor en el plan de la salvación eterna. Mucha gente ha vivido alejada de Dios y muchos han rechazado a Dios de manera consciente. Si de manera permanente todo ser humano está sometido a la acción de los espíritus malignos, con mucha mayor razón en el momento de la muerte. Es en este momento supremo donde el hombre decide definitivamente su destino eterno: o acepta amorosamente a Dios o lo rechaza.
En el Diario Espiritual de la Llama de Amor se insiste mucho en la oración por los moribundos. La razón es que en este momento los demonios y espíritus malignos atacan con gran violencia. Tratan con todas sus fuerzas de arrancar las almas a Dios. Aquellos que han vivido negando a Dios de manera voluntaria y consciente, o los que por indolencia llevaron una vida alejada de la voluntad divina, enfrentan este momento con grave peligro. El Señor nos explica en las palabras que dirige a Isabel cómo podemos ayudar a la salvación de estas almas. Estamos aquí frente al misterio de nuestra participación en la oración y sacrificio de Cristo. Dios ha querido que todos los hombres estemos íntimamente unidos como una familia espiritual. Si por el pecado de Adán todos estamos afectados por el mal, por el Sacrificio de Cristo Jesús, todos somos solidarios en la Redención. Dios nos ama tanto que no quiere que ninguna alma se condene.
Las enseñanzas de Jesús a Isabel Kindelmann nos recuerdan ese gran deber que tenemos de orar y sacrificarnos por la salvación de los pecadores. "Toma parte sin cesar en mi trabajo redentor. No preguntes cómo, así que llegue mi Reino a ti y a todas las almas" (p. 48). Tomar parte en el trabajo redentor de Jesucristo significa tomar parte en sus sufrimientos por la salvación de los pecadores. Isabel es un alma víctima. Nos cuenta: "Una vez tuve que sufrir porque las dudas me apretujaban, otra vez porque, a petición de la Virgen, tuve que padecer la agonía de los moribundos y su lucha contra Satanás. La Santísima Virgen me dijo de nuevo: '¿Ves, hijita mía? Si se enciende la Llama de Amor de mi Corazón en la Tierra, su efecto de gracia se derramará también sobre los moribundos. Satanás se quedará ciego, y con la ayuda de la oración de ustedes, durante su vigilia nocturna, terminará la terrible lucha de los moribundos con Satanás, y bajo la suave luz de mi Llama de Amor, hasta el pecador más empedernido se convertirá'". Y mientras me dijo esto, mis sufrimientos aumentaban tanto que casi me desplomé a causa del dolor" (p. 192).
Durante la velada nocturna, la Santísima Virgen comenzó a hablar conmigo y mientras lo hacía, derramó en mi alma el dolor sin límites de su Corazón maternal. Mientras mi alma se llenaba del dolor de su Corazón maternal, Ella seguía hablando: "Solo una madre puede comprender, hijita mía, la angustia y el dolor de mi alma. Por eso me dirijo a ti. Tú sabes de angustia. Sé que me comprendes. ¡Oh! ¡Cuántos de entre mis hijos se condenan! Me desplomo bajo el peso del dolor, por eso comparto contigo para que te apresures cada vez más a poner en marcha la santa causa. Tú también eres madre y la angustia de mi Corazón es tuya también" (p. 196).
Acoger en nuestro corazón la Llama de Amor significa participar en los dolores del Corazón Inmaculado de María por la salvación de las almas, especialmente por los moribundos. Nuestra Señora pide que nos unamos para vencer a Satanás: "Las fuerzas aunadas del mundo entero se necesitan para lograrlo, ¡quiero que ninguna alma se condene! Porque Satanás quedará ciego en la medida en que ustedes trabajen en contra de él" (p. 202). La insistencia de la Virgen tiene por objetivo que en todas las parroquias se organice la vela nocturna por los moribundos, y que cada familia participe por medio de turnos organizados, de tal manera que desde la casa, en horas diversas de la noche, haya almas velando y orando por la salvación de los moribundos.
181. LA LLAMA DE AMOR ES EL INSTRUMENTO QUE LAS FAMILIAS DEBEN EMPLEAR PARA VENCER A SATANÁS CEGÁNDOLO.
La Llama de Amor no es solamente una devoción, sino que es, sobre todo, un INSTRUMENTO EFICAZ en el combate espiritual que todo ser humano, y de manera especial la familia y la iglesia, deben emplear para vencer la acción diabólica.
En la Fraternidad Espiritual Corpus Christi, las familias se ayudan por medio de la oración para recorrer el camino de la Llama de Amor: sanación interior, liberación de la acción diabólica, restauración de los valores cristianos y proyección apostólica hacia otras familias.
La Virgen, con su Llama de Amor, sana las heridas emocionales que son fruto del pecado y de las circunstancias históricas de nuestra vida; libera, con su poderosa intercesión, las ataduras espirituales producidas como consecuencia del pecado y de la acción de los espíritus malignos. Nuestra Señora, Madre de la Iglesia, restaura el sentido de la vida cristiana hasta convertir las familias en Santuarios en los que reina Jesucristo. La Madre de Dios lleva a las familias a convertirse en portadoras de la Llama de Amor hacia otras familias, provocando así el reguero de pólvora, el incendio que acabará con el reinado de Satanás en los hogares del mundo entero.
Aquí tienes el texto corregido ortográficamente:
182. LA LLAMA DE AMOR BUSCARÁ RESTAURAR LA IDENTIDAD DE LA FAMILIA CATÓLICA.
El instrumento por excelencia de los cristianos para dar vida a la sociedad es la familia constituida según el corazón de Dios. Tristemente, muchísimas familias católicas en general han perdido su identidad. De católicas solo tienen el nombre. Se han dejado infiltrar por lo que Jesús llama "el mundo". En vez de vivir de acuerdo al Santo Evangelio, viven de acuerdo a las diversas ideologías que han hecho a Dios a un lado. Experimentan en su interior la esquizofrenia espiritual: por un lado, se consideran católicas, pero piensan, sienten y viven de acuerdo al relativismo moral propiciado por una cultura enemiga de la fe.
Van a misa y apoyan la anticoncepción y el aborto. Rezan en familia y se apoderan de los bienes de los demás. Las órdenes del partido político están por encima de la propia conciencia. Viven en adulterio y comulgan. Consideran que la homosexualidad es aceptable. Practican el esoterismo, la magia, la brujería, el espiritismo y le ponen así una candela a Dios y otra al diablo.
La Iglesia no puede cumplir su misión de ser "luz del mundo y sal de la tierra" (Mat 5, 13-16) si la familia está enferma espiritualmente. La principal necesidad de la Iglesia de hoy es restaurar la identidad de la familia católica.
183. LOS SACERDOTES Y LA LLAMA DE AMOR
Los Sacerdotes en el Diario Espiritual de Isabel Kindelmann tienen un puesto muy relevante. En primer lugar, hay que tener en cuenta que Isabel es una católica practicante que ama profundamente a la Iglesia y que vive su vida cristiana en íntima comunión con su Parroquia. La figura del Sacerdote está muy presente en su vida espiritual. La Sierva de Dios vive en comunión con su Obispo, a quien visitará varias veces para ponerlo al tanto de los deseos divinos (DE 12-11-62; 27-3-63); guarda obediencia hacia su Director Espiritual; está en relación con diversos sacerdotes, a quienes irá proponiendo la gracia de la Llama de Amor sin desanimarse por los desaires de algunos que no la aceptan o no creen en ella. Por deseo expreso de Nuestro Señor, irá dos veces a visitar al Santo Padre para comunicarle personalmente el contenido de la gracia de la Llama de Amor. A un gran respeto por los sacerdotes unirá un gran amor por las almas de aquellos que son difuntos. El Señor le pedirá que ayune todos los lunes para alivio de las almas de los sacerdotes que están en el purgatorio. El Señor le hablará de su tristeza y desagrado por los sacerdotes que no viven su vocación con generosidad y santidad, para que ore y se sacrifique por ellos. Más aún, las palabras de Jesús se volverán duras amenazas contra los consagrados que, consciente y voluntariamente, ejercen en pecado su sagrado ministerio. Por otra parte, María Santísima le manifiesta su agrado por aquellos sacerdotes carmelitas que con "gran entrega y amor hacen trabajo misionero a lo largo de todo el país" (DE 15-4-62). Estos merecen ser los primeros en recibir la Llama de Amor como recompensa por su celo. Su misión es "sublime y conmovedora".
La Virgen escoge a doce sacerdotes entre los más fervorosos de Hungría para que sean el punto de partida de la difusión de la Llama de Amor. Los doce deben comenzar simultáneamente en doce templos dedicados a María Santísima la entrega de la vela encendida, la cual debe ser llevada por los laicos a su propia casa para comenzar la oración en familia. Por voluntad de Jesús, Isabel debe pedir a los sacerdotes que "envíen a las almas" a la Virgen María y que "no pronuncien ninguna homilía sin exhortar a los fieles a tener una profunda devoción hacia Ella" (DE 17-4-62). Cuando la Virgen se refiere a los sacerdotes, se expresa de ellos con mucha ternura. Los llama: "mi querido hijo", "mi muy querido hijo...".
Isabel tendrá para todos los sacerdotes, aun para aquellos que la hicieron sufrir con sus desaires e incredulidad, un gran amor. Orará por su conversión y santificación (DE 29-11-62; 16-12-62; 18-12-62; 23-4-63; 17-6-64). De modo especial se sacrificará y pedirá por los sacerdotes que están en el purgatorio (DE 18-5-64). El Señor le habla de la importancia extraordinaria de las vocaciones sacerdotales (DE 12-3-64) y le pide que, con especial devoción, haga muchos sacrificios por ellas. Jesús profetiza los tiempos difíciles que arrastrarán a aquellos sacerdotes indiferentes y sumidos en la ociosidad. Solamente sobrevivirán los que "tienen verdadera vocación". Es de capital importancia para la extensión de la Llama de Amor en toda la Iglesia que los sacerdotes sean informados de esta gracia extraordinaria para que ellos la promuevan en su Parroquia. La falta de información adecuada hace que muchos sacerdotes no comprendan el mensaje urgente y las peticiones de la Virgen María a través de su Llama de Amor. Si queremos que el "efecto de gracia" se extienda rápidamente en las parroquias y en la Iglesia Universal, lo primero que debemos hacer es orar mucho por los sacerdotes, para que abran su inteligencia y su corazón a la Llama de Amor. En seguida, nos acercamos a ellos para hablarles de manera adecuada de esta nueva gracia dada a la Iglesia para los últimos tiempos. No se trata de una devoción más, sino de un instrumento único para el combate espiritual contra el reino de las tinieblas.
184. LOS SACERDOTES NO SON INMUNES A LOS ATAQUES DIABÓLICOS
La Iglesia está actualmente soportando un tremendo ataque contra lo que constituye su corazón: el Sacerdocio y la Familia. Las enteras fuerzas del infierno se han coludido para desterrar del corazón de los cristianos el sentido del Sacerdocio y de la Familia. Este ataque no es de hoy, sino de siempre, pero en los años que estamos viviendo, el afán de Satanás y de los suyos por pisotear y profanar el corazón de la Iglesia se ha convertido en una obsesión que raya en la locura. ¿Hasta cuándo? Hasta que Dios diga ¡basta!
Esta tremenda crisis en el sacerdocio y en la familia tiene su raíz no en el exterior de la Iglesia, sino en su interior. El Papa Benedicto XVI, en su viaje a Fátima en el año 2010, puso en evidencia que los más grandes enemigos de la Iglesia están, sobre todo, en su "interior". Por una parte, la gran persecución que hoy sufre la Iglesia es fruto del pecado de sus miembros, y en especial del clero, refiriéndose a los escándalos de pederastia y abusos sexuales cometidos por los consagrados. Por otra, el pecado en la Iglesia toma la forma de las herejías o desviaciones teológicas respecto del Magisterio que pululan por doquier y, de manera dolorosa, en los seminarios y universidades católicas, y por consiguiente, en la conciencia de muchísimos bautizados católicos.
Esta situación nos revela algo desconcertante que Pablo VI ya había denunciado en una homilía que se ha vuelto famosa: "Por alguna rendija el humo de Satanás ha penetrado en el Templo de Dios" (29 de junio de 1972). El hecho es que los sacerdotes no son inmunes a la acción diabólica. Igual que el laico, el sacerdote, si no combate contra el príncipe de este mundo, puede caer en sus garras. La Llama de Amor es una gracia que, en primer lugar, deben recibir y acoger los sacerdotes y aquellos que se preparan para la ordenación. ¿Por qué en primer lugar? Porque es lo primero que la Virgen le pide a Isabel Kindelmann, que vaya donde el párroco y le transmita la Llama de Amor para que, a su vez, este haga lo mismo con los fieles.
Los ataques contra la Iglesia son un castigo por los pecados de sus miembros, y en especial de los sacerdotes. El pecado, cualquiera que sea, tiene grandes consecuencias personales, familiares, y sociales. De manera particular, el pecado del sacerdote se convierte en un gran escándalo y trae como consecuencia la humillación y destrucción de la Iglesia. Por ese motivo, el primero que debe endosar la armadura (Ef 6) es el sacerdote, porque siendo imagen de Cristo, es el más odiado y perseguido por Satanás.
185. UNA FALLA MUY SERIA EN LA FORMACIÓN DE LOS SACERDOTES
Una de las fallas en la pastoral de la Iglesia es que los sacerdotes no están, en su mayoría, preparados para ayudar a los fieles a combatir al Demonio. El pastor debe defender al rebaño del lobo y, si no sabe enfrentarse al maligno, ¿cómo podrá ayudar y defender a las personas afligidas por la acción diabólica? Siendo otro Cristo por su ordenación sacerdotal, tiene por vocación hacer las mismas obras que Jesús hacía. El Señor vino para deshacer las obras del diablo (1Jn 3,8). Cuando San Pablo VI dijo que por algún resquicio el humo del infierno se había introducido en el Templo de Dios, estaba haciendo una denuncia de grandísima importancia, que es necesario profundizar para llegar a comprender la enorme trascendencia de la acción diabólica en el interior de la Iglesia.
Uno de los resquicios por los que se ha filtrado la acción del demonio en la Iglesia han sido las facultades de teología y los seminarios donde se forman los sacerdotes. Muchos profesores de teología, imbuidos por corrientes filosóficas alejadas u opuestas al Magisterio de la Iglesia, diseminaron y siguen diseminando verdaderas herejías en las casas de formación. Esto parece inconcebible en una Iglesia que se ha caracterizado por vigilar con cuidado la ortodoxia en la enseñanza de los futuros sacerdotes. Sin embargo, es la triste realidad. Una enorme crisis en la teología dio como resultado que, después del Concilio Vaticano II, muchos seminarios fuesen contaminados con enseñanzas heréticas tanto en la filosofía y teología, como en la moral. Entre esas herejías está la de la no existencia de los ángeles, de los demonios y del infierno.
Tan grave ha sido la crisis que la Iglesia ha sufrido y sigue sufriendo, que los seminarios se vaciaron, miles de sacerdotes (más de ochenta mil) dejaron su sagrado ministerio para secularizarse, y alrededor de doscientas mil religiosas abandonaron sus congregaciones. Una de las consecuencias más desastrosas de esta crisis ha sido que en la formación de los sacerdotes haya una gran laguna en el campo de la demonología y del cuidado de las personas sometidas a la acción de los espíritus malignos. El pastor debe tener un doble cuidado: el cuidado de sí mismo y el cuidado de sus ovejas. El combate espiritual (Ef 6,10…) comienza con uno mismo y se prolonga en la ayuda a los demás para que también combatan al enemigo de nuestra salvación.
Si el propio pastor no se da cuenta de que existe el mundo de los espíritus infernales y que ese mundo oculto lo ataca, lo ata y lo destruye, ¿cómo podrá ayudar a sus ovejas a defenderse ellas mismas? Si no se cree en la existencia y acción de los espíritus malignos, ¿cómo se podrá llevar a cabo un efectivo cuidado pastoral de las almas? Los problemas espirituales quedan reducidos a lo psicológico, con un grave daño para la salvación eterna de los fieles.
186. POR LA LLAMA DE AMOR JESÚS LLAMA A LOS SACERDOTES A CONVERTIRSE
Sorprende muchísimo la firmeza y casi diríamos "dureza" de las expresiones con las que Jesús se refiere a las almas consagradas a Él: sacerdotes y religiosos. En los párrafos citados el día 2 de octubre de 1962, Jesús manifiesta la gran aflicción de su Corazón por las almas consagradas. Las acusa de "haberlo marginado de sus vidas", de vegetar en el aburrimiento y en la ociosidad indolente, "buscando sólo su propia comodidad". Los tacha de cobardes que se esconden y se engañan a sí mismos, y que se comportan "como si no fueran sus obreros". "Infelices de ustedes, ¿cómo van a rendir cuentas del tiempo desperdiciado? ¡No forcejeen conmigo para obligarme a levantar mis manos sagradas para maldecirles..." Son palabras terribles, que interpelan la identidad sacerdotal y religiosa perdida en el marasmo de la crisis espiritual de la Iglesia.
Jesús exige amor y fidelidad de parte de sus consagrados y lo que encuentra en ellos es precisamente "falta de amor". "¡Ustedes, ciegos y sin corazón! ¿No ven lo que hice por ustedes? ¿No se conmueve su corazón? ¿No quieren caminar conmigo? ¿En vano abrí mi Corazón? ¿Dejan botada la abundancia de mis gracias? ¿No quieren compartir mis sentimientos? ¿El latir de mi Corazón manso y bondadoso, no lo quieren escuchar? ¿Prefieren que con voz de trueno grite hacia ustedes?"... "Comodones, no muestran ninguna prontitud, solo se excusan y en esto pasan toda su vida. ¡Tomen ya sobre sí la cruz que Yo también abracé y crucifíquense ya a sí mismos como Yo lo hice, porque, de otra manera, no tendrán vida eterna!"
Jesús se duele de la indiferencia de los consagrados; su amor desbordante no recibe respuesta de parte de esas almas (30-07-1962). Pide a Isabel: "Ámame todavía más, hijita mía, abrázame más estrechamente a tu corazón. Ofréceme tu alma sacrificada y sírveme solo a Mí con profunda sumisión. Hazlo en lugar de aquellos que no lo hacen, aunque son almas consagradas a Mí".
Jesús llama a los consagrados a "lanzarse a una vida espiritual profunda" (11-10-1962). "¡Ayúdenme a cargar con mi cruz, es tan pesada! ¡No me dejen solo! Si les llamé es porque tengo necesidad de ustedes. Más aún, ha llegado el tiempo y la oportunidad para que ustedes den testimonio en favor mío... no sean comodones, ¡miren la Cruz!". Jesús anuncia tiempos difíciles; será una tempestad "cuyas ráfagas arrastrarán a los indiferentes sumidos en la ociosidad. Frente a ellos, solamente sobrevivirán los que tienen verdadera devoción". Estas palabras de advertencia deben ser transmitidas a las "almas sacerdotales" (12-03-1964).
187. LOS SACERDOTES NECESITAN QUE SE ORE MUCHO POR ELLOS
Los sacerdotes no son seres extraterrestres. Son seres humanos como todos los descendientes de Adán y Eva. Nacen en una familia, tienen ancestros, padre y madre, hermanos, parientes, amigos. Viven su infancia, niñez, adolescencia y juventud en los ambientes culturales que la Providencia les depara. Es decir, son seres comunes y corrientes, con sus defectos y cualidades, pecados y virtudes, buenas y malas tendencias. Cuando un joven pide ser admitido en el orden sacerdotal, hace su solicitud al Obispo de una Diócesis.
Entra generalmente en un proceso de formación que casi siempre se realiza en una institución llamada Seminario. Están llamados desde toda la eternidad, igual que cada ser humano, a entrar en una relación de amor íntimo con Dios que los lleve a la mayor santidad. Por el sacramento del orden, quedan configurados de una manera misteriosa a Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. El carácter sacerdotal los transforma en "otro Cristo", de tal manera que cuando ejercen su ministerio, es el mismo Cristo quien actúa en ellos. Esta configuración a Jesucristo les exige una mayor santidad que la del común de los fieles. Dios espera de ellos una grandiosa generosidad en su manera de vivir la Fe, la Esperanza y la Caridad, de tal modo que las virtudes de Nuestro Señor Jesucristo resplandezcan en ellos de manera especial. El sacerdote está llamado a ser un ejemplo de vida para todo cristiano. Dios no llama a santos al sacerdocio; Dios santifica a quien escoge. En el Diario Espiritual se nos dice que la Virgen, aún entre los grandes pecadores, escoge a sus servidores. Igualmente, para ejercer este ministerio del Sacerdocio, con frecuencia el Señor escoge a hombres débiles y pecadores. "Llevamos esa gracia en vasos de barro". Así todos pueden ver que es Dios quien hace la obra y no la fuerza del hombre.
El sacerdocio no es un derecho, sino que es una llamada y un regalo. Nadie puede decir: "tengo derecho a ser sacerdote", porque el sacerdocio ministerial no depende más que de la escogencia de la Iglesia a través del discernimiento del Obispo. El sacerdocio es un servicio, y si en un dado caso el Obispo no necesita del servicio de un candidato, por santo y bueno que sea, éste no puede exigir un derecho a la ordenación. Solo los varones pueden ser sacerdotes. Esta condición propia del sacerdocio no es comprendida por las personas que están confundidas por las ideologías feministas, que lo miran como un derecho a conquistar.
No entienden que en el plan de Dios, Jesucristo al encarnarse es el Esposo de la Iglesia. La Iglesia es la Esposa de Cristo. En el matrimonio, el hombre en cuanto varón representa a Cristo y la mujer representa a la Iglesia. Si una mujer fuese ordenada sacerdote, no podría significar el matrimonio entre Cristo y la humanidad. Sería como un sacerdocio "lésbico", y por lo tanto no sería cristiano sino pagano. En el paganismo, las mujeres ejercen pretendidos "sacerdocios", pero se trata de sacerdocios que no tienen nada que ver con el de Cristo. Ni siquiera el sacerdocio judaico es el sacerdocio de Cristo. En la Epístola a los Hebreos se nos explica que el sacerdocio del Antiguo Testamento terminó su misión en el plan de Dios con el Sacrificio de Jesús en la Cruz. Hay un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo, un solo Sumo y Eterno Sacerdote. Nos damos cuenta de que ninguna persona, por sabia, noble, santa y perfecta que sea humanamente hablando, puede con sus propias fuerzas vivir en plenitud el Misterio del Sacerdocio de Cristo. Todo sacerdote, por la debilidad de su naturaleza humana, vive de manera imperfecta la configuración a Cristo Sumo y Eterno Sacerdote que confiere el Sacramento del Orden. Por eso, el Pueblo de Dios debe orar intensa y constantemente por sus sacerdotes, para que en sus corazones arda siempre la voluntad de imitar lo más perfectamente posible a Jesús.
188. ¿CUÁLES SON LOS REPROCHES QUE JESÚS HACE A LAS ALMAS CONSAGRADAS?
Lo primero que Jesús dice a Isabel Kindelmann sobre las almas consagradas es: "Repárame por las almas consagradas" (DE 24-05-62). El Señor pide reparación por los pecados de sus sacerdotes. Ya la pide por los pecados de todos los bautizados, pero lo hace con mayor dolor cuando se trata de sus consagrados. Jesús le exige a Isabel sacrificios, oraciones, mortificaciones. Le dice: "¡Si supieran cómo duele a mi divino corazón cuando me apartan o cuando muchos me excluyen del todo de su corazón!" (DE mayo 1962). Jesús se queja de que las almas consagradas no se preocupan por Él, a pesar de que las ha colmado de beneficios: "Repárame en lugar de aquellas almas que, aunque consagradas a Mí, no se preocupan de Mí. A quienes he abrigado en Mi Corazón, a quienes he colmado con mi precioso tesoro, pero ellas los dejan empolvar en el fondo de su alma" (DE 24-5-62). Jesús se queja de que no lo escuchan, de que no entran en lo íntimo de sus almas para que Él les pueda compartir sus sufrimientos. "¡Cuánto duele a mi Sagrado Corazón ver tantas almas indiferentes!... El amor desbordante de mi Corazón no recibe respuesta de parte de esas almas. Ámame todavía más, hijita mía, abrázame más estrechamente a tu corazón. Ofréceme tu alma sacrificada y sírveme solo a Mí con profunda sumisión. Hazlo en lugar de aquellos que no lo hacen, aunque son almas consagradas a Mí" (DE 30-7-62).
El Corazón de Cristo sufre porque las almas consagradas, a las que ha llamado a una especial intimidad de amor con Él, no responden a ese amor. Jesús se siente "abandonado", "despreciado", "olvidado", "en continua soledad". "Ustedes me tratan como si fuera una persona sin sentimientos. Pero, si se acercaran con confianza, sentirían aquel amor que siente mi Sagrado Corazón por ustedes" (DE 7-8-62). Jesús está vivo, su Corazón sufre por la indiferencia de los suyos. "La aflicción de mi Corazón es tan grande a causa de las almas consagradas a Mí. Y, sin embargo, ¡cómo ando detrás de ellas! Las sigo paso a paso con mis gracias. A pesar de ello, no me reconocen ni me preguntan a dónde voy. Veo cómo viven aburridos en la ociosidad indolente, buscando solo su propia comodidad, me han marginado de sus vidas. Se aprovechan de cada oportunidad para esconderse cobardemente y, engañándose, se comportan como si no fueran mis obreros" (DE 4-10-62). Tantos beneficios como reciben las almas consagradas exigen una respuesta generosa de parte de los beneficiados. Cuando estas gracias se desprecian, viene la reprensión, igual que le pasó al pueblo infiel de Israel: "Infelices de ustedes, ¿cómo van a rendir cuentas del tiempo desperdiciado? ¡No forcejeen conmigo para obligarme a levantar mis manos sagradas para maldecirles! Yo mismo soy el amor, la paciencia, la bondad, la comprensión, el perdón, el sacrificio, la salvación, la vida eterna. Y esto, ¿no lo quieren ustedes?" (DE 4-10-62).
Las palabras que siguen en este párrafo son tremendamente impactantes. Son reproches durísimos para los sacerdotes fríos e indolentes. Los llama "ciegos y sin corazón", les reprocha su ingratitud, su pereza espiritual, su alejamiento afectivo del Corazón de Jesús, el desprecio de sus gracias, su sordera espiritual. "Con voz de trueno", les reprocha su estancamiento apostólico, los trata de "delicados y melindrosos", "comodones". Les exige firmeza, sacrificios y prontitud: "tomen ya sobre sí la cruz", "crucifíquense ya a sí mismos". Y lo más terrible, los amenaza: "¡Porque de otra manera no tendrán la vida eterna!"
Esta es una radiografía de la situación de decadencia espiritual del clero y de los consagrados en los tiempos anteriores y posteriores al Concilio Vaticano II. La burbuja se rompió y salieron del "closet".
Tenía razón María Rosa Mística cuando en 1947 le habla a Pierina Gilli de la necesidad de conversión entre los sacerdotes y consagrados. Tenía razón Jesús cuando le hablaba en 1962 de esta manera a Isabel Kindelmann. Lo importante es ir al fondo de la crisis, no quedarse en la superficie. La raíz de la crisis está en que el clero no ha tomado con suficiente seriedad el combate espiritual contra el mundo de las tinieblas. El hecho de ser consagrado a Dios no salva de los ataques demoníacos. Al revés, quien se consagra al Señor debe prepararse con mayor entereza para el combate espiritual.
189. PEDRO, JUDAS, LOS APÓSTOLES Y SATANÁS
Al leer el Diario Espiritual de Isabel Kindelmann, nos quedamos impactados por las palabras de Jesús hacia sus sacerdotes y consagrados. ¿Es posible que aquellos que han sido llamados a la intimidad con Jesucristo se conviertan en compañeros fríos, indiferentes, ingratos, indolentes del Salvador? ¿Que lleguen a abandonarlo, a traicionarlo? ¡Sí, es posible! Ya lo vimos con los apóstoles: Pedro lo negó, Judas lo traicionó, los demás lo abandonaron en los momentos más difíciles, excepto Juan. Tristemente, así fue. Pero, ¿cómo pudo suceder eso si los discípulos amaban a Jesús? Ellos fueron generosos, abandonaron todo y siguieron a su Maestro en medio de grandes sacrificios. Pedro le juró amor hasta la muerte. ¿Y qué pasó?
Podríamos imaginarnos que los apóstoles, por estar cerca de Jesús, eran santos, que por haber hecho milagros y expulsado demonios estaban por encima de los demás mortales, libres de la acción del tentador. Pero la realidad es otra. Jesús le dijo a Pedro que Satanás los había reclamado para cribarlos como el trigo. Jesús le promete su oración para que no sucumbieran a la tentación y regresaran (Lc 22,31). Es la hora del poder de las tinieblas.
El peor de los casos es el de Judas. ¿Qué le pasó? ¿Cómo pudo, estando al lado de Jesús, convertirse en un demonio? En el Evangelio se nos dice que Jesús lo escogió (Lc 6,16; Mc 3,19); recibió el mismo afecto y los mismos poderes que los demás discípulos (Mt 10,1). Sin embargo, el corazón de Judas estaba muy lejos de Jesús. De nada le sirvieron los tres años que estuvo cerca del Señor, siguiéndolo y escuchando sus enseñanzas. María Valtorta, en sus escritos, nos dice que Judas se acercó a Jesús porque se imaginó que, estando cerca de Él, lograría ocupar puestos políticos importantes en su Reino. No se acercó a Jesús por amor, sino por intereses puramente humanos. Estaba lleno de lujuria y de amor al dinero (Jn 12,8). Jesús les dijo: "A ustedes doce Yo los elegí; sin embargo, uno de ustedes es un demonio". Jesús se refería a Judas, hijo de Simón, el Iscariote. Porque Judas, que era uno de los doce, lo iba a traicionar.
¿Es posible estar al lado de Jesús y robar las limosnas, ser esclavo de la lujuria? Sí, la explicación la da el mismo Evangelio: "Satanás entró en el corazón de Judas Iscariote, uno de los doce discípulos, y le puso la idea de traicionar a Jesús" (Lc 22,3-6). "Satanás se metió en el corazón de Judas" (Jn 13,27). El Iscariote lleva su rechazo a Jesús hasta el extremo: no solo lo vende, sino que también lo entrega con el gesto más repugnante que pudiéramos imaginar: el beso hipócrita. La tragedia de Judas es algo que parece surrealista, imposible de suceder. La realidad superó la ficción. Ni siquiera su arrepentimiento fue sincero: sometido por el remordimiento, fue y se ahorcó presa de la desesperación. Satanás lo arrastró al suicidio.
Jesús, al quejarse de los consagrados indolentes, los está prácticamente comparando a Judas. Es importantísimo comprender que el problema de Judas fue un problema de infestación diabólica. Satanás aparece en el centro de su proceso de traición a Jesucristo. Todos los seres humanos estamos sujetos a los ataques de Satanás, que busca nuestra perdición eterna. Con mayor razón los sacerdotes, que identificados con Cristo por el orden sacerdotal, suscitan el odio visceral del demonio. Si cada hombre debe protegerse de la acción del maligno, con mayor razón los sacerdotes deben tener claro en su mente que el enemigo los perseguirá a muerte y sin cesar. La Iglesia debe proteger con su oración y penitencias permanentes a sus sacerdotes, obispos y al Papa.
Jesús le ruega al Padre que proteja a los apóstoles de la acción del maligno: "No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno" (Jn 17,15). El caso de Judas es un tremendo misterio. Jesús dijo: "Cuando estaba yo con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me habías dado. He velado por ellos y ninguno se ha perdido, salvo el hijo de perdición, para que se cumpliera la Escritura" (Jn 17,12). ¿Cómo es posible que, habiendo cuidado Jesús a Judas, este se haya perdido? La única respuesta válida es que Judas voluntariamente rechazó el auxilio que Jesús le prestaba. Apostató de Jesús. ¿Se habrá condenado Judas? No lo sabemos. Jesús dijo de él: "¡Más le valiera no haber nacido!" (Mt 26,24), pero tampoco esta frase podría verse como una aseveración de la condenación eterna de Judas. De todos modos, ¡qué gran tragedia la de este apóstol! Estaba destinado a la gran amistad con Jesús, igual que los demás. Sin embargo, fracasó en su vocación. Pasó a la historia como el prototipo del "traidor". Es muy significativo que la Virgen María Rosa Mística, en sus apariciones, hable de "Sacerdotes Judas", comparando a aquellos que viven mal su sacerdocio con el apóstol traidor.
Este caso nos remite a un problema importantísimo en la Iglesia: el cuidado pastoral de los candidatos al sacerdocio y aun de los sacerdotes en ejercicio. Los seminarios reciben a jóvenes que vienen de todos lados, con herencias no solo biológicas, sino también espirituales. ¿Tienen los seminarios un cuidado especial de acompañamiento espiritual para los candidatos? Los expertos aseguran que, en general, en los seminarios ha habido, después del Concilio Vaticano II, mucha negligencia en la dirección espiritual de los seminaristas. También los seminaristas necesitan oraciones de liberación.
190. LOS SACERDOTES SON EL PRINCIPAL OBJETIVO DE LOS ATAQUES DIABÓLICOS
Los sacerdotes, configurados con Cristo por el carácter sacramental del Orden, son imágenes de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. El odio del Demonio se concentra en Jesucristo y en su obra: la Iglesia. Cuando el Demonio ataca al sacerdote, busca no solamente herir a su persona individual, sino sobre todo al Cuerpo de Cristo en su conjunto. Sin sacerdotes comprometidos en vivir santamente su vocación, la Iglesia se debilita y corre el riesgo de destruirse. Los primeros que deben revestirse con la armadura del combate espiritual son los sacerdotes (Ef 6,12).
Ante aquellos que han aceptado a Jesucristo, los espíritus infernales no tienen, "teóricamente", poder; pero la triste realidad es que todos hemos pecado y hemos quedado debilitados espiritualmente. Los antiguos pecados personales, aunque hayan sido perdonados, otorgan al reino de las tinieblas una cierta influencia sobre aquellos que los cometieron. Aunque el sacerdote se haya consagrado con toda sinceridad el día de su ordenación, lleva consigo las debilidades que el pecado ha ocasionado en su alma y en su cuerpo (1 Cor 6,15-18). Dios no llama al sacerdocio a candidatos impecables o perfectos. Cada uno trae consigo las debilidades generales de la condición humana, su propia historia, y su herencia espiritual familiar. Sin embargo, "el diablo no puede vencer ni sojuzgar a nadie, sino a los que han hecho alianza con el pecado" (San Agustín).
Los demonios atacan con mayor encarnizamiento a los jóvenes llamados al servicio de Dios porque quieren destruir o contaminar el árbol desde su raíz. Los niños son su principal objetivo: buscan corromperlos y apartarlos del Señor desde el inicio de sus vidas. El ataque a los futuros sacerdotes comienza ya en el seno de la familia, para que los padres, los niños, los adolescentes y los jóvenes rechacen la vocación al sacerdocio o a la vida religiosa.
Cuando Dios llama a alguien al sacerdocio, le garantiza su gracia para que pueda vencer las tentaciones del maligno (1 Cor 10,13), pero esta victoria es fruto de la lucha contra el pecado (Ef 6,12). Los demonios pueden producir en las personas diversas enfermedades espirituales, psíquicas e incluso físicas. Los sacerdotes no son la excepción. San Pablo dice que llevamos la gracia de Dios en vasos de barro (2 Cor 4,7). Los apóstoles, cargados con sus defectos, fueron llamados a seguir a Jesús. Todos fueron tentados, sin embargo, solo uno se perdió. El origen de la tragedia de Judas fue que "acogió a Satanás en su corazón" (Jn 6,70; 13,27) y no luchó contra la acción diabólica. Asimismo, los sacerdotes y consagrados, si no mantienen una gran vigilancia, pueden convertirse en instrumentos del reino de las tinieblas.
Los numerosos casos de pederastia en el clero así lo atestiguan. Para proteger a sus ministros de su propia flaqueza, la Iglesia ha establecido desde siempre normas y cautelas. Especialmente, el Concilio de Trento pidió que los seminarios y casas de formación fueran dotados de directores espirituales y confesores competentes. La formación del clero fue una prioridad. Sin embargo, después del Concilio Vaticano II, más de 100,000 sacerdotes dejaron su ministerio; actualmente, cada año, más de 2,500 consagrados abandonan su vocación, después de haber profesado sus votos. Esto no es simplemente un frío dato estadístico. Detrás de cada deserción se esconde un drama personal: el fracaso de una vocación. También se esconde una dolorosa realidad: un gran descuido en la formación del clero, la acción diabólica no discernida y no combatida. No estamos luchando contra la carne y la sangre, sino contra los principados y las potestades (Ef 6,12). No se puede enfrentar al Demonio con recetas "psicológicas". En muchos seminarios y casas de religiosas, se ha dado más importancia a la consejería del psicólogo que a una dirección espiritual de calidad.
En el Diario Espiritual, la queja de Jesús saca a la luz la gran frialdad de muchos sacerdotes y consagrados en la vida religiosa: "Ves, hijita mía, ¡qué despreocupadamente pasan su vida muchas personas a Mí consagradas! ¡Con qué ociosidad desperdician el tiempo a su gusto! A Mí también me tiran unas migajas que caen de la mesa, como a un mendigo... A ustedes también tendré que decir: ¡Apártense de Mí, malditos, porque no han representado la causa de mi Reino, porque no han hecho valer aquello para lo que Yo les había llamado!" (DE 16-8-62). La devoción a la Llama de Amor implica que oremos y nos sacrifiquemos intensamente para obtener la santidad de los consagrados.
191. PODER EXORCÍSTICO DE LA LLAMA DE AMOR
A mi humilde manera de ver las cosas, La Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María tiene un poder exorcístico increíble que los laicos deben utilizar. Les hablo solamente desde mi experiencia personal. Como ustedes bien saben, la Santa Madre Iglesia, con mucha sabiduría y gran prudencia, ha limitado el uso de los exorcismos propiamente dichos a los sacerdotes autorizados por los Obispos. El exorcismo "oficial" y "litúrgico", llamado verdadera y propiamente "exorcismo", se utiliza en el caso de las posesiones. Los exorcistas utilizan las oraciones del ritual u otras tomadas de la tradición exorcística de la Iglesia, o también oraciones improvisadas según convenga al caso. En este tipo de oraciones predomina un lenguaje en el que "se ordena" al demonio de manera imperativa que salga de la persona. El lenguaje es fuerte y enérgico. Los demonios son sumamente orgullosos y celosos de su condición de ángeles, y se molestan cuando se les impera.
Reaccionan con violencia. Solamente toleran el lenguaje imperativo cuando se les habla "en el Nombre de Jesucristo". Incluso el tono de la voz les hiere en su profundo orgullo. Si no fuera porque el sacerdote está cubierto de manera especial por la protección divina, los demonios lo desbaratarían. De hecho, el exorcista recibe golpes espirituales que, aunque invisibles, afectan su cuerpo, su alma y su entorno. Es como una aspiradora que queda llena de polvo. Después de cada exorcismo, el exorcista debe limpiarse de estos remanentes con oraciones hechas por él mismo o por otras personas que oren por él. Al principio, yo creía que el exorcista no recibía heridas y que bastaba la protección de su condición sacerdotal para salir indemne de la lucha. Pero después, con la ayuda de hermanos que tienen el Don de Visión, me fui dando cuenta de que, a medida que se realiza el exorcismo, los demonios lanzan toda una serie de golpes contra el exorcista, afectándolo.
Las enseñanzas de la Iglesia nos indican que los laicos no deben hacer exorcismos. Esta disposición no es arbitraria. No es un deseo de imponer una disciplina que lesione la Palabra de Dios que dice: "Los que crean en mí... en mi Nombre expulsarán demonios" (Mt 16,17). Es un acto de prudencia pastoral. En este terreno de la acción diabólica, es muy fácil confundirse y ser confundido. Efectivamente, cuando ordenamos a los demonios en el Nombre de Jesús, estos se someten; pero hay que tener en cuenta que existen diferentes tipos de demonios: algunos muy poderosos y otros de menor poder. Existen también diferentes tipos de actividad demoníaca: tentación, infestación, opresión, vejación, posesión, maleficios, maldiciones, herencias espirituales negativas que se transmiten de generación en generación, entre otras. Además, hay diversas maneras de actuar de las almas de los difuntos, etc. Es un mundo muy confuso. Ordenar a un demonio en el Nombre de Jesús puede resultar en un ataque del enemigo. Estos ataques pueden ser físicos, mentales, espirituales, emocionales o afectar nuestras relaciones.
¿Y acaso no nos protege la Sangre de Cristo? Sí, nos protege, pero debemos actuar con prudencia y no hacer cosas que no son adecuadas. Los equipos de liberación no deben actuar solos, sin la presencia de un sacerdote que los apoye y aconseje. Sin embargo, aquí surge un grandísimo problema en la Iglesia: una falla radical e incomprensible. Muchos sacerdotes tienen una comprensión insuficiente del mundo diabólico y de las maneras prácticas de enfrentar los ataques del maligno. En la Iglesia "se está perdiendo la escuela del combate espiritual". ¿Qué sucede cuando los fieles agobiados por problemas preternaturales acuden a los sacerdotes? No reciben ayuda, porque ellos mismos no saben cómo enfrentar esta problemática. En los seminarios hay profesores que niegan la existencia del demonio, de los maleficios, de la acción de las almas de los difuntos, y de otro tipo de presencias en las casas, etc. El pueblo de Dios está desprotegido en un campo tan grave, debido a la ignorancia de los pastores.
La pastoral en general está "tuerta", porque se pretende evangelizar y proclamar la Palabra de Dios sin tener en cuenta que el principal enemigo de la evangelización es el Mundo de las Tinieblas. Se olvida que Jesucristo, al predicar, hace dos cosas trascendentales para que el Evangelio sea comprendido y aceptado: expulsa demonios y sana a los enfermos. Hay que leer el Evangelio sin las gafas de Freud. Cuando los fieles no encuentran respuestas en la Iglesia para la necesidad fundamental de todo ser humano —la libertad interior y exterior—, entonces se resignan a ser esclavos del mal o buscan una solución fuera de la mirada de los pastores. Aquí está el gran problema. Si mi pastor no me escucha o no me puede ayudar, busco la solución que esté a mi alcance. Las soluciones ofrecidas por personas que no tienen fe son falsas; las que nos ofrecen personas que tienen fe pero que no están guiadas por la sabiduría o la comunión doctrinal y pastoral pueden ser riesgosas y conducir a la pérdida de la fe católica.
Yo veo la Gracia de la Llama de Amor como una intervención de la Madre de la Iglesia, que busca frenar el terrible ataque diabólico que está sufriendo la humanidad en estos momentos, en especial la Iglesia, y dentro de ella, la familia. Al vivir la propuesta que la Virgen nos hace, no realizamos exorcismos imperativos, pero obtenemos el mismo resultado. El demonio es cegado, atado y expulsado. Ella nos protege y el demonio va siendo neutralizado.
192. LOS SACERDOTES DEBEN ABRIRSE A LA GRACIA DE LA LLAMA DE AMOR
En el Diario de Isabel Kindelmann descubrimos el inmenso amor de Jesús y de María por los sacerdotes. Ellos son los llamados a entregar la gracia de la Llama de Amor a todos los fieles. Aunque Isabel es quien la recibe primero, Nuestra Señora le indica que busque al obispo y a doce sacerdotes, los más fervorosos de Hungría, para que entreguen la Llama de Amor de manera oficial en doce Iglesias. Se trata de que esta Llama se extienda como un reguero de pólvora, envolviendo a toda la humanidad en su fulgor. El camino más rápido para lograr esta expansión está en los sacerdotes y en las parroquias. Si los sacerdotes se abren a esta gracia, el deseo de la Virgen se cumplirá. La Iglesia se renovará rápidamente desde el interior, y el mundo entero se verá libre de la dominación de Satanás.
Isabel, en medio de muchas contradicciones, obedecerá las órdenes de Jesús y de María. Irá comunicando la Llama de Amor al obispo y a los sacerdotes que se le indique. En algunos encontrará acogida, en otros indiferencia, y en otros rechazo. Si hoy encontramos la "Devoción-Instrumento" en expansión dinámica por todo el mundo, es gracias a los actos de obediencia y humildad de Isabel Kindelmann. Esta pobre viuda, ama de casa y obrera, sufrió mucho dolor, humillaciones y sufrimientos en su contacto con sacerdotes y consagrados.
En el Diario, Jesús se queja de la indiferencia y pereza espiritual de muchos de ellos. La Virgen, por su parte, alaba a los carmelitas por su entrega generosa en la evangelización. El camino está trazado para que la Llama de Amor llegue a toda la Iglesia. Es necesario y urgente un doble trabajo apostólico. En primer lugar, es preciso llegar a los obispos y sacerdotes, ayudándoles a descubrir la gracia de la Llama de Amor, para que la comprendan de manera integral y se comprometan con la Virgen a expandirla oficialmente desde sus templos o parroquias. En segundo lugar, debemos transmitirla de corazón a corazón, a todas las personas que podamos.
El demonio se opone radicalmente a la expansión de la Llama de Amor. Quiere impedir que sea conocida y acogida. Uno de sus métodos es cegar la inteligencia y generar rechazo afectivo hacia la gracia para que no sea comprendida. Por esta razón, es fundamental orar por los sacerdotes a quienes se les llevará esta información. María pide a Isabel doce semanas de oración y penitencia por los doce sacerdotes que iniciarán la entrega de la Llama de Amor.
El gran error al hablar de esta gracia es presentarla como una "devoción más". La Virgen pide que se la presente como un "nuevo instrumento", mediante el cual Dios cegará a Satanás, restaurará la Iglesia y salvará al mundo. El primero en beneficiarse con esta gracia será el sacerdote que la acoja en plenitud, ya que inmediatamente experimentará la fuerza milagrosa que la Virgen ofrece en el combate contra los espíritus malignos. La acción apostólica del párroco se reflejará en las familias, que comenzarán a ser liberadas de los ataques diabólicos. Una parroquia que enseña a los fieles a utilizar la Llama de Amor como "un nuevo instrumento" para la liberación y santificación de las familias se convierte en una parroquia evangelizadora "hacia adentro" y misionera "hacia afuera".
En el ministerio sacerdotal, es fácil apoltronarse y convertirse en un "funcionario" de lo "religioso". Cuando el sacerdote descubra que también es víctima de la acción diabólica y que el "efecto de gracia de la Llama de Amor" lo puede liberar, entonces la acogerá con entusiasmo.
Esforcémonos en llevar la gracia de la Llama de Amor a todos los seminaristas y sacerdotes, para que nuestro país se salve y la Iglesia se convierta.
193. JESÚS PIDE QUE TODOS LOS SACERDOTES TRANSMITAN LA LLAMA DE AMOR EN TODAS LAS IGLESIAS.
Cuando el mismo Jesús le dice a Isabel que Él quiere que doce sacerdotes, los más fervorosos de Hungría, comiencen a entregar su Llama de Amor en doce templos o parroquias, nos está remitiendo a los DOCE (APÓSTOLES). En la Biblia, el número doce significa "plenitud", es decir, TODOS. El mensaje que el Señor lanza aquí es que TODOS LOS SACERDOTES se involucren activamente en transmitir la Llama de Amor, porque la Llama es en realidad el mismo Jesús.
Los DOCE TEMPLOS Y PARROQUIAS representan a TODAS LAS IGLESIAS. Es tan importante esta gracia de los últimos tiempos que el Señor pide que TODOS los sacerdotes y en TODAS las parroquias, no solo de Hungría, sino del mundo entero, entreguen la Llama de Amor. Se trata de una llamada general a la evangelización. El trabajo de un sacerdote es, ante todo, anunciar la buena nueva de la salvación en Cristo Jesús (¡Ha llegado el Reino de los cielos!) y entregar a Cristo a los demás a través de los sacramentos. Esta Iglesia de hoy, que actualmente se debate en una lucha a muerte contra la incredulidad propagada por el ateísmo materialista, necesita del instrumento de la Llama de Amor para vencer en ese combate. Los sacerdotes son, igual que los Apóstoles, los primeros y más importantes actores en este combate contra el príncipe de este mundo. El gran problema es que, en esta época, los sacerdotes están pasando por una gran crisis de identidad y no están respondiendo adecuadamente a las exigencias de su vocación ni a los deseos del Señor Jesús.
Las quejas del Señor en el Diario Espiritual contra sus sacerdotes son verdaderamente amargas e impresionantes. Un segundo punto importantísimo es que Jesús llama a los laicos a sostener con oración, ayuno, adoración y reparación a los sacerdotes en esa misión de convertirse de corazón y volverse propagadores de la Llama de Amor: "Cada jueves y viernes ayuna pan y agua y ofrécelo por doce almas sacerdotales. Cada uno de estos días pasa cuatro horas en Mi Divina presencia y ofrece reparación por las muchas ofensas que he recibido" (DE 4 y 7 de marzo de 1962). "Comprométete a ello durante doce semanas por las doce almas sacerdotales que serán las más aptas para llevar a buen fin mis planes. Yo las quiero hacer dignas con gracias especiales... Ellos tendrán que hacer lo mismo que Yo te pedí, a saber, reparación y sumergirse en mi Sagrada Pasión. Hijita mía, esas doce almas sacerdotales son las mejores en el país" (DE 4 y 7 de marzo de 1962).
Lo que más pide Jesús a Isabel es que ore y se sacrifique por los consagrados. Se queja de que éstos "no quieren unirse íntimamente Conmigo. Les divierten los pensamientos mundanos. ¡Sumérgete en Mí! Ayuda en lugar de ellos, no durante una hora, sino ¡sin parar!" ... y más adelante siguen las quejas a propósito de las almas consagradas: "... desea con todo el anhelo de tu alma que la mirada de las personas a Mí consagradas no me esquiven y no se distraigan en las cosas del mundo, sino que solo me contemplen a Mí".
El objetivo de la Llama de Amor es renovar la Iglesia desde sus raíces, renovando en primer lugar la vida espiritual de los sacerdotes y, al mismo tiempo, transformando las familias en lo que deben ser: verdaderos santuarios en los que Cristo reine (¡El Reino de Dios está en medio de ustedes! cf. Lc 17,21). Es de gran importancia que los sacerdotes sean informados adecuadamente de lo que conlleva la gracia de la Llama de Amor. No es una "devoción más", sino que es un instrumento nuevo, dado por la Virgen María, para combatir la acción de Satanás en la Iglesia y en el mundo entero. La Virgen "pide encarecidamente que lo aceptemos con gran comprensión"; que si no se acepta esta gracia, seremos responsables ante Dios del fracaso de este nuevo intento de Dios para rescatar el mundo moderno para Él. Es decir, los frutos de la Llama de Amor dependen en buena parte de nosotros, del interés que pongamos en transmitirla, y con mayor razón, de la Jerarquía. Por algo la Virgen manda a Isabel a visitar al Papa y a pedirle que la Llama de Amor sea extendida a toda la Iglesia.
194 SOS FRATERNIDAD CORPUS CHRISTI
En estos últimos años, muchas personas y familias se me han acercado pidiendo ayuda para liberarse de los ataques de los espíritus malignos. Estos hermanos me han expresado la necesidad que sienten de instruirse en este campo de la lucha contra el mundo de las tinieblas. Me piden que escriba sobre temas prácticos relativos a liberación y sanación interior. Con mucho gusto trataré de prestar este servicio, en la medida de mis posibilidades, respondiendo a sus inquietudes.
Sin embargo, no me parece conveniente tratar estos temas dentro de Comentarios al Diario Espiritual Llama de Amor, para evitar confusiones. Me parece mejor abrir otra página que he titulado SOS Fraternidad Corpus Christi, en la que podemos compartir esas inquietudes. SOS es el código internacional por el que se pide auxilio cuando hay un grave peligro de muerte.
Las familias están en peligro; se están hundiendo. Necesitan ayuda para luchar contra el enemigo que las está destruyendo. La Llama de Amor nos da la solución para salvar a las familias. La sociedad y el mundo no van a cambiar "desde fuera", sino "desde dentro", es decir, desde el interior de las familias. Si las familias se transforman por el auxilio divino, nuestro entorno cambiará.
La Virgen promete un gran milagro operado por su Inmaculado Corazón. Este milagro es la derrota de Satanás en los corazones y el triunfo de Jesucristo en cada una de las familias que acepten la gracia de la Llama de Amor. La Virgen lo ha prometido y lo cumplirá.
195 ES VERDAD, EL DEMONIO EXISTE Y NOS ASECHA
La Palabra de Dios nos lo enseña. Existe el mundo de los espíritus malignos. La experiencia de cada día nos lo confirma. Hay un mundo espiritual perverso que no vemos con los ojos materiales, pero que se hace presente en nuestras vidas para dañarnos. El deber de la Iglesia es protegernos contra esos ataques y darnos los medios para liberarnos de su dominio. Los fieles católicos tenemos pleno derecho de pedir a los pastores de nuestras almas (Papa, Obispo, Párroco) los auxilios espirituales que necesitamos para vernos liberados de la opresión diabólica.
En primer lugar, la Iglesia debe "instruirnos" correctamente sobre la existencia del demonio y la manera de enfrentar los ataques del mundo oculto. La Palabra de Dios y el Catecismo de la Iglesia Católica son la fuente del conocimiento seguro. En las predicaciones de los pastores, este tema debe ser de primera importancia porque, en la vida práctica, estamos constantemente sometidos a las asechanzas del maligno. Si estamos mal instruidos, no lo podremos enfrentar con éxito. Aquí tenemos una grave deficiencia porque, desde hace largo tiempo, en los seminarios no se ha dado la importancia debida a la formación de los sacerdotes en la pastoral de los afectados por la acción diabólica.
La consecuencia ha sido que no se ha predicado con suficiente claridad acerca del demonio y su manera de actuar, y muchos sacerdotes no saben acoger, orientar y ayudar a aquellas personas que están sometidas a la acción del maligno. Los fieles no saben discernir la acción diabólica ni saben defenderse contra sus ataques. Frente a esta grave necesidad del pueblo de Dios, la Virgen María nos da la Llama de Amor, cuyo carisma es "volver ciego al demonio" y proteger a la familia de su acción destructora.
196 ¿A QUIÉN DEBEMOS RECURRIR CUANDO NOS SENTIMOS ASECHADOS POR EL ENEMIGO?
Todo católico está invitado a participar de la vida parroquial. La palabra "Parroquia" hace referencia a un territorio que está bajo la atención pastoral de un sacerdote llamado Párroco, quien tiene el deber de cuidar la fe de las personas residentes. Por eso se le llama "Cura", el que "cuida" las almas. Cuando sospechamos que estamos siendo afectados de manera extraordinaria por espíritus malignos, debemos recurrir al Párroco para pedirle su ayuda.
La realidad es que, en general, son muy pocos los párrocos que prestan esta ayuda. Sea porque están ocupados en muchas otras actividades, porque no se sienten preparados para ayudar, porque tienen miedo o por indolencia pastoral. Es verdad que un Párroco no puede asumir solo el cuidado pastoral de las personas afectadas por la acción diabólica. Se vería absorbido por un ministerio que le impediría cumplir con numerosas obligaciones de su función sacerdotal. De ordinario, el Párroco remite a la persona afectada a un sacerdote especializado llamado exorcista. Es el Obispo quien nombra a los sacerdotes exorcistas y los autoriza a realizar los exorcismos sobre las personas poseídas por el demonio. Todo Obispo tiene la facultad de realizar por sí mismo el exorcismo solemne en caso de posesión y, lógicamente, exorcismos no rituales. En el caso en que no haya exorcista nombrado en una Diócesis, el Obispo puede realizar los exorcismos.
197 ¿QUÉ DEBEMOS HACER CUANDO NO ENCONTRAMOS AYUDA EN LA PARROQUIA?
(A) Tristemente, con frecuencia las personas afectadas por las distintas formas de acción diabólica no encuentran ayuda en la parroquia y, en algunos lugares, tampoco en el obispado. Esto es algo muy doloroso y escandaloso. Entonces no faltan personas bien intencionadas pero mal informadas que proponen caminos alternativos que empeoran la situación. Sugieren que el afectado busque ayuda en el vasto mundo del esoterismo y de la magia. Esto es lo peor que se puede hacer, porque es llevar al afectado a la "boca del lobo". El mundo del esoterismo o de las "ciencias ocultas" encierra toda una serie de doctrinas falsas, perniciosas y prácticas mágicas en las que se invoca al demonio.
Cuando llevamos a una persona que sufre los ataques diabólicos a los servidores de Satanás, lo que hacemos es prácticamente establecer una especie de "pacto" con el demonio. Rendimos inconscientemente culto de adoración al demonio y solicitamos su ayuda para curar al enfermo a cambio del dinero que damos al maleficio. Esto es totalmente absurdo: buscar la vida en aquel que da la muerte. Ir a donde un brujo, un espiritista, un adivino, etc., es de por sí un pecado muy grave que trae tremendas consecuencias espirituales y materiales para la persona y su familia. Lo más triste es que hasta sacerdotes caen en este gran pecado al aconsejar a las personas afectadas que vayan donde esotéricos y magos.
198 ¿QUÉ NO DEBEMOS HACER CUANDO NO ENCONTRAMOS AYUDA EN LA PARROQUIA?
(B) Tampoco debemos acudir a las sectas separadas de la Iglesia Católica. En muchas comunidades no católicas, pero sí cristianas, hacen oraciones de exorcismos, liberación y sanación interior. Esto es magnífico y de gran ayuda para las personas no católicas que están vinculadas a estos grupos. Sin embargo, cuando se trata de un "católico verdadero", no se debe ir a estas sectas por varios motivos. No porque esta oración sea pecado, o sea mala, o traiga malas consecuencias, sino porque el primer deber de un católico es dar testimonio de su "Fe Católica", la única fe integral, completa y verdadera.
Nuestras acciones son significativas; es decir, son un testimonio para las personas que nos observan. La catolicidad es una COMUNIÓN. Estamos en profunda unión espiritual con todos los bautizados vinculados en la plenitud de la fe con el Papa y los obispos legítimos. Las sectas profesan una ruptura de la comunión eclesial, un rechazo a diversos contenidos de la Revelación Divina proclamados por el Magisterio de la Iglesia.
Cuando acudimos a los grupos separados del Magisterio, estamos dando un signo de división, que implica aprobación de su manera de pensar. Esto es un mal ejemplo para los católicos que tienen una fe débil y los expone al peligro de abandonar la fe católica para unirse a un grupo o "iglesia" sectaria. Además, muchos de estos grupos, en su manera de orar por liberación, están contaminados por doctrinas erróneas acerca del demonio, los ángeles, los espíritus malignos, las almas, etc. Quienes allí oran no siempre están protegidos por las cautelas que la Iglesia determina para hacer este tipo de oraciones.
El peligro más grave al acudir a estas "iglesias" se concentra en la pérdida de la verdadera fe, porque estos grupos son proselitistas y invariablemente llevarán a la persona afectada a unirse a ellos y renunciar a la Iglesia Católica. Debemos ir a donde nos corresponde: al Obispo y pedirle respetuosamente que nos ayude por sí mismo o que nos remita a un sacerdote que pueda acompañarnos en el proceso de liberación.
199 ¿QUÉ DEBEMOS HACER CUANDO NO ENCONTRAMOS SUFICIENTE AYUDA EN EL PÁRROCO Y EN EL OBISPO?
Esta es, por desgracia, una situación frecuente que es preciso enfrentar con una visión de confianza en la divina providencia. Debemos pensar que Dios, nuestro amoroso Padre Celestial, nunca permite algo que vaya en contra de nuestro mayor bien: la salud de nuestras personas y la salvación de nuestras almas. Toda afectación diabólica tiene como objetivo, de parte de Dios, que nos acerquemos a Él y lo amemos con todo nuestro corazón. El Señor es capaz de sacar el bien del mal.
Hay que aceptar con humildad que la Iglesia no es perfecta en su pastoral. Hay muchas razones por las cuales los párrocos y los obispos no pueden, por más que ellos tengan la buena voluntad, responder a todas las necesidades espirituales y materiales de su feligresía. Entonces, en primer lugar, hay que orar intensamente y sin interrupción para que el párroco y el obispo tengan la gracia de Dios que les ayude a poner en pie una pastoral especial para los afectados por la acción diabólica.
En segundo lugar, es necesario que la familia y las personas afectadas utilicen los medios ordinarios que la Iglesia pone a su disposición para derrotar a Satanás. La raíz de la afectación diabólica está generalmente en que la familia y la persona afectada no viven como se debe su fe. Cuando se ponen en práctica los medios ordinarios de la vida cristiana, en la mayor parte de los casos, la acción demoníaca extraordinaria se debilita y desaparece. Eso no quita la gran responsabilidad que tienen los obispos de formar a su clero en la pastoral de sanación espiritual de los enfermos y liberación de la acción de los espíritus malignos.
200 ¿CUÁLES SON LOS MEDIOS ORDINARIOS PARA DEFENDERSE DE LA ACCIÓN DIABÓLICA?
En primer lugar, guardar los mandamientos de la Ley de Dios. Cuando recibimos las aguas bautismales, hicimos un rechazo total a "Satanás, sus pompas y sus obras" y prometimos seguir a Jesucristo. Vivir en gracia de Dios es vivir en íntima unión de corazón con Cristo Jesús, obedeciendo las leyes del Creador. Esta es la mejor defensa contra el demonio y sus secuaces.
El rechazo completo a todo pecado y el esfuerzo diario por adquirir las virtudes propias de Cristo es un muro inexpugnable para Satanás. Ser miembro vivo, activo y participante de la Iglesia local (Parroquia) garantiza el acceso a los medios principales para la salvación: los Sacramentos y la Palabra de Dios. Ellos constituyen las bases sobre las que se construye el edificio espiritual del cristiano.
En la Parroquia se recibe diariamente la enseñanza del Evangelio y del Magisterio; el año litúrgico vivido con fidelidad a través de las fiestas nos permite ir consolidando la fe católica; las diversas devociones nos alimentan espiritualmente y nos llevan a vivir en la práctica la Palabra de Dios; la Parroquia nos da los sacramentales (entre ellos los exorcismos), tan útiles en el combate contra los espíritus malignos. En los diversos movimientos que nacen, crecen y se desarrollan en el ámbito parroquial, vamos aprendiendo a vivir las virtudes teologales, las virtudes morales, los dones y frutos del Espíritu Santo. La mejor defensa contra el mundo satánico es una vida de fidelidad a la Iglesia.
201 ¿POR QUÉ SOMOS DÉBILES CONTRA LA ACCIÓN DIABÓLICA?
Cuando no se ponen en práctica los medios que la Iglesia nos da para resistir al demonio, este aprovecha las debilidades de nuestra personalidad. En realidad, el demonio es por sí mismo débil y además "estúpido". Es un error presentar al demonio como un ser "poderoso", rival de Dios. Cuando lo llamamos "príncipe de este mundo", "superior al hombre en cuanto que es de naturaleza angélica", "capaz de darnos bienes materiales", "capaz de protegernos", "capaz de sanarnos y ayudarnos en nuestras necesidades y problemas", estamos cometiendo un gravísimo error.
Tan grave es este error que una cantidad de ingenuos engañados recurren al demonio, sea directamente o por medio de sus agentes. Peor aún, hay infinidad de ilusos que piensan que el satanismo, los cultos luciferinos y toda esa basura de "iglesias satánicas" les van a aportar algún bien. Es todo lo contrario. ¡Satanás no es el Príncipe de este mundo! ¡Satanás no tiene ningún poder legítimo! Es un derrotado y humillado. Fue vencido por Jesucristo y ya no es el "príncipe de este mundo". El demonio y todos los suyos ya han sido vencidos por el Señor Jesucristo. Satanás solamente tiene poder sobre aquellos que se han apartado de Jesús. Muchos cristianos, tristemente, viven como si Jesús no hubiese sufrido su pasión y no hubiese resucitado. Esta es la raíz del poder satánico sobre muchas personas: no tienen fe viva en Jesucristo. Santiago y San Pedro (Sant 4,6; 1 Pe 5,8-9) nos dicen que hay que resistir al demonio y que él huirá. Es la Sangre del Señor la que nos da poder contra todos los demonios, juntos o individuales. Si vivimos bañados en la Sangre del Señor, el demonio nos combatirá, pero no podrá dañarnos.
202 PARA VENCER AL DEMONIO PRIMERO HAY QUE TENER UNA FE VIVA.
Cuando las personas se sienten afectadas de una u otra manera por la acción de los espíritus malignos, buscan que se les hagan "oraciones de liberación" o, si no, "exorcismos". Los exorcismos y las oraciones de liberación pertenecen a la categoría de "sacramentales" que la Iglesia proporciona a los fieles para ayudarlos en su lucha contra el mundo demoníaco.
Aquí es necesario instruirse con el Catecismo de la Iglesia Católica. Leamos los Nos. 1667; 1671-1674. Allí se nos dice que la Iglesia nos da ciertos objetos materiales (p. e. agua, aceite, sal, imágenes, escapularios, etc.), acciones (peregrinaciones, ayunos...) y fórmulas de oraciones (bendiciones, jaculatorias, exorcismos...) que son signos sagrados relacionados con los Sacramentos y son portadores de gracias divinas en la medida en que quien los recibe o emplea tenga una fe viva. Los exorcismos y oraciones de liberación nos ayudan en el combate espiritual. Sin embargo, hay que tener muy en cuenta que ni los exorcismos ni las oraciones de liberación, ni el agua, aceite, sal exorcizados y benditos, etc., pueden ser eficaces si NO VIVIMOS LA FE.
Para vencer al demonio, primero hay que tener una fe viva, vivir en gracia de Dios y emplear los medios comunes y súper eficaces como son los sacramentos: la confesión de los pecados, la comunión eucarística, la oración, el ayuno, las penitencias y sacrificios, la Palabra de Dios, el rechazo de las obras de las tinieblas (supersticiones, esoterismo, ocultismo...). Muchas personas no viven la fe como se debe y andan buscando afanosamente exorcismos y oraciones de liberación con muy pocos resultados. El proceso es al revés: vivir intensamente la fe, y entonces los exorcismos y oraciones de liberación y sanidad interior surtirán efecto.
203 LA DIFERENCIA ENTRE UNA ORACIÓN DE LIBERACIÓN Y UN EXORCISMO
En sí, la palabra "exorcismo" se entiende en la Iglesia como una ORDEN que, en nombre de Jesucristo, se da al demonio para que salga de una persona poseída, de un objeto o de un lugar. La oración de liberación es una SÚPLICA, UNA PETICIÓN HUMILDE que se dirige a Dios de manera directa o por la intercesión de Jesucristo, de María Santísima y de los ángeles y santos, para obtener la liberación de una persona de las afectaciones diabólicas que la aquejan.
Los verdaderos exorcismos van dirigidos a las personas poseídas, y solamente el obispo y los sacerdotes autorizados por él pueden hacerlos. Las oraciones de liberación van dirigidas a quienes están acosados por los espíritus malignos, pero no son en realidad poseídos. Se pueden hacer sobre un poseído oraciones de liberación. Los exorcismos están codificados en los Rituales de Exorcismos para uso exclusivo de los exorcistas. Hay exorcismos solemnes o grandes exorcismos que se ajustan a las fórmulas de los rituales. También hay exorcismos no rituales, es decir, "improvisados".
Lo que hace que una oración se llame exorcismo es la ORDEN que se da al demonio para que salga. En las oraciones de liberación no se dan órdenes al demonio; la oración no se dirige al demonio, sino que pedimos al Señor que Él conceda la liberación. ¿Será que una oración de liberación tenga menos poder y fuerza que un exorcismo? ¡No! La liberación no depende ni del exorcista ni de las fórmulas, sino que es una gracia de Dios. Por lo tanto, una oración de liberación hecha con mucho amor y humildad puede obtener del Señor la liberación de un poseído o de una afectación.
204 ¿PUEDEN LOS LAICOS HACER EXORCISMOS?
Los verdaderos exorcismos (sobre personas auténticamente poseídas) solamente los pueden hacer de manera legítima el obispo y los sacerdotes designados por él. ¿Por qué razón esta restricción? ¿Acaso en el Evangelio no se dice que todos los que crean en Jesús "expulsarán demonios?" Sí, en el Evangelio se dice que todos los que tengan fe en Jesús harán las mismas cosas que Él hace: impondrán las manos sobre los enfermos y estos sanarán; en su Nombre expulsarán demonios...
Sin embargo, hay dos cosas que es necesario tener en cuenta: la realidad de la vida y la responsabilidad de los legítimos pastores. La realidad nos hace ver que enfrentar al demonio sin estar bien preparado y protegido puede tener graves consecuencias, tanto espirituales como físicas y sociales. Muchas personas son psíquicamente atolondradas, desequilibradas, y no tienen sabiduría ni prudencia en su comportamiento. El campo de los espíritus malignos atrae morbosamente a mucha gente imprudente.
El demonio y los espíritus malignos son perversos y vengativos. La experiencia secular de la Iglesia, para protegernos de la malicia de los demonios, ha concentrado en el obispo y en los exorcistas el poder de ordenar al demonio en caso de posesiones. Cuando los pastores actúan, van con toda la autoridad, sabiduría, experiencia y poder de Cristo, garantizados por la Iglesia. El demonio tiene que someterse. Cuando una persona, por su propia iniciativa, enfrenta al demonio ordenándole que se vaya, camina sobre su propio riesgo. Es deber de los pastores proteger a los fieles imprudentes contra la acción diabólica, y por ese motivo se prohíbe hacer "exorcismos" sobre poseídos, es decir, "DAR ÓRDENES" a los demonios.
205 ¿ES ABSOLUTAMENTE NECESARIO HACER EXORCISMOS?
En primer lugar, hay que decir que la mayor parte de la gente que presenta signos de ataques diabólicos no está poseída auténticamente. Es víctima de afectaciones menores, por dolorosas y espectaculares que parezcan, causadas por los espíritus malignos y los hechiceros. También hay que considerar que cantidad de personas tienen lo que llamamos "problemas emocionales o psicológicos", y aún problemas "biológicos". Los problemas psicobiológicos se pueden confundir fácilmente con problemas diabólicos. La medicina y la psiquiatría han contribuido mucho al discernimiento de las verdaderas posesiones y afectaciones diabólicas al descartar del campo espiritual enfermedades de origen natural.
Muy a menudo, lo preternatural (lo diabólico) va unido a lo psicológico y psiquiátrico. Es aquí donde se necesita la colaboración de los especialistas en la conducta humana (psicólogos y psiquiatras) para discernir la manera de ayudar a la persona. La primera tentación que se nos presenta es pensar que todo es diabólico y comenzar a ordenar al demonio que se vaya cuando vemos a una persona con manifestaciones raras. En ciertas corrientes religiosas derivadas del protestantismo, los fieles hacen exorcismos. No debemos imitarlos. Como católicos, debemos confiar en nuestros pastores.
La Iglesia nos dice: "Comiencen haciendo oraciones de liberación: supliquen al Señor con humildad y el Señor responderá". No necesitan hacer exorcismos. Lleven a la persona con grandes afectaciones al obispo o al exorcista. Que éste cumpla su misión de discernir y de orar. La obediencia es nuestra mejor garantía de seguridad y eficacia.
206 UNA ESCALA DE VALORES EN EL COMBATE ESPIRITUAL
El hecho de que en la Iglesia Católica no se autorice a los laicos a hacer "exorcismos" no significa que los fieles queden con las manos atadas en la lucha contra Satanás. Al contrario, la Iglesia nos coloca en el camino correcto. En la vida cristiana hay una "escala de valores" que nos permite colocar cada elemento en el lugar correspondiente, de tal manera que el crecimiento espiritual se vaya haciendo de manera armónica. Si nosotros damos demasiada importancia a los exorcismos y oraciones de liberación, corremos el peligro de dejar a un lado los puntos básicos en la lucha contra el reino de las tinieblas. No significa que los exorcismos y oraciones de liberación no sean útiles e importantes; por supuesto, tienen todo su valor, pero son menos poderosos y útiles que los elementos fundamentales. ¿Y cuáles son esos?
En primer lugar, la firme voluntad de vivir los Diez Mandamientos de la Ley de Dios. En segundo lugar, los Sacramentos (especialmente la Confesión y Comunión frecuentes) y la Palabra de Dios como guía permanente. En tercer lugar, la fidelidad a la oración personal y familiar. En cuarto lugar, todo lo que signifique penitencia sistemática: ayuno regularmente hecho, sacrificios, renuncias, etc. En quinto lugar, las oraciones de liberación y los sacramentales (agua, aceite, sal, incienso exorcizados y bendecidos; además, los escapularios, imágenes, etc.). Somos víctimas de la acción de los espíritus malignos cuando no llevamos una intensa vida espiritual. Fortalezcámonos primero con los sacramentos. Los espíritus malignos se verán repelidos por la intensidad de la Gracia de Dios.
207 LA LLAMA DE AMOR: LA RESPUESTA DE LA VIRGEN MARÍA A LA IGLESIA NECESITADA DE LIBERACIÓN
Actualmente, la Iglesia Católica (o hablemos de otros grupos religiosos) está pasando por una gravísima crisis de fe. En el Diario Espiritual, la Virgen María denuncia esta agónica situación como fruto de la ceguera espiritual producida por los ataques diabólicos. En el seno de la Iglesia, desde los Pastores hasta los fieles, hay una gran confusión. El materialismo que nos invade impide a muchísimos darse cuenta de la acción de los espíritus malignos, porque se ha negado su existencia y su acción. Hoy, hablar del demonio y de su influencia sobre los actos y circunstancias de la vida del hombre es un signo de ignorancia, de falta de sentido científico. La gente que se cree sabia, "inteligente", piensa que es una vergüenza creer en la existencia de Satanás. Jesús dice en el Evangelio: "Yo te bendigo, Padre, porque has revelado estas cosas a los humildes y sencillos". Los soberbios se quedan ciegos.
El mensaje central de la Llama de Amor es este: ¡Satanás existe y está conduciendo a la Iglesia y a la humanidad al desastre material y espiritual! ¡Es necesario abrir los ojos! ¡La Iglesia, pastores y fieles, debe reaccionar ante la acción diabólica! En vista de que ni los mismos sacerdotes, por ignorancia, están poniendo sus enormes poderes sacerdotales al servicio de la liberación del Pueblo de Dios, la Virgen da a este Pueblo de Dios, perseguido por la acción de los espíritus malignos, un instrumento que hace las veces de un poderoso exorcismo: la Llama de Amor de su Inmaculado Corazón.
Todos los fieles, todos los seres humanos, al utilizar como se debe este instrumento, se verán protegidos y liberados de la acción diabólica. Los exorcismos son órdenes; la Llama de Amor NO ES UN EXORCISMO, pero tiene los efectos de los exorcismos: rechaza a los espíritus inmundos. Si en la familia se ora todos los días con la Llama de Amor, los espíritus malignos de todo tipo son cegados, debilitados y expulsados por la acción de la Santísima Virgen.
208 EL TREMENDO PODER DE LOS SACERDOTES CONTRA SATANÁS
Satanás tiembla ante el poder que Jesucristo otorgó a los sacerdotes. El sacerdote actúa "in persona Christi": como si fuera otro Cristo. No solo consagra el pan y el vino; no solo perdona los pecados, sino que también ora "in persona Christi". Las manos del sacerdote no son sus pobres y débiles manos humanas; son las manos del Sumo y Eterno Sacerdote. Cuando un sacerdote impone sus manos con fe y plena conciencia de que son las manos de Jesucristo sobre una persona afectada por la acción diabólica, los espíritus malignos experimentan la misma conmoción que experimentaban cuando Jesús imponía sus manos.
Tristemente, hoy la mayor parte de los sacerdotes han olvidado esto. Cuando la gente afectada por la acción demoníaca va donde sus sacerdotes, casi siempre se encuentran con consejos psicológicos y palabras humanas de consuelo. ¡De muy poco sirven esas palabras! Largos años de una formación racionalista en los seminarios nos han dejado por herencia sacerdotes que descuidan o ignoran los medios de defensa contra un enemigo astuto, cruel y extremadamente maligno. Eso es falta de fe de parte de los pastores. Los sacerdotes deberían ser los primeros que estuvieran al frente de la lucha contra Satanás para proteger el rebaño que Dios les confió.
El carácter sacerdotal que ha transformado sus almas en imagen del Sumo y Eterno Sacerdote les ha dado la autoridad de Jesucristo para sanar y liberar a los fieles enfermos y atacados por el demonio. No solamente el exorcista nombrado por el Obispo tiene ese poder, sino todo sacerdote, con la salvedad de que en casos de auténtica posesión, el exorcismo solemne o propiamente dicho queda reservado al Ordinario y a quien él designe. Todo sacerdote debería hacer exorcismos menores o privados, ordenando en el Nombre del Señor a los espíritus inmundos que se alejen de las personas.
En este punto hay confusión, porque los "rigoristas" afirman que hasta decir: "En el Nombre de Jesús te ordeno, espíritu inmundo, sal de esta persona", es un exorcismo y, por lo tanto, no se puede hacer sin permiso del obispo. Con esta mentalidad, los sacerdotes están atados en su gran ministerio. Como la Llama de Amor no es un exorcismo, todos los sacerdotes podemos aprovechar su poder para ayudar a los afectados por espíritus malignos.
209 LLEVAR LA LLAMA DE AMOR AL INTERIOR DE LA FAMILIA
La Llama de Amor es la Buena Nueva para cada familia: María Santísima cegará a Satanás en el interior del hogar. Por este motivo, la pequeña ceremonia de traspasar la Llama es de gran importancia. Hay que prepararla con una adecuada catequesis para que todos los miembros de la familia reciban la Llama de manera consciente, la ceremonia lleve fruto y no se convierta en un gesto vacío.
Para los cristianos, las velas benditas representan a Jesús Resucitado, Luz del Mundo. Cristo vence a Satanás, príncipe de las tinieblas. En el Evangelio está muy claro (Jn 1) cómo la Luz vence a la Oscuridad. En la noche de Pascua, el Cirio que va delante del pueblo en la procesión representa a Jesús resucitado. Cristo rompe las tinieblas del pecado y hace huir a los demonios, vencidos. El Cirio Pascual tiene un poder único para rechazar la presencia de los espíritus malignos. Las candelas benditas hacen presente en los hogares cristianos al Cirio Pascual; son como su prolongación.
La especialidad de los demonios es crear en los hogares la oposición y contradicción de los pensamientos y sentimientos. Por medio de la lengua, los espíritus malignos provocan en las familias los pleitos, insultos, ofensas y separaciones. Los cirios benditos encendidos alejan a los espíritus de las tinieblas e impiden que los malos espíritus perturben la paz del hogar. Por eso, en cada casa cristiana debe haber candelas benditas; se recomienda utilizarlas cada día para los momentos de la oración y también cuando en la casa se nota la presencia de espíritus malignos que provocan las disensiones o perturban la tranquilidad del hogar.
Debemos mantener esta bella tradición de la familia cristiana encendiendo las veladoras y candelas benditas en la casa para hacer presente a Jesucristo de una manera simbólica y visible. Se trata de un sacramental que nos protege.
210 LAS VELAS BENDITAS
Para los cristianos, las velas benditas representan a Jesús Resucitado, Luz del Mundo. Cristo vence a Satanás, príncipe de las tinieblas. En el Evangelio está muy claro (Jn 1) cómo la Luz vence a la Oscuridad. Jesús es la Luz del mundo.
Cada año se realiza en Jerusalén el gran milagro de la Luz que brota milagrosamente de la losa que cubre el lugar en donde reposó el cuerpo inanimado de Jesús. De la piedra brota una luz que se levanta en el aire y se transforma en fuego que milagrosamente enciende las velas que el Patriarca Ortodoxo de Jerusalén lleva en sus manos; igualmente, se encienden milagrosamente lámparas de aceite que cuelgan del techo y también cirios que numerosos fieles llevan en sus manos.
Del fondo de todos los corazones brota un grito de inmensa alegría, y los cristianos saltan, bailan y gozan, expresando su felicidad porque Cristo ha resucitado. Es un milagro que desde los tiempos antiguos se realiza cada año en la fiesta de la Resurrección. Es probablemente el más grande milagro de la cristiandad. El pueblo lo espera con ansia, como esperan los napolitanos el milagro de San Genaro.
Los cristianos vemos en las velas benditas a Jesucristo resucitado. Él enciende nuestras vidas. Nosotros somos esos cirios apagados que Jesús enciende con el fuego de su Espíritu Santo. El Cirio Pascual, que va delante del pueblo en la procesión, representa a Jesús resucitado. Tiene un poder único para rechazar la presencia de los espíritus malignos. Las candelas benditas hacen presente en los hogares cristianos al Cirio Pascual.
Por eso, en cada casa cristiana debe haber candelas benditas, y deben ser utilizadas cada día para los momentos de la oración y cuando en la casa se nota la presencia de espíritus malignos que perturban la paz. Hay hogares que siempre mantienen encendida una veladora bendita ante las imágenes sagradas para hacer presente de manera sacramental a Jesús en el hogar y para expulsar la presencia de los espíritus malignos. Esa es una piadosa tradición de la Iglesia desde siempre. Así como al lado del Santísimo Sacramento arde una lámpara, muchas familias mantienen en su casa esa luz encendida de manera permanente.
Nuestra Señora quiere renovar en las familias católicas esta gran tradición y lo quiere hacer a través de la ceremonia del paso de la Llama de Amor. "Mis Hijos, Jesús es la Llama de Amor de mi Inmaculado Corazón", dice María. Para eso, Nuestra Señora nos da una pequeña ceremonia a través de la cual transmitimos su Llama de Amor. Es preciso comprender el gran valor de esta sencilla ceremonia y su trascendental importancia en la vida de cada devoto de la Llama de Amor.
211 LA LLAMA DE AMOR A LOS TUYOS.
Somos muy hábiles para celebrar cumpleaños y fechas significativas para la familia. Nos las ingeniamos según las posibilidades que tenemos. Invitamos a nuestros familiares y amigos para pasar un rato de felicidad. Contratamos la música, arreglamos la casa, preparamos bocadillos o comida deliciosa, cantamos, bailamos y creamos un ambiente agradable. Es maravilloso sentir la alegría familiar. Tal como lo dice el Salmo 133, la unidad de los hermanos en familia es como un delicioso perfume que baja por la barba de Aarón, el Sumo Sacerdote.
¿Por qué no organizar una preciosa fiesta en familia para acoger la Llama de Amor? La Virgen quiere llegar a todos los hogares para inundarlos con las gracias del Corazón de su Hijo. Allí donde María está presente, llega la felicidad. Recordemos las bodas de Caná. Los novios estaban afligidos. ¡Se les acabó el vino! Ella soluciona el problema: "¡Hijo, no tienen vino!" Y Jesús regala seiscientos litros del mejor vino. La alegría llegó a esa fiesta que se hundía en el fracaso, porque cuando falta el vino, la fiesta se vuelve lánguida y triste.
Organiza una fiesta de la Luz en familia para pasar la Llama de Amor a todos los tuyos. Escoge un día y una hora significativos para acoger en familia la Llama de Amor. Con unos cuantos elementos sencillos puedes implementar una hermosa ceremonia que llene de gracias y felicidad a todos los asistentes. Procúrate tantas candelas benditas como miembros haya en tu hogar y como amigos y vecinos hayas invitado. Consigue estampas, brochures, medallas, folletos explicativos... de la Llama de Amor.
Inicia con algunos cantos marianos que creen un ambiente de oración y recogimiento. Reúne a los tuyos y a tus amigos y explícales qué es la gracia de la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María. Tienes una gran oportunidad para difundir el mensaje de Nuestra Señora. Después de explicar las gracias y beneficios de este maravilloso instrumento, enciende tu propia candela y, en primer lugar, las de tus seres queridos y después las de los invitados. Al pasar la llama, digamos las palabras de la Virgen María: "Yo pongo un haz de luz en tus manos, es la Llama de Amor de mi Inmaculado Corazón", y quien la recibe dice: "Yo acepto en mi corazón esta Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María".
212 LA SALVACIÓN DE LAS ALMAS
La salvación de las almas es lo único que importa en el mensaje de la Llama de Amor. La salvación de tu alma en primer lugar, del alma de tu cónyuge en segundo lugar porque eres una sola carne con él o ella (Gn 2,24; Mc 10,2-9), la salvación del alma de tus hijos en tercer lugar, la salvación de tus prójimos en cuarto lugar y la salvación de los alejados en quinto lugar. Decir hoy que la salvación de las almas es lo más importante suena a blasfemia para aquellos que piensan que lo primero es solucionar los problemas sociales. La verdad es que no se pueden solucionar los problemas del ser humano si se hace a Dios a un lado, si se lo niega. Dios creó y diseñó este mundo y le dio una finalidad. Cuando nos salimos de la voluntad de Dios, violentamos el orden del Creador y lanzamos al mundo al desastre. El mal, el dolor, la injusticia, la miseria, la guerra, la pobreza y las injusticias sociales no provienen de Dios.
Para transformar este mundo, la Virgen María nos invita y propone con su Llama de Amor formar un ejército de corazones llenos de fe en ella, humildes y obedientes, que comencemos a liberar nuestras familias desde el interior. ¿Liberarlas de qué? Del dominio de aquel que rechazó a Dios desde el principio, Satanás, y que es el padre de todos aquellos que niegan y rechazan a Dios (Jn 8,44).
213. ¿CÓMO NOS ATACA SATANÁS?
Para atacarnos, Satanás se sirve de nuestra estructura psíquica. Al crearnos, Dios nos dio un alma espiritual con tres potencias: MEMORIA, INTELIGENCIA Y VOLUNTAD. Toda esta constitución tiene un objetivo en el Plan de Dios: que lo conozcamos y que lo amemos.
Nuestro cuerpo físico es el soporte del que nuestra alma se sirve para ejercer sus potencias y facultades. Somos capaces de pensar, de conocer, de comprender, de buscar la Verdad; esta es la INTELIGENCIA. Podemos experimentar sentimientos, amar, tomar decisiones con una VOLUNTAD libre; tenemos "conciencia" de lo que hacemos y guardamos en nuestro interior todo el bagaje de las experiencias que vamos viviendo para hacerlas presentes al momento de pensar y de decidir; esta es la MEMORIA.
En nuestro caso, como creyentes y discípulos de Cristo, vemos al ser humano como "criatura de Dios", con un destino eterno, llamado a participar para siempre de una relación íntima de amor con ese Dios creador que es nuestro Padre. Tendremos muy en cuenta lo que Dios nos revela en su Palabra: la existencia de Satanás, del pecado original cometido por Adán y Eva y sus gravísimas consecuencias no solo para el hombre sino también para toda la creación. Los ateos o materialistas negarán la existencia de Dios, del alma, del demonio, de los espíritus "inmundos", de la vida eterna, y reducirán los fenómenos psíquicos a meras funciones naturales sin ninguna trascendencia. Para ellos, el hombre termina con la muerte. Más allá no hay nada. Por medio de las Sagradas Escrituras sabemos que Satanás es el enemigo de Dios y de los hombres, el tentador. Tiene como principal objetivo de su acción llevar al mayor número de personas al rechazo de Dios y de su Plan. Los animales no tienen capacidad de pensar ni de amar. Se rigen por instintos. Están sometidos a la muerte natural. No están destinados a amar a Dios por toda la eternidad.
Satanás y los suyos buscarán por todos los medios que los seres humanos no respondan al llamado de Dios y se queden simplemente en el plano de los animales irracionales, incapaces de amar a Dios y de gozarlo para siempre. Su objetivo es la condenación eterna de las almas. El camino de Satanás para apartarnos de Dios comienza por el ataque a la INTELIGENCIA, A LA VOLUNTAD Y A LA MEMORIA. A la inteligencia para que no seamos capaces de llegar a la Verdad. A la voluntad para que, en vez de amar al Bien, lo rechacemos. A la memoria para traer constantemente a nuestra inteligencia y voluntad recuerdos del pasado que las perturben. Como los demonios son espíritus, pueden influir en nuestros sentidos (oído, vista, olfato, gusto, tacto...) y demás facultades corporales y psíquicas. Tratan de cegar, confundir, engañar, y equivocar nuestra inteligencia; pueden generar emociones y sentimientos, alucinaciones que lleven a la voluntad a tomar decisiones erróneas. Hasta tal punto pueden los espíritus malignos atacar nuestra personalidad que son capaces de producir en nosotros verdaderas alteraciones de la conducta y trastornos tales como ansiedad, depresión, angustia, trastornos obsesivo-compulsivos de diverso tipo, psicosis, cuadros de conducta esquizofrénica, reacciones violentas, etc.
En ciertos casos, las enfermedades psiquiátricas que tienen una base natural pueden estar ligadas a factores espirituales diabólicos. En los casos extremos se puede dar la llamada posesión diabólica, en la que espíritus malignos se apoderan de una persona y la atormentan espiritual, moral y físicamente, y la fuerzan a actuar contra su voluntad. La Iglesia nos enseña a defendernos contra la acción diabólica y nos da los medios para vencer esos ataques. La psiquiatría moderna y la psicología han ayudado mucho a comprender los fenómenos patológicos de la conducta. Han dado elementos muy valiosos para distinguir lo que es una auténtica posesión y lo que es un trastorno natural de la psique humana. Hay dos errores graves en este terreno: a) ver al Demonio en todo lo que es trastorno psíquico y, por lo tanto, rechazar la ayuda de la ciencia, y b) negar totalmente la existencia del Demonio y su influencia en la conducta enferma del ser humano, y privarse de la ayuda de los medios espirituales en la terapéutica de las personas afectadas por trastornos psíquicos.
214. LA LLAMA DE AMOR NOS DEFIENDE CONTRA LOS ATAQUES DE SATANÁS
Decíamos que el Demonio ataca las tres potencias del alma: INTELIGENCIA, VOLUNTAD Y MEMORIA para llevarnos al caos espiritual, moral, físico, económico y social. Proteger de la acción satánica las tres potencias del alma debe ser nuestro principal interés. La INTELIGENCIA tiene un objetivo: que conozcamos a Dios; la VOLUNTAD, que lo amemos con todo el corazón; y la MEMORIA, que nos mantengamos conscientes de la obra de Dios en nuestra historia personal. Si el Demonio las confunde, entonces caemos bajo su dominio.
Si tenemos fe en el poder de la oración, comprenderemos la eficacia de la Llama de Amor para cegar a Satanás: "¡Velad y orad!" para no caer en tentación (Lc 22,40). Al orar repitiendo ininterrumpidamente en el interior de nuestra mente y de nuestro corazón la jaculatoria "Derrama el efecto de gracia de tu Llama de Amor sobre toda la humanidad", la Virgen bloquea la acción diabólica en la inteligencia, en la memoria y en la voluntad. El Demonio no puede entrar y se va quedando ciego. La jaculatoria es una súplica eficaz a la Virgen María solicitando su poderosa intercesión. La intención de Satanás es apartarnos de los designios que Dios tiene sobre nosotros.
El Señor nos hizo a su imagen y semejanza, verdaderos hijos de Dios, destinados a vivir en unión de Amor íntima con Él por toda la eternidad. La vida en esta tierra es pasajera y, en el Plan de Dios, estos pocos años han de servirnos para ganar los méritos de los que gozaremos en la vida eterna. Satanás quiere volver miserable nuestra existencia sobre la tierra e impedirnos entrar en la Vida Eterna. ¿Cómo podemos defendernos contra ese astuto y perverso enemigo? Es necesario tomar conciencia de nuestra realidad y de la realidad del Demonio. Hay una infinita distancia entre los demonios y nosotros.
¿Quiénes somos nosotros? ¿Quién es el Demonio? Nosotros somos hijos de Dios, infinitamente amados por nuestro Creador, que es nuestro Padre Celestial. Tan amados que Dios entregó a su propio Hijo a la muerte, y muerte de cruz, para arrancarnos de las garras del enemigo infernal. Tenemos, por lo tanto, de nuestra parte todo el poder de Dios para vencer a Satanás. ¿Quién es el Demonio? Una simple criatura. Peor aún, una criatura fallida, envilecida, vencida, dependiente totalmente de la voluntad del Padre, repudiada por Dios y sometida por entero al poder de Jesucristo.
A partir de estas premisas debemos organizar nuestra vida para salir vencedores de los ataques del Maligno Enemigo. Es cierto que el pecado de Adán abrió la puerta al Demonio para establecer su reino de las tinieblas sobre este mundo y sobre el hombre, pero Cristo nos rescató. El Demonio solamente reina sobre aquellos que se le someten. ¿Cuál es nuestra estrategia para vencerlo? ¡Adherirnos a Cristo! ¡Renunciar a Satanás y seguir a Jesús! Eso lo hicimos el día de nuestro Bautismo. ¿Qué pasó entonces? Rechazamos a Satanás y a su reino de miseria y tinieblas. Fuimos engendrados a una Nueva Vida y configurados con Cristo: desde entonces somos hijos de Dios en el Hijo. Nuestra alma fue sellada con la imagen de Cristo, el Padre imprimió en ella el carácter sacerdotal de su Hijo. Se nos dieron las tres virtudes teologales: LA FE, LA ESPERANZA Y LA CARIDAD; las virtudes morales infusas: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. La Trinidad Santísima vino a habitar en nosotros por medio del Espíritu Santo con sus siete dones: SABIDURÍA, ENTENDIMIENTO, CONSEJO, FORTALEZA, CIENCIA, PIEDAD Y TEMOR DE DIOS. Se nos dio la posibilidad de crecer en gracia y en méritos, produciendo los doce frutos del Espíritu Santo: caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, mansedumbre, fe, fidelidad, modestia, continencia y castidad. Pasamos a formar parte del Reino de Dios, Reino de la Luz.
Además, la Madre Iglesia nos entregó la divina revelación contenida en las Sagradas Escrituras y en la Tradición. Como Madre Espiritual, nos guía con su Magisterio para que podamos comprender de manera correcta la Palabra de Dios. Nos enseña que los Diez Mandamientos son el camino recto que nos lleva al Cielo. Cristo nos dio los siete sacramentos por medio de los cuales somos fortalecidos en el camino hacia la Vida Eterna. Especialmente la Eucaristía y el perdón de los pecados, la oración y el ayuno, mantienen nuestra alma sana, libre y fuerte contra el mundo de las tinieblas. Tenemos de manera especial la poderosa intercesión de María Santísima y de los Santos, y la protección de los Ángeles.
Estamos pues pertrechados con todos los elementos necesarios y sobreabundantes para vencer al Demonio. Nuestra gran defensa contra los falsos poderes del Demonio es la fe viva, iluminada en Jesucristo, que nos permite utilizar todos los medios a nuestra disposición.
Una de las armas frecuentemente usadas por Satanás es infundirnos miedo, para paralizarnos y someternos. Nos hace creer que él es poderoso, que es el rival de Dios, que tiene mucho que darnos, que él es el dueño de este mundo. ¡Puras mentiras! Satanás ni es poderoso, ni es grande, ni es el rival de Dios, ni es dueño de este mundo; no tiene nada que darnos más que sufrimientos terribles. Por eso lo primero que debemos hacer es rechazarlo con el poder de Jesucristo. Hay que despreciarlo, desenmascararlo como mentiroso, hipócrita y falsario. Cuando se siente humillado y despreciado, entonces huye. Pobrecitos aquellos que confían en el Demonio, le sirven y lo adoran; serán desgraciados en este mundo e infinitamente desgraciados en el otro, para toda la eternidad.
215. El CUIDADO DE LA INTELIGENCIA, DE LA VOLUNTAD Y DE LA MEMORIA
Las tres puertas por medio de las cuales los espíritus malignos afectan nuestra persona son las facultades del alma: Inteligencia (pensamientos), voluntad (sentimientos) y memoria (recuerdos). Después sigue la acción sobre nuestro cuerpo y la acción sobre nuestro entorno por medio de los maleficios de todo tipo. Muy a menudo pensamos que somos nosotros los que estamos pensando, sintiendo, recordando cosas, y en realidad son acciones de los espíritus malignos que tratan de confundirnos para alejarnos siempre de lo más importante: de la acción del Espíritu Santo en nuestro interior.
Cuando Dios nos crea, lo hace para que lo amemos con "todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con todas nuestras fuerzas, sobre todas las cosas". Allí está la paz y la felicidad de la persona humana. Para alcanzar esta paz recurrimos a quien la da, Jesucristo. El Señor nos dice: "Mi Paz les dejo, mi Paz les doy...". Estamos unidos a Cristo en primer lugar por los Sacramentos y su Palabra. Por eso son tan importantes el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. Estos Sacramentos nos dan la gracia de Dios, nos constituyen soldados de Cristo con poder para enfrentarnos con gallardía al enemigo de nuestra salvación y nos fortalecen constantemente. El Señor nos habita real y verdaderamente, su Espíritu Santo nos habla, nos ilumina, nos conduce. Toda interferencia con esa Presencia Santísima perturba y hasta puede destruir la comunicación íntima que debemos tener con Dios, que vive en nuestro interior.
Igualmente pasa con nuestros sentimientos. El Demonio busca con toda su astucia confundir nuestra Inteligencia y nuestra Voluntad para que no escuchemos ni experimentemos esa presencia divina en nuestro interior. Esta es la más peligrosa de las acciones diabólicas, porque tiende a suplantar a Dios por medio del engaño, de la mentira, de la confusión en la inteligencia y en los sentimientos. Los espíritus malignos influyen en la memoria para traer a nuestra conciencia recuerdos negativos o pecados cometidos y transformarlos en pensamientos y sentimientos de culpabilidad, depresión, angustia, etc.
Nuestra persona es la que debe luchar contra los ataques del enemigo maligno, que a través de las facultades del alma y del cuerpo va a tratar de convertirse en el señor de nuestras vidas. El Demonio quiere reinar en nuestra persona, quiere ser el dios al que nos sometamos y sirvamos. Por ese motivo, nuestra primera responsabilidad es impedir que el Demonio penetre las facultades del alma.
La Llama de Amor es el instrumento dado por el Corazón Inmaculado de María para cerrarle las puertas del alma: inteligencia, voluntad y memoria. La repetición de la jaculatoria "derrama el efecto de gracia de tu Llama de Amor sobre toda la humanidad" en forma de oración ininterrumpida (repetición lenta de la jaculatoria, 1 Tes 5,17), impedirá que el pensamiento, la voluntad y la memoria sigan trabajando bajo la influencia de los ataques diabólicos. La jaculatoria tiene el mismo efecto que tiene la llamada "oración del corazón, o de Jesús" de la espiritualidad oriental (hesicasmo): nos hunde en la contemplación del Padre-Hijo-Espíritu Santo, y hace silencio en nuestro interior.
Repetir, repetir, repetir lentamente y sin descanso la jaculatoria parecería monótono, sin sentido y aburrido, pero en realidad no es así. Cada vez que saboreamos lentamente la jaculatoria, el demonio va perdiendo fuerza. La Virgen María lo va aplastando. Es algo así como respirar. Este es el primer paso para experimentar la Paz del pensamiento, de la voluntad y de la memoria. Poco a poco nos vamos acostumbrando a renunciar al discurso racionalista que llevamos en el interior, a las fantasías sentimentales, y a vivir en el pasado hundidos en la depresión o en la culpabilidad por los errores cometidos. Llegamos a vivir "en la presencia de Dios".
216. FAMILIAS VERDADERAMENTE FELICES
Nuestro Señor y la Virgen María nos han dejado en el Diario Espiritual de Isabel Kindelmann todos los elementos necesarios para formar familias verdaderamente felices. Satanás quiere reinar en los hogares para conducirlos al desastre y arrastrar el mayor número de almas a la condenación eterna, pero yo, el Rayo hermoso de la aurora, cegaré a Satanás.
Ese es el gran anuncio de María Santísima a toda la humanidad. Mi intención es darles a conocer esos maravillosos tesoros que encierra la Devoción a la Llama de Amor, para que formemos el inmenso ejército que María está levantando contra el falso príncipe de este mundo para derrotarlo.
La Virgen pide que nos despertemos de la profunda torpeza espiritual en que estamos vegetando, para tomar conciencia de la gravedad de la situación. Es necesario abrir los ojos y darnos cuenta de que el enemigo está dentro de nuestras familias, haciendo enormes desastres, y que para vencerlo es necesario que nos unamos todos y luchemos juntos contra este ejército infernal que trabaja obsesivamente para destruirnos.
La Virgen pide que formemos los Santuarios Familiares para que Cristo sea el que reine en los hogares y no sean los demonios. Edificar una familia según el Corazón de Dios es un interés de todos, pero en especial de los casados. En el Plan de Dios, todos los seres humanos estamos llamados a nacer y vivir en una familia, pero no cualquier familia, sino una familia en la que el Dios verdadero sea adorado y servido; es decir, un santuario. Esto exige una lucha permanente y dolorosa contra el mundo de las tinieblas.
Jesús ya lo dijo: "El Reino de los cielos sufre violencia y solamente los violentos lo arrebatan", para indicarnos lo terrible y doloroso del combate contra los espíritus infernales.
217. LA VIRGEN QUIERE QUE LE AYUDEMOS A DAR A CONOCER SU GRACIA DE LA LLAMA DE AMOR
El Inmaculado Corazón de María pide que le ayudemos a propagar su gracia de la Llama de Amor como un reguero de pólvora. Según María Santísima, la situación del mundo actual es desesperada. Muchísimas almas van camino de la condenación eterna. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la Devoción a su Inmaculado Corazón. La Llama de Amor es el mensaje de Fátima llevado al interior de las familias para transformarlas y convertirlas en apóstoles de otras familias que están todavía amarradas por los lazos satánicos.
La Virgen nos pide que, en primer lugar, convirtamos nuestra propia familia en un Santuario Familiar, llevando a la práctica todas las recomendaciones que Ella nos da en el Diario Espiritual de Isabel Kindelmann. En segundo lugar, nos suplica que transmitamos la Llama de Amor a otras familias cercanas a la nuestra.
¿Cuáles son los pasos que debemos dar para que nuestra propia familia se convierta en un Santuario Familiar? Jesús y María guían a Isabel en este camino nuevo. En primer lugar, ella oye la voz de Jesús. El Señor le habla misteriosamente. Jesucristo le pide: ¡RENUNCIA A TI MISMA! La invita a contemplar su rostro desfigurado y su cuerpo torturado. Le repite varias veces lo mismo: Renuncia a ti misma. Le hace comprender que tanto sufrimiento de Su parte tiene como objetivo salvar las almas. ¡Cree en Mí y adórame! La invita a convertirse en el humilde instrumento a través del cual dará a conocer la nueva gracia que Dios entregará a la Iglesia por medio del Inmaculado Corazón de su Madre.
Para ser un instrumento idóneo, el Señor la hará pasar por grandes sufrimientos que ella debe aceptar con humildad. Toda la vida de Isabel Kindelmann estará marcada por el dolor y la humillación. Es una condición indispensable no solo para Isabel, sino para todos aquellos que han de comprometerse en la propagación de la Gracia de la Llama de Amor. Jesús pide que le ofrezcamos nuestros sufrimientos para lograr la salvación de las almas. Al invitarnos a vivir y transmitir la gracia de la Llama de Amor, el Señor nos pide que renunciemos a nosotros mismos, es decir, a nuestra propia voluntad, para asumir la voluntad de Dios.
Esa primera renuncia es al pecado. La Llama de Amor produce un fruto característico allí donde se la recibe: la conversión de los corazones. Los miembros de la familia comienzan a renunciar a los pecados que las tenían atadas para vivir en Gracia de Dios.
Para acoger la gracia de la Llama de Amor en nuestras familias, tenemos que renunciar en primer lugar al pecado de la soberbia, que consiste en hacer nuestra propia voluntad en contra de la voluntad de Dios.
218. JESÚS NOS HABLA DE LOS SANTUARIOS FAMILIARES
Al leer y releer el Diario Espiritual, el itinerario que esta sierva de Dios, Isabel Kindelmann, va haciendo de la mano de Jesús y de María, llegamos a una pregunta crucial: si el gran dolor de Nuestro Señor y de María Santísima es la condenación de las almas, ¿cuál es la respuesta que Ellos dan a este monumental problema? Podríamos responder: el efecto de gracia de la Llama de Amor. Este regalo de la Virgen a la Iglesia es el instrumento privilegiado, el haz de luz sobrenatural y milagroso que ciega a Satanás. Sin embargo, nuestra respuesta, a pesar de ser verdadera, se queda corta. En las págs. 212 y 213 vamos a encontrar otros elementos que nos permitirán comprender mejor la estrategia mariana para la salvación de las almas.
Jesús nos habla del SANTUARIO FAMILIAR. Nos da su experiencia personal vivida en el seno de la familia de Nazaret. El Señor quiso nacer y crecer en una familia bien constituida. Estuvo en los estrechos lazos del hogar de María y José hasta que inició su vida pública. La Sagrada Familia hundió sus raíces en la tradición de la familia israelita, que se modeló sobre la Palabra de Dios. Si queremos descubrir los trazos constitutivos de la familia de Nazaret, debemos hurgar en la Biblia y en la historia del Pueblo de Dios.
En la pág. 212, Jesús nos habla del "sagrado recinto de la familia", y le da el apelativo de "SANTUARIO FAMILIAR". El santuario por excelencia era, para un israelita, el Templo de Dios en Jerusalén. Allí, en el Santo de los Santos, habitaba Yahvé. La casita de Nazaret fue el Templo Santo en el que habitó Jesús, verdadero Dios y verdadero Hombre. La familia cristiana viene a ser entonces como una "prolongación" de la casita de Nazaret, en la que Dios habita como en su Templo, en su Santuario.
Podemos decir que la finalidad de la Llama de Amor es la de ayudar a los padres de familia a convertir su casa y su familia en un verdadero Santuario, donde tanto los esposos como los hijos puedan realizar plenamente la vocación celestial y terrenal a la que han sido llamados. Lugar santo, separado del pecado. Dios escogió un pueblo de entre las naciones paganas que estaban aprisionadas por las cadenas de la idolatría. PUEBLO SANTO, PUEBLO CONSAGRADO AL SEÑOR, PUEBLO SACERDOTAL, PUEBLO DE REYES, PUEBLO PROFÉTICO, VIÑA DEL SEÑOR, REBAÑO DEL SEÑOR... son algunos de los términos bíblicos que hacen referencia tanto al Pueblo de Israel como a la Iglesia de Jesús.
Podemos decir que ese ideal espiritual corresponde también a la familia tal como Jesús y María nos la presentan en el Diario. Cuando hablamos de consagración, estamos diciendo que la persona o la familia hace un acto público en el cual se compromete a vivir de manera "sagrada", es decir, "santa". El pueblo de Israel estuvo prisionero en Egipto y fue liberado por Dios de esa esclavitud. Pasó el Mar Rojo y durante cuarenta años estuvo en el desierto preparándose para entrar en la Tierra Prometida. Cruzó el Jordán y se enfrentó con los pueblos paganos que habitaban Canaán, hasta que logró enseñorearse de todos esos territorios. Fueron siglos de permanentes y grandes luchas contra esos pueblos enemigos de Israel.
La espiritualidad cristiana ve en esta historia guerrera del Pueblo de Dios el combate que todo bautizado debe emprender contra los enemigos de su salvación para poder entrar en el Reino de los cielos. Asumir el compromiso de convertir la propia familia en un Santuario Familiar es estar consciente de que nos enfrentamos a una ardua lucha contra los enemigos de nuestra salvación, que nos han tenido hasta ahora prisioneros en Egipto.
Jesús, hablando de su Madre, nos dice en la pág. 213: "Pasando de Corazón en Corazón, pone en sus manos la Llama de Amor de su Corazón, que por medio de sus oraciones acompañadas de sacrificios, cegará a Satanás, que quiere reinar en las familias". El efecto de gracia tiene aquí su objetivo fundamental: vencer a Satanás, expulsarlo de las familias y establecer en ellas el Reinado de Jesucristo.
219. LA LLAMA DE AMOR: EL HAZ DE LUZ
Meditando en el Diario de Isabel, las palabras que Jesús nos dice acerca de las familias, la Llama de Amor actúa "cegando a Satanás". Pero, ¿qué o quién es lo que ciega al Diablo? La Llama de Amor, el haz de luz. María Santísima nos explica: "La Llama de Amor de mi Inmaculado Corazón es mi Hijo Jesús". Quien ciega, pues, los ojos del Demonio es Jesús. La jaculatoria es un medio excepcionalmente poderoso por medio del cual obtenemos la eficaz intercesión de María. Le pedimos: "Virgen María, derrama el efecto de gracia de tu Llama de Amor". Derramar el "Efecto de Gracia" significa: danos a Jesús, llévanos a Jesús, entréganos a Jesús.
La jaculatoria para obtener la Llama de Amor está en íntima relación con la Santa Misa. Dice María Santísima en la pág. 132: "Si asisten a la Santa Misa cuando no hay obligación y están en gracia de Dios, derramaré la Llama de Amor de mi Corazón y cegaré a Satanás durante este tiempo. Mis gracias afluirán abundantemente a las almas por quienes la ofrecen. La razón de ello es que Satanás, hecho ciego y despojado de su poder, no podrá hacer nada".
Aquí hay algo muy interesante. Nuestra Señora dice: "Yo derramaré... y cegaré a Satanás". También dice: "Mis gracias...". La Virgen en este caso habla en primera persona, como si fuera Ella quien ciega al Demonio. En muchas otras ocasiones vemos que María se identifica a tal punto con su Hijo que son como una sola cosa.
Cuando María afirma que es Ella quien da las gracias, en realidad lo que nos quiere decir es que su condición de Madre de Dios le permite obtener de su Hijo lo que Ella pide. Es su papel de "mediadora" entre su Hijo y nosotros, patente ya en las Bodas de Caná. En otro pasaje (pág. 178) recalca la misma idea: "Y Yo, el Rayo Hermoso de la Aurora, cegaré a Satanás". Si María ciega a Satanás es porque su Inmaculada Concepción es el mayor fracaso de Satanás y el triunfo de Dios sobre el pecado original.
El Demonio, frente a María Inmaculada, se siente totalmente derrotado y humillado. En definitiva, no es María quien ciega al Demonio, es Dios, pero Ella es el INSTRUMENTO ACTIVO Y PARTICIPATIVO escogido por Dios para darnos al que ES LA LUZ: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero: su Hijo Jesús.
Hay que tener en cuenta algo sumamente importante: que esta Gracia de la Llama de Amor viene del PADRE ETERNO, que esa Gracia ES JESÚS, y que Jesús actúa en nosotros por medio de su ESPÍRITU SANTO. En definitiva, la Gracia de la Llama de Amor es en realidad la acción de la Santísima Trinidad en el interior de nuestros corazones. Las tres personas de la Santísima Trinidad siempre actúan juntas. Jesús le dice a Isabel que la oración "Que nuestros pies vayan juntos, que nuestras manos recojan unidas..." también ciega a Satanás. Nos damos cuenta de que la ceguera de Satanás no está ligada a una fórmula, sino a la persona santísima de Jesucristo. La fórmula es simplemente un vehículo, un medio para invocar a Jesús. Hay muchos medios para cegar a Satanás, porque no es el medio el que lo ciega, sino Jesús.
Esta realidad nos permite ser libres respecto de las "fórmulas". No podríamos convertir la invocación: "Derrama el efecto de gracia de tu Llama de Amor sobre toda la humanidad" en un ABSOLUTO INFALIBLE Y EXCLUSIVO, sino en un MEDIO PRIVILEGIADO y siempre relativo e inferior a los MEDIOS FUNDAMENTALES para cegar al Demonio, que son la Palabra de Dios y los Sacramentos, en especial la Eucaristía y la Confesión de los pecados. Estar claros y conscientes de esto nos permite vivir la espiritualidad de la Llama de Amor en total armonía con la Iglesia, insertos en la economía santificadora de nuestra Madre Iglesia, pero gozando de la feliz intimidad y poderosa intercesión del Corazón Inmaculado de María.
Si recapitulamos, vemos que María es el Instrumento del Padre-Hijo-Espíritu Santo para humillar al príncipe de este mundo y llevar a la Iglesia a la victoria contra el enemigo de nuestra salvación.
El Diario Espiritual pone en evidencia la íntima e inseparable relación entre el Hijo y la Madre, hasta tal punto que los sentimientos del Hijo son los sentimientos de la Madre. Y, maravillosamente, el poder del Hijo es el mismo poder de la Madre, no porque María sea en sí misma poderosa, sino porque el amor del Hijo hacia la Madre es tan perfecto que todo lo que es del Hijo es de la Madre. Ya lo demostró Ella en las bodas de Caná: "Hagan lo que Él les diga".
220. UNA VIDA DE GRACIA Y DE FELICIDAD ES EL MILAGRO DE LA LLAMA DE AMOR
La Virgen habla de que la Llama de Amor es como un "milagro". El verdadero milagro no es el externo, sino el que se opera en lo profundo de la persona: la CONVERSIÓN DEL CORAZÓN. El Señor se queja en el Antiguo Testamento: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de Mí". Jesús muchas veces encara a los "santos de Israel", los fariseos, y los llama "sepulcros blanqueados" porque llevaban una doble vida. Por fuera parecían piadosos, entregados al cumplimiento de la Ley y de muchos rituales, pero por dentro estaban llenos de "inmundicias", es decir, de pecados. A los mismos discípulos los regaña con fuerza porque "sus pensamientos" no eran los de Dios, sino los de los hombres. Es más fácil para Dios resucitar a un muerto que convertir un corazón. La razón es muy simple: la resurrección física consiste en restaurar las funciones vitales de un cuerpo; la resurrección espiritual depende no solo de Dios, sino también de la voluntad de los hombres. Dios respeta la libertad de las personas. Si éstas no quieren aceptar la Gracia de Dios, la conversión no se puede dar.
De hecho, vemos cómo en el Evangelio los sumos sacerdotes, los fariseos, los saduceos y demás enemigos de Jesús cerraron culpablemente su inteligencia y su voluntad a los milagros de Jesús y a sus palabras. Sin embargo, Dios tiene un recurso último que es como un verdadero milagro: dar una superabundancia de Gracias tan grandes que el alma se vea como llevada por la fuerza a cambiar de corazón sin perder su libertad. Es el caso de San Pablo. Su corazón ardía de odio a Jesucristo y a sus discípulos. Vino una gracia tan superabundante que Saulo se abrió a la Fe en Jesús. ¿Hubiera podido San Pablo resistir a esa Gracia? En teoría sí, pero era tal la luz que rechazarla hubiera sido un absurdo para un corazón tan sincero como el del Apóstol. Con los príncipes de los sacerdotes no pasó igual: ellos tuvieron signos tan grandes como los milagros y la resurrección de Jesús atestiguada por los soldados; sin embargo, rechazaron voluntaria y culpablemente la luz.
Si leemos el Diario con atención, vemos que en la vida de Isabel no hay milagros externos. Ella no es una "taumaturga", no hizo milagros; sin embargo, es portadora, en su propia vida, de un milagro diferente que no se ve con los ojos de la carne: la conversión de su propio corazón. El Señor la llevó de una vida "buena", que sin embargo estaba casi en los bordes de la frialdad espiritual, a una vida interior de santidad heroica. Cuando la Virgen María nos dice que su Llama de Amor hará milagros, se refiere a la conversión de los corazones. Por ejemplo, en la página 266 (VAMOS A APAGAR FUEGO CON FUEGO...): "Yo haré, en unión con ustedes, un milagro que los sabios del mundo en vano intentarán hacer;... Mi Llama de Amor, con una claridad inimaginable y con un calor saludable, inundará la redondez de la tierra...". Igualmente, en la pág. 172 (LA TIERRA PASARÁ POR UNA GRAN SACUDIDA...): "Entre tanto, me habló mucho acerca del tiempo de gracia y del Espíritu de Amor, que será muy parecido al primer Pentecostés, que inundará con fuerza la tierra; y este será el gran milagro que llamará la atención de toda la humanidad. Todo esto es la efusión del efecto de gracia de la Llama de Amor de la Santísima Virgen".
Muchas familias están hundidas en la desesperanza, la tristeza, la miseria espiritual, el pecado. Pasar de esta situación de muerte a una vida de Gracia y de felicidad es el milagro que opera la Llama de Amor. Los padres de familia deberían interesarse en tomar los medios para que su familia se convierta en un Santuario; lo que es imposible para ellos, es posible para la Virgen María.
221. EL EFECTO DE GRACIA NOS LLEVA A CONVERTIR NUESTRA FAMILIA EN UN SANTUARIO
El gran milagro que Dios opera a través de la Llama de Amor es la conversión de los corazones. A muchos padres de familia les parecerá misión imposible la de convertir su familia y su hogar en un Santuario Familiar. Sin embargo, las palabras de María Santísima a Isabel nos llenan de confianza. El primer campo de apostolado para los padres de familia es su casa. Pero no están solos. Están asistidos por la Gracia de Dios. "No tengan miedo, confíen en mi poder", nos dice María en la página 201 (Ya no puedo contener). ¡Sólo el primer paso es difícil! Una vez que este se ha dado, hijita mía, mi Llama de Amor arrollará tumultuosamente la desconfianza de las almas. Y al no encontrar ya resistencia, con suave luz iluminará a las almas. Quienes acojan mi Llama de Amor serán embriagados por la abundancia de gracia y anunciarán por todas partes que tal raudal de gracias no se ha dado desde que el Verbo se hizo Carne. En esta cita está contenido lo esencial del proceso de convertir la familia en un Santuario Familiar.
Primeramente, la Señora te pide que confíes en ella. Da el primer paso. No tengas miedo. Ella pondrá de su parte todas las gracias necesarias para secundar tu esfuerzo. Su poderosa intercesión irá logrando la conversión de los corazones de tus seres queridos. El Efecto de Gracia se inserta en un raudal de intervenciones divinas extraordinarias, tan grandes que "no se ha dado desde que el Verbo se hizo Carne". Saulo recibió esa gracia superabundante y cambió de corazón. En otros pasajes, la Virgen dice que se comience el cenáculo en familia, aunque sean dos o tres. Así comienza a actuar la Llama de Amor en el seno de los hogares. Se trata de un proceso de conversión de la familia entera.
Tenemos familias tan enfermas espiritualmente y también psicológicamente que revertir el proceso de descomposición de la sociedad actual parece imposible. De tal modo nos hemos "acostumbrado" a vivir con esa podredumbre que pensamos que es normal vivir en el pecado y en sus aberraciones. Si algo tiene que aportar la Gracia de la Llama de Amor es la esperanza de que un cambio es posible si nos volvemos al Señor desde el interior de cada hogar.
222. ACEPTAR LA VOLUNTAD DE DIOS SOBRE LA FAMILIA
En la temática del Diario Espiritual, este es uno de los tópicos de mayor importancia. Hoy los invito a leer las páginas en las que se habla de la colaboración de los padres de familia con el proyecto de Nuestro Señor Jesucristo sobre la familia. Comencemos con la página 229, que lleva el título: Deseo repartir mi bendición portadora de grandes gracias a los padres de familia que colaboran conmigo. Jesús habla de una "bendición especial" para los padres de familia. Los llama colaboradores suyos en "esta gran obra de la creación". Un colaborador no es un instrumento inerte, pasivo. Se trata de alguien inteligente con quien se comparten objetivos y estrategias para lograr un fin. El Señor dice que esos padres aceptan su santa voluntad y merecen una especial bendición. "Esa bendición es ÚNICA y solo se puede dar a los padres de familia. Al nacer cada hijo, derramo gracias extraordinarias sobre estas familias". Isabel termina esta página diciendo: "Él inundó mi alma con aquellas gracias que reciben las madres de familia que traen al mundo y educan a sus hijos según su beneplácito y su voluntad". Es realmente grandiosa la vocación de los padres de familia. Los pone al nivel de colaboradores de Dios en la obra de la creación. Si la familia está en crisis, es ciertamente porque los cónyuges no se consideran "colaboradores" de la obra de Dios, ni aceptan hacer su santa voluntad al formar un hogar. Quien desecha este punto de vista se convierte en "dueño" del proyecto y, en vez de hacer la voluntad de Dios, decide "hacer su propia voluntad".
El ateísmo ha asestado a la familia un golpe mortal. Al rechazar a Dios, se rechaza cualquier "colaboración" con Él. Dios ya no es el dueño del proyecto de la familia. La relación hombre-mujer queda al arbitrio de cada uno. Cuando sacamos a Dios de nuestras vidas, se pierde esa BENDICIÓN ÚNICA Y ORIGINAL que el Creador da a los padres. Cuando aceptamos ser colaboradores de Dios en su creación, entramos en diálogo amoroso y filial con Él. Reconocemos nuestra condición de criaturas y de "hijos de Dios", y por lo tanto nos sentimos amorosamente "dependientes" de un Padre infinitamente sabio y bueno. Aceptar la voluntad de Dios sobre la familia nos permite beneficiarnos de la guía de su Espíritu Santo y de sus siete dones. No nos sentimos "dueños" del proyecto de la familia. Al contrario, nos decidimos a realizar de la mejor manera posible un proyecto que no es nuestro, que no concebimos ni diseñamos.
Quien solicita trabajo en una empresa se somete a los objetivos y procedimientos que los dueños han establecido. La mejor opción para quien desea fundar una familia es colaborar con Dios en su divino proyecto. Hoy vemos a "técnicos", "sociólogos", "psicólogos", "sexólogos", "políticos",... inventar nuevos tipos de familia. Nos quieren imponer sus puntos de vista "científicos". Ya no es la palabra bíblica la que cuenta: "Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne". Han proyectado "nuevos tipos de familia": hombre con hombre, mujer con mujer, tríos, poligamia, poliandria, familias pederastas; el divorcio a la carta, el aborto, la fecundación in vitro, la ingeniería genética, etc. Son verdaderos aprendices de brujo que están haciendo "experimentos" que, dentro de unos decenios, darán sus amargos frutos. Después se lavarán las manos o echarán la culpa a otros de las tragedias que están propiciando.
Como cristianos, tenemos un llamado de la Llama de Amor para oponer una resistencia espiritual a este desastre "espiritual" con el que las tinieblas están envolviendo a la más importante de las instituciones de la sociedad y de la Iglesia: LA FAMILIA.
223. LA VOCACIÓN SUBLIME DE LAS MADRES
El Diario nos lleva a centrarnos en el papel de las madres de familia. Les sugiero que lean las páginas 228-229 y 252. Estos párrafos son sumamente importantes para las mujeres.
“Para mi obra redentora tengo gran necesidad de ustedes. La vocación sublime de las madres.” Jesús dice: “Lo que digo ahora es para ti y para todas las madres de familia que obran según mi Corazón: el trabajo de ustedes no es de menor valor que el trabajo de las personas elevadas a la más alta dignidad sacerdotal. Entiendan, madres de familia, la sublime vocación que les he confiado. Ustedes son las llamadas a poblar mi Reino y llenar los puestos de los ángeles caídos. De su corazón, de su regazo, parte cada paso de mi Santa Madre Iglesia. Mi Reino va creciendo en la medida en que ustedes, madres, se ocupan de las almas creadas. Ustedes tienen el trabajo más grande y el que reclama mayor responsabilidad. Sean plenamente conscientes de que he puesto en las manos de ustedes el trabajo de conducir multitud de almas a la salvación” (páginas 228-229).
“Compenétrate de esta vocación a la cual fuiste elevada por tu sola dignidad de madre” (pág. 252). Habla María: “Este sufrimiento maternal, mi hija pequeña, y la ofensa que de parte de otros tienes que soportar, es una nueva oportunidad para que veas por qué escogí a una madre para transmitir mis comunicaciones. Solo una madre es capaz de sentir conmigo... Compenétrate de esta vocación a la cual fuiste elevada por tu sola dignidad de madre.”
a dignidad maternal es, a la vez, una vocación saturada de sufrimientos, y es esta vocación que Yo comparto contigo. Te agradezco, hijita mía, tu participación ininterrumpida y llena de sacrificios. Yo, como Madre amorosa, garantizo tu celestial premio.
En primer lugar, vemos que la dignidad de madre de familia en el plan de Dios es "como un sacerdocio". El sacerdote ofrece a Dios la Víctima Santa (Jesucristo) y se ofrece en el mismo sacrificio. A lo largo de todo el Diario, vemos cómo Isabel es introducida en el misterio de Cristo crucificado. Aprende a sufrir, a sacrificarse, a ofrecer sus sufrimientos y a identificarse con Cristo. Hemos estado viviendo un "cristianismo light", suave, sin la cruz de Cristo; por eso nos resulta chocante ver que esta mujer haya sido llevada por Jesús a soportar sufrimientos tan grandes a lo largo de toda su vida. Prácticamente no hay etapas en las que no haya estado inmersa en sufrimientos extraordinarios.
Sin desvalorizar el papel del hombre en el hogar, la misión de la madre está en primer plano cuando se trata de la salvación de las almas del marido y de los hijos. En el corazón del Santuario Familiar está la madre de familia. Es a ella, más que a cualquier otro, a quien corresponde fundarlo, sostenerlo, guiarlo y llevarlo a su madurez.
El Demonio tiene un odio particular contra las mujeres. Por eso trata de corromperlas moralmente y herirlas emocional y espiritualmente desde pequeñas. Las niñas, adolescentes y jóvenes, lesionadas en su fe, en su dignidad, en su afectividad y en su integridad corporal, con el tiempo se convertirán en madres de familia incapaces de llevar a los suyos por el camino de la santidad cristiana. Con mucha tristeza hay que reconocer que Jesucristo es el gran ausente en la educación que se imparte a la juventud. Los Santuarios Familiares deben suplir esta sistemática expulsión social de Jesucristo.
224. TODA FAMILIA ES LA SALVACIÓN Y SANTIFICACIÓN DE LAS ALMAS DE SUS MIEMBROS
Según el mensaje del Diario Espiritual de la Llama de Amor, toda familia debe convertirse en un santuario. Es decir, un lugar donde el Señor Jesús reine y esté presente como lo que Él es: Nuestro Dios y Señor. Un lugar donde se le adore, se le dé gracias por los beneficios recibidos, se le invoque pidiendo las gracias que necesitamos, se le pida perdón y se le ofrezca reparación por las ofensas que le inferimos. La familia debe ser, pues, como un templo en el que Dios habite. Sin embargo, en muchísimos hogares esto no sucede. Por ignorancia o por descuido, el Señor está ausente en muchas familias. Esta ausencia de Dios trae gravísimas consecuencias para esos hogares, especialmente para la salvación de las almas. Donde no reina Dios, sabemos quién está: Satanás, el tentador y acusador; el que es homicida desde el principio y padre de la mentira.
La finalidad de toda familia es la salvación y santificación de las almas de sus miembros. Esa es la misión de los esposos y padres de familia. En primer término, los cristianos se casan para ayudarse mutuamente a salvar sus almas y santificarse. Si Dios les concede hijos, su principal deber es la salvación y santificación de su prole. El resto viene por añadidura. Cuando no se cumplen las condiciones para que Jesucristo sea el Señor del matrimonio y de los hijos, no tenemos un hogar verdaderamente cristiano. No se realiza la misión y función que le ha sido encomendada por Dios.
La base sobre la que se construye el hogar cristiano son la Palabra de Dios y los sacramentos, especialmente el Sacramento del Matrimonio. Infinidad de parejas no están unidas por los vínculos santificadores de los sacramentos. Además, es una gran tristeza que muchos de los que se casan por el sacramento del matrimonio vivan como si no lo hubieran recibido. Si la familia está en crisis, es porque Jesucristo no está presente, vivo y actuante entre los cónyuges. Han llegado a unirse por diversas motivaciones, entre las que podríamos citar el amor sensible o sexual, el prestigio social o económico, o por circunstancias de conveniencia. Quienes no se casan por el sacramento, entre los católicos, es porque no tienen una fe viva. Tienen miedo a fracasar y quedar atados por la indisolubilidad del matrimonio sacramental. En realidad, ignoran la verdadera finalidad del matrimonio y el inmenso poder del organismo sacramental que los llevaría a la santidad. El miedo y la ignorancia de lo esencial del matrimonio llevan a muchos a contentarse con la "unión civil". Esta ausencia de la Gracia de Dios en la pareja (puesto que la unión de hecho y el matrimonio civil caen dentro del rango de la fornicación), es una puerta abierta para la acción diabólica en la familia. Los hijos son concebidos en estado de pecado grave. En ese tipo de matrimonio, Cristo no está presente en las relaciones entre los esposos; no hay Gracia de Dios. En el matrimonio cristiano, el hombre representa a Jesucristo y la mujer a la Iglesia. Se trata de una real proclamación ante el mundo del amor de Cristo por la Iglesia y de la Iglesia por Cristo.
Es un testimonio. El matrimonio no es un invento de los hombres, sino que es revelado por Dios en las Sagradas Escrituras: "Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y ambos serán una sola carne", dice el Génesis. Cristo lo hace sacramento, es decir: productor de la Gracia de Dios. Muchas personas están rotundamente equivocadas al considerar la acción diabólica como algo "externo". La reducen a manifestaciones físicas que les dan miedo o a fracasos económicos, o a la desesperación que sienten al enfrentarse a un misterio que amarga sus vidas, como sucede en las posesiones. La gran acción diabólica es llevar a las personas a vivir en pecado mortal. Lo más temible es la capacidad que tiene Satanás de confundir la "mente" o "inteligencia" del ser humano para hacerle aceptar el mal como si se tratase de un bien, y para hacerle rechazar el bien como si se tratase de un mal. Eva, frente a la serpiente, "perdió la cabeza" y "perdió todo", "perdió el Cielo". A eso se reduce, en último término, la acción del Demonio: apartarnos de Jesucristo. El resto es puro adorno.
En la vida de Isabel Kindelmann vemos esto de manera palpable. El Demonio se acerca a ella con astucia para confundirla y arrastrarla a hacer algo diferente de la voluntad de Dios. Esa es la acción diabólica fundamental: apartarnos de la voluntad de Dios. Un matrimonio que no santifica a los cónyuges es un matrimonio fracasado, igual que un sacerdocio que no santifica al sacerdote es un fracaso.
225. TESTIGOS DE CRISTO Y ANUNCIADORES DE LA BUENA NUEVA DEL EVANGELIO
En el Diario Espiritual, María Santísima invita a todas las familias a convertirse en verdaderos santuarios, donde los miembros adoren a Dios en espíritu y en verdad. La familia cristiana es el lugar donde Jesucristo santifica las almas y las conduce a la Patria Celestial. Para convertir a las familias en santuarios, debemos en primer lugar recuperar el sentido del Sacramento del Bautismo. Por este sacramento, renunciamos a Satanás y nos sometemos a Jesucristo. Renunciamos a vivir según los criterios del mundo, del demonio y de la carne, y asumimos los criterios del Evangelio.
El agua bautismal realiza en nosotros el misterio de nuestra transformación en Cristo. Somos identificados con Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Recibimos el carácter sacerdotal de Jesús. Se nos dan las tres grandes virtudes teologales que gobiernan la vida del cristiano: Fe, Esperanza y Caridad, así como las cuatro virtudes cardinales: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza. Además, recibimos los siete dones del Espíritu Santo: Sabiduría, Entendimiento, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad y Temor de Dios. Estos siete dones producen en la familia cristiana los doce frutos del Espíritu Santo: Caridad, Gozo, Paz, Paciencia, Longanimidad, Bondad, Mansedumbre, Fe, Fidelidad, Modestia, Continencia y Castidad. Estas son las herramientas que, junto con la Palabra de Dios, conocida y vivida, nos permitirán construir el santuario familiar.
Decíamos ayer que, desgraciadamente, numerosas familias que se consideran a sí mismas cristianas lo son únicamente de nombre, porque no producen los frutos del Espíritu Santo. Allí donde no reina Jesucristo, no está el Espíritu Santo, y sus doce frutos no se manifiestan en plenitud. Los cónyuges pueden permanecer unidos hasta la muerte y los hijos pueden ser excelentes personas desde un punto de vista humano, pero esas familias no proclaman a Cristo y a la Iglesia como "Esposos". De hecho, hay millones de familias en el mundo que son excelentes para formar a sus hijos en virtudes humanas y morales; sin embargo, no producen los doce frutos del Espíritu Santo porque Jesucristo no reina en ellas.
La familia cristiana, por el Bautismo y el Sacramento del Matrimonio, está consagrada a Dios. Sus miembros son conscientes de que, por el Sacramento de la Confirmación, son testigos de Cristo y anunciadores de la Buena Nueva del Evangelio. Para estas familias, el Cuerpo y la Sangre de Cristo son el centro de su actividad y su alimento diario. Tanto los esposos como los hijos y demás miembros del hogar encuentran en el Sacramento de la Penitencia el medio para limpiarse de las impurezas adquiridas en la vida diaria, y el instrumento a través del cual Cristo los libera de las ataduras que el demonio, inevitablemente, lanza sobre ellos.
El santuario familiar se inserta en la vida parroquial, cuyo animador es el sacerdote, y recurre a los ministros en busca de ayuda espiritual y de los medios de santificación. Los sacramentos y la Palabra de Dios son el fundamento del santuario familiar. Cuando los sacramentos y la obediencia a las enseñanzas bíblicas fallan, podemos tener familias psicológicamente estables, pero no podemos tener verdaderos santuarios familiares.
El plan espiritual nos enseña paso a paso a poner en orden las prioridades en el itinerario de la fe, llevándonos a una comunidad de amor que agrada a Dios. No podemos decir que sea fácil, pero sí podemos afirmar que cuando los miembros de una familia deciden seguir a Jesucristo, el Señor da todas las gracias necesarias para que el santuario familiar se convierta en una realidad.
226. LOS ESPOSOS DEBEN VOLVER SUS OJOS A LAS ENSEÑANZAS DE LA IGLESIA
El camino que Isabel Kindelmann recorre, tomada de las manos de Jesús y de María, busca convertir nuestras familias en un Santuario Familiar. El Diario Espiritual no es un manual. No lo podemos seguir como se pone en práctica la guía que viene con una cámara fotográfica o un teléfono celular. Hubiera sido más fácil. Si revisamos el Diario, nos damos cuenta de que no nos dice mucho acerca de la familia de Isabel ni de su vida íntima. Solo nos ofrece pinceladas muy tenues de lo que sucedía en el interior de su hogar. Esto puede ser una ventaja para nosotros porque nos deja la libertad de aplicar de manera creativa y personalizada lo esencial: las enseñanzas del Señor y de su Madre Santísima. Cada familia es única y debe encontrar su propio camino de santificación aplicando a sus circunstancias los principios generales.
Nos sorprende, al revisar el índice, ver que el contenido del Diario se concentra en apenas unos pocos años: 1961 a 1966. De los años 1971, 1975, 1977, 1980 y 1981, apenas tenemos unas cuantas líneas. En verdad, nos hubiera gustado saber más sobre lo que Isabel vivió durante esos largos 24 años (1961 a 1985), desde su primer encuentro con Nuestro Señor hasta su muerte. Sin embargo, podemos encontrar la clave de este gran silencio en los designios de sus Maestros: Jesús y María. No le pedían a Isabel una "biografía". De hecho, falta una biografía de Isabel Kindelmann que llene todos estos vacíos y nos ayude a comprender mejor el mensaje. Dicho sea de paso, la introducción de la causa de beatificación de esta Sierva de Dios obligará necesariamente a recoger los testimonios tanto de sus hijos y familiares como de los amigos y conocidos que la rodearon en vida, para escribir acerca de su vida y de los primeros pasos del Movimiento de la Llama de Amor.
Hay algunas líneas que nos ayudan a comprender la pedagogía divina en el caso de Isabel. El Señor la condujo por el camino de la humildad y la discreción. Santa Teresa de Jesús e Isabel Kindelmann tenían temperamentos muy diferentes. La Fundadora del Carmelo era pura dinamita, mientras que la mensajera de la Llama de Amor es como una violeta escondida que apenas muestra su corola. Jesús le dice a Isabel: “Tú eres el apuntador del drama divino” (pág. 305). En las obras de teatro, el apuntador es una persona que no se ve, está escondida, pero tiene en sus manos el libreto y va "soplando" a los actores lo que deben decir si olvidan su texto. Jesús quiere que Isabel permanezca "escondida"; los actores son Jesús y María, mientras que el humilde instrumento es la Sierva de Dios.
Por otro lado, vemos que el Señor la llevó a experimentar grandes sufrimientos, no solo en su alma, sino también en su cuerpo (Cf. págs. 296-297). Un gran cansancio físico la acompañaba, y le costaba mucho escribir: "Mientras escribo, muchas veces siento en mí una gran inhibición... muchas veces me paraliza por completo... En estas ocasiones me abandona la fuerza y dejo de escribir. Durante días, hasta semanas, ni lo tomo en mis manos. Solo cuando Él, por su presencia, manifiesta severamente que es Él quien quiere que yo escriba estas cosas, entonces una y otra vez me pongo a hacerlo" (págs. 290-291, Por el efecto de la gracia de mi Llama de Amor...). Vemos que desde 1966 hasta 1985 prácticamente Isabel no escribió más que unas pocas líneas. El mensaje estaba dado en apenas seis años. Lo importante no era la mensajera, sino el mensaje.
Sin embargo, esperamos que en Hungría se den a la tarea de recopilar todos los datos y testimonios que nos ayuden a comprender mejor a esta mensajera, porque querámoslo o no, mensajera y mensaje van muy unidos.
En resumen, podemos decir que cada pareja de esposos debe volver sus ojos a las enseñanzas de la Iglesia, configurando su santuario familiar según sus propias circunstancias. Isabel no nos dice: "imítenme a mí y a mi familia, hagan como yo". Ella simplemente pone en práctica, dentro de sus circunstancias locales, lo que la Iglesia nos ha enseñado en su tradición de dos mil años.
227. MARÍA SANTÍSIMA ESTÁ PIDIENDO EL AYUNO Y LA ORACIÓN
Esta práctica tan importante en la tradición cristiana ha terminado por desaparecer del modo de vivir de los católicos. Fueron suprimidos, por diversos motivos, los ayunos de Cuaresma y de otros tiempos litúrgicos, así como la obligación de la abstinencia de los viernes. En el horizonte del católico medio, el ayuno y la abstinencia de carne son algo ausente, al igual que la palabra "penitencia". Nuestra Señora está pidiendo que tomemos conciencia de la importancia de la práctica del ayuno y nos invita a implementarlo como un instrumento de conversión personal y familiar, como ayuda a las benditas ánimas del purgatorio y para nuestra victoria en el combate espiritual contra Satanás.
El proceso de convertir a la propia familia en un Santuario en el que Jesucristo sea el Dueño y Señor de todo es un camino "penitencial", es decir, es un camino de "despojamiento" y de "renuncias". El Señor invita, en primer lugar, a los padres de familia a renunciar a hacer "la propia voluntad" para asumir y hacer la "voluntad de Dios". Esto, sin ninguna duda, comporta una gran "penitencia". El cambio de conducta está lleno de sufrimientos que se convierten en ofrendas que hacemos a Dios en reparación de nuestros pecados. Por ejemplo: dejar el alcohol, dejar de fumar, dejar el juego, dejar la adicción a las telenovelas y demás diversiones vacuas, dejar la costumbre de ofender al cónyuge con palabras violentas y gritos, renunciar a la vanidad en el vestir, renunciar a amistades perniciosas, etc. ¡Cuesta!
Comenzar a orar juntos en familia es una gran batalla porque no todos aceptan renunciar a sus aficiones para dar a Dios el tiempo que le corresponde. Cuando se comienza el camino de la Llama de Amor, debemos prepararnos para estos combates diarios contra el príncipe de este mundo, que quiere "reinar en las familias" para conducirlas a la condenación eterna.
La evangelización de todos los miembros del hogar se impone, y caemos en lo que Jesús nos dice: que los de nuestra propia casa se convierten en nuestros enemigos cuando tratamos de anunciarles la salvación y poner en práctica la Palabra del Señor. En vez de considerar esta situación como algo malo o destructivo, debemos mirarla como una "gracia de Dios" que nos permite participar en los sufrimientos de Nuestro Señor Jesucristo. El proceso de convertir la familia en un Santuario varía de familia a familia. En algunos hogares es rápido; en otros, es lento; en algunos, prácticamente imposible por la oposición frontal y marcada de algunos.
No debemos desanimarnos. Dios tiene su tiempo, su hora, su minuto, su segundo para botarnos del caballo y quitarnos las escamas de los ojos. En todos los hogares, este proceso significa dolor porque siempre hay que renunciar a cosas que nos agradan mucho, pero que se oponen a los designios de Dios. Por eso, tenemos muchos méritos ante el Señor cuando abrazamos con generosidad su designio de salvación para nuestra familia. Todo sufrimiento tiene una gran recompensa.
228. EL CAMINO QUE EL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA NOS PROPONE EN EL DIARIO ESPIRITUAL
Nos hemos acostumbrado a vivir de una manera "no cristiana", con valores "no cristianos", pensando que somos cristianos. ¡Es tan fuerte la presión que los bautizados experimentamos de la manera de pensar y sentir "anticristiana" o "no cristiana" o "pagana", que hemos asimilado los valores del mundo, del demonio y de la carne, pensando que son los VALORES NORMALES de toda familia cristiana! Ejemplo: Son innumerables las mujeres que han abortado, siendo bautizadas, diciéndose cristianas, creyéndose cristianas. Muchos de estos abortos se dan dentro del matrimonio con mutuo consentimiento de los cónyuges. Otros, muchísimos, se han dado durante los años de la adolescencia y juventud, en plena soltería. Si analizamos la manera de pensar de estos cristianos, nos damos cuenta de que no tienen la menor idea de la tremenda gravedad del pecado que han cometido: privar de la vida a su propio hijo. Yendo más al fondo, descubrimos que la raíz de esta manera de actuar está en una concepción pagana del cuerpo humano y de la sexualidad.
La Fe en Jesucristo nos dice que "nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo y que no nos pertenecemos a nosotros mismos". Nuestro cuerpo no es nuestro, es del Señor. No podemos hacer de los miembros de Cristo los miembros de una prostituta, nos dice San Pablo. La castidad cristiana es básica en el seguimiento de Cristo. Hoy todo el ambiente nos lleva a creer que "podemos, con todo derecho, sacar de nuestro cuerpo todo el placer que podamos" y que la relación sexual antes del matrimonio es "un derecho humano" (derechos sexuales y reproductivos), y aún dentro del matrimonio, tener relaciones adulterinas no es malo con tal de que tu cónyuge no se dé cuenta. A tal grado se está llevando una falsa concepción de la libertad y de los derechos humanos, que se está promoviendo el "derecho de los niños a tener relaciones sexuales", lo que llevaría a legalizar la "pederastia". El pecado del aborto hunde sus raíces en una manera anticristiana de pensar y de sentir. Son varios los factores que impulsan a una mujer bautizada a abortar, pero entre ellos el más fuerte es la ignorancia de la Fe en Jesucristo.
No se tiene conciencia de la propia responsabilidad ante el Creador, ni del Juicio Particular, ni del Juicio Final, ni de las penas del infierno que merece el pecado mortal, ni de las penas del purgatorio que merece el pecado perdonado pero del que no se ha hecho total penitencia. La "conciencia" cristiana tiene a Dios por centro. Es teocéntrica. La conciencia pagana tiene al hombre por centro: es antropocéntrica. Aquí está la gran diferencia entre el discípulo de Cristo, el cristiano, y el "pagano" o "no cristiano". Para tener una conciencia cristiana, es necesario instruirse en la Palabra de Dios y en la Doctrina de la Iglesia. Cuando no tenemos las bases del pensamiento cristiano, nuestra conducta moral es "errática". La ignorancia culpable no es de ninguna manera una defensa de nuestra alma frente al pecado. Cuando más tarde conocemos a Jesucristo y las exigencias de su seguimiento, nos damos cuenta de que hemos cometido gravísimos pecados que traen sobre nuestra conciencia grandes remordimientos. La "fecundación in vitro" parece ser una respuesta humanitaria para tantas mujeres o parejas que no han podido ser padres de familia. Aparentemente es un bien. Parece ser un "derecho" natural que toda mujer tiene de realizar su anhelo de maternidad. Sin embargo, es perversa porque, además de ser un procedimiento que separa la maternidad de la relación íntima entre el hombre y la mujer, condena a varios "embriones humanos" (es decir, personas) a la muerte y tiene el mismo resultado que el aborto: la supresión de uno o varios embriones. Esta información, que procede de la Palabra de Dios revelada al hombre por Jesucristo, no se da en las escuelas, universidades o medios de comunicación. El pensamiento no cristiano difunde por todos los medios una información falsa que lleva a muchos bautizados a emprender un camino moralmente erróneo que más tarde será un peso sobre la conciencia.
El SANTUARIO FAMILIAR es, en primer lugar, una escuela de conducta cristiana. Un lugar en el que se aprende a "seguir a Jesucristo". Los primeros y auténticos maestros son los mismos padres de familia. A ellos corresponde transmitir la verdad y proteger a los hijos contra la "mentira" que amenaza con asfixiarnos. La Virgen nos dice: Satanás quiere reinar en las familias. Solamente una familia realmente consagrada a vivir según Cristo puede hacer frente al poder material del enemigo, que cuenta con medios humanos numerosísimos para pervertir la Verdad. El Santuario Familiar es, pues, un lugar de lucha a brazo partido contra el poder de las tinieblas, que amenaza con devorar a la Luz.
229. LAS FAMILIAS Y LA ACCIÓN DIABÓLICA
"Satanás con fuerza rabiosa quiere destrozar las familias" (DE 118). "¡Oh, las familias destrozadas! ¡Cuántos pecados acarrean en contra de Mí! ¡Repara y sufre por ellas!" (DE 119), dice la Virgen a Isabel. Es necesario que tomemos muy en serio estas palabras. Los espíritus malignos constituyen una realidad cuya existencia muchos no quieren aceptar. Sin embargo, la Virgen no se cansa de decírnoslo. En Fátima y en otras intervenciones, la Madre de Dios ha venido a abrirnos los ojos y a ponernos en guardia.
Debemos tomar conciencia de que todos somos víctimas de la acción diabólica; tanto los individuos como las familias somos atacados por los demonios. No hay excepción. No podemos tapar el sol con un dedo y atribuir solamente a causas meramente naturales tantos y tantos casos de sufrimientos como agobian a las familias.
La enseñanza de la Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María va especialmente dirigida a las familias. La Virgen nos dice que el Demonio quiere arrastrar a la condenación eterna al mayor número posible de almas. Para lograr su propósito, trata por todos los medios de destruir las familias. "Las familias están desgarradas y viven como si su alma no fuera inmortal; con mi Llama de Amor quiero reavivar otra vez el amor en los hogares, quiero mantener unidas las familias en peligro de dispersarse" (DE 85). La Llama de Amor del Inmaculado Corazón de María es un camino sencillo, eficaz y muy completo para desarrollar en nosotros el sentido del combate espiritual contra el mundo de lo oculto. El ambiente ateo y materialista en el que vivimos ha terminado por cegarnos los ojos al mundo espiritual que nos rodea. Hemos perdido sensibilidad, no solo para las cosas de Dios, sino también para discernir el mundo de los espíritus malignos que nos atacan constantemente. No nos damos cuenta de que muchos de los acontecimientos que vivimos están influidos por esas inteligencias perversas que afectaron a Adán y Eva en el paraíso, que arrastraron a Caín en contra de Abel, que confundieron las lenguas de los constructores de la torre de Babel, que llevaron al pueblo de Israel a la idolatría, que cegaron al rey Saúl en contra de David, que llevaron a David al adulterio y a la desgracia de su familia, etc.
La existencia de los demonios es un dogma de Fe; no es un invento de la Iglesia ni una superstición fruto del llamado oscurantismo. Es una experiencia que sufrimos, vivimos y experimentamos todos los días. Es urgente, muy urgente, que todos, y especialmente los obispos y sacerdotes, abran los ojos sobre el proceder del mundo de las tinieblas contra la Iglesia y especialmente contra las familias. La destrucción de los hogares católicos (y de todos) es, en gran parte, fruto de la acción de los espíritus malignos. Otros elementos, que no son necesariamente "espirituales", contribuyen evidentemente a esta crisis de la familia, pero generalmente el fracaso de un hogar tiene sus raíces en el abandono de la vivencia de la Fe. El camino que nos propone la Santísima Virgen con su Llama de Amor no es ni corto ni fácil, ya que es un combate que dura toda la vida. Pero sí es un camino victorioso. En esta sección, iremos poniendo testimonios y experiencias de la acción diabólica en los matrimonios, para que vayamos aprendiendo a discernir cómo actúan los espíritus malignos para destruir las familias. La Llama de Amor es la respuesta que María Santísima da a los cónyuges para transformar sus hogares en verdaderas familias cristianas. Hay ignorancia por parte de muchos sacerdotes en el campo práctico de la acción diabólica. Si todos los sacerdotes estuviéramos instruidos sobre cómo actúa el demonio y dejáramos de lado las teorías de tantos teólogos y exégetas de escritorio que, sin ningún discernimiento, recetan visitas a los psiquiatras, la Iglesia estaría mejor servida. Pero esos demonios no son ni todopoderosos ni invencibles. Muy al contrario, están bajo el poder de Jesucristo y sometidos a su Madre.
Ayuno y oración juntos son dos elementos indispensables en la vida de la familia cristiana que quiera progresar en la victoria contra Satanás. Son como una barrera que desanima al Demonio y le dificulta su tarea. Atraen gracias extraordinarias de parte del Señor. La Llama de Amor no es una "devoción más". Es la Devoción al Inmaculado Corazón de María que convierte a las familias en una fortaleza inexpugnable contra los ataques del enemigo. No se basa en la repetición de oraciones o novenas, aunque no se rechazan, sino en el EFECTO DE GRACIA DE LA LLAMA DE AMOR, que se obtiene por la jaculatoria propia. Hay demonios fáciles de sacar; hay otros que son más fuertes, pero que con la oración intensa y el ayuno se ven obligados a salir del hombre. Hemos olvidado el ayuno en la Iglesia. Algo que hace siglos era conocido y común se ha vuelto raro y extraño. Muy pocas personas ayunan.
En Medjugorje, la Santísima Virgen está insistiendo mucho en que los miércoles y los viernes se ayune a pan y agua. Más aún, cuando se trata de una gran fiesta, María Santísima pide tres días de ayuno como preparación, para que la fiesta lleve mucho fruto. Dos cosas que nos dan la tónica del Evangelio: "Estos demonios solamente salen por la oración y el ayuno". Es la gran enseñanza exorcística de Jesús a sus discípulos.
En la Llama de Amor, el ayuno tiene un primer objetivo: obtener de Dios que doce sacerdotes reciban la Gracia de la Llama de Amor en Hungría para poder comenzar la Obra. Isabel debe buscar a esos doce sacerdotes que Nuestra Señora le está mostrando para llamarlos a formar parte de este mensaje. No será fácil para Isabel vencer su timidez natural y llevar la Llama de Amor a esos corazones sacerdotales. Algunos recibieron con poca fe sus palabras, otros la aceptaron gustosamente. Isabel ayuna, ora y se sacrifica para que este mensaje de María sea escuchado por los sacerdotes. Jesús le pide doce semanas de oración y de ayuno por las almas sacerdotales. En la comunidad eclesial, el sacerdote es la pieza clave. Si el párroco comprende el mensaje y lo lleva adelante, los frutos se darán. Si el sacerdote no lo acepta y lo rechaza o persigue, el resultado será como lo dice la parábola del sembrador: el mensaje se agosta y se muere, o produce poco fruto. Es muy importante para nosotros que nuestros sacerdotes conozcan, comprendan, amen y pongan en práctica el mensaje.
No lo conseguiremos con polémicas. Hay párrocos que dicen: "¡Una devoción más! ¿Para qué? Ya tenemos bastantes devociones. Un movimiento más, ya hay muchos. No lo necesitamos". Esa gracia es una actitud de parte nuestra: la de discernir lo que sucede, la de enfrentar y rechazar al enemigo con la fuerza de Dios. Nada de pasividad en la vida cristiana, sino la de endosar la armadura del combatiente como lo pide Efesios 6. Tocar los corazones sacerdotales es fruto de la oración y el ayuno. Sigamos el ejemplo de Nuestro Señor, que nos pide que oremos por nuestros sacerdotes para que acepten y se abran a la Gracia de la Llama de Amor.
230. ORACIÓN MENSUAL EN HONOR DE MARÍA ROSA MÍSTICA
Cada trece de mes, en muchísimas parroquias y familias del mundo se celebrará la jornada mensual de adoración y reparación en honor de María Rosa Mística. La finalidad de esta jornada mariana es orar por nuestros consagrados a Dios en la vida religiosa y en el sacerdocio. Es una iniciativa que viene del cielo. No es algo que la vidente Pierina Gilli haya inventado, sino que fue una petición expresa de la Virgen María a esta joven enfermera novicia de las Siervas de la Caridad en Montichiari, Brescia, Italia, en el año 1947. Ya muchos años antes de que se presentara la gran crisis postconciliar de las vocaciones consagradas en la Iglesia, María Santísima pidió intensa oración, sacrificio y penitencia por la santidad de los sacerdotes y consagrados en la vida religiosa. Nos unimos a millones de católicos que, en los diversos países y diócesis, intercederán ante el Santísimo Sacramento por la santidad de sus sacerdotes.
El Papa Benedicto XVI tuvo que enfrentar una de las situaciones más dolorosas de la Iglesia postconciliar: el escándalo de los sacerdotes y religiosos "pederastas". El abuso sexual infantil es un fenómeno universal. Se ha dado y se da, desgraciadamente, en todas las culturas, y deja sobre las víctimas profundas consecuencias psicológicas. El abusador es un verdadero agresor y comete un gran delito penado por las leyes internacionales. Desgraciadamente, el lugar en donde se dan la mayoría de los abusos contra los niños suele ser el seno de la propia familia. Las niñas son las más frecuentemente violentadas; según las estadísticas, más del doble que los varones.
El Papa Benedicto XVI se expresó con palabras de profundo dolor ante el hecho de que consagrados a Dios hayan caído en semejante pecado: "Cuando leo la noticia de esos hechos, me resulta difícil comprender cómo es posible que algunos sacerdotes hayan podido fallar de ese modo en su misión de llevar consuelo, de llevar el amor de Dios, a esos niños. Me da vergüenza y haremos todo lo posible para garantizar que eso no vuelva a repetirse en el futuro", dijo el Papa. A partir de esos hechos bochornosos, que desgraciadamente siempre se han dado en la Iglesia, y que ahora salen a la luz por los medios de comunicación social, ha habido una reacción muy fuerte en el medio eclesiástico. "Haremos todo lo posible para que los seminaristas reciban una profunda formación espiritual, humana e intelectual. Al sacerdocio solo podrán ser admitidas personas sanas, personas con profunda vida en Cristo, personas con una intensa vida sacramental". "Yo sé que los obispos y los rectores de los seminarios harán lo posible para llevar a cabo un discernimiento muy estricto, porque es más importante tener buenos sacerdotes que muchos sacerdotes". "No solo es un crimen atroz, sino también un pecado grave que ofende a Dios y hiere la dignidad de la persona humana, creada a su imagen". "...La debilitación de la fe ha sido un factor que ha contribuido de manera significativa al fenómeno de los abusos sexuales de menores" (Benedicto XVI).
No es la pederastia el principal problema de la Iglesia. Afortunadamente, es un porcentaje muy pequeño el de los sacerdotes y religiosos que han caído en este drama. Hay un problema mucho más profundo que el Papa señala: la raíz del mal es la pérdida de la fe a nivel general y la pérdida de calidad en la formación del clero. El Papa habla de ser mucho más estricto en la admisión al sacerdocio, e insiste en una mejor formación espiritual de los candidatos en los seminarios.
Nuestra Señora, en la advocación de María Rosa Mística, lo había ya sugerido al pedir a los seminaristas, sacerdotes en ejercicio y demás consagrados una vida de oración, sacrificio y penitencia. Al llamar a todo el pueblo de Dios a renovarse en el campo de la fe en los sacramentos, a la intensa oración por sus sacerdotes, y a la reparación por los pecados de los consagrados, la Virgen está marcando las pautas decisivas para superar la crisis. Los sacerdotes no somos seres extraterrestres; estamos sometidos a las mismas debilidades de los demás seres humanos. La vocación al servicio de Dios no nos vuelve santos ni nos quita los pesos que traemos de nuestra herencia psicobiológica y cultural. Y sobre todo: el sacerdote está en la mira del infierno como el objetivo principal de sus ataques. El demonio decía en un exorcismo: "los sacerdotes son mi platillo favorito".
A mi humilde manera de ver, una de las causas de las debilidades en el campo de la sexualidad de todo ser humano, y en especial del sacerdote, es haber olvidado que ese es el terreno en el que más ataca Satanás. Numerosas personas están atadas por la acción concreta de los demonios en su sexualidad. No basta la formación intelectual del sacerdote, ni una renovación en el campo teológico, ni una disciplina más fuerte en los seminarios, ni una aplicación más científica de los principios de la psicología para sanar el terreno de las obsesiones compulsivas de la sexualidad humana. Yo he conocido a amigos sacerdotes que de una u otra forma cayeron en la debilidad de la pederastia. Personas excelentes, magníficos sacerdotes en su ministerio, abnegados, entregados a su apostolado, sinceros en su vida espiritual, pero atados diabólicamente. Esto es un terrible misterio.
¿Cómo podemos tener una excelente vida ministerial, una buena voluntad a toda prueba, una generosidad magnífica para con Dios y con el prójimo, y estar sometidos a una cruz tan difícil de llevar como es una compulsión obsesiva a la masturbación, a la fornicación, a la pederastia, a la bestialidad, al voyeurismo, a la impudicia, al adulterio, a la homosexualidad, etc.? Y al decir esto no lo reduzco al seminarista, al sacerdote o a la religiosa, sino que lo extiendo al hombre y a la mujer casados, o solteros. A todo ser humano. Nos hemos olvidado del demonio y de su manera de actuar. Las teorías psicológicas nos han vuelto "ingenuos" o peor aún "ciegos". Creemos que todo se resuelve con recetas dictadas por los expertos en desarrollo humano. San Pablo gemía, quién sabe por qué razón, por un ángel de Satanás que lo abofeteaba. Dios le respondió: "Te basta mi Gracia".
Yo opino que la inmensa mayoría de las desviaciones sexuales están marcadas por la acción diabólica, en mayor o menor grado, y que en el proceso de sanación el exorcismo y las oraciones de liberación tienen un importante papel, que desgraciadamente ha sido olvidado, o peor aún, desechado. No basta para solucionar el problema expulsar del ministerio al sacerdote afectado por tendencias sexuales desviadas. Es importante ayudarlo fraternalmente, no aplastarlo con el rechazo, y darle en primer lugar los auxilios espirituales en toda su extensión, entre los cuales el recurso al exorcismo y las oraciones de liberación deben ser considerados como recurso válido, aunque no único. María Rosa Mística nos da el punto de referencia más válido y completo porque nos lleva directamente a la respuesta divina: "Te basta mi Gracia". La Gracia de Dios se obtiene por la oración. Es en este campo donde todos los fieles católicos debemos incidir con gran confianza y esperanza: la acción diabólica sobre la Iglesia y sobre sus ministros se neutraliza con la oración, el sacrificio y la penitencia. El que primero debe orar, sacrificarse y hacer penitencia, es el seminarista que aspira al sacerdocio y el sacerdote en ejercicio. La oración obtiene la Gracia indispensable para vencer a Satanás en todos los campos.
Promovamos la devoción a María Rosa Mística, Madre de la Iglesia, si queremos tener muchos y santos sacerdotes.
231. EL OBJETIVO DE ESTA DEVOCIÓN DE MARÍA ROSA MÍSTICA ES ORAR POR LOS CONSAGRADOS
El objetivo de esta devoción es, ante todo, orar por los consagrados a Dios: religiosos y sacerdotes. Continuemos con nuestro caminar tomados de la mano de Isabel Kindelmann, quien acaba de descubrir, en la página 240 del "Efecto de Gracia", de una manera práctica, cómo la Virgen le hace experimentar cómo el Diablo "se debatía impotente" bajo el fuego de la Llama de Amor. Isabel experimenta una "fuerza y consolación casi sobrehumanas".
En mi ministerio sacerdotal, con mucha frecuencia me encuentro con personas que experimentan, de una manera desesperante, la acción diabólica. Quien ha sido o es atacado por el Demonio de manera notable o extraordinaria vive un verdadero "infierno" aquí en la tierra. Se siente profundamente degradado, no encuentra sosiego, quisiera morirse. Lleva dentro de sí un tormento permanente. La persona experimenta desesperación, siente que nadie la entiende, y ella, por su parte, no entiende a los demás. Tampoco se comprende a sí misma. Vive en una oscuridad que la hace terriblemente infeliz.
Por ese motivo, cuando descubre el Efecto de Gracia de la Llama de Amor, comienza a ver una luz que paulatinamente va rompiendo las tinieblas y siembra en su vida una esperanza que da como fruto la paz del corazón. Es como pasar de la muerte a la vida, de la oscuridad a la luz, de la cárcel a la libertad, de la desesperación a la esperanza. En Isabel Kindelmann vemos este permanente combate entre un alma que quiere ser fiel a Dios pero que se ve torturada de múltiples maneras por Satanás. Ese estado de constante lucha es querido por el Señor en esta Sierva.
El ataque despiadado del mundo de las tinieblas no es consecuencia de una vida alejada de Dios o fruto de un "maleficio" o de prácticas esotéricas, como sucede a tanta gente. Siendo el instrumento que María escoge para transmitirnos la Llama de Amor, Isabel debía experimentar en carne propia la derrota de Satanás. El que no vive una experiencia no puede ser testigo. Isabel siente cómo el Demonio, que durante tanto tiempo la ha torturado con sus múltiples opresiones, cae impotente, sometido por el Efecto de Gracia.
La Virgen le dice a Isabel: "Tu aceptación de los sacrificios y tu fidelidad, hijita mía, me estimulan a que en mayor medida todavía derrame sobre ustedes el efecto de mi Llama de Amor, y en primer lugar, en mayor medida sobre ti, porque tú eres la primera que la recibe". A partir de hoy, en la vida de Isabel habrá todavía más combate, porque el Demonio querrá a toda costa impedir que Isabel sea un instrumento eficaz. En el último párrafo de la página 124, la Sierva de Dios nos transmite sus impresiones: "Después de esto, la Santísima Virgen me preparó para pasar mayores sufrimientos todavía, pero esto no causó en mí ahora NINGÚN TEMOR, PORQUE POSEER LA LLAMA DE AMOR DE LA SANTÍSIMA VIRGEN Y SABER CON QUÉ GRAN FUERZA ME REVISTE, me dio fuerza y consolación casi sobrehumanas".
La gracia de la Llama de Amor no nos quita el peso del combate, sino que nos reviste de fuerza y consolación para enfrentarnos al enemigo y vencerlo. Más adelante, en las páginas 127-128, María le explica a Isabel por qué motivo la escoge a ella para darle la Llama de Amor. Todas las mujeres deberían leer y meditar estas páginas.